Ponele fin a esta malaria, Gaby

Se fue otro campeonato y queda la certeza que teníamos dando vueltas en la cabeza desde las primeras fechas: Independiente tenía con qué ser protagonista y ganador de esta zona. Pero los que toman decisiones se empecinaron en sostener a Pellegrino y sus caprichos. Y lo pagamos todos viendo, al equipo en las últimas tres fechas jugando absolutamente por nada. En los últimos dos partidos, por lo menos se vio un Independiente más cercano al que deseamos. Mitad mérito de Berón y el resto, de un contexto en donde este grupo de jugadores se sintió todo lo cómodo que no se sintió cuando afrontó partidos decisivos.

El viernes firmó Milito y habló de valentía, carácter y personalidad. Gaby hizo un excelente diagnostico de lo que hay. Tiene un plantel que, si bien necesita algunos ajustes con incorporaciones, es para pulir. Hay muchos jugadores que rindieron por debajo de sus capacidades. Ojalá pueda recuperarlos y, sobre todo, lograr ese salto de carácter necesario para ganar los partidos importantes.

Se vienen dos meses largos de receso. Vendrán las típicas novelas de los mercados de pases con la danza interminable de nombres. Que sea con toda la suerte del mundo, Mariscal. Queremos, deseamos y necesitamos que te vaya bien. Ojalá seas vos quien, de una buena vez por todas, nos devuelvas algo de toda la gloria que no nos cansamos de rifar en los últimos 30 años. Ponele fin a esta malaria, Gaby.

No era tan difícil

Tras la ansiada y necesaria salida de Pellegrino quien, siendo defensor de los contratos y los tiempos, decidió irse antes de la finalización de su vínculo cuando le comunicaron que no le iban a renovar, Fernando Berón hizo algunos cambios, demostró que no era tan difícil intentar algunas cosas y, sobre todo en el segundo tiempo, le salió muy bien.

Torito Rodríguez (de gran segundo tiempo) como único volante central, dos delanteros y una mitad de cancha con vocación ofensiva en nombres y ubicación en el campo. Ahí estuvo la principal diferencia entre el técnico saliente y el interino. Aunque en el primer tiempo, aún con esos cambios, el equipo se pareció mucho al de Pellegrino. Sin llegadas claras y una tibieza exasperante. Después del descanso, la expulsión de Carrera y el gol de Fernández, todo cambió. Apareció un Independiente con buena posesión, triangulaciones, llegadas y jugando cada pelota como si el partido definiera algo importante. Sin ser descollante, se vio un equipo más cercano a lo que pretendemos.

Queda el duelo ante Quilmes antes de un largo receso. Habrá tiempo para trabajar y elegir los jugadores que deben reforzar un plantel que, si no se desarma demasiado y se pule en puestos clave, puede dar mucho más de lo que dio. A cerrar el semestre de la mejor manera y a esperar por lo que viene. Que necesariamente debe ser sustancialmente mejor.

Una sombra ya pronto será

Llegó entre banderas de rechazo y un escepticismo generalizado. A fuerza de resultados y mucha fortuna supo enderezar un barco a la deriva tras la salida de Almirón. Le costó mucho armar un equipo que, además de ganar, conquistara un poco los corazones rojos. Para colmo, los fríos números que lo respaldan no muestran su enorme deuda: no haber podido ganar un solo partido determinante y no haber logrado un funcionamiento y una idea de juego clara tras casi doce meses de trabajo. Esto más allá de cualquier gusto particular, por supuesto.

Pellegrino contó con uno de los mejores planteles de Independiente de los últimos tiempos. Más allá de las lesiones del Cebolla Rodríguez y las reiteradas ausencias de Vera, tenía con que hacer jugar más y mejor al equipo. Y, sobre todo, tenía con que cumplir con alguno de los varios objetivos desde que asumió. Eliminado en Copa Argentina, eliminado en Copa Sudamericana, derrotado en la Liguilla Pre Libertadores ante Racing, sin chances de nada a tres fechas del final de un torneo de 15 equipos y con los grandes jugando dos competencias, es mucho para un entrenador que pretenda refugiarse en los números para ensayar cualquier defensa. Ni el más resultadista de los resultadistas podría ampararlo.

Su perfil bajo y su habilidad para declarar le sirvieron para tener el respaldo mediático necesario para que los periodistas ajenos a Independiente lo vieran como un técnico “serio y trabajador”. Nunca nadie se preocupó por llenar esas palabras vacías. Pellegrino caía bien, tenía pinta de buen tipo y siempre estaba disponible para las entrevistas de ocasión. Eso si, de fútbol mejor no hablar. Hicieron lo imposible para que sus planteos absurdos, sus cambios que nunca solucionaron ningún problema, (y más de una vez los empeoraron) sus caprichos, su pragmatismo y su mezquindad galopante quedaran escondidos bajo la alfombra del porcentaje de efectividad. No lo lograron. No se puede tapar el sol con las manos.

Es saludable que, más allá de la presión del hincha, los dirigentes se hayan sentado a analizar el trabajo de un técnico alejados de esos fríos números que poco explican.
Es también una especie de mea culpa porque interiormente deben estar arrepentidos de haberlo contratado. Aprender la lección debe pasar por ahí. Independiente debe definir a qué quiere jugar, cómo quiere ganar y defender esa convicción frente a cualquier tempestad. Si estuvieron convencidos de traer a Almirón por su filosofía de juego, su reemplazante nunca podía estar en las antípodas. Fue una clara muestra de desconcierto en una comisión directiva que cada vez aparenta saber menos de fútbol. Sería bueno que, si reconocen que hay temas que no manejan, deleguen en alguien capacitado. Tal vez la figura de un mánager con conocimientos, comprometido y con real poder de decisión, solucione muchas de las cosas para las cuales varios dirigentes demostraron no estar a la altura.

Se va Pellegrino. Se va sin dejar nada. Eso es lo más triste de todo. Irte de un lugar sin dejar ni siquiera una huella. El se va tranquilo porque cree que compitió bien. Nosotros nos quedamos huérfanos de juego y de títulos. Nos dejó sin nada que festejar y sin un equipo que nos permita disfrutar de verlo jugar al menos. Quedarán en la retina los triunfos ante River, Racing y Olimpia como los puntos más altos de rendimiento. Muy poco para la cantidad de partidos que dirigió y la materia prima con la que contaba. Tal vez, la pobreza y malaria con la que convivimos hace años lo hizo sentir cómodo. Se “conformó” con los triunfos en los partidos chicos y nunca pudo dar el salto en ningún partido “grande”. Independiente estaba para mucho más de lo que vimos en los últimos diez meses. Nos merecíamos otra cosa. Nos merecemos otra cosa.

Se va Pellegrino. Se va sin pena ni gloria. Una sombra ya pronto será.

Cero a la izquierda

Un cero a la izquierda no suma o resta en nada el valor de un número. Mauricio Pellegrino es un extraño caso de cero a la izquierda porque cumple solo con una parte de ese enunciado. No le suma nada al valor de este equipo pero, en muchos casos, le resta bastante.

Un nuevo partido trascendental que este entrenador no logra ganar. Creyó que jugar contra Racing era lo mismo que jugar contra los juveniles de Vélez, el resultado a favor lo volvió a obnubilar y todo eso, sumado a su poco interés por trabajar en la semana, lo llevaron a repetir nombres y planteos en un partido que iba a ser totalmente diferente.

Aún asi, arrancó medianamente bien. Con una interesante presión en la salida de ellos, buenas sociedades en la mitad de la cancha y el control de la pelota y el partido. Todo eso casi sin profundidad. Independiente generó dos situaciones de gol, definidas de muy mala manera por Ortiz y Fernández.
En el segundo tiempo, ya sin el Cebolla Rodríguez lesionado por enésima vez, el equipo fue de mal en peor y empezó a mostrar la cara que mostró a lo largo de todo el ciclo Pellegrino. Abusó del pelotazo, aisló a los delanteros, los cambios en lugar de mejorar la ecuación la empeoraron y casi no pateó al arco ni generó jugadas de real peligro. Lo que no cambió tampoco fue la fortuna. Otra vez mantuvo el cero en el arco gracias a Campaña. El único cero que suma de verdad.

Paradójicamente, el único acierto de Pellegrino -sacar a Rodríguez para poner al uruguayo-, no se lo puede adjudicar porque lo terminó haciendo tarde y por presión de la mayoría de los hinchas y algunos dirigentes. Los mismos directivos que meses antes aseguraban increíblemente que el Ruso era uno de los tres mejores arqueros del país. Se pagaron caro los caprichos en Independiente. Costaron una accesible Copa Sudamericana y seguramente tendremos que agregar a este torneo a esa lista.

Los puntos altos de Independiente, además del arquero, fueron otra vez Cuesta y Tagliafico. Sumando también al Marciano Ortiz que mientras tuvo con quien jugar estuvo muy fino, participativo y aportando mucho en la recuperación y el ataque. Después, sufrió como nadie cuando el equipo se partió. Méndez sigue desaparecido y con un nivel bajísimo, Aquino no pudo mostrar el espejismo que fue ante Vélez y Rigoni estuvo más intermitente que nunca, alternando muchas mas malas que buenas.

Pellegrino creyó que tirando a la cancha a Denis, Fernández y Vera los últimos 10 minutos del partido se podía despegar de la critica a su falta de audacia. Nunca estuvo ahí el secreto. El problema es que el técnico no supo encontrarle un funcionamiento al equipo más allá de los apellidos y los esquemas. No sos más ofensivo por poner 3 delanteros, así como no sos más defensivo por poner 5 defensores. Para que jueguen juntos esos tres delanteros hace falta un trabajo que a Pellegrino no le gusta hacer. Hay que ensayar en la semana, probar, poner jugadores que generen juego para los tres de arriba. Y, sobre todo, estar convencido. No hacerlo por presión. No está en su génesis jugar con tantos delanteros. Tampoco está en su génesis jugar con un delantero como Denis. Por eso lo expuso a jugar de espaldas y recibiendo pelotazos de los defensores a 50 metros del arco rival para justificar su salida de los titulares. Lo más triste es que hoy eso mismo lo sufre Fernández, más allá de que por su estilo puede aportar más entrega, aunque a la postre no sirva para nada.

La agonía se sigue estirando. Los números siguen dando oportunidades que se esfuman cuando vemos como juega el equipo. Lo más importante hoy es que los dirigentes entiendan que hace falta un cambio. Ya no importa cuándo. Debió haber sido mucho antes y no fue. Ahora dirán que quedan pocas fechas hasta que termine el contrato. No debe haber ni un solo espacio para pensar en una renovación. Pase lo que pase. Corran la coma, que el cero a la izquierda no vale nada.

Que no sea un oasis

Y un día Independiente jugó bien y ganó merecidamente. La combinación de ambas cosas es la que despierta una verdadera ilusión. Porque si lo mostrado ayer en Liniers no es un oasis en medio del desierto, se mantiene y hasta se perfecciona, el torneo está dando oportunidades que debemos empezar a aprovechar. Estos son los triunfos que valen. Los otros, a base de fortuna y malos funcionamientos, solo estiraban la agonía.

La vara venía muy baja y el rival dio ventajas que se supieron aprovechar. Pero hay que reconocer que el equipo jugó como debe jugar este tramo final del campeonato. Sólido en defensa, generando sociedades en la mitad de la cancha y picante arriba, aprovechando cada chance y, también, los regalos del rival. Anoche se generaron más situaciones de gol que en todo el campeonato. Fernández, aún tomando algunas malas decisiones, estuvo muy activo y se las arregló para complicar el solo a la defensa de Velez. Rigoni fue de menor a mayor y terminó siendo una de las figuras. Por momentos pasa desapercibido y se pierde en el partido, pero cuando conecta hace diferencia con su velocidad y aparece muy bien por sorpresa en el área rival.

Los cuatro de atrás, junto con Campaña, tuvieron una noche sin fisuras. El arquero respondió cuando Velez insinuaba una levantada. Toledo clausuró como pocas veces su lateral. Pellerano volvió a mostrar su mejor nivel y Cuesta y Tagliafico, estandartes como nos tienen acostumbrados. Dos baluartes que con su actitud y su entrega nos inflan el pecho. Así se defiende esta camiseta.

Párrafo aparte para el primer tiempo de Aquino. La apuesta de Pellegrino después de los injustos y desafortunados silbidos ante Olimpo, respondió en buena forma y logró tomar las riendas de los ataques. Tanto así que hasta pudimos prescindir del Cebolla que no tuvo la influencia a la que estamos acostumbrados. Te necesitamos enchufado el domingo, Cristian.

El clásico será una prueba de fuego para este plantel y cuerpo técnico. Si bien el partido no define nada en cuanto a las matemáticas, el resultado marcará si estamos para pelear la zona o nuevamente nos mancaremos en un partido clave.

Deberán dar otra prueba de carácter, mantener lo bueno que se hizo ayer e intentar potenciarlo porque el rival exigirá mucho más. Que lo de ayer no sea un espejismo. Hagan valer la historia. El campeonato depende de nosotros. Depende de ustedes.

Pellegrinos, nunca más

¿Cuál será el mérito para que Pellegrino siga siendo el técnico de Independiente mientras escribo esta columna? Un entrenador que, salvo contados partidos, nunca logró un funcionamiento y una identidad a la altura de lo que la rica historia de este club exige (o debería, al menos). Que juega todos los partidos igual, gane, pierda o empate. Que jamás cambió nada cuando metió mano en el banco. Que es incapaz de abandonar su mezquindad y avaricia aún cuando se le está escapando la posibilidad de pelear un torneo jugando contra Olimpo de local.

¿Acaso los dirigentes no ven o no sienten lo mismo que venimos sintiendo todos desde hace mucho tiempo? ¿De qué club son hinchas los dirigentes que a esta hora no le fueron a pedir la renuncia a Pellegrino? ¿A qué hora anuncian la conferencia de prensa en donde se hacen cargo de haber traído a un entrenador totalmente alejado del gusto histórico de Independiente y tras haberse ido de Estudiantes tildado de defensivo. Si, de Estudiantes y tildado de defensivo. Solo acá se consigue algo así. Acá todo pasa. Nos llenan de declaraciones vacías semana tras semana, intentando explicar lo inexplicable. Los periodistas protegen a los protagonistas para que les sigan dando notas y Pellegrino sigue como si nada. Intocable y muchas veces increíblemente elogiado. Mientras tanto, su equipo aburre, da pena, hacer doler los ojos, regala prestigio fecha a fecha, pero a nadie parece importarle. Recién anoche el hincha reaccionó y despidió con silbidos a un DT que debió irse silbado desde la primera fecha ante Belgrano. Pero claro, los resultados taparon todo. Incluso los ojos de aquellos que van a la cancha y solo ansían ganar como sea. Esos también tendrán que hacerse cargo.

En Independiente se necesita un cambio profundo que empiece con la salida de Pellegrino. Pero no debe terminar ahí bajo ningún aspecto. Hay que pensar qué equipo queremos tener, a qué queremos jugar, qué cosas no vamos a soportar más y cómo queremos ganar. Porque ganar, está claro, queremos todos. Si queremos parecernos a aquello que fuimos hay cosas que hinchas y dirigentes no pueden aceptar nunca más en Independiente.

No tocar el doble cinco de local, debe ser causal de despido. Jugar sistemáticamente al pelotazo durante los 90 minutos, debe ser causal de despido. Jugar y atacar con un solo delantero contra Olimpo, debe ser causal de despido. No patear al arco ni generar situaciones claras de gol, debe ser causal de despido. Que los laterales ataquen por excepción y que los mediocampistas casi no pisen el área, debe ser causal de despido. Si fuera necesario, inclúyanlo en el Estatuto del club. Para asegurarnos de no tener nunca más un Pellegrino ni nada parecido en Independiente. El técnico “resultadista” que perdió todas y cada una de la chances de entrar a la Copa Libertadores, incluso siendo derrotado en un clásico que no se había perdido nunca de local en la cancha nueva  y todos los partidos importantes o definitorios. ¿Qué clase de resultadismo es ese?

Me pregunto qué hubiera pasado si este equipo ayer lograba ganar sobre la hora y quedaba a dos puntos del puntero. Seguramente se hubieran ido todos bañados en aplausos, escondiendo la basura debajo de la alfombra, sin que importe nada más. Ilusionados, haciendo cuentas, mirando la tabla y sin analizar cómo se jugó. Siendo así, entonces permítanme que una parte de mi crea que el empate de ayer fue lo mejor que nos podía pasar. Parafraseando a Vox Dei, creyendo en mañana prefiero fracasar hoy.

Demasiado tarde para lágrimas

Se veía venir. Era tan solo una cuestión de tiempo. El Independiente de Pellegrino ganaba pero era incapaz de usar esas victorias para, con la tranquilidad que da sumar de a tres, buscar el ansiado funcionamiento que le permitiera dejar de necesitar del azar para seguir prendido en el campeonato.

Desde aquel 4-1 ante Colón, que sirvió para enderezar el rumbo de un barco que se hundía apenas empezaba a navegar, hasta el penoso empate de anoche en Junín, nada cambió. O si. La diferencia estuvo en el marcador. Independiente jugó igual o peor que siempre solo que esta vez no tuvo ni la fortuna, ni la contundencia, ni la eficacia ni el peso específico de sus individualidades que pudieran rescatarlo, una vez más.

Este equipo aburre. Ver a este Independiente es un dolor de ojos. No genera nada. Ni adentro ni afuera. Es híbrido, apático e inofensivo. Un equipo hecho a imagen y semejanza de su entrenador, repleto de miedos y recaudos. Un equipo sin amor propio, incapaz de revelarse ante un técnico que, evidente y claramente, no les da absolutamente nada.

Si alguien veía el partido de ayer sin ninguna información previa, era imposible que dijera que el equipo que no ganaba hace siete partidos y estaba en zona de descenso era Sarmiento. Otra vez este conjunto de Pellegrino falla en un partido clave. Repite fórmulas y errores y, por consecuencia, consigue ni mas ni menos que los mismos resultados. Lógica pura. Sin embargo, aún con todo esto, la dirigencia analiza inexplicablemente renovarle en Junio. Estamos condenados si realmente es así. Porque este equipo siempre juega mal. Siempre jugó mal, salvo contadas excepciones. La única variable fueron los resultados. Cuando gana, esconde la basura debajo de la alfombra. Pero todo eso es maquillaje. Más temprano que tarde se corre y deja ver la verdadera cara de un equipo que, después de casi un año de Pellegrino, nunca consiguió una identidad de juego. Se sostuvo a base de victorias en partidos menores a cambio de perder dolorosamente los más importantes y definitorios.

Lamentablemente se decidió mantener un ciclo que estaba cumplido y no se animaron a dar un golpe de timón que nos permitiera mantener una real ilusión de ganar un campeonato que, una vez más, se presentaba accesible. Pasó con el arquero Rodríguez primero, y con Pellegrino después. Caprichos que salen muy caros y terminamos pagando nosotros los hinchas.

Siempre es mejor cambiar a tiempo. Porque si no se cambia a tiempo, seguramente después ya sea demasiado tarde para todo. Incluso para lágrimas.

Todo Cuesta

Cuesta mucho todo en el mundo del Independiente de estos días. Cuesta tener un equipo que juegue como queremos. Cuesta lograr una identidad, una forma que, más allá de los gustos, nos permita ser un equipo más confiable. Cuesta no depender tanto de la fortuna para conseguir victorias. Cuesta ganarle de local a un Patronato con diez jugadores. Cuesta festejar triunfos que no nos representan. Cuesta ilusionarse aún cuando estamos tan cerca de los punteros.Todo cuesta. Incluido Víctor. Que con sus goles y salvadas heroicas termina de confirmar que es, después de Milito, el mejor marcador central izquierdo que vistió esta camiseta. Un presente brillante en donde a todo lo bueno que hacía en defensa ahora le sumó poder de gol. Y sus goles le permiten a un equipo que juega decididamente mal, estar milagrosa e inexplicablemente a tres puntos de la cima.

Parece que el bastardeado paladar negro del hincha Rojo todavía guarda alguna reminiscencia histórica. Porque en la calle y en la cancha se nota que más allá de los tres triunfos consecutivos y los nueve goles, no se conforma. Los resultados calmaron los ánimos pero no nos engañaron. Este equipo no jugó bien ninguno de los ocho partidos que disputó. Los que ganó, los que empató y los que perdió. Ninguno. De hecho, tiene varios puntos más de los que merece. Y preocupa porque hay plantel para tener un equipo que logre un mejor rendimiento. Y ahí aparece inevitablemente la figura de Pellegrino. Un técnico que pasan las fechas y no logra aprovechar la buena racha para trabajar y corregir las falencias de un Independiente que se sostiene por el peso de sus individualidades y la diferencia de jerarquía de los rivales que enfrentó en las últimas tres semanas.

Cuesta y Tagliafico en defensa y Vera y Denis en ataque solo por nombrar algunos puntos altos. Ni hablar de la incidencia que tiene el Cebolla Rodriguez cuando está bien. Pero se necesita con suma urgencia encontrar un equipo que tenga juego, que tenga ideas y variantes para atacar y, sobre todo, que no desprecie la pelota como lo hace. Que gane los partidos con contundencia y superando a su rival. Algo (muy poco) de eso se vio en el segundo tiempo, ya con un Patronato abroquelado atrás. Pero se abusó del centro y el pelotazo y, de hecho, se termina ganando con un gol de córner. Otra vez apareció el carácter y la actitud de ir a buscar. Si a eso se le sumara juego, hay con qué ilusionarse sin que cueste todo tanto.

Tenemos claro que no se puede salir campeón ganando todos los partidos jugando mal. En algún momento es menester dar el salto y empezar a justificar esas victorias llenas de azar. Es la gran deuda de Pellegrino en el club. Le dio muy poco en cuanto a juego al equipo y a los jugadores. Se nota. Aporta poco también cuando necesita cambiar algo él desde el banco. Desde que asumió, en muy pocos partidos logró hacer jugar bien a Independiente. Pero supo encontrar resultados y, por ahora, le dan aire. Viene un receso por eliminatorias en donde ojalá se pueda hacer una autocrítica puertas adentro y trabajar para que además de decir que ganó Independiente, podamos decir que jugó bien. Y para que,de esa manera, ya no nos cueste tanto todo.

Que no tape el bosque

El fútbol, explicado solo a través de los resultados, prescinde de cualquier análisis. Es decir, si solo importa quién gana y quien pierde, entonces no miremos más partidos. Vayamos al cine, a tomar un café o a correr por Palermo y después nos fijamos como terminó la fecha. A muchos el 4-1 contra Colón los dejó felices y conformes. No es mi caso. Y ni hablar del triunfo de ayer frente a Banfield.

Independiente es un equipo poco confiable. Carece de identidad, no tiene un patrón ni una idea definida. No tiene juego asociado, utiliza sistemáticamente el pelotazo y, en varios momentos, abusa de esperar el error del rival como única arma ofensiva. Es decir, lo mismo que venimos viendo desde hace rato, solo que la variable de ajuste son los resultados. Cuando son a favor, el hincha se olvida, se vuelve más permisivo y se entusiasma mirando la tabla. Cuando son en contra, a todo lo que aparentaba estar bien se le corre el maquillaje.

Todo esto pasó ayer en 90 minutos. El partido fue una radiografía exacta de este equipo de Pellegrino. Arrancó siendo superado en todos los aspectos del juego por un Banfield muy inferior, que no logró generar muchas situaciones de gol pero fue dueño de campo y pelota durante casi todo el primer tiempo. Después, como en el fútbol es más fácil hacer un gol que jugar bien, Toledo la tiró al área, los pasó a
todos y le quedó a Tagliafico que le pegó como juega, con alma y vida, y así se encontraba un empate que prácticamente no se había buscado. Porque hasta ese tiro al arco, Hilario Navarro era un espectador de lujo. Enseguida, Vera tuvo el segundo pero el correntino la tapó al córner. El uruguayo tuvo rápida revancha para poner el segundo tan merecido para él, como injusto para Independiente por lo hecho hasta ese momento.

El resultado parcial se explicaba solo a través de la fortuna, la eficacia y la diferencia de jerarquía individual de los dos equipos. La mano que no se ve del técnico a nivel colectivo, se tapa con la categoría de jugadores que hoy tiene Independiente. Incluso los que tiene en el banco, producto de los gustos que se da este entrenador. Inexplicable e imperdonable dejar a Denis en el banco. Ya en el segundo tiempo el equipo justificó la ventaja a puro corazón con Cuesta, Tagliafico, Torito Rodriguez y Vera como estandartes. Cada uno en lo suyo le aportó el carácter que suplió la preocupante falta de juego. Otra vez, como la semana pasada, aprovechó todas las facilidades defensivas que le dio el rival y selló el 3-1.

Jugando mal y feo, Independiente consiguió 6 puntos y 7 goles en dos fechas. Una muestra clara de la jerarquía individual con la que se cuenta. El técnico sigue en deuda con los que queremos ver un equipo que además de ganar, juegue mejor. Es esa búsqueda y ese juego lo que nos dará la solidez y tranquilidad como equipo.

Como se suele decir, jugando así no van a ser muchos los partidos en donde podamos ganar. Que el árbol no nos tape el bosque.

Uno x Uno vs. Banfield

M.Campaña (5): Si bien no tuvo demasiado trabajo, se lo vio algo dubitativo en varios centros y las pocas llegadas aisladas de Banfield. Mejoró su juego con los pies en relación al partido contra Colón.

G.Toledo (6): De los mejores partidos del lateral. Muy bien en el aspecto defensivo y participativo y criterioso en ataque. Centro para el gol de Tagliafico y otra buena entrega para Vera que tapó Hilario al córner del cual llegaría el segundo después.

H.Pellerano (4): Queda muy expuesto en el gol de Banfield. No salta, queda lejos de la jugada y obliga a Toledo a cerrar tarde y mal. Después, alternó algunos buenos cierres pero está lejos del nivel que supo mostrar.

V.Cuesta (7): Otro buen partido de Víctor coronado con un cierre providencial que hubiera significado el empate de Banfield. Ayudó mucho a Tagliafico cuando, en su mejor momento, el local atacaba por esa banda.

N.Tagliafico (7): Arrancó complicado porque Banfield atacaba mucho y con mucha gente por la banda derecha. Se fue acomodando con el coraje y la entrega de siempre y esta vez, además, aportó el gol del empate. Una fiera.

R.Gómez (3): Flojo partido del Droopy. Le costó encontrar su lugar en la cancha, nunca pudo lastimar con su velocidad y ayudó poco en la recuperación. En el segundo tiempo tuvo una oportunidad muy clara para convertir y terminó definiendo de muy mala manera.

D.Rodriguez (7): El Torito sigue confirmando su levantada. Buena noticia para el equipo y para todos. Siempre bien ubicado, se bancó solo la mitad de la cancha y relevó muy bien a todos. Arrancó flojo y desbordado por el doble 5 del local pero, superado el mejor momento de Banfield, logró hacerse el patrón del mediocampo como en sus mejores épocas en el club. Bienvenido.

J.Ortíz (4): Otro mal partido del Marciano. Desaparecido en el primer tiempo, un poco más conectado en el complemento pero sin aportar ni en la marca ni en el juego. Su mejor aparición fue el tiro desde la mitad de la cancha que salvó Chiqui Perez sobre la línea.

E.Rigoni (4): Otro que se notó que nunca pudo encontrar su lugar en la cancha. Fue muy intermitente en la participación del juego, no logró imponer casi nunca su velocidad y criterio en ataque y retrocedió muy mal en varias ocasiones a la hora de defender exponiendo peligrosamente tanto a Toledo como a Tagliafico. Debe encontrar una regularidad.

C.Rodríguez (5): Arrancó participativo, intentando –sin suerte- asociarse para jugar. Fue de lo mejorcito en el peor momento del equipo pero después se fue diluyendo. Nos acostumbró a ponerle la vara muy alta y hoy estuvo por debajo de lo que suele mostrar. La buena noticia fue verlo de titular y terminar el partido sin problemas físicos.

D.Vera (8): El mejor del equipo. Aportó esfuerzo cuando la pelota no le llegaba, oportunismo cuando le llegó poco y mucha inteligencia cuando en el segundo tiempo había que manejar el partido. Una lástima no poder verlo junto a Denis de entrada. Por momentos se lo vio muy aislado y necesitado de más compañía.

M.Benitez (6): Entró bien y, además de su aporte goleador, se lo vio ágil y veloz como en su mejor momento del semestre anterior. Aprovechó bien la oportunidad.

G.Denis (5): Participó poco y nada desde su ingreso. Hubiera podido marcar en un par de ocasiones pero Vera y Méndez eligieron no habilitarlo. No puede ser suplente en este equipo.

J.Méndez (5): Jugó muy pocos minutos. Tuvo una buena subida por derecha que debió haber terminado con una pase a Denis pero buscó que le hicieran penal.

 

Pellegrino: A mi gusto, pésima elección la de salir a jugar sin Denis. Era una buena oportunidad para verlo junto a Vera y Cebolla pero eligió volver a su viejo y querido 4-2-3-1. Otra vez lo va a salvar el resultado final. Su equipo no jugó bien, sobre todo en el primer tiempo donde fue muy superado por un débil Banfield. Le cuesta mucho tener la pelota y generar juego y situaciones de gol. Como en su arranque en el club, vuelve a tener a la fortuna de su lado y a fuerza de resultados se sostiene en su puesto.

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