Y un día volvimos a ver a Independiente. Dejamos atrás una pandemia para reencontrarnos, esta vez desde el sillón de casa, con el club de nuestros amores. La espera se hizo larga, pero lo que nos ofrecieron para ver tampoco fue la gran cosa. Hay muchísimas lecturas para hacer y conclusiones para sacar: si nos paramos de la vereda del optimismo, en la previa te firmaba ciego el ganar por la mínima sin que te conviertan. Esto es tan cierto como también el hecho de que el equipo de Pusineri jugó 40 minutos con un tipo de más, ganó con un penal inventado y apenas si pateó al arco con 20 metros de cancha por delante. Es el primer partido y se nota que aún está verde verde, cosa que era de esperarse tratándose de un plantel tan joven, pero analizando las cosas en contexto -como realmente se deben hacer-, el resultado quedó cortísimo.

Sin dudas el problema más grande de Independiente está en el mediocampo, tanto a la hora de generar juego como de marcar. Tras el amistoso disputado con Banfield, quedó a las claras que el Perro Romero y Hernández no conectan bien: no se relevan, se paran en la misma línea, intentan hacer lo mismo y rara vez pisan el área. Ayer, estos dos interpretaron una reproducción idéntica de la derrota con el Taladro. El Rojo rara vez genera superioridad numérica en campo contrario y esto, en gran parte, se debe a que Pusineri no suelta a los laterales -Bustos suele proyectarse pero considero que tiene que ver con la naturaleza del jugador- para intentar llegar con más gente al área rival. El juego es horizontal y nunca vertical; Silvio Romero, única referencia de área, baja demasiado a buscar fútbol, el equipo queda sin presencia en el área y las jugadas se diluyen mientras el tiempo se consume. Así terminó el primer tiempo de Independiente: con cero remates al arco y con Sebastián Sosa demostrando que el arco de Avellaneda le sienta muy bien, con un tremendo tapadón a Lucas Melano.

Aún con todas las facilidades con las que se contaron en el segundo tiempo, como disponer de un hombre de más y tener la cancha propia a disposición, el juego no apareció. Hernández no filtró un bendito pase y jugó 30 minutos de más, y Silvio no dispuso de una situación clara mano a mano. Con la juventud de Independiente en ofensiva, con Velasco, Menéndez y Federico Martínez a la cabeza, es lógico que las decisiones no sean siempre las mejores. Habrá que ser pacientes con los chicos, no hay mucho más que esto, pese a que para Pablito tenemos “un gran plantel”.

Como puntos ‘altos’, en una noche que pocos superan los seis puntos, me gustó Lucas Rodríguez con su sobriedad. Sin complicarse demasiado, no lo superaron una sola vez y no le tembló el pulso para marcar su presencia. Seba Sosa demostró estar en plena vigencia, respondiendo cuando lo llamaron a su juego y siendo tal vez la figura del equipo. Y Alan Velasco tiene esa picardía que tanto nos gusta, hay cositas de Barco en sus encares; le falta afinar a la hora de decidir, pero el futuro se le ve en los ojos.

Nobleza obliga: se trata del primer partido y se da por sentado que el funcionamiento debe únicamente mejorar. A Pusineri dije por todos los medios que recién lo iba a observar detenidamente cuando pudiera consolidar su propio equipo. Los primeros meses había tomado al toro por las astas y solo un necio podría haberlo criticado entonces. Ahora, el contexto es distinto. Esto es lo que tiene, lo que armó -o le dejaron armar sabiendo todas las dificultades que hubieron en el medio como la pandemia, problemas económicos y de vestuario, y el divorcio con Burruchaga- y con lo que deberá batallar. A la vista, la sensación es que Independiente no encuentra su idea de juego. Es insulso, aburrido y predecible. Y peor todavía: es un equipo que no arriesga. No podés no intentar avasallar con un tipo de más, y esto es algo recurrente que ya vimos con Boca y con Racing. Dejar la línea de cuatro en el fondo plantada cuando el rival apenas si podía hacer pie en los últimos minutos es regalar vida. Independiente eso fue lo que hizo y ahora, con ella, habrá que defender a muerte en un estadio durísimo. 

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Román Failache
"La columna de Román" para Orgullo Rojo.

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