Ganar la Libertadores, lo que manda la historia

Sus siete trofeos continentales depositan a Independiente como la institución que, luego de 35 largos años, continúa con su reinado en América -la última conquista fue aquel viernes 27 de julio de 1984 ante Gremio de Porto Alegre-. La eliminación de Boca Jrs. a manos de su eterno rival, River Plate, lo dejó sin chances de alcanzar al conjunto de Avellaneda en cantidad de títulos de esta índole (tiene seis Libertadores). 

Sucede que Independiente, aquel que fue amo y señor de otras épocas a nivel mundial y que supo atribuirse el mote de Rey de Copas, está a años luz de ser una institución comprometida -al menos desde sus decisiones dirigenciales- para dar esos saltos de calidad que se necesitan para alcanzar grande cosas. Y, lamentablemente, a medida que el tiempo continúa su curso las frustraciones incrementan y ese equipo que parecía imbatible en otros tiempos se sumerge aún más en una mediocridad constante. 

En los últimos 20 años, Independiente participó de tan solo 3 ediciones de la Copa Libertadores (2004, 2011 y 2018) Sí, vergonzoso. Aquel prestigio obtenido por las glorias que forjaron la historia de este club en las décadas del 60′, 70′ y 80′, fue absolutamente bastardeado y hoy, para algunos, es una alegría que por un año más el conjunto de Avellaneda prolongará su reinado en el continente. 

En el transcurso de esos 20 años, hubieron equipos que disputaron la Copa Libertadores más veces que el mayor conquistador de América. Entre ellos: San Lorenzo de Almagro y Vélez Sarsfield (11); Estudiantes de La Palta (8); Rosario Central y Newell’s (6); Arsenal de Sarandí y Racing (4). Una clara muestra del deterioro institucional y deportivo de una entidad que a lo largo de su rica historia supo enmudecer al mundo entero con hazañas trascendentales como contra Juventus en Italia, Liverpool en Japón, Gremio y Santos en Brasil, entre otras tantas contiendas memorables. 


“Lo que manda la historia, lo aprendí de pendejo. En el Rojo se exige, me lo dijo mi viejo”, reza una canción pocas veces esbozada por el simpatizante Diablo. Es imperiosamente fundamental que el hincha mantenga latente su idiosincrasia, su estilo, que recupere su “paladar negro” y comprenda que Independiente es muy grande para permanecer paralizado en un pasado que no será beneficioso para el futuro. 
Sean coherentes con la historia de Independiente. Basta de vivir del pasado. Empezemos a pensar seriamente en el futuro de una bendita vez. 

¿Hacia dónde va Independiente?

Aquellos legendarios principios de Independiente: mística, paladar negro, hazañas y esa gloria arraigada que quedarán inmortalizados en las retinas de los hinchas, nada tienen que ver con estos últimos 20 años de incertidumbre futbolística que acecha al “Diablo” de Avellaneda – al margen dejó la epopeya consagración en 2017 que trajo una pizca de felicidad al pueblo independentista -.

Por supuesto que existen responsables. Entre ellos, están los que dejaron al club a orillas de un precipicio lleno de aflicción y desconsuelo; otros que le dieron el empujón final y algunos que, a pesar de la capacidad resolutiva de los primeros años de mandato, mantienen una abrupta falta de compromiso en la gestión deportiva, económica e institucional. 


 ¿Por qué Independiente, desde hace 2 años, padece una especie de acefalía dirigencial?, ¿quién gobierna el día a día del club?, ¿existe realmente un proyecto o es una falacia que le hicieron creer a los socios?, en caso que existiera ese plan ¿de qué se trata?, ¿hacia donde está encaminado?. Estás preguntas, las cuales por el momento no tienen respuesta alguna, son las inquietudes – entre otras tantas – que Independiente arrastra desde hace más de dos décadas y que decantan ineludiblemente en este presente paupérrimo. 


“El fútbol es un deporte simple en el que mientras a algunos les gusta hablar, a mí me encanta ganar”, señaló enfáticamente Fabio Capello, exfutbolista italiano y considerado uno de los entrenadores más prestigiosos de la década de 1990 y 2000.​​ En Independiente todos hablan – bueno, algunos no – repiten una y otra vez ese famoso caballito de batalla  “acuérdense de dónde vivimos” e inflan el pecho por dos logros (Sudamericana 2017 y Suruga Bank) pero nadie conduce, nadie gestiona “mucho ruido y pocas nueces”. Pareciera que no tienen la ambición que necesita un equipo grande para continuar ganando títulos. 


Los argumentos de la debacle deportiva actual son, entre otros, los pésimos mercados de pases; que contemplan las malas incorporaciones de Gaibor, Chávez, Barboza, F. Silva, Burdisso, Verón, Britez, “Burrito” Martínez; el desprendimiento de futbolistas importantes como Gigliotti, Barco, “Torito” Rodríguez, Amorebietta y Albertengo – quienes nunca pudieron ser reemplazados adecuadamente- y la infundada razón para sostener a futbolistas que llegaron a su techo como los casos de Benítez, Blanco y Pizzini. Y así podríamos seguir con una interminable lista hacia atrás. 
Procesos técnicos que no sostuvieron una misma línea filosófica ni tampoco estilos similiares: Pellegrino, Almirón, Milito, Holan y el actual Sebastián Beccacece. Más atrás en el tiempo, con otras gestiones: Troglio, Gallego, Garnero, Mohamed, C. Díaz, Brindisi y De Felippe, entre otros. Independiente es un constante experimento; muchas dudas y pocas certezas. 


La actualidad apremia y la misma tiene pendiendo de un hilo muy delgado Beccacece – continuaría en su cargo, al menos hasta el viernes, día en el que Independiente, en Rosario, se medirá ante Lanús (obtuvo 18 puntos de los últimos 24 en disputa en esta Superliga) por la Copa Argentina -. Dicho certamen es la última ventana a la clasificación a la Copa Libertadores 2020. El futuro no augura un desenlace prometedor ni mucho menos y lo concreto es que hasta el momento tanto dirigentes, técnicos y jugadores lo único que han logrado es desprestigiar y pisotear la historia de esta inmensa institución. 

Háganse cargo, esto es Independiente.

Independiente, demasiado grande

“La única verdad es la realidad”. Frase conocida si las hay para los hinchas de Independiente, que se aplica a la perfección en este momento de crisis futbolística que atraviesa el equipo de un desconocido y caprichoso Sebastián Beccacece. Un entrenador que es un abismo inmenso de aquel que peleó hasta el final la Superliga anterior y consiguió un historico subcampeonato con Defensa y Justicia. 

Enceguecido con su repulsiva idea que no representa ni una milésima la identidad de esta institución, un sistema táctico pésimo, incómodo y una forma de juego amarreta y especuladora. Jugadores que demostraron no dar la talla para defender con la altura está camiseta y siguen estando en la consideración de ser titulares. Mientras tanto, otros importantes, afuera por gustos futbolísticos. Sin dudas, le quedó demasiado grande Independiente. 

En lo que va de su ciclo como tecnico del Rojo, Beccacece disputó 5 cotejos como local (ganó 4 y empató 1); 7 como visitante (ganó 2 y perdió 5) y dos triunfos por Copa Argentina. Claro, quedó afuera de la Copa Sudamericana más accesible -al menos para llegar a la final- de todas las que le tocó jugar al conjunto de Avellaneda. Un fracaso por dónde se lo mire, para alguien que manifestó en su llegada cómo conductor que venía a este club para ganar grandes cosas. 

“Lo único malo del duelo ante Vélez fue el resultado. El desarrollo fue interesante porque no dejamos jugar al rival y tuvimos situaciones”, señaló el DT post derrota con Vélez. A esta altura, el público no sabe que es peor; si la manera en la que juega Independiente o como declaran los protagonistas luego de derrotas tan amplias y contundentes como las de esta mañana.
Independiente volvió a perder, volvió a ser superado ampliamente por el rival, volvió cometer errores infantiles, volvió a ser un equipo que rozó la vergüenza, volvió a ser el equipo de Becaccece. 

Háganse cargo, esto es Independiente. 

Agonía anunciada

Esta expresión metafórica, lejos de intentar herir susceptibilidades, refleja la decadencia futbolística causada por la misma persona que le había devuelto a los hinchas y socios de Independiente la ilusión. Ariel Holan, que en algún momento tuvo el antídoto para potenciar jugadores y dotar a un equipo que en diciembre de 2017 arrodilló a más de 80 mil almas brasileñas en el mítico Maracaná, perdió la brújula y hundió rápidamente la embarcación que con tanta capacidad supo restaurar. Los jugadores -quienes no están exentos de este presente horrendo- dejaron de creer en su idea y sus formas para afrontar la penosa actualidad que hoy golpea la puerta de una parte de Avellaneda. 

En 103 partidos al frente del equipo de primera (48 victorias, 32 derrotas y 23 empates) el Profesor mutó de héroe a villano y sus caprichosos, sumado a su exasperante falta de autocrítica, profundizaron la crisis de un plantel que le soltó la mano hace mucho tiempo. Ya no se trata de un grupo minúsculo de prensa partidaria o nacional ni tampoco de intentar desestabilizar un “proyecto deportivo”, es algo que va más allá y que él repitió hasta el hartazgo ante las reprobaciones “la única verdad es la realidad”. Sí, Holan es prisionero de sus propias palabras.  

Renunció y volvió, se peleó con Alejandro Kohan por liderazgo, dejó en el olvido a glorias de la institución como a Ricardo Bochini, quien aseguró que “no es más fuente de consulta”, cambió intensidad por previsibilidad, rapidez por lentitud, se encegueció con un 4-3-3 apelando a la posesión del balón con jugadores que no merecen un minuto más en el campo. Desintegró un equipo que imponía carácter por otro que genera desgano con solo verlo. Demasiadas imperfecciones para un proyecto deportivo joven que se derrumbó fugazmente.

En su ciclo incorporó 22 jugadores: Walter Erviti, Emmanuel Giliotti, Nery Dominguez, Fernando Amorebieta, Gastón y Francisco Silva, Silvio y Braian Romero, Jonás Gutiérrez, Nicolás Domingo, Juan Manuel Martínez, Emanuel Britez, Gonzalo Verón, Fernando Gaibor, Jonathan Menéndez, Ezequiel Cerutti, Milton Álvarez, Pablo Herrnández, Guillermo Burdisso, Pablo Pérez y Cecilio Domínguez. Salvo cuatro ellos –uno inexplicablemente emigró (Gigliotti)-, el resto fueron prueba y error con destellos ínfimos y esporádicos pero jamás con la regularidad necesaria a la altura de una camiseta tan importante como la del Rey de Copas. 

La paupérrima derrota ante Rionegro Águilas Doradas no comenzó la debacle, la penetró aún más y a pesar de que la serie posiblemente se revierta el próximo martes en el Libertadores de América, el futuro de Ariel Holan en Independiente parece cada vez más incierto. La relación con los jugadores está rota, los dirigentes ya no sostienen con firmeza sus deseos de continuidad y los hinchas – me incluyó – sienten que aquel que les devolvió la identidad los defraudó por puros caprichos e individualismos. 

Ningún ser humano es indeleble a los errores. Confiar en alguien no significa creer que es la cabeza de la institución. Independiente está por encima de todo y todos, siempre. 

Los pibes, a octavos de final

La Reserva de Independiente igualó 1-1 frente a Talleres en Córdoba y se adjudicó el pase a la siguiente ronda de la Copa de la SuperLiga. La ley del gol de visitante surgió su efecto luego del empate en 0 en Avellaneda. El gol de Brian “Chaco” Martínez le dio la clasificación al Rojo, que ahora se medirá ante Boca.

La posición N°18 y sus 26 unidades en la tabla general del torneo oficial de Reserva refleja la irregularidad que vivió el conjunto de Avellaneda esta temporada. Pero el famoso “mata a mata”, en este oportunidad ante Talleres, colocó a Independiente en los octavos de final de la Copa de la SuperLiga, luego de la incursión matutina por la ciudad de córdoba este viernes santo.

El gol de Brian “Chaco” Martínez puso la ventaja tempranera para los dirigidos por Leandro Stillitano. Mauro Valiente logró poner la paridad para la “T” aunque de poco sirvió para ahogarle las ilusiones a los pibes del Rojo.

En la siguiente instancia, Independiente se medirá ante Boca; equipo que culminó el torneo segundo con 52 unidades y que venció al equipo de Avellaneda 1-0 en la jornada 14 de la SuperLiga.

FOTO: PAGINA OFICIAL

Actitud, un factor que no se negocia

Hay componentes que en un equipo de fútbol jamás pueden faltar, aun así cuando el resultado final de un partido es negativo. Por supuesto que ganar, perder o empatar son consecuencias posibles dentro de un desenlace; pero el ¿cómo? es la clave para determinar el nivel de funcionamiento exhibido y, en este caso, toma protagonismo absoluto. Lo producido ayer por Independiente en el debut de la Copa de la Superliga fue penoso y preocupante, a tal punto que más allá de que la serie se revierta en casa, fue una línea fina que marcó a fuego la idiosincrasia y el ADN de todos los que amamos estos colores.

Pocos partidos, en el ciclo de Ariel Holan, el equipo fue superado ampliamente desde la actitud; un factor determinante que con esta camiseta no se negocia bajo ningún punto de vista. En este semestre, para contextualizar el foco, hubieron derrotas como las de Racing, River, Gimnasia de La Plata y algunos empates como contra San Lorenzo y San Martín SJ, pero ninguna con la sensación de haber padecido el avasallamiento anímico del rival de turno – al menos desde mi humilde percepción -. Claro, lo más preocupante del ¿cómo?, en el caso puntual de anoche, también nos lleva al interrogante del ¿contra quién?, contemplando que Independiente perdió ante un conjunto joven que peleó por no descender y quedó último en la SuperLiga con 22 unidades.

Los de Avellaneda, que parecían haber recobrado un poco la memoria en sus últimos tres encuentros frente a Vélez, Binacional (por Copa Sudamericana) y Rosario Central, mostraron una versión desdibujada en La Paternal tanto desde lo futbolístico, con excesivos errores colectivos e individuales, como desde lo anímico. Sin dudas, se llevó mucho más de lo que mereció.

Cuando se habla de actitud no se intenta dar a entender que se vaya a trabajar con los pies para adelante, o que se pegue un codazo en el medio de la cancha ni tampoco que se de una patada a un colega. Lo que se exige es un comportamiento de sacrificó máximo, íntegro y responsable para representar a esta institución tan importante a nivel mundial. Argentinos Jr no solo le ganó a Independiente sino que le dio vuelta el resultado de guapo, con atrevimiento futbolistico. No se puede volver a tolerar lo sucedido con este escudo en el pecho, juegue con el oponente que sea.

Al margen de este panorama funesto, no es descabellado pensar que se puede revertir el resultado adverso y pasar de ronda la semana que viene en el Libertadores de América, pero analizar simplemente el resultado sería un error tan grande como intentar tapar el sol con una mano. Estos partidos no son para el olvido. Deben servir como una referencia para no tropezar otra vez con la misma piedra.

El torneo que comenzó es casi para el Rojo como una luz en el fondo del túnel, para ingresar a la Copa Libertadores 2020; principal objetivo del conjunto de Avellaneda este año.

La actitud es ese pequeño elemento que marca una gran diferencia…

El hombre que entrega su corazón Domingo a Domingo

Cómo pocas veces, el Club Atlético Independiente y el clamor de sus hinchas, forjaron un cariño unánime hacia un futbolista que construyó su propio ADN en la institución. Es que Nicolás Domingo, a sus 34 frescos años y a base de un enorme compromiso y profesionalismo, logró introducirse de lleno en todos los corazones rojos. Desembarcó en Avellaneda en 2017, con cierta incertidumbre por su inactividad en River Platebpero poco a poco y con una pluma que aún sigue con el cartucho inundado de tinta, comenzó a narrar sus propias líneas dentro de las páginas doradas en la historia del Rey de Copas.

Inició su carrera en River, donde tuvo cuatro periodos -el último en 2017 previo al arribó a Independiente por pedido de Ariel Holan-. Vistió la camiseta, entre otros clubes, de Banfield -consiguió el ascenso a Primera-, Genoa de Italia, Peñarol de Uruguay, Deportivo Cuenca de Colombia y Arsenal de Sarandí. Pero en el Rojo, sin dudas, marcó un camino consagratorio y halló su lugar en el mundo. Aprovechó sus oportunidades y se apropió del cariño de todas las almas presentes en el Libertadores de América, Domingo a Domingo.

65 partidos con esta camiseta -54 cómo titular-, dos títulos a nivel internacional (Copa Sudamericana y Suruga Bank) y un sacrificio innegable, son suficientes para avalar una teoría clara: Nicolás Domingo es emblema de este Independiente.

“La posición de volante central es una ubicación que te obliga a leer el juego. El 5 le da equilibrio defensivo al equipo y aporta en la elaboración del juego. Me parece un puesto clave”, dijo Fernando Redondo hace pocos días al diario La Nación. Y claro, Domingo reúne esas cualidades mencionadas por quien fuera, para muchos, el mejor volante central ha tenido la Selección Argentina. Su rol dentro del campo es prácticamente infaltable no solo por su despliegue físico y futbolístico durante los 93 minutos del partido, sino por lo que significa para sus compañeros. Capitán sin cinta, entrenador sin título; eso es Domingo.

Hace pocos días, selló la extención de su vínculo, el cual lo ligará a Independiente hasta 2021. Refuerzo de lujo para las próximas competencias que se avecinan por Avellaneda.

“Los que se creen dueños de Independiente no van”

Pedro Damián Monzón, exjugador de Independiente, habló en Rojos de Pasión por Late (FM 91.3) y cuestionó los manejos y la actualidad deportiva de Independiente. Además, defendió a Daniel Bertoni, quien aseguró que Ariel Holan “debe dar un paso costado” y volvió a remarcar su sueño de dirigir técnicamente al conjunto de Avellaneda.

Al comienzo de la entrevista, el Moncho se expresó respecto a la derrota en el clásico de Avellaneda: “Lamentablemente se perdió con Racing y eso dolió. El equipo tiene que conseguir una victoria rápido para reponerse y corregir errores. Hay veces que jugar lindo no es lo importante, pero sí, hacerlo bien”. Y añadió: “No creo que haya un quiebre con el entrenador”.

Consultado sobre los dichos de Daniel Bertoni, señaló: “Hay jóvenes que por redes sociales critican a Bertoni pero no lo vieron jugar y defender está camiseta. No creo que haya habido mala intensión en su declaración”. Y siguió: “Hoy los hinchas aplauden un lateral y en nuestra época teníamos miedo de tirar la pelota afuera porque se te venía la cancha abajo. Los chicos son apasionados por estos colores pero antes, los más grandes, eran más exigentes”.

“Independiente necesita ganar campeonatos y en la conducción técnica de Holan, el equipo lleva tiempo sin pelear arriba. No puede ser que a falta de 6 o 7 fechas este sin chances”, aseguró Monzón y agregó: “Los hombres que se creen dueños de Independiente, no van”.

Posteriormente, el ex Independiente, ganador de cuatro títulos con la casaca del Rojo -2 torneos locales, una Copa Libertadores y 1 Intercontinental-, fue categórico con algunos jugadores que dejaron la institución en el último tiempo: “Casi todos los que se fueron hablaron mal del entrenador. ¿Por qué dejaron pasar el tiempo y no dijeron nada es su momento?. No puedo darle la razón a alguien que no habló antes”.

Durante la entrevista, se le preguntó a Monzón por la jugada desafortunada de Alan Franco, que derivó en el penal para Racing, y dijo: “Tiene todos las condiciones para seguir creciendo. Quizás en el clásico pecó de exceso de confianza, pero es un marcador que idolatramos todos”.

Por último, volvió a expresar su deseo de ser entrenador del Rojo: “Ruego a Dios dirigir en algún momento a Independiente. Todos saben que ese es mi sueño”.

Egos y errores: una formula peligrosa

Pasaron 17 años desde la última derrota por un torneo local, del Rojo en su campo ante el eterno rival. Una caída que desmanteló un espectro doloroso más amplio que simplemente la frustración del sábado. En la retina todavía se ve a Nicolás Tagliafico levantando la copa en el Maracaná, lágrimas de jugadores inundando el verde césped brasileño, los hinchas haciendo lo propio en las tribunas y acá, como en todas partes del mundo, gente desbordada de la locura. A partir de ese momento, todo lo que podría haber sido se desintegró por una peligrosa fórmula, egos y errores.

La regla de la vida asegura que para que las cosas fluyan, los egos deben dejarse de lado y que de los errores – de los cuales ningún ser humano está exento – se tiene que aprender. En este año y dos meses que han transcurrido desde que Independiente sumó la estrella internacional 17 en Brasil, nada de eso sucedió y todo lo que se había construido a base de Compromiso, Actitud e Intensidad se escurrió como agua entre los dedos, dejando acéfalos de ilusiones al pueblo Rojo. Luego, la consagración en Japón maquillaría un poco el daño ya producido, aunque la fórmula letal ya era protagonista absoluta de la escena.

Egos y errores que van desde lo micro a lo macro y redondean un espiral infinito. Dirigentes que entregaron el poder absoluto a una sola persona forjando una anarquía; un cuerpo técnico que tomó malas decisiones, dejando ir a importantes futbolistas: “Torito” Rodríguez, Fernando Amorebieta, Nery Dominguez y Ezequiel Barco, entre otros. Que, a su vez, pudo reivindicarse y estabilizar el rumbo pero volvió a tropezar con la misma piedra desprendiéndose de Emmanuel Gigliotti, su centro delantero goleador, que en la actualidad es el segundo máximo artillero de la Superliga con 12 goles.

Errores del entrenador, compartidos por la cúpula dirigencial que le entregó una peligrosa llave, que se replicaron una y otra vez en incorporaciones, como Pablo Hernandez, Fernando Gaibor, Gonzalo Veron, Brian Romero, Silvio Romero. Jugadores que la adaptación, después de largos meses, no les ha llegado.

La caída con Racing no fue un partido de fin de ciclo. Para nada. La cabeza de Ariel Holan no debe rodar por los pasillos de Mitre 470, ni tampoco entre las calles Alsina y Bochini. El clásico debe servir para crear un antídoto que destruya los egos y los errores. Así como se hicieron cargo de aquel formidable equipo del 2017, el cual rememoró noches de gloria como las que se vivieron con Bochini, Bertoni, Santoro y Pavoni, entre otros; también tienen que enfrentar esta pésima realidad que hoy golpea la puerta a todo el mundo independentista.

Este humilde redactor que suelta estas palabras como periodista pero además como hincha, pide autocrítica fuerte y necesaria para salir adelante y volver a llenar de ilusión a los más de 6 millones de hinchas de todo el planeta. Dejemos los egos de lado, cometamos la menor cantidad de errores posibles y por sobre todo, pongamos el escudo y a la institución por sobre todas las cosas, siempre.

Volvamos a ser, lo que una vez fuimos…

Equipo confirmado

Luego del entrenamiento de esta mañana, en Villa Domínico, y en conferencia de prensa, Ariel Holan confirmó el equipo inicial que saltará a la cancha para disputar una nueva edición del clásico de Avellaneda.

Los 11 elegidos por el profesor son: Campaña; Bustos, Franco, Burdisso, Silva; Gaibor, Domingo, Hernández; Verón, Domínguez y Benítez.

Por otra parte, en la práctica de esta mañana, Silvio Romero volvió a trabajar a la par de sus compañeros, luego de su lesión. Por el lado de Juan Sánchez Miño, realizó una parte del entrenamiento por una sobrecarga muscular y el uruguayo Carlos Benavídez continúa con su rehabilitación.

Esperando el clásico de mañana, el plantel de Independiente quedará concentrado en el hotel Scala.

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