La primera de tres

“Será siempre Independiente, el Orgullo Nacional”… también el 20 de junio de 1973, que ganaba su primera Copa Interamericana tras vencer en Honduras al local Olimpia.

En el Día de la Bandera, el Rey de Copas ponía bien en alto la insignia argentina, como a lo largo de su gloriosa historia.

Otra copa que tiene a Independiente como su máximo ganador y en la que tampoco perdió finales, aun cediendo la localía en todas sus participaciones. Por esto el Rojo siempre fue dueño del continente en su totalidad, desde el Estrecho de Bering hasta Tierra del Fuego.

El continente del Rey

Al obtener la Libertadores de 1972, Independiente clasificó a la Intercontinental y por primera vez a la Interamericana. Esta Copa fue una competición que enfrentaba al ganador de la Libertadores de América con el Campeón de la Concacaf, la máxima competición de clubes de América del Norte, Centroamérica y Caribe.

El campeón de la Copa de Campeones de la Concacaf de 1972, resultó ser Olimpia, el equipo más grande de Honduras que contaba con varias figuras de su fútbol. Ambos encuentros se disputaron en suelo hondureño por pedido de Olimpia y con el consentimiento de Independiente, otorgando una doble ventaja.

Luego de un viaje agotador de 30 horas producto de muchas demoras, el plantel arribó prácticamente sobre la hora del partido a la ciudad de San Pedro Sula. Pero los Rojos igualmente salieron victoriosos por 2 a 1 con goles de Semenewicz y Maglioni, en un encuentro en el que no tuvo sobresaltos pero tampoco brillo.

La vuelta sería en la capital hondureña, en el Estadio Nacional de Tegucigalpa. En esta oportunidad, los dirigidos por Humberto Maschio, dominaron el partido y se impusieron por 2 a 0 con tantos de Maglioni (goleador de la copa) y Balbuena. De esta manera, dos semanas después de alzar otra Libertadores, el Rey sumaba una nueva copa a su numerosa vitrina.

En la revancha Independiente formó con: Miguel Angel Santoro; Eduardo Comisso, Miguel Angel López (Luis Garisto), Francisco Sá y Ricardo Pavoni; Héctor Martínez, Miguel Raimondo, Alejandro Semenewicz; Agustín Balbuena, Eduardo Maglioni y Mario Mendoza.

Pavoni, Santoro y Comisso levantan la Triple Corona de 1973: Libertadores, Intercontinental e Interamericana

La fama del Rojo era mundial, para confirmarlo alcanza con ver la decepción que sintió el pueblo costarricense al no poder disfrutar del Rey de Copas en su país. Aprovechando la excursión por Centroamérica, Independiente tenía todo arreglado para jugar un amistoso con Herediano y la AFA se lo prohibió. ¡Esta medida llegó a la Asamblea Legislativa Tica! Ahí los diputados criticaron fuertemente la determinación de la AFA. Poco tiempo después, Independiente jugaría en San José con la mismísima Selección de Costa Rica.

Independiente ganó todas las copas en juego de 1973 y 1974, impresionante
La quinta Copa del Rey

¿Y ahora?

Hablar de una buena noticia es relativo, porque la situación que atraviesa el club, y el tema relacionado a esta novedad, dista mucho de ser algo bueno.

Pero también es cierto que hay un fallo positivo en el marco del conflicto entre la institución y la deuda que tiene con el plantel profesional. Uno de los jugadores no participó del convenio que solucionaron los dirigentes hace algunos días es Gastón Silva, quien decidió declararse libre por falta de pago.

La novedad es que la AFA falló a favor de Independiente, negándole la libertad de acción al uruguayo por considerar su pedido como apresurado e infundado.

Por lo tanto el defensor debe continuar su reclamo (que claramente es justo), como jugador del club. Veremos si este hecho, sumado a que se le pagó buena parte de lo adeudado a sus compañeros, hace que sea posible un acercamiento entre las partes.

Ojalá así sea, porque el uruguayo sigue siendo patrimonio de la institución.

“Esto es lo que va a quedar”

Pablo Moyano fue entrevistado por la prensa oficial en el césped del Libertadores de América, en el marco de la inauguración de las luces de led, colocadas en las últimas semanas.

Lo primero que dijo fue: “Más allá de la pandemia y la crisis económica, Independiente sigue trabajando para tener uno de los mejores estadios de Sudamérica”.

Para luego seguir elogiando lo hecho por la gestión que encabeza su padre: “Es un orgullo para esta dirigencia, que asumió hace seis años, cuando esto era una obra en construcción y hoy está designado por la Conmebol como posible lugar para jugar finales de copas”.

También, fiel a su costumbre, disparó contra opositores: “Cuando critican los que quieren ser candidatos o algunos periodistas, no conocen la realidad. Está bien, critican por alguna compra o por los resultados que no se dan, pero esta es la estructura que va a quedar para las futuras generaciones”, a lo que agregó: “Aquellos que nos critican que vean las cosas que se hicieron, como el socio que nos saluda y alienta en la calle”.

Por último, dejó un mensaje para los hinchas: “Aguantemos en nuestras casas, como pide el Presidente y los médicos, que pronto nos encontraremos en la tribuna alentando a Independiente”.

“Si lo pide lo llamará”

Siendo incierta incluso una fecha probable para la vuelta de los entrenamientos en el fútbol argentino, hablar de incorporaciones suena bastante utópico, sobre todo en un club con la actualidad económica de Independiente.

Pero asi y todo los rumores ya comenzaron, y uno de ellos manifestaba el interés del Rojo por Franco Soldano, delantero que está a préstamo en Boca.

Al respecto, su representante Hernán Rubiola hizo declaraciones a los colegas de AFA Mercado: “Si Pusineri lo pide lo llamará, y lo llamará Independiente. Por ahora no hay nada, es lo que dicen los periodistas”.

Igualmente dejó en claro que la prioridad lógicamente la tiene el club de la Ribera, donde el jugador está desde mediados del año pasado: “Lo primero que vamos a hacer es esperar a Boca hasta fin de mes y después se verá. Si aparece algo y no se cierra con Boca se analizará después. Por ahora hay muchos rumores”.

El día que Coco Sily me salvó

Esta época, en la que se sitúa la anécdota, me encontraba yendo solo a la cancha, con todo lo que eso representa siendo menor de edad. Mi abuelo y mi tío no tenían ya demasiadas fuerzas ni siquiera para ocupar una platea en el sector vitalicios, mi primo estaba en una etapa pollera y el Loco de la Combi seguía cumpliendo su promesa.

En un partido por Copa Libertadores, le estábamos ganando a River (creo que con gol del Burru) siendo muy superiores, uno de esos encuentros en los que merecés hacer el tercero antes que el segundo. Y después de varias situaciones desperdiciadas, el Loco juró que si River empataba (en realidad dijo estas Gallinas de mierda, pero no viene al caso), no iba nunca más a la cancha. Y estaba tan chiflado que tras el uno a uno final, cumplió y no apareció más por la Doble Visera.

Asi que ahí estaba yo un tiempito después, en un atardecer caluroso caminando por Fernandez de Enciso, una de las diagonales que tiene Devoto. Sin saberlo, a punto de tomar una decisión crucial, que puso en riesgo mi vida o al menos mi integridad física, tal como confirmaría una hora y pico más tarde. Eran dos las opciones que tenía para ir hasta Avellaneda, al menos las que solía utilizar. Una era tomar el 134, colectivo en el que un día de semana en hora pico podes llegar a cumplir años antes de llegar a destino. La otra era seguir una cuadra más y esperar el San Martín, para ir hasta Villa del Parque y tomar el 24, o a Retiro y subirme al 100.

Ese día la primera de las variantes la tendría que haber descartado, ya van a saber por qué. Pero a los 17 años uno no piensa demasiado, en realidad casi que ni piensa. Así que sin dudarlo me subí a ese 134 que justo se presentaba vacío y ya en marcha, dispuesto a iniciar su recorrido. Hasta recuerdo haberme sentido afortunado, ya que no es frecuente no perder tiempo esperando un bondi, de hecho todos sabemos que solo viene cuando te prendés un pucho.

Luego de aproximadamente una hora, en el colectivo quedábamos, además del chofer, tres pasajeros. El que escribe, en el medio contra una ventanilla y un señor mayor con la que supongo era su nieta, que estaban sentados atrás de todo, en la fila larga del fondo, al lado de la puerta. Una de las tantas avenidas que recorre el 134 es Caseros, en pleno Parque Patricios. De hecho sobre esa calle queda la Sede de Huracán, el rival que nos visitaba esa noche, parafraseando a la hermosa voz del estadio que tenía la Doble Visera. Estaba tan lejos de haber pensado mejor las opciones del viaje que hasta sonreí cuando el colectivo pasó por ahí y vi el escudo del Globo, recordando aún esa goleada que nos había dado un título poco antes. De hecho era el primero o uno de los primeros partidos en Avellaneda luego de ese histórico Clausura 94. Y mientras pensaba en eso noté que el bondi no avanzaba, a pesar de tener espacio. La curiosa razón era que tenía varias personas bloqueándole el paso.

Obviamente me llamó la atención, pero como les dije, a los 17 no pensaba demasiado. Más de dos décadas después tampoco es que soy un genio, pero calculo que al menos me hubiese dado cuenta que no era una gran idea ir a la cancha contra Huracán, en un colectivo que pasa por la sede del Globo, vestido únicamente con una remera de Independiente.

De hecho aún estaba inmerso en aquel cuatro a cero, quizá pensando en lo llena que estaba la cancha, o en el tiro libre que clavó el Dani, cuando noté por la ventanilla que en el Parque que estaba enfrente había mucha gente corriendo. Milésimas de segundos después comprendí que todos lo hacían hacia el bondi, y que la mayoría lucía algo de la institución Quemera. Tarde, pero enseguida entendí lo que estaba pasando. El chofer, que por supuesto había caído mucho antes que yo, me indicó que trate de bajar por atrás, mientras abría la puerta de adelante. Me paré y cuando empecé a ir hacia el fondo, la horda de hinchas ya copaba también esa puerta y a los golpes pedía su apertura.

Lo único que pude hacer fue volverme a sentar, esta vez en el último asiento de dos antes del fondo. Unos minutos más tarde, ya sin el anciano y su nieta, el 134 retomaba la marcha, pero ahora con toda la barra de Huracán. Los más jóvenes probablemente no lo sepan, pero antes era frecuente el secuestro de colectivos por parte de las hinchadas para llegar a las canchas donde jugaban de visitante. Y ahí estaba yo, entre los trapos, gorritos, camisetas, vinos y humo, muerto de miedo preguntándome porque no había tomado el San Martín.

Lo primero (y lo único) que atiné a hacer además de rezar, fue poner el carnet, el documento y los pocos pesos que tenía, en ese lugar en el que ya habría un caldo importante, y no precisamente producto del calor que hacía. Tardaron en darse cuenta, quizá porque la remera de entrenamiento Adidas que llevaba era similar a la del Globito, a lo mejor porque me acurruqué contra la ventanilla, o porque estaban entretenidos bebiendo, fumando y cantando. Lo cierto es que en un momento, luego de un breve silencio, se escucharon algunas risas, que arrancaron por los que estaban más cerca mio.

Inmediatamente después, empezaron canciones con las que algunos hinchas demostraban su creatividad, siempre teniéndome a mi como protagonista, y terminando en el mejor de los casos sin remera y sufriendo maltratos. El chofer era el único que no disfrutaba el concurso y me miraba constantemente por el espejo retrovisor, como diciendo “pobre pibe”, o al menos eso entendía yo.

La única certeza que tenía en ese contexto era que la iba a pasar muy mal, y que si o si debía bajarme de ese colectivo. En aquellos años el 134 terminaba su recorrido a metros del puente viejo. No se me ocurre un lugar copado para ir a parar junto a una barra brava rival, pero creánme que pegado al Riachuelo no es uno. Asi que junté coraje, le hice una seña al chofer (en ese momento me miraba más a mi que a la calle Vieytes), estiré mi brazo para tocar el timbre (solo para que los que estaban cerca mio sepan que tenía la intención de bajar, el conductor ya lo sabía) y me paré. El que tenía sentado al lado no se corrió para dejarme pasar, pero tampoco hizo nada para impedirlo, lo que interpreté como un buen comienzo. Pero los del pasillo no pensaban lo mismo y me bloquearon el paso. Mientras pensé en saltar por encima del asiento el colectivo frenó y abrió la puerta, lo que hacía imposible esa chance.

Asi que no tuve más remedio que empujar y tratar de avanzar, lo que derivó en varias piñas y escupitajos. No tengo idea cuanto duró esa especie de malteada macabra, solo recuerdo que me volvieron a tirar contra el asiento y me volví a parar con la intención de sacarme la remera, tratando de llegar a una especie de acuerdo que me permitiera seguir ileso, más allá de algunos golpes.

Y fue justo en ese momento en el que escuché una frase que recordaré por siempre. Pronunciada por una de esas voces tan particulares que a uno lo llevan a la conclusión de que su dueño no era precisamente un monaguillo. “Dejen bajar al pibe tranquilo, manga de boludos”, se escuchó, atronando todo el bondi.

Enseguida las risas, piñas y escupidas, se transformaron en silencio y estupor y todo aquel que estaba entre mi asiento y la puerta se corrió para dejarme bajar. Creo que si tenían una alfombra roja, la colocaban en el piso para que camine por ella. De hecho es probable que hayan puesto alguna bandera y no lo noté (?).

Cuando el 134 arrancó nuevamente, vi como me miraban desde el fondo como leones después de perder una presa, y hasta me atreví a mostrar 4 dedos (emulando la goleada), a pesar de que me temblaban aún las piernas y si no me había hecho pis encima es porque debería tener la vejiga vacía.

Si bien yo la escuché como angelical, con el tiempo llegué a una conclusión tan divertida como inchequeable. La voz era del cantante de ACDC, de Alfio Basile o de Coco Sily. Las chances de que Brian Johnson haya ido a la Doble Visera a ver un Independiente Huracán son nulas. El entrenador dirigía en ese momento a Racing, por lo que sería medio polémico que vaya a la cancha a ver a otro cuadro (?). Así que sin pensarlo demasiado, como cuando debía decidir como viajar, decidí que el cómico, Quemero él, había sido mi ángel de la guarda.

Por eso, además de recordar que el Rojo ganó dos a cero ese encuentro, para mi será siempre el partido que se jugó el día en el que Coco Sily me salvó.

Abrió las alas

El 13 de junio de 1966 nacía uno de los jugadores más queridos de las últimas décadas por el hincha de Independiente, Alveiro el Palomo Usuriaga.

El colombiano fue una de las figuras del gran campeón de 1994, que se llevó el Clausura y la Supercopa Sudamericana. Al año siguiente también ganaría la Recopa en Japón. Jugó 63 partidos en el Rey de Copas y convirtió 21 goles.

El Palomo sonríe y festeja, los hinchas también

Usuriaga explotó en sus primeros años en el fútbol colombiano, ganando un par de ligas con América de Cali y la Libertadores con Atlético Nacional, en la que convirtió 4 tantos en la semifinal y el que igualaba la serie final.

VER TAMBIÉN: La jaula del Palomo

El Palomo hizo además el un gol histórico frente a Israel para que Colombia clasificara a un Mundial después de 28 años. Sin embargo, por problemas de conducta, no lo llevaron a Italia 90. ¡Eso que hubo gente que quiso aprovechar las elecciones nacionales para elegir si llevar o no al Palomo!

Pensar que este 29 de abril hubo otra locura de su gente en Cali, miles de personas ganaron la lotería por jugarle al número de su tumba, increíble. Siempre tuvo una personalidad un tanto peculiar y lo suyo lo compartía con el pueblo.

Su llegada a Independiente se da en 1994 y en la primera temporada ya gana el torneo Clausura con ese equipazo del Rojo. Cerraría el año obteniendo la Supercopa Sudamericana, después de ganarle a cuanto brasileño se cruce en su camino y la final a Boca. Sería el segundo goleador de la copa, marcando un gol menos que Rambert, ante Santos, Gremio y Cruzeiro x2.

En ese glorioso 1994, el Palomo Usuriaga apareció en el equipo ideal de América junto a Rambert y Gustavo López. Un trío de ataque fenomenal. En 1995 ganaría la Recopa y luego se iría al fútbol mexicano. No tardó mucho en volver a Independiente hasta jugar su último partido en 1997 antes de la sanción.

Demasiado talento para su metro noventa y dos.

Eterno Palomo. Su alegría, sus golazos, sus enganches y sus zancadas, vivirán siempre en Avellaneda, al grito de:

“Usuriaga, Usuriaga, Usuriaga, Usuriaga…”

Stand up Academy

Después de tantos días de cuarentena, sin poder disfrutar de cosas tan vitales para cada uno, siendo el fútbol una de ellas, algo que se hace muy necesario es ponerle buen humor y onda al contexto.

Y por eso le damos las gracias a Luciano Aued, quien nos alegra el día con sus declaraciones a los colegas de Ataque Radio, en FM 94.7. El exjugador de Racing, fiel a la costumbre de los hinchas de nuestro clásico rival, esa de crear una realidad paralela muy diferente a la verdadera, dijo cosas desopilantes acerca del derby de Avellaneda.

“Se dio vuelta la tortilla. Ya le había ganado tres a uno en el Libertadores y ahora en el Cilindro con nueve hombres, eso habla de la mentalidad de Racing. Se acostumbró a que le vaya bien contra Independiente”, expresó el volante.

Si bien es cierto que los dos últimos encuentros fueron derrota para el Rojo, el del Cilindro de manera humillante, a lo máximo que puede aspirar un hincha de Racing es a decir que hay paridad en el último lustro. Hablar de una costumbre, un cambio en la historia por estos dos partidos, es cuanto menos ridículo.

Ya no tiene sentido tener en cuenta la paternidad histórica, que marca una diferencia en este momento de 22 partidos (75 a 53). Tampoco la década más reciente, porque también sería burlarse demasiado. Asi que tomamos los últimos diez clásicos, disputados en cinco años, viendo lo siguiente.

Ambos equipos ganaron cuatro veces y hay dos empates. Repasemos…. Después de un tres a cero humillante (el del tiro libre de Jesús Méndez), en el 2015 la Academia logró su primer triunfo en el Libertadores después de seis derrotas consecutivas. En la revancha de ese dos a cero el Rojo ganó de visitante con 9 jugadores. Luego vinieron dos empates, uno celebrado como un triunfo por ellos por haber sido sobre el final con un golazo, aunque no deja de ser un empate. Un tres a cero en contra marcó el fin del ciclo Milito, en una derrota que dolió mucho. Pero a la que le siguieron dos victorias Rojas, una por dos a cero en el Libertadores y la otra equiparable con el último clásico.

El equipo de Holan vencía con juveniles, suplentes y un arquero veterano en jogging, mientras sus titulares esperaban las instancias finales de la copa que ganarían en el Maracaná semanas más tarde.

Esas dos victorias de Independiente son las inmediatamente anteriores a las dos de Racing, esas que para Aued son suficientes como para hablar de una costumbre.

Querido Luciano, gracias por el humor. Pero la única tortilla que se dio vuelta es la de papa que te estarás cocinando. El clásico, como siempre, será de papá Independiente.

¿Cómo no lo vamos a querer?

Jorge Burruchaga firmó como Manager del club una semana antes de la cuarentena, por lo que aún no pudo trabajar en un marco de normalidad, si bien es algo que en Independiente hace mucho no se da.

Entre el parate por la pandemia y los problemas económicos del plantel con los dirigentes, algo que en parte se solucionó, recién ahora está poniendo manos a la obra. Su labor en esta coyuntura es establecer diálogos con jugadores, dirigentes y cuerpo técnico, para empezar a diagramar el Independiente post cuarentena, que tendrá sin dudas varias bajas.

¿Habrá nuevas caras o es imposible? Acerca de eso el Manager charló con los colegas de “Se habla así” (Direct TV). Al ser consultado por las palabras del representante de Lucas Biglia y la posibilidad de que el veterano volante retorne, declaró: “De Biglia no hablamos, pero tiene una experiencia tremenda. ¿Como no lo vamos a querer de vuelta? Ojalá”.

Una de las preguntas obligadas es acerca la promesa del Kun Agüero, y sobre eso dijo: “No hablé con el Kun. Primero hay que hacer un análisis de lo que tenemos, encauzar lo que hay acá. Por mi que venga ya, pero en este contexto es difícil. Además por su presente futbolístico puede jugar tranquilamente dos o tres años más en Europa”.

Tiburón campeón

Hace 58 años nacía José Tiburcio Serrizuela, defensor que jugó cuatro temporadas en Independiente entre 1993 y 1996.

Ganó el Clausura 1994, la Supercopa 1994, la Recopa de 1995 y la Supercopa 1995.

serrizuela supercopa 95
El Tiburón dando la primera vuelta olímpica de Independiente en el Maracaná, con la Supercopa 95

Jugó 77 partidos en el club y convirtió 4 goles, el más importante fue el que le dio la Recopa Sudamericana 1995 al Rey de Copas, frente al Vélez de Bianchi en Japón.

Antes de llegar a los Rojos, José Tiburcio fue subcampeón del Mundial de Italia 90, pateando un penal en la semifinal ante Italia. De gran trayectoria, había conseguido un título en River Plate, pero sus mayores logros llegaron en Independiente. Fue un buen central, con una fuertísima pegada. Se recuerdan sus penales en las definiciones de la Supercopa 1995 primero con Santos y luego con River, en los que rompió el arco. También el gol de tiro libre ante San Lorenzo en el Clausura 94.

Uno de sus nueve hermanos es Juán José Serrizuela, El Tiburoncito, quien saliera campeón en el Apertura 2002 también con el Orgullo Nacional, una de las pocas veces que se dio.

Los hermanos campeones con el Rojo en la actualidad

¡Feliz cumpleaños Serri!

Celeste y Rojo

Un día como hoy pero hace 64 años, nacía Antonio Alzamendi Casas. Gran puntero que jugó en Independiente entre 1978 y 1982, convirtiendo 80 goles.

Uruguayo, hincha de Peñarol y desde los 12 años del Rojo. Alzamendi llegó de Sud América y enseguida ganó el Nacional 78 en la recordada final con River de los goles de Bochini. Jugador de selección en su país, dejó un buen recuerdo en el club.

Es detrás de Arsenio Erico, el jugador extranjero que más goles convirtió en el Rojo. También es el segundo jugador uruguayo con más presencias en Independiente, 196 partidos, solo superado por una leyenda como el Chivo Pavoni.

En andas festejando el Nacional 78 ganado a River Plate, cuadro donde también triunfaría

Con la Celeste disputó dos Mundiales (86 y 90) y dos Copas Américas, ganando la del 87 en Agentina. Su último club en el fútbol local fue el Deportivo Mandiyú en 1990.

¡Feliz cumpleaños Patoruzú!

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