Noche de hoy

Esta noche, desde las 21 y con transmisión en vivo de Fox Sports, se realizará el sorteo de la decimocuarta edición de la Copa Sudamericana que tendrá a Independiente como uno de los siete representantes argentinos. Nuestro rival saldrá del copón que tiene a Belgrano, Arsenal y Tigre.

El equipo de Pellegrino tiene una gran oportunidad de conseguir lo que, según el técnico, es el principal objetivo del semestre: lograr el pase a la Copa Libertadores 2016. Para eso deberá ser campeón (en el mejor de los casos) o bien ser el equipo argentino que llegue más lejos en la competencia.

La Copa tendrá 47 equipos participantes y además de lograr el pasaporte a la próxima Libertadores, el campeón disputará como es habitual la Recopa Sudamericana y la Suruga Bank en Japón el año que viene.

Volver a confiar

Suele decirse que los debuts son complicados. No voy a decir que Pellegrino la tenía fácil porque a los rivales se los respeta a todos, pero jugar contra Olimpo en el Libertadores de América parecía uno de los mejores escenarios que se le podían presentar a Longaniza.

Independiente ganó bien. Seguramente me cueste decir que jugó bien. Pero esa ya es otra historia, incluso más cercana a los gustos que a los análisis objetivos. Jugar mejor que el rival y generar una decena de situaciones claras de gol nos tiene que dar como resultado final un triunfo merecido. Y así fue. En varios pasajes del partido, por esquema y por nombres, parecía una continuidad de la era Almirón. Incluso el equipo sigue complicándose solo porque, sin hacer demasiado, Olimpo llegó al empate dos minutos después del gol de Valencia producto de varias desinteligencias defensivas a la espalda de Toledo. Una película que vimos mucho en la primera parte del torneo.

Sigue siendo inadmisible que al equipo le juegue en contra algo que lógicamente debería jugarle a favor que es lograr abrir el partido jugando de local. En lugar de aprovechar ese logro, hace todo lo posible para que el rival vuelva a emparejar el marcador. Hubo también reminiscencias del primer semestre en varios pasajes del segundo tiempo cuando daba la sensación de que se podía jugar toda la tarde y el Rojo no iba a encontrar la forma de hacerle daño a un rival que se metía cada vez más atrás. La pelota pasaba más por Aguilera, Cuesta y Toledo que por Pisano y Méndez, y el empate parecía inevitable.

La salida de Valencia le permitió a Benítez jugar por adentro y fue ahí donde capturó el rebote del 2-1 y donde fabricó la gran jugada para el definitivo 3-1. El jugador clave fue Jesús Méndez que, cuando está bien, muestra un nivel superlativo. Participó mucho y muy bien en ofensiva habilitando varias veces a los delanteros que no supieron aprovechar ninguno de sus grandes pases filtrados a la espalda de los defensores. Pisano, un poco más intermitente, también aportó creatividad en ofensiva y fue gestor del segundo gol de Benítez.

Sin refuerzos y sin su capitán y mejor jugador, Pellegrino logró hacer pie en el debut. A Independiente se lo ve como un equipo sin confianza. Eso se transmite de adentro hacia fuera y viceversa. El hincha tampoco confía demasiado en lo que hay. Tenemos algunos jugadores que pueden dar más de lo que dieron pero el contexto se los devoró. Ojalá aparezcan esos triunfos que permitan que el equipo se suelte y se anime cada vez más. Y ojalá también aparezcan pronto esos refuerzos que ayuden a dar el salto de calidad en varios puestos vitales si pretendemos pelear arriba y volver a confiar.

Ilusión y realidad

Reconocer la realidad, aceptarla, asumirla y enfrentarla, es doloroso. Pero al mismo tiempo es aliviador. Nos saca peso de encima y nos permite trascender mejor los momentos que están muy lejos de parecerse a lo que deseamos. Los últimos partidos de Independiente me sirvieron para eso. La necesidad, las ganas, el deseo, me habían llevado a esperar algo muy bueno para este campeonato. La primera pretemporada de Almirón luego de su buena cosecha de puntos en su primer torneo y varios partidos de un nivel inesperado, alimentaban el sueño. La llegada de algunos apellidos que prometían y la consolidación de los que estaban, cerraban el círculo y solo era cuestión de que el goce, por fin, llegara.

No se hicieron esperar los goles de Albertengo. Tampoco las actuaciones del Torito Rodríguez que me hacían pensar hasta dónde debía retroceder para encontrar un volante central tan digno para esta camiseta como el uruguayo que venía de Godoy Cruz. La cosa parecía encaminarse y la ilusión y la realidad parecían encontrarse en la intersección de Alsina y Bochini.

Pero la ilusión se me escurrió entre los dedos y la realidad se mostró en carne viva, a flor de piel y con toda la crudeza posible. Las millonadas que se pagaron por los refuerzos no eran espejo de lo que estos mostraban donde se ven los pingos. Resulta que Toledo y Tagliafico no son los de Banfield. O tal vez jugar en Banfield no sea jugar en Independiente. Seguimos necesitando comprobar empíricamente que jugadores que son suplentes en Estudiantes y Rosario Central no pueden venir como refuerzos a este Club. En los últimos 15 años debe haber no menos de 30 ejemplos que me avalan.

La realidad también trajo malas noticias. Porque lo poco bueno que se incorpora se pierde por lesión y, lo que es peor, resulta literalmente irremplazable. El líder y capitán del equipo vuelve averiado física y mentalmente de su paso por la selección y es inevitable no sufrirlo. Mancuello siente la misma impotencia que sentimos nosotros en la tribuna, solo que él está a mil revoluciones por segundo adentro de la cancha. No lo justifico ni lo defiendo, solo trato de entenderlo.

Acá el realismo no es mágico como el de García Márquez. Acá el realismo es maléfico. Y entonces nos damos cuenta de que Toledo, aún sin ser el del Taladro, juega porque atrás de él está Breitenbruch. Y que el juvenil juega ante la lesión del exBanfield porque atrás de él está Zárate. Y así sucesivamente. Lo mismo para Pizzini y Benítez. Dos juveniles ya probados durante varios años, en diferentes situaciones y con diferentes técnicos. Jugadores siempre a punto de explotar y evolucionar. Siempre a punto. Que son titulares por deficiencias de otros y no por méritos propios. Están ahí porque quienes vinieron a ocupar sus lugares (Valencia y Graciani, por caso) demostraron mucho menos que ellos.

En este Independiente la realidad nos golpea en la cara cuando no hay un solo jugador en el banco de suplentes capaz de cambiar algo cuando de adentro se pide a gritos una modificación. Por eso sale Pizzini y entra Lucero y no cambia nada. O, lo que es peor, la semana pasada sale Benítez y entra Bellocq con la mala fortuna (ayudada por la falta de concepto y concentración) de convertir el gol en contra.

Todos los focos le apuntan a Almirón. Es lógico, es más fácil reducir todas las culpas a uno sola persona que bifurcarlas. Yo desde este lugar hace rato que, marcando los errores que pueda tener, sostengo el trabajo del técnico. Rescato y valoro su propuesta aun sabiendo que no tiene los mejores intérpretes para tocar la música que quiere tocar. Muchas veces me pregunto si no será ese el peor de los pecados de Almirón. Sus convicciones y sus ideas lo llevan a jugar con un equipo agresivo, con dos delanteros como volantes externos, dos volantes centrales con más juego que marca, presionando en campo rival, priorizando el juego por abajo y siendo protagonista en cualquier cancha. No se puede ir contra las convicciones. Ni en el fútbol ni en la vida. En ese punto también tiene mis respetos.

¿Juega mal el Independiente de Almirón? ¿O el problema es que no gana? Si jugando como jugó en promedio la mayoría de los partidos tuviera 10 puntos más (muchos de esos los merece), ¿se hablaría tanto de Almirón? ¿Se pediría exageradamente su cabeza semana a semana? Todos los gustos son respetables. El error creo que es evaluar absolutamente todo por los resultados. Para bien o para mal. Hay que hacer una análisis más global de la situación. Más real. La realidad nos obliga a poner el foco en los jugadores con los que cuenta. Los que juegan, los que jugaron y los que jugarán. Alguno dirá que a los que llegaron “los pidió Almirón”. Algunos me consta que sí, otros sabemos que no es así. Con algunos acertó de muy buena manera (Cuesta y Torito, son dos apuestas de él) y con otros erró.

En estos dos últimos partidos se ve muy claro como los que deciden la suerte de un equipo son los jugadores. La propuesta de Independiente hace que los que juegan cuenten con no menos de 10 situaciones por partido que, por su falta de inteligencia y jerarquía para definir, nos terminan costando puntos. Jugadores que no solo no saben ganar partidos sino que además son expertos en perderlos. En la mayoría, se empezó ganando. Ese dato, que parece decir poco, en realidad nos está diciendo mucho. Un cambio de entrenador no va a solucionar los problemas de fondo. Va a generar la ilusión que siempre supone un nuevo técnico en jugadores e hinchas, pero lo importante seguirá estando ahí. Y así nos fue en el último tiempo cambiando entrenadores sin solucionar los problemas reales.

La ilusión de volver a tener un Independiente protagonista y ganador se nos va a escurrir entre los dedos mientras la realidad sea la de seguir trayendo jugadores de relleno que sean incorporaciones y no refuerzos. Y que los juveniles que debuten en Primera lo hagan justamente por las malas decisiones de los mercados de pases. En la mayoría de los partidos del mundo, sobre todo en equipos grandes, ganan los que tienen la perfecta combinación de jerarquía y personalidad. Hace rato que no tenemos un equipo conformado con ambas cosas.

Se necesita volver a incorporar jugadores que su techo no sea Independiente como lo es hoy para la mayoría de este plantel. Se necesita jugadores que tengan más para dar. Se necesita un trabajo profundo en inferiores para que los que lleguen a Primera lo hagan por mérito y capacidad, no para cubrir el lugar que dejó vacío una mala incorporación. Pero claro, ese trabajo no da resultados a corto plazo y la realidad es urgente. Y, como bien decía Mafalda, lo urgente no deja tiempo para lo importante.

El día de la marmota

De un tiempo a esta parte, con Independiente, me siento como Bill Murray en “El día de la marmota”. Aquella gran película de Harold Ramis en donde un meteorólogo misteriosa e inexplicablemente debía vivir todos los días el mismo día, una y otra vez.

Es que este empate ante Banfield se parece tanto a otros empates (e incluso derrotas) que ya me parece estar viendo el mismo partido una y otra vez. No puedo siquiera permitirme disfrutar de los buenos momentos de fútbol del equipo, de las situaciones de gol que genera y hasta de la buena factura de los goles que convierte porque, lamentablemente, ya conozco el final. Siempre llegará alguna jugada (preferentemente de pelota parada) en donde uno o varios de los nuestros perderán la marca, llegarán tarde al cierre y el gol del rival de turno será inevitable. Tan inevitable como pretender que, por alguna razón, Independiente pueda reponerse a ese golpe y cambiar el rumbo de la historia. Pero no. Acá si hay algo que no abunda, son los finales felices.

Así estamos hoy. Repitiéndonos como ayer y como lo haremos mañana también. Otra vez viviremos una semana en donde el entrenador deberá afrontar las mismas preguntas sobre su futuro en caso de no conseguir una victoria el próximo domingo. Si, aquellas que ya recibió la semana pasada, y la otra, y la otra también.

Almirón, a mi gusto al menos, puso en cancha lo mejor que tiene disponible hoy. Armó el equipo que en nombres armaría la mayoría de los hinchas. Los jugadores se comprometieron a respaldarlo adentro de la cancha y jugaron un primer tiempo en gran nivel aunque cometiendo el peor de los pecados que se puede cometer en el fútbol: no convertir las situaciones de gol que se generan. Independiente, una vez más, debió haberse ido al descanso ganando por tres goles y solo logró concretar una sola de las innumerables chances que tuvo para cerrar el primer tiempo con una ventaja mayor. Después, la historia de siempre: el viejo axioma del fútbol sobre los goles que se erran en un arco y se sufren en el propio, el golpe del empate y a no levantarse nunca más.

Con este Independiente, y con tan solo una jugada que sirve como ejemplo, pasamos de ilusionarnos a darnos la cabeza de frente contra la realidad. Allí radica esa sensación de que estamos para más y de que tenemos menos de lo que deberíamos tener. Porque cuando se gesta el ataque empieza la ilusión. Y ahí inflamos el pecho ante la secuencia de toques y volumen de juego, y sacamos cuentas para ver a cuanto estamos de los punteros. Pero llega la hora de la resolución y aparece el realismo en su expresión más cruda. Jugadores tomando malas decisiones en el último pase, definiendo deficientemente o pecando de egoístas en lugar de priorizar al compañero mejor ubicado y ahí la explicación de porqué estamos como y donde estamos.

Tal vez sea mejor que ni siquiera nos ilusionen. Que en ningún momento nos hubieran dado ninguna muestra para creer que estos jugadores pueden jugar el fútbol de alto nivel que jugaron en varios partidos o al menos en pasajes de varios encuentros. Darnos cuenta de que los millones que se gastaron en el mercado de pases no son sinónimo de calidad. Porque la explicación de que Benitez y Pizzini sean parte del “mejor equipo posible hoy” la podemos encontrar en que la mayoría de los refuerzos que llegaron este año fueron solo relleno. Cantidad y no calidad. A Independiente llegaron jugadores como Valencia y Graciani siendo suplentes en Rosario Central y Estudiantes de La Plata. Esas situaciones también me hacen pensar que estoy viviendo una y otra vez el mismo día. Una y otra vez cometiendo los mismos errores y, lo que es peor, sin aprender jamás.

Lamentablemente el ciclo Almirón (que todavía no cumplió un año de trabajo) pende de un hilo porque debe afrontar dos partidos decisivos con un plantel que ya dio sobradas muestras de no estar capacitado para responder en semejantes situaciones. Los jugadores quieren respaldar al técnico, no tengo dudas. El problema es que chocan contra sus propias limitaciones mentales y futbolísticas. Repitiendo los mismos errores una y otra vez. Y es ahí, donde perdemos todos. Aún sin merecerlo.

Desdibujado y sin carácter

Independiente no solo no avanza sino que ahora, además, retrocede. Desde aquella noche mágica contra Arsenal (¿habrá sido real?) el equipo no hace otra cosa más que involucionar en todos los aspectos posibles. Porque hasta anoche por lo menos podíamos rescatar algunos minutos de buen juego, con la propuesta intacta, al menos hasta que nos dieran ese golpe directo a la mandíbula de cristal. Es decir, había algo para rescatar.

Ayer se tocó fondo. No hubo ni raptos de la idea que se pregona. No hubo salidas claras desde el fondo, mucho menos circuitos de juegos, asociaciones, pases pacientes hasta encontrar por donde lastimar al rival. Se vio un Independiente absolutamente desdibujado. Y, como si esto fuera poco, con una tibieza y una falta de carácter generalizada lisa y llanamente imperdonable.

Porque en el fútbol uno puede tener partidos en donde el pase no salga, te adivinen la gambeta, intentes algo y no lo logres. Son personas, no máquinas. Hasta los mejores jugadores de este deporte tienen malos partidos, ¿por qué no habrían de tenerlos jugadores que están a años luz de serlo? Pero hay algo que debería ser innegociable y evidentemente este equipo no lo tiene: la actitud.

Anoche volvieron a demostrar que este plantel carece de lo más importante a la hora de competir. De la materia prima necesaria para afrontar cualquier desafío. Aquello que no se aprende, no se entrena, sino que viene (o debería venir) innato.

No hay manera de que el hincha -más allá de cualquier resultado de turno- se vaya feliz o tranquilo a la casa después de ver 90 minutos de un grupo de jugadores vistiendo su camiseta sin personalidad, sin guapeza, sin presencia. Casi al punto de hacerle pensar que todo, absolutamente todo, les da lo mismo. La bronca de la gente no es solo por el empate. Al hincha le importan las formas. Quiere ganar siempre, sí. Pero también va a reconocer cuando se deje todo para ganar aunque no se logren los tres puntos. Claramente ayer lejos estuvieron de ser reconocidos por eso.

¿Necesitaron que Argentinos Juniors se quedara con un jugador menos para entender que Independiente tenía que llevárselo por delante como sea? Por supuesto que si era jugando mejor y recuperando algo de la idea de juego que se pretende, mucho mejor. Pero si de esa manera no se podía, entonces alguna noche tienen que aprender a ganar los partidos de otra forma. Algo que hubieran logrado, sin ningún lugar a dudas, si la presión y el empuje que pusieron en el tramo final las hubieran puesto desde el pitazo inicial.

Al Libertadores de América viene cualquiera a copar la parada, a manejar los partidos, a hacer tiempo. Todo esto bajo la atenta mirada de los jugadores locales. No hay uno solo capaz de estar encima del árbitro, hablando, exigiendo, presionando. Nada. Con esa misma actitud juegan. Son detalles, sí. Pero son esas pequeñas cosas que explican las grandes cuestiones.

Almirón tiene su cuota de responsabilidad en este presente también. Está cada vez más terco con la idea de juntar a Papa y Tagliafico habiendo tenido sobradas muestras de que eso no funciona. Cuando se da cuenta y cambia, ya es tarde para todo. No entendí el ingreso de Graciani tras la lesión de Riaño. En realidad, a decir verdad, no entiendo que hace Graciani en Independiente pero eso dice muchas cosas de nuestro presente.

No comparto la salida de Pisano, que estaba jugando tan mal como lo viene haciendo de un tiempo a esta parte, pero aún con malas decisiones, lagunas y displicencias, sigue siendo el único capaz de inventar una jugada o un pase gol. Y eso también dice muchas cosas de nuestro presente.

En tal caso si Almirón quiere mandarle un mensaje al ex Chacarita debe sentarlo en el banco de suplentes y no sacarlo cuando el equipo necesita ganarle de local a un Argentinos que juega con diez.

Me preocupa ver a un Independiente sin alma. Todo lo demás se practica, se entrena, se aprende y en algún momento va a volver a aparecer. Hoy está desdibujado en su idea madre pero, lo que es peor, sin carácter ni personalidad que lo ayuden a reencontrarse con su mejor versión.

Mandíbula de cristal

Lamentablemente este equipo suele tener la capacidad de repetir mucho más los defectos que las virtudes. Porque no será la primera vez que me toque volcar en estas líneas palabras como irregularidad, falta de carácter, tendencia a perdonar a los rivales en su arco y hacerle obsequios en el propio y tener una nula capacidad de reacción ante la adversidad. Este equipo sufre el síndrome de la mandíbula de cristal. Un solo golpe basta para quebrar a este Independiente. Tibio de personalidad, carente de rebeldía y capacidad para poner lo que hay que poner cuando la mano viene mal barajada. Es el mal jugador de truco que solo juega con cartas. Cuando no liga, se le nota que no tiene nada y seguramente el rival lo supere sin necesidad de tener demasiado tampoco.

Anoche hubo una muy buena producción en los primeros 30 minutos con mucho toque en velocidad, juego asociado y generando situaciones claras de gol que, una vez más, no se concretan. San Lorenzo inquietó muy poco pero pegó donde parece que más le gusta a este equipo: los últimos instantes del primer tiempo. La cantidad de puntos que se regalaron en esos minutos a lo largo del torneo es para el diván. Y pareciera que a los rivales les alcanza y les sobra con un solo golpe a esa mandíbula de cristal para que Independiente bese la lona y tire la toalla.

En el segundo tiempo volvimos a ver a un equipo carente de ideas y sobre todo de personalidad para remontar una situación adversa. No hay soluciones adentro de la cancha y mucho menos en el banco. En parte por los nombres propios que ingresan, pero también porque Almirón elige mal a quienes deben abandonar la cancha. El ingreso de Pizzini de ayer debió haber sido por Méndez y no por Pisano. Incluso creo que el primer cambio debió haber sido Martín Benítez pero seguramente eso ya sea una cuestión de gustos. El Misionero, en los pocos minutos que le tocó jugar, demostró ser uno de los pocos jugadores de este plantel capaz de gambetear para adelante, sacarse rivales de encima y patear al arco. Algo no muy común últimamente.

Estos jugadores deberán cambiar rápido la mentalidad. Se necesita con suma urgencia tener cabeza fuerte y templada. Se podrá perder y empatar pero jamás con la actitud que juega este equipo en situaciones adversas. Tagliafico y Toledo están en deuda en las dos áreas. No atacan, no lastiman en ofensiva y dejan bastante que desear en defensa. Méndez pareciera que jugó todo lo bien que podía jugar a lo largo del año en el partido contra Arsenal. De ahí para acá fue un espectador de lujo en cada encuentro. Pisano no puede entregar solo un pase gol por partido y que ese sea su mayor y único mérito. Debe y tiene mucho más para dar. Y se necesita mucho más compromiso general por la causa. Más entrega, más sacrificio, más corazón para imponer respeto. Menos bondad en el área rival para no necesitar 10 situaciones de gol para ponernos en ventaja. Ser menos verdes para pasar a ser un poco más rojos.

Por supuesto que lo más doloroso de la noche de cara al futuro es la pérdida irreparable de Toro Rodríguez. Paradójicamente, el jugador que quedaría excluido de todos mis reclamos y pedidos anteriores. Así de afortunados estamos. El aporte que le brindaba el uruguayo a este equipo no se lo podrá dar ningún otro jugador del plantel. Fuerza Toro. Recuperate pronto. No sabes cuánto te necesitamos.

Somos nuestro peor rival

¿Cómo se explica que Independiente haya arrancado ganando 7 de los 8 partidos del campeonato, pero que de esos 7 tan solo logró ganar 3? Lo más difícil en el futbol de hoy es sacar ventaja. Y eso, en la mayoría, se logró o muy rápido o producto de ser muy superior a los rivales y generar varias situaciones claras de gol. Y hay más: casi todos esos goles que sirven para abrir el marcador son producto de excelentes jugadas colectivas. Pero todo lo bueno que se construye con paciencia y esfuerzo, se cae como un castillo de naipes y casi siempre por errores no forzados nuestros que por méritos de los rivales. Jugamos contra nosotros mismos. Somos nuestro peor rival.

El equipo no se cansa de regalar contras, córners, penales y, como si fuera poco, la defensa tiene graves errores individuales (con Aguilera y Tagliafico a la cabeza) que facilitan aún más el trabajo del rival de turno. No hace falta hacer mucho para marcarle un gol a Independiente. Ahí radica la fragilidad de este equipo. Que además después no tiene la fortaleza y la personalidad para reponerse de esos golpes y, con rebeldía, lograr sacar adelante los partidos.

Las fotos se repiten y muchas veces nos parece estar viendo una y otra vez partidos que ya vimos. Seguimos sin poder encontrarle la vuelta a los rivales que vienen a meterse atrás, cortar con faltas sistemáticamente y hacer tiempo desde el primer minuto (amparados por el árbitro de turno) y a aprovechar los regalos en defensa que hacemos en cada partido. Y para colmo, este equipo no sabe ganar cuando las cosas se presentan de esta manera. En el segundo tiempo, cuando todo se volvía cada vez más complicado, es cuando hay que ganarlo “a lo guapo”. Y los jugadores sólo volvieron a mostrar su costado híbrido, apático y hasta por momentos displicente. Excluyo de este comentario al Toro Rodriguez. A mi gusto el mejor jugador de Independiente en lo que va del torneo. El único que entiende cómo hay que jugar cuando se viste esta camiseta. Emociona verlo correr de un lado a otro los 90 minutos, sin bajar los brazos y siempre intentando.

Nos costó mucho generar situaciones de gol. Otra vez se vio un equipo que avanza pero no ataca. Aun así merecía irse ganando el primer tiempo por más de un gol. Regaló inexplicablemente el empate. No defiende con uñas y dientes lo que le cuesta mucho conseguir, y el golpe de Coronel termina siendo de knockout teniendo todo un tiempo por delante para llevarse puesto a un rival muy pobre como Gimnasia.

También hay una histeria generalizada en la gente, producto de la grieta que hay en Independiente desde que la figura de Almirón empezó a dividir aguas, que hace que por momentos se haga imposible jugar a la pelota en medio de ese clima.

Ya no importa el Rojo. Todo pasa por ser Almironista o Anti Almirón. Incluso he visto gente deseando un gol del rival en la última jugada. Es triste pero es real. No van a la cancha a ver a Independiente, van a confirmar qué lado de la grieta tiene razón. Y pasa algo extraño: en las buenas producciones pareciera que el entrenador no tiene nada que ver. Ahora, cuando el equipo no gana, todo recae sobre la figura del técnico.

No recuerdo otra época en donde se hablara tanto de un técnico y su figura esté constantemente sobre el tapete como pasa hoy. Me gustaría que se hablara un poco más de los jugadores, sobre todo de sus errores y altibajos que explican esta irregularidad que exaspera.

Aguilera juega un partido bárbaro contra Quilmes y después intenta (y logra) jugar un poco peor cada semana. Méndez es la figura del partido contra Arsenal y los últimos dos, brilló por su ausencia. Pisano, que el año pasado, ponía mala cara cuando no jugaba o era reemplazado, aparece solo en cuentagotas. Solo por nombrar algunos casos. Acá hay responsabilidad de los protagonistas. Porque, además, Almirón no tiene plantel como para meter mano y que salgan los que no rinden. En los cambios queda evidenciado que los que están afuera es porque tienen un nivel aún más bajo.

Sigo pensando que Almirón nos ilusionó a todos con poco. Nos dio muestras en varios partidos de un fútbol de alto vuelo. Y entonces la gente va a la cancha con la expectativa muy alta. ¿O acaso Independiente tiene el plantel de estrellas que tienen Boca y River por citar dos ejemplos? Incorporó bien y tiene más que el año pasado, sí. Pero no nos engañemos. Graciani y Valencia son las alternativas de este equipo. No nos olvidemos. Con esto no quiero sacarle responsabilidad a Almirón porque sería muy fácil todo para el. Insisto que para mí tiene más virtudes que defectos y que su Independiente tuvo los mejores rendimientos del último tiempo sin ninguna duda. También creo que un cambio de DT no sería beneficioso en absoluto. No soy Almironista ni anti Almirón. De hecho, ser una cosa o la otra me parece muy poco productivo. Sobre todo al lado de ser únicamente de Independiente.

Una buena señal

No hace falta aclarar lo importante que es Independiente en el fútbol Argentino, por ende no sorprende que sea uno de los Clubes que más jugadores aportó a nuestra Selección.

Tampoco llama la atención lamentablemente que esa relación, que tiene como highlights los goles de Bertoni y Burruchaga que sellaron los dos mundiales ganados, haya sido escasa en los últimos años, signo del cambio del mercado futbolístico, pero también de la decadencia que azotó a Independiente.

El gol de Mancuello además de generarnos una profunda alegría, es una buena señal de lo que debe ser una recuperación, no solo de la relación de Independiente con el Seleccionado, sino del Club en sí, ya que lo primero es una consecuencia de lo segundo.

Los últimos convocados por la Selección siendo jugadores de Independiente son Adrián Gabbarini, Matías Defederico y Julián Velázquez, por el Checho Batista en el 2011. Un año antes había sido citado Carlos Matheu, pero jugó solo dos minutos en un amistoso ante Costa Rica en enero del 2010 y se rompió los ligamentos.

Gabba fue el último en jugar, el 5 de junio de aquel año en un amistoso ante Polonia, el segundo en la gira preparatoria para la Copa América jugada en nuestro país. El primero había sido derrota por goleada ante Nigeria, también con el arquero de Independiente como titular. Unos meses antes (marzo) Defederico, que había llegado hacía poco al Club, era uno de los once que Batista puso para enfrentar en San Juan a Venezuela.

Para encontrar un gol de un jugador del Rojo vistiendo la celeste y blanca hay que remontarse a 1996, más precisamente al 9 de octubre, cuando el equipo de Pasarella goleó a Venezuela 5-2 como visitante por las eliminatorias para Francia 98. Aquel día José el Pepe Albornoz marcó el quinto de cabeza con la siete en la espalda. 

Hilando más fino y para que lo del Capitán de Independiente tome mayor dimensión, se convirtió en uno de los seis jugadores Rojos en debutar con un gol en Argentina. Los anteriores cinco son Seoane, Micheli, Yazalde, Rambert y Pagnanini.

Además Mancu se anotó en la lista de los jugadores que anotaron goles de tiro libre con la Albiceleste junto a Riquelme, Batistuta, Alonso, Verón y Gallardo. También otro Rojo, Jorge Burruchaga y dos zurdos que algo saben; Maradona y Messi…

Independiente tiene un Capitán de Selección. Y eso, sin dudas, es una buena señal.

¡Cruz Diablo!

Independiente hizo lo más difícil en un minuto: Ponerse en ventaja de visitante, en una cancha que ya es una cruz enorme, ante un rival flojo que venía de perder dos partidos consecutivos (uno de manera categórica en ese mismo escenario) y dejarlo rápidamente al borde del knockout. Pero lo que debió ser una solución y el primer ladrillo para edificar otra gran actuación, terminó siendo un problema. Y, como si fuera una broma del destino, por duplicado. Porque ocurrió una vez en cada tiempo.

Más allá del resultado mi gran preocupación pasa por haber visto un funcionamiento alejado de lo que se había mostrado en los dos últimos partidos. Porque en Santa Fe se empató también pero el rendimiento del equipo fue muy superior al de anoche. Los goles, lejos de potenciarnos nos apagaron y dejaron al desnudo todas nuestras debilidades: una defensa que sigue regalando espacios para que nos conviertan al menos una vez por partido, un medio con muchas dificultades para anticipar y rendimientos individuales muy por debajo a lo que se vio hace tan solo siete días. Méndez, el más claro de los ejemplos pero no el único.

Otra vez dijo presente el peor de los fantasmas y la cruz más grande de la era Almirón: la irregularidad. Aunque no merecimos llevarnos los tres puntos como contra Unión,algún día este Independiente tendrá que aprender a ganar esos partidos que no merece. No siempre se podrá tener una actuación descollante ni superar al rival. Pero para pelear cosas importantes y recibirse de equipo serio y respetable tendrá que apelar a otras cosas para lograr una victoria en partidos en donde no pueda mostrar su mejor cara y su clásica identidad. Esa que tanto disfrutamos y nos llena de orgullo de un tiempo a esta parte.

Lo pudo haber ganado en Santa Fe con la de Albertengo sobre el final y ayer también con la de Graciani. Esos son los puntos que hay que robar. Después hablaremos de merecimientos o no. Pero con los puntos en la bolsa. Los rivales no nos perdonan los regalos que ofrecemos atrás (que son muchos, demasiados). Es hora de aprovechar los que nos hacen a nosotros en el área de enfrente.

Flojo partido del equipo y de sus individualidades clave. ¿O será que una cosa lleva a la otra? Méndez demasiado ausente, Torito Rodríguez extrañamente errático pero sin dejar de aportar la entrega de siempre y encima sumándole el gol. Pisano muy tibio, teniendo todo para ser un jugador mucho más determinante y desequilibrante de lo que muestra y un Albertengo que estuvo desconectado como nunca. Porque más allá de sus goles había mostrado ser un delantero capaz de generar sus propios espacios y jugadas de gol. De espaldas y estático es presa fácil para cualquier defensa.

Se sintió la ausencia de Mancuello como cualquier equipo del mundo sentiría la falta de su mejor jugador, capitán y líder. Pero también se han perdido puntos con Mancu en la cancha. No debería ser excusa ni justificativo para explicar la actuación en Mendoza. Hay que lograr tener la menor cantidad de altibajos posibles. Individual y colectivamente. Y cuando inevitablemente aparezcan, tener la fortaleza para quedarnos con los tres puntos aun siendo superados por los rivales.

Se viene otra cruz, Diablo. Gimnasia en Avellaneda. A ganar para pasar unas felices pascuas y que la casa esté en orden. Recuperar rápido la memoria y tener un verdadero sábado de gloria.

Es el camino

Jesús iluminó el camino de arranque. Presión alta para recuperar la pelota en la salida de Arsenal y golazo del enorme Mancuello. Centro milimétrico a la cabeza de Riaño para ampliar la ventaja. Exquisito pase a Albertengo para el 3 a 0. Y al cuarto gol, descansó. Excelsa noche de futbol de Jesús Méndez. Abanderado y figura de una producción futbolística de Independiente que invita a creer.

En Santa Fe, y mal que le pese a más de uno, ya se habían visto señales que daban tranquilidad en cuanto a que el equipo jamás renunció a su idea de juego y que, de no ser por la mala puntería,debió haberse traído los tres puntos. Pero era necesario transformar esas señales en algo concreto. Y anoche se logró con creces. Independiente volvió a generar innumerables situaciones de gol, le sumó efectividad y además logró mantener el cero en su arco.Acá no existen los milagros. Acá hay trabajo, hay una búsqueda. Y con paciencia y convicción, todo llega.

Méndez, Toro Rodríguez y Mancuello debe ser la base sobre la cual edifiquemos nuestra iglesia de fútbol audaz, con carácter, personalidad, ambicioso y de paladar negro. El ex Rosario Central potencia aún más el enorme trabajo del uruguayo,que ya no está tan solo en la mitad de la cancha y Mancu puede soltarse más que antes todavía para aportar su ya clásica cuota goleadora.

Todavía hay algunos que siguen resistiendo al entrenador y sus decisiones. Siguen sin creer en el potencial de este equipo. Continúan las críticas despiadadas e injustificadas.Y ahí está Almirón, una vez más, poniendo la otra mejilla. Errar es humano y lo demostró en varias ocasiones, pero su Independiente -nuestro Independiente- después de mucho tiempo tiene bien claro a qué juega. Tiene una idea innegociable de fútbol asociado, de buen pie, dinámico y siempre ofensivo e intentando lastimar al rival. A veces sale, y otras no. Fútbol, señores. Ni más ni menos. Y se logró con un mandamiento fundamental: ser protagonista del partido. Incluso con todo esto y los números a su favor, Almirón sigue siendo uno de los técnicos más cuestionados de los últimos años. Hombres de poca fe, ¿por qué siguen dudando? Perdonémoslos, no saben lo que hacen.

Este es el camino, Rojo. Levántate y anda. El desafío es mantener el nivel superlativo de anoche durante la mayor cantidad de partidos a lo largo del campeonato. A veces se logrará y otras veces, las cosas simplemente no saldrán. Será difícil pero con estas ideas como estandarte, no imposible.
Yo elijo creer. Yo quiero creer. 

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