Un eterno dejá vu

Ojalá fuera solo la coincidencia de la última semana y los sendos empates frente a Estudiantes y Huracán con sabor a nada. Pardas en donde sin ser descollantes ni desplegar un fútbol de alto vuelo, debimos habernos llevado los seis puntos. Pero no. Este Independiente se empata solo y no sabe cuidar aquello que le cuesta horrores conseguir, con el agravante de hacerlo ante rivales que ponen lo mejor de sí para que hasta incluso consigamos una goleada.

‘Otra vez sopa’, diría Mafalda. Otra vez un primer tiempo espantoso e inaceptable desde lo futbolístico y desde la entrega como ocurrió en Sarandí. Nuevamente presenciar como once híbridos vestidos de rojo son humillados por otro de los tres peores equipos de la temporada. Aquella vez Arsenal, esta vez Huracán que ganó tan solo cuatro partidos en el año y pelea el descenso. Inaceptable por donde se lo mire.

Otra vez lograr ponerse en ventaja (lo más complejo y necesario en el fútbol) y no poder sostenerla. En 23 fechas logró marcar el primer gol en 18 oportunidades pero tan solo se terminó llevando el triunfo en 9 ocasiones. No son sólo números. Los datos hablan de un equipo débil, frágil e ingenuo para defender los tres puntos.

Y otra vez tener un rival entregado para recibir el golpe de knockout, que hizo todo con Marcos Díaz como estandarte para que sellaramos la victoria, pero perdonar y perdonar hasta regalar dos puntos sobre el final. Este Independiente es un eterno dejàvu. Todo esto ya la vivivos, ya lo sentimos y, sobre todo, ya lo sufrimos una y mil veces en el último tiempo. Y la mayoría de los responsables son los mismos.

Se hablará del cambio de Papa y de que Pellegrino no supo cuidar el resultado teniendo la pelota y no metiéndose atrás. Pero la triste realidad es que este equipo no sabe tener la pelota. No sabe y no tiene quien la tenga tampoco. El más cercano para eso ayer salió en el entretiempo. Entre la salida de Méndez y las lesiones de Mancuello y Cebolla Rodríguez, Independiente no tiene un solo jugador capaz de manejar el balón y los tiempos de un partido favorable. Pero es pedirle a este equipo hacer algo que no sabe hacer y nunca hace. Ni ganando ni empatando ni perdiendo. Rara vez tiene respeto por la pelota. No la quiere, la revolea, la regala, no sabe que hacer con ella. La desprecia. Y el desprecio por el elemento más importante de este deporte se paga caro.

La única esperanza que tenemos todos es esperar que algo cambie cuando recuperemos a los jugadores que hoy están afuera o juegan sin estar en plenitud. Solo eso sostiene la ilusión de terminar el año festejando. Son ellos los que tienen que darle una inyección de voracidad a este equipo insulso, sin carácter, especialista en regalar lo que no le sobra y sin vergüenza deportiva para revertir adversidades.

Ganar el clásico no va a cambiar demasiado todo esto, pero le deben una alegría a la gente. Una deuda que se paga parcialmente ganando ese partido con autoridad, jugando como la historia de este club manda y sin atenuantes ni tibiezas. Despiertensé de una vez.

Una mano Blanco

Era una noche para coronar una saludable mejoría. Si bien no se había visto un fútbol total, estábamos asistiendo a una de las mejores producciones del Independiente de Pellegrino. Con raptos de buen fútbol asociado y generando varias situaciones claras de gol, aunque fallando insólitamente en la definición como viene ocurriendo últimamente. Pero Darío Herrera se sumó a la lista de árbitros que se mueren de ganas de cobrarnos penales en contra y consiguió que Estudiantes empatara casi sin patear al arco. Una lástima que el árbitro no haya tenido la misma predisposición que tuvo para considerar intencional la mano de Toledo, la falta de Damonte que sacó del partido a Aquino y ni siquiera le mostró amarilla. Independiente lidera la tabla de penales en contra y va último en la de penales a favor. Acá no hay una mano negra. Hay una mano Blanco.

Después, el equipo mostró su peor falencia: poca rebeldía y carácter para dar vuelta la historia y sobreponerse a la adversidad. Tras el 1-1 y la correcta expulsión de Mendoza, solo generó la clara situación que desperdicia Trejo y la imagen del final pintó al equipo de cuerpo entero. Había que tirar la pelota al área porque era la última bola de la noche y el partido se murió con Méndez sin saber qué hacer con ella.

Se vio un equipo más dinámico de mitad de cancha en adelante. Con más decisión y entrega que la que había mostrado en los últimos partidos. Siendo muy superior al rival y mereciendo largamente la victoria. Tal vez la bronca tenga que ver con eso. Las injusticias nos dan impotencia.

Otro gran partido de Cuesta, ratificando su levantada. Destellos de un Cebolla que demuestra que es diferente pero evidentemente no está en plenitud física. Y un Vera cada vez más indiscutido, no solo por sus goles sino por su despliegue y entrega para el equipo. Albertengo sigue desconocido y sin recuperar la memoria y sigo sin entender la inclusión de Vitale en el primer equipo. Espero que cuando el Torito Rodriguez esté para volver no tengamos que seguir viendo en cancha a un juvenil que, a mi criterio, le queda enorme la mitad de la cancha de este Club. No marca, no juega, se mete demasiado atrás, no anticipa, le cuesta ser salida clara y necesita siempre un tiempo más para controlar la pelota.

Celebro la mejoría en el juego y en la actitud hasta el empate que consiguió Estudiantes a través de Herrera. Hay que hacer foco ahí y tratar de repetir y extender todo lo bueno que se hizo hasta ese momento y evitar los pozos anímicos y futbolísticos que se vieron sobre el final. Tenemos que duplicar el esfuerzo porque parece que vamos a seguir jugando contra 12 o 13. Porque, parafraseando a Gary Lineker, el fútbol es un deporte de once contra once en donde siempre le cobran un penal en contra a Independiente.

Una tibieza que exaspera

Tal vez fue Sarandí y su cercanía con Avellaneda. O quizás fue el hecho de enfrentar a los suplentes de un Arsenal que ganó tres partidos en el año y va último cómodo en el torneo. Pero ayer pareció que los jugadores de Independiente no se enteraron que estaban jugando un torneo internacional vistiendo la camiseta del más ganador del continente. Entonces simplemente tendré que rendirme a los pies de la realidad que marca que no fue ni el estadio, ni el rival y mucho menos el barrio. Son ellos, que salieron a jugar el partido con una pasividad y una tibieza que exaspera.

Este equipo cada vez juega peor, no descubro nada. Lo que no se puede permitir en ese contexto es salir a la cancha sin actitud, sin entrega y sin esa mentalidad ganadora que te permita mantenerte en pie para salir adelante cuando el buen juego no aparezca. En el primer tiempo me pareció estar asistiendo a un entrenamiento en Villa Domínico. No generamos una sola situación de gol, Arsenal ganó todos los rebotes (incluso el del gol) y le impuso la intensidad al juego que yo esperaba que le pusiera Independiente.

La entrada del Cebolla Rodríguez en el complemento, con muy poco, alcanzó para cambiarle la cara a lo híbrido y apático que habíamos visto en los primeros 45 minutos. Hay que decir también que era casi imposible jugar peor de lo que se había jugado, pero por lo menos se vio un equipo un poco más comprometido con la causa. Igualmente le siguió costando armar juego, generar buenas secuencias de pases de mitad de cancha en adelante y solo logró poner a un delantero mano a mano con Limia en una oportunidad. Esa en la que Albertengo (con un llamativo poco hambre de gol para un punta como él) eligió entregársela a Benítez, que volvió a fallar una situación muy clara como le ocurrió ante Colón tras aquel pase de Vera.

Más allá del flojísimo rendimiento de este equipo, los arbitrajes siguen perjudicándonos. Ahora también en el plano internacional. Fallos en jugadas clave como el inexistente foul de Pellerano en el tiro libre previo al gol de Lértora o la clara falta de Luna a Cuesta cuando rechaza el centro. Y ni hablar del penal no cobrado (uno más) tras una mano intencional dentro del área de Arsenal. Es necesario destacar lo que nos perjudica pero sin que sirva como explicación a todos los males de este Independiente. El árbitro no tiene la culpa de la tibieza o pasividad de los nuestros.

Rescato el partido de Cuesta que recuperó la firmeza que supo mostrar desde que llegó, más allá del bajón de los últimos partidos. Las intenciones de Benítez que, jugando en dos posiciones que no lo favorecen (primero por izquierda, después por derecha) es el único capaz de sacarse un rival de encima con una gambeta. Y no mucho más. El bajo nivel de Méndez repercutió en el equipo, Vera no estuvo claro y Pisano sigue jugando como si fuera un consagrado aportando fastidio y malas caras. Como dijo Brizuela, hace rato que juega como las últimas tres letras de su apellido. Me gustaría que Toledo y Tagliafico aportaran más en ofensiva. Los veo a Mas y Buffarini en San Lorenzo y no puedo creer que sea tan difícil poder llegar al fondo y hacer algo más que sacarse la pelota de encima. Una gambeta, un enganche, un buen centro atrás, cualquier cosa antes que simplemente rifar el balón.

Después de lo que se vio ayer cuesta mucho ilusionarse. Cierto es que todavía estamos poniendo a punto al Cebolla y esperando por Mancuello y el Torito Rodríguez. Ojalá ellos puedan terminar contagiando al resto con un poco de esa actitud y ese carácter que hoy están ausentes, y no que este equipo los termine contagiando a ellos de esta pasividad y esta tibieza que exasperan.

No estamos para regalar nada

Una lástima. Un partido que, si bien no era fácil, se presentaba accesible para seguir sumando de a tres. Pero Pellegrino decidió, vaya uno a saber por qué, sacar del equipo a jugadores clave que son los que hacen la diferencia. Con el agravante de que en su lugar ingresaron aquellos que no están ni por asomo para ser titulares en Independiente y defender estos colores. Muchos de ellos ya probados hasta el hartazgo. A mi gusto, una decisión irresponsable y arriesgada del entrenador. Más allá de que lo mostrado por los supuestos titulares en el partido ante Lanús haya dejado bastante que desear.

El tema es que cuando no te sobra un mango, no podes rifar la guita. Tenés que cuidar cada centavo. De cara al objetivo de entrar a la próxima Libertadores ya se perdió una vida con la eliminación en la Copa Argentina. No se puede menospreciar la chance que da el torneo de esta manera. No estamos para regalar nada.

En definitiva, esto sirvió para entender porque juegan los que juegan (algunos aún con nivel muy bajo) y porque no lo hacen habitualmente los que salieron a la cancha hoy. En este caso no aplica la frase de “acá no hay titulares y suplentes”. Acá hay titulares, hay suplentes y hay algunos que no deberían ni siquiera entrenar en Domínico.

Mete miedo ver como la mayoría de los generalmente relegados no demostraron siquiera un poco de ganas de mostrarse. Casos como el de Aquino que, podrá estar más flaco, pero la camiseta de Independiente le sigue pesando una tonelada. Oel de Lucero, goleador histórico de los entrenamientos, que no participó del juego y erró un gol abajo del arco.

Otros, como Papa y Bellocq, para mi ya no tienen vuelta atrás. Son casos absolutamente perdidos. Y el paradigma Trejo, que en la jugada del penal nos deja en claro cuanto más importante es ser un jugador inteligente que uno habilidoso o dotado técnicamente.

El único rescatable de la tarde noche fue Victorino. El único Mauricio que hizo todo bien y, para mi, merece ser titular. Por capacidad, por voz de mando y por el flojo nivel que mostró hasta acá Pellerano. Impecable en la marca y aportando el cabezazo del empate. Con una imagen que no debe pasar desapercibida: no lo festejó. Esos son los jugadores que se necesitan. Aquellos que mandan el mensaje correcto. Acá no se deben festejar empates. Se hace el gol y se corre rápido a la mitad de la cancha para intentar buscar el tanto que nos de la victoria. Este equipo necesita imperiosamente la presencia en el once titular de los cuatro uruguayos del plantel. Ojalá los podamos tener a todos lo más pronto posible y en buena forma.

Los ingresos de Vera y Benítez le cambiaron la cara a un equipo apático e inofensivo. Y demostraron que hay jugadores que no pueden salir nunca y otros que no deben entrar jamás.

Más allá del resultado y de si sirve o no el empate que se consiguió, hay que entender que no estamos para darnos el lujo de resignar ninguna competencia. Y que no tenemos plantel o recambio que pueda reemplazar fácilmente a los habituales titulares. Está claro que el objetivo es la Copa Sudamericana pero el rival es Arsenal y en Sarandí. No hay viajes, no hubo tanta competencia que ameritara cuidar a tantos jugadores importantes. Ahora, a conseguir un triunfo el miércoles. Un triunfo que justifique, un poco al menos, la exagerada, innecesaria e inexplicable rotación de hoy.

No estuvieron a la altura

El tablero del utilitario de Pellegrino, hace varias semanas, había encendido su luz de alerta roja: se estaba quedando sin nafta. Los últimos triunfos habían dejado la tranquilidad de los resultados y de poder mantener la buena racha, pero la preocupación de que no se sostenían con funcionamiento. Era inevitable pensar que jugando de esa manera la primera derrota estaba al caer. Y llegó en el peor momento porque nos cuesta una eliminación de una Copa que nos podía dar el pasaporte directo a la próxima Libertadores. Las últimas victorias estuvieron edificadas sobre castillos de naipes. Y ayer Lanús, con una mueca de viento, lo tiró abajo.

La seguidilla de partidos transformó las semanas de trabajo de Independiente en semanas cortas donde seguramente el técnico pudo corregir poco y nada. Y además tampoco se animó a patear demasiado el tablero, porque el único que pagó con su titularidad fue Pisano cuando después de la actuación ante Defensa y Justicia sacaban número para salir del once inicial.

Primera vez que el equipo deja en el debe la actitud, la entrega y el carácter. Porque si algo siempre rescataba este grupo, más allá del mal funcionamiento, era eso. Algo fundamental en este tipo de cruces decisivos en donde en 90 minutos seguís en carrera o te volvés a casa. Con una actitud pasiva desde el inicio. Demasiado contenido en lugar de salir a llevarse al rival por delante, imponiendo condiciones. Se despertó solo después del 0-2 en donde arrinconó a Lanús a fuerza de centros y tiros de esquina. Fue solo un espejismo.

Evidentemente, el primer partido decisivo del semestre les quedó grande. No estuvieron a la altura ni futbolística ni mentalmente. Por primera vez también empezó perdiendo un partido en la Era Pellegrino y lejos estuvieron de mostrar rebeldía para darlo vuelta.Seguimos sin poder ganar un partido importante. Esos que te dan el título de verdadero equipo, del que está para cosas serias.

Nada ni nadie para rescatar. Solo las ganas de Vera (muy lejos de su hábitat natural) y algún intento de Benítez cuando paso a jugar de punta. A propósito, es hora de que Pellegrino tome una decisión. El misionero tiene que jugar de delantero o ir al banco. Como volante por izquierda está desperdiciado. No siente el puesto y no aporta nada ni en defensa ni en ofensiva.

Otro punto preocupante es que los que entran no brindan soluciones para los problemas que generan los titulares. Es vital que los de afuera le metan presión a los de adentro para que no juegue la relajación y no entrar en el escenario en donde de lo mismo quien juegue porque todos lo hacen en un bajo nivel. Lo de Pisano ya es inentendible. Nada lo conmueve. Ayer ingresó como si el partido estuviera 4 a 0 para Independiente. Justamente cuando debía entrar con la idea de revertir su mal presente y demostrarle al técnico que no quiere salir. Todo lo contrario, no hizo más que darle la razón al entrenador en su decisión. Otra vez no me gustó Vitale. Demasiado intrascendente en la marca y en el juego para lo que yo pretendo ver de un volante central de Independiente. Ortíz sigue sin poder acomodarse y con Méndez tirado a la banda derecha el equipo perdió la poca gestación de juego que tenía. No hay nadie que haga jugar a los demás en este equipo y eso se notó claramente ayer porque casi no generamos situaciones de gol.

No hay tiempo para duelos. Tampoco para corregir errores. Hay golpes que te matan o te curan. A la vuelta de la esquina tiene el partido contra San Martín y después Arsenal. Tripa y corazón, levantar la cabeza y demostrar entereza. Este grupo debe encontrar la personalidad necesaria para volver a la senda del triunfo mientras se sigue buscando una identidad de juego.

La noche más oscura

Importante, trabajado e inmerecido triunfo ante Defensa y Justicia. Lo único que se logró mantener fue la racha positiva en cuanto a los resultados. El rendimiento colectivo sigue en caída libre y ayer asistimos al peor partido de la Era Pellegrino, algo que semana a semana venimos remarcando y es una tendencia que está costando mucho revertir. El equipo no apareció y en lo individual hubo demasiadas ausencias que pusieron en riesgo la victoria que estábamos consiguiendo casi de casualidad. Intrascendentes y desaparecidos Vitale y Pisano, errático Benítez que volvió a sufrir jugar en una posición que no le sienta cómodo y una defensa que por primera vez la pasó realmente mal.

Pero ahora la suerte ya no nos histeriquea. Coquetea y se queda con nosotros. Anoche, en 90 minutos, ligamos más que en todo el año. Sin acostumbrarse a ganar así, es bueno también que aparezcan estos triunfos cuando merecemos, cuanto menos, empatar. Se cambia la racha del primer semestre, repleta de partidos en donde debíamos ganar ampliamente y terminábamos con las manos vacías o cosechando un empate que servía para poco y nada.

El jugador clave de estos seis triunfos se llama Jesús Méndez. Alguien que sorprende a propios y extraños por su nivel y regularidad. Siempre entre los mejores en cada presentación de Independiente. Al ex Central le costaba repetir buenas actuaciones y ahora logra sostener un nivel altísimo a lo largo de todas sus participaciones. Importante desde la entrega, el despliegue, la actitud y el juego. Hace todo. Ayer sostuvo al equipo cuando parecía que se caía a pedazos. Tomó las riendas, se hizo cargo y, haciendo honor a su nombre, marcó el camino. Porque de una buena presión suya en la salida de Defensa nació el gol de Benítez que dejó los tres puntos en casa.

Este Independiente debe aprender a manejar los partidos. Sobre todo porque, hasta acá, no conoce lo que es ir perdiendo. Siempre empezó ganando. Eso es una ventaja y hay que aprovecharla. Ayer le volvió a costar mucho tener la pelota y eso agrandó al rival. Se jugó prácticamente en un solo lado y ni siquiera el ingreso del Cebolla Rodríguez cambió el rumbo. Se lo vio con muchas ganas pero entró acelerado y apurado, contagiado quizás con el ritmo que ya tenía el partido y su ansiedad por debutar. Además entró a ocupar un lugar en la cancha por el sector derecho que no lo favoreció. Cuando se ubicó en la izquierda pudimos ver algunos destellos de la calidad que esperamos del uruguayo.

Hay que crecer como equipo en este sentido y dentro de la cancha los jugadores deben darse cuenta cuando hay que acelerar y cuando hay que bajar el ritmo. No puede venir nadie al Libertadores de América a imponer sus condiciones. En casa, por lo menos, se debe jugar al ritmo y las condiciones que pretenda Independiente. Defensa propuso un juego vertiginoso, de golpe por golpe, en el cual se siente más cómodo y nosotros nunca pudimos manejar el encuentro para sacar al rival de esa comodidad.

Asistimos a la noche más oscura del Independiente versión Pellegrino. La pasamos mal, sufrimos, no merecimos ganar pero ganamos. Hay que hacer autocrítica, corregir errores y no tentar demasiado a la suerte cuando llega. Esta buena racha tiene que potenciar los rendimientos individuales y colectivos y también la confianza. Si nos relajamos, perdemos todos. Pasó la noche cerrada y oscura. Pasó la tormenta. Pasó el temporal. Y, por suerte, quedó el triunfo. Porque “cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón…”.

Nos estamos poniendo de pie

Este tipo de partidos por Copa Argentina y ante rivales de categorías inferiores suelen ser un problema para cualquier equipo y mucho más aún para Independiente. Basta solo con recordar el antecedente inmediato ante Coronel Moldes para confirmarlo. Son partidos en donde, en la previa, el contexto obliga a ganar, gustar y golear. Si el equipo favorito gana, “no le ganó a nadie” y si no logra plasmar esa diferencia en el resultado, el triunfo trae más dudas que certezas. Ni hablar si aparece una impensada derrota.

Independiente no jugó bien ante Español. Retrocedió algunos casilleros en esa búsqueda de mejorar triunfo tras triunfo y no logró desnudar las enormes diferencias que lógicamente tiene con un equipo que juega en Primera B. Porque, hay que decirlo, no hay una pelota parada de distancia entre unos y otros. Y fue por ese medio que el equipo de Pellegrino logró doblegar al de Bocca.

Pero, más allá del flojo e inesperado rendimiento, Independiente no pasó sobresaltos. Semana tras semana confirma su condición de equipo sólido, que difícilmente lo agarren mal parado atrás y que no se complica solo como lo hacía hasta hace muy poco tiempo. Sigue sin encontrar eficacia arriba pero mientras no le conviertan, seguirá sin pagarla cara. Es un punto clave a mejorar para cuando enfrentemos a rivales que nos logren doblegar. Ayer volvió a necesitar varias llegadas claras para ponerse arriba en el marcador y le costó mucho ampliar esa diferencia cuando Español, obligado y desgastado, dejó enormes espacios atrás.

Con un Cuesta en gran nivel, la regularidad de Méndez y la enorme categoría y capacidad goleadora de Vera, alcanzó para pasar la fase de 16avos de final. Ni las flojas actuaciones de Papa (pasó completamente desapercibido) y Pisano (siempre tomando malas decisiones), ni la falta de puntería de Benítez y Albertengo, pusieron en riesgo el pasaporte a octavos.

Estamos en formación, esperando la puesta a punto del Cebolla, el regreso del Torito Rodríguez y la confirmación de poder contar con Mancuello por lo menos hasta fin de año.

El siempre traumático cambio de técnico lo estamos superando acostumbrándonos a ganar todo, como corresponde. Ahora hay que pegar el salto, controlar mejor los partidos, encontrar el brillo necesario que nos saque el gusto a poco de este tipo de triunfos y la eficacia en ataque que permita no poner en riesgo los resultados.

Eso sí, en donde ganó, goleó y gustó Independiente fue en Mitre 470 durante las primeras horas de la tarde de ayer. La CD anunció un importante acuerdo con los bancos acreedores y pudimos dar un paso importante en la reconstrucción del Club. Ojalá estos triunfos no deportivos puedan venir acompañados de muchas alegrías en la cancha. Nos estamos poniendo de pie. Sin prisa pero también sin pausa.

Vamos por el buen camino

Viajar a Santa Fe para jugar contra Colón era una linda prueba para un equipo que venía con tres triunfos consecutivos ante rivales que suelen esperar más de lo que atacan. El Sabalero, aún con su desempeño igual o peor que los otros tres, tiene una propuesta más ofensiva y agresiva, con mucha dinámica y presión alta, más aún jugando en el Cementerio de los Elefantes.

Y ante todo eso, Independiente repitió la fórmula que le dio el puntaje ideal hasta acá: equipo ordenado y sólido en defensa al cual es difícil provocarle situaciones de riesgo, generador de varias ocasiones de gol como para abrir y ampliar el marcador (aunque con la ineficacia de siempre) y otra vez una buena lectura de Pellegrino a la hora de meter mano. Porque los cambios que podían ser tildados de “defensivos” fueron la muestra de que el técnico es un gran estratega y no se le caen los anillos para sacar un delantero y poner un volante de marca si el partido lo pide. De hecho, los ingresos de Vitale y Papa provocaron que Independiente tuviera las chances más claras para ponerse 2-0 porque lógicamente Colón se iba a venir más encima todavía e iban a aparecer los espacios arriba. Eso lo aprovechó con la velocidad de Benítez arriba y abriendo bien la cancha por izquierda con Papa.

Es saludable y alentador que los que ingresan desde el banco lo hagan de buena manera. Sumo a Pereyra Díaz que generó peligro por la banda derecha y aportó sacrificio para defender la subida de Colón por izquierda. Es una linda presión para los que juegan saber que los que esperan afuera puedan entrar en cualquier momento y ser tan o más importantes que los que son titulares.

El equipo tuvo una figura destacada por línea: El Ruso en el arco volvió a responder las pocas veces que lo llamaron. Gran tapada sobre el final con el ojo derecho averiado. Tagliafico fue el mejor de una defensa cada día mas confiable. Tanto que hasta Toledo tuvo un buen partido. En el medio, otra vez clave Méndez que no tuvo un buen primer tiempo pero en el segundo se destacó, además de aportar el centro-pase para el 1-0. Cuando juega Jesús todo es más fácil para Independiente. Y arriba, Vera que en 180 minutos ya me conquistó. Nuestra mezcla perfecta entre Henry y Trezeguet (permítanme la exageración). Ayer aportando el grito de goleador pero también mucho sacrificio, despliegue, ordenando y hablando dentro de la cancha y sacando agua de las piedras cuando la pelota no le llega limpia. Es muy buena su llegada porque antes cuando Albertengo no tenía un buen partido, no aparecía nadie y nos costaban tener peso en el área. El uruguayo es de temer.

En el debe queda la noche de Pisano, que no supo como aprovechar las buenos espacios a la espalda de los volantes de Colón. Encontró bien los lugares y por donde aparecer pero siempre tomó la decisión equivocada. Tiene que enchufarse porque tiene todos los números para ser la primera “víctima” de la sana competencia que hay en el plantel. Errático Benítez que tuvo varias para ampliar la diferencia y no estuvo fino para la definición pero aportó el desequilibrio que venía mostrando en varias apiladas. Y el Marciano Ortíz todavía no puede estirar sus buenos momentos dentro de cada partido. Ayer tuvo un buen primer tiempo con su presencia y sus pases claros en la mitad de la cancha, pero después se fue apagando y salió reemplazado.

Si en el fútbol los resultados enamoran y encandilan a la mayoría, imaginen lo que provocan cuatro triunfos seguidos. Más allá de lo importante de los 12 de 12 me quiero quedar con que Independiente en los cuatro partidos fue superior a su rival en juego y ocasiones de gol. Fue justo ganador siempre. Le falta manejar más los encuentros, ser más contundente arriba y superar la prueba de jugar con un rival de mayor categoría de los que enfrentó hasta acá. Pero hay algo que no permite discusión alguna: vamos por el buen camino.

Signos saludables

Sonará extraño pero anoche Independiente jugó el más flojo de los tres partidos desde que asumió Pellegrino. Sin embargo, hay signos saludables que ayudan a mirar el horizonte de lo que se viene con mucho optimismo.

Con un claro salto de calidad por poder utilizar a varios refuerzos y ante uno de los rivales más flojos del torneo, todos esperábamos que apareciera la mejor versión del Rojo en este segundo semestre. Pero hubo solo algunos momentos de buen fútbol, poco control del partido (con el agravante de ir ganando casi desde el vestuario) y menos solidez en ataque de la que ya se había visto en los anteriores dos encuentros. Demasiado atrás en varios tramos, abusando mucho del pelotazo frontal y jugando poco y nada por las bandas. Todo esto hizo que la imagen global del triunfo termine siendo un tanto pálida porque, si bien fue merecido, este equipo puede y debe dar más. Sobre todo ante rivales muy inferiores como el de anoche.

Pero a pesar de todo esto, y lejos de generar preocupación o incertidumbre, el tercer triunfo consecutivo me deja la tranquilidad de ver a un equipo que, mientras se construye y sin jugar del todo bien, lo hace mejor que sus rivales y ya se acostumbra a ganar. Tenemos un entrenador que hasta ahora no falló en las lecturas que hace de cada partido, tanto sea durante los 90 minutos a través de los cambios como en las declaraciones posteriores. Sensato y sincero, a Pellegrino no parecen cegarlo las victorias con lo tentador que muchas veces resultan ser los resultados. Tiene mérito en el gran presente de Martín Benítez, no solo por ponerlo de titular apenas llegó sino por no haberlo sacado con la llegada de Vera. El primer gol demuestra que el misionero lastima bien entrando por el centro y aprovechando ahora los lugares libres que generan el arrastre de marcas de los dos de arriba. Y el segundo marca claramente su momento porque la pelota pasa por entre las piernas del defensor de la Crema y se mete junto al palo, cuando hasta hace poco tiempo la misma jugada hubiera terminado sin la misma fortuna. Bienvenido este nivel de Benítez. Ojalá sea “el Mancuello” de Pellegrino.

Otro signo saludable que mostró Independiente fue el mantener el promedio de situaciones de gol. A pesar de concretar poco, sigue generando mucho y muy claro y eso, con la categoría de los jugadores que tenemos, nos va a permitir llegar más fácil al gol. Preocupante sería ver a un equipo que le cueste llegar al arco rival. Hay que trabajar para afinar la puntería y no poner en riesgo los triunfos cuando estamos arriba por la mínima.

Hay que viajar a Santa Fe para poder seguir estirando la racha y poder meternos silenciosamente en el lote de arriba y después Español por Copa Argentina. Sin desatender ningún frente, hay que seguir creciendo en el juego a base de buenos y bienvenidos triunfos.

Destruyendo mitos

El fútbol está repleto de lugares comunes, frases hechas y etiquetas. A veces acertadas y otras tantas con una alta dosis de mito. Más allá de los resultados, algo que pocas veces me importó a la hora de escribir esta columna, Mauricio Pellegrino logró en sus dos primeros partidos desterrar por completo muchos de los mitos que giraban en torno a su supuesta idea de juego y su filosofía defensiva.

Para destacar, encontramos a un Independiente que en poco tiempo ya sabe qué tiene que hacer adentro de la cancha. A algunos les gustará más y a otros menos pero eso ya no permite discusión. De la noche a la mañana pareciera ser un equipo confiable y no aquel lleno de dudas que dejó muchos puntos por el camino. Más sólido, menos ingenuo a la hora de marcar y con una gran concentración a lo largo de los 90 minutos. Comprometidos con la causa. Punto para el entrenador.

Si de mitos hablamos, hay que decir que estas dos semanas vi pasar al ataque a los laterales más que en todo el semestre anterior. ¿Mérito de Pellegrino? ¿Más confianza de Toledo y Tagliafico luego del “período de adaptación”? Seguramente un poco de las dos cosas.

Lo que no tiene discusión es la excelente lectura que hizo el técnico en ambos encuentros a la hora de meter mano con los cambios, un tema muy polémico en el ciclo anterior en donde a Almirón le costaba mucho acertar en ese sentido. Contra Olimpo fueron clave para poder ganar el partido y anoche, lejos de hacer modificaciones para cuidar la ventaja, priorizó -desde los nombres- mantener la vocación ofensiva. Tal vez el equipo terminó replegándose demasiado y poniendo en riesgo la victoria pero, por lo que se vio por tv, no fue algo que le haya gustado demasiado al ex entrenador de Estudiantes.

La inclusión de Papa nuevamente generó polémica pero la práctica volvió a derribarnos otro mito. El lateral devenido en volante fue muy utilizado en ataque y hasta le sirvió un gol a Pisano que definió muy mal en lo que sería una muestra de la mala noche que iba a tener el enano. El mito se vuelve insostenible desde los resultados porque hay que decir que los tres partidos que ganó Independiente de visitante lo tuvieron al ex Vélez como titular y en esa posición.

Mirando el vaso medio vacío debo decir que por varios pasajes de los partidos (sobre todo anoche) el equipo abusa mucho del pelotazo a cualquier parte. Reniega la tenencia de la pelota y la paciencia que solía tener para elaborar jugadas. Eso no solo no me gusta sino que además creo que no favorece para explotar a nuestros mejores jugadores. Albertengo, Pisano y ahora Benítez necesitan recibir por abajo para lastimar.

Pellegrino sacó agua de las piedras en sus dos primeros partidos. Debió jugar sin refuerzos, sin Mancuello y ayer sin Méndez (la figura del partido anterior) y aun así supo cómo poner en cancha un equipo que no jugó del todo bien pero otra vez, al igual que frente a Olimpo, volvió a ser superior al rival y a generarle varias situaciones claras de gol. Por otra parte, el nivel de Benítez es todo mérito suyo. A propósito, ¿se animará a sacar al misionero? Para mí sería un error.

Viene Rafaela. Ojalá vengan las habilitaciones para poder contar con los refuerzos y así aumentar la competencia dentro de un plantel que no debe relajarse. La exigencia hará que jueguen los mejores y no habrá lugar para los que no den la talla. Vamos Rojo.

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