Una ley que todo futbolero conoce

Quien suscribe debe ser de las pocas personas en el mundo (tal vez la única) a las que nunca les agradó mucho la idea de estampar sus camisetas con el nombre y número de algún jugador. 

Por una razón, supongo que ligada al despertar efervescente de la pasión por Independiente en una temprana edad, mi cabeza se comenzó a inclinar por esa tendencia. Y sin duda alguna, crecer con el ‘dolor’ de presenciar salidas de ciertos futbolistas muy queridos a otros clubes o la enorme expectativa volcada en refuerzos de renombre que habían triunfado en otros equipos pero que luego trastabillarían en el nuestro, tuvieron mucho que ver.

Tal vez el tiempo no cure todas las heridas, pero sí sanó varias de las nuestras: esto hoy ya no tiene mucho sentido, pero ¿cómo alguien, en 2004/5, podía soportar la frustración de tener la ´10´ del Pocho Insúa? ¿Cómo hubo gente que se dignó a estamparse la ‘7’ de Leguizamón en el 2013? ¿Dónde estarán escondidos esos ’19’ de Farías que habrán explotado en marzo de 2012 con el hat-trick a Boca? ¿Cómo hay gente que tiene un estampado de Pizzini? Y así, muchos ejemplos más. 

Desde chico, y cada vez que Independiente perdía feo, me acostumbré a prestarle cierta atención a las camisetas de los hinchas a la salida de la cancha. ¿Vieron ese momento que surge entre la aglomeración de gente dirigiéndose hacia la puerta más próxima y la primera charla sobre el partido con nuestros acompañantes? Bueno, ahí. No se si es un ‘hobbie’ para intentar dejar de lado la angustia o un TOC ya inmerso en mí, pero hoy todavía lo sigo haciendo. Y me llevo cada sorpresa…

En fín, corría diciembre de 2017 y allí estábamos: Río de Janeiro y un atardecer maravilloso e inolvidable en la explanada del Maracaná. Quizás la costumbre de ojear camisetas luego de los partidos no la tenga todo futbolero, pero sí hay una que no falla: prometer cosas antes de una final. Soy de caminar a Luján todos los años y me hice tatuajes en ocasiones anteriores, así que descarté las típicas dos opciones. “¿Qué puedo hacer?”, pensaba mientras agradecía a la vida (y a mis amigos, claro) porque aquel ticket caído del cielo dio ‘luz verde’ para poder entrar al estadio. Y de repente, esto se apareció delante mío como una especie de señal divina:

Primero traté de entender cómo pudo ser que Jorge Pereyra Díaz termine jugando en Independiente. Pero más allá de eso, y sin entrar en detalles sobre si la indumentaria y era oficial o no, ¡¿Cómo alguien pudo estamparse su nombre en una camiseta?! Entonces me dije, ‘no importa quién o cómo, pero si hoy me voy festejando de este mítico estadio, voy a ‘sacrificar’ la camiseta que más me guste de esta temporada y llevará para siempre al actor principal de dicha alegría’. 

¿Y saben algo? No pude haberme puesto más feliz cuando terminó el partido y supe que llevaría el nombre del ’27’, que no solo la rompió en esa final, sino que tuvo su ‘revancha’ luego de las críticas que recibió por errar aquel penal con Lanús que nos dejaba ‘sin chances’ de disputar la Libertadores 2018. Y meses después, con su ‘polémica’ salida a Atlanta ya conclusa y en medio de los agravios que recibió por ser hincha de Boca, yo no paraba de lucir la única camiseta de mi colección que lleva un apellido y un número grabado en la espalda. Y no dudaba -ni dudo, jamás- en defenderlo en cualquier discusión, porque me regaló la mejor noche de disfrute que viví junto al Rojo. Y confío, ciegamente, en que va a volver a regalarnos muchas más.
Pensar que esa casaca pudo haber tenido el nombre de Benítez todavía me genera algo de escalofríos, pero lo hubiese estampado igual. Porque las promesas se cumplen. Y esa es una ley que todo futbolero conoce.

“La decisión final de las incorporaciones va a ser mía”

Luego de asumir como nuevo mánager de Independiente y admitir que no llega al club con un proyecto concreto para implementarJorge Burruchaga explicó cómo será su rol encabezando la Secretaría Técnica del Rojo y dio detalles sobre su relación con Lucas Pusineri.

El Rojo no atraviesa su mejor presente deportivo. A pesar de las últimas dos victorias consecutivas, lo floja que viene siendo la actual temporada movilizó a los dirigentes a contratar una figura experimentada para que se haga cargo de la toma de decisiones futbolísticas. Es así que, luego de reunirse reiteradas veces con diferentes exjugadores, terminaron decidiéndose por Jorge Burruchaga para oficializarlo como nuevo mánager. “Es Independiente, por eso acepté. En otro lugar no lo hubiese hecho. Nos pusimos de acuerdo rápidamente con la dirigencia”, comenzó manifestando Burru en La Oral Deportiva. Y añadió: “El club no está pasando por un buen momento, pero trabajaremos de la mejor manera posible y haremos un balance al final de la temporada para ver qué mejorar a partir de la próxima”.


Haciendo referencia a su función, el oriundo de Gualeguay fue tajante: “Tengo muy claro dónde comienza y dónde termina mi rol como mánager. Si bien vamos a consensuar con la dirigencia, la decisión final y la responsabilidad de la incorporación de jugadores va a ser mía”.

“Encontré un grupo que tenía la necesidad de contar con alguien que los acompañe en el día a día, algo que los dirigentes no podían hacer por tener que cumplir con otras funciones. Los más chicos me reconocen, saben lo que fui como jugador. Con el tiempo iremos fortaleciendo nuestra relación”, continuó explicando el campeón del mundo con el Rojo (1984) y con la Selección Argentina (1986).


Sobre su relación con Lucas Pusineri, a quien casualmente dirigió en su paso por Independiente como entrenador (2006-2007), Burruchaga sentenció: “Lo conozco muy bien y nos llevamos excelente. Cuando vine, él estaba sin lugar en River y yo lo traje otra vez acá. Es un gran entrenador y tengo un gran respeto por él”.


Por último, Burru reconoció que el paso del tiempo pudo haber modificado el fútbol pero afirmó que el hincha del Rojo tiene muy en claro cómo le gusta ver jugar a su equipo. “La gente de Independiente no negocia el ‘Paladar Negro’. Le gusta un equipo que gane y juegue bien, no que juegue a cualquier cosa. El ADN de este club es muy especial”, concluyó.

No hay peor ciego…

El refrán es muy conocido, trillado y popular, pero encaja perfecto con el paupérrimo presente de Independiente. Mirar para otro lado puede llevar al club nuevamente a la perdición. Y “sobrar“ la situación utilizando excusas injustificables como echarle la culpa al gobierno anterior acusando una persecución contra los Moyano, hablar de conspiración mediática por parte del Grupo Clarín o continuar buscando responsabilidades en los arbitrajes cuando el plantel profesional se arrastra en todos los estadios, no puede seguir ocurriendo. Alguien se tiene que hacer cargo de la actualidad alarmante en la que está envuelto Independiente hace más de un año.

Gastaron 15 millones de dólares en armar un equipo que da pena, que no puede ganarle a los supuestos sos peores equipos de la Superliga. Se ocupan de firmar contratos inexplicables que, encima, no cumplen  Los pibes del club tienen que terminar dando la cara y poco pueden hacer para cargarse la pesada mochila que significa ordenar este desastre. ¿Lo más preocupante de todo? Esta película ya la vimos. Ya la vivimos hace 7 años. Y el final tan poco feliz como insoportable.

Basta de robar con la Sudamericana y la Suruga. Con eso lograron colocar los cimientos para comenzar a olvidar el temible pasado que, irremediablemente, nos volverá a atosigar una vez más. Y tiraron todo por la borda en dos o tres años. Prepárense porque el próximo mercado de pases vuelve a ser tan crucial como el que tuvieron como protagonistas a Cantero y Cristian Díaz en 2012. Y durante seis años escuchamos a las voces oficiales del club decir que no volveríamos a pasar por algo similar mientras ellos estén dentro del club. ¿Y saben qué? Arrancamos a solo doce puntitos del descenso en la temporada que viene. No sean necios. No jueguen con el corazón del hincha. Deleguen el fútbol profesional a alguien que tenga la capacidad de tomar decisiones idóneas. Rodeen el club de gente que quiera al club. Si es que existe, llamen a la oposición y pidan ayuda. Busquen soluciones. Pero hagan algo. Independiente va camino al abismo otra vez y los dirigentes te pintan un universo paralelo en el qué hay que poner el foco en el cambio de nombre del estadio o cómo es un día en la vida del canchero. Basta de comer vidrio. Basta de mirar para otro lado. Realmente es un refrán muy trillado, pero le encaja de forma ideal a esta situación: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Tiempo al tiempo

No todo es “soplar y hacer botellas”. Pasó la segunda prueba de fuego para Pusineri y, aunque quede la espina por no haber podido ganar, hay que seguir remarcando que todavía se está arreglando con lo que tiene. Y como viene la mano, seguirá haciéndolo por los próximos días. Independiente no es un equipo renovado, ni tampoco posee estrellas que hayan deslumbrado al fútbol argentino en el 2019 (de hecho, todo lo contrario). Pero el cambio de aire que significó la llegada del nuevo DT sirvió no solo para que los dirigentes gocen de un hincha ¿más paciente?, sino también para que los jugadores comiencen a olvidar los inventos tácticos (y sobre todo posicionales) de Beccacece. 

Contra River fueron unos 15 o 20 minutos de buen fútbol, una interesante verticalidad para empatar e ir a buscar el partido y no mucho más. La expulsión de Barboza no ayudó, es cierto. Contra Boca fue un tramo más largo y, claro, la expulsión de Izquierdoz fue la que invitó al Rojo a hacerlo, porque hasta ahí pintaba un partido bastante complicado. Sin embargo, Independiente había respondido bien en defensa y comenzó a ser punzante en ataque a partir de ese hombre de sobra en la cancha. Pero esta vez no quiso entrar. 

Hubo varios puntos altos que merecen ser remarcados: Campaña respondió cuando lo llamaron, Bustos se cansó de pasar al ataque para ser un recurso más en la ofensiva (Sánchez Miño, en ocasiones, también, pero es impresionante lo que le cuesta sacar un buen centro), Franco completó un buen partido -una lástima la del palo- y Silva fue el mejor de los 4 del fondo. Ahora bien, lo de Pablo Pérez es inentendible ya: fue, por lejos, el mejor de Independiente en La Bombonera hasta su infantil expulsión (si, otra más). Marca, quite, distribución, participación constante en el juego ofensivo, oportunidades claras de gol (se perdió varios) y un final más que anunciado tras varios partidos realmente malos y la silbatina que bajaba de los cuatro costados cuando tomaba la pelota. ¿Qué le habrá dicho Pusineri?

Sin dudas que Lucas Romero, Leandro Fernández y Cecilio Dominguez mejoraron. Y Silvio, que no tuvo la mejor de las noches, se lleva un poroto por haber ido pícaro al cruce contra Izquierdoz (bien amonestado por segunda vez). Pero al igual que la semana pasada, es necesario destacar la frescura que aporta Chaco Martínez en este equipo. Desfachatado, encarador y sin pensar para nada en achicarse ante un contexto que invita a hacerlo. Si sigue así, va a terminar siendo titular mucho antes de lo que nosotros mismos creemos. 

Es cierto que queda una sensación extraña por no haberlo podido ganar. Pero ojo, es ambigua. Porque Boca también lo pudo haber ganado con el tiro de Tévez que exigió a Campaña o la descuidada salida del uruguayo ante la corrida y mala definición de Villa. Pero en situaciones como estas, donde partimos de un entrenador que se encuentra con un equipo en el que no hay nombres nuevos, donde se debe lidiar con salidas en lugar de llegadas, donde el puesto en la tabla de posiciones ya habla por si solo, lo de Pusineri está en vías de mejora. ¿Para conformarse? Claro que no. Pero, de a poco, la cosa comienza a tomar su color. Y si tiene que haber reproches, no debe ser él el destinatario. Que los dirigentes le den las herramientas que necesita para sacarnos del pozo. Pero ya. Nosotros como hinchas haremos nuestro propio sacrificio aportando algo que nos cuesta mucho: ser pacientes. Tiempo al tiempo. Tarde o temprano (ojalá que temprano), la nave va a despegar. 

Baño de realidad

Nada peor que mentirse a uno mismo. El permiso para ilusionarse por la llegada de Pusineri (o, si se quiere, el cambio de año en el calendario) no podía ser la excusa para pasar por alto el patético 2019 que tuvo Independiente a nivel futbolístico. Y bajo ningún punto de vista podía tampoco ser parámetro para hacerle creer al hincha que este equipo iba a cambiar en algo. Pero quién controla lo que siente el corazón, ¿no? Y así mordimos otra vez el anzuelo para llenarnos de confianza y pensar que, ante el rival menos oportuno, la suerte iba a estar de nuestro lado. Pero no. 

Y eso que la cosa no arrancó mal: Independiente se plantó bien de movida y se le animó, como ocurre normalmente, a jugar en campo rival. Pero desde que Leandro Fernández (el peor de la tarde-noche) se perdió ese gol insólito, River invirtió los roles y se hizo dominador del juego. Tanto que, después de otra siesta de Fernández ante Casco, se logró poner arriba con un testazo fenomenal de Santos Borré. ¿Lo vieron a Alan Franco marcándolo? Nosotros tampoco. Ni en la foto del gol aparece.

Ahí fue cuando toda la ilusión acumulada con la que el hincha llegó al Libertadores de América se fue por el caño. Silencio sepulcral para despedir a un equipo que parecía totalmente apático en el entretiempo. Y un giro inexplicable para salir a jugar el ST. Si hablamos de actitud, ese es el Independiente 2020 que queremos. El vertical del que hablaba Pusineri hace varios días. El que toca para adelante (y rápido). El que trata de generar peligro en el área rival. El que termina bien las jugadas (una pena que Cecilio solo lo haya logrado enviando el centro perfecto para que el goleador se ocupe del resto). El que aprovecha todo el sacrificio y la efectividad que le aporta un tipo como Silvio Romero (siempre se anota, eh). Y cuando parecía que todo podía acomodarse, Barboza (de buen partido) tuvo que interceder en un comprometedor pase atrás de Dominguez y todo se volvió a ir por la borda. Gallardo tiró a las bestias a la cancha para ganarlo. Franco volvió a fallar en el perfecto control y mejor definición de Santos Borré y el desenlace de la historia ustedes ya lo saben.

Ahora bien, ¿qué ha cambiado? ¿qué garantías te ofrece este equipo? ¿está bien conformarse con esos 10 o 15 minutos de ‘actitud’ en el inicio del ST? A Pusineri hay que darle tiempo, pero también herramientas. Todos sabían que el arranque (este partido y los clásicos que siguen) era una prueba importante. Que sirva como lección entonces. Que sirva para exponer que los Cecilio o los Sanchez Miño, que no pueden controlar una pelota o exhiben su desentendimiento a flor de piel en numerosas jugadas. Que sirva para que los Leandro Fernández o los Palacios tomen consciencia del club que representan y se empiecen a poner las pilas. Y que sirva, sobre todo, para que los Chaco Martínez comiencen a tener rodaje mientras los dirigentes terminan de definir si se van o llegan otros jugadores. Acá fue muy evidente la falta de incorporaciones y el necesario cambio de aire. Tratemos de que este doloroso baño de realidad nos sirva para algo…

Basta para todos

No hay manera de justificar este fracaso. Sobrando la Sudamericana, dando lástima en el campeonato local y dejando ir el único objetivo futbolístico que el club tenía en el 2019 no hay palabra que defina mejor este patético proceso pensado a los ponchazos. De una épica consagración en el Maracaná a terminar dando pena en todos los planos (internacionales y locales). Sin jugar bien, perdiendo partidos insólitos. Es un papelón por donde se lo mire.

Desde el plano dirigencial, la política nacional mantiene bien ocupados a los encargados de timonear el barco de Independiente, que está en pleno naufragio desde mucho antes de la salida de Ariel Holan. En lo futbolístico, si bien la entrega ante Lanús no fue pésima como en otros encuentros, el hincha sigue asistiendo a ver un conjunto apático, que no contagia, que no puede convertir goles (ni generar demasiadas ocasiones claras) y que está en manos de un entrenador que no tiene idea alguna del club al que está representando. No es novedad que Beccacece hizo absolutamente todo mal al frente del equipo, nunca se ganó ni el más mínimo reconocimiento de parte de la gente y poco se esforzó para intentar cambiar el pensamiento negativo que se tuvo sobre él. Se acabó. Su ciclo no da para más. Independiente pasará otro año sin jugar la Copa Libertadores, sin pelear un campeonato local. Sin nada. 

Hace rato que el hincha dijo BASTA. Los silbidos e insultos en la cancha no son casualidad. Pueden decirnos amargos por eso, no nos ofende. En Independiente siempre importó ganar y la manera en la que se debe lograr. Pero ni Beccacece, ni los jugadores -tampoco los dirigentes- parecen tenerlo en cuenta. El Rojo llegó a cuartos de final de la Copa Sudamericana de casualidad. Ocurrió lo mismo en la Copa Argentina. ¿importa? Claro que importa. Porque era bastante lógico suponer que no iba a lograrse una consagración así. Mucho menos aspirar a meterse nuevamente en el único anhelo que mantenía ilusionado al hincha: jugar, por lo menos, la Libertadores (que dicho sea de paso, la jugamos apenas 3 veces en los últimos 20 años). 

Llegó el momento de ponerse el overol y tomar decisiones. Los dirigentes no pueden volver a equivocarse y sortear así el futuro de un club que parecía venir encaminado. Nunca generó una ilusión la llegada de Beccacece, pero nadie esperaba un fracaso tan rotundo como este. Es momento de cambiar de rumbo y pensar en frío. Es momento de decir BASTA, de una vez por todas. Despertate de una vez, Independiente. O mejor dicho, despiértenlo.

El equipo de los millones…de lamentos

Un papelón. No existe mejor definición para la paupérrima presentación de Independiente en la altura de Quito. Si el duelo de vuelta frente a Universidad Católica había sido, sobre todo en el final, un claro llamado de atención sobre lo que NO había que hacer para terminar sufriendo más de la cuenta, el partido de anoche fue la mera continuación con el final más esperado posible. Porque si bien perder está dentro del libreto de posibilidades, la manera en la que el equipo de Beccacece se despidió de esta Sudamericana (de las más accesibles, no hace falta ni aclararlo) fue realmente desastroza. Prácticamente no atacó, terminó pidiendo con urgencia el final del primer tiempo y se replegó al máximo durante los 30′ iniciales del complemento (hasta que finalmente le convirtieron). 


Un equipo que gastó 14 millones de dólares en refuerzos no se puede dar el lujo de jugarse el partido más importante -hasta aquí- del semestre con Francisco Pizzini como su carta de ataque. No se puede seguir confiando en jugadores como Martín Benítez para salvar una clasificación (y basta de robar con el gol a Atlético Tucumán). El centro perfecto que le tiró a Sánchez en la ida para el gol de los ecuatorianos fue uno de los principales factores para que la ilusión se vaya por la tubería. También hay errores (groseros) del entrenador y su planteo en la vuelta, por supuesto. Salió a jugar sin la idea ofensiva de juego a la que acostumbra desde el vamos: otra vez sin nueve. Se acordó de atacar a los 80′ de partido y con el resultado en contra (es insólito que Romero haya jugado apenas los últimos 7′). Y ni así generó una situación concreta para empatar el partido y avanzar de ronda. 


¿Cuál será la excusa ahora? ¿La altura? Si Independiente sigue gastando y gastando en cada mercado de pases para terminar jugando los partidos con tipos como Benítez y Pizzini (como en las peores épocas, eh) la cosa va a estar difícil. Basta de mirar para otro lado. Basta de aplaudir, bancar y mirar para otro lado. Es inentendible como se deposita tanta confianza en futbolistas así mientras que Roa, por ejemplo, sumó 11′ y con las ‘papas quemando’ (así y todo hizo más que el bajísimo Cecilio Domínguez). Si la gente estaba ilusionada con el plantel que se estaba formando, con la propuesta vertical de Beccacece y su seductora metodología de “atacar, atacar y atacar”, lo de ayer destruyó completamente todo. Quedan dos competencias en juego para Independiente. A enfocarse en ellas…

Var

Sólo en Independiente

Hay ocasiones en las que cuesta demasiado hallarle una explicación lógica a las situaciones adversas. Usted podrá decir “Independiente ganó, ¿de qué habla este muchacho?”, pero la realidad marca que no solo pudo lograrlo sufriendo hasta al último minuto, sino que también va a Ecuador con una ventaja algo más complicada que en la fase anterior. 


Desde aquel Maracanazo, ya hay varios antecedentes notables de fallos arbitrales que perjudicaron a Independiente en competencias internacionales (llámese Recopa Sudamericana, Copa Libertadores o Sudamericana). Y algunos, como el de anoche, son muy rebuscados.

Parece como si solo pudiera (o debiera) pasarnos a nosotros esto de gritar un gol, abrazarnos con nuestra gente, ver a los jugadores festejando, cantar a estadio lleno con la ilusión renovada y ver como se nos escurre rápidamente todo de las manos. Es cierto que el uso de la tecnología en el fútbol apareció como un recurso innovador que busca minimizar errores arbitrales, pero en la mayoría de los casos reivindica el pensamiento popular sobre las conspiraciones evidentes contra algunas instituciones. Cualquier hincha de Independiente estaría muy seguro de que el gol que le anularon a Chávez hubiese tenido otra fortuna si hubiese sido del rival. ¿O no? En fin; una más, y van..

Ahora bien, buscarle una explicación acorde a acciones como la del gol de Independiente del Valle puede ser un laberinto sin salida. Es increíble lo de Benítez. Realmente increíble. Uno se puede equivocar, al fin y al cabo, todos somos humanos. Pero lo de este chico ya no tiene argumento lógico.

La jugada había terminado, el peligro de ataque del rival estaba controlado cuando la pelota sale por el carril izquierdo. ¿Alguien puede, en su sano juicio, explicar por qué Benítez TIRA UN CENTRO ATRÁS Y ASISTE PERFECTAMENTE a Sánchez para que abra el marcador? Es inentendible. Tanto como seguir viéndolo como titular junto a jugadores como Pizzini. Y más inentendible aún es que lo hayan premiado con el tema de la 10 y todo el circo que gestaron alrededor de ello, pero no viene al caso hoy. Sobra decir que el deseo de todos es verlo triunfar y levantar su nivel de una vez por todas, pero desapareció automáticamente después de esa insólita jugada y prácticamente no volvió a intervenir de manera efectiva en el juego (solo con una asistencia a Palacios). ¿Lo peor? Jugó todo el partido. Solo en Independiente…

El Chino Romero se merece un párrafo aparte en esta historia, por haber encabezado esa remontada obligatoria a fuerza de goles. Gran intervención en la jugada del penal, mejor definición desde los 12 pasos y excelente anticipo en el agónico tanto del triunfo para que Independiente vaya con una ventaja -por más mínima que sea- al Olímpico de Atahualpa. En lineas generales, el equipo de Beccacece hizo un buen partido, con su característico juego ofensivo que ya empieza a ser una realidad y con un Palacios muy encendido. Pero el aporte de Romero fue tan significativo como el sufrimiento que tuvieron que pasar los hinchas para poder celebrar otra victoria en casa. ¿Quiere noches de Copa así? ¡Venga a Avellaneda! Solo en Independiente pasan estas cosas.

Intermitentes

Si hay maneras de sortear una serie y avanzar a la próxima instancia de una competencia internacional, ningún hincha de Independiente (de hecho, de cualquier club) hubiese elegido que esta sea la manera de dejar en el camino a Universidad Católica para seguir luchando por otro título. Pero, limando asperezas e hilando fino, el objetivo final está cumplido y el Rojo está en cuartos de final.


Si tenemos en cuenta las circunstancias esquivas que tuvo el partido, la performance del equipo de Beccacece no fue del todo mala; aunque el primer tiempo fue realmente tenebroso. Arrancó mal con la tempranera lesión de Cecilio, siguió peor con lo complicado que se le hizo al Rojo -por lo menos- tener la pelota durante más de 30 segundos seguidos. Deberíamos hacer un párrafo aparte para el penal que inventó Piero Maza, pero lamentablemente ya nos estamos acostumbrando a este tipo de situaciones adversas con el VAR mediante en torneos de la CONMEBOL. Si algo malo podía pasarle a Independiente, era estar en desventaja antes de los 25´PT y, como ya es noticia conocida, se encontró 0-1 abajo luego del gol de Vides.

A partir de la expulsión de Guillermo De los Santos Independiente empezó a crecer, muy de a poco, en el juego. Tucu Hernández se hizo el conductor de un equipo que todavía no había generado situaciones de gol en más de 30′ de partido. Se ve que en el entretiempo hubo una interesante charla entre los jugadores y el entrenador, porque la actitud del complemento fue marcadamente otra. Comenzó flojo otra vez, pero Benítez levantó su nivel y luego de unos largos minutos de incertidumbre con el VAR nuevamente como protagonista, logró anotar el 1-1 que transmitió la tranquilidad necesaria para el elenco de Avellaneda. El ingreso de Chávez, algo que pedía el partido para disputar la segunda parte, también fue significativo para que el conjunto de Beccacece logre revertir el resultado. Porque el Negro aguantó una pelota de manera soberbia y asistió al Tucu para que convierta el 2-1 parcial -demasiado premio para la actuación del Rojo hasta el momento-.


Sin embargo, con uno más y todo, se terminó sufriendo en demasía. Eso de no saber liquidar los partidos parece haberse extendido desde la Era Holan a la actualidad. Independiente es un equipo que genera pocas chances de gol; y que encima termina sufriendo por no saber aprovecharlas. En este caso, encontró dos tantos, pero pudo haber hecho alguno más para no terminar pidiendo la hora. Es que el grito de Chala y el GOLAZO de Amarilla terminaron poniendo contra las cuerdas al Rey de Copas. ¿Cosas para retocar? Muchas, sobre todo pensando en la próxima serie, que se definirá también en el Olímpico de Atahualpa.

Hernández fue la figura indiscutida, el chileno Silva (ojalá) jugó su último partido con esta camiseta y Martín Campaña, al que le perdonamos todo, no tuvo la mejor de sus noches. Para jugar ante los tocayos de Ecuador, habrá que corregir varias cuestiones. Pero ya habrá tiempo para eso. Tiempo y, claro, otros nombres (Palacios y Romero, seguramente). Hasta entonces, y de forma intermitente, estamos entre los 8 mejores. 

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