De la nada a la gloria

¿Cuántas veces soñaste con este momento? ¿Cuánto tiempo esperaste por ver a Independiente ahí, en el lugar del que siempre te hablaron? O, mejor dicho, ¿Cuánto tiempo esperaste por ver a Independiente así, con la cabeza tan erguida, la frente bien en alto y una sonrisa invencible y endiablada que sólo puede despertar la envidia de los rivales que van quedando en el camino? Vos, que tenés menos de 30, seguramente invertiste cada segundo de tu insomnio recostando la cabeza sobre la almohada e imaginándote una situación así. Y usted, que ya supera las tres décadas, no podrá negar lo que extrañaba y necesitaba vivir todo esto junto con el club de sus amores.

Independiente, el equipo más ganador del continente, vuelve a estar en la cresta de la ola luego de 28 años. Es entendible que por ese entonces, ni el más pesimista de los hinchas hubiera imaginado lo difícil que sería mantener dicho legado. Y mucho menos recuperarlo. Pero el tiempo pasa y, aunque nuestro pasado jamás será negado, el Rey de Copas hoy está nuevamente de pie. Ya no tiene 12 trofeos internacionales como en aquella Libertadores de 1990 donde River lo eliminó en cuartos de final. No. A pesar de haber atravesado los peores años, transitando por los mismísimos pasillos del infierno y besando la lona en casi todas las veladas, seis títulos más se adornan a la perfección hoy sus vitrinas. ¿Y lo más importante? Sabe a lo que juega: propone, se planta y da pelea (en Avellaneda, en Brasil, en Colombia, en Paraguay, donde sea). Recuperó la confianza de los hinchas, que no es poca cosa -no hace falta recordar la polémica que significaba jugar entre murmullos cada vez que el Rojo pisaba el Libertadores de América-. Lo respetan. ¡LO RESPETAN! Chapeau, Ariel Holan.

No le miento, querido amigo, si le digo que esperé absolutamente toda mi vida por vivir este momento (sí, yo aún pertenezco a ese pelotón de menos de 30). Siempre quise ver a Independiente jugar esta clase de instancias. Me pasaba horas hablando con mi papá sobre las grandes hazañas del club en los años 70′. Y aunque él haya visto 7 Libertadores, 2 Intercontinentales y un sinfín de copas doradas, y a mi me haya tocado vivir la peor de las pesadillas, siempre me hago un espacio para levantar la cabeza, mirar hacia el cielo y ver como una minúscula estrella en un cielo totalmente despejado me hace un guiño para mostrarme de qué estamos hechos. De pierna fuerte y templada. De delanteras históricas, de momentos sagrados. De estantes llenos de títulos. ¿Oxidados? Para nada, están más vigentes que nunca. Y hay un espacio especial para el trofeo más preciado de todos.

No nos tocó la más fácil de las series. Un brasileño siempre es un rival a respetar. Más aún si es Santos. Pero como la historia de nuestro club está llena de hitos memorables, con este no podría haber excepción. Y no la hubo: papelón de la dirigencia para que el Rojo se quede con un 3-0 en la ida (muy bien los dirigentes de Avellaneda actuando rápido) y papelón de los hinchas para que la vuelta se suspenda cuando todavía persistía el empate sin goles. ¿Merecimientos? Hablar de ello sería faltarle el respeto al rival, que pateó una sola vez al arco en toda la serie (y en el desquite, donde Campaña se lució con una tapada fenomenal ante Gabigol en el Pacaembú). Independiente mereció ganar los dos partidos y por amplia diferencia. Se bancó el clima hostil que generó el rival en la previa y en el durante. Se bancó las patadas, el extremado juego brusco y otro penal que no le dieron -antes de que Meza falle el suyo-. Pero eso ya no importa. Está en cuartos de final, espera por River o Racing y sueña con ir por todo. ¿Hace unos años? Estaba totalmente perdido en la neblina. Hoy, está entre los ocho mejores de América. De la nada a la gloria. Y vamos por ella.

Ejemplo de todo el continente

Decir “Independiente” siempre fue sinónimo de grandeza. En Argentina y en Japón. Acá y en todos lados. Delanteras de elite, goleadores históricos, proezas inimaginables, numerosos títulos (muchos de ellos con hazañas memorables de por medio) significaron sólo algunos capítulos de las paginas que parecían repetirse año tras año en el libro dorado de esta institución deportiva. Y aunque no siempre todo sea color de rosas -o “Todo Rojo”, en este caso-, aquellas oscuras hojas que parecían arruinarlo todo en los últimos escritos ya son parte del pasado.

Ojo, no fue magia: para que todo se “acomode” nuevamente hubo que limpiarse las lágrimas, abrir el grifo, lavarse la cara y mirar para adentro un buen rato. No hay que dejar de resaltar que hace exactamente un año atrás, en agosto de 2017, pocos se imaginaban (nos imaginábamos) que algo de todo esto podía llegar a ocurrir. Que Independiente iba a ganar dos títulos internacionales más en menos de ocho meses y que miraría a todo el continente desde lo más alto nuevamente. ¿Merecido? Pero claro. Ya lo dijo Holan después del partido: “Dimos 30 años de ventaja y estamos 18 a 18”. Hubo que dejar atrás las pesadillas, los embargos, las piedras en el camino que colocaron los envidiosos. Hubo que enfrentar a los poderosos. Hubo que cerrarle la puerta a algunos que le faltaban el respeto al glorioso nombre del Club Atlético Independiente y a muchos de sus emblemas. Hubo que hacerlo. Y se hizo.

Tal vez por eso es que los hinchas sentimos una satisfacción superior al quedarnos con esta copa, que vale como cada una de las otras 17 que posee el club. Como sucedió con la Sudamericana, cuando la cosa viene difícil -como la difícil serie contra los tucumanos, la mano alevosa de Tacuara Cardozo en Paraguay o el hostil clima de Río de Janeiro-, todo parece disfrutarse el doble. Y acá, con la Suruga Bank ya en las vitrinas (algo que debió haber sucedido hace siete años cuando Mohamed y sus muchachos fueron de paseo a Japón), podemos decir que el Rey de Copas está más vigente que nunca: el DT y la dirigencia, grandes hacedores de la levantada histórica del club junto a los leones que conforman el equipo, tomaron este torneo a partido único con la seriedad que se merecía. No fueron a especular contra un rival desconocido; lo estudiaron, lo analizaron, tomaron recaudos, prepararon el partido, se aclimataron al país (jet lag, clima, o lo que sea) y dejaron bien en alto el nombre de la institución. Como debe ser. Como nunca dejo de haber sucedido en el pasado. A ellos, y a todos los que competimos esta locura cada vez más grande y copera, gracias y a disfrutar. Ejemplo de todo el continente (y del mundo entero, claro que si), nuestra gran institución.

Orgullo

Orgullo. Orgullo es golpearse el pecho y sentir seguridad al hacerlo. Es mirar a los ojos y que el aura que generan las palabras que expresamos hagan el resto. Es sentirse agraciado y justificarlo con evidencia fehaciente.

Orgullo es cerrar los ojos y recordar rápidamente un momento de gloria, cualquiera sea este. Es no darse por vencido, pelear por lo que queremos, conseguirlo y festejarlo también.

Si te da orgullo haber jugado siete finales y ganarlas, imaginate el sentimiento que puede generarte haber ganado cuatro de ellas de forma consecutiva. Y ninguna por penales. 

Ni hablar de haberle arrebatado el título al equipo de los milicos en su cara, con todo un país en contra y con ocho jugadores en el campo de juego. Orgullo es decir “Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla” o “Micheli, Cecconato, Lacasia, Grillo y Cruz” y que absolutamente todos sepan de qué estás hablando. Orgullo es tener a Santoro, Pastoriza, Usuriaga y Bertoni de nuestro lado. Es saber que sólo el Chivo Pavoni levantó 5 Libertadores, las 3 Interamericanas que tiene el club y una Copa del Mundo. Sí, él solito. Y todavía no te hablé de Ricardo Enrique, el primer ídolo de Diego Armando.

Orgullo es hacerle 6 al Real Madrid de Di Stefano. Orgullo es ganarle al Santos de Pelé en el mismísimo Maracaná, donde además levantamos otras dos copas más. Orgullo es salir campeón en la cancha de tu máximo rival. O salir campeón en la tuya y que ellos se vayan al descenso en el mismo momento. Orgullo es haber dado más de 30 años de ventaja y que nadie te haya podido alcanzar. Es ganarle a la Juve en Italia y que todo el mundo conozca tu historia. Orgullo es no tener miedo, soñar con lograr lo imposible y hacerlo con éxito (si no pregúntale a Cruzeiro que pasó por Avellaneda en el 75 y se comió tres).

Orgullo es que te dejen totalmente en pelotas y levantarte para dar pelea. Y, claro: ganarla. Es levantar los brazos bien alto para saludar a tu gente mientras otros 120.000 te insultan. O hacerlo abrazando al cielo para dar las gracias por una herencia que no te esperabas, pero que fue lo mejor que te pasó en la vida. Orgullo es no poder explicarle al resto que esto no es soberbia, es historia. Todo esto pasó y pasa. ¿Y saben qué es lo mejor de todo? Que recién empieza. Felices 114, Independiente querido.

Que lo vengan a ver

No todos tuvimos la suerte de ver en primera persona las hazañas históricas que caracterizan a este club. Y quienes si la tuvieron, hace bastante que no vivían algo similar en estos tiempos. Claro que ganarle a Deportivo Lara, de local, no se asemeja a ningún hito escrito por Independiente a lo largo de sus 113 años de vida. Ni tampoco meterse en los octavos de final de la copa que más nos desvela, habiéndola ganado nada menos que siete veces.

Pero haber cumplido el objetivo, con los rivales que tocaron (un siempre difícil equipo brasileño que ya demostró su candidatura a ganar el torneo, el campeón de Colombia y el campeón de Venezuela) y con lo complicado que se nos puso el grupo (bautizado por Holan como el famoso “Grupo de la Muerte”) por momentos, es un indicio del compromiso y la garra que sigue demostrando este equipo.

Después de perder con Corinthians, muchos nos daban por muertos. Pero estos hombres salieron a comerse a los brasileños en San Pablo y nos hicieron golpear el pecho de orgullo, como en los viejos tiempos. Y a veces las cosas no se nos dan (GImnasia y Unión son los ejemplos más recientes), pero cuando Holan y sus bravos muchachitos se trazan un objetivo, dejan absolutamente todo por conseguirlo. Anoche fue la demostración más feliz de ello.

23 años después, acá volvemos a estar. Entre los 16 mejores equipos del continente. Donde siempre estuvo el nombre del club, aunque algunos no lo quieran o puedan reconocer. Un equipo que no tiene las mismas armas que en diciembre de 2007, pero que posee hombres de carácter bélico, jugadores de Selección (convocados o no por sus respectivos entrenadores), pibes con hambre de gloria, un nueve que es una bestia y un DT que siente al club como lo sentimos todos nosotros. Ahora, a disfrutar de Maxi Meza en la Selección (y a cruzar los dedos por retenerlo), a pensar en sumar una nueva copa a las vitrinas en Japón y a prepararse para la fase de la Libertadores que más nos gusta. Disfruten, que volvió el Rey. ¡Que lo vengan a ver!

Los de afuera son de palo

Aunque usted no lo crea, volvió a pasar: Independiente desperdició su chance de entrar a la Libertadores por sumatoria de puntos en el torneo local. Claro que esta actuación no se comparó ni de casualidad con la del 1-1 ante Lanús o con la del partidazo que jugó el equipo de Pellegrino en la casa del vecino por aquella famosa Liguilla (aquel 2-1 no alcanzó por el 0-2 de la ida). Parece que lo extrafutbolístico que comenzó varios días antes de la derrota ante Unión, tomó más trascendencia que lo que había que hacer dentro del campo de juego.

Ojo, esto no es caerle a Holan por “embarrar la cancha” contra Boca y compañía. Eso tendría que ser un condimento ajeno a lo que ocurriese en Santa Fe. Pero como el fútbol es fútbol y todo está completamente avalado si tiene repercusión mediática, Guillermo, Gago, Alfaro y demás pudieron darse el tupé de responderle al DT del Rojo luego del empate de Huracán y al Profesor sólo le serviría ganar para poder salir ‘victorioso’ de este cruce y cumplir el objetivo de su equipo a nivel local: entrar a la Libertadores.

Es ilógico que Independiente resigne año tras año el objetivo mayor de pelear el campeonato para sólo resignarse a intentar clasificarse en la última jornada al certamen más importante del continente. Ya es sabido que un club grande tiene que trazarse objetivos grandes, pero como este semestre ‘todo no se puede’, al menos podamos algo. El problema no es que la vara haya quedado alta luego de la Sudamericana. El problema es que esto es Independiente, y hay que estar a la altura. ¿Cómo vamos a estar discutiendo si fue penal o no, si sólo generamos un disparo al arco -ese- en 90′ de partido? Eso debería ser lo preocupante: cómo salió a jugar Independiente ante un Unión que sí dejó todo por cumplir su objetivo -y bien merecido lo tiene-.

Esto no es pegarle al DT (aunque en esta ocasión se le podría cuestionar la línea de cinco defensores y la salida de Domingo en el entretiempo) ni al equipo (aunque también se podría por la falta de actitud, salvo meras excepciones), pero hay que ser claros: el objetivo no se cumplió. Es más, en este semestre, todavía no se cumplió ninguno de los objetivos. Todo muy lindo con el sacrificio y la garra, pero la Recopa no se ganó, a la Libertadores -todavía- no se clasificó y, pues claro, aún está la chance de seguir en la presente edición si pasamos a octavos. Pero con el poco compromiso, la floja actitud y la inexistente intensidad que se le presentó al Tatengue va a estar complicado. Lo dijo Holan alguna vez: “los de afuera son de palo”. Ojalá los jugadores lo entiendan para ir a buscar el triunfo ante Millonarios.

En frío

En un descuido. En un segundo. A veces te vas de la nada a la gloria; y otras, de la gloria a la nada misma. Con uno menos y frente a un rival que vino a Avellaneda a buscar un simple punto, Independiente se quedó otra vez casi con las manos vacías. Por lo menos con esa sensación extraña se retiraron los hinchas que colmaron el Libertadores de América en un insólito horario de domingo. Esto no significa que por el 2-2 el Rojo tenga prohibido alcanzar su objetivo, pero si estará limitado y condicionado por lo que suceda en otros partidos. ¿Y todo por qué? Por un simple descuido.

Once contra once, salvando las distancias, el ritmo de juego de Independiente era similar al del primer tiempo ante Corinthians. ¡Hasta Benitez repitió su grito de guerra! Y esta vez, con ovación de por medio, todo el estadio tuvo la oportunidad de respaldarlo con un cálido “Gustavo Grabia la p*ta que te parió”, aunque habría más euforia para cantar eso más adelante. Hasta ahí, todo perfecto: la gente pidió por la Libertadores (por esta y por la próxima, claro) y todo era risas en Alsina y Bochini. Hasta que un rebote forzó a Figal a cortar una jugada clara de gol y marcharse expulsado. Primer punto de quiebre en el partido.

A partir de allí, el equipo de Holan volvió a parecer el de los últimos partidos (los anteriores al triunfo con el Timao). El famoso “le hacen un gol y se cae” volvió a relucirse en Avellaneda. Claro que con uno menos y con Gimnasia delante es todo más complicado (el juego, además de hacerse muy brusco contra los jugadores de Independiente, se pausó mucho por el tiempo que hizo el Lobo). Lo cierto es que el gol de Alemán fue un baldazo de agua fría para el equipo y también para la gente.

Y cuando más se lo necesitaba, apareció: Gigliotti, para la victoria. Desahogo que significaba mucho para el objetivo que le queda al equipo a nivel local. 2-1. A cerrarlo, entonces. Y listo. Pero…

El horario, tal vez, le jugó una mala pasada al Rojo. La defensa se durmió una siesta de domingo en la última pelota y llegó el segundo punto de quiebre: gol de Gimnasia para complicar el objetivo de la Libertadores 2019. La preocupación, además de la competencia a la que todavía Independiente se está clasificando, es la dificultad para cerrar los partidos en casa. Ya son varios los rivales que se llevaron demasiados puntos en casa y son precisamente esos que quedaron en el camino los que ahora el Rojo lamenta.

Como en el último torneo, donde el conjunto de Holan se quedó a un gol de la clasificación a la Libertadores 2018 (que actualmente se encuentra disputando de todas formas por haberse quedado con la Sudamericana 2017), todo se definirá en la última fecha. Hay que ganar en Santa Fe y clasificar. De lo contrario habrá que ver qué sucede con los rivales directos. Hay bronca e incertidumbre, pero también hay confianza ciega en estos jugadores. En frío, será más fácil pensar. Hoy la calentura todavía no cesa.

Por favor, perdón y gracias

Hace tiempo que Independiente no vivía una semana tan crítica en la antesala de un partido tan importante como el que jugó ante Corinthians. Es difícil transcribir la angustia que se generó no sólo en los hinchas, sino también en los propios protagonistas durante las últimas horas. ¿Resultados adversos? Si. ¿Problemas en la Copa? Si. ¿Incertidumbre por la clasificación a la próxima Libertadores? También. Pero la causa que un poderoso sector del periodismo mantiene latente e involucra a unos pobres chicos como víctimas fue la culpable de agitar el avispero de Avellaneda para que otra vez Independiente vuelva a estar en boca de todos y no precisamente por lo bonito que intenta jugar.

Esta vez, los zócalos de los programas televisivos pertenecientes a dicho sector y las tapas del único diario deportivo que presenta tirada en la Argentina -y que también forma parte del mismo grupo- decidieron ir por más. Hacer más daño. Ya no se trata sólo de molestar y desestabilizar a Independiente por estar en contra de sus dirigentes (o vaya a saber uno por qué interés), sino que ahora la intención parece ser un poco más oscura. La adrede publicación del testimonio que se reveló en las últimas horas significó un baldazo de agua fría para todo el club. Sobre todo para los involucrados, siendo que ambos atraviesan el mejor momento futbolístico de sus cortas y respectivas carreras. Uno aquí, el otro allá; no importa. Estuvo de más y todo el mundo lo sabe. Hasta los propios periodistas que el miércoles por la mañana salieron a pedir perdón de manera muy inoportuna.

Sin embargo, y contra cualquier pronóstico, Independiente enmudeció al Arena Corinthians desde el minuto de juego. Sin explicar una vez más lo complicada que era la parada para el Rojo en Brasil (por el rival, por lo que se jugaba y por todo lo citado anteriormente), el actual campeón de la Copa Sudamericana sacó chapa y se golpeó el pecho orgulloso diciendo: acá estoy, no me den por muerto. El equipo de Holan volvió a tener destellos de aquel equipo del 2017. Tal vez ya no tenga a sus estandartes, pero tiene otros talismanes que lo hacen soñar con que todo es posible. Si, y tiene mística. En la Copa, Independiente es otro; no hay con qué darle a eso. Por más que muchos se hayan mofado durante años, la mística no es ningún cuento. Y otra vez, el Rojo decidió sacarla a relucir cuando más la necesitaba.

Ahora tiene permiso para poder volver a soñar con acomodarse en el Grupo G de la Copa Libertadores, su gran anhelo. Quedan dos finales, pero Independiente sabe que ahora observa la situación desde un panorama mucho menos adverso que hace unos días atrás. Y mucho de esto se lo debe a uno de los jugadores que peor la pasó en esta semana fatal.

No debe haber un solo hincha del Rey de Copas que no haya insultado alguna vez a Martín Benítez. Pero por lo que tuvo que atravesar en estos días y la reacción que demostró hoy representando a Independiente en Brasil, es muy justo que se le ofrezca, al menos, el abrazo contenedor de todo el Pueblo Rojo. Y demás está decir que quien suscribe, ya decidió agachar la cabeza y ofrecerle también sus disculpas. A los nuestros hay que cuidarlos, siempre. Por favor, perdón. Y gracias por este triunfo.

“Teníamos que revertir la imagen y pudimos hacerlo”

Contento por la goleada ante San Martín de San Juan, Maximiliano Meza reconoció que era lo que Independiente necesitaba para dejar atrás la preocupante imagen que el equipo de Ariel Holan dejó en Venezuela al caer con Deportivo Lara. “Veníamos golpeados por la manera en la que se jugó y la imagen que dejamos. Teníamos que revertirla y pudimos hacerlo”, admitió el delantero, que además añadió: “Todavía hay cosas por corregir, pero es importante seguir convirtiendo”.
En cuanto al desarrollo del juego en San Juan, el correntino comentó: “Ellos tenían la obligación de salir a buscar el partido porque eran locales y aguantaron bien, pero hubo muchos choques. En el segundo tiempo fue todo nuestro y pudimos encontrar los espacios para ganar”.
“Es importante ganar porque, aunque Boca sigue sumando, los demás equipos pierden puntos y nosotros logramos meternos en la pelea”, explicó luego Meza, cerrando: “Si seguimos jugando así y ganando, vamos a seguir bien prendidos arriba”.

“Es bueno sufrir este golpe al principio”

Luego de la derrota de Independiente en su debut en la Copa Libertadores, Nicolás Domingo reconoció que el conjunto de Ariel Holan jugó mal, pero confía en que todavía queda mucho tiempo para revertir la situación del Rojo en el Grupo G.

“Es el peor partido desde que comenzó el año. No jugamos bien y teníamos mucha ilusión de comenzar esta copa de otra manera”, manifestó el volante luego del 0-1 ante Deportivo Lara en Venezuela. Y añadió: “Es bueno haber sufrido este golpe en el principio porque todavía tenemos tiempo para revertirlo y lograr el objetivo”.

Sobre el estado del campo de juego, que presentó suficientes dificultades para Independiente -sobre todo en la segunda mitad-, Domingo no buscó excusas: “Sabíamos de lo complicada que estaba la cancha, pero nosotros no jugamos bien y perdimos, tenemos que seguir trabajando”-

Para cerrar, y ante la consulta de los próximos encuentros que tendrá que disputar Independiente para sortear el Grupo G, el mediocampista sintetizó: “Supuestamente este era el partido más fácil que teníamos de visitante y no pudimos ganar. Tenemos que trabajar y mejorar mucho, pero tenemos tiempo para hacerlo”.

FOTO: TWITTER OFICIAL

Y un grito de corazón

Siete años pueden parecer una eternidad, pero depende para qué: tal vez estos siete años sin logros se alargaron más de la cuenta y la Sudamericana llegó un poco tardía. O quizás estos siete largos años desde el 2010 se volvieron muy extensos por las penurias y catástrofes en las que se sumergió (o mejor dicho, las incapacidades dirigenciales sumergieron) a Independiente. Siete años, exactos siete años de diferencia entre una Sudamericana y la otra. Los que peinan canas deben tragar saliva al saber que lo más festejado por esta generación fue lo más marginado en décadas anteriores por ser “un trofeo de segunda”, “la Copa de los perdedores” o “el premio consuelo para los que no pueden lograr jugar la verdadera competencia”. No es un capricho o algo inventado: Los dos últimos logros internacionales del club fueron esos. Y los amigos millennials nos aferramos con uñas y dientes a ello, no solo porque es tal vez lo único que logramos ver, sino también porque ambos trofeos significaron de catapulta para que el Rojo vuelva a su verdadero amor: la Copa Libertadores. Y si, siete años después.

Llamativamente en este periodo, Independiente no pudo clasificarse por si sólo a la competencia (de hecho, en 2012 y con Américo Gallego en el banco, el equipo peleaba por la permanencia en primera división y se jugaba la chance de clasificarse a la próxima Libertadores mientras disputaba la Sudamericana, pero se quedó en las puertas, como ocurrió con la bendita Liguilla 2015 y el empate insólito con Lanús en 2017). Acá millennials y señores comparten el sentimiento: no jugar la Copa, para Independiente, es muy doloroso. Y ver desde afuera a otros equipos que hacen sus primeros pasos por el continente, lo es más. El Rojo sabe que ese es su lugar en el mundo Su competencia por excelencia. La chica que nadie saca a bailar (o mejor aún: la chica que rechaza a todos los que la sacan a bailar porque su pareja está llegando al boliche).

Tal es así que, al escuchar un silbato en Brasil, ese que hacía a Tagliafico alzar sus manos con nuestra última gran hazaña, el grito de campeón por 17ma vez a nivel internacional se combinó de manera inmediata con un abrazo interminable entre 5.000.000 de hinchas y un grito de corazón “Lo único que quiero es ver al Rojo campeón de la Libertadores”. Si, siete años después. Sepan entender la expectativa que eso nos genera.

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