Hambre para mañana

Si algún hincha de Independiente, por obligaciones o decisión, no pudo ir a la cancha o ver el partido por televisión, debió haber sacado pecho cuando preguntó por el resultado y le devolvieron un 4 a 1. Claro que a la hora de analizarlo, más allá del marcador final, vamos a caer en la cuenta de cuan abultado y hasta mentiroso resultó, por lo hecho en los 90 minutos.

En el primer tiempo se vio a un Independiente parecido a aquel de los buenos partidos del semestre pasado con Pellegrino. Mucho más dinámico, intenso y ofensivo que lo que venía mostrando hasta acá. Por supuesto que Colon es un gran psicólogo para los equipos que necesitan levantar cabeza y ayudó a que se generaran más situaciones de gol en esos primeros veinte minutos que en todo el campeonato.

Pero en el complemento se pareció mucho más a lo que venimos viendo
últimamente de la mano de este entrenador. Colón manejó la pelota como quiso (dejando un porcentaje bajísimo de posesión para Independiente) y no llegó al empate solo porque le faltó convertir esa tenencia de pelota en llegadas claras. Una vez más los cambios de Pellegrino no solo no solucionaron problemas sino que a veces hasta los empeoran. No recuerdo un solo partido en donde “la mano del técnico” lograra cambiar el rumbo. ¿Qué tiene contra Denis este técnico? ¿Por qué no puede mantener dos puntas más allá de los apellidos que elija? Misterios sin resolver.

Independiente necesita amigarse con la pelota, dejar de despreciarla
constantemente recurriendo sistemáticamente al pelotazo. Hay jugadores para poder tenerla y desde ahí practicar un fútbol diferente. Es doloroso no poder ver tres o cuatro pases seguidos en ofensiva. Es hora de que Pellegrino se saque los miedos de encima y se anime a jugar con un solo volante central, el Cebolla y con Denis y Vera arriba. Lo mejor que tiene en el plantel lo tiene en ofensiva, debe apostar por eso aunque le signifique ser un equipo aún más frágil en defensa. Perdido por perdido…

Hay que tener mucho cuidado con estos triunfos que suelen ocultar debilidades o incluso creerlas solucionadas cuando en verdad no lo están. Son esos triunfos que suelen cegar a propios y extraños. Que sea un punto de partida y no un oasis. Por supuesto que ganar sirve siempre. Pero hay que mejorar mucho para que el pan para hoy no sea hambre para mañana.

Esto no se aguanta más

Lamentable y tristemente podría copiar y pegar todas y cada una de las columnas que escribí este año para describir lo que fue una nueva presentación del Independiente de Pellegrino. Es que los partidos pasan y nada cambia. Las malas decisiones se repiten, los errores no se modifican y no pareciera haber un poco de autocrítica que permita creer que habrá cambios en el corto plazo. Al contrario, seguramente el sábado contra Colón siga dirigiendo el mismo entrenador y atajando el mismo arquero, por ejemplo.

El entrenador serio y europeo es incapaz de mostrar una solo jugada preparada en pelota parada. Lo más cerca son los laterales al área de Aquino. Un Aquino que solo en la cabeza de este técnico puede ser el enganche titular de Independiente. Da vergüenza verlo tirar esos laterales… El entrenador serio y europeo es el más expulsado del fútbol argentino por entrar tarde a la cancha.

Ya no importa cual es el esquema que utiliza. El equipo sigue sin mostrar una identidad de juego. Ser delantero con este entrenador debería ser considerado un trabajo de riesgo, insalubre. Los que atacan juegan en la mitad de la cancha y cuando pisan el área el compañero más cercano les queda a veinte metros porque los volantes no se sueltan y Toledo, el único lateral que amaga con pasar un poco al ataque, es limitadísimo y no puede terminar una sola jugada.

Mientras hay técnicos que potencian a jugadores hasta ayer desconocidos, el nuestro se encarga de convertir a Denis en uno más. Desde su llegada lo ninguneó mandándolo al banco contra Belgrano para no “apresurarse”. Y después, nunca pensó en un equipo que jugara para el, para aprovechar su potencia y lo que significa en el área rival. Juega sistemáticamente al pelotazo. Es muy difícil contar tres pases seguidos en ofensiva. Hay un desprecio total y absoluto por la pelota. Se la regalamos a todos los rivales. De local y de visitante. Elije correr atrás de la pelota todo el partido, desgastando a los jugadores física y mentalmente. Porque cuando sos dominado y nunca sos dueño del partido, la cabeza te pasa factura tarde o temprano. Y cuando la cabeza no funciona, las piernas no responden. Por más buena o malo preparación que tengas.

Los jugadores son rehenes de un técnico que no les da nada. Pero son culpables de su falta de rebeldía. Son culpables de no mostrar si quiera algo de amor propio para revertir adentro lo que no les viene de afuera. El que muestra Tagliafico, por ejemplo. El único rescatable en ese sentido.

Lo del arquero es insostenible. Parece mentira tener que seguir escribiendo sobre el Rusito Rodriguez después de todo lo que pasó en los últimos años. Pero lamentablemente, atajó con todos los entrenadores. Y siguió en el club con todos los dirigentes. Nunca nadie de adentro se atrevió a tocarlo. Hasta se animaron a declarar que era de los mejores del país. Inlcuso hay hinchas que ensayan defensas poniéndolo por sobre el escudo. ¿Qué le dio Rodríguez a Independiente para merecer ese trato? ¿Qué queda para los Islas, los Mondragón, los Goyen, los Pereyra? Es el único que juega siempre. Gane, pierda o empate. Ataje bien o ataje mal, Rodríguez siempre es el arquero. Es el bufón del fútbol argentino. El hazmerreír de la patria futbolera. El que bancan los Moyano y Pellegrino. Y no solo sigue siendo titular sino que además es el capitán del equipo. Un capitán a la altura de este equipo.

Y lo seguimos pagando. Anoche era un 0 a 0 cerrado. Pero la diferencia la hizo el equipo que tenia un arquero por sobre el que tenía un arquerito. El equipo que tuvo un técnico que hizo cambios para intentar ganar por sobre el técnico que hizo cambios de puesto por puesto. Es el arquero que más puntos, torneos y Copas regaló. Al que a esta altura Pellegrino pareciera usarlo como escudo. Que las críticas se lleven toda la atención y el debate y tapen lo mal que juega siempre su equipo. Salvo contadas excepciones (River, Racing y Olimpia) nunca superó a un rival. Aún en las victorias, que taparon todo y dieron paso a los nefastos porcentajes de efectividad.

Y acá estamos. Afuera del único torneo que jugamos en el semestre en apenas cinco fechas. Y sin siquiera el consuelo de tener un equipo que nos represente y nos de gusto ir a ver. Arruabarrena renunció con dos títulos en la espalda y un 70% de efectividad. Parece que en Independiente Pellegrino es intocable. Nadie puso ni siquiera en duda su continuidad y él declara como si en 5 o 6 fechas fuera a seguir siendo el líder de este equipo. Pero evidentemente vale todo. La impunidad en Independiente lo permite todo. La tibieza e ignorancia de sus dirigentes en el plano deportivo no hace más que seguir haciéndonos perder prestigio. Invierten plata en jugadores y no se dan cuenta que la clave está en tener un entrenador que haga de un plantel un equipo digno de vestir estos colores. Esto no se aguanta más.

Nunca más un Pellegrino ni nada parecido en Independiente. Nunca más, si de verdad queremos seguir siendo Independiente.

La suma de todos los males

Siempre se dice que para que los clubes de fútbol puedan tener éxito deportivo todas las patas de esa mesa imaginaria que son, tienen que estar bien. En Independiente hace tiempo que todas las patas de la mesa están mal. Y no debe ser casualidad tantos años de sequía siendo cierto aquello de que se cosecha lo que se siembra. Anoche, justo antes del empate de Racing, todos los males de Independiente parecían sumarse en el momento menos indicado.

Una hinchada que hace tiempo eligió parecerse cada día más a todo eso que históricamente rechazó del rival de toda la vida, asumiéndose más protagonista e importante que lo que pase adentro del campo de juego, encendiendo bengalas y bombas de humo -prohibidas y merecedoras de sanciones que perjudican al club- tras un gol que solo daba tres puntos en un clásico que toda la vida fue un trámite para nosotros.

Dirigentes, que utilizan de manera irresponsable las redes sociales para hacer berrinches de adolescentes encaprichados y absolutamente cómplices, porque alguien permitió que todo eso que está prohibido ingresara en la platea. Y si no lo permitieron, como mínimo liberaron la zona, lo cual no lo hace menos grave. ¿Devolverán la plata a los socios y abonados perjudicados por la sanción del APREVIDE? ¿O solo están preparados para subir la cuota y cobrar bonos?

Un técnico, lleno de miedos, incapaz de encontrarle un rumbo a un equipo sin identidad, sin vocación ofensiva, sin compromiso y jugando sistemáticamente al pelotazo de los centrales. Un equipo que en las primeras cuatro fechas del torneo pateó solo cinco veces al arco y no puede superar siquiera a un rival que viene a no perder. Un técnico sin autocrítica ni capacidad de cambio que hace un análisis del momento de las bengalas tan preocupante como el análisis futbolístico que hace del presente de su Independiente. Un técnico que partido a partido demuestra que no trabaja en la semana. No hay jugadas preparadas. Nunca Pellegrino cambió un partido desde el banco. No sabe leer los partidos. Ni antes ni durante. No hay coordinación de movimientos. No hay alternativas ni un patrón a seguir. Todo es improvisación. Méndez pateó cuatro tiros libres iguales a las manos de Saja y los córners a favor los patea el que esta más cerca, como en el campito, porque da lo mismo. Seguramente la pelota no se levante mas de medio metro del piso.

Y por último, pero no menos importante, un grupo de jugadores superados por el miedo que viene del banco y ninguno tiene la rebeldía para hacerle frente a una idea de juego que claramente los perjudica más allá de las limitaciones futbolísticas de unos cuantos. Solo rescato a Leandro Fernández que aun con su acelere y su debut errático nunca se escondió y mostró que tiene calidad y guapeza en medio de tanta malaria. Creo que es un jugador para bancar. El resto es puro temor. El que tienen los volantes para pisar el área, o los laterales para pasar al ataque, o el arquero para salir a cortar el centro que antecede al del gol. Miedo por todos lados. Jugadores contaminados por la mentalidad del técnico que declaran que “la vara está muy alta” si se exige que Independiente sea campeón. ¿Será mucho pedir tener, al menos, un equipo que no desprecie la pelota, que juegue para adelante, que presione, que sea agresivo, que sea protagonista de local y de visitante y contra cualquier rival? ¿O la vara también estará muy alta en ese sentido? El jugador, técnico o dirigente que crea que exigir eso en Independiente es poner la vara muy alta, que presente ya mismo la renuncia. Es la única manera de empezar a desprendernos de alguno de todos los males. Porque son demasiados los que tiene Independiente de un tiempo a esta parte y, para peor, todos se suman en este presente nefasto en donde en la cuarta fecha del único torneo que jugás en el semestre, ya estás a cinco puntos de los de arriba y a años luz en rendimiento y funcionamiento.

Basta

Los resultados suelen ser un arma de doble filo. Cuando tenés la fortuna de que se den a tu favor, tapan todo. El hincha y los protagonistas, quedan ciegos y rendidos ante las victorias y no se detienen jamás a analizar profundamente cómo se llegó a lograrla.

Pellegrino asumió en Independiente y tuvo un arranque a puro resultado. Supo hacer de la defensa su bastión principal y encontró (y potenció) a un Martín Benítez desconocido para propios y extraños. Con eso y la llegada de algunos refuerzos de categoría, logró encaminar un equipo que venía de capa caída tras la salida de Almirón.

Pero el funcionamiento del equipo no respaldaba los resultados conseguidos. Los picos más altos estuvieron en las victorias contundentes (en el juego y en el marcador) ante Racing y River. Un buen primer tiempo ante Olimpia por Sudamericana y no mucho más, para un técnico que en definitiva consiguió más puntos de los que quizás supo merecer por lo que ofrecía en la cancha.

Los resultadistas y amantes de las estadísticas enrostraban semana a semana el alto porcentaje de efectividad de Pellegrino. Claro que esos números no discriminaban las victorias ante rivales menores y las derrotas en partidos clave o definitorios que, a la postre, terminaron significando que Independiente perdiera todas y cada una de las chances que tenía de entrar a la Copa Libertadores. Eliminado de Copa Argentina primero, de Copa Sudamericana después y perdiendo la Liguilla a manos de Racing.

El 2016 se le presentó mucho más crudo y hostil a Pellegrino. En el verano, apostó por los que venían jugando e increíblemente probó pocas variantes. Los refuerzos fueron de vacaciones a Mar del Plata y, más allá de ser partidos amistosos, el equipo empezó a encender luces de alarmas que, al parecer, la cabeza del grupo no quiso atender a tiempo.

Arrancó el torneo y en el debut ante Belgrano la lluvia borró la maldad, la fortuna le volvió a guiñar un ojo y Pellegrino ganó un partido más casi sin patear al arco. Mostró graves falencias en el juego, la postura y la actitud, además de un esquema insostenible, que los tres puntos y su terquedad no le permitieron cambiar para
viajar a Mendoza. Insistió con el dibujo, insistió con la idea de esperar y especular, en lugar de jugar y arriesgar, y tan solo pudo salvar el invicto ante un Godoy Cruz en formación. Otra vez un resultado (a medias) disfrazaba un problema grave de fondo.

El miércoles se le corrió definitivamente el maquillaje. Se le cayó el disfraz. Rosario Central y las ideas de su técnico, sumado a que la fortuna y el resultado le “soltaron la mano”, lo dejaron expuesto en su capricho de haber insistido con un esquema y unos nombres que no habían funcionado tan solo cinco días atrás. Ni hablar de la
insistencia en esa postura de un equipo que espera, no presiona, especula, desprecia la pelota y no tiene una identidad de juego. ¿Cuál es la idea de este equipo? ¿Cuál es la propuesta?

Se le pide a gritos jugar con dos delanteros. En realidad poco importaría esa cantidad si los volantes pisaran el área, si los laterales pasaran decidida y constantemente al ataque y si el equipo jugara 20 o 30 metros delante de donde elige jugar. Anoche terminó con cuatro delanteros y la anemia ofensiva no se solucionó. Aunque conceptualmente, mandar a la cancha a todos los delanteros cuando vas perdiendo, deja mucho que desear en un entrenador. ¿Por qué perdiendo si y de entrada no?, seria la pregunta también. Muy poco concepto
y demasiadas incoherencias para un solo técnico. Una confusión generalizada que se refleja en el campo de juego.

Se ve un Independiente con mucho miedo. Hay temor en el entrenador y eso se traslada a los jugadores. Jugadores que no se animan a dar pases hacia adelante, no se atreven a gambetear ni arriesgar. La imagen y la idea de Pellegrino se traspone en sus jugadores adentro del campo. Uno puede tener un mal partido. Todos pueden tener un mal partido. Ahora, cuando todos los jugadores juegan mal todos los partidos, hay una falla del técnico. Pellegrino no muestra voluntad ni capacidad de cambio. Tiene plantel y jugadores para proponer otra cosa. Esa debe ser la crítica mas grande. Mas allá de que se pueda ganar o perder.

En un torneo extra corto, ya estamos a cinco puntos del puntero pero mucho más lejos aún si analizamos rendimientos. El partido del domingo, sea cual sea el resultado, no puede servir para seguir tapando el sol con las manos. No se puede caer en el mediocre “salvar el año” por ganar un partido que ganamos toda la vida. La gente quiere sentirse representada por el equipo. Queremos un Independiente protagonista, que asfixie a los rivales con la presión para recuperar la pelota y que cuando la tenga busque constantemente el arco de enfrente.

Basta de especular, basta de no arriesgar, basta de esperar, basta de jugar al error del rival, basta de tener miedo. Y, si el técnico no lo entiende y no cambia, será hora entonces de decir basta de Pellegrino.

La lluvia borra la maldad

Partido muy complejo de analizar por donde se lo mire. Los debuts ya de por si suelen ser complicados. Si a eso le sumamos la ausencia de más de la mitad de jugadores titulares, la lluvia y la temprana nueva lesión de Cebolla, el panorama se volvió mas intrincado todavía. Pero aún con todas estas salvedades hay cosas que preocupan y deben ser atendidas con urgencia.

Muchas de ellas parecen estar íntimamente relacionadas con la terquedad de Pellegrino. Su enamoramiento por el esquema 4-2-3-1 no le permitió ver que no contaba con los interpretes adecuados para seguir sosteniendo su dibujo preferido.

A mi gusto, mala decisión la de arrancar con Denis en el banco. Sobre todo teniendo como único delantero (o intento de) a Lucero. Y no dio el brazo a torcer ni siquiera ante la salida de Rodríguez, el único que parecía capaz de romper la ecuación. En lugar de contrarrestar el golpe anímico que significó la lesión del uruguayo con otro golpe como la entrada del Tanque, optó por la intrascendencia de Trejo a quién más tarde, casi en un gesto de autocrítica, debió volver a sacar.

Independiente no mereció ganar el partido y se llevó mucho premio para lo que hizo durante los 90 minutos. Le costó hacer pie cuando la lluvia se volvió diluvio y nunca entendió como había que jugar el partido desde esa situación climática.

Cuando el desarrollo era más o menos normal, casi no pateó al arco. Solo un centro cruzado de Rigoni que nadie pudo conectar. No hubo conexión de tres cuartos en adelante y la única esperanza pasaba por los pies del 10, que nos volvió a dejar muy temprano. Jugamos un preocupante futbol sin arcos en donde la pelota pasó más por Aguilera y Cuesta que por Aquino y los de arriba.

Hay una idea por encontrar y consolidar que hoy por hoy está muy lejos en el horizonte. No termina de quedar muy claro a qué pretende jugar Pellegrino. Ayer no lo tuvo, pero cuenta con un rico material para ofrecer mucho más de lo que viene ofreciendo en este 2016. El torneo es corto y sería saludable poder resolver esa cuestión lo antes posible. Para no depender de milagros y las hermosas injusticias del fútbol para quedarnos con los tres puntos.

Denis, con dos o tres cosas, demuestra cuanto más fácil es todo cuando dentro de la cancha hay jugadores de jerarquía. Además de bajar de manera esplendida la pelota para el desborde de Aquino en el gol de Rigoni, aguantó de espaldas, peleó solo contra los centrales de Belgrano y le dio aire al equipo cuando el Pirata acechaba y parecía que se llevaba la victoria. Debe ser titular a como de lugar. Si no está para jugar 90 minutos (hay tantos que no están ni para media hora) que juegue de entrada hasta lo que aguante.

Vamos a recuperar varios jugadores clave para viajar a Mendoza. Eso debería ayudar a lograr una mejor producción que la de ayer. Me gustaría ver a un Independiente más agresivo, que ataque con más gente y genere muchas situaciones de gol. No quiero ver más el futbol intrascendente de la mitad de la cancha con mayoría de pases a dos metros y hacia atrás. Hay material para ver más y mejores cosas. Ganar siempre ayuda.

Parafraseando al enorme Flaco Spinetta en un nuevo aniversario de su partida, ayer la lluvia borró la maldad. Ahora, que salga el sol.

Deseos de Navidad y Año Nuevo

  • Un arquero nuevo. Un arquero que salga en los centros. Un arquero que gane partidos.
  • Toledo aprendiendo a cerrar y a despejar.
  • Jugadores que no estén en fiestas electrónicas dos días antes de jugar un partido final.
  • Más Veras, más Tagliaficos, más Cebollas.
  • El técnico aprendiendo de sus errores y yendo al frente por convicción y no solo por necesidad.
  • Consolidar una idea y defenderla. No importa si me gusta, no importa si la comparto. Pero tenerla.
  • Referentes comprometidos, responsables, que entrenen y se cuiden para jugar siempre al 100%.
  • Villa Domínico dando hombres y futuros ídolos de verdad y no de cartón.
  • Dirigentes que sean más dirigentes que hinchas.
  • Hinchas más inteligentes y menos cegados por la nefasta cultura del aguante.
  • Jugadores con carácter.
  • Jugadores que no confundan carácter con estupidez.
  • Limpieza profunda del plantel actual. Afuera los refuerzos de relleno y los ciclos terminados.
  • Un mercado de pases repleto de jerarquía. Más calidad que cantidad.
  • Torneo de Transición 2016.
  • Copa Argentina 2016.
  • Copa Sudamericana 2016.

Imperdonable

Imperdonable la apatía y la pasividad. Imperdonable la falta de carácter y rebeldía en un partido de semejante magnitud. Imperdonable otra vez no dar la talla en un partido importante. Imperdonable la especulación de no salir a buscar a un rival que tenía tanto miedo de perder como de ganar. Imperdonable no patear al arco en 90 minutos. Imperdonable que el cuerpo técnico y el plantel no hayan aprendido a estar a la altura de un partido definitorio después de los papelones ante Lanús e Independiente Santa Fe. Imperdonable que, como hinchas, nos hayamos convertido en todo lo que no queríamos ser de ellos. Ayer, representados por cinco o seis estúpidos, demostramos que es más importante la mal llamada “fiesta” que el mismo partido. Nosotros solos nos encargamos de bajarle el clima y la intensidad a un partido que debió haberlo tenido desde el minuto cero.

Me quedaré con las ganas de preguntarle a Pellegrino si la decisión de no salir a buscar a Racing en la salida tuvo que ver con el estado físico de mediocampistas y delanteros (ni Cebolla ni Torito ni Ortíz ni Benítez parecían estar al 100%) o fue un mal planteo táctico suyo, producto de (otra vez) preparar mal un partido de ida y vuelta.  Era solo cuestión de verlos a Sánchez y a Lollo tirar literalmente la pelota afuera, ahogados en sus propios miedos y nervios, y no entender cómo nadie dio la órden de ir a aprovechar eso en el rival.

Después, ellos hicieron su negocio y aprovecharon las únicas dos que tuvieron. La primera, de la mano del animal de Bou que solito complicó a una defensa que tuvo la peor tarde en mucho tiempo. Justo la misma defensa que hace dos meses se había deglutido a Milito y Bou. Una defensa que encima, en sus espaldas, no tiene un arquero que la salve nunca. Todos los tiros al arco fueron gol. Uno, anulado por offside. Otra tarde más para recordar que Diego Rodríguez no puede seguir siendo el arquero de Independiente en 2016 si se pretende crecer y pelear cosas importantes.

Los partidos hay que jugarlos pero parece difícil poder revertir la serie de visitante y en una cancha que hace rato nos viene costando. Mínimamente, jugadores y cuerpo técnico deberán trabajar para cambiar la imagen y ganar el partido. Conseguir la clasificación será lo único que borre el espantoso espectáculo que brindaron ayer. Pero aún sin poder lograrla deben, por lo menos, regalarle un triunfo a la gente para cerrar un año que debe servirles a todos los que toman decisiones para aprender y no seguir cometiendo errores que nos hagan seguir perdiendo años sin llevar a Independiente a lo más alto.

Así, la Copa nos espera

Cuánta diferencia hay cuando Independiente puede contar con toda su jerarquía en cancha y en plenitud. Es un equipo que impone respeto y da mucha tranquilidad. Aún en la adversidad, la sensación era que lo daba vuelta y lo ganaba. Y no solo ocurrió lo que todos sospechábamos sino que además se permitió lo que nadie pudo: golear a uno de los equipos más duros del fútbol argentino y ganarle con absoluta autoridad.

Por primera vez, pudimos dar vuelta un partido en la era Pellegrino. Buena y necesaria señal. Pero además, vimos a un Independiente que después del 2-1 mantuvo la intensidad y el hambre para seguir atacando y liquidar la serie. Por eso, en una ráfaga, le bajó la persiana a la semifinal de la Liguilla. Lo destaco porque no hubiera sido nada saludable tirarse atrás y proteger la ventaja mínima. Los jugadores se hicieron cargo del momento, asumieron que estaban encendidos y que era el momento para darle el golpe de knock out a los de Zielinski. Y así fue.

El abanderado de la gran victoria fue Diego Vera. Un delantero extraordinario al cual no le pesó jamás la camiseta ni necesitó tiempo para adaptarse al Club. Llegó, jugó y se metió merecidamente a la gente en el bolsillo. Juega, hace jugar a los demás, hace goles, ataca y, como si fuera poco, también defiende. Anoche, en el final del primer tiempo, tapa tirándose de volea lo que hubiera sido el segundo de Belgrano. Un delantero completísimo que en sus declaraciones demuestra que es un tipo centrado y de mucha inteligencia, la cual aplica cada vez que salta a la cancha.

Además de la noche estelar de Vera, tuvimos a un Marciano Ortíz que sigue demostrando que es el motor que le da juego a la mitad de la cancha. Arrancó apagado y el equipo lo sentía pero cuando se enchufó, apareció lo mejor de Independiente. Valioso lo del ex Lanús porque Méndez tuvo una noche errática, coronada con una expulsión absurda pero que Trucco podía haber evitado. Tagliafico es un animal. Juega, marca y mete con el corazón. Es una tranquilidad tener ese tipo de jugadores dentro del campo. Junto con Pellerano, lo más parejo de una defensa que, como pocas veces, estuvo dubitativa y lejos de la solidez habitual. Cuesta tuvo una noche muy alejada de su gran nivel, y esto dicho más allá del error en el gol Pirata. Arriba, Benítez hizo más daño por izquierda que por derecha. El buen ingreso de Pisano y el cambio de banda fueron fundamentales. Es el jugador más desequilibrante del plantel. Maneja muy bien los dos perfiles tanto para gambetear como para centrar. Para dar el salto definitivo le falta tomar mejores decisiones, pero ayer además del segundo gol, tiene activa participación en el tercero y el cuarto. Bien rodeado y en su mejor versión, es un jugador capaz de romper cualquier partido.

Párrafo aparte para dos jugadores con los cuales tengo debilidad. Cebolla Rodríguez no tuvo su mejor noche pero aun así, con pinceladas, demuestra una calidad inmensa. Un simple toque, una gambeta, una pausa, lo ponen por encima de la media general. Necesitamos tenerlo siempre. Y volver a verlo en el Libertadores de América al Torito Rodríguez en buen nivel, me llenó de alegría. Un jugador que necesitamos más de lo que en verdad nos damos cuenta. Volante central con panorama, vertical, buen pase y que no necesita tres tiempos para parar la pelota y jugar. Otro que necesitamos siempre. Ojalá pueda estar física y futbolísticamente al 100% para lo que se viene.

Estamos a dos partidos de lograr lo que en agosto era el objetivo principal del segundo semestre. La sensación, sin pecar de soberbio, es que cuando Independiente está bien es muy superior a la gran mayoría de los rivales que pueda enfrentar. Es difícil imaginar a un Independiente superado teniendo bien a su columna vertebral. Si logramos mantener este nivel en los últimos dos partidos del año, el objetivo estará cumplido. Un esfuerzo más, muchachos.  Jugando así, la Copa nos espera.

Último tren

Se fue el interminable torneo de 30. Lejos de pelearlo pero más cerca del lugar que nos corresponde. Mucho más que aquel espantoso decimosexto puesto de hace seis meses atrás. Primero se nos escapó el tren de la Copa Argentina que nos dejaba sin escalas en la estación que más nos gusta: la Libertadores. Después, vino el golpe duro de chocar de frente contra la absurda eliminación de la Sudamericana a manos (que paradójico) del arquero Diego Rodríguez. Y acá estamos, en el andén de la Liguilla esperando el último tren para volver a jugar nuestra Copa.

Indudablemente este equipo da muchas ventajas teniendo a los mejores afuera. No es lo mismo un mediocampo con Méndez, Ortíz, Torito y Cebolla que uno con Vitale, Bellocq y Trejo. Hay que recuperar a los jugadores clave para afrontar seriamente la última chance que nos queda. Anoche Independiente ganó con absoluta justicia. Por el desarrollo del juego y por el penal que, aunque la mayoría discuta, estuvo perfectamente cobrado. Rodríguez entendió como debió haber pateado aquella noche contra Santa Fe y después lo gritó con bronca, dolido por los silbidos que recibió durante toda la noche. El Libertadores de América habló. Su ciclo está terminado y solo su salida ayudará a descomprimir una situación sin retorno. Más allá de que parte del Estadio lo bancó, no se puede vivir con esa grieta. No le hace bien a nadie, pero sobre todo no le hace bien a Independiente. Ojalá los dirigentes puedan entenderlo y en diciembre tomen la decisión que deben tomar.

El mejor de todos fue Cuesta. Una vez más. De las mejores incorporaciones del club en muchos años. Siempre firme, siempre apostando a la salida clara y empujando desde el fondo con sus salidas a lo Milito o Monzón. Una fiera. Méndez le sacó la modorra a un mediocampo al que le costaba generar juego. Su ingreso terminó de inclinar la balanza. No puede faltar más en este equipo. Debe serenarse para no volver a cometer los errores que lo hicieron perderse los partidos de copa.

Será Belgrano o Estudiantes. Poco cambia. Debemos recuperar soldados para volver hacer aquel equipo que jugaba con intensidad y enjundia. Que ganaba por fútbol pero también por guapeza y carácter. Se necesita la aparición con continuidad del Cebolla y el Torito. El retorno en plenitud del Marciano Ortíz y la cuota goleadora de Vera, que sin ellos no le queda otra que caer en el sacrificio y la lucha, resignando su cuota goleadora. Hay que subirse al último tren. 

Que sirva para la depuración

Dicen que lo que sucede, conviene. Tal vez sea una forma optimista de sobrellevar aquellos hechos no deseados que nos ocurren en cualquier ámbito de la vida. Seguramente estarán los que compartan dicha frase y los que no. Pero optemos porque, para este caso puntual, para esta derrota de Independiente ante Aldosivi, la idea sea total y absolutamente válida. Porque el partido de ayer, sumado a la eliminación de la Copa Sudamericana, debe servir al menos para la inevitable y necesaria depuración de este plantel de cara al año que viene si se pretende seguir creciendo y no empezar a retroceder casilleros en la carrera por volver a ser.

Otra vez Independiente empieza perdiendo y no tiene carácter para dar vuelta el resultado. En la era Pellegrino ya son siete (3 empates y 4 derrotas). Volvimos a ver a aquel equipo tibio, sin actitud ni reacción que se vio desde la eliminación por Copa Argentina y hasta el partido contra Racing, que juega como si fuera ganando o, lo que es peor, como si no le importara perder.

Hay que saber cambiar a tiempo para que después no sea tarde para todo. Queda el partido contra Vélez y la liguilla para entrar a la Libertadores del año que viene. Son, en el mejor de los casos 4 partidos, en donde nos jugamos mucho. Pero pase lo que pase, sea cual sea el resultado, hay cosas que, a esta altura, ya deberían ser cosa juzgada.

Hay jugadores que dieron sobradas muestras de no estar a la altura de este club. Refuerzos de relleno que nunca cambiaron la ecuación ni la van a cambiar (Aquino, Aguilera, Papa, Pereyra Díaz), jugadores que ya cumplieron un ciclo con más pena que gloria (Lucero, Pisano), juveniles que son la muestra más clara de la devastación sufrida en Villa Domínico en los últimos 20 años (Zárate, Figal, Pizzini, Trejo, Bellocq, Vitale, Villalba) y un arquero como Diego Rodríguez que, a mi gusto, rifó el poco crédito que le quedaba la noche del 22 de octubre ante Santa Fe. No tiene elementos ni técnicos ni mentales como para dar vuelta una situación terminada. Más allá de que aún haya alguno que lo defienda, por el bien de Independiente y para evitar el desastre a tiempo, debe buscar nuevos rumbos en diciembre. Ayer le convierten otra vez de cabeza mientras él estaba atornillado en la línea del arco. Si no aprendió a cortar un centro de 35 metros a los 26 años, ya no lo va a aprender.

También habrá que tomar decisiones parecidas con los jugadores a los que se les terminan los préstamos en otros equipos. El único que demostró merecer una segunda oportunidad por su desempeño en Quilmes es Rodrigo Gómez. El resto (Busse, Marcelo Vidal, Monserrat, Patricio Vidal, Ojeda, Miranda) no debería siquiera bajar el Puente Pueyrredón.

Los casos de los “recuperados” Mancuello y Benítez pueden ser revisados dentro del armado de un plantel que logre rodearlos de buena manera y sacar alguna de sus virtudes, que supieron mostrar en el último año. Por supuesto que, ante alguna oferta, no habría que pensar un solo minuto y deberían venderlos para hacer una diferencia económica.

Hoy hay una buena base de jugadores que es la que debe marcar el norte. La defensa completa, con Cuesta y Tagliafico como estandartes y Pellerano y Toledo en levantada (más allá de algún altibajo en el último tiempo) sumado al importante aporte de Victorino. Apostar por volver a ver el buen nivel de Ortíz y recuperar plenamente al Torito Rodríguez en la mitad de la cancha. Arriba, Vera es número puesto pero hay que buscarle un acompañante a su altura hasta que regrese Albertengo, al menos. Y seguir creyendo en que, más allá de no haber jugado todo lo que se lo necesitaba, el Cebolla Rodríguez es la clara muestra de que hay que incorporar jugadores de real jerarquía, que son los que aportan soluciones y ganan partidos. Jugadores que, además, permiten el armado de un equipo en donde los juveniles, después de que el club invierta como corresponde durante años en inferiores, puedan sumarse cómodamente, sin presiones y puedan mostrar su mejor versión.

El cuerpo técnico, junto con los dirigentes, tiene una buena oportunidad para demostrar que saben conducir. En las buenas y con los triunfos, es fácil. Llegó la hora de tomar decisiones drásticas con algunos apellidos. Este tiene que ser un año bisagra. Hay que seguir subiendo el piso para jugar en Independiente. Dejar en claro que acá no juega cualquiera y que el que no está a la altura, se va. Sin excepciones ni tibiezas. Las pruebas están a la vista y los nombres, bien claros. No pierdan un año más.

 

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