La pizarra: un gol de los que debería haber más

Nuevamente se volvió a sumar de a tres con un sufrimiento y esfuerzo, que en los papeles no parecían necesarios. Por momentos Independiente jugó bien, mientras que en otros sufrió los nervios, le costó tener la pelota y no pudo conservarla con pases hacia atrás que en vez de alivianar el juego, parecían puñaladas por las complicaciones en la tenencia.

De todas maneras, se vio una superioridad y una identidad que nada tiene en común con lo visto vs. Almirante Brown. El segundo gol, sin dudas, fue la jugada del partido. No sólo porque valió tres puntos sino porque se desarrolló de la manera que uno espera que juegue Independiente.

El corte fue de Razzotti en campo propio. Si bien no tuvo un gran partido, demuestra ser el hombre a jugar en esa posición. La apertura hacia la derecha fue de Zapata quien tuvo un buen segundo tiempo como “ayuda-base”. Pisano recibió recostado a la punta y estando de frente a la jugada en posición ofensiva tuvo cuatro opciones de pase. Algo que siempre se criticó fue la falta de gente en ataque y la poca creatividad para armar juego asociado, una de las cosas que no se esquematizan en el fútbol.

Allí Pisano recibió y armó una sociedad con Zapata y Montenegro. Con altibajos de diferentes modos, los tres son fundamentales en la creación del Rojo. Sobre todo Zapata, quien cuando no está impreciso se vuelve decisivo. Montenegro, superado el bajo rendimiento del comienzo, rinde cuando se respeta lo que le pide De Felippe: cerca de la pelota. Hoy con más espacios en la posición del cinco durante el primer tiempo y cercano a Menéndez en el complemento, volvió a ser el centro sobre el que giran los demás.

Ya adentro del área y a un toque, el Rolfi facilitó a Menéndez, y una definición poco ortodoxa significó su primer gol con la camiseta de Independiente. Jugadores que pisen el área rival, toques de primera y un nueve que mete las que tiene como sea. Esa imagen, esos 10 segundos sintetizan lo que uno espera del equipo.

La pizarra: defensivamente mal por individualidades

La buena noticia roja del sábado fue la cara saludable de mitad de cancha hacia adelante. Aún con los flojos rendimientos de Pisano y Parra, se generó más, hubo movimientos interesantes y la tenencia de pelota fue con algo más de criterio.

En cuanto a lo defensivo, es lógico que el primer comentario sea que hay mucho que mejorar. Si bien es cierto y la defensa estuvo endeble, hay que poner la lupa en diferentes situaciones para reconocer que el problema no fue a nivel colectivo, sino por errores personales.

En el partido ante Huracán, De Felippe ya mostró una búsqueda sobre cómo defender la pelota parada. Las jugadas más alejadas del arco de Rodríguez, la línea espera a la altura de la medialuna, mientras que en las más cercanas, lo hace un poco más adentro, pero sin dar el paso atrás a lo Turco Mohamed. Es decir, se marca personalmente y en línea, buscando que el rival quede en posición adelantada.

A los cuatro minutos del primer tiempo, llegó el gol de Talleres y aunque suene paradójico, la defensa actuó bien. Los cinco jugadores de Talleres que fueron a buscar el cabezazo estaban en offside, sin embargo, la pelota pasó de largo y Rodríguez la vio pasar calma junto a su palo. Aunque nadie duda de su capacidad y los puntos que le debemos, hay que reconocer que en esta oportunidad falló.

Si se permite un pequeño paréntesis, el gol estuvo bien convalidado. La regla actual indica que debe participar disputando el balón o tapando la visual “claramente” de alguno de los jugadores. La pelota pasó por encima de Klusener, quien no estaba a una distancia como para que el árbitro interpretara, que lo tapó “claramente” al Ruso. De todos modos, si hubiera cobrado offside, tampoco le podrían haber reclamado porque es una jugada de interpretación.

Dejando a un lado el reglamento y volviendo a la defensa, a los 43 Independiente volvió a sufrir de pelota parada. Otra vez a nivel colectivo respondió bien, pero Núñez dio el paso atrás y habilitó a todos. Tal vez por falta de entrenamiento o por el acto impulsivo, falló el uruguayo, aunque todos los demás se mantuvieron alineados respetando la consigna.

En general, Talleres no tuvo muchas más chances. En el segundo gol, todos tomaron bien las marcas del lateral, pero la falla fue de Zapata, quien perdió en el salto y la jugada finalizó con Sánchez Sotelo y los centrales saliendo del fondo. Cáceres y Morel no tuvieron responsabilidad, ya que hicieron el movimiento lógico de una jugada que estaba terminando, pero la pelota fortuita es incalculable.

Donde sí hubo grietas fue a nivel individual. Núñez, quien padeció el perfil cambiado, perdió varias pelotas, la más grave con tiempo cumplido cuando intentó un sombrerito. Morel también se excedió de confianza en algunas ocasiones, pero la mayoría de pelotas perdidas fueron de Martín Zapata, generando contraataques en velocidad difíciles de contener. Donde también estuvo mal parado (y ahí sí apunta a nivel colectivo) fue en la marca de los tiros libres a favor.

Razzotti se pareció un poco más al jugador que fue en Vélez y comienza a asentarse; Samuel Cáceres conoce sus limitaciones y cumple un rol restringido; Vallés tiene desatenciones y a veces está mal parado, pero al menos no se manda macanas como contra Banfield.
Si bien el nivel individual no lo entrena un técnico, hay que achicar el margen de error. Porque las pelotas perdidas que ayer generaron un contraataque, mañana pueden terminar en gol y desbalancear al sistema defensivo. Pieza por pieza, cada jugador deberá hacer un mea culpa. A nivel colectivo, insistir con la idea y fortalecer los puntos altos para evitar errores individuales. Independiente sigue y se aproxima en la búsqueda por encontrar el camino.

La pizarra: Mejoras en ofensiva

Más allá de los desacoples defensivos, el principal problema de Independiente durante los anteriores partidos radicó en la generación ofensiva. Un equipo previsible, sin variantes, sin jugadores en posición ofensiva ni sorpresa. Se remarcó en este mismo espacio después del partido con Brown de Adrogué, se pidió compañía para Montenegro y la inclusión de Pisano era evidente.

Si bien fue en pequeñas dosis, Independiente mostró ante Sarmiento una cara más agradable. Luego de dos triunfos apáticos (lo que no quita que sean importantísimos), todo parece comenzar a engranar. Los rivales, en su mayoría dispuestos a esperar con muchos jugadores en defensa, ejercitan constantemente a la creación del equipo.

Desde lo posicional no se vieron variantes con respecto al martes. De Felippe es consciente de que la evolución del equipo sucederá con el correr de los partidos y la adaptación de un sistema. De la noche a la mañana no todo sale a la perfección, sino que se está pasando por un momento de gestación, incorporación de conceptos y habitualidad de movimientos. Mientras tanto hay que ir sumando, e Independiente lo está haciendo. Sacando los primeros veinte minutos donde se pudo estar en desventaja hasta por dos goles, el Rojo se adueñó del partido.

Razzotti recuperó numerosas pelotas y comenzó a jugar como debe un número cinco: simple. Desde su primera salida se abrieron espacios. Martín Zapata continúa preocupantemente errático, pero es el jugador mixto que se necesita al lado del volante tapón. El entrenador no lo quiere como un corredor por la banda sino como un asistente en el medio para las transiciones y la doble función de marcar y crear. Si bien le sigue costando mucho al exBelgrano, hoy tuvo algunas apariciones interesantes.

Matías Pisano es el distinto. Comenzó ubicado a la derecha y arrancando desde atrás, aunque con el paso de los minutos tomó confianza, se soltó e hizo jugar a sus compañeros. Con su velocidad y cambio de ritmo obliga a Zapata a jugar a un pase, a Parra a picar antes, a Montenegro a mostrarse. Su capacidad de generación repercute en sus compañeros exigidos a seguir su nivel, como en el segundo gol, donde le marca implícitamente el pase a Zapata. Ya en el complemento invirtió los roles con Montenegro quien se sacrificó por la banda derecha.

El Rolfi sigue siendo un jugador importante. Capaz de dejar a Zapata mano a mano o de realizar un cambio de frente; no aprovechar sus cualidades es desperdiciar a un buen jugador. Montenegro va encontrando su mejor versión y es como actor de reparto en ofensiva.

Párrafo aparte para Facundo Parra, quien anotó dos goles de goleador y aunque le sigue costando mucho intervenir en el juego, tuvo algunas apariciones destacadas. Pudo hacerse de la pelota de frente al arco y de este modo evitó armar barullo, una constante en los partidos anteriores.

Para lo que es la B Nacional, Independiente tiene equipo como para aspirar al ascenso. Hay que insistir en esta idea para no pretender que De Felippe sea un mago. Las piezas vetustas y empolvadas comienzan a girar. Hay olor a equipo y lo que se ve en la cancha tiene mucha más lógica. Se empiezan a ver mejoras y aunque el camino es muy largo, algunos indicios aportan tranquilidad.

La pizarra: se remata el lateral derecho

No hace falta demasiado para darse cuenta de lo mal que jugó Vallés vs. Banfield. Es cierto que no se puede apuntar a un único jugador por el rendimiento general, pero el ex Godoy Cruz hizo todo como para que Independiente no ganara. Ante el pedido de renovación de Brindisi y la Subcomisión de Fútbol en julio, se quedó y se dejó ir a Contrera, quien al menos pertenecía al club.

El gol muestra un error técnico garrafal sin análisis posible, más allá de mencionar que no ocurre ni en picado de amigos cuarentones. Al margen, no logró reponerse del error y sufrió el partido constantemente.

Si bien Chávez abierto por la izquierda como un wing le podía llevar complicaciones –y las llevó-, Banfield jugó sin volante por esa banda. Con Tagliafico retenido y preocupado en Pisano, Vallés tenía espacio por la banda para aparecer. Su participación ofensiva podía ser un factor fundamental para romper líneas, característica que aparece poco en Independiente, sin embargo, estuvo muy lejos de eso.

Hay que reconocer que una de las jugadas más claras llegó por el sector derecho y fue la media vuelta de Mancuello. No obstante, el centro y la posición de lateral la ocupó eventualmente Samuel Cáceres.

En cuanto al movimiento defensivo, hay otras dos jugadas que muestran unas complicaciones gravísimas. En el gol mal anulado a Salcedo por offside, Bologna sacó desde el arco y el pelotazo de 60 metros fue para Chávez, quien peinó en soledad y dejó mano a mano al paraguayo. Vallés estaba mal ubicado y cuando el primer hombre del Taladro cabeceó, intentó una aproximación aunque a dos metros de incomodarlo. La repetición genera indignación.

Como si fuera poco, a los 43, Chávez lo superó en un mano a mano que si no era por el travesaño, significaba el 2-1. Como en el primer gol de Atlético Tucumán, Vallés mostró una preocupante endeblez para cerrar hacia el medio. Jugado todo su cuerpo hacia afuera, un mínimo movimiento lo deja atrás. Nuevamente error de principiante.

En la primera fecha, Monserrat demostró no estar a la altura. A partir de allí, Vallés volvió a tener su oportunidad como lateral derecho pero el nivel mostrado, pone a remate nuevamente la posición. Si el equipo se arma de atrás para adelante, ya se sabe cuál será la primera variante vs. Villa San Carlos.

La pizarra: Zapata, destacado en la noche inicial

Independiente necesitaba ganar y ganó. No tuvo un partido brillante aunque por los resultados de los últimos tiempos y la presión que tenían los jugadores desde que arrancó el torneo, el “cómo” no importa demasiado a la hora de este análisis.

Enfocar el partido desde el punto de vista de que se jugó con uno más durante 80 minutos y que se ganó con un gol de rebote, no corresponde con el contexto. La lectura ideal es que Independiente se sacó la presión ante un rival duro y mostró una cara más batalladora. Lo que sí sería para preocuparse es que si desde esta sexta fecha hasta la 16, no hay una evolución en el juego.

Entre las modificaciones que planteó De Felippe en una semana llena de secretos y expectativa, la posición de Zapata fue el gran acierto. Si bien en Unión y en Belgrano siempre resaltó por la velocidad y la efectividad al realizar la banda derecha, frente a Huracán se destacó como un doble cinco más adelantado.

En el 4-4-2 inicial, comenzó cercano a Alderete intentando dar una mano a las limitaciones del ex Rosario Central. Raspó, luchó y fue uno de los jugadores que más faltas recibió, entre ellas la expulsión de Arano. En el sector derecho comenzó Miranda, quien luego se soltó como un doble enlace, permitiendo de este modo, la liberación de Zapata. Tras el nuevo acomodamiento, estuvo participativo y rompió dos veces la última línea, una de ellas con un offside mal cobrado.

Su nivel se explica en que pudo hacer lo que mejor hace: recibir la jugada de frente con espacios para ser vertical. En los anteriores partidos sufrió el constante mano a mano con su marcador de turno. Ya en la semana pasada, en esta misma sección, se hablaba de la necesidad de un jugador que abasteciera a Montenegro para que el Rolfi dejara de ser enganche. Si bien apuntaba más a Pisano y el ex Belgrano dista en ser un N° 10, fue él quien más generó en ataque. Esta versión se parece mucho más al jugador que supo rendir en el once de Zielinski.

Independiente está aceitando los movimientos: que pasen los laterales, que se cierren los volantes, que hagan paredes, diagonales, etc. Está buscando romper con la monotonía de los ataques y tener argumentos para desgastar las defensas rivales. En este momento de cambio y de proceso, Zapata se destacó. Queda muchísimo por mejorar, aunque ya quedó claro que no es imposible ganar. El primer paso está hecho.

La pizarra: el jugador es Montenegro

La generación de juego es sin dudas el principal problema de Independiente. La poca preparación de los partidos con Brindisi y esa sensación de que los jugadores se desparramaban en la cancha de cualquier modo, no pudo cambiar con tres días de De Felippe. En cuanto a nombres, esquema, actitud y desorganización, Independiente contra su homónimo mendocino se pareció demasiado al de las primeras fechas. En la lógica vuelta de página que se aproxima, Daniel Montenegro aparece como uno de los jugadores a mejorar.

Hay que ir por partes. Gustos al margen, el Rolfi es uno de los mejores de la categoría. Es decir, uno de los mejores jugadores, lo tiene Independiente. Desde esa premisa básica, hay que entender que Montenegro debe jugar bien. ¿Ese “deber” es únicamente propio? NO. También depende del contexto.

Volvió al Rojo a dar la cara en el peor momento, se quedó a pesar del descenso y hasta se bajó el sueldo en la renovación. Hay que dejar a un lado el pasado sus tantísimos pasos en falso y actitudes negativas, para entender que hoy a Montenegro hay que aprovecharlo. Aún estando muy lejos de ser el del 2002, sigue siendo “el distinto”.

La mejor versión se vio en el primer tiempo contra Aldosivi. Ahí jugó por detrás de Parra y Menéndez con prominencia por la banda izquierda y cercano a Mancuello, quien fue prácticamente un enganche. Montenegro acompañó muy bien al zurdo, estuvo comprometido con el mediocampo y tuvo participación en los últimos metros. El resto de la historia es conocido.

Su última versión fue muy lejos del arco, desconectado de los delanteros, haciendo pases de 2 metros a Vallés y poco más. Se le exige un extra y la gente se enoja con él; lo que es entendible pero por el bien de Independiente no debería suceder.

Montenegro está incómodo. Zapata no es el mismo que en Belgrano: no pasa nunca por la banda, se cierra, entorpece el juego y no sorprende. Mancuello tuvo algunos momentos buenos aunque sufre de su eterna inconsistencia. Y para colmo Independiente juega sin laterales capaces de resolver una jugada con comodidad. En ese panorama, todo recae en el 10, quien no sólo no tiene acompañantes, sino que ni siquiera se mueve por un sector donde pueda desequilibrar por sí mismo.

La entrada de Pisano es inminente porque la necesidad del Rolfi por tener alguien con quien hablar el mismo idioma se nota a la legua. Con su ingreso, la creación pasaría a los pies de dos y en su rotación podrían pagar las carencias que tienen para ser enganches naturales. Por otra parte, si ya es complicado alimentar a Menéndez, peor aún es limitarle los movimientos al exLanús compartiendo el área con otro. Sobra gente en el área y falta en tres cuartos.

Cuando la gente sienta que tener al Rolfi es más un regalo que blanco de críticas, probablemente será más veces figura que apuntado. La presión la sufre y lo demostró en su última pelota del partido pasado. Es cuestión de rodearlo, rearmar la parte ofensiva y los resultados no tardarán en llegar.

La pizarra: Sin jerarquía

Reinaldo Alderete y Franco Razzotti llegaron como refuerzos para el torneo de la B Nacional. Durante la pretemporada parecían número fijo para conformar el doble cinco. Sin embargo, por la suspensión de uno y el bajo rendimiento del otro, terminaron siendo competidores por un mismo puesto.

Razzotti hasta el sábado había jugado los tres partidos. El sábado ante Atlético Tucumán, Alderete reemplazó al ex Vélez, quien no tuvo un buen rendimiento. Pero el remedio fue peor que la enfermedad y pareció una analogía de los últimos diez años de Independiente: siempre se puede estar peor.

Comenzó ubicado en el centro hacia la derecha cercano a Mancuello y con Montenegro por izquierda. Un planteo con tan poca lógica que en 15 minutos ya perdía 1-0. A partir de ahí, se rearmó con los puestos habituales y el 4-3-1-2. Alderete tuvo el mediocampo entero a su encargo y lo sufrió con cada pase al ataque del local.

Martín Morel, el enganche rival, fue una de las figuras. Asistente del primer gol, en el segundo corrió veinte metros de frente para definir adentro del área ante la actitud pasiva de Alderete. Jamás miró a sus espaldas, a pesar de que estaba haciendo el relevo a la zona de Vallés. El mediocampo rojo fue un lugar de paso. El 5 estuvo flojo en la marca, lento para la recuperación y no fue salida clara, hecho que se demuestra con las constantes patriadas de Morel Rodríguez sumándose a la línea de volantes.

Al lado del diagnóstico de Independiente, puntualizar en un solo jugador puede parecer errado. Sin embargo, la falta de jerarquía que ya se nota en la fecha 4, es la misma que llevó al Rojo al lugar a donde está.

La pizarra: análisis táctico de Independiente vs. Brown

En el peor escenario posible, ni siquiera se imaginaba semejante partido. Lo de Independiente fue más que un papelón. Una vergüenza. Como el torneo de los cinco goles de Estudiantes y de Banfield, hay que remitirse bastante lejos (y eso que se viene de mala época) para encontrar partidos tan malos. Resulta increíble que quienes salieron a jugar contra Brown de Adrogué hayan entrenado un mes juntos. Sin una idea, sólo improvisación, le faltó el sacerdote para ser el equipo del barrio de Metegol. A continuación, tres puntos del déficit de este equipo.

LAS SALIDAS

Durante todo el partido, cada vez que Independiente quiso salir jugando, se sintió incómodo por Brown. En el primer tiempo, Monserrat se lo encontró atado a su posición, mientras que Villalba abusó del pase largo a Trejo y de las pelotas para que Penco se pelee con todos. Razzotti, por su parte, también tuvo un flojo nivel y a la hora de la salida rápida mostró cierta tibieza. La primera pelota, donde se deben mostrar los volantes interiores, abrirse los centrales para dejarle el espacio al volante tapón y los laterales pasar el juego a posición ofensiva, fue un karma. Muestra de lo mal que salía, terminó Montenegro haciendo de Razzotti, y con esto se perdió un jugador para recibir arriba. La presión de Brown de Adrogué fue en tres cuartos y complicó a un equipo incapaz de hacer tres pases seguidos de primera. En el segundo tiempo y con línea de tres, las salidas no fueron claras porque el equipo estaba desordenado, pero en general, costó menos poner la pelota en circulación.

LA CREACIÓN

Si bien Brown cedió el protagonismo como era de esperar y como lo harán la mayoría de los equipos del Nacional B, las ocasiones de gol de Independiente hay que contarlas con los dedos de una mano. Realmente pobrísimo. Zapata no superó su condición de corredor, Trejo vive enredándose en su desorden, Penco y Menéndez, desabastecidos lucharon con pena y sin gloria; Montenegro fue el que más intentó pero tampoco lo hizo bien. Cambio de ritmo, pases- gol, triangulaciones, pases en cortada, asociaciones; no hay nada en el fútbol que tenga tantos matices como la creación de juego, la búsqueda de romper la estructura defensiva rival. En esta primera fecha, a nivel colectivo no se vio prácticamente nada y ahí es donde surge la pregunta: ¿qué practican en los entrenamientos? Lo mejor se vio desde los pies de Pisano, atrevido, quien dos veces apiló jugadores de derecha a izquierda buscando el pase.

EL RETROCESO

Cuando Brown de Adrogué necesitaba aire, le alcanzaba con un pelotazo a la nada. Dos veces seguidas en el segundo tiempo, Razzotti dejó picar la pelota de saques del arquero. Velázquez aportó lo suyo con cabezazos a cualquier lado y Villalba tanto en el primer tiempo (casi le cede un gol a Fabro) como en el segundo, sufrió los pelotazos a sus espaldas. Ni hablar de Monserrat en el primer gol. A nivel colectivo, Independiente dejó muchos espacios y jugaba con el desorden de un equipo desesperado. Si bien son riesgos que está bien tomar cuando el resultado no acompaña, lo que indigna es que esa “desesperación” no generaba situaciones de gol a favor y las terminaba sufriendo en el propio arco. Por suerte, los jugadores de Brown tuvieron piedad. La misma piedad que se acabó en los hinchas y exige un cambio rotundo de actitud y juego.

¿Qué hacemos después de enojarnos?

(COLUMNA DE OPINIÓN) Últimamente se ha instalado que los responsables de la situación de Independiente “somos los socios”. Y que por una cuestión de autocrítica, o falsa modestia, debemos involucrarnos en la culpabilidad de lo que ocurre desde el campo de juego. Si bien los jugadores son los que definen, los que no están preparados en lo físico ni en lo anímico, -entre otros factores- desde afuera también colaboramos con la locura.

Desde el punto de vista lógico, Cantero hizo casi todo bien en lo futbolístico. Contrató a jugadores experimentados que teóricamente estaban preparados; a Leguizamón, el jugador que querían todos; le renovó a Farías, que tiene centenares de goles en Primera; y trajo a Gallego, el salvador. Sin embargo, saliendo de lo teórico y yendo a lo práctico, la gestión futbolística de Cantero es pésima. No sólo porque no pudo revertir lo hecho por Comparada y sus secuaces, sino porque Independiente lleva siete triunfos en un año, por nombrar un ejemplo claro de la debacle. Si sus decisiones fueran un casino, Cantero jugó fuerte y perdió todo. Ahora, con las últimas fichas le puso un pleno a Brindisi para evitar la bancarrota y acertar por primera vez desde su asunción. Mientras tanto, y como por las dudas, algunos desmemoriados piden su renuncia.

La problemática pasa por la falta de visión a largo plazo. Del presidente y del hincha. En primer lugar, el presidente, por lo dicho anteriormente y por encontrarse totalmente desnudo y no saber a qué apuntar. Un hombre como Falcioni que hace un año y medio “no iba con su identidad” pasó a ser el plan A. En segundo lugar, parte de los hinchas por el “váyanse todos” como grito de guerra sin fundamento. Desesperados por ver que la pelota no entraba pidieron la renuncia de Gallego. Acá tienen, cráneos. Hoy, estamos en la incertidumbre más grande de la historia. La campaña de Gallego fue mala: 24 puntos en 24 partidos jugados. Pero, ¿a dónde vamos ahora? ¿Brindisi es mejor que el Tolo? ¿Cómo repercute en el plantel? ¿Nos salvamos del descenso sólo por cambiar de cara en el banco? NO. Al contrario, el barco tiene un capitán que recién se sube.

En una semana, o en dos, o en tres van a ir directamente por la de Cantero. ¿Y si renuncia qué vamos a hacer? ¿Vamos a llamar a Nakis? ¿A Comparada? ¿O vamos a pedir un torneo de 40 equipos? No hay un plan, no hay una idea, nos enojamos y pedimos cambios como si todo fuera por arte de magia. Independiente está por descender y pedimos volantazos milagrosos. No tenemos perdón de Dios. Nos sumamos a la acefalía con nerviosismo y colaborando para generar aún más nervios. Si Brindisi evita el descenso habrá que hacerle una estatua: por animarse a asumir y porque tiene todas las de perder.

Hay que pensar antes de armar un escándalo. ¿Qué vamos a hacer diez fechas antes de que termine el torneo si 25 energúmenos entran al vestuario y matan a golpes a nuestros jugadores? ¿Qué queremos? ¿Qué ganamos? Por suerte la policía lo evitó. ¿Cómo puede ser que periodistas digan que “los jugadores no dieron la cara al salir” cuando si lo hacían podían ser golpeados? ¿Acaso en qué pensamos? Terminamos imitando la visión cortoplacista del presidente, al que muchos se cansan de criticar. Creemos que romper todo hoy, nos va a dar treinta puntos extra mañana.

Está bien, a los responsables hay que apuntarlos. Es imposible no descargar la bronca ni sentir tristeza. Pero todo tiene un límite y no hay que olvidarse de la causa primera: mantener a Independiente en donde debe estar. Ferreyra, Farías, Caicedo, Leguizamón, Fredes tal vez no están a la altura, pero ¿qué quieren? ¿Echarlos? ¿Y después de echarlos qué hacemos?

Peor aún son los que usan al club como pantalla de sus propios intereses: los amiguismos, las campañas de prensa y festejos encubiertos para decir “vieronquéteníanrazón” priman en muchos y desvían el camino. Así pasaron las movidas por gente sin jerarquía, la autopostulación del Profe Córdoba, el ego de Trossero y Jesucristo Monzón, entre tantos chascos. ¿Acaso son mejores que Gallego? ¿Brindisi representa el deseo de la dirigencia o es “el menos peor”?

A esta altura, el empate con Unión pasó a ser un triunfo. Cada hecho que se desarrolló después fue caer un poco más bajo. Y la pelota ni rodó. Renuncia, nombres sin jerarquía, internas, negativas. No hay un plan, no hay variantes, apenas hay un entrenador recién llegado. En Independiente reina la desazón. El río empezó a correr fuerte y nos estamos yendo. Ya no podemos preguntarnos qué queremos hacer, sino que estamos en las manos de esa corriente que uno espera que se pueda corregir. Nosotros, los hinchas, que viajamos, llenamos canchas, hicimos banderazos, compramos bonos, apoyamos hasta donde pudimos, nos dimos cuenta que la salvación no pasa por nuestro esfuerzo. No somos los culpables ni los salvadores. Pero no alimentemos al monstruo. No le demos de comer al espanto. Y antes de enojarnos hoy, pensemos en cómo lo solucionaremos mañana.

La pizarra: Sin profundidad

Por su cancha chica y su manera de (no) jugar, Arsenal es un equipo que siempre le exige al rival proponer. Junta las dos líneas de cuatro y espera a ser atacado. Desgasta al rival de este modo y después apuesta a pelotazos a los delanteros y a la pelota parada. Es el amarretismo más grande que se puede ver en el fútbol argentino, pero así están dadas las condiciones y hay que aprender a enfrentarlo.

Independiente empezó muy bien los primeros veinte minutos de partido siendo dueño de la pelota y tocando de lado a lado. El gol estaba por llegar o por lo menos, parecía ser el camino ideal. Pero le faltaba profundidad. De ese comienzo de una posesión abrumadora, no hubo chances claras de gol. La aproximación territorial al arco de Campestrini no lo obligaba al arquero, que fue durante todo el partido un espectador de lujo.    

La verticalidad arranca por las bandas. Por más habilidoso y fundamental que pueda ser Montenegro o por más que tengas un nueve que no para de meterla (claramente no es el caso), si los mediocampistas por las puntas no participan, al juego de equipo le falta algo. Y Fredes y Ferreyra fueron de los puntos más bajos en el equipo. No generaron nada, no tuvieron triangulaciones, diagonales, piques al vacío. Sobre todo sorprende lo del “Malevo”, quien cerró un buen torneo pasado (dentro de la mediocridad) pero en este Final, no trasciende.

Viendo ese problema, el “Tolo” reubicó a Miranda como mediocampista derecho, sin embargo, tampoco se mejoró la profundidad porque “Lolo” no tenía con quién combinar. La jugada más clara de Independiente la originó Caicedo recostado a una punta y Mancuello picando con sorpresa. El final es conocido, pero el desarrollo de la jugada debería ser más repetido porque ese es el camino.

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