Gracias a Dios

Como lágrimas, así bajaban las gotas por la ventana de la combi. Recuerdo haber llegado a esa conclusión luego de analizarlo un rato, en ese tiempo al pedo que tenía acostado en la parte trasera de la camioneta. Tiempo que prefería gastar en esas pavadas, antes que ponerme a pensar en la bronca que me generaba el momento.

Nunca fui de preocuparme por la lluvia, de hecho muchas veces la disfruto. “Es agua simplemente”, suelo decirle a la gente que no la soporta, como si no lo supiera. Pero ese 19 de diciembre el clima no podía ser tan desconsiderado, le estaba faltando el respeto a Dios.

Y como si fuera poco, hacía peligrar mi presencia en un evento al que en ese momento no sabía bien por qué (la razón la comprendí más tarde), pero intuía que no podía faltar. Porque para mi, que en esa época vivía lejos de Avellaneda, era ese día o probablemente no era. A los 11 años uno no decide cuando viaja la familia a visitar parientes y por eso vivía esa pausa, en la que la radio amenazaba con trasladar el acontecimiento al año siguiente, con un nerviosismo especial.

Había que recibir a Argentinos el domingo y luego venían las fiestas (razón por la que estaba en Buenos Aires) y las vacaciones de los jugadores, así que efectivamente, era ese día o no era, al menos para mi. Al rato, supongo que en la Oral Deportiva o programa similar, llegó la confirmación que tanto esperaba. “La despedida de Bochini se hace, no se suspende”, así que las dudas se dispersaron y la camioneta reanudó su marcha, con un pibe sonriendo en la parte de atrás.

Del partido no recuerdo demasiado, solo que me di el gusto de ver de cerca a algunos de los héroes de las historias que me contaba mi familia, haciendo lo que los metió en mi vida como personajes de cuento. Enfrentando ni más ni menos a varios que se convertirían en mis ídolos un par de años después, siendo en ese entonces promesas del club.

También tengo bien presente que silbaba e insultaba al rubio que jugaba de cinco para los blancos, sin saber bien por qué. Una de las tantas cosas que hacemos los hinchas comportándonos como una masa de gente, sin pensarlas demasiado. La realidad es que no me gusta perseguir ni al tren, no tengo intenciones de asesinar a nadie y, al menos hasta ahora, me inclino por las relaciones heterosexuales. Pero bueno, en la cancha uno canta que quiere correr a los bosteros, matar una gallina o cogerse a un hincha de Racing, como si realmente tuviese ganas de hacerlo. Así que ahí estaba, en una de las imbecilidades más grandes que cometí, insultando a uno de los mejores mediocampistas de la historia de Independiente. Y Claudio Marangoni soportaba estoicamente esa idiotez cada vez que tocaba la pelota.

Pero lo que me marcó para siempre aquella noche no fue nada de eso, ni la pegadiza canción “Porque te quiero te vengo a ver, aunque que esta noche sea la última vez”. Ni siquiera tenía plena consciencia de que era testigo de la despedida del jugador más grande del fútbol argentino. No, fue otra cosa.

Mi abuelo era un tipo de los que se conoce como chapado a la antigua, no solamente por una cuestión cronológica. La vida lo puso a prueba de muy chico, dejándolo huérfano, y tuvo que hacerse fuerte para afrontarlo. Serio, tosco, de pocas palabras, creo que yo era de las pocas personas que lo tuteaban, ya que no lo hacían ni los hijos. Imponía respeto y hasta miedo por su forma de ser y también por su enorme físico, curtido por levantar cajones en el mercado central durante gran parte de su vida. Tenía una mano gigante, con la que se divertía jugándome pulseadas, sonándome la espalda (nunca entendí como no se me rompió la columna) o amenazando en chiste con cortarme el cogote con su rara uña del dedo gordo, que la tenía afilada y en forma de púa, para clavarla en las sandias y melones, logrando así determinar su madurez.

Siempre me había llamado la atención todo eso, así como también las historias con las que me cautivaba, en las que me hablaba de sus ídolos mezclando palabras en inglés. Que ese era un gran “centro ja”, que tal era un extraordinario “fouar” y el otro un “win” tremendo. Solo en esos momentos mostraba atisbos de sensibilidad.

Pero esa noche del 19 de diciembre de 1991, todo fue distinto. Sobre el final del encuentro, el Bochita metió un gol aprovechando su magia y la falta de ganas de los rivales para quitarle la última pelota. Y en ese preciso momento, vi a mi abuelo transformarse casi en un osito cariñoso. Y lejos de ser el único, toda la tribuna debajo de la Visera estaba ocupada de gente que lloraba como protagonista de novela turca, ante el saludo del eterno diez que daba su última vuelta olímpica, y mi incredulidad.

Jamás había visto emocionado a mi abuelo y ahora lo tenía ahí, en un mar de lágrimas, justo en una edad en la que no careteás la situación. Porque de grande quizá mirás para otro lado para evitarle la vergüenza al otro, pero cuando sos niño te acercás a la cara y observás fijamente, como para analizar que tan real es lo que estás viendo.

Hoy, mientras miro la entrada de ese partido colgada en la pared del comedor de mi casa, se perfectamente por qué aquel día vi llorar al cielo, y más tarde por primera y única vez a mi abuelo. Y le doy gracias a él, a mi viejo, al Bochita y a Independiente, que es más o menos lo mismo.

La despedida

El 19 de diciembre de 1991 Ricardo Bochini tuvo su merecido partido de despedida, y con él se iría la mística dorada y el hambre de gloria. La historia del más grande del club se cerró con un partido despedida en donde se lo vio nacer, la Doble Visera.

El Bocha se había retirado siete meses antes, luego de una lesión producto de una fuerte infracción del jugador de Estudiantes Pablo Erbín, pero esa calurosa noche, el fútbol argentino le rendía el tributo correspondiente a uno de sus máximos exponentes. Si bien se realizó un encuentro entre el campeón del 84 dirigido por el enorme Pato Pastoriza y el equipo de ese momento con Fren en el banco, al campeón en Japón se le sumaron ídolos de otras instituciones como Hugo Gatti y el Beto Alonso.

El Bochita jugó un tiempo para cada uno de los conjuntos ante la atenta mirada de una cancha que le cantaba “Y dale Bocha dale Bocha, porque te quiero, te vengo a ver, aunque esta noche sea la última vez”.

Los Rojos ganaron 6-4 y el Diez eterno cerró el partido con un golazo.

Hoy se cumplen 29 años de aquel homenaje al mejor futbolista de la historia de Independiente y el fútbol argentino, ese que aún hoy seguimos extrañando.

 

Vos, fumá

Hoy se cumplen 82 años del primer título profesional de Independiente, aquel de 1938 que contaba con la delantera perfecta: Maril, De la Mata, Erico, Sastre y Zorrilla. El Rojo convirtió 115 goles en 32 partidos, con un promedio de 3.59. Una máquina.

De la Mata, Erico y Sastre, las figuras de aquel equipo increíble

Y además de esos números extraordinarios, existe una anécdota increible en torno a Arsenio Erico, goleador de aquel equipo y el torneo con 43 tantos.

Es que el Paraguayo, era un animal del gol, el año anterior, a pesar de no obtener el campeonato, había anotado 47 goles en 34 partidos, sin embargo, la cantidad en el 38 bajó pero por una razón insólita.

La tabacalera Picardo, que en ese entonces fabricaba los cigarrillos 43 -hoy 43/70-, arregló con el goleador más famoso de la época que si llegaba a 43 tantos, ni más ni menos, iba a obtener una importante suma de dinero. Y hablamos de épocas muy diferentes a las de hoy. Los jugadores no hacían diferencia ni con pases ni con sueldos, por lo que un premio extra así en muchos casos podía resultar muy beneficioso.

Lo cierto es que Erico llegó a los 43 tantos a dos fechas del final, y cuentan los que lo vieron, que en las últimas dos jornadas, cada vez que el paraguayo estaba por marcar un gol se la pasaba a Antonio Sastre o Vicente de la Mata para no pasarse de esa suma.

Algo increible e impensado hoy pero que tampoco le privó a Independiente de ganar, ya que, por ejemplo el día de la consagración ante Lanús, metió 8 goles, claro que, de todos esos, Erico sólo dio asistencias para no pasarse y obtuvo el premio de la tabacalera. Fumaba abajo del agua. Genio de aquellos.

Uno x uno vs. Lanús

Sebastián Sosa (5): En el primer tiempo solo tocó una pelota, para contener un remate lejano a los 38, el resto las fue a buscar adentro por mérito rival. Apenas iniciado va mal a buscar lejos, en la de la amarilla a Franco. En el complemento controla con la mano solo ante Sand.

Fabricio Bustos (5.5): Si bien es cierto que sus avances carecieron de definición y la mayoría de sus centros no llevaron peligro, algo que suele suceder, se premia la insistencia. Con vergüenza deportiva y actitud fue siempre para adelante, logrando progresar varias veces, como a los 51 que terminó probando de zurda, a los 65 llegando a la línea y pateando desde ahí y a los 86 sin poder darle bien.

Alan Franco (2): Vergonzoso primer tiempo, con errores de todo tipo que ni vale la pena repasar. Mejoró en el complemento, pero ya era tarde. A los 58 pide offside en una jugada en la que él habilita por no dar el pase adelante, dejando solo a Sand.

Alexander Barboza (3): También fue pésimo lo suyo en la primera etapa y mejora en la segunda. Pierde sobre la izquierda en el segundo gol y comparte muchos errores.

Lucas Rodríguez (4): Más allá de no tener errores groseros como muchos compañeros, no brindó seguridad. A los 27 probó bien desde el borde del área y pasó cerca.

Carlos Benavídez (5.5): Lo suyo fue correcto hasta que pareció cansarse anímicamente luego de dar dos pases mal, tirándola afuera. A los 46 probó de lejos y encontró bien parado al arquero. En la serie termina dejando una buena impresión pensando en su futuro en el club.

Pablo Hernández (1): Este tipo de series suelen abrirse por detalles. En esta ocasión fue porque a él se le ocurrió tirar un cañito en el área, como si estuviera jugando en ojotas en un country. Imperdonable por donde se lo mire.

Lucas González (5): Mal partido del Saltita, que no pudo generar juego a pesar de algún pasaje positivo. No lo ayudó tampoco tener que tirarse a la izquierda en el complemento.

Federico Martínez (6.5): Está claro que no brilló ni mucho menos, pero fue bueno lo suyo buscando con criterio progresar por derecha, lográndolo varias veces. También fue positiva su serie pensando en el armado del equipo. A los 79 desborda y casi convierte en la que cruzó toda la línea.

Alan Velasco (3): Venía siendo importante y hoy se pinchó, una lástima. No le salió una. A los 34 le quedó en la esquina derecha del área y le dio bien pero débil, por lo que Morales la contuvo sin problemas. A los 69 quedó mano a mano y la picó mal, dejándosela al arquero.

Silvio Romero (4): La vuelta del capitán no fue la esperada y por imprecisiones propias y del equipo tuvo un mal partido. Al minuto le dio sin convicción en el borde del área. A los 41 pudo frenarla bien posicionado, pero no logró definir, algo que hizo mal a los 54 en la que igualmente era offside de Messiniti.

Nicolás Messiniti (5): Jugó el segundo tiempo por Hernández. Más allá de las primeras jugadas, en las que se metió solo en offside torpemente, fue positivo su ingreso. Mucho ímpetu para ir a todas y generó chances con un buen pase a Velasco y una linda jugada por izquierda que terminó tirando a la red del costado.

Alan Soñora (4.5): Entró por Rodríguez a los 59 para hacer la banda y enviar centros, algo que hizo aunque sin generar peligro.

Jonathan Menéndez: Reemplazó al Saltita a los 72 y no logró participar demasiado del juego tirado en la izquierda.

Andrés Roa: Saltó a la cancha a los 82 por Velasco y lo hizo bien, con muchas ganas. Eso le posibilitó hacer un lindo gol, con una gran definición acomodando la pelota de zurda, y buscando otro con un lindo remate que pasó cerca luego de un desvío.

Lucas Pusineri: Lamentablemente se acabó la ilusión de la peor manera, sin estar a la altura del partido, algo que no había ocurrido en la ida. La jerarquía de los jugadores de Lanús fue letal ante los groseros errores Rojos. Podemos discutir muchas cosas, como si el técnico tarda para hacer cambios, si Franco estaba para jugar o que quiso hacer Hernández. Pero todo eso es irrelevante pensando en el futuro del club. Lo de Pusineri es positivo teniendo en cuenta el momento. Puso a competir un plantel con muchos juveniles, se bancó mil bajas y poquísimos refuerzos, revalorizó a varios jugadores y llegó a estos cuartos y segunda ronda del torneo local. ¿Es nuestro Gallardo? ¿Será un gran técnico para Independiente? Cuando le traigan refuerzos se lo podrá exigir y llegaremos a esas conclusiones. En este contexto sirvió. Como sirvieron estos dirigentes en el peor momento del club. Hace años que eso ya no es así, siendo los más grandes culpables de todo esto. Eso es lo que hay que discutir, y cuanto antes lo hagamos mejor para Independiente, que es lo que está por encima de todo y todos.

Uno x uno vs. Huracán

Sebastián Sosa (6): Correcto partido del uruguayo, exigido por primera vez a los 14 y a los 34, cuando manotea justo una que se metía. En el complemento a los 46 evita el empate ante Cordero y luego tiene dos tapadas con dudas; un centro de Briasco y una ante Cordero, que llega antes a tocarla y casi lo duerme.

Gonzalo Asís (6.5): Otro buen partido del lateral, el mejor del equipo. No pasó tantos sobresaltos como el resto de los defensores y subió muchas veces con criterio, llegando con peligro en dos ocasiones por tiempo. En la última, le podrían haber cobrado penal sobre el final del encuentro. Salva bien ante Chávez promediando el complemento.

Patricio Ostachuk (4): Muchísimos problemas para el central, que sacó algunas, pero no pudo contener en el mano a mano a Chávez. No brindó seguridad en ningún momento.

Ayrton Costa (4): También tuvo muchos inconvenientes para brindar seguridad, pero al menos mostró algunas buenas intervenciones. Toca el centro y termina metiendo el descuento sobre el final del primer tiempo. Pierde la marca en el empate y llega justo de atrás a los 84 para evitar una definición.

Thomás Ortega: Deja al equipo con uno menos por dejar la pierna minutos después de recibir amarilla. Lo podrían haber perdonado, pero no deja de ser un error grosero. Su expulsión condicionó muchísimo al equipo.

Juan Pacchini (5): En lo individual fue bueno lo suyo, ya que pudo ganar duelos ante rivales y logró rechazar en varias oportunidades. Pero posicionalmente fue muy malo, ya que es uno de los principales culpables por los que el mediocampo Rojo no existió en el partido.

Domingo Blanco (6): Tiene responsabilidad en la desaparición del medio, pero logró tener la pelota y progresar en muchas oportunidades estando rodeado de rivales. Presiona, se lleva brillantemente la pelota contra el fondo y habilita a Messiniti para el segundo. Fue de lo poco rescatable esta noche.

Alan Soñora (4): Casi no jugó en su posición, ya que se paró de lateral izquierdo tras la expulsión de Ortega. A los 38 salva con lo justo tras un centro. No fue mala su actuación, pero le costó mucho ese cambio y por eso el puntaje.

Andrés Roa (6): Muy similar a lo de Blanco, ya que en inferioridad numérica pudo llevar la pelota y tratar de generar aproximaciones. Abre el marcador con suerte, ya que su centro rebota en un defensor y se le mete al arquero. A los 27 combina bien con Menéndez. Faltando nueve probó desde afuera pero se fue lejos.

Jonathan Menéndez (5.5): Otro de los que zafa, porque tuvo acciones individuales positivas. A los 27 tiene una buena jugada con Roa y se nubla al definir. Sobre el final de la primera etapa sobre la derecha le pega lejos de zurda y un minuto más tarde conduce una contra y si bien tenía pase y no lo aprovecha, después la hace bien y exige al arquero. A segundos del final remata en la que luego del rebote le cometen penal a Asís.

Nicolás Messinitti (4): Tiene dos intervenciones trascendentales, pero igualmente fue malo su partido. Mete el segundo tocando al arco simplemente, y por mérito del arquero estuvo cerca de errarlo. A los 36 salva casi en la línea lo que era el descuento. Insostenible la falta de presión en la salida rival, solo trotó casi de compromiso viendo como avanzaban los locales.

Sergio Barreto (5): Reemplazó a Soñora a los 56 para rearmar la defensa y si bien no tuvo grandes errores en lo individual, no logró su cometido.

Braian Martínez: Entró por Blanco a los 86 y tuvo una entrando por la izquierda, prefiriendo rematar mal en lugar de encarar al defensor.

Marcos Landaburu: Jugó los últimos minutos por Costa y casi no entró en contacto con el balón.

Lucas Pusineri: Si bien hay responsabilidad del árbitro en esta derrota, la realidad es que Independiente jugó mal y Huracán terminó dando vuelta el resultado con justicia. Nos pusimos en ventaja con una aproximación y aprovechando un error en la salida rival, pero no lo supimos mantener. En parte por lo dicho, ya que Lamolina podría haber perdonado a Ortega, y también porque el equipo se tiró muy atrás y lo peor, partido y sin marcar al rival. Insólitamente los jugadores de Huracán llegaban a tres cuartos sin tener a alguien de Independiente encima. Está claro que el encuentro más importante es el del jueves, pero es una lástima no haber aprovechado esta oportunidad y pasar de ser puntero del grupo a último. Arranca una semana clave, donde nos jugamos la chance de pasar a semifinales y un clásico con Boca para mantener las chances en este torneo.

Uno x uno vs. Lanús

Sebastián Sosa (6): Volvió a la titularidad el uruguayo y casi no lo exigieron. A los 23 tapa una de Sand (estaba en offside), aunque dando un rebote innecesario.

Fabricio Bustos (6.5): Correcto lo del Tractor, luchando siempre y tratando de lastimar, algo que logró poco y nada. Pero en la marca ganó más de lo que perdió.

Sergio Barreto (7.5): Muy bueno lo del central, anulando a Sand, con lo que significa para nosotros. Firme y concentradísimo, a la altura del encuentro y aportando soluciones a los interrogantes que generó la lesión sorpresiva de Franco. Es uno de los varios de mejor nivel, pero termina siendo figura por lo antes mencionado.

Alexander Barboza (7): También fue bueno lo del zurdo, sacando todo y buscando ser salida clara. A los 60 salva con lo justo una chance que comienza con él sin tirar el offside. Tiene un tiro libre que era muy difícil y no pasó tan lejos, haciéndome recordar a uno de Manrique en ese mismo arco hace ya como 15 años. Por suerte ya es costumbre este nivel, algo muy positivo.

Lucas Rodríguez (7): Siempre es correcto, hoy fue algo más, siendo de lo mejorcito. Se está soltando y le agrega algo de juego a su firmeza. A los 9 se mandó bien buscando paredes y a los 42 logró llegar al fondo y definir por arriba del arquero, aunque terminó siendo un centro peligroso rechazado por la defensa. Hasta tiró un caño, a esta altura es una grata sorpresa el lateral.

Lucas Romero: Estuvo 18 minutos en cancha, haciendo un correcto papel, hasta que salió lesionado. Ojalá sea solo una contractura.

Pablo Hernández (6): El Tucu le impuso su ritmo al partido y a las intenciones Rojas. Logró dominar en el medio en varios pasajes, tocando sin complicarse. Muchas veces se nota que le falta una marcha, pero aún así fue positivo lo suyo, hasta que terminó muy cansado.

Lucas González (7): Sigue en buen nivel, manejando con criterio la pelota y poniendo bien el cuerpo. Ya se ganó un lugar en el equipo y lo justifica, aunque hoy le faltó precisión en los metros finales, salvo en la que le pone bien a Messiniti a los 57.

Federico Martínez (7): Buen partido del uruguayo, inteligente para elegir las opciones. A los 25 encaró por derecha y remató fuerte en la que se pierde Messiniti y dos más tarde tras pared con Bustos un defensor le saca una similar. No consiguió progresar muchas más veces, pero fue importante su aporte.

Alan Velasco (7): Ya demuestra ser de lo mejor del equipo en cada partido, aún cuando no puede desequilibrar en muchas ocasiones como hoy. Buen cambio para Martínez a los 25 y la empala lindo para Rodríguez a los 42. Solidario para colaborar en la marca, incluso cuando parecía estar para salir, metió una buena por izquierda con un lindo centro. Sigue por el camino que le deseamos todos.

Nicolás Messiniti (4): Al contrario de lo de Barreto, le tocó ser parte por la falta de un referente y en lugar de brindar soluciones, confirmó los temores. Se lo pierde insólitamente a los 25 luego de la tapada del arquero ante Martínez. Y en la otra que tuvo no logró picarla atorado por el arquero.

Carlos Benavídez (6.5): Entró a los 18 por el Perrito. Hoy si dio un paso adelante el uruguayo en su periplo por el Rojo, pensando en la consideración de Pusi. Fue importante en la marca quitando varias y a pesar de algunos errores, distribuyó bien, sin hacer que se extrañe el esfuerzo de Romero. Cabecea en un córner, pero no exigió al arquero. Otra buena noticia en la noche de hoy, pensando en lo que se invirtió en él y el futuro del plantel. 

Jonathan Menéndez: Reemplazó a Martínez a los 74 y lo hizo activo, aportando movilidad en el ataque.

Marcos Landaburu: También a los 74, suplantó a Messiniti. Participa en la chance final, la que aún nos lamentamos todos.

Alan Soñora: Otro del triple cambio, saliendo el Tucu por él. Me agarré tanto la cabeza en su mano a mano que me quedaron los dedos marcados. Tuvo el triunfo en su zurda, una lástima.

Domingo Blanco: Jugó los minutos finales por el Saltita, aportando dinámica en el medio.

Lucas Pusineri: Que nos estemos lamentando este cero a cero de visitante ante Lanús en cuartos de final de Sudamericana es una prueba irrefutable de que el equipo estuvo a la altura de este gran exámen, en busca de saber para qué estamos. El equipo, con compromiso y actitud se plantó y superó a un Lanús que casi no inquietó. La mala noticia es que no se aprovecharon las varias chances que tuvimos, sobre todo la de Soñora porque era en el final y decretaba un triunfo que se merecía. Hay que ganar en Avellaneda, hoy quedó claro que se puede. Vamos Rojo.

Mundo Rojo

Un 9 de Diciembre pero de 1984, Independiente lograba la obtención de su segunda Copa Intercontinental, luego de haber vencido al Liverpool por 1-0, con gol de José Percudani en tierras Japonesas. A 36 años de la conquista en Orgullo Rojo recordamos la hazaña del “Rey de Copas”.

El conjunto dirigido por José Omar Pastoriza había conseguido el pase a la competencia tras haberse consagrado campeón de la Copa Libertadores ese mismo año venciendo a Gremio de Porto Alegre por 1-0 con un gol convertido por Jorge Burruchaga. Enfrente tenía al Liverpool que venía de ganar la Copa de Campeones derrotando a Roma desde los doce pasos.

Ese año, Independiente llegaba a Japón con la ilusión de poder obtener la Copa Intercontinental que había logrado conquistar en 1973 cuando venció a Juventus; anteriormente la había disputado en cuatro oportunidades pero el “Rojo” no pudo quedarse con el título.

En este marco y en un encuentro que no fue nada sencillo, el conjunto dirigido por el “Pato” logra ponerse en ventaja con una gran jugada que inició a los 6 minutos del primer tiempo cuando Claudio Marangoni capturó un rebote y le dio un exquisito pase a “Mandinga” Percudani que definió ante un Grrobbelaar que quedó en el camino. Esa ventaja se mantuvo hasta el final y de esa manera Independiente lograba alzar su segunda Copa Intercontinental.

Formaciones:

Independiente (1):Carlos Goyén; Néstor Clausen; Hugo Villaverde; Enzo Trossero; Carlos Enrique; Ricardo Giusti; Claudio Marangoni; Ricardo Bochini; Jorge Burruchaga; José Percudani y Alejandro Barberón. DT: José Omar Pastoriza

Liverpool (0): Bruce Grobbelaar; Phil Neal, Steve Nicol, Alan Kenney, Alan Hansen; Gary Gillespie, Kenny Dalglish, Jan Mølby, Ian Rush; Craig Johnston y John Wark. DT: Joe Fagan

Historia Pura

Se cumplen 67 años de uno de los acontecimientos más gloriosos en la enorme historia de Independiente. Se trata de la goleada por seis a cero al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano en el Bernabeu (aún no tenía ese nombre).

El partido se dio en el marco de una histórica gira por Europa, del Rojo que tenía la famosa delantera de la Selección Nacional, conformada por Michelli, Cecconatto, Lacasia, Grillo y Cruz.

En Orgullo Rojo nos dimos el enorme gusto de entrevistar en el 2017 a parte de esa increíble delantera, y además de poder charlar con los ídolos de nuestros abuelos, les mostramos las imágenes que existen de aquel extraordinario acontecimiento.

Asi lo revivieron ellos:

Si querés ver la nota completa la tenés a continuación:

Década de ganada

Se cumplen diez años de la noche en la que Independiente consiguió su primera copa internacional de este siglo. Con el penal de Eduardo Tuzzio, el Rey se consagraba campeón de la Sudamericana 2010 con aquel equipo del Turco Mohamed.

A los tumbos, más con mística y coraje que con fútbol, el Rojo dejó en el camino a Argentinos, Defensor de Uruguay, Tolima de Colombia y Liga de Quito. Y se presentaba a disputar la final del certamen frente al sorprendente Goiás, que eliminó al Palmeiras en semis.

En Brasil la cosa no fue fácil y la revancha arrancaba con un cero dos y sin una de las figuras, ya que el Cuqui Silvera fue expulsado.

El Turco mandó a la cancha ese 8 de diciembre a Navarro; Tuzzio, Matheu, J. Velázquez; Cabrera, Battión, Fredes, Mareque; N. Martínez, Parra y P. Rodríguez.

El Rey logró darlo vuelta y con el triunfo por tres a uno obligaba a los penales, ya que no había gol de visitante en la instancia decisiva. Los tantos fueron convertidos por el Avispa Velázquez y Facundo Parra en dos ocasiones.

En los penales el equipo fue eficaz y aprovechando un remate desviado, nos ahogamos en llantos y abrazos cuando el de Tuzzio tocó la red, decretando lo que tanto anhelábamos.

Para volver a disfrutarlo, te invitamos a ver este hermoso video de aquella final, para que la revivas solo con sonido ambiente, tal como se sintió en el Libertadores, que veía la primera vuelta desde su remodelación.

Hermano de Dios

Antes del partido de ayer, en el que el Rojo venció a Defensa y Justicia por la mínima, se vivió un nuevo momento emotivo, en el que se homenajeó a Diego Armando Maradona.

Esta vez el tributo contó la presencia de Bochini, Burruchaga, Pablo Moyano y Yoyo Maldonado por parte del club. Y el invitado especial fue uno de los hermanos del Diego, Lalo Maradona.

Se armó una especie de santuario en el área de la vieja Doble Visera, hoy Santoro. Con un diez, una camiseta del Rojo con el apellido del más grande, otra de la Selección, una réplica de la copa del mundo, una pelota y unos botines Puma, del modelo más famoso. También una placa que realizó el club que dice: “Por su inconmensurable contribución al fútbol, por transformarse en su máximo exponente mundial y por sus ilustres visitas al estadio Libertadores de América, serás recordado por siempre como uno de los nuestros”.

Hace un rato, el también exjugador, agradeció el homenaje en sus redes sociales.

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