“Acá no hay división”

Tras una semana muy movida en Independiente, con los problemas que acarrea la crisis económica que atraviesa la institución, rumores y la llegada del primer refuerzo de la era Pusineri, Pablo Moyano le dio una nota a los colegas de Zona Independiente.

En la misma, el Vice hablo de la actualidad y realizó una nueva defensa a la gestión que lleva a cabo junto a su padre desde el 2014. Sobre los rumores de ruptura entre trinomio, manager y cuerpo técnico declaró: “Con Pusi hablé ayer hasta las 10 de la noche, acá no hay división, estamos todos unidos, lo importante son los hechos”.

Acerca de la llegada de los primeros refuerzos y el mercado de pases detalló: “Los jugadores que se tenían que ir se fueron y los que se tenían que quedar, se quedaron. Muñoz era uno de los pedidos de Pusi y Burru, después de negociaciones normales se acordó y se firmó. El jueves estaría llegando el arquero Sosa y firmando Lucas Rodríguez, el 3 que quedó libre de Tigre”. Luego aprovechó para atacar al periodismo partidario: “Como desde hace seis años es una tortura, pero ya estamos acostumbrados. A veces algún periodista por tirar una primicia o adelantar, te complica la negociación. Solo se manejo el arquero de Tolima, que no pudo ser y Sosa. Cuando hay mala predisposición al club no le hacen daño a Hugo o a Pablo, se lo hacen a Independiente. Pasó con Silvio, Bustos y Franco, que se hacían encuestas y decían cosas que no eran”.

Sin hacer autocrítica, como es costumbre, detalló avances en las obras que está llevando a cabo la gestión: “Más allá de la crisis económica que vive el mundo y nuestro país, no se han detenido las obras. El estadio es un lujo, es elegido para jugar torneos internacionales. En 20 días se inaugurarán las plateas en la sur alta, que se llamará Pavoni y la norte alta Santoro”. Y siguió: “Otros clubes hacen remodelaciones en sus estadios y salen en la tapa de todos los diarios, pero Independiente solo por las críticas”.

Explicame

La del Presidente de FIFA no fue la única carta que recibió la dirigencia de Hugo Moyano en las últimas horas.

Es que siete agrupaciones políticas y dos movimientos del club, han enviado un pedido de explicaciones a la CD para que detalle la situación por la que atraviesa la institución.

Algo similar presentó hace unos meses la agrupación Puro Sentimiento Rojo, que tiene como cabeza visible a Daniel Grinbank, sin recibir respuesta. Ahora se sumaron gran parte de los actores políticos, habrá que ver si esta vez obtienen lo que solicitan.

Con todo

Sobre el final de una semana muy movida en el club, al fin Lucas Pusineri puede decir que su ciclo tiene un refuerzo.

Hoy firmó Ezequiel Muñoz para sumar en la zaga central y eso trajo alivio al cuerpo técnico, que veía con preocupación las novedades del mercado de pases.

Y el defensor mostró su alegría en redes sociales, donde todo el mundo Independiente le dio la bienvenida.

Que sea con la mejor de las suertes, y tal como dice él, con todo.

Boina Roja

El 25 de septiembre de 1905 nacía en España Fermín Lecea, un ídolo del primer gran Independiente del profesionalismo, capitán del equipo que ganó todo a fines de la década del 30. Fue un defensor impasable que jugó 265 partidos con los Rojos entre los años 1932 y 1940, siempre con su boina característica.

Fermín Lecea

El Vasco llegó a la Argentina, siendo joven, junto a su familia española. Se radicó en Córdoba pero vivió su adolescencia en Rosario donde se dedicó al boxeo, siendo en este deporte campeón santafesino en peso wélter y casi representa al país en los JJOO de 1928.

Sin embargo, su pasión lo inclinó por el fútbol y debutó como zaguero en la Liga Rosarina. Luego de jugar unas temporadas en Newell´s Old Boys, es fichado por Independiente en 1932.

Lecea integró dos grandes zagas junto al mariscal Luis Fazio y Sabino Coletta. Se convirtió en capitán del equipo animador de la primera década del profesionalismo. Los Diablos Rojos casi no bajaron del segundo puesto durante su estadía en el club y también ganaron todo tipo de copas.

El Vasco con la Copa Aldao de 1938, ganada a Peñarol en Montevideo

Entró en la historia con un equipo sensacional de Independiente, lleno de récords, que ganó todos los títulos que hubo en juego en las temporadas de 1938 y 1939: 2 campeonatos de Primera División, 2 copas Rioplatenses (contra el campeón uruguayo), 2 copas Ibarguren (contra el campeón de la Liga Rosarina y del Litoral) y una copa Adrián Escobar.

Fermín Lecea falleció en Mar del Plata hace ya 31 años, un Orgullo Rojo que hizo honor a la pierna fuerte y templada de Independiente.

“Sería un Presidente de lujo”

Cristian Ritondo dialogó con los colegas de Rojos de Pasión, acerca de su experiencia como dirigente, su posición actual y lo que cree sobre el momento de Independiente.

Lo primero que hizo el Diputado Nacional fue situarse en la política del club: “Sin duda no soy parte del oficialismo, de esta comisión directiva. Reconozco las cosas que se hicieron bien y las que no, los resultados de los malos manejos están a la vista”.

Luego detalló más las diferencias con la gestión de la que fue parte: “Las decisiones siguen concentradas en Hugo, Pablo y Yoyo Maldonado, se centralizó mucho en pocas personas. Hay gente que se fue y ha sido una gran pérdida, porque aportaban mucho. Los Moyano tienen muchas responsabilidades y eso hizo que descuidaran al club, no por buenos o malos, sino porque su labor es incompatible con el tiempo que requiere Independiente”.

También reflexionó sobre la información de la institución: “El informe de Redrado es muy por arriba. Hay agrupaciones que pidieron información y está bueno que el socio la tenga. Todos los clubes tienen dificultades, no es solo Independiente. Por eso tiene que estar todo claro, hay que transparentar la información y profesionalizar”.

Luego hizo hincapié en el futuro político, pensando en las próximas elecciones: “En este tiempo he hablado con muchas agrupaciones y personas con aspiraciones políticas dentro del club, me parece sano. Todos queremos lo mejor y planteamos que nos gusta y que no. Hay muchos que pueden aportar y necesitamos un club con los brazos abiertos. Se necesita unidad, como la que hubo por necesidad en la primera gestión de los Moyano. Hoy ya es tarde para ellos, es bueno el diálogo, pero hay que mirar hacia adelante”.

Para finalizar, se bajó de los candidatos y mencionó quién debe ser Presidente para él: “Los que tienen dedicación política sí pueden acompañar y colaborar, pero no le va a servir a Independiente, que no depende de una figura, sino de un Presidente que se siente muchas horas, que entienda lo que pasa y conozca el mundo del club y el fútbol. Hay que defender el color Rojo y no mezclarlo con otro”. Y siguió: “El socio me quiere, pero no tengo una aspiración personal. Hay muchos, pero el que más confianza me da para conducir a Independiente es Fabio Fernández, se como trabaja. Es el que mejor conoce el mundo Rojo, tiene capacidad y depende de él. No está identificado políticamente con nadie y sería un Presidente de lujo. Ojalá lo podamos convencer”.

Gracias a Dios

Como lágrimas, así bajaban las gotas por la ventana de la combi. Recuerdo haber llegado a esa conclusión luego de analizarlo un rato, en ese tiempo al pedo que tenía acostado en la parte trasera de la camioneta. Tiempo que prefería gastar en esas pavadas, antes que ponerme a pensar en la bronca que me generaba el momento.

Nunca fui de preocuparme por la lluvia, de hecho muchas veces la disfruto. “Es agua simplemente”, suelo decirle a la gente que no la soporta, como si no lo supiera. Pero ese 19 de diciembre el clima no podía ser tan desconsiderado, le estaba faltando el respeto a Dios.

Y como si fuera poco, hacía peligrar mi presencia en un evento al que en ese momento no sabía bien por qué (la razón la comprendí más tarde), pero intuía que no podía faltar. Porque para mi, que en esa época vivía lejos de Avellaneda, era ese día o probablemente no era. A los 11 años uno no decide cuando viaja la familia a visitar parientes y por eso vivía esa pausa, en la que la radio amenazaba con trasladar el acontecimiento al año siguiente, con un nerviosismo especial.

Había que recibir a Argentinos el domingo y luego venían las fiestas (razón por la que estaba en Buenos Aires) y las vacaciones de los jugadores, así que efectivamente, era ese día o no era, al menos para mi. Al rato, supongo que en la Oral Deportiva o programa similar, llegó la confirmación que tanto esperaba. “La despedida de Bochini se hace, no se suspende”, así que las dudas se dispersaron y la camioneta reanudó su marcha, con un pibe sonriendo en la parte de atrás.

Del partido no recuerdo demasiado, solo que me di el gusto de ver de cerca a algunos de los héroes de las historias que me contaba mi familia, haciendo lo que los metió en mi vida como personajes de cuento. Enfrentando ni más ni menos a varios que se convertirían en mis ídolos un par de años después, siendo en ese entonces promesas del club.

También tengo bien presente que silbaba e insultaba al rubio que jugaba de cinco para los blancos, sin saber bien por qué. Una de las tantas cosas que hacemos los hinchas comportándonos como una masa de gente, sin pensarlas demasiado. La realidad es que no me gusta perseguir ni al tren, no tengo intenciones de asesinar a nadie y, al menos hasta ahora, me inclino por las relaciones heterosexuales. Pero bueno, en la cancha uno canta que quiere correr a los bosteros, matar una gallina o cogerse a un hincha de Racing, como si realmente tuviese ganas de hacerlo. Así que ahí estaba, en una de las imbecilidades más grandes que cometí, insultando a uno de los mejores mediocampistas de la historia de Independiente. Y Claudio Marangoni soportaba estoicamente esa idiotez cada vez que tocaba la pelota.

Pero lo que me marcó para siempre aquella noche no fue nada de eso, ni la pegadiza canción “Porque te quiero te vengo a ver, aunque que esta noche sea la última vez”. Ni siquiera tenía plena consciencia de que era testigo de la despedida del jugador más grande del fútbol argentino. No, fue otra cosa.

Mi abuelo era un tipo de los que se conoce como chapado a la antigua, no solamente por una cuestión cronológica. La vida lo puso a prueba de muy chico, dejándolo huérfano, y tuvo que hacerse fuerte para afrontarlo. Serio, tosco, de pocas palabras, creo que yo era de las pocas personas que lo tuteaban, ya que no lo hacían ni los hijos. Imponía respeto y hasta miedo por su forma de ser y también por su enorme físico, curtido por levantar cajones en el mercado central durante gran parte de su vida. Tenía una mano gigante, con la que se divertía jugándome pulseadas, sonándome la espalda (nunca entendí como no se me rompió la columna) o amenazando en chiste con cortarme el cogote con su rara uña del dedo gordo, que la tenía afilada y en forma de púa, para clavarla en las sandias y melones, logrando así determinar su madurez.

Siempre me había llamado la atención todo eso, así como también las historias con las que me cautivaba, en las que me hablaba de sus ídolos mezclando palabras en inglés. Que ese era un gran “centro ja”, que tal era un extraordinario “fouar” y el otro un “win” tremendo. Solo en esos momentos mostraba atisbos de sensibilidad.

Pero esa noche del 19 de diciembre de 1991, todo fue distinto. Sobre el final del encuentro, el Bochita metió un gol aprovechando su magia y la falta de ganas de los rivales para quitarle la última pelota. Y en ese preciso momento, vi a mi abuelo transformarse casi en un osito cariñoso. Y lejos de ser el único, toda la tribuna debajo de la Visera estaba ocupada de gente que lloraba como protagonista de novela turca, ante el saludo del eterno diez que daba su última vuelta olímpica, y mi incredulidad.

Jamás había visto emocionado a mi abuelo y ahora lo tenía ahí, en un mar de lágrimas, justo en una edad en la que no careteás la situación. Porque de grande quizá mirás para otro lado para evitarle la vergüenza al otro, pero cuando sos niño te acercás a la cara y observás fijamente, como para analizar que tan real es lo que estás viendo.

Hoy, mientras miro la entrada de ese partido colgada en la pared del comedor de mi casa, se perfectamente por qué aquel día vi llorar al cielo, y más tarde por primera y única vez a mi abuelo. Y le doy gracias a él, a mi viejo, al Bochita y a Independiente, que es más o menos lo mismo.

No sigue

En el club se siguen tomando decisiones en la conformación de los distintos planteles, de cara a la vuelta del fútbol.

Entre estas determinaciones, consensuadas entre entrenadores, manager y dirigentes, se encuentra la de definir la libertad de acción de jugadores que no van a ser tenidos en cuenta.

Tal es el caso de Lucas Lezcano, tal como lo confirma el colega Matías Martínez. Jorge Burruchaga fue el encargado de comunicarle al delantero que no seguirá en Independiente y que deberá arreglar su salida.

El pibe de 22 años, que entrenó con el plantel de primera en el 2017 con Holan como entrenador, tendrá que buscar otra institución. Le deseamos lo mejor en ese camino.

Todo Rojas

Hoy cumple 71 años Percy Rojas, uno de los mejores jugadores que tuvo el fútbol peruano. Campeón con Independiente de la Copa Libertadores de 1975.

Percy con la Copa Libertadores de 1975

Llegó al Rojo como un ídolo del fútbol peruano, brillando en Universitario (siendo hincha de Alianza) y en su Selección. Y con el sueño de ganar la Libertadores que se le había negado en 1972 con el conjunto crema. En esa ocasión perdió la final contra Independiente a pesar de convertir un gol en la Visera. “Respetábamos mucho a Independiente” comentó años después, quien también sería goleador de esa copa.

Su revancha se dio en 1975. Después de superar una heroica Segunda Fase contra Rosario Central y Cruzeiro, el Rey de Copas debía enfrentar a Unión Española en la final. La ida fue derrota en Chile pero en Avellaneda empezó ganando desde el vestuario, un gol suyo a los 31 segundos se convirtió en el más rápido en la historia de las finales de América, en un partido que forzó el desempate. En Paraguay volvería a imponerse el Rojo que obtuvo la histórica cuarta copa consecutiva.

Al año siguiente ganaba la Copa Interamericana, la tercera consecutiva y también récord.

Percy Rojas tapa de una revista peruana mientras jugaba en Independiente

Rojas jugó 85 partidos en Independiente entre 1975 y 1976, convirtiendo 29 goles. El delantero peruano fue uno de los mejores extranjeros que pasaron por nuestro fútbol. El Trucha formó parte de la mejor generación de futbolistas peruanos en los 70 junto a Cubillas, Chumpitaz, Muñante, Cueto, Oblitas, Sotil y Challe, entre otros.

Con la Selección de Perú ganó la Copa América de 1975, en el mismo año que obtenía la Libertadores con el Rey de Copas. También participó de los mundiales de Argentina 1978 y España 1982.

Hace unos años celebró la conquista en la Copa Sudamericana y expresó que, con él, en Perú siempre hay un hincha más de Independiente.

Ahora 24

Con los resultados de los testeos previos, en el día de ayer comenzaron a acompañar los entrenamientos del plantel de primera división los 24 juveniles seleccionados, que están a las órdenes de Fernando Berón.

En la lista, que muestra a mayoría de pibes de Reserva, está el Chila Márquez, que vuelve de una dura lesión. También Pozzo y Da Rosa, que se destacaron en el equipo del Negro Gómez y el Perrito Zarza, comprado a Tigre el año pasado. Además el defensor proveniente de Racing, Federico Rotela.

Teniendo en cuenta que estarán a la vista de Pusineri y la posibilidad de ampliar la lista Conmebol a 50 jugadores, los pibes están ante una gran chance.

Los 24 seleccionados:

Arqueros:
Diego Segovia (2000) y Rodrigo Soria (2002).

Defensores:
Mauro Zurita (2000), Martín González (2001), Agustín Quiroga (2002), Ayrton Costa (1999), Leandro Barrera (2001), Federico Rotela (1999), Nehuén García (2001) y Facundo Velazco (1999).

Volantes: Ángel Genes (2000), Ignacio Medina (2001), Ezequiel Soriano (2002), Tomás Pozzo (2000), Juan Román Zarza (2001) y Fernando Da Rosa (2001).

Delanteros: Agustín Lezcano (2001), Rodrigo Márquez (2002), Juan Da Rosa (1998), Juan Freyre (2002), Luciano Villalva (2000), David Sayago (2000), Marco Landaburu (2000) y Franco Posse (2000).

La selva del 8

Son muchísimos los jugadores profesionales que sostienen que el momento del retiro es el más duro de la carrera y sus vidas, ya que nadie los prepara para eso. Por lo tanto son muy variables las historias que se dan luego de la finalización de la etapa como futbolistas, sobre todo cuando se dan lejos del deporte.

Este es el caso de la de Roberto Molina, reflejada en una nota realizada por los colegas de Infobae. El Nuno, que jugó tres años en el Rojo y fue campeón de la Supercopa 1995 en el Maracaná, encontró en México su lugar en el mundo.

Al país azteca llegó en el 98, luego de su paso por el Rojo, y asi lo cuenta: “Me atrajo la cordialidad, el sentimiento y la humildad que tiene la gente. Pero sobre todo cuando conocí Tulum, encontré una energía increíble, donde me conecté con la selva, el cielo, la cultura Maya, me atrapó el lugar y encontré la paz que estaba buscando”. Luego fue más allá, tal como comentó hace unos meses en el diario Los Andes: “Tuve una conexión con la naturaleza, y su cuidado me llevó a empezar a construir la primera ciudad autosustentable solar de México”.

Volviendo a la nota de Infobae, publicada hoy, detalla el lugar donde vive: “Estoy a 16 km de Tulum, con acceso por una carretera, a 45 minutos del hipermercado más cercano. Le decimos la selva, pero tampoco es que estoy metido en el medio de la selva amazónica a lo Tarzán, porque no estoy preparado ni es algo que siento”. Luego agregó: “Pero este es un lugar maravilloso energéticamente, a ocho minutos de la playa, del caribe mexicano. Me asenté en un sector de selva, porque acá hay mucha todavía hasta hoy. Estas tierras todavía son ejidales, que no han sido habitadas o trabajadas por el avance del sistema, de los humanos. No han sido trituradas”.

Esto igualmente no significa que este alejado totalmente del fútbol: “Llevo casi nueve años entre Tulum y Playa del Carmen. Con períodos por ahí de seis meses que estuve trabajando en el fútbol, porque más allá de toda la conexión que tengo acá, cuando siento que pica una pelota se me pone la piel de gallina. El fútbol es el 50% de la vida. El otro 50% incluye todo esto. Queremos hacer tipo una ciudad con la proyección de que sea autosustentable, pero por el momento es sostenible. Tratamos de volver a conectarnos un poquito con la tierra, con la naturaleza. Tomar una conciencia real de que los chicos hoy por hoy están conectados a un cable. Están con el celular, la Play; salen de la Play y van al televisor. Les sacás el celular y se deprimen. Esto es real, no es broma. Pasa en todas partes del mundo”.

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