Amateurs

Si en los últimos años te preguntaste las razones por las que una corriente impulsada, sobre todo, por hinchas de Huracán, Racing y Boca incluyó en la agenda la suma del amateurismo en conjunto con el profesionalismo y de golpe Racing pasó de festejar su séptimo título en 2001 al decimoséptimo en 2014, sin haber ganado ningún otro en ese lapso, en esta brillante nota realizada por Carlos Balboa para el sitio “De Boedo vengo”, te vas a sacar todas las dudas.

Es probable que la Copa de la Liga Profesional de Fútbol pase rápidamente al olvido. Pero la polémica que suscitó su formato de disputa sirvió para zanjar, de una buena vez, la discusión sobre las estadísticas y el palmarés de los clubes argentinos. Hasta aquí llegó el sueño revisionista de reescribir la historia de nuestro fútbol.

Se puede engañar a pocos, mucho tiempo. Se puede engañar a muchos, poco tiempo. Pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo. La frase ilustra a la perfección el devenir de apogeo y caída que experimentó la movida revisionista en nuestro fútbol.

En sincronía con el cierre de nuestras columnas de Contate Otro y Contate Otro 2.0, donde humildemente hemos analizado y desmenuzado el relato revisionista, el armado de los grupos de la Copa de la Liga Profesional de Fútbol (LPF) terminó sepultando el compendio de mitos que algunos trolls de Twitter, activistas partidarios, periodistas y dirigentes pretendieron instalar como nuevo canon del fútbol argentino.

La inclusión de Vélez junto con los cinco grandes para conformar los seis “cabezas de serie” del certamen motivó quejas por parte del presidente de Huracán, club en vísperas de elecciones. Para Alejandro Nadur, ese sexto puesto le correspondía al “globo” si se tomaban en cuenta las ligas del amateurismo e ignotas copas extintas. La “controversia” fue levantada por los medios, ante la alicaída agenda deportiva que impuso la pandemia.

Un día antes del sorteo de los seis grupos, TyC Sports filtró la explicación oficial. River, Boca, Independiente, San Lorenzo, Vélez y Racing, en ese orden, habían sido naturalmente designados como “cabezas de serie” por tratarse de los equipos que más campeonatos de liga profesionales contabilizan. 

Por si quedaba alguna duda, en su carácter de vicepresidente primero de la LPF, el presidente de Argentinos Juniors, Cristian Malaspina, cerró el debate con una declaración lapidaria. “Para la AFA y la LPF, lo que se toma siempre en consideración es la Era Profesional”, sentenció. Y sanseacabó.

Quedará para la posteridad el recuerdo humorístico de una época en la que se pretendió reescribir la historia en función de torneos de aficionados y competiciones anecdóticas. Bajamos el telón, por nuestra parte, con la satisfacción del deber cumplido y este racconto de lo expuesto. Nos despedimos, después de haber dado el buen combate contra propios y extraños, con el resumen final de Contate Otro. ¡Salud!

A) QUÉ QUIEREN

En los últimos años emergió una corriente de pensamiento, de creciente influencia en redes sociales, medios de comunicación y en la propia comunicación institucional de algunos clubes, que revisa la historia y las estadísticas del fútbol argentino. Este movimiento no apunta a validar el Amateurismo, ya que en ningún momento este período dejó de ser “válido”, sino a cambiar la consideración generalizada sobre el mismo; es decir, a equiparar el estatus de sus lauros con los del Profesionalismo. Quiere convencernos, por ejemplo, de que Racing suma 18 títulos de liga (sin establecer ninguna distinción) y no nueve, de que Alumni tiene un palmarés bastante similar al de San Lorenzo y de que Huracán conquistó cinco campeonatos en lugar de su célebre única vuelta olímpica de 1973. Esta unificación también incide sobre los historiales, poniendo en duda -por ejemplo- la paternidad azulgrana sobre Boca. 

En su versión más ambiciosa, la reescritura revisionista aspira a homologar o unificar la totalidad de los títulos considerados “oficiales” (ligas y copas, regulares e irregulares, vigentes y extintas, tanto locales como internacionales) alguna vez disputados. Esta aspiración no incluye, claro, a los regionales, cuya contabilización terminaría por desvirtuar sus verdaderos fines. Los revisionistas aspiran, en efecto, a la aberración estadística de sumar como homogéneos datos heterogéneos en función de su “oficialidad”, dada por la mera mención de estos certámenes en Memoria y Balance de AFA. Como si, después de todo, haber levantado una Copa Estímulo fuera equivalente a alzar una Libertadores.

B) QUIÉNES SON

No debe darse por sentada la falsedad de una determinada información sin analizar su contenido, únicamente en función de quién la emitió (“si lo dijo Fulano, es mentira”). Pero tampoco puede desconocerse inocentemente la fuente, mucho menos cuando la misma es una parte interesada en el asunto.

No resulta casual, en ese sentido, que -si bien hay simpatizantes de diversos equipos- los principales difusores del revisionismo representen a los clubes con mejor desempeño en dicho período histórico semi-organizado y en competencias irregulares. Es problemático investir de “objetividad” y “sentido común” lo que desde el vamos emerge de la “subjetividad” y el “interés propio”. Es desleal invisibilizar la procedencia interesada de la información.

Aunque quiera instalarse que la “unificación” es fruto del acuerdo de “la enorme mayoría de los historiadores y estadígrafos del fútbol argentino” (frase de Alejandro Fabbri en su nueva versión revisionista), dicho “consenso” procede originalmente de un grupúsculo de alrededor de 10 personas con una creciente capacidad de lobby, nucleadas en el denominado Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol (CIHF): 1) Roberto Guidotti, co-conductor del programa radial “Quemeros en Línea”, colaborador del portal “Patria Quemera” y co-autor del “Libro Oficial del Centenario de Huracán”; 2) Alberto Di Sanzo, socio de Racing Club y referente de la agrupación “Paso a Paso Racinguista”; 3) Hernán Martínez Escudero, socio de Racing Club, integrante de “Paso a Paso Racinguista”, presidente de la filial “Tres de Febrero” de Racing Club y egresado de la “Academia de Dirigentes” de Racing Club; 4) Sebastián Tesler, socio de Racing Club, integrante de “Paso a Paso Racinguista” y egresado de la “Academia de Dirigentes” de Racing Club; 5) Diego Estévez, miembro del CIHF, autor de los libros “38 Campeones del Fútbol Argentino”, “320 Superclásicos”, “Historia de un Siglo Azul y Amarillo” e “Historia de un Siglo Rojo y Blanco”, entre otros; 6) Sergio Brignardello, presidente de la Asamblea de Representantes del Club Atlético Boca Juniors y presidente de la Subcomisión de Historia del Departamento de Cultura de Boca Juniors; 7) Guillermo Schoua, miembro del CIHF, historiador oficial del Club Atlético Boca Juniors y creador de la web www.historiadeboca.com.ar; 8) Martín Viñes, miembro del CIHF e hincha de Racing Club; 9) Carlos España, miembro del CIHF, hincha de Racing Club y colaborador en el libro “La Historia del Primer Más Grande (1898-1931)”, y 10) Fernando Paso Viola, historiador de Racing Club y autor del libro “La Historia del Primer Más Grande (1898-1931)”.

La lista, que actualmente es más larga e inclusiva, es autoría del propio Guidotti en una entrevista que concedió en 2015. Ahora bien, ¿invalida esta condición de “parte interesada” el reclamo revisionista? No necesariamente. Lo que sí hace es echar por tierra la pretendida “imparcialidad” con la que promete estar planteado el asunto. Nadie puede hacerse el desentendido: acá hay intereses en juego.

C) POR QUÉ IMPORTA ESTE TEMA

Los mencionados intereses en juego no se limitan a lo deportivo o a lo “folklórico”, sino que también penetran la esfera de lo económico. Así quedó demostrado en mayo de 2018, cuando Superliga decidió repartir entre los clubes de Primera un porcentaje de los ingresos televisivos, y en lugar de tomar en cuenta el share o rating consideró “variables deportivas históricas” que incluían lo acontecido cuando el fútbol argentino era practicado por aficionados (si bien el criterio adoptado no le dio el mismo valor a estos títulos que a los celebrados en el profesionalismo).

Esta pretensión económica se observa, sobre todo, en el caso de instituciones empequeñecidas por el peso de largas décadas de fracasos que, en su desesperación por “bordarse” estrellas del pasado en el escudo, a lo que en verdad aspiran es a reposicionarse como “marca exitosa” del presente.  Aunque es funcional a un Boca que suma “peras con manzanas” para superar a River en una estadística que viola todas las leyes de la ídem, la movida es particularmente beneficiosa para un Huracán que se atreve a replantearse como “ganador” (pese a que sus más profundos orígenes prueben que “grande se nace” sea una falacia absoluta) y para un Racing que últimamente se comercializa “positivo” y como “el primer grande” (aunque, siguiendo estrictamente su razonamiento, esa denominación le correspondería a Lomas Athletic o Alumni). No casualmente estos dos clubes vienen haciendo de la reivindicación del amateurismo una política institucional de Estado que despliegan tanto en AFA como en los medios de comunicación y las redes sociales.

Si se unificaran las 43 ligas celebradas durante la Era Amateur con las 133 que se llevan jugadas en el Profesionalismo (133 sin contar como tales a la Copa de Oro que ganó River en 1936 y a la Superfinal que obtuvo Vélez en 2013), Boca se sumaría seis “estrellas”, y quedaría muy cerca de la cima del conteo de títulos locales (a sólo uno de River); Racing se añadiría nueve para reposicionarse como el tercer equipo más ganador a nivel nacional, en lugar de seguir relegado por debajo de los otros cuatro grandes y de Vélez; una escuadra extinta hace más de un siglo, como Alumni, se situaría entre las más exitosas, con 10 “lauros”; y Huracán podría presumir de algo más que su única conquista de 1973, dejando de estar igualado con Arsenal, Banfield, Chacarita y Quilmes, y ubicándose por encima de varios clubes “medianos” y “chicos” que hace tiempo lo sobrepasaron.

También quedaría modificada la tabla histórica de Primera División, en la que -sin añadir ligas del amateurismo- Racing se coloca en el sexto puesto (bastante más cerca del séptimo -Estudiantes- que del quinto -Vélez-) y Huracán recién aparece en el undécimo escalón.

En cuanto a los historiales, esta tergiversación estadística reduciría la paternidad de San Lorenzo sobre Boca a tan sólo un triunfo e incluso, a contramano del saber general, la habría negado hace algunos años. Y también cambiaría buena parte de la enciclopedia del fútbol: Boca no habría ganado la primera liga, sino Old Caledonians y Saint Andrews; el primer campeón internacional no sería Independiente, sino Belgrano Athletic; el primer título invicto sería de Lomas Athletic, y no de los Matadores, etc.

Ni hablar del “asalto” al sentido común que produciría contabilizar -tal como algunos medios de desinformación vienen haciendo- cerca de un centenar de competencias o copas irregulares actualmente mencionadas en el sitio web de la AFA. En ese caso Boca y Racing liderarían el rubro con 13 estrellas cada uno.

No hace falta más que investigar las condiciones bajo las que se celebraron la Copa de Competencia Chevallier Boutell, la Copa de Honor de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires o la Copa Competencia Jockey Club para entender que a casi todos estos títulos no puede dársele otro valor más que el de pintoresco o anecdótico. A diferencia de lo sucedido con la organización de los torneos de liga, estas copas no ganaron regularidad ni prestigio ni seriedad organizativa durante el Profesionalismo, a excepción de lo sucedido en los últimos años, con la reformulación y regularización de la Copa Argentina y la adición de la Supercopa Argentina (tendiendo un manto de piedad sobre las invenciones racinguistas de la Copa Bicentenario 2016 que a la postre obtendría Lanús, y del Trofeo de Campeones de la Superliga 2019, que el club de Avellaneda sí pudo alzar frente a Tigre).

Disputados de manera irregular, casi siempre con carácter amistoso, organizados por distintas entidades, en muchos casos para cubrir algún receso; portadores de reglas insólitas, a veces declarados “desiertos” (como la Copa de Competencia Británica George VI de 1948), con semifinalistas que pasaban a ser considerados “campeones” o con “campeones” que no siempre llegaban a disputar la final porque su rival se cambiaba de Asociación (como es el caso de la Copa Estímulo de 1920 que actualmente Huracán se suma a su palmarés), estos certámenes no hacen más que ridiculizar a quienes intentan darles una significancia de la que siempre carecieron. Parece mentira tener que ponerlos en la mesa de discusión. Como queda claro en múltiples registros, inclusive en su propio tiempo poseían una consideración absolutamente subalterna por parte de los clubes, los hinchas y la prensa.

Aunque la batalla de sentido se empantane en el ámbito local y la tergiversación de las estadísticas avance en el terreno mediático sobre el palmarés y los historiales de los clubes -cambiando relaciones simbólicas entre ellos e impactando en lo económico y comercial-, es menester resaltar que el margen para la especulación revisionista se redujo a su mínima expresión en el plano internacional. Debe haber sido un golpe duro de asimilar, para la “lógica” de quienes piden equiparar todas las competiciones alguna vez celebradas en el continente, la aclaración de la Conmebol de agosto de 2015. Por entonces, la entidad llegó a felicitar a River por la obtención de su “15º título internacional”, al contabilizar competencias anecdóticas como la Copa Aldao y la Tie Cup Competition. Pero rápidamente rectificó el conteo y atribuyó el error a su Departamento de Prensa.

D) ¿QUÉ ARGUMENTAN?

La cruzada unificadora del amateurismo y las copas irregulares extintas se basa en un trabajo cotidiano de lobby mediático y adoctrinamiento vía redes sociales. Su argumentación en favor de la tergiversación de las estadísticas del fútbol argentino puede resumirse en 10 grandes mitos que propagan de manera sistemática en forma de premisas o latiguillos: 1) que en el resto del mundo rige la unificación; 2) que relegar el amateurismo implicaría omitir el Mundial de 1930; 3) que no hay mayores diferencias entre la liga de 1930 y su sucesora profesionalizada de 1931; 4) que el amateurismo dejó de contarse a fines de los 70; 5) que no pueden borrarse 40 años de historia; 6) que no en vano los aniversarios de los clubes incluyen la era amateur; 7) que para la creación de los “cinco grandes” se tomó en cuenta el amateurismo; 8) que el profesionalismo también registró muchas irregularidades; 9) que quien niega la era amateur lo hace meramente por conveniencia; y 10) que la historia es una sola y se cuenta completa.

Completemos este resumen de la cuestión, entonces, desgranando uno a uno tales argumentos.

1) SÓLO EN EL FÚTBOL ARGENTINO NO SE UNIFICAN ERAS

Falso. Cada país tiene un criterio diferente, como queda claro con “las cinco grandes ligas de Europa” (que erróneamente los revisionistas citan para validar este mito). Sólo los italianos unifican eras (aunque reservan a la Serie A sus propias estadísticas). En Inglaterra y España las primeras ligas que contabilizan fueron profesionales desde el vamos (1888 y 1929, respectivamente). Los franceses “cuentan” desde la profesionalización de 1932, mientras que los alemanes lo hacen desde la creación de la Bundesliga en 1963.

2) RELEGAR EL AMATEURISMO ES OMITIR EL MUNDIAL DEL 30

Falso. El Mundial de Uruguay 1930 fue planteado por la FIFA desde su concepción misma como una competición profesional. Con respecto a los Campeonatos Sudamericanos de la era amateur, Conmebol los unifica como antecesores de la Copa América para adjudicarse la organización del “torneo de selecciones más antiguo del mundo”.

3) NO HAY DIFERENCIAS ENTRE LOS TÍTULOS DE 1930 Y 1931

Falso. Si bien los planteles y los escenarios no variaron demasiado, se mantuvo el formato de disputa del certamen y hasta se repitió el campeón (Boca), entre la liga de 1930 y la de 1931 medió el insoslayable hito de la profesionalización, hito que no se limita a un simple blanqueo salarial, sino que tuvo implicancias regulatorias, organizativas, competitivas, etc. Un “borrón y cuenta nueva” suficientemente trascendente como para que desde ese mismo momento todos los actores del fútbol argentino aceptaran la diferenciación.

4) EL AMATEURISMO DEJÓ DE CONTARSE EN LOS AÑOS 70

Falso. La diferenciación de eras y el relegamiento de los títulos del amateurismo no procedieron de la publicación en 1977 del libro ““Historia del Fútbol Profesional”, escrito por Pablo Ramírez, ni respondieron a los intereses de la Dictadura Militar que gobernaba por entonces. Desde 1931 se concebía al profesionalismo como una instancia separada y superadora del periodo de proto-organización de nuestro fútbol. Más allá de menciones aisladas, la separación de eras no estuvo en discusión durante cerca de 80 años. Lo que es una invención reciente y funcional a intereses específicos fácilmente identificables es, en verdad, el revisionismo.

5) QUIEREN BORRAR 40 AÑOS DE HISTORIA

Falso. Son las pretensiones del revisionismo las que se valen del desconocimiento de lo acontecido antes de la profesionalización. Cuanto más se sabe de los orígenes del fútbol argentino, menos crédito para su visión unificadora. Es justamente porque se conocen los certámenes del amateurismo, que se los separa y se los relega a un segundo plano. Y frente a la pregunta de lo que podría pasar con la historia del rugby argentino si hoy se profesionalizara, emerge claramente el ejemplo de lo que sucedió con el básquet, que relega toda competición previa a la profesionalización de 1985.

6) SI NO CUENTAN EL AMATEURISMO, NO CELEBREN EL ANIVERSARIO DE SU CLUB

Falso. Otorgarle una correcta contextualización a una época no implica negarla. Nadie duda de que fue durante el amateurismo cuando los clubes más importantes del fútbol profesional comenzaron a delinear sus identidades. Se trató, precisamente, de un período lúdico y formador: la infancia de nuestro fútbol. La era amateur sólo podría interpretarse de otra manera, y concebirse equivalente a la profesional, desde una visión errónea o interesada.

7) PARA SER “LOS CINCO GRANDES”, CONTARON LOS TÍTULOS AMATEUR

Parcialmente cierto. Decididos a traducir su mayor poder de convocatoria en mayor poder de decisión en AFA, los equipos grandes recurrieron al amateurismo para establecerse como tales. Lo hicieron en los albores del profesionalismo, más precisamente en 1937, a través de una movida con fines políticos y económicos a la que hoy los revisionistas intentan darle connotaciones deportivas. Al diseñar “a su medida” los requisitos para acceder a tres votos por club en el Consejo Directivo de AFA, los clubes más populares no promovieron una revalidación estadística del amateurismo; no buscaron enaltecer los logros obtenidos en dicha era, ni mucho menos equipararlos a los del profesionalismo. Sólo emplearon variables funcionales a su interés político en el marco de una puja de poder.

8) EL PROFESIONALISMO ESTÁ IGUALMENTE PLAGADO DE IRREGULARIDADES

Falso. Durante la era amateur se celebraron competiciones signadas por la escasez de participantes, los partidos incompletos, los abandonos del campo de juego, la no presentación de equipos, la desafiliación de clubes, los vacíos legales, los ascensos a dedo, las supresiones de descensos y las finalizaciones abruptas de certámenes, entre otras irregularidades que hoy desvirtuarían cualquier torneo barrial. No hay dudas de que también hubo, hay y seguirá habiendo falencias y arbitrariedades en el profesionalismo, desde la fusión obligada de clubes de menor envergadura dictaminada en 1934, hasta la ampliación del cupo de ascensos instrumentada en 2013 para conformar una liga de 30 equipos. La diferencia obvia, con respecto a la era amateur, estriba en el carácter excepcional de estas incidencias. Lo irregular dejó de ser constitutivo, como en el periodo de proto-organización, para convertirse en ocasional y reprochable. En una sola temporada de la era amateur, de hecho, puede reseñarse una cantidad similar o incluso mayor de irregularidades que en las casi nueve décadas de fútbol profesional.

9) QUIEN “NIEGA” EL AMATEURISMO LO HACE POR CONVENIENCIA

Falso. El establecimiento de una mayor jerarquía en la consideración del fútbol argentino para los certámenes profesionales estuvo planteada como inevitable desde el “reset” del 31. Esta es una verdad histórica que trasciende la camiseta que llevemos puesta. Todo intento de revertir este proceso y de reescribir la historia no puede proceder más que de la falta de rigor analítico o de la especulación de actores interesados. El revisionismo, de hecho, nació por la iniciativa de un pequeño grupo de activistas principalmente identificados con Racing y Huracán a los que ya identificamos. Su parcialidad queda constantemente expuesta, por ejemplo, cuando invisibilizan a Alumni para que sus infografías no pierdan seriedad, cuando aplican recortes temporales para cuantificar determinados ítems o cuando utilizan criterios disímiles para medir otros.

10) LA HISTORIA SE CUENTA COMPLETA

Verdadero. Pero separar la era amateur de la profesional y remarcar la obviedad de que no todas las competiciones tienen la misma entidad no significa omitir una parte de la historia, sino todo lo contrario. Si para “contar toda la historia” hay que rejerarquizar el período amateur y las copas menores, nada impide hacer eso mismo con las ligas provinciales y regionales que el revisionismo omite. No es posible “contar la historia completa”, en verdad, prescindiendo del análisis pormenorizado de los hechos, la contextualización rigurosa, el uso de las facultades racionales y el sentido común.

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Carlos Perez
Director del mejor sitio para los hinchas de Independiente! Vamos Rojo todavía!

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