A los golpes, pero aprender

Lo mejor que podemos hacer con esta eliminación es aprender. Hinchas, dirigentes, cuerpo técnico y jugadores. Todos. Cada uno desde su lugar y utilizando de buena forma el poder que tenga. Ser sinceros, autocríticos y hacer un análisis correcto de lo que pasó para que Independiente quede afuera de una de las copas más accesible que seguramente vaya a jugar en toda su historia.

La serie claramente se pierde en Avellaneda. El principal responsable, el arquero Rodríguez. Que por su bien y por el bien de Independiente, en diciembre debe irse del club. El poco crédito que le quedaba lo despilfarró la noche del 22 de octubre. Su situación se volvió irremontable y su ciclo, terminado. Si los dirigentes y el cuerpo técnico no lo ven así, la eliminación no habrá servido para nada.

Por supuesto que, como escribí la semana pasada, en un deporte colectivo no debería caer solamente en culpables individuales. Seguramente la noche negra del arquero hubiera sido maquillada si el equipo hubiera hecho un mejor papel antes y después de sus errores. Pero el fútbol es contagio y hay situaciones que terminan siendo demoledoras. Y cuando un párrafo se llena de “hubieras”, algo anda mal.

Pellegrino imaginó y planteó erróneamente los dos partidos. El equipo no estuvo a la altura. Ni en Bogotá ni en Avellaneda. Les quedó grande el partido. Más bien, les quedó grande la responsabilidad de saber que Independiente era el mejor de los que quedaban en la Copa y, manteniendo el nivel que venía mostrando, la coronación era inevitable. Se sufrieron mucho las ausencias de Méndez y el Cebolla Rodríguez. Aunque ellos también deben hacer su autocrítica: Jesús se hizo expulsar irresponsablemente contra Olimpia y el uruguayo jugó solo un rato de los dos partidos ante Arsenal y la serie contra los paraguayos. Muy poco para lo mucho que se lo necesita.

La diferencia en estos partidos, y definiendo la serie de visitante, la tenés que hacer de local. Mucho más si tenés que viajar a la altura donde las condiciones normales inevitablemente serán alteradas. No solo el físico sino también el peso de la pelota, algo a lo que no pudieron encontrarle la vuelta en todo el partido de ayer. Distinto es viajar con la ventaja y jugar con eso a favor. Quedó claro que Santa Fe tiene muy poco y nosotros nos encargamos de potenciarlos. Nos morimos de nada.

A dar vuelta la hoja rápido porque solo queda una chance de entrar a la Libertadores del año que viene. Mientras tanto, los dirigentes deben tomar nota de lo que pasó y actuar en consecuencia, pensando en un futuro casi inmediato. Hay que seguir reforzando este plantel hasta que las divisiones inferiores, devastadas durante tanto tiempo, puedan empezar a darnos valores confiables y no tengamos que recurrir más a los Vitale, los Bellocq, los Trejo, los Benítez, los Pizzini, los Villalba y tantos más, pretendiendo que sean más de lo que en verdad son. A decir verdad, ellos no tienen la culpa. Tal vez algunos, en un plantel más rico todavía, hubieran disimulado sus limitaciones. Cuando tienen que salir a poner la cara sin demasiado respaldo, quedan muy expuestos.

Los cambios que se empezaron a hacer en Domínico van a dar frutos recién dentro de varios años. Hasta ese momento habrá que seguir apuntando a traer jugadores de real jerarquía. Empezando por el arco, puesto clave para cualquier equipo que pretenda ganar cosas importantes. Y en donde en diciembre, si se hace lo que hay que hacer, quedará el puesto vacante.

Duele la eliminación. Da bronca de solo pensar en los cuatros equipos que jugarán las semifinales. Pero más va a doler y más bronca va a dar si no tomamos esto para aprender y crecer. Este debe ser un golpe que nos haga reaccionar y tomar las decisiones que nos permitan en pocos meses más estar realmente preparados para afrontar este tipo de competencias con un plantel y un equipo que estén verdaderamente a la altura de las circunstancias.

Aprender a los golpes, pero aprender.

Deberán estar a la altura

La noche que más luces se necesitaban, el equipo fue una sombra. La noche que tenían que salir todas, no salió ninguna. La noche que, jugando en el llano, había que estar a la altura, el grupo no dio la talla. Colectivamente fue un espanto, lejos del mejor funcionamiento logrado en los últimos meses. Y para colmo, individualmente, los que no tenían que fallar, fallaron. Con el Ruso Rodríguez a la cabeza: sin discusión alguna, el gran responsable de la derrota de anoche. Porque más allá de que este sea un deporte de equipo, hay decisiones individuales que te hacen ganar y perder partidos. El arquero prendió fuego los manuales del fútbol en los dos arcos. Ese penal, en ese momento y en ese partido no puede patearse como lo pateó. Y en la jugada de Balanta, la pelota podía entrar por cualquier lado menos por donde entró. Dos errores que se pagaron muy caro.

La previa del penal me dejó muchas preocupaciones que tienen que ver con el carácter y la personalidad. ¿Cómo Independiente permite que ignotos jugadores de un equipo colombiano en Avellaneda vengan a copar la parada de esa manera? Si alguno está leyendo estas líneas, busquen algunos videos de Trossero, Pavoni o Hacha Brava Navarro muchachos y tomen un curso acelerado de cómo no dejarse pasar por arriba (por no ser ordinario) vistiendo la camiseta que visten. Imperdonable pasividad de Rodríguez, del capitán Mancuello y del resto de los compañeros que solo se limitaron a hacerle una cortina al pateador. ¿Estamos todos locos? Háganse respetar y respeten la camiseta, viejo.

Volviendo a lo estrictamente futbolístico, reducir la derrota únicamente a los horrores del arquero sería injusto, necio y poco constructivo. Porque seguramente si Rodríguez convertía el penal hubiera empezado otro partido, mucho más favorable desde lo táctico y la anímico. Pero incluso antes de eso, Independiente no había mostrado buenos signos. Se lo vio dubitativo, atado, sin la enjundia que lo caracterizó en los partidos importantes.

Ortíz estuvo desconocido y se sintió mucho su pésima noche. Muy mal con la pelota, sin poder hacerse eje en la mitad de la cancha en ningún momento. Hasta incluso por momentos parecía incómodo jugando con Mancuello al lado. Un Mancuello al que evidentemente le falta para volver a ser el que era porque no tiene el despliegue y la participación que supo tener el semestre pasado. Estuvo excesivamente contenido y, por muchos pasajes del partido, casi sin participar activamente del juego. Y si algo faltaba, era la mala noche de Benítez. Errático como en sus peores viejos tiempos, no terminó una sola jugada bien y siempre tomó la decisión equivocada.

También se sintieron mucho las ausencias de Cebolla y Méndez, pero no sólo por ellos sino por los que deben reemplazarlos. A Trejo el partido le quedó enorme. En una misma jugada, la pelota se le va dos veces seguida por debajo de la suela. La magnitud del partido y los nervios se lo deglutieron. Y para colmo, las soluciones a la ausencia de Cebolla que no da Trejo hay que ir a buscarlas a Pisano o a Aquino. Todo dicho. Un abismo de distancia entre el que debe jugar y su suplente y los reemplazantes de ese suplente. Demasiada ventaja.

Santa fe no es ningún cuco. Es un equipo ordenado, rápido arriba y muy aguerrido pero también da grandes ventajas atrás que no supimos aprovechar porque prácticamente no generamos situaciones de gol. El verdadero cuco de la revancha es la altura. Los 2625 metros sobre el nivel del mar y la del partido. Altura a la que Independiente debe estar y ayer no estuvo. Es un partido de esos que ganándolos te pones la ropa de serio candidato a quedarte con el torneo.

El equipo tiene revancha para demostrar que está verdaderamente a la altura o para terminar de confirmar que le quedan grandes los partidos decisivos. Tienen una linda oportunidad de demostrar para qué están. Dejen la vida, hagan historia y traigan la clasificación.

Un entrenamiento televisado

Asistimos a un entrenamiento televisado ante Crucero del Norte que sirve básicamente para llegar en buena forma al partido trascendental del jueves ante Santa Fe.  Lo positivo es que al equipo no le costó dejar en claro en la cancha y en el resultado las enormes diferencias entre unos y otros. No estábamos muy acostumbrados a eso en el ultimo tiempo y es realmente para celebrarlo.

El Marciano Ortíz, otra vez el mejor. Hace jugar a todos, no erra un pase y juega en serio los 90 minutos. Un jugador fundamental para la mitad de la cancha en este momento. Y arriba, un Vera goleador pero también inteligente para generar el penal y siempre obligando a los defensores con sus terribles diagonales.

Pellegrino es el autor intelectual de esta maquina de ganar. De este grupo de jugadores que se toma cada partido con mucha seriedad, porque el mensaje que se baja desde la cabeza es el correcto: hay que demostrar todo el tiempo que se está para jugar en este Independiente. Nadie, sea quien sea, tiene la vaca atada.

El jueves toca una parada brava. Será muy distinto a lo de esta noche pero el equipo deberá seguir demostrando su solidez y su gran momento. Santa Fe no será Crucero y la trascendencia del partido obliga a estar a la altura. A descansar, a recuperar lesionados y mentalizarse en el choque de Copa que puede significar un paso importante en el camino a los objetivos.  Vamos Rojo, que falta poco.

El infierno está encantador

El 12 de septiembre hubo un click anímico y futbolístico para este equipo. Minutos antes de que empezara a jugarse el partido ante Racing, el grupo volvió a repetir la arenga dentro de la cancha que hacía mucho tiempo no utilizaba. Solo ellos saben qué fue lo que se dijeron en ese abrazo conjunto de camisetas rojas. Pero desde ese momento hasta hoy, algo cambió.

Independiente en los primeros partidos con Pellegrino en el banco había conseguido más resultados que funcionamiento. Si bien había superado con claridad a la mayoría de los rivales a los que les ganó, era un equipo poco confiable y sin una clara identidad todavía. Porque además de la eliminación por Copa Argentina se sumaron varios primeros tiempos en donde se veía un grupo de jugadores sin actitud ni presencia (Arsenal en Sarandí o Huracán, por poner dos ejemplos). Ya no había ni funcionamiento ni resultados. Varios empates consecutivos dejaron más dudas que certezas. Hasta que llegó el 12 de septiembre.

Desde esa tarde hasta anoche, Independiente jugó cinco partidos en el Libertadores de América: los ganó todos, hizo diez goles y tan solo le convirtieron uno. Con el detalle de que esa seguidilla la inició y la terminó ganando dos clásicos por goleada y siendo muy superior en ambos encuentros. Una verdadera máquina de ganar en un infierno que está cada día más encantador. Un equipo que recuperó aquella buena costumbre del inicio del ciclo Pellegrino pero le agregó el condimento que más nos gusta: un Independiente con la identidad que queremos y nos recuerda quienes somos.

Pedíamos la cereza del postre y la tuvimos con creces. El equipo nos regaló la noche perfecta, no sólo por el resultado sino por la forma. La bendita forma que es la que termina siendo lo más importante tanto en los triunfos como en las derrotas. Nunca el River de Gallardo había sido superado de esta manera. Nunca había perdido por tres goles de diferencia. Ayer fue reducido a la mínima expresión, borrado de la cancha de principio a fin. Tal vez peque de insaciable pero me gustaría (y sobre todo ante determinados rivales) que se hicieran todos los goles que se puedan. Anoche, aún ganando 3 a 0, regalamos muchas situaciones claras de gol. Era una linda oportunidad de sellar una goleada histórica. Igual, no crean que nos vamos a olvidar fácilmente del 4 de octubre de 2015.

Tenemos un equipo confiable. Nos cuesta asumirlo pero después de mucho tiempo hay un grupo que nos da tranquilidad en muchos aspectos. No es fácil ganarle, ni siquiera es sencillo generarle situaciones de gol. Y a la solidez defensiva ahora le agregó dinámica, presión alta y mucha intensidad en el ataque. Debe agregarle más contundencia para no poner en riesgo ningún resultado.

Hay un Independiente de mentalidad ganadora que sale a presionar desde el primer minuto al rival, a hacerle sentir el rigor de visitar su cancha. A meterle mucho fútbol pero también mucho roce. Once jugadores comprometidos con la causa. Los refuerzos de jerarquía lograron potenciar incluso a los que estaban en deuda y generaban alguna duda, como el caso de Toledo por ejemplo.

Hay que coronar este gran momento con un título en Diciembre. Falta poco pero falta mucho. Los jugadores tienen que hacerse cargo de todo lo que están generando en el hincha y seguir respondiendo de esta manera. Que el partido siguiente siempre sea “el mejor de la era Pellegrino”. Nos estamos acostumbrando a ganar y eso es muy bueno. Pero no hay que relajarse ni desenfocarse de los objetivos. La verdadera alegría hay que desatarla cuando se consigan copas o campeonatos. Tienen todo para quedar en la historia y empezar a poner de pie a este gigante. Usen el parate para reflexionar, cargar energías y prepararse para lo que viene. Todo depende de ustedes. Con este nivel, están para cosas importantes.

No se puede perdonar tanto

La primera sensación después del pitazo final del uruguayo Fedorczuk en el Defensores del Chaco fue una mezcla extraña de bronca y alegría. Es que era una serie para disfrutar y pasar con comodidad y terminamos sufriendo innecesariamente. En el primer tiempo en Avellaneda y en el segundo tiempo ayer, Independiente debió haber sacado una amplia ventaja en el marcador. No se puede perdonar tanto.  En algunos casos hubo poca fortuna, en otros tomó malas decisiones y encima contó (una vez más) con horrores arbitrales a los que, lamentablemente, ya nos estamos acostumbrando. Torneo doméstico o torneo internacional, da igual. Nunca un error de alguno de los jueces nos favorece, siempre nos perjudica. Ayer nos privaron de ganar el partido anulando una exquisita definición de Lucero, que estaba perfectamente habilitado.

Se esperó demasiado a un pobre Olimpia que, más allá de su historia copera, hoy no es un equipo de temer. Recién en el complemento apareció el Independiente que queríamos ver de entrada: presionando la salida (el punto más débil de ellos) y buscando el gol que liquidara la serie. Hubo puntos altos en la defensa, con Cuesta y Pellerano cada vez más confiables, y un Tagliafico que emociona. Juega como jugaría cualquiera de nosotros con esta camiseta. Solo le falta un poco de criterio y tranquilidad para terminar bien sus excursiones ofensivas, pero juega con el alma y corre a los rivales hasta abajo de la cama. Un animal, un perro de presa.

Ortíz fue el mejor en el medio, marcando y jugando, casi sin poder contar con Vitale, que no tuvo un buen partido. Trejo y Benítez parecieron haber sentido el marco. Estuvieron erráticos y siempre tomando decisiones apresuradas a la hora de desprenderse de la pelota. El Cebolla no tuvo un buen primer tiempo, levantó en la parte final en donde fue protagonista de la chance más clara y no pudo definir bien. Aún lejos de su nivel y la importancia que había tenido en los últimos partidos, lo quiero siempre adentro de la cancha. Y Vera participó bien del juego pero muy lejos del área. Siendo la única referencia me gustaría que obligara más en ese sector porque cuando él pivoteaba, no había una sola camiseta roja cerca del arquero de Olimpia.

Lo preocupante dentro de la felicidad que da el pasaje a cuartos de final de una copa pasa por ver a un equipo al que le cuesta mucho generar juego de mitad de cancha para adelante y, sobre todo, defnir las situaciones que genera. Defiende bien, es sólido, le generan pocas situaciones de riesgo pero tiene un déficit en ofensiva que hay que atender con urgencia. No se puede regalar tanto en este tipo de competencias. Perdonó los primeros 45 minutos acá y los últimos 45 allá. El rival con un centro o un pelotazo puede complicar lo que debió haber sido un trámite mucho más relajado de lo que terminó siendo. Era una serie de 5-1 y terminamos demasiado apretados. Lejos de perdonar, hay que darle el golpe de knock-out al rival cuando lo tenemos contra las cuerdas.

Toca Independiente Santa Fe. Pero antes hay que ponerle la frutilla a este postre que empezamos a cocinar desde el baile a Racing: ganarle a River el domingo coronaría un mes perfecto por donde se lo mire. Después, a descansar, recuperar al Torito y a Mancuello para la serie ante los colombianos porque los vamos a necesitar mucho para lo que viene. Dale Rojo, dale.     

Titulares y suplentes

Fue paradójico escucharlo hablar a Victorino, la gran figura de la noche minutos después de finalizado el partido, de titulares y suplentes. En general suele maquillarse con eufemismos ese recambio y se dice que no existen ni unos ni otros, que todos están para sumar. Pero el uruguayo no anduvo con vueltas y dijo la única verdad. Justo el, que es el más titular de todos los suplentes y que está relegado solo por el buen momento de Pellerano.

Partidos como el de anoche sirven para aceptar que la brecha entre los titulares y la mayoría de los suplentes es inmensa. Independiente ayer rescató un punto jugando con un doble cinco fantasma e improvisado conformado por Bellocq y Aguilera, que no aportaron absolutamente nada en 90 minutos. Aunque Bellocq se moría de ganas de regalarle contragolpes a Lanús después de sus ya incontables caídas y resbalones. Se nota mucho cuando un equipo tiene una mitad de cancha que no marca ni juega. Atrás, mientras Figal y Pereyra Díaz mostraban toda su falta de compromiso e inteligencia, Tagliafico, Cuesta y Victorino se jugaban la piel en cada pelota para cortar los avances del granate. Y en ofensiva, Benítez intentó ser el conductor, desequilibrando mucho con su gambeta pero, en general, tomando malas decisiones en el último pase y en los últimos metros. Al equipo le faltó estar más fino y tomarse un segundo más para pensar mejor adelante, y le sobraron malas decisiones y estupideces en defensa, que se terminaron pagando con el gol en contra.

Y en el segundo tiempo, la prueba irrefutable de la diferencia entre titulares y suplentes. El ingreso del Cebolla Rodríguez ya no solo te cambia un partido. Te cambia la vida. Un par de minutos le alcanzaron para armar la jugada del empate y meter a sus compañeros otra vez en cancha a puro contagio. Pellegrino fue audaz con los cambios, mandó a Pereyra Díaz de lateral pero nos faltó decisión para ir a buscar los tres puntos. El Pulga Vidal tuvo un debut más que alentador. Se lo vio guapo, pidiendo la pelota y animándose a encarar, además del centro en el gol de Lucero. Después sintió el cansancio y no pudo aprovechar los espacios que dejó Lanús después del 1-1. Uno de los pocos que se ganó el derecho a tener más minutos con el equipo titular.

Si bien no se pueden dejar pasar puntos en el torneo, lo importante está el miércoles. El equipo que juegue en el Defensores del Chaco deberá mostrar en cancha las grandes diferencias que indudablemente tiene con este equipo suplente y traer la clasificación de Paraguay. Es un partido para jugarlo con ambición, con inteligencia, con mentalidad ganadora y, sobre todo, con mucha hombría. Las ilusiones descansan en tener a un Cebolla en plenitud la mayor cantidad de tiempo posible, lograr reemplazar dignamente a Méndez y ser todo lo contundentes que no pudimos ser en Avellaneda para hacer los goles de visitante que nos den tranquilidad. Estén a la altura, den la talla y no nos defrauden.

Dos caras de una misma moneda

Las noches de Copa son así. Ganás jugando bien y mereciendo más, pero no podés soltar una alegría completa para festejar como lo harías un domingo cualquiera. Anoche había sensaciones encontradas. Por un lado la felicidad de ver al equipo haciendo un gran partido, sobre todo en el primer tiempo, y estando a la altura de lo que significaba el choque copero contra Olimpia. Pero también dejó ese sabor amargo que da la incertidumbre de no saber si la ventaja alcanzará para pasar a cuartos. Una misma moneda con dos caras muy diferentes. Una tranquiliza, la otra preocupa.

La buena noticia es que el pase a la siguiente fase dependerá pura y exclusivamente de este grupo de jugadores. Si Independiente no se achica por jugar de visitante en el Defensores del Chaco, con todo el marco en contra y ataca como deben atacar los equipos que quieren conseguir cosas importantes, el 1-0 del Libertadores de América será amplio. Pero como anoche, además de una merma física lógica después de un gran desgaste en los primeros 45, el equipo claramente levantó el pie del acelerador y no volvió a ser todo lo ofensivo que había sido en la primera parte, nos queda la duda de qué cara mostrará el conjunto de Pellegrino en Paraguay.

Salir a cuidar el empate, además de poner en riesgo la clasificación, sería imperdonable con vistas al Independiente que todos queremos ver. Para salir campeón hay que jugar como campeón. No se puede especular ni perdonar. Mucho más si el rival de turno da facilidades defensivas como las que, al menos ayer, dio Olimpia. Ojalá podamos ver un equipo más parecido al del primer tiempo que al del segundo, que atacó con muchos más recaudos y vacilaciones y su principal preocupación pasó a ser proteger el cero en el arco propio y no aumentar la ventaja en el ajeno. La misión ahora es hacer en Asunción los goles que, por azar primero y por falta de físico y audacia después, no se convirtieron en Avellaneda.

Olimpia tiene su mejor arma en la ofensiva. Ayer no se animó a atacar mucho y cuando lo intentó se topó con una defensa Roja cada vez más sólida. Igualmente una o dos por partido estamos regalando y sufrimos más por esos errores no forzados que por los méritos del rival. Nuñez y Zeballos mostraron cosas interesantes y seguramente de local el equipo saque el plus que no tuvo en el Libertadores de América. Por eso hay que ir a buscarlos donde más les duele: en el fondo. Atrás son muy flojos. Incluso de arriba, histórico poderío paraguayo.

Méndez coronó uno de sus peores partidos en Independiente con una expulsión infantil, propia de un juvenil y no de un tipo experimentado como él. La noche negra de Jesús terminó con la roja que lo deja afuera de la revancha y genera dos problemas. Su ausencia por un lado y la presencia de Vitale o Bellocq en el once inicial de un partido de semejante envergadura por el otro. Una lástima no poder contar con un Torito Rodríguez recuperado porque hubiera significado una carta fundamental para un partido tan caliente como será el del próximo miércoles.

Buen partido de Toledo, sobre todo en el primer tiempo donde hizo lo que quiso por la banda derecha. Inexplicablemente en el segundo tiempo dejamos de aprovecharlo y el equipo dejó de ser todo lo ancho y profundo que había sido. Muy buen aporte del Marciano Ortíz (también mejor en los primeros 45) y de Vera, que aporta mucho en el juego pero me preocupa que no convierta las chances que tiene. Lo prefiero más presente en la red. En este tipo de cruces necesitamos de los goles más que nunca.

El Cebolla Rodríguez, como diría un cantautor con su mismo apellido, es el reparador de sueños. En el descansan todas nuestras ilusiones. Cuando tiene la pelota algo bueno para el equipo sucede. Un toque distinguido, una gambeta hacia adelante, su manera de colocar el cuerpo para proteger la pelota, sus ganas, su empuje, su contagio. “Siempre va esta personita feliz trocando lo sucio en oro. Y siempre hace su tarea mejor… ”. La cantidad de veces que en 90 minutos me digo qué fácil sería todo con uno o dos Cebollas más. Ojalá alcance con uno. Y eso que todavía no está en su plenitud física…

Se viene una semana repleta de nervios y ansiedad. A contar las horas para que llegue el miércoles. A recuperar soldados, a pensar como reemplazar a Méndez de la mejor manera. Y, sobre todo, a soñar a lo grande. Si el objetivo es lograr cosas grandes, no nos podemos permitir soñar en chiquito. Hay que viajar a Asunción a reconciliarse con la historia gigante de este Club que nunca entendió de localías ni estadios que den miedo. Hay que ir, ser hombres, jugar y ganar.

La diferencia la hizo la jerarquía

Lo que debió haber sido una noche tranquila, que auspiciara de previa a la gran noche de copa que se nos viene el miércoles, terminó siendo casi un calvario. Los habituales suplentes que mandó a la cancha Pellegrino, en lugar de demostrar que están para sumar minutos con los titulares, expusieron sus propias limitaciones y dejaron en claro porque ocupan el lugar que ocupan en el plantel.

El equipo fue un espanto. Desde el juego pero también desde la actitud. Peor que en un entrenamiento y con el agravante de tener enfrente a uno de los peores del torneo, que además está técnicamente descendido. Basta solo con remarcar que casi no le pateamos al tercer arquero de Chicago. Imperdonable.

Si bien los de Mataderos no llegaron mucho, supieron como complicarnos y como aprovechar los innumerables errores defensivos de Independiente. El Ruso Rodríguez tapó un gran mano a mano ante Carrasco que hubiera terminado con el largo invicto del Libertadores de América.

La diferencia volvió a hacerla un jugador que rápidamente se metió al hincha en el bolsillo: Cebolla Rodríguez. Algo agotado físicamente después de completar su primer partido completo, metió el cabezazo que terminó dejando los tres puntos en casa. Además, fue el autor intelectual del gol de Lucero donde mostró una gran capacidad para hacer algo que nadie en este equipo hace: encarar con decisión y hacia delante. Sintió el cansancio en el segundo tiempo y el desconcierto generalizado del equipo, pero aún así volvió a ser fundamental, ahora aportando en la red.

Del resto de sus compañeros, poco y nada. Lucero fue el gol y poco más y Albertengo, lejos de capitalizar el haber convertido ante Arsenal, volvió a mostrar un nivel muy alejado del que le conocimos. Aguilera y Victorino no dieron seguridad y, sobre todo el ex Godoy Cruz, se complicó solo en varias ocasiones. Papa aportó mas en ataque que en defensa, donde le costó mucho hacerse fuerte y Chicago lo desbordó siempre. Ortíz arrancó bien pero lentamente fue sintiendo el desgaste y tuvo que salir. Vitale tuvo algunas buenas intervenciones pero también varias malas decisiones que terminaron en contragolpes del rival y pudieron costar caro. Lo de Pisano exacerba. Sigue jugando desganado y fastidioso. Hay que ponerle los arcos en la mitad de la cancha. Nunca un pase vertical, siempre para atrás o para los costados y a domicilio. No quiso, no pudo o no supo hacerse cargo del equipo cuando más se lo necesitaba.

La diferencia entre el Cebolla y el resto está en la jerarquía. Tenemos un jugador de esos que te cambian y te ganan los partidos solos. No podemos abusar tampoco porque no va a lograr vestirse siempre de superhéroe. Y ahí deberá aparecer el equipo. Otro de su jerarquía, no hay.

El miércoles se viene el partido más importante del año. El primero de un cruce que será duro pero que si el equipo lo juega con la actitud, la entrega y el fútbol que mostró ante Racing, será difícil que se pueda escapar. Necesitamos imponer condiciones, no relajarnos ni salir a ver qué pasa. Los jugadores tienen que dar la talla y demostrarse y demostrarnos que están para cosas importantes. Vamo’ arriba Rojo!

Más Cebolla por favor

La noche venía enrarecida. Si bien Arsenal solo complicaba con pelotazos y centros al área desde cualquier sector de la cancha, parecía que volvían los fantasmas de hacernos los goles solos. En el primer tiempo sobre todo, el Ruso Rodríguez coqueteó bastante con ellos en un par de salidas en falso que transmitieron una inseguridad innecesaria. El equipo había arrancado enchufado y antes del primer minuto ya había generado una situación clara de gol que Benítez, en su noche más apagada, desperdició. Después, Independiente lentamente se fue apagando en actitud y movilidad y prácticamente no pateó al arco. Un tiro de Méndez y algunos centros cruzados que ningún delantero pudo aprovechar, fueron todo el peligro que le generamos a un pobre Arsenal.

En el segundo tiempo, lejos de haber una mejoría, todo empeoró. El equipo de Caruso se instaló en nuestro campo y manejó la pelota. Obviamente no supo qué hacer con ella y apostaba todas las fichas a algún cabezazo salvador de Silva. Mirar el reloj para ver cuánto faltaba para el final se nos volvió una constante. El equipo no daba respuestas ni reaccionaba. Por momentos no cruzaba la mitad de la cancha y revoleaba la pelota a cualquier parte. Ninguno podía hacerse cargo de la situación y sostenarla por más de dos segundos. La redonda, quemaba.

Pero a la ensalada le faltaba un ingrediente fundamental. Alguien que le diera un poco de gusto a una noche que, hasta ese momento, nos dejaba con sabor a nada. Pellegrino mandó a la cancha al Cebolla y el uruguayo, ya desde la primera pelota que tocó, cambió el clima del partido. Encendió a los hinchas y contagió a sus compañeros. Se cargó el equipo al hombro y con ganas, mucho empuje y sobre todo muchísima calidad, condujo a Independiente al gol que le diera tranquilidad para cerrar una serie que fue más dura de lo que esperábamos. El Cebolla expuso anímica y futbolísticamente al resto de sus compañeros. Entró con una diferencia actitudinal asombrosa. Y ni hablar de su jerarquía. En tres o cuatro jugadas mostró carácter, entrega y exquisitez. Todo eso junto y en una misma persona. Solamente esa clase de jugador es capaz de cambiar tan drásticamente el rumbo de un partido. Tiene que ponerse a punto lo antes posible porque quedó claro que lo necesitamos mucho para poder ilusionarnos con algo grande. Necesitamos más Cebolla por favor. Porque además de su ingreso, solo podemos rescatar las ganas y la fiereza de Tagliafico y el despliegue y la inteligencia de Vera, otro uruguayo que emociona e ilusiona. El resto estuvo ausente y se sintió. Sobre todo lo de Méndez que cuando no está es muy difícil que Independiente juegue bien.

Viene un duro Olimpia por la copa. Hay que recuperar rápido la enjundia y el buen fútbol con el que se jugó contra Racing. Con esas ganas, la jerarquía de los uruguayos y un buen nivel de Méndez, tenemos con que soñar. Y eso que todavía nos falta recuperar al Torito Rodríguez y a Mancuello. Vamo’ arriba Rojo.

El día que abandonaste antes de jugar

Fue el paraíso en el corazón del infierno. Una tarde soñada, de principio a fin. De esas jornadas que quedan grabadas a fuego en el corazón y en el alma. Esas que uno va a poder contar dentro de muchos años, desde que se levantó hasta que dejó la cancha caminando por Alsina para buscar Mitre, con lujo de detalles. La tarde del unipersonal. El día que Racing abandonó antes de empezar a jugar. No vinieron. Tal vez creyeron que la prohibición de los visitantes incluía también a los jugadores. Que vuelvan los visitantes. Este tipo de partidos sin el otro rival en la cancha pierden todo sentido.

Mirá si habrá sido un entrenamiento a cancha llena que hasta les mandamos al arquero a patear un tiro lbre con el partido 1-0 para ponerle un poco de pimienta a un partido que era un monólogo rojo. Es que el Ruso terminó pateando al arco más veces de las que le patearon a el.

Fueron tres. Pudieron haber sido muchos más. Pero el instinto paternal es así. ¿Enemigos? ¿Cómo vamos a ser enemigos? A un hijo se lo quiere, se lo necesita y, por supuesto, se lo protege. Ayer te cuidamos mucho, hijitus. ¿Quién otro podría sacarnos de la racha de cinco partidos sin triunfos que nuestro psicólogo de toda la vida? Eso sí, ni siquiera el más optimista de nosotros esperaba que fuera un trámite más accesible que de costumbre. Al fin de cuentas, son los actuales campeones, ¿no? Pobre fútbol argentino. Lo arruinaron.

Por lo menos sirvió para recaudar algo de plata que siempre viene bien, tomar un poco de sol y disfrutar de un sábado al aire libre. Sino, ya estaríamos en condiciones de ni siquiera abrir el Libertadores de América. Hay que mandar un representante que firme la planilla y nos evitamos operativos policiales, movilizar 40 mil personas, sacar bonos y perder el tiempo.

Casi no hubo puntos flacos. Rescato íntegra a la defensa, donde los dos centrales se deglutieron a Milito y Bou, Toledo fue clave en el primer gol y Tagliafico lo jugó como se juegan estos partidos. Tiene un cierre descomunal ante Bou en el segundo tiempo y con el partido 1-0 todavía, que vale un gol. Un animal. Por fin funcionó el doble cinco Méndez-Ortíz y los dos pudieron lucirse. Jesús coronando su gran semestre con un poema de tiro libre que hasta se escuchó el ruido de la pelota pegando en la red. Y Ortíz haciéndose patrón del mediocampo. Vera es todo lo que está bien. El uruguayo es garantía de confianza, nunca te deja a gamba y es fundamental pivoteando, aguantando, saliendo del área a jugar y, por supuesto, siempre aportando su cuota goleadora. Lo de Benítez sirvió para coronar su gran presente. Era el partido en donde debía demostrar que no es solo un veranito y apareció en plenitud. Es el jugador más desequilibrante del plantel, está con mucha confianza, las pide todas, se hace cargo y casi todo le sale bien. Los puntos más bajos fueron Trejo y Albertengo. Los únicos dos que no entraron en sintonía con el gran partido del resto.

Ojalá el equipo pueda tener estas ganas, esta intensidad y este hambre para los partidos que se vienen. Lamentablemente no podemos jugar todos los domingos contra esta gente porque sería demasiado aburrido todo. Hay que tomar cada uno de los encuentros que se nos vienen como clásicos y finales. Jugarlos con el corazón como jugaron ayer. Después se podrá jugar mejor o peor. Pero la actitud y la postura tiene que ser la de ayer y no se debe negociar jamás. Pasó un partido importante por el campeonato, ahora a ganar el clásico el miércoles y meternos en 8vos de Sudamericana. Vamos Rojo!

 

 

 

 

 

 

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