Imposible

“Imposible -sentenció el más grande boxeador y quizás deportista de todos los tiempos, Muhammad Ali- es solo una palabra que utilizan los débiles que encuentran más fácil vivir en el mundo que les han dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho, es una opinión. Imposible no es una declaración, es un desafío. Imposible es potencial. Imposible es temporal. Nada es imposible”. La biografía de su vida tiene perlitas como estas que son de colección.

Imposible es una palabra que el Independiente de Holan no conoce en absoluto. Para muchos, imposible era revertir el partido contra Flamengo, un equipo hecho y derecho, después de ese impacto durísimo a los ocho minutos. Sacarle la pelota a esos tipos, que se la cambian de un pie a otro y juegan al fulbito como nadie. Que tienen un laburo de pelota parada muy rico -el desmarque en el gol es todo trabajo-. Que cuenta con la sabiduría de Diego, la experiencia de Juan, la sensatez del profe Reinaldo Rueda. Eso era imposible. Pero a este Independiente siempre le gustaron los retos y guapeó una vez más. En una final, contra una de las instituciones más prodigiosas del mundo por su magnitud, contra la adversidad del resultado y, de nuevo, contra la animosidad de los árbitros. Ganó jugando como le gusta a su gente. Ganó con hombría.

A Reinaldo Rueda, técnico de los brasileños, le preguntaron por qué perdió su equipo y, entre otras cosas, destacó que “Independiente te exige constantemente”. Es la rudeza de Tagliafico y de Bustos, el esfuerzo del Torito Rodríguez y de Alan Franco, y la actitud de un once voluntarioso servido para jugar en conjunto lo que destaca a este plantel. La regla de la psicología Gestalt dice que el todo es más que la suma de las partes, y esa máxima se ve reflejada en su totalidad en los pibes de Holan. La sapiencia de Gigliotti -cuánto lo extrañamos en este nivel- no sería nada sin la rapidez mental de Maxi Meza, otro de los puntos altísimos. La inteligencia de Sánchez Miño quedaría opacada sin el atrevimiento de Barco. Todos dispuestos para un mismo fin. Independiente sabe a qué quiere jugar y lo hace convencido. Su premio es la victoria en una primera final y a 90 minutos de la gloria eterna.

Pero también hay que hablar de fútbol, porque Independiente ataca y lo hace muy bien. Los contragolpes son letales; las triangulaciones en espacios cortos están trabajadísimas; los avances siempre se dan en superioridad numérica; se asfixia al rival en los ataques y se disponen a los diez jugadores de campo en el cuadrado contrario. Porque no todo es actitud, sino también buen juego. El fanático del fútbol no puede no disfrutar viendo los desmarques de este equipo, las asociaciones entre Benítez, Meza y Barco, la picardía para romper líneas. El Rojo juega bien, juega lindo, divierte y su virtuosidad enamora hasta a hinchas rivales. Y eso también se lo debemos al Profesor. El fútbol, a veces, entiende de justicia. Y si esto pasa, debería consagrar a este equipo, por lejos el mejor de la Copa.

El primer paso está dado. De acá había que partir con una ventaja, cualquiera sea ella, porque allá va a ser durísimo. Flamengo jugó 42 partidos en el año como local y solo perdió tres -empató once, que también sirve-. Son una maquinita, comandados por un entrenador más que experimentado. Tienen buen pie, tienen a sus 45 millones de hinchas, tienen mucho trabajo en sus espaldas y las de ganar. Pero mejor. Porque ya lo demostraron estos pibes, unas bestias llenas de hambre de gloria, todo lo que les gustan los desafíos, los retos. Lo imposible. Y cualquiera sea el resultado, les estaré eternamente agradecido. Ahora será cuestión de luchar por lo imposible, porque lo posible se agotó.

Por @rffailache

Y así vivir

Antes que nada, les quiero pedir perdón. Como alguna vez supo deleitarnos el maestro Eduardo Sacheri con su cuento “Me van a tener que disculpar” -y lejos, muy lejos, de querer entablar cualquier tipo de comparación-, quiero empezar estas líneas anteponiendo un pedido de disculpas, que va dirigido a la parcialidad que no es hincha. A esta le hago llegar mi mensaje, porque es muy probable que la exima de muchas cosas si es que leen lo escrito a continuación. Es que parte de lo que quiero transmitir solamente se explica desde un colectivo de identificación que lo siente, que nació con esta maldita enfermedad, y si bien no tengo intenciones de excluir a nadie, es probable que en el camino se les queden varios conceptos por el simple hecho de no ser parte. Por eso ofrezco mis perdones. Porque solamente quien caminó descalzo sobre los carbones sabe lo que duelen estas ampollas. Y hoy, por fin hoy, tanto tramo de sufrimiento parece haber claudicado.

Después de tanto tiempo, salió el sol para nosotros. Los que estuvimos en las tribunas cuando todo salía mal, empujados por un amor que vaya a saber cuándo le juramos fidelidad pero que nunca traicionamos. Únicamente el hincha de Independiente conoce lo que es haber sido el hazmerreír del país en estos últimos años. Ser víctimas de la desdicha futbolera, de los desmanejos dirigenciales, del desorden y el caos mismo. Del proceso de desinstitucionalización sufrido. Y sin embargo ahí estábamos nosotros, contra viento y marea, frenando las balas con el pecho. Y hoy, por fin hoy, tanto tramo de sufrimiento parece haber claudicado. Hoy volvimos a ser.

Independiente sacó chapa. La parada era bravísima y mostró los dientes de nuevo. Libertad fue un rival muy duro, muy afilado y muy trabajado, que supo siempre a qué quería jugar y cómo debía hacerlo. Un equipo al cual le habían convertido solo dos goles en siete partidos, y también uno al que no había que dejarle una pelota parada porque de arriba te la iban a mandar a guardar. Con Libertad hubo que rendir al 100%, no perderse en un segundo de distracción, y el Rey de Copas estuvo a la altura. Lo ganó con el oficio de alguien experimentado en la materia internacional y, por sobre todo, jugando a la pelota. Atacando de manera excelsa cuando hubo que hacerlo -los dos goles de jugada son uno mejor que el otro- y defendiendo con rudeza cuando el partido lo pidió. Fue inteligente para plantarse y tuvo los ingredientes de siempre: convicción de su idea, actitud, entrega, sacrificio e intensidad.

Durante muchos tramos el dominio fue repartido, pero hay un momento clave en el que se termina de quebrar y a partir del cual Independiente se vistió de amo y señor: una vez consumado el cambio de Amorebieta por el Torito. Holan jugó al ajedrez una vez más. Leyó bien el partido y rearmó la mitad de la cancha y la defensa con la ventaja de la victoria. Vio que el rival se venía por la vía aérea como un tornado y metió al Vasco que entró atento, con el cuchilo entre los dientes, para afianzar a una línea que se hacía cada vez más endeble. Tagliafico, quien jugó un partidazo, pudo liberarse de cargas y agigantó su figura para volver a ser el león de siempre, capitán y emblema de todos los hinchas. Fue entonces cuando Independiente recuperó el protagonismo y cesó el sufrimiento ante los reiterados avances de los paraguayos. Al menos hasta ese tiro libre de Sasa, que vaya uno a saber qué vio el árbitro a la hora de cobrar.

Pese a este ingreso, el punto más alto de la noche no puede no ser para el Puma. Gigliotti tuvo, por fin, su partido consagratorio en donde fue el mismo que alguna vez mostró ser en los primeros encuentros, donde a base de sacrificio y luchas eternas ante los centrales se ganaba un lugar en el once titular. Tenerlo de nuevo en buenas condiciones físicas es una noticia auspiciosa, porque te permite demostrar lo eficiente que es este equipo a la hora de jugar con un nueve referente del área. Los dos goles que marcó son propios de un centrodelantero de oficio, y se sacó su propio pasaje a Río/Barranquilla. Y párrafo aparte para Meza, que con una viveza en el pase a Bustos en la del penal y un control orientado excelente para asistir en el segundo gol ocupa su lugar en el podio. Junto a Barco lo completan, con otro partidazo del pibito que cada día demuestra más personalidad.

Ariel Holan lo hizo de nuevo. No le alcanzó con potenciar a un plantel entero, sino que además lo llevó a la final de una copa con más aciertos que errores en sus planteos. A base de humildad y silbando bajito, el Profe se las rebuscó para armar un plantel de alta competencia pese al abandono dirigencial en el mercado de pases. Supo suplir la dura baja de Rigoni con sus propios jugadores y le sacó el jugo a varios de ellos convirtiéndolos en polifuncionales, les enseñó a jugar en diferentes lugares y los aprovechó al máximo. Sí, ese mismo al que se le reían de los drones. El mérito tiene nombre y apellido, Profesor.

Siete años tuvimos que esperar para tener otra vez una sonrisa en la cara. En el durante, solo vimos espejismos que al rato desaparecían. Pasamos por lo peor de lo peor, por el ocaso del abismo más hostil, y también circulamos por la senda de la desilusión más veces de las que hubiéramos deseado. Sobraron los momentos en que parecía que sí, que llegaba la hora de levantarse y que al fin volvíamos al ruedo, pero solo era humo. Y ahora no. Este logro es tangible. Es palpable. Es real. Estamos en una final, otra vez, con todo lo que eso significa para nosotros. Recuperamos esa sed de ser, la respetamos y dio sus frutos. Tal vez hubo que pasar por todo esto para llegar hasta acá. Hoy la espera parece haber valido la pena. Porque hoy sabemos que no hay alegría sin dolor. Y todavía falta lo mejor.

Por @rffailache

A la memoria

Estadio Mario Alberto Kempes. El domingo pasado tuve la oportunidad de estar en uno de los templos del fútbol argentino, la casa de Talleres. Me aplastó ver al gigante. Contemplé sus interminables tribunas, fui víctima de la calidez de los cordobeses, y, claro, también verdugo de la memoria. Las constantes reminiscencias del año 1978 en La Boutique de Barrio Jardín. El 1-1 en Avellaneda y el empate 2-2, con un Bochini lúdico que se puso al hombro un equipo al que le habían expulsado a tres jugadores. Imágenes que como flashes cruzaban mi cabeza, en lo que fue una de las hazañas más memorables de nuestra historia. De la historia argentina y de la historia Roja. Casi como un presagio de lo que vendría casi 40 años después. Casi como la que Independiente está a punto de afrontar en esta serie.

Nos encontramos, hoy, ante la más grande sensación de ansiedad que recuerde en los últimos años. Tan cerca y tan lejos de esa barrera que nos depara de una final o del ostracismo. Nos encontramos, hoy, tan ansiosos de que llegue el martes que incluso desmerecemos y nos mofamos del clásico del fin de semana, partido que desde el pitazo final de anoche se transformó en un trámite tedioso, de esos molestos que si se pudieran saltear lo haríamos sin culpa alguna. El pueblo de Independiente solo tiene un horizonte en vistas, y guarda una ilusión enorme porque su equipo la respalda en la cancha con hambre de victoria y con inconformismo en los resultados, aún en los triunfos. Siempre quiere más. Nunca está satisfecho.

Diez minutos fatídicos sentenciaron anoche la primera mitad de la serie. Un Libertad que, lejos de saberse inferior, juega a lo que sabe: defender muy bien y apostar a las patriadas de su enorme Tacuara -doy gracias a la vida que no puede estar el martes-. Los ojos ciegos bien abiertos hicieron que los paraguayos se encontraran con un gol que debió ser invalidado y después se replegaron en su fortaleza, que lejos de ser impenetrable resistió más de la cuenta gracias a las facilidades que Independiente otorgó con su ineficacia. Como siempre, pagamos los precios de no haber puesto la plata por un nueve que te cambie la ecuación. El equipo de Holan no negoció su idea y jugó a lo que bien sabe: atacar y generar demasiado, en el primer tiempo con Barco y Sánchez Miño como tándem por izquierda y con Meza sumándose en el segundo. Fue netamente dominador, pero careció de capacidad para hacer daño y se llevó el mejor de los peores resultados.

Así como tantas veces desplegó todo su arsenal táctico y revirtió situaciones adversas con sus estrategias, el Profe jugó anoche una maniobra arriesgada que le salió por la culata. Poner a Gastón Silva de último hombre solo brindó inseguridad en el fondo de Independiente. No entiendo, si es que su idea era jugar con tres en el fondo, por qué no designó a Franco para ese puesto. Si hay una ocasión para improvisar una defensa, esa no es una semifinal de copa. Además, uno de los dos cincos sobró en la cancha durante gran parte del partido, con el Torito y Domingo pisándose en las funciones, y el cambio del Burrito Martínez -que tampoco parecía el indicado a entrar- por uno de ellos llegó tarde (a los 77′). Tal vez Nery Domínguez hubiera sido una alternativa para filtrar pelotas, o Lucas Albertengo para sumar presiones en la ofensiva ante un equipo con 10 jugadores.

Otra vez, Sánchez Miño fue el baluarte de este equipo, la muestra más grande de resiliencia en el plantel. Un tipo que pasó de ser odiado a amado gracias a la evolución en su entrega y su calidad técnica. En la vuelta, tiene que ser una fija en lo que imagino será un esquema más que ofensivo después de lo mostrado anoche por los paraguayos: se sienten más cómodos en la cueva que mostrando las garras. Un partido que se jugará de un solo lado de la cancha. Cuando todo parece jodido es cuando hay que poner.

Será, entonces, por la épica y por la historia. Como lo hicieron con Atlético Tucumán meses atrás y como lo supo hacer el Bocha en el Kempes. Independiente ya recuperó algo muy valioso en este proceso: bebió del Santo Grial de su mística, y ahora solo le queda demostrar verdaderamente que el Rey de Copas sigue vigente. Que sigue vivo el que nació para partidos como estos, en los que los botines embarrados de las glorias pasadas se materializan en las de los once tipos designados a quedar en los libros y en cada relato de los padres y futuros abuelos. El martes, ante 50 mil almas en vilo, regálennos una de esas noches como las de Córdoba. De esas que se guardan fotográficamente en las retinas y para toda la vida.

Por @rffailache

Fútbol total

A Arrigo Sacchi, extécnico que marcó una época con el Milan a fines de los ’80 y con la Selección italiana en los ’90, le preguntaron, en su libro autobiográfico “Fútbol total”, qué significa para él el fútbol y cuál es su concepción de éste. El italiano fue famoso por retomar y perfeccionar los conceptos de la Holanda del ’74 y por generar un fútbol vistoso, aplaudido por todos. Lo que contestó fue lo siguiente:

¿Qué es el fútbol?
-Un espectáculo deportivo donde se debe divertir, convencer, vencer. Una victoria sin mérito no es una victoria.

¿Cómo se realiza?
-El club: que tenga un proyecto ambicioso, organizado, moderno y con objetivos claros. El cuerpo técnico: Una brillante idea de juego, capacidades educativas y didáticas, perfeccionismo y sensibilidad. El jugador: la persona, la motivación, la inteligencia, la conciencia de la colectividad, el temperamento, la velocidad, el talento y la técnica.

¿Cómo se trabaja?
-Sobre la didáctica colectiva de juego para adquirir una técnica individual a través del equipo y el juego. (…) Se parte del equipo y del juego para llegar al individuo; no al revés.
-No a un fútbol defensivo, individual y especializado.
-Formar un grupo que se transforma en un equipo a través del posicionamiento, la comunicación y la conexión.
-Una interacción técnico/táctica/psicológica.
-Todos deben participar y conocer las fases de ataque y de defensa, todos deben trabajar con y para el equipo, en todo el campo y todo el tiempo, once jugadores en posición activa con y sin pelota.

Objetivos:
-Mejorar al muchacho y al jugador.
-El fútbol colectivo.
-El fútbol total.
-Solo en el protagonismo se crece.
-Ser los dueños del campo y de la pelota.
-Ganar con respeto, perder con dignidad.

Es imposible, hasta por el más acérrimo crítico de esta etapa, no encontrar similitudes con el Independiente de Ariel Holan. Solo quien realmente vio todos los partidos de los últimos tres años y vivió la etapa de reconversión del equipo puede entender de lo que hablo. Siempre marqué, en estas columnas, del cambio de raíz que el Profe logró en el club y que tan necesario era, y muchos de ellos tienen que ver con la mirada que Sacchi le imprime a este hermoso deporte.

Hoy, incluso, algunos medios hablaron de “Holan-da”, un poco jugando con el título y otro comparando -e incluso subvirtiendo- a Independiente con La Naranja Mecánica. No sé si da para tanto, pero yo sí veo que varios jugadores de mi equipo son polifuncionales y se desempeñan en varias posiciones (Meza, Jonás, Miño, Taglia, Silva, Barco, Albertengo, Leandro, etc); que practica un fútbol ofensivo, siempre protagonista, potenciado por su juego colectivo; que a la hora de perder lo hace con dignidad; que trabaja varios aspectos psicológicos (con la enorme gestión del Profe Alejandro Kohan y el resto del CT) y que formó un grupo muy unido -de buenas fuentes-; y que tiene hambre y ambición.

La ilusión, tal vez, haga que se exacerben algunos sentimientos y que las virtudes que acá se marcan se enaltezcan por demás. Pero también es cierto que el hincha de Independiente hoy va a la cancha y pese a que desconoce cómo será el resultado final, sabe qué es a lo que asistirá. El Rojo va a ir al piso en todas, va a poner y va a intentar jugar como históricamente lo hizo. Eso se llama identidad. Se llama pertenencia y respeto a una idea. Es lo más valioso que nos dio Holan, el técnico que comprendió realmente adónde se metía y lo que debía hacer.

Del partido de ayer, poco se puede decir. Sólo había que jugarlo con seriedad y no sobrarlo, no descuidarse, y eso es lo que Independiente hizo. Fue netamente superior en los 180 minutos y el Profe pudo aprovechar este roce internacional para improvisar variantes tácticas, con Sánchez Miño por momentos de enganche, con Gastón Silva primero y Maxi Meza después jugando como laterales derechos, con Domingo Blanco como armador y como punta, etc. Y en medio de ese “entrenamiento profesional”, se llevó uno de los goles más lindos de este ciclo. El equipo está aceitado y sumando muchísima confianza.

Otra vez, esta institución vuelve a aparecer en las fases más importantes de un torneo continental, después de años de penar en los octavos o cuartos de final, de merodear por los abismos más oscuros de nuestra historia. Solo que ahora, a diferencia del 2010, se llegó a esta parte junto con los méritos de las victorias de las que Arrigo habla, jugando el fútbol que queremos ver y resucitando al Paladar Negro que tanto extrañábamos y hasta habíamos sepultado. Independiente recuperó el amor por las Noches de Copas, que volvieron para quedarse y que (el miércoles se) demostró que no son para cualquiera. La historia está poniendo, poco a poco, todo en su lugar de nuevo. Solo falta, para que esté todo acomodado, ganar esta Copa Sudamericana.

Por @rffailache

Oda a Tío Ernesto

Tío Ernesto vio a todos, pero siempre se quedaba con el mismo. Nos encontrábamos esporádicamente, en apenas algunas contadas pero extensas charlas familiares, hablando siempre de Independiente. Con sus ochenta y nueve años, jamás se olvidaba de ver un partido de su equipo y siempre se encontraba en condiciones, ante cualquier evaluación, de responder con altura sobre cómo habían jugado tanto el dos, el once o el tres. Tío Ernesto los vio a todos, pero ante mi pregunta, siempre se quedaba con el mismo: “Nunca vi a nadie que hiciera las cosas que hacía Erico. La llevaba cortita, hacía cuatro, cinco jueguitos y ¡pum! La mandaba allá, adentro. Era una cosa sin igual”, recordaba casi como quien visualiza el asunto, mientras se frotaba los ojos claros con sus temblorosas manos. Es al día de hoy que me acuerdo de esa charla con lujo de detalle. Quizás porque fue una de las últimas que mantuvimos.

Independiente debió volver a la tierra del máximo anotador del fútbol argentino para recobrar la memoria goleadora. Como siempre que debió mostrar los dientes en las Noches de Copa durante el ciclo de Holan, lo hizo con la altura de quien se sabe Rey y dominó de principio a fin. Ganó en fútbol y en actitud. En garra, en hombría y en inteligencia. Fue el partido idílico. Fue una actuación para el recuerdo.

El 3-4-2-1 inicial funcionó a la perfección hasta la obligada sustitución de Amorebieta. El cambio de esquema validó la buena predisposición de Independiente a la hora de readaptarse a las necesidades y exhibió la versatilidad de algunos jugadores para reacomodar su juego. Es el caso de Albertengo, quien lució más cómodo suelto por el frente de ataque, y de Meza, eje de la creatividad y generación de juego del equipo. Su reconversión a mediapunta con cancha libre es otro acierto más de Holan, quien no para de agregarse puntos a favor si de potenciación de jugadores se trata. Por las bandas, Sánchez Miño y Bustos proliferaron los avances con pelota dominada y contribuyeron en los ataques con superación numérica. Nery aportaba en la posesión, el Toro en la recuperación y en el fondo, siempre la bestia de Franco. Todo era una serie de engranajes que giraba a la perfección.

Después, con el ingreso de Fernández, Independiente ganó en picardía, en un lapso de apenas diez minutos donde se había obnubilado. Por favor, Profe, nunca más al banco bajo ningún concepto de falta de altura o de lo que sea. Leandro entiende todo de todo. Sabe de desmarques y de llevarse marcas. Sabe patear y asistir. Entiende el posicionamiento en la cancha y la lectura del partido. Y tiene alma goleadora, que es lo que Independiente tanto necesita. La asociación que formó ayer con Albertengo fue más que interesante, pese a que el equipo debió sacrificar peso en la mitad de la cancha. Tal vez eso suponga una desventaja, no lo sabemos. Lo que sí queda claro es que fueron el complemento necesario en un partido donde salió todo bien.

Barco fue otro de los puntos altísimos de la noche, y por tercer partido consecutivo, indispensable para la victoria. Siempre hay que recordar que tiene apenas 18 años. Hoy luce más tranquilo, no va al frente con la ansiedad de un chico que recién debuta, sino que se toma un tiempo más cuando la jugada lo pide. El contragolpe que deviene en el primer gol lo maneja a la perfección con la paciencia de los sabios, y en el penal vuelve a ser ese juvenil ágil que te sale para cualquier lado. Ese binomio de características lo hace tan indescifrable como determinante en los mano a mano, y si mantiene la confianza sólo le esperará un techo altísimo de alcanzar. Que los detractores prematuros vayan aprendiendo a esperar.

No creo en las coincidencias y mucho menos en el mundo del fútbol. Solo un necio podría afirmar que este equipo de Holan es poca cosa y que el 4-2 con Iquique, el 2-0 con Atlético Tucumán y el 4-1 de anoche se deben a los vestigios de la suerte misma. Y sería reduccionista hablar solamente de que “es trabajo”. Hay mucho más de fondo que tan solo laburo acá. Con este técnico, se atravesó un proceso de reinstitucionalización. Se volvió a las bases y se instauró otra vez lo que significa Independiente en el continente. Y el plantel, que lo entiende, se merece quedar en la historia Roja con este título.

Tío Ernesto los vio a todos. A Erico, De La Mata, Cecconato, Pastoriza, Pavoni, Bochini, Marangoni, Trossero, Milito, Silvera y Montenegro. Lo vio heptacampeón de América, bicampeón del mundo y también lo vio descender. Pero hay una cosa que Tío Ernesto no llegó a ver porque su cansino corazón cedió ante sus 89 años. Y cuando me toque subir, Tío, te voy a hablar de las Noches de Copas del Independiente de Holan, que estoy seguro serán muchas más.

Por @rffailache

Los goles se pagan

Hay algo que me molesta mucho más que la derrota. La variante de perder en el juego siempre está, es una de las tres chances y uno tiene que aprender a convivir con la derrota. Lo que duele es la desmesura en las críticas, las malintencionadas, el espamento que se monta por haber vivido una semana para el olvido después de mucho tiempo y, sobre todo, la poca memoria de algunos hinchas y/o periodistas. ¿Hasta dónde nos va a llevar el exitismo, esa estúpida máxima que se rige en base a los resultados?

Enfrente, Godoy Cruz resultó ser un rival opaco pese a la interesante propuesta de juego de Mauricio Larriera y se llevó demasiado premio con un penal inexistente. El Tomba juega bien, lo digo con conocimiento de causa por haberlo visto en este ciclo corto que lleva de proceso. Y pese a la caída, es de necio negar y dejar de destacar que Independiente cambió la cara con respecto al partido ante Atlético Tucumán del martes. Fue un equipo renovado desde lo actitudinal, mucho más sólido, dominador desde los 20′ hasta los 90′, dinámico y vertical. Encontró cómo lastimar con Meza por la derecha en el primer tiempo y con Benítez por el centro en el segundo. Pero también fue ineficaz, y el fútbol se gana con goles. Cabe recordar que el técnico pidió día y noche por la llegada de un delantero; desde la dirigencia miraron para otro lado y especularon después de la victoria con Huracán. No poner la plata cuando hubo que hacerlo llevó a cosas como éstas y es responsabilidad absoluta de la Comisión Directiva en su integridad. Además de que Independiente sufrió bajas por lesión en su plantel cortísimo y la acumulación de encuentros le jugó en su contra, no haber reemplazado al jugador más determinante con la jerarquía necesaria fue fatal.

Ayer, el equipo tardó un cuarto de hora en darse cuenta que sus salidas por abajo se conducían hacia el sector con menor proporción de jugadores propios. Una vez resuelto esto, la hegemonía fue total. La pelota circuló rápido en el medio y las situaciones de gol claras comenzaron a proliferarse casi por inercia. El Torito Rodríguez hizo las veces de mediocampista ofensivo, pisó el área y se posicionó como atacante, librando a Domingo en la marca y el armado. Tagliafico volvió a redondear una buena actuación al igual que Franco, pero la discordancia con Jonás, quien aún no logra adaptarse al 100% del ritmo futbolístico, expuso los sectores más endebles de la defensa. Se pierde mucho en materia de llegadas y empuje sin Bustos.

Los errores se hicieron presentes en el armado. Holan es un técnico que supo revertirlos sobre la marcha y no morir con la suya. Sin embargo, el caso de Erviti es una excepción a esta regla. Aún no se entiende como el Profe le sigue regalando tanta ventaja al rival con un jugador que poco aporta en este esquema. Es cierto que la verticalidad siempre precisa de una pausa y de un jugador racional que ordene, pero lo del exBanfield dentro del campo roza la pasividad. Es menester resolver esto. Y una crítica más: el cambio de Albertengo no era por Leandro Fernández.

Consumada la tercera derrota consecutiva en una semana fatídica, algunos se dan el tupé de cuestionar a este técnico y hablar, incluso, de un ciclo terminado. Esta situación me recuerda al principio de la era Holan, cuando el equipo no lograba los tres puntos y las críticas llovían. Claro que en aquel contexto todo era diferente: se venía de un proceso donde los jugadores no levantaban las piernas ni sentían un poco de orgullo a la hora de defender los colores y lo más grave era no poder ganar. El Profe cavó hondo para comenzar con una reestructuración de raíz y realizó lo que ya sabemos. Ahora, es peor: “Están pasando cosas raras”, declaró. El abandono dirigencial, el conflicto interno de la barra y los arbitrajes en contra no ayudan para nada. Acostumbrarse a lo bueno es muy fácil y la memoria, parece, nos dura poco. Confío ampliamente en que, también, va a saber sobrellevar este impasse y callar ciertas bocas.

Reconocer el deseo

“En un mundo ideal habría compuesto cada alineación con once jugadores que tuvieran tanta determinación como talento. Pero la vida no es así y si tenía que elegir entre personas con mucho talento, pero sin decisión y deseo, y otras que solo eran buenas, pero tenían determinación y empuje, siempre elegía a estas últimas”. Sir Alex Ferguson sucinta una de las mayores dicotomías del fútbol en apenas algunas líneas en su manual de vida llamado “Liderazgo”, escrito junto a Michael Moritz. La cita corresponde al apartado “Nivel de entrega”, ubicada dentro del capítulo “Reconocer el deseo”. La justificación con la que concluye su pensar es de una sabiduría admirable: “Las primeras funcionan durante un tiempo, pero nunca tienen el aguante que aporta estabilidad y consistencia a un club”.

Durante todo el proceso de Holan, Independiente se caracterizó por su valentía, su bravura a la hora de disputar cada pelota, su nivel de entrega con el cual afrontó todos y cada uno de los duelos. A lo largo de este ciclo, uno siempre estuvo seguro que, sin importar las condiciones del partido o el resultado, no iba a ver a sus jugadores rendirse fácilmente. Son contados aquellos en los que el equipo careció de este factor tan distintivo: contra Boca en la Bombonera (0-3), contra Olimpo en el Libertadores (1-1) y el de ayer, contra Atlético Tucumán por la Copa Argentina (1-2) -si quieren, súmenle los primeros 60′ del 0-1 contra Lanús del sábado, pero no se olviden que se pierde por ir a buscar la victoria excesivamente-. Fueron tan pocos que quizás sea por eso que la bronca hierve en las venas: ¿qué los llevó a olvidarse ayer de la identidad que los trajo hasta acá?

La actitud que tuvo Independiente anoche es preocupante. O quizás lo que me pregunto es si en algún momento realmente la tuvo. Porque después de esos buenos primeros 20 minutos, donde encontró un gol y un tiro en el travesaño, se transformó en un ente desconocido. Se relajó en los laureles de un triunfo parcial, se confió por demás y lo pagó carísimo. Cuando se quiso acordar de ir a buscarlo, el tiempo le jugaba en su contra, y finalmente se quedó afuera de una de las vías de acceso a la Copa Libertadores de una manera absurda, con todo lo accesible que se presentaba su cuadro. Dio la sensación de que la colosal clasificación a los cuartos de final de la Sudamericana de hace una semana quedó en las antípodas de un conjunto sumamente opuesto. Ese equipo que se desesperó por ganar y luchó por su objetivo, sin perder de vista que el esfuerzo era su principal condición para el éxito, nada se le parece al de anoche, uno muy apático y sin reacción. Solo quedará mirar hacia adelante y esperar que este trompadón sirva para darse cuenta de que aún no se ha ganado nada, y que este Independiente, sin la entrega ni el compromiso habitual, no tiene resto alguno con el cual sobrar al rival.

Varios de los niveles individuales están por debajo del semestre pasado. El de Tagliafico es el que encabeza la lista y el más llamativo gracias al excelso rendimiento que supo exhibir; el de Barco es otro ejemplo. El tiempo le dio la razón a Milito y empezó a demostrar que, a los 18 años, toparse con el éxito de golpe y cargar con las presiones de llevar un equipo adelante puede ser contraproducente. Ojalá recupere su forma rápidamente, porque es necesario dentro de un plantel con pocas variantes en su puesto; Nery también mermó con respecto a los primeros seis meses, quizás por su discontinuidad en el puesto (y la relajación de saber que en diciembre ya no estará difícilmente continúe en el plantel); y ayer -solo ayer- Sánchez Miño tuvo una noche negra, en la que la imprecisión se apoderó de su pie izquierdo. Además, la bomba de tiempo estalló y la seguidilla de partidos en poco tiempo que se afrontó, con el agravante de las lesiones -Bustos, Benítez y Franco a medias, el Burrito sin estar 100% en lo físico-, fue la vitrina de exposición perfecta para sacar nuevamente a la luz el viejísimo problema que acarrea Independiente desde la era Milito: el plantel corto. Llevar adelante una triple competencia con los pocos jugadores que hay era una utopía.

Ya no hay más margen de error. Independiente, ahora, solo cuenta con la posibilidad de salir campeón de la Copa Sudamericana si es que quiere entrar a la Libertadores, el anhelo de todo hincha -o apostar por el milagro de River; no soy de esos-. Estoy seguro que puertas adentro del club hay más jugadores del tipo B que del A de los que habla Sir Alex, esos que gracias a su escasez de virtuosidad pero su excesiva voluntad te pueden sostener un proyecto y coronarlo. Y Holan también lo sabe. La relajación de esta semana no puede ocurrir otra vez. Es importante, parafraseando a Ferguson, reconocer el deseo nuevamente y no perder más de vista el horizonte.

Por @rffailache

La mística está viva

No fue suerte. Esta vez, después de mucho, estamos de este lado de la raya. El fútbol profesional trasciende el análisis simplista; no alcanza un solo factor para explicarlo a raja tabla. Es táctico, es social, es emocional. Y también es lo que fue anoche, esa cuota de milagro y de peso específico. La vieja y querida ‘mística’. No todos los clubes tienen la capacidad de gozar de su privilegio. E Independiente, que bien guardadita la tenía, después de mucho tiempo se acordó de revolver el arca que forjaron los héroes vivientes de este club para encontrarla. Fue una noche de copas de las de antes.

La serie contra Atlético Tucumán debe ser catalogada como histórica, en una institución donde esa palabra carga con una connotación especial. Nadie en su sano juicio podría haber previsto un escenario sentimental como el vivido en el Libertadores. El equipo dio una muestra de carácter que yo -al menos con mis escasos 24 años- no recuerdo haber presenciado antes. Fue la rebeldía mostrada, esa mezcla de obstinación contra el propio sistema y respeto a una idea trabajada y labrada con paciencia a lo largo de este proceso. Los tantos corazones paralizados en el penal de Fernández y los otros tantos clínicamente muertos después del primero de la Pulga. Fue la resurrección desde las cenizas y el esfuerzo colectivo hasta el final. Un equipo, como etimológicamente se conoce a ese término. Y todo esto le pertenece a Ariel Holan, quien construyó todo desde los cimientos con la paciencia de una hormiga. El Profe y su cuerpo técnico erigieron este batallón con una metodología absurdamente cuestionada por los medios, por el simple hecho de ser un innovador en su materia. “A los genios se los llama ‘locos'”, dicen los amantes de Bielsa. Mejor: que la prensa siga hablando de Guillermo y Gallardo.

Holan arriesgó tal y como debía hacerlo, pero se topó con un Zielinski más incisivo de lo que esperaba. Dispuso una línea de tres, con Franco, Domingo y Tagliafico, que fue presionada constantemente. El hecho de haber podido golpear rápido influyó, aunque las proliferadas salidas por abajo nos dieron más angustias que tristezas. Apenas una salió bien, con un gran cambio de frente de Erviti -lo único que hizo en el partido-, y fue la que derivó en el primer golazo. Sin embargo, Independiente no estuvo cómodo en la primera mitad y desaprovechó el daño que podría haber hecho por la derecha con Bustos. La frescura habitual la recuperó con el cambio de Torito Rodríguez por Barco, tras la expulsión de Tagliafico, volviendo a la línea de cuatro con el Chiqui en el fondo, y ubicando al tridente con Benítez suelto, Fernández por izquierda y Gigliotti en el centro. Toda la banda derecha quedó como propiedad del Tractor, con su incansable ida y vuelta. Así, con diez hombres, Holan expuso todo su poderío ofensivo mediante los “contragolpes” -con lo mucho que odio llamarlos así y no “ataque posicional”-. El corazón solo, a veces, no alcanza.

Me sigue costando demasiado poner en un pedestal solo a un puñado de jugadores. Por contagio y esfuerzo, Bustos no puedo no encabezar el podio. Un tipo hecho a la medida de Independiente, y mejor aún: un producto neto del club. Más que el Negro Clausen es Zanetti; Nico Domingo, con apenas dos partidos acá, es otro que se puso al hincha en el bolsillo y se destacó por demás. Su inteligencia para leer los momentos del partido, su sacrificio y -por momentos- su buen pie fueron determinantes. Un acierto de pura cepa del entrenador, que lo trajo cuando nadie esperaba nada de él.

El tercer puesto, que se lo diriman entre Benítez, fundamental; Campaña, apoteótico con su abrazo con Franco tras el penal atajado; y Sánchez Miño. Este último es, para mí, uno de los futbolistas más regulares que tiene el plantel. No baja de los seis o siete puntos por partido, siendo funcional a su posición e influyente en ataque. Y tampoco hay que dejar de destacar a Alan Franco, un central de 20 años que se carga la defensa al hombro; al Chiqui Moreira, quien pese a sus tan solo dos partidos en Primera ingresó cuando las papas hervían y fue decisivo con la pelota recuperada en el tanto de la victoria; al Toro Rodríguez, de un último semestre muy destacado; a Leandro Fernández, quizás el más talentoso y peligroso de todos; y al Puma Gigliotti, de un retorno con mucho sacrificio para ayudar al equipo.

“Volvieron las increíbles noches de copas”. Así definió Holan al conglomerado de momentos vividos este martes. El Profe, también, nos reivindicó al amateurismo: el hincha siente esa pertenencia con sus representantes y los nota comprometidos con la causa en disputa. El “porque los jugadores me van a demostrar que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro como lo llevo yo” proviene desde los tuétanos de cada persona, con una fuerza mucho mayor que antes, y los jugadores lo bailan al compás del clamor que baja de las tribunas. Los festejos de los futbolistas en las redes son tendencias en los grupos de amigos de WhatsApp. Todo el Rojo forma una gran familia que contagia emoción y que, después de mucho tiempo, está unido por un mismo objetivo. El proceso está dando sus frutos. E Independiente empezó a recuperar su mística, que está más viva que nunca.

@rffailache

Resiliencia

El miércoles, cuando escribí que quedábamos en manos de la sabiduría del técnico y de las maniobras que él pudiera realizar en un plantel que a mí entender todavía está incompleto, hablaba de casos como el de ayer. Holan se rebeló, pateó el tablero dejando entrever que contra Atlético Tucumán había cometido ciertos errores, y resignó su orgullo para el bien del equipo, algo no muy frecuente en el fútbol moderno. Con lo poco que tiene, reacomodó las piezas e Independiente volvió a parecerse al del semestre pasado: dominador, intenso y sencillo para jugar.

‘Los equipos se arman de atrás hacia adelante’, reza una de las máximas de este deporte, y la salida de Amorebieta con la vuelta del tándem Bustos-Franco-Tagliafico-Sánchez Miño fue vital para recobrar la solidez perdida el martes. El exEstudiantes volvió a ser un pilar en ataque y defensa, y el capitán, el león que ordenó la zaga. El buen partido de Meza y de Benítez -quien cuenta con una inmejorable chance para afianzarse tras la salida de Rigoni-, y el peso ofensivo de Leandro Fernández fueron determinantes para sacar los tres puntos. Y sin desmerecer los méritos realizados, no se puede obviar la inferioridad de un Huracán que exhibió lo mucho que le va a costar hacer pie en este torneo.

Apariciones como las de Nicolás Domingo siempre son gustosas. Ayer fue un relojito, manejando los tiempos y cubriendo los espacios del mediocampo. Pese al repudio que generó su llegada por su estrepitoso paso por River, no creo en las casualidades: Holan ya lo conocía y es indudable que proyectó sus virtudes en función de este esquema. Ojalá nos siga regalando de estas gratas sorpresas.

Independiente, también, recuperó ayer la claridad para generar acciones en ataque, pero nuevamente la falta de eficacia le jugó en contra. La casi segura llegada de Leonardo Castro tendrá que combatir contra este problema de hace ya años, pero su imposibilidad de competir por Copa Sudamericana obliga al hincha a renovarle las esperanzas a Leandro, de cara al partido que es una obligación ganar -y para el cual habrá suficiente tiempo de trabajo-. Una corazonada: para el torneo local, me parece que va a andar bastante bien.

Se comenzó con el pie derecho, y el Profe dio muestras de su sabiduría otra vez. No fue necio y, además, con otro audio que se filtró, dejó claras sus pretensiones para con sus dirigidos: el que no corre, no juega (por Zelarayán). Muestras del Independiente que todos queremos ver.

Por @rffailache

Cuidemos al Profesor

Holan es el artífice de todo esto. Fue él quien nos regaló un cálido primer semestre, y por sobre todo a quienes nos cuesta un poco ilusionarnos, quien nos obsequió la esperanza para llegar a creer que con esta base se puede trabajar por una causa seria. Y la consolidación de esta base, por supuesto, le pertenece íntegramente. Cada ladrillo cimentado, cada muro y cada revoque del bastión que consolidó fueron producto del esfuerzo, semana a semana, de este entrenador y su cuerpo técnico en su primera etapa, sumado a los méritos propios realizados por el plantel. La gente se lo retribuyó con apoyo, y ahí fue donde la dirigencia vio la oportunidad para sacar provecho.

La derrota de anoche dilucidó que, una vez más, Independiente dio pena -no encuentro expresión más sutil- en el mercado de pases. Precisaba jerarquía en pocos puestos y adquirió futbolistas de recambio. Requería mantener los puntales del equipo para pelear las Copas y dejó ir al jugador más determinante, sin haber traído un reemplazo natural y con el agravante a su favor de poseer un abundante tiempo de sobra para hacerlo. Ahora, a un día del cierre del mercado de pases, necesita ya cualquier cosa, y difícilmente lo consiga. La Comisión Directiva se abusó de la inspiración y las virtudes del técnico, y en lugar de apoyarlo con nombres de peso, eligieron transitar el camino austero, el “campeonato económico”. La primera prueba fáctica fue el partido de anoche y quedó a la exposición de todos.

Holan fue, también, quién nos desacostumbró a la derrota. Apenas es la segunda en el año, y quizás por eso el golpe se pueda sentir más fuerte. Pero el tema no pasa por ahí, sino por la forma. No recuerdo el último partido en el que Independiente prácticamente no haya pateado al arco. Un cabezazo de Nery al palo al principio, un rebote en la cara de Togni que dio en el travesaño, una de Bustos que Lucchetti sacó con el pie y pará de contar. El rival impuso el ritmo ante un mediocampo sumamente nervioso y apresurado, que se comportó en connivencia con una delantera que careció de ideas para pisar el área. Por su parte, la defensa nos regaló una noche negra de Tagliafico y un mensaje inefable para Amorebieta: que se vaya acostumbrando rápido al fútbol argentino; acá, un número seis no puede pasarse en el piso protestando empujones y artimañas de los atacantes rivales. Que no te tomen por bueno…

Otra cosa que se perdió en Tucumán, y que se debe recuperar pronto, fue el ataque posicional, el a veces llamado “contragolpe de Holan”. El equipo se hizo largo, y por más que intentó con bochazos y pases al ras, jamás conectó a un Barco apagado y a un Togni que se las rebuscó como pudo. No lograron encontrarle la vuelta nunca al partido y se toparon con diversas dificultades para hacerse espacios al vacío. Será la última vez que lo escriba, pero se sufrió la falta de Rigoni a la hora de saber por dónde encarar, una de sus mayores virtudes; Meza fue otro que anduvo flojo, y Albertengo, el espectador de lujo de siempre. Con pocos minutos de un Fernández lejos de su mejor versión, vimos mucho más que en 90 suyos.

Yo no me quedo tranquilo por lo visto en Chile ni enloquezco por lo de anoche. Solo soy consciente de una realidad: partidos como estos van a ser los más, en campeonato y en Copa, y va a haber que estar a la altura. No veo en Atlético Tucumán a un rival superior, y sin embargo fue poco auspicioso lo demostrado por Independiente, que después de mucho careció de Compromiso, Actitud e Intensidad. El Profe Holan tiene los pergaminos para sobreponerse y es por eso que en él deposito mi total y plena confianza, pero no hay que abusarse de ella, sino respaldarlo como se debe. ¿De qué manera?

Todavía hay un margen mínimo, ínfimo, para darle un poco de oxígeno y traerle un refuerzo que le cambie la ecuación. Quisiera exigir dos, pero a esta altura uno ya es algo casi surrealista. Pónganse en la cabeza, dirigentes, que no podrán escatimar demasiado ni vestir el traje del Dr. Ahorro; ustedes eligieron este camino al dejar todo para último momento, a la hora de optar por probar y ver qué pasaba. Es entonces cuando van a tener que sentarse y poner la guita arriba de la mesa, con más acatamientos que pretensiones. Las cartas no están a nuestro favor. Usen el dinero que vino de Rigoni y aprovechen su oportunidad de darle un título al hincha con el único entrenador capaz de hacerlo hoy en día. O déjenla pasar de nuevo y esperen a las urnas en diciembre.

El tiempo apremia, dirigentes. Cuídenlo. Y cuiden al Profesor.

Por @rffailache

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