Basta para todos

No hay manera de justificar este fracaso. Sobrando la Sudamericana, dando lástima en el campeonato local y dejando ir el único objetivo futbolístico que el club tenía en el 2019 no hay palabra que defina mejor este patético proceso pensado a los ponchazos. De una épica consagración en el Maracaná a terminar dando pena en todos los planos (internacionales y locales). Sin jugar bien, perdiendo partidos insólitos. Es un papelón por donde se lo mire.

Desde el plano dirigencial, la política nacional mantiene bien ocupados a los encargados de timonear el barco de Independiente, que está en pleno naufragio desde mucho antes de la salida de Ariel Holan. En lo futbolístico, si bien la entrega ante Lanús no fue pésima como en otros encuentros, el hincha sigue asistiendo a ver un conjunto apático, que no contagia, que no puede convertir goles (ni generar demasiadas ocasiones claras) y que está en manos de un entrenador que no tiene idea alguna del club al que está representando. No es novedad que Beccacece hizo absolutamente todo mal al frente del equipo, nunca se ganó ni el más mínimo reconocimiento de parte de la gente y poco se esforzó para intentar cambiar el pensamiento negativo que se tuvo sobre él. Se acabó. Su ciclo no da para más. Independiente pasará otro año sin jugar la Copa Libertadores, sin pelear un campeonato local. Sin nada. 

Hace rato que el hincha dijo BASTA. Los silbidos e insultos en la cancha no son casualidad. Pueden decirnos amargos por eso, no nos ofende. En Independiente siempre importó ganar y la manera en la que se debe lograr. Pero ni Beccacece, ni los jugadores -tampoco los dirigentes- parecen tenerlo en cuenta. El Rojo llegó a cuartos de final de la Copa Sudamericana de casualidad. Ocurrió lo mismo en la Copa Argentina. ¿importa? Claro que importa. Porque era bastante lógico suponer que no iba a lograrse una consagración así. Mucho menos aspirar a meterse nuevamente en el único anhelo que mantenía ilusionado al hincha: jugar, por lo menos, la Libertadores (que dicho sea de paso, la jugamos apenas 3 veces en los últimos 20 años). 

Llegó el momento de ponerse el overol y tomar decisiones. Los dirigentes no pueden volver a equivocarse y sortear así el futuro de un club que parecía venir encaminado. Nunca generó una ilusión la llegada de Beccacece, pero nadie esperaba un fracaso tan rotundo como este. Es momento de cambiar de rumbo y pensar en frío. Es momento de decir BASTA, de una vez por todas. Despertate de una vez, Independiente. O mejor dicho, despiértenlo.

El equipo de los millones…de lamentos

Un papelón. No existe mejor definición para la paupérrima presentación de Independiente en la altura de Quito. Si el duelo de vuelta frente a Universidad Católica había sido, sobre todo en el final, un claro llamado de atención sobre lo que NO había que hacer para terminar sufriendo más de la cuenta, el partido de anoche fue la mera continuación con el final más esperado posible. Porque si bien perder está dentro del libreto de posibilidades, la manera en la que el equipo de Beccacece se despidió de esta Sudamericana (de las más accesibles, no hace falta ni aclararlo) fue realmente desastroza. Prácticamente no atacó, terminó pidiendo con urgencia el final del primer tiempo y se replegó al máximo durante los 30′ iniciales del complemento (hasta que finalmente le convirtieron). 


Un equipo que gastó 14 millones de dólares en refuerzos no se puede dar el lujo de jugarse el partido más importante -hasta aquí- del semestre con Francisco Pizzini como su carta de ataque. No se puede seguir confiando en jugadores como Martín Benítez para salvar una clasificación (y basta de robar con el gol a Atlético Tucumán). El centro perfecto que le tiró a Sánchez en la ida para el gol de los ecuatorianos fue uno de los principales factores para que la ilusión se vaya por la tubería. También hay errores (groseros) del entrenador y su planteo en la vuelta, por supuesto. Salió a jugar sin la idea ofensiva de juego a la que acostumbra desde el vamos: otra vez sin nueve. Se acordó de atacar a los 80′ de partido y con el resultado en contra (es insólito que Romero haya jugado apenas los últimos 7′). Y ni así generó una situación concreta para empatar el partido y avanzar de ronda. 


¿Cuál será la excusa ahora? ¿La altura? Si Independiente sigue gastando y gastando en cada mercado de pases para terminar jugando los partidos con tipos como Benítez y Pizzini (como en las peores épocas, eh) la cosa va a estar difícil. Basta de mirar para otro lado. Basta de aplaudir, bancar y mirar para otro lado. Es inentendible como se deposita tanta confianza en futbolistas así mientras que Roa, por ejemplo, sumó 11′ y con las ‘papas quemando’ (así y todo hizo más que el bajísimo Cecilio Domínguez). Si la gente estaba ilusionada con el plantel que se estaba formando, con la propuesta vertical de Beccacece y su seductora metodología de “atacar, atacar y atacar”, lo de ayer destruyó completamente todo. Quedan dos competencias en juego para Independiente. A enfocarse en ellas…

Var

Sólo en Independiente

Hay ocasiones en las que cuesta demasiado hallarle una explicación lógica a las situaciones adversas. Usted podrá decir “Independiente ganó, ¿de qué habla este muchacho?”, pero la realidad marca que no solo pudo lograrlo sufriendo hasta al último minuto, sino que también va a Ecuador con una ventaja algo más complicada que en la fase anterior. 


Desde aquel Maracanazo, ya hay varios antecedentes notables de fallos arbitrales que perjudicaron a Independiente en competencias internacionales (llámese Recopa Sudamericana, Copa Libertadores o Sudamericana). Y algunos, como el de anoche, son muy rebuscados.

Parece como si solo pudiera (o debiera) pasarnos a nosotros esto de gritar un gol, abrazarnos con nuestra gente, ver a los jugadores festejando, cantar a estadio lleno con la ilusión renovada y ver como se nos escurre rápidamente todo de las manos. Es cierto que el uso de la tecnología en el fútbol apareció como un recurso innovador que busca minimizar errores arbitrales, pero en la mayoría de los casos reivindica el pensamiento popular sobre las conspiraciones evidentes contra algunas instituciones. Cualquier hincha de Independiente estaría muy seguro de que el gol que le anularon a Chávez hubiese tenido otra fortuna si hubiese sido del rival. ¿O no? En fin; una más, y van..

Ahora bien, buscarle una explicación acorde a acciones como la del gol de Independiente del Valle puede ser un laberinto sin salida. Es increíble lo de Benítez. Realmente increíble. Uno se puede equivocar, al fin y al cabo, todos somos humanos. Pero lo de este chico ya no tiene argumento lógico.

La jugada había terminado, el peligro de ataque del rival estaba controlado cuando la pelota sale por el carril izquierdo. ¿Alguien puede, en su sano juicio, explicar por qué Benítez TIRA UN CENTRO ATRÁS Y ASISTE PERFECTAMENTE a Sánchez para que abra el marcador? Es inentendible. Tanto como seguir viéndolo como titular junto a jugadores como Pizzini. Y más inentendible aún es que lo hayan premiado con el tema de la 10 y todo el circo que gestaron alrededor de ello, pero no viene al caso hoy. Sobra decir que el deseo de todos es verlo triunfar y levantar su nivel de una vez por todas, pero desapareció automáticamente después de esa insólita jugada y prácticamente no volvió a intervenir de manera efectiva en el juego (solo con una asistencia a Palacios). ¿Lo peor? Jugó todo el partido. Solo en Independiente…

El Chino Romero se merece un párrafo aparte en esta historia, por haber encabezado esa remontada obligatoria a fuerza de goles. Gran intervención en la jugada del penal, mejor definición desde los 12 pasos y excelente anticipo en el agónico tanto del triunfo para que Independiente vaya con una ventaja -por más mínima que sea- al Olímpico de Atahualpa. En lineas generales, el equipo de Beccacece hizo un buen partido, con su característico juego ofensivo que ya empieza a ser una realidad y con un Palacios muy encendido. Pero el aporte de Romero fue tan significativo como el sufrimiento que tuvieron que pasar los hinchas para poder celebrar otra victoria en casa. ¿Quiere noches de Copa así? ¡Venga a Avellaneda! Solo en Independiente pasan estas cosas.

Intermitentes

Si hay maneras de sortear una serie y avanzar a la próxima instancia de una competencia internacional, ningún hincha de Independiente (de hecho, de cualquier club) hubiese elegido que esta sea la manera de dejar en el camino a Universidad Católica para seguir luchando por otro título. Pero, limando asperezas e hilando fino, el objetivo final está cumplido y el Rojo está en cuartos de final.


Si tenemos en cuenta las circunstancias esquivas que tuvo el partido, la performance del equipo de Beccacece no fue del todo mala; aunque el primer tiempo fue realmente tenebroso. Arrancó mal con la tempranera lesión de Cecilio, siguió peor con lo complicado que se le hizo al Rojo -por lo menos- tener la pelota durante más de 30 segundos seguidos. Deberíamos hacer un párrafo aparte para el penal que inventó Piero Maza, pero lamentablemente ya nos estamos acostumbrando a este tipo de situaciones adversas con el VAR mediante en torneos de la CONMEBOL. Si algo malo podía pasarle a Independiente, era estar en desventaja antes de los 25´PT y, como ya es noticia conocida, se encontró 0-1 abajo luego del gol de Vides.

A partir de la expulsión de Guillermo De los Santos Independiente empezó a crecer, muy de a poco, en el juego. Tucu Hernández se hizo el conductor de un equipo que todavía no había generado situaciones de gol en más de 30′ de partido. Se ve que en el entretiempo hubo una interesante charla entre los jugadores y el entrenador, porque la actitud del complemento fue marcadamente otra. Comenzó flojo otra vez, pero Benítez levantó su nivel y luego de unos largos minutos de incertidumbre con el VAR nuevamente como protagonista, logró anotar el 1-1 que transmitió la tranquilidad necesaria para el elenco de Avellaneda. El ingreso de Chávez, algo que pedía el partido para disputar la segunda parte, también fue significativo para que el conjunto de Beccacece logre revertir el resultado. Porque el Negro aguantó una pelota de manera soberbia y asistió al Tucu para que convierta el 2-1 parcial -demasiado premio para la actuación del Rojo hasta el momento-.


Sin embargo, con uno más y todo, se terminó sufriendo en demasía. Eso de no saber liquidar los partidos parece haberse extendido desde la Era Holan a la actualidad. Independiente es un equipo que genera pocas chances de gol; y que encima termina sufriendo por no saber aprovecharlas. En este caso, encontró dos tantos, pero pudo haber hecho alguno más para no terminar pidiendo la hora. Es que el grito de Chala y el GOLAZO de Amarilla terminaron poniendo contra las cuerdas al Rey de Copas. ¿Cosas para retocar? Muchas, sobre todo pensando en la próxima serie, que se definirá también en el Olímpico de Atahualpa.

Hernández fue la figura indiscutida, el chileno Silva (ojalá) jugó su último partido con esta camiseta y Martín Campaña, al que le perdonamos todo, no tuvo la mejor de sus noches. Para jugar ante los tocayos de Ecuador, habrá que corregir varias cuestiones. Pero ya habrá tiempo para eso. Tiempo y, claro, otros nombres (Palacios y Romero, seguramente). Hasta entonces, y de forma intermitente, estamos entre los 8 mejores. 

Bautismo aprobado

Comenzar con el pie derecho siempre es óptimo, sobre todo en las condiciones en las que Beccacece llegó a Independiente. No tanto por el entrenador, sino por el contexto general en el que se encuentra inmerso el club desde la ¿conmocionada? salida de Ariel Holan, que todavía genera algo de nostalgia en algunos y una sensación de ‘alivio’ en otros por lo culminado que ya estaba su ciclo.

Futbolísticamente hablando, el actual DT del Rojo ya había mostrado sus pergaminos y mejores armas en Defensa y Justicia, pero eso no podía suponer que podría trasladar con otros nombres (y sobre todo, tan rápido), sus esquemas e ideales al elenco de Avellaneda. De hecho, la propuesta de verticalidad y juego ofensivo que demostró su último equipo era, tal vez, la principal seducción para cualquier fanático. Por eso, y por el comienzo de una nueva etapa, la ilusión llegó intacta al Libertadores de América para la noche de Copa Sudamericana. Además, volver a ver al Rojo después de tanto tiempo siempre es un buen plan, ¿no? 


Aunque el equipo del debut no era tan seductor como la propuesta anteriormente mencionada, Independiente funcionó bien. Fue superior a la Universidad Católica todo el partido, no pasó sobresaltos y debió haber convertido algún gol más para ir más tranquilo a Ecuador. Pero todo a su tiempo. Mejoró en el complemento, porque en el primero no fue tan claro como tal vez se esperaba. La ansiedad es así; queremos meter el segundo antes que el primero, desde siempre. Tal vez si la inexplicable jugada en la que Cecilio no pudo abrir el marcador terminaba de otra manera, todo el resto hubiese sido un poco más sencillo. Pero lo cierto es que, hasta que el paraguayo centró para que Pablo Hernández ponga el 1-0 que gritó con alma y vida, la incertidumbre se hacía notar en el ambiente. 


¿Actuaciones individuales? GRAN partido de Nicolás Domingo, que volvió a demostrar su exquisita regularidad y la fenomenal intención de pelear por un lugar en el mediocampo de Beccacece. Sin embargo, es fundamental que se cierre la llegada del volante que pidió el entrenador en su primera conferencia de prensa. No fue Menossi, deberá ser Romero. Y no por Nicolás, todo lo contrario: la menor gripe nos dejaría desconcertados. Necesitamos un Romero para que el DT tenga su pedido cumplido y el Rojo encuentre el jugador que aceite el funcionamiento entre la mitad de la cancha y la delantera. 


Fabricio Bustos también demostró que lo del 2017 no fue casualidad. En aquel año, su aporte en ataque fue un factor fundamental para que Independiente termine logrando la Sudamericana. Y la merma en su nivel durante el año siguiente, y la primera mitad del 2019, parece haber sido solo un mal trago que quede rápidamente en el olvido si mantiene el gran nivel que demostró anoche. Algo parecido sucedió con el Tucu Hernández, que además de aportar el único gol del partido, fue de menor a mayor y terminó siendo reemplazado en su mejor momento. El debut de Lucas González también fue positivo, aunque el camino es largo.


Por eso, bautismo aprobado para Beccacece y su ‘nuevo’ Independiente, que sacó una pequeña ventaja en casa de cara a la revancha. Habrá que desempolvar el overol para hacerse fuertes en Ecuador y terminar de cerrar la serie, pero la confianza está realmente intacta. ¡Volvió el Rey de Copas!

La usaremos ¿con honor?

No hay que ser un erudito para entender que, en materia futbolística, los dorsales se utilizan para diferenciar a los jugadores entre sí. Históricamente designados por la posición en el campo de juego y contemporáneamente por una representatividad numérica o cuestiones relacionadas al afecto, dichos dígitos pueden terminar marcando un antes y un después en la vida de las instituciones deportivas y de los individuos que las representan. 

La camiseta número 10 de cualquier equipo de fútbol tiene un valor simbólico difícil de explicar. Ahora bien, cuando se trata de la de Independiente, se hace imposible.

¿Y todo esto por qué? Porque un 25 de enero de 1954 nació en Zárate un tal Ricardo Enrique Bochini, que se ganó un respeto mundial revolucionando el fútbol por completo y logrando nada menos que 14 de los 32 títulos que hoy el Rojo presume en sus vitrinas. Artífice y protagonista de algunas de las epopeyas más emblemáticas del equipo de Avellaneda, nada sería igual después de su retiro en 1991. Absolutamente nada, sobre todo la difícil tarea de reemplazarlo dentro de una cancha.

Massacessi y Reinoso disputan la 10 del Bocha. La Vieja la usaría en 1992

Daniel Garnero fue el primero en cargar con dicha presión. Ser el “sucesor” del Bocha no era para cualquiera. Y para el Dany, con 22 años, no hubo problema alguno al heredar la histórica 10 de Independiente. De hecho, terminó convirtiéndose en uno de los mejores exponentes del fútbol histórico que practicó el club en sus épocas más doradas con esa mochila a cuestas. 

El Dany fue el primero en usarla tras el retiro del Bocha

En 1992 sufrió una rotura de ligamentos que lo dejó 8 meses fuera de las canchas y, como era obligatoria la utilización de números del 1 al 11, Gerardo Reinoso fue el improvisado reemplazante momentáneo.

Durante esa lesión que apartó al Dany del fútbol, la Vieja Reinoso, gran talento Rojo de los ´80, aprovechó su retorno al club para usar la camiseta más emblemática de Independiente. Pero su rendimiento no fue el esperado (el equipo tampoco ayudaba demasiado) y Garnero volvió a recuperarla al dejar atrás aquella rotura.

En 1994 el día de la consagración ante Huracán como campeón del Clausura

Tras su regreso, se la adueñaría hasta su salida del club (en el medio, lograría el Clausura y la Supercopa ´94 y las Recopa y Supercopa ’95, aunque el Zurdo López no lo tenía en cuenta).

La tapa de El Gráfico de la goleada ante el Globo

La 10 sería suya hasta que se concretase su pase a la Universidad Católica de Chile en 1996, siendo Jorge Burruchaga (había retornado al club en 1995) el nuevo heredero. Ya consagrado como jugador, y con 33 años encima, al Burru no le pesó hacerse cargo de tal responsabilidad y fue una de las piezas claves del recordado equipo de César Luis Menotti en la temporada 96/97. 

Burru se hizo cargo tras la partida del Dany a Chile

Nuevamente fue Daniel Garnero quien tomó la 10 del Rojo tras su retorno al club (Burru pasó a usar la 7 hasta finalmente retirarse en 1998).

Garnero volvió y la siguió honrando

Así fue que el dorsal más significativo en la historia del club siguió permaneciendo en buenas manos hasta que el Dany se va a jugar al Toros Neza de México luego del Apertura ‘99. Allí fue que un joven Daniel Gastón Montenegro se adueñaría de la camiseta luego de concretarse su llegada a préstamo desde el Olympique de Marsella a préstamo por seis meses a comienzos del 2000. “El Heredero”, así lo calificó una recordada tapa de la revista El Gráfico, sería parte del equipo subcampeón de Enzo Trossero y cerraría su primera etapa en el Rojo al finalizar dicho torneo (su opción de compra era cercana a los USD 14.000.000). 

En su primer paso en 2000 , el Rolfi ligó la 10

Al finalizar el Clausura, Daniel Garnero retornaba nuevamente a Independiente, pero no sería el encargado de portar el glorioso número en su espalda: Sebastián Rozental, la joven promesa chilena que la rompía en su Selección juvenil y que el Rangers escocés le había comprado a la Universidad Católica, llegó a préstamo a Avellaneda en agosto de ese año. Era muchísima la expectativa que estaba puesta en él; de hecho, su arribo derivó en la acción de sacarle el dorsal número 10 a Garnero para dárselo a él (generando el enojo del Dany). Si bien la ilusión de los hinchas estaba totalmente volcada en él, su estadía en el club fue un verdadero fiasco; uno de los primeros grandes fracasos en materias de transferencias para el club durante el Siglo XXI.

Rozental, el peor exponente


Concluido el chasco de Rozental (y su préstamo por seis meses), la 10 volvería a recaer sobre Garnero en el Clausura 2001 y hasta su retiro, que coincidió con la llegada de Pablo Guiñazú para el Apertura de ese año. El Cholo se hizo cargo de llevar el dorsal encima en un momento muy para el club, donde los resultados comenzaron a ser bastante esquivos y la incertidumbre por verse en la parte baja de la tabla de promedios comenzaba a ser una verdadera mochila. 

El Cholo la agarró de forma transitoria en 2001


En el Clausura 2002, la situación institucional sería bastante similar: un caos. Pero la llegada de Federico Insúa, una de las jóvenes promesas del fútbol local que demostraba toda su categoría en Argentinos Juniors cada fin de semana, renovaba la ilusión de todos los hinchas. El Pocho pasó a usar la 10 de un equipo que terminó último en ese torneo, pero que sorprendería a todos en el siguiente logrando el campeonato con Américo Gallego como DT y desplegando un fútbol de alto vuelo en casi todos los partidos del Apertura 2002. 

El Pocho uso la 10 desde su llegada en 2002 hasta su partida en 2003


Luego del título, Independiente vuelve a tener otra recaída en el Clausura 2003 (donde había logrado retener a varios de los campeones del año anterior) y Federico Insúa emigra a España, quedándose Damián Manso -flamante incorporación del Rojo- con la histórica 10 a cargo.

Manso la usó la única temporada en la que estuvo en el club


Al igual que sus antecesores, el Piojo ilusionaba a los hinchas por su desempeño en su último club (Newell’s). Pero salvo en algunas pocas actuaciones recordadas de ese 2003 o el regreso de Independiente a la Libertadores en 2004 vs. Cienciano, su paso por el club quedaría rápidamente en el olvido. Mucho más aún porque su sucesor fue nuevamente el Pocho Insúa, que regresó del Málaga a mediados de 2004 para volver a enamorar a los fanáticos con su juego. 

El Pocho volvió en 2004 tras su periplo por Malaga

El equipo de Daniel Bertoni no lo ayudó a destacarse, aunque quedó en la retina la inolvidable actuación ante Boca en el Apertura, donde convirtió dos tantos para dar vuelta el partido y que el Rojo acabe festejando el clásico. Casualmente esta etapa terminó de forma muy polémica: Una fecha antes del final del clausura se hizo la revisión médica en el Xeneize y abandonó el club sin jugar ante Newell’s.

Agüero, con 17 años, se hizo cargo tras la dolorosa partida del Pocho a Boca


Antes de su salida, la aparición en Primera División de un pequeño gran talento de las inferiores obligaba sin oposición alguna a tener un nuevo heredero: Sergio Agüero, ya con 17 años, se haría cargo (y con creces) de portar la camiseta que alguna vez utilizó Ricardo Bochini (de hecho, al igual que con Benítez, él mismo se la entregó). El Kun, dicho por el propio Bocha, fue uno de los mejores exponentes del Paladar Negro que caracterizó a Independiente en sus paginas más doradas y no tardó en despertar el interés millonario de los clubes europeos para el año 2006. ¿Un dato? Fue el único delantero, propiamente dicho, en utilizar el dorsal hasta la herencia actual del misionero. 

Rolfi tuvo su tercera etapa en el club entre 2006 y 2009


La tercera etapa del Rolfi en el club se dio tras la partida de Agüero. Llevó la gloriosa 10 durante tres años hasta que se fue al America de México. A pesar de que el Rojo no peleó títulos, los números de Montenegro fueron muy buenos: anotó 37 tantos en 92 partidos y fue uno de los goleadores del Clausura 2009. Su highlight se dio en el último clásico en la Doble Visera, donde anotó los dos goles del recordado 2-0 a la Academia, rival contra el que casualmente nunca perdió ningún partido.

El Pato la usó post Rolfi y fue el 10 en la consagración de la Sudamericana

Al igual que con el Kun e Insúa, la salida del Rolfi derivó en pasarle la 10 a una promesa de las inferiores, Patricio Rodríguez, que además de ser observado bajo la lupa de vestir ese dorsal, debería rendir un difícil examen para demostrar si estaba a la altura de los últimos estandartes que portaron dicha casaca (Agüero, sobre todo). Fue apodado el “nuevo Kun” por su velocidad y habilidad, pero su promesa de buen fútbol comenzó con bombos y platillos en el torneo de verano y fue apagándose lentamente con el correr de los partidos. Tuvo actuaciones memorables, pero en partidos muy alternados en cuestión de tiempo. Fue partícipe del equipo de Antonio Mohamed que logró la Copa Sudamericana 2010, aunque no convirtió goles. Su obra más recordada fue un inolvidable tanto a Olimpo en Bahía Blanca cuando Independiente, que venía de salir último en el Apertura 2010, se olvidaría por una temporada más de los promedios. En 2012 y con Cantero ya como presidente del club, Patito fue vendido al Santos de Brasil en una de las primeras dudosas maniobras dirigenciales de dicha gestión.

Uno de los más polémicos: Fredes en 2012

Si de maniobras dudosas hablamos, Cristian Díaz era el entrenador improvisado de un Independiente que se jugaba la temporada más drástica de su vida. Y el DT eligió Hernán Fredes, otro jugador surgido en el club, para que porte la 10 en ese complicado momento. Dicha decisión, como la de elegir a Díaz como entrenador, generó amor y odio en los hinchas. Discusiones y peleas en las tribunas calificaron una época nefasta en la que todo era motivo de angustia y desazón, sobre todo ver al club desarmándose en pedazos cada fin de semana. Fredes, incluso, llegó a protagonizar una discusión polémica en la que invitaba a los hinchas a ocupar su lugar en el equipo tras una derrota ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. 

El Rolfi en su cuarta y última etapa la usó durante todo 2013 y mitad de 2014


Hundido en los promedios, Daniel Montenegro regresaría al club para intentar revertir lo que ya parecía irreversible. El Rolfi volvió a ser el 10 pero el desenlace de la historia es conocido: Independiente perdería la categoría por primera vez en su historia y, en Segunda División, Montenegro sería el usuario de la camiseta en el momento más difícil de la historia, alternando buenas y malas durante la temporada (tuvo un gran primer semestre y se quedó en el segundo, aunque el gol a Instituto en la penúltima fecha terminaría siendo de lo mas recordado del 10 en ese nefasto año). 

El Pocho fue el elegido en la vuelta a primera pero casi que ni jugó

En el regreso a primera, Montenegro pudo utilizar la 23 que utilizó en el título del Apertura 2002, y el Pocho, al igual que en ese certamen, se calzó la 10. Esta vez no tuvo muchas oportunidades con Jorge Almirón en el banco y, debido a un conflicto con los dirigentes, terminó rescindiendo su contrato antes de finalizar aquel torneo de Transición 2014.

Tras seis meses sin dueño, Cebolla la agarró en 2015

Curiosamente, en el inicio del torneo de Primera división de 2015, el primero de la modalidad de 30 equipos, el Rojo no tenía a ningún jugador con la 10. La partida de Rolfi Montenegro hizo que el plantel no tuviera ningún aspirante serio a la camiseta más pesada. Sin embargo, a mediados del certamen, llegó Cristian Rodríguez. Cebolla tuvo grandes rendimientos pero las lesiones, como en gran parte de su carrera, no lo ayudaron a que quedar en la memoria del hincha como algo positivo. La irregularidad se prolongó en 2016 y terminó yendose ante la llegada de Ariel Holan para 2017.

De la mano de Holan, en 2017 Erviti se hizo dueño de la 10

El nuevo entrenador trajo a un jugador de su riñón y le dio la 10. Walter Erviti, proveniente de Banfield y en el final de su carrera, se hizo cargo de llevar el manto sagrado. Su nivel fue discreto y lo mejor de su paso por el club fue la ascendencia que tuvo en un plantel unido que terminó logrando el título de la Copa Sudamericana en Maracaná. Su mejor partido fue en Lima ante Alianza, por la mencionada competición. A fines de 2017 se peleó con el entrenador y se fue del club.

Otro mimado de Holan que no estuvo a la altura

Con la espalda anchísima por el título, Holan pidió a los cuatro vientos a Fernando Gaibor, destacado jugador ecuatoriano que provino de Emelec y que fue mimado con la camiseta más importante. “Guante” no cumplió las expectativas y tras un año y medio terminó yéndose a préstamo al fútbol de los Emiratos Árabes Unidos.

El Bocha lo pidió y se lo concedieron

Tras la salida de Fernando Gaibor, Martín Benítez fue el elegido para portar la 10 a partir de la inminente temporada. Apadrinado desde siempre por Bochini, y habiendo generado opiniones encontradas entre los hinchas, el misionero será el 10 del Rojo desde esta segunda mitad del 2019.

Con exponentes que dieron la nota y otros que quedaron en el olvido, todos estos fueron los herederos de la camiseta número 10 de Independiente tras el retiro de su máximo exponente. ¿Quiénes de ellos la usaron con honor?


Se viene la Joya

Independiente, en los últimos tiempos, busco incorporar juveniles que aún no debutaron en primera o bien, con pocos partidos en dicha categoría.

A las llegadas de Agustín Bindella y Agustín Lezcano, provenientes de las inferiores de Quilmes, en estos días cerraría a una joyita de las inferiores de Tigre: Juan Román Zarza.

El “Perro” como se lo conoce por su padre, juega de delantero, es la gran promesa de Tigre con tan solo 17 años y llegará a Independiente en calidad de definitivo por expreso pedido de Fernando Berón.

Que el árbol no tape el bosque

La sinceridad ante todo: tal vez haya sido la mejor producción futbolística de Independiente en lo que va del 2019. Sorprende, y demasiado, por el llamativo planteo táctico que presentó el entrenador. Es cierto que no hay “mucho más” en el plantel. Pero eso de jugar con “falso 9” parece no haber sido inventado para implementarse en el Rojo. ¿Por qué? Porque el magnífico talento de Cecilio Domínguez merece ser aprovechado de la mejor manera (es decir, por izquierda). Y también porque con un centrodelantero nato, uno supone, todas las situaciones que generó el conjunto de Holan ante Aldosivi hubiesen terminado en el fondo de la red.

Aún así, la actuación de Independiente merece ser destacada porque ganó con autoridad y respondió en todas sus líneas cada vez que la situación lo exigió. Con una tapada alcanzó para que Campaña siga demostrando por qué está en el Top 3 de los arqueros del país (y de América también). El buen funcionamiento de la pareja de centrales y el esfuerzo de Figal para ocupar el puesto de Bustos también son dignos de ser mencionados. El desempeño de Hernández, que de a poco se va amigando con la gente y se suelta más para dejar bien clara su capacidad con la pelota, también fue un punto a favor. No reconocerlo como la figura del partido junto a Cecilio (¿adaptación? ¿quién te conoce?) sería algo ilógico.

Hasta acá todo muy lindo. Con jugarle así a Aldosivi para ganarle bien y que la gente se vuelva contenta a su casa, alcanza. Desde luego, pero en el calendario inmediato se viene el verdugo de toda la vida. Y encima allá. ¿Jugarle de la misma manera? Sería un suicidio. Pero, ¿a quién ponés? Bueno, el señor de las respuestas contundentes (y los gritos de gol con gestos particulares hacia la platea) deberá estudiarlo durante la semana y con cuidado. Lastimosamente, el Rojo se juega la clasificación a la Sudamericana y no a la Libertadores como todos quisiéramos (River, el último clasificado, está a siete puntos de diferencia con nueve en juego. Casi imposible) pero hoy el objetivo es ese y hay que pelear por él hasta el final. Lo cierto es que la actuación estelar del domingo por la noche no debe reemplazar a la penosa presentación del anterior ante Gimnasia. O, como quien dice, “que el árbol no tape el bosque…”

La grieta

De la gloria eterna a la mismísima nada. De tocar el cielo con las manos en uno de los estadios más importantes del mundo a dar lástima en el plano local. De volver a encabezar el podio de los más coperos a sacar cuentas, al igual que en el 2018, para jugar un certamen internacional. Un antes y un después muy evidente en el ciclo de Holan al frente de Independiente. ¿Se lo comió el personaje? Vaya uno a saber; lo que sí es seguro es que, desde aquel inolvidable diciembre de 2017, todas sus decisiones fueron notablemente desacertadas. Y lo más preocupante es que la CD del club lo respaldó por completo en todas ellas. ¿Está mal? Se supone que no, pues así funcionan los proyectos a largo plazo, esos en los que dice no creer el propio DT.

Con una simple palabra alcanza para describir el penoso semestre de Independiente, y también su presente. Al igual que en la primera mitad del 2018, donde el objetivo era ganar la Recopa (no se consiguió), clasificar a la presente edición de la Libertadores (no se logró) y avanzar de ronda en la última (el único tilde para aquella época), el inicio del año del Rojo es un fracaso. “Sos muy duro, no te olvides de dónde venimos…”. Justamente por eso; venimos de un año en el que EL ESTADIO COMPLETO APLAUDÍA MIENTRAS EL EQUIPO MOVÍA LA PELOTA DE LADO A LADO. ¿Se acuerdan? Pasaron unos pocos meses. Pero con algunas decisiones bastó para tirar todo por la borda. Está claro que los Rigoni, Barco, Tagliafico y Meza se iban a ir algún día. Pero tal vez no era el momento justo para los Torito Rodríguez, Puma Gigliotti, Leandro Fernández y compañía. Y demos gracias a Dios que todavía hay un tal Martín Campaña parado bajo los tres palos.

Si “la única verdad es la realidad”, el patético presente futbolístico del club no puede ser pasado por alto. TODO lo que logró Independiente bajo el legado de Holan (no sólo la Sudamericana en Brasil y la pequeña excursión copera a Japón, sino también la ilusión en los hinchas, el reconocimiento -y la envidia- del resto de los equipos, el compromiso, la actitud y la intensidad) es gracias a él. Y el Pueblo Rojo se lo va a agradecer de por vida. Pero todo tiene un límite y sus palabras ya no tienen sustento. ¿En qué se basa el DT para repetir su discurso de que el club “va a ganar un título” en este 2019? Nada mejor que una murga para el fin de semana de carnavales.

Independiente era un gigante dormido. Desde afuera, Holan dijo que tenía la receta para despertarlo y ponerlo en marcha nuevamente. Vino; lo logró y de una manera que emocionó a propios y extraños. Se ganó el reconocimiento y el cariño de los ídolos del club y, mucho más importante, de la gente (que no coreaba el nombre de un entrenador en Alsina y Bochini desde el segundo ciclo de Américo Gallego). Así como lo despertó, lo metió en la cama, lo arropó y le contó un cuento para que vuelva a dormirse. Las malas decisiones y las dificultades para reconocerlo devolvieron a Independiente a aquella vorágine de no saber ni siquiera hacia dónde va, como hace algunos años atrás. Eternas gracias por aquel inolvidable 2017, pero este ciclo (desde hace un largo tiempo) parece estar más que finalizado.

El reencuentro con nuestra historia

A veces alcanza con decir una palabra para recrear en nuestra mente un recuerdo acontecido, cercano o no, que mantendremos latente por el resto de nuestras vidas.

Decir Maracaná, pensar en Brasil o en Río de Janeiro, oir la palabra Flamengo o dedicar unos cuantos pocos segundos a pensar en la resurrección de Independiente es más o menos lo mismo. La hazaña del Rojo en el 2017 se asemeja a las épicas con las que la institución de Avellaneda forjó su mística y se ganó un respeto inquebrantable por el resto de los equipos.

No tan acostumbrados últimamente a dichas epopeyas, lo realizado por Ariel Holan y su cofradía el 13 de diciembre de aquel año será, sin duda alguna, algo que quedará tan grabado en las páginas más doradas del club como en nuestra memoria infinita.

Nadie mejor que nosotros entenderá el calvario por el que tuvo que atravesar nuestro corazón en los tiempos más magros de Independiente. Pero nadie, absolutamente nadie, mejor que nosotros también para explicar la satisfacción inmejorable y el marco perfecto que vivimos al reencontrarnos con nuestra gloria más sagrada alzando el título internacional número 17 de nuestra historia, completamente contra más de un país entero.

A un año de conquistar Sudamérica, te invitamos a emocionarte hasta las lágrimas con un imperdible documental sobre la travesía del Rey de Copas en Río de Janeiro. #Maracaná17, Ámerica de pie para aplaudir al más campeón del continente.

 

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