Fútbol total

A Arrigo Sacchi, extécnico que marcó una época con el Milan a fines de los ’80 y con la Selección italiana en los ’90, le preguntaron, en su libro autobiográfico “Fútbol total”, qué significa para él el fútbol y cuál es su concepción de éste. El italiano fue famoso por retomar y perfeccionar los conceptos de la Holanda del ’74 y por generar un fútbol vistoso, aplaudido por todos. Lo que contestó fue lo siguiente:

¿Qué es el fútbol?
-Un espectáculo deportivo donde se debe divertir, convencer, vencer. Una victoria sin mérito no es una victoria.

¿Cómo se realiza?
-El club: que tenga un proyecto ambicioso, organizado, moderno y con objetivos claros. El cuerpo técnico: Una brillante idea de juego, capacidades educativas y didáticas, perfeccionismo y sensibilidad. El jugador: la persona, la motivación, la inteligencia, la conciencia de la colectividad, el temperamento, la velocidad, el talento y la técnica.

¿Cómo se trabaja?
-Sobre la didáctica colectiva de juego para adquirir una técnica individual a través del equipo y el juego. (…) Se parte del equipo y del juego para llegar al individuo; no al revés.
-No a un fútbol defensivo, individual y especializado.
-Formar un grupo que se transforma en un equipo a través del posicionamiento, la comunicación y la conexión.
-Una interacción técnico/táctica/psicológica.
-Todos deben participar y conocer las fases de ataque y de defensa, todos deben trabajar con y para el equipo, en todo el campo y todo el tiempo, once jugadores en posición activa con y sin pelota.

Objetivos:
-Mejorar al muchacho y al jugador.
-El fútbol colectivo.
-El fútbol total.
-Solo en el protagonismo se crece.
-Ser los dueños del campo y de la pelota.
-Ganar con respeto, perder con dignidad.

Es imposible, hasta por el más acérrimo crítico de esta etapa, no encontrar similitudes con el Independiente de Ariel Holan. Solo quien realmente vio todos los partidos de los últimos tres años y vivió la etapa de reconversión del equipo puede entender de lo que hablo. Siempre marqué, en estas columnas, del cambio de raíz que el Profe logró en el club y que tan necesario era, y muchos de ellos tienen que ver con la mirada que Sacchi le imprime a este hermoso deporte.

Hoy, incluso, algunos medios hablaron de “Holan-da”, un poco jugando con el título y otro comparando -e incluso subvirtiendo- a Independiente con La Naranja Mecánica. No sé si da para tanto, pero yo sí veo que varios jugadores de mi equipo son polifuncionales y se desempeñan en varias posiciones (Meza, Jonás, Miño, Taglia, Silva, Barco, Albertengo, Leandro, etc); que practica un fútbol ofensivo, siempre protagonista, potenciado por su juego colectivo; que a la hora de perder lo hace con dignidad; que trabaja varios aspectos psicológicos (con la enorme gestión del Profe Alejandro Kohan y el resto del CT) y que formó un grupo muy unido -de buenas fuentes-; y que tiene hambre y ambición.

La ilusión, tal vez, haga que se exacerben algunos sentimientos y que las virtudes que acá se marcan se enaltezcan por demás. Pero también es cierto que el hincha de Independiente hoy va a la cancha y pese a que desconoce cómo será el resultado final, sabe qué es a lo que asistirá. El Rojo va a ir al piso en todas, va a poner y va a intentar jugar como históricamente lo hizo. Eso se llama identidad. Se llama pertenencia y respeto a una idea. Es lo más valioso que nos dio Holan, el técnico que comprendió realmente adónde se metía y lo que debía hacer.

Del partido de ayer, poco se puede decir. Sólo había que jugarlo con seriedad y no sobrarlo, no descuidarse, y eso es lo que Independiente hizo. Fue netamente superior en los 180 minutos y el Profe pudo aprovechar este roce internacional para improvisar variantes tácticas, con Sánchez Miño por momentos de enganche, con Gastón Silva primero y Maxi Meza después jugando como laterales derechos, con Domingo Blanco como armador y como punta, etc. Y en medio de ese “entrenamiento profesional”, se llevó uno de los goles más lindos de este ciclo. El equipo está aceitado y sumando muchísima confianza.

Otra vez, esta institución vuelve a aparecer en las fases más importantes de un torneo continental, después de años de penar en los octavos o cuartos de final, de merodear por los abismos más oscuros de nuestra historia. Solo que ahora, a diferencia del 2010, se llegó a esta parte junto con los méritos de las victorias de las que Arrigo habla, jugando el fútbol que queremos ver y resucitando al Paladar Negro que tanto extrañábamos y hasta habíamos sepultado. Independiente recuperó el amor por las Noches de Copas, que volvieron para quedarse y que (el miércoles se) demostró que no son para cualquiera. La historia está poniendo, poco a poco, todo en su lugar de nuevo. Solo falta, para que esté todo acomodado, ganar esta Copa Sudamericana.

Por @rffailache

Oda a Tío Ernesto

Tío Ernesto vio a todos, pero siempre se quedaba con el mismo. Nos encontrábamos esporádicamente, en apenas algunas contadas pero extensas charlas familiares, hablando siempre de Independiente. Con sus ochenta y nueve años, jamás se olvidaba de ver un partido de su equipo y siempre se encontraba en condiciones, ante cualquier evaluación, de responder con altura sobre cómo habían jugado tanto el dos, el once o el tres. Tío Ernesto los vio a todos, pero ante mi pregunta, siempre se quedaba con el mismo: “Nunca vi a nadie que hiciera las cosas que hacía Erico. La llevaba cortita, hacía cuatro, cinco jueguitos y ¡pum! La mandaba allá, adentro. Era una cosa sin igual”, recordaba casi como quien visualiza el asunto, mientras se frotaba los ojos claros con sus temblorosas manos. Es al día de hoy que me acuerdo de esa charla con lujo de detalle. Quizás porque fue una de las últimas que mantuvimos.

Independiente debió volver a la tierra del máximo anotador del fútbol argentino para recobrar la memoria goleadora. Como siempre que debió mostrar los dientes en las Noches de Copa durante el ciclo de Holan, lo hizo con la altura de quien se sabe Rey y dominó de principio a fin. Ganó en fútbol y en actitud. En garra, en hombría y en inteligencia. Fue el partido idílico. Fue una actuación para el recuerdo.

El 3-4-2-1 inicial funcionó a la perfección hasta la obligada sustitución de Amorebieta. El cambio de esquema validó la buena predisposición de Independiente a la hora de readaptarse a las necesidades y exhibió la versatilidad de algunos jugadores para reacomodar su juego. Es el caso de Albertengo, quien lució más cómodo suelto por el frente de ataque, y de Meza, eje de la creatividad y generación de juego del equipo. Su reconversión a mediapunta con cancha libre es otro acierto más de Holan, quien no para de agregarse puntos a favor si de potenciación de jugadores se trata. Por las bandas, Sánchez Miño y Bustos proliferaron los avances con pelota dominada y contribuyeron en los ataques con superación numérica. Nery aportaba en la posesión, el Toro en la recuperación y en el fondo, siempre la bestia de Franco. Todo era una serie de engranajes que giraba a la perfección.

Después, con el ingreso de Fernández, Independiente ganó en picardía, en un lapso de apenas diez minutos donde se había obnubilado. Por favor, Profe, nunca más al banco bajo ningún concepto de falta de altura o de lo que sea. Leandro entiende todo de todo. Sabe de desmarques y de llevarse marcas. Sabe patear y asistir. Entiende el posicionamiento en la cancha y la lectura del partido. Y tiene alma goleadora, que es lo que Independiente tanto necesita. La asociación que formó ayer con Albertengo fue más que interesante, pese a que el equipo debió sacrificar peso en la mitad de la cancha. Tal vez eso suponga una desventaja, no lo sabemos. Lo que sí queda claro es que fueron el complemento necesario en un partido donde salió todo bien.

Barco fue otro de los puntos altísimos de la noche, y por tercer partido consecutivo, indispensable para la victoria. Siempre hay que recordar que tiene apenas 18 años. Hoy luce más tranquilo, no va al frente con la ansiedad de un chico que recién debuta, sino que se toma un tiempo más cuando la jugada lo pide. El contragolpe que deviene en el primer gol lo maneja a la perfección con la paciencia de los sabios, y en el penal vuelve a ser ese juvenil ágil que te sale para cualquier lado. Ese binomio de características lo hace tan indescifrable como determinante en los mano a mano, y si mantiene la confianza sólo le esperará un techo altísimo de alcanzar. Que los detractores prematuros vayan aprendiendo a esperar.

No creo en las coincidencias y mucho menos en el mundo del fútbol. Solo un necio podría afirmar que este equipo de Holan es poca cosa y que el 4-2 con Iquique, el 2-0 con Atlético Tucumán y el 4-1 de anoche se deben a los vestigios de la suerte misma. Y sería reduccionista hablar solamente de que “es trabajo”. Hay mucho más de fondo que tan solo laburo acá. Con este técnico, se atravesó un proceso de reinstitucionalización. Se volvió a las bases y se instauró otra vez lo que significa Independiente en el continente. Y el plantel, que lo entiende, se merece quedar en la historia Roja con este título.

Tío Ernesto los vio a todos. A Erico, De La Mata, Cecconato, Pastoriza, Pavoni, Bochini, Marangoni, Trossero, Milito, Silvera y Montenegro. Lo vio heptacampeón de América, bicampeón del mundo y también lo vio descender. Pero hay una cosa que Tío Ernesto no llegó a ver porque su cansino corazón cedió ante sus 89 años. Y cuando me toque subir, Tío, te voy a hablar de las Noches de Copas del Independiente de Holan, que estoy seguro serán muchas más.

Por @rffailache

Los goles se pagan

Hay algo que me molesta mucho más que la derrota. La variante de perder en el juego siempre está, es una de las tres chances y uno tiene que aprender a convivir con la derrota. Lo que duele es la desmesura en las críticas, las malintencionadas, el espamento que se monta por haber vivido una semana para el olvido después de mucho tiempo y, sobre todo, la poca memoria de algunos hinchas y/o periodistas. ¿Hasta dónde nos va a llevar el exitismo, esa estúpida máxima que se rige en base a los resultados?

Enfrente, Godoy Cruz resultó ser un rival opaco pese a la interesante propuesta de juego de Mauricio Larriera y se llevó demasiado premio con un penal inexistente. El Tomba juega bien, lo digo con conocimiento de causa por haberlo visto en este ciclo corto que lleva de proceso. Y pese a la caída, es de necio negar y dejar de destacar que Independiente cambió la cara con respecto al partido ante Atlético Tucumán del martes. Fue un equipo renovado desde lo actitudinal, mucho más sólido, dominador desde los 20′ hasta los 90′, dinámico y vertical. Encontró cómo lastimar con Meza por la derecha en el primer tiempo y con Benítez por el centro en el segundo. Pero también fue ineficaz, y el fútbol se gana con goles. Cabe recordar que el técnico pidió día y noche por la llegada de un delantero; desde la dirigencia miraron para otro lado y especularon después de la victoria con Huracán. No poner la plata cuando hubo que hacerlo llevó a cosas como éstas y es responsabilidad absoluta de la Comisión Directiva en su integridad. Además de que Independiente sufrió bajas por lesión en su plantel cortísimo y la acumulación de encuentros le jugó en su contra, no haber reemplazado al jugador más determinante con la jerarquía necesaria fue fatal.

Ayer, el equipo tardó un cuarto de hora en darse cuenta que sus salidas por abajo se conducían hacia el sector con menor proporción de jugadores propios. Una vez resuelto esto, la hegemonía fue total. La pelota circuló rápido en el medio y las situaciones de gol claras comenzaron a proliferarse casi por inercia. El Torito Rodríguez hizo las veces de mediocampista ofensivo, pisó el área y se posicionó como atacante, librando a Domingo en la marca y el armado. Tagliafico volvió a redondear una buena actuación al igual que Franco, pero la discordancia con Jonás, quien aún no logra adaptarse al 100% del ritmo futbolístico, expuso los sectores más endebles de la defensa. Se pierde mucho en materia de llegadas y empuje sin Bustos.

Los errores se hicieron presentes en el armado. Holan es un técnico que supo revertirlos sobre la marcha y no morir con la suya. Sin embargo, el caso de Erviti es una excepción a esta regla. Aún no se entiende como el Profe le sigue regalando tanta ventaja al rival con un jugador que poco aporta en este esquema. Es cierto que la verticalidad siempre precisa de una pausa y de un jugador racional que ordene, pero lo del exBanfield dentro del campo roza la pasividad. Es menester resolver esto. Y una crítica más: el cambio de Albertengo no era por Leandro Fernández.

Consumada la tercera derrota consecutiva en una semana fatídica, algunos se dan el tupé de cuestionar a este técnico y hablar, incluso, de un ciclo terminado. Esta situación me recuerda al principio de la era Holan, cuando el equipo no lograba los tres puntos y las críticas llovían. Claro que en aquel contexto todo era diferente: se venía de un proceso donde los jugadores no levantaban las piernas ni sentían un poco de orgullo a la hora de defender los colores y lo más grave era no poder ganar. El Profe cavó hondo para comenzar con una reestructuración de raíz y realizó lo que ya sabemos. Ahora, es peor: “Están pasando cosas raras”, declaró. El abandono dirigencial, el conflicto interno de la barra y los arbitrajes en contra no ayudan para nada. Acostumbrarse a lo bueno es muy fácil y la memoria, parece, nos dura poco. Confío ampliamente en que, también, va a saber sobrellevar este impasse y callar ciertas bocas.

Reconocer el deseo

“En un mundo ideal habría compuesto cada alineación con once jugadores que tuvieran tanta determinación como talento. Pero la vida no es así y si tenía que elegir entre personas con mucho talento, pero sin decisión y deseo, y otras que solo eran buenas, pero tenían determinación y empuje, siempre elegía a estas últimas”. Sir Alex Ferguson sucinta una de las mayores dicotomías del fútbol en apenas algunas líneas en su manual de vida llamado “Liderazgo”, escrito junto a Michael Moritz. La cita corresponde al apartado “Nivel de entrega”, ubicada dentro del capítulo “Reconocer el deseo”. La justificación con la que concluye su pensar es de una sabiduría admirable: “Las primeras funcionan durante un tiempo, pero nunca tienen el aguante que aporta estabilidad y consistencia a un club”.

Durante todo el proceso de Holan, Independiente se caracterizó por su valentía, su bravura a la hora de disputar cada pelota, su nivel de entrega con el cual afrontó todos y cada uno de los duelos. A lo largo de este ciclo, uno siempre estuvo seguro que, sin importar las condiciones del partido o el resultado, no iba a ver a sus jugadores rendirse fácilmente. Son contados aquellos en los que el equipo careció de este factor tan distintivo: contra Boca en la Bombonera (0-3), contra Olimpo en el Libertadores (1-1) y el de ayer, contra Atlético Tucumán por la Copa Argentina (1-2) -si quieren, súmenle los primeros 60′ del 0-1 contra Lanús del sábado, pero no se olviden que se pierde por ir a buscar la victoria excesivamente-. Fueron tan pocos que quizás sea por eso que la bronca hierve en las venas: ¿qué los llevó a olvidarse ayer de la identidad que los trajo hasta acá?

La actitud que tuvo Independiente anoche es preocupante. O quizás lo que me pregunto es si en algún momento realmente la tuvo. Porque después de esos buenos primeros 20 minutos, donde encontró un gol y un tiro en el travesaño, se transformó en un ente desconocido. Se relajó en los laureles de un triunfo parcial, se confió por demás y lo pagó carísimo. Cuando se quiso acordar de ir a buscarlo, el tiempo le jugaba en su contra, y finalmente se quedó afuera de una de las vías de acceso a la Copa Libertadores de una manera absurda, con todo lo accesible que se presentaba su cuadro. Dio la sensación de que la colosal clasificación a los cuartos de final de la Sudamericana de hace una semana quedó en las antípodas de un conjunto sumamente opuesto. Ese equipo que se desesperó por ganar y luchó por su objetivo, sin perder de vista que el esfuerzo era su principal condición para el éxito, nada se le parece al de anoche, uno muy apático y sin reacción. Solo quedará mirar hacia adelante y esperar que este trompadón sirva para darse cuenta de que aún no se ha ganado nada, y que este Independiente, sin la entrega ni el compromiso habitual, no tiene resto alguno con el cual sobrar al rival.

Varios de los niveles individuales están por debajo del semestre pasado. El de Tagliafico es el que encabeza la lista y el más llamativo gracias al excelso rendimiento que supo exhibir; el de Barco es otro ejemplo. El tiempo le dio la razón a Milito y empezó a demostrar que, a los 18 años, toparse con el éxito de golpe y cargar con las presiones de llevar un equipo adelante puede ser contraproducente. Ojalá recupere su forma rápidamente, porque es necesario dentro de un plantel con pocas variantes en su puesto; Nery también mermó con respecto a los primeros seis meses, quizás por su discontinuidad en el puesto (y la relajación de saber que en diciembre ya no estará difícilmente continúe en el plantel); y ayer -solo ayer- Sánchez Miño tuvo una noche negra, en la que la imprecisión se apoderó de su pie izquierdo. Además, la bomba de tiempo estalló y la seguidilla de partidos en poco tiempo que se afrontó, con el agravante de las lesiones -Bustos, Benítez y Franco a medias, el Burrito sin estar 100% en lo físico-, fue la vitrina de exposición perfecta para sacar nuevamente a la luz el viejísimo problema que acarrea Independiente desde la era Milito: el plantel corto. Llevar adelante una triple competencia con los pocos jugadores que hay era una utopía.

Ya no hay más margen de error. Independiente, ahora, solo cuenta con la posibilidad de salir campeón de la Copa Sudamericana si es que quiere entrar a la Libertadores, el anhelo de todo hincha -o apostar por el milagro de River; no soy de esos-. Estoy seguro que puertas adentro del club hay más jugadores del tipo B que del A de los que habla Sir Alex, esos que gracias a su escasez de virtuosidad pero su excesiva voluntad te pueden sostener un proyecto y coronarlo. Y Holan también lo sabe. La relajación de esta semana no puede ocurrir otra vez. Es importante, parafraseando a Ferguson, reconocer el deseo nuevamente y no perder más de vista el horizonte.

Por @rffailache

La mística está viva

No fue suerte. Esta vez, después de mucho, estamos de este lado de la raya. El fútbol profesional trasciende el análisis simplista; no alcanza un solo factor para explicarlo a raja tabla. Es táctico, es social, es emocional. Y también es lo que fue anoche, esa cuota de milagro y de peso específico. La vieja y querida ‘mística’. No todos los clubes tienen la capacidad de gozar de su privilegio. E Independiente, que bien guardadita la tenía, después de mucho tiempo se acordó de revolver el arca que forjaron los héroes vivientes de este club para encontrarla. Fue una noche de copas de las de antes.

La serie contra Atlético Tucumán debe ser catalogada como histórica, en una institución donde esa palabra carga con una connotación especial. Nadie en su sano juicio podría haber previsto un escenario sentimental como el vivido en el Libertadores. El equipo dio una muestra de carácter que yo -al menos con mis escasos 24 años- no recuerdo haber presenciado antes. Fue la rebeldía mostrada, esa mezcla de obstinación contra el propio sistema y respeto a una idea trabajada y labrada con paciencia a lo largo de este proceso. Los tantos corazones paralizados en el penal de Fernández y los otros tantos clínicamente muertos después del primero de la Pulga. Fue la resurrección desde las cenizas y el esfuerzo colectivo hasta el final. Un equipo, como etimológicamente se conoce a ese término. Y todo esto le pertenece a Ariel Holan, quien construyó todo desde los cimientos con la paciencia de una hormiga. El Profe y su cuerpo técnico erigieron este batallón con una metodología absurdamente cuestionada por los medios, por el simple hecho de ser un innovador en su materia. “A los genios se los llama ‘locos'”, dicen los amantes de Bielsa. Mejor: que la prensa siga hablando de Guillermo y Gallardo.

Holan arriesgó tal y como debía hacerlo, pero se topó con un Zielinski más incisivo de lo que esperaba. Dispuso una línea de tres, con Franco, Domingo y Tagliafico, que fue presionada constantemente. El hecho de haber podido golpear rápido influyó, aunque las proliferadas salidas por abajo nos dieron más angustias que tristezas. Apenas una salió bien, con un gran cambio de frente de Erviti -lo único que hizo en el partido-, y fue la que derivó en el primer golazo. Sin embargo, Independiente no estuvo cómodo en la primera mitad y desaprovechó el daño que podría haber hecho por la derecha con Bustos. La frescura habitual la recuperó con el cambio de Torito Rodríguez por Barco, tras la expulsión de Tagliafico, volviendo a la línea de cuatro con el Chiqui en el fondo, y ubicando al tridente con Benítez suelto, Fernández por izquierda y Gigliotti en el centro. Toda la banda derecha quedó como propiedad del Tractor, con su incansable ida y vuelta. Así, con diez hombres, Holan expuso todo su poderío ofensivo mediante los “contragolpes” -con lo mucho que odio llamarlos así y no “ataque posicional”-. El corazón solo, a veces, no alcanza.

Me sigue costando demasiado poner en un pedestal solo a un puñado de jugadores. Por contagio y esfuerzo, Bustos no puedo no encabezar el podio. Un tipo hecho a la medida de Independiente, y mejor aún: un producto neto del club. Más que el Negro Clausen es Zanetti; Nico Domingo, con apenas dos partidos acá, es otro que se puso al hincha en el bolsillo y se destacó por demás. Su inteligencia para leer los momentos del partido, su sacrificio y -por momentos- su buen pie fueron determinantes. Un acierto de pura cepa del entrenador, que lo trajo cuando nadie esperaba nada de él.

El tercer puesto, que se lo diriman entre Benítez, fundamental; Campaña, apoteótico con su abrazo con Franco tras el penal atajado; y Sánchez Miño. Este último es, para mí, uno de los futbolistas más regulares que tiene el plantel. No baja de los seis o siete puntos por partido, siendo funcional a su posición e influyente en ataque. Y tampoco hay que dejar de destacar a Alan Franco, un central de 20 años que se carga la defensa al hombro; al Chiqui Moreira, quien pese a sus tan solo dos partidos en Primera ingresó cuando las papas hervían y fue decisivo con la pelota recuperada en el tanto de la victoria; al Toro Rodríguez, de un último semestre muy destacado; a Leandro Fernández, quizás el más talentoso y peligroso de todos; y al Puma Gigliotti, de un retorno con mucho sacrificio para ayudar al equipo.

“Volvieron las increíbles noches de copas”. Así definió Holan al conglomerado de momentos vividos este martes. El Profe, también, nos reivindicó al amateurismo: el hincha siente esa pertenencia con sus representantes y los nota comprometidos con la causa en disputa. El “porque los jugadores me van a demostrar que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro como lo llevo yo” proviene desde los tuétanos de cada persona, con una fuerza mucho mayor que antes, y los jugadores lo bailan al compás del clamor que baja de las tribunas. Los festejos de los futbolistas en las redes son tendencias en los grupos de amigos de WhatsApp. Todo el Rojo forma una gran familia que contagia emoción y que, después de mucho tiempo, está unido por un mismo objetivo. El proceso está dando sus frutos. E Independiente empezó a recuperar su mística, que está más viva que nunca.

@rffailache

Resiliencia

El miércoles, cuando escribí que quedábamos en manos de la sabiduría del técnico y de las maniobras que él pudiera realizar en un plantel que a mí entender todavía está incompleto, hablaba de casos como el de ayer. Holan se rebeló, pateó el tablero dejando entrever que contra Atlético Tucumán había cometido ciertos errores, y resignó su orgullo para el bien del equipo, algo no muy frecuente en el fútbol moderno. Con lo poco que tiene, reacomodó las piezas e Independiente volvió a parecerse al del semestre pasado: dominador, intenso y sencillo para jugar.

‘Los equipos se arman de atrás hacia adelante’, reza una de las máximas de este deporte, y la salida de Amorebieta con la vuelta del tándem Bustos-Franco-Tagliafico-Sánchez Miño fue vital para recobrar la solidez perdida el martes. El exEstudiantes volvió a ser un pilar en ataque y defensa, y el capitán, el león que ordenó la zaga. El buen partido de Meza y de Benítez -quien cuenta con una inmejorable chance para afianzarse tras la salida de Rigoni-, y el peso ofensivo de Leandro Fernández fueron determinantes para sacar los tres puntos. Y sin desmerecer los méritos realizados, no se puede obviar la inferioridad de un Huracán que exhibió lo mucho que le va a costar hacer pie en este torneo.

Apariciones como las de Nicolás Domingo siempre son gustosas. Ayer fue un relojito, manejando los tiempos y cubriendo los espacios del mediocampo. Pese al repudio que generó su llegada por su estrepitoso paso por River, no creo en las casualidades: Holan ya lo conocía y es indudable que proyectó sus virtudes en función de este esquema. Ojalá nos siga regalando de estas gratas sorpresas.

Independiente, también, recuperó ayer la claridad para generar acciones en ataque, pero nuevamente la falta de eficacia le jugó en contra. La casi segura llegada de Leonardo Castro tendrá que combatir contra este problema de hace ya años, pero su imposibilidad de competir por Copa Sudamericana obliga al hincha a renovarle las esperanzas a Leandro, de cara al partido que es una obligación ganar -y para el cual habrá suficiente tiempo de trabajo-. Una corazonada: para el torneo local, me parece que va a andar bastante bien.

Se comenzó con el pie derecho, y el Profe dio muestras de su sabiduría otra vez. No fue necio y, además, con otro audio que se filtró, dejó claras sus pretensiones para con sus dirigidos: el que no corre, no juega (por Zelarayán). Muestras del Independiente que todos queremos ver.

Por @rffailache

Cuidemos al Profesor

Holan es el artífice de todo esto. Fue él quien nos regaló un cálido primer semestre, y por sobre todo a quienes nos cuesta un poco ilusionarnos, quien nos obsequió la esperanza para llegar a creer que con esta base se puede trabajar por una causa seria. Y la consolidación de esta base, por supuesto, le pertenece íntegramente. Cada ladrillo cimentado, cada muro y cada revoque del bastión que consolidó fueron producto del esfuerzo, semana a semana, de este entrenador y su cuerpo técnico en su primera etapa, sumado a los méritos propios realizados por el plantel. La gente se lo retribuyó con apoyo, y ahí fue donde la dirigencia vio la oportunidad para sacar provecho.

La derrota de anoche dilucidó que, una vez más, Independiente dio pena -no encuentro expresión más sutil- en el mercado de pases. Precisaba jerarquía en pocos puestos y adquirió futbolistas de recambio. Requería mantener los puntales del equipo para pelear las Copas y dejó ir al jugador más determinante, sin haber traído un reemplazo natural y con el agravante a su favor de poseer un abundante tiempo de sobra para hacerlo. Ahora, a un día del cierre del mercado de pases, necesita ya cualquier cosa, y difícilmente lo consiga. La Comisión Directiva se abusó de la inspiración y las virtudes del técnico, y en lugar de apoyarlo con nombres de peso, eligieron transitar el camino austero, el “campeonato económico”. La primera prueba fáctica fue el partido de anoche y quedó a la exposición de todos.

Holan fue, también, quién nos desacostumbró a la derrota. Apenas es la segunda en el año, y quizás por eso el golpe se pueda sentir más fuerte. Pero el tema no pasa por ahí, sino por la forma. No recuerdo el último partido en el que Independiente prácticamente no haya pateado al arco. Un cabezazo de Nery al palo al principio, un rebote en la cara de Togni que dio en el travesaño, una de Bustos que Lucchetti sacó con el pie y pará de contar. El rival impuso el ritmo ante un mediocampo sumamente nervioso y apresurado, que se comportó en connivencia con una delantera que careció de ideas para pisar el área. Por su parte, la defensa nos regaló una noche negra de Tagliafico y un mensaje inefable para Amorebieta: que se vaya acostumbrando rápido al fútbol argentino; acá, un número seis no puede pasarse en el piso protestando empujones y artimañas de los atacantes rivales. Que no te tomen por bueno…

Otra cosa que se perdió en Tucumán, y que se debe recuperar pronto, fue el ataque posicional, el a veces llamado “contragolpe de Holan”. El equipo se hizo largo, y por más que intentó con bochazos y pases al ras, jamás conectó a un Barco apagado y a un Togni que se las rebuscó como pudo. No lograron encontrarle la vuelta nunca al partido y se toparon con diversas dificultades para hacerse espacios al vacío. Será la última vez que lo escriba, pero se sufrió la falta de Rigoni a la hora de saber por dónde encarar, una de sus mayores virtudes; Meza fue otro que anduvo flojo, y Albertengo, el espectador de lujo de siempre. Con pocos minutos de un Fernández lejos de su mejor versión, vimos mucho más que en 90 suyos.

Yo no me quedo tranquilo por lo visto en Chile ni enloquezco por lo de anoche. Solo soy consciente de una realidad: partidos como estos van a ser los más, en campeonato y en Copa, y va a haber que estar a la altura. No veo en Atlético Tucumán a un rival superior, y sin embargo fue poco auspicioso lo demostrado por Independiente, que después de mucho careció de Compromiso, Actitud e Intensidad. El Profe Holan tiene los pergaminos para sobreponerse y es por eso que en él deposito mi total y plena confianza, pero no hay que abusarse de ella, sino respaldarlo como se debe. ¿De qué manera?

Todavía hay un margen mínimo, ínfimo, para darle un poco de oxígeno y traerle un refuerzo que le cambie la ecuación. Quisiera exigir dos, pero a esta altura uno ya es algo casi surrealista. Pónganse en la cabeza, dirigentes, que no podrán escatimar demasiado ni vestir el traje del Dr. Ahorro; ustedes eligieron este camino al dejar todo para último momento, a la hora de optar por probar y ver qué pasaba. Es entonces cuando van a tener que sentarse y poner la guita arriba de la mesa, con más acatamientos que pretensiones. Las cartas no están a nuestro favor. Usen el dinero que vino de Rigoni y aprovechen su oportunidad de darle un título al hincha con el único entrenador capaz de hacerlo hoy en día. O déjenla pasar de nuevo y esperen a las urnas en diciembre.

El tiempo apremia, dirigentes. Cuídenlo. Y cuiden al Profesor.

Por @rffailache

Fantasía y realidad

No sé si hay una sensación más angustiante que la de ganar goleando e irte de la cancha con un sabor agrio. Es tan peculiar como el revés de ayer, que a mi gusto tiene responsabilidades compartidas entre técnico y jugadores. Los goles de visitante y la inexperiencia de este joven Independiente, que aún así lo creo superior a su rival y le tengo una fe enorme para la vuelta a pesar de mantener una ventaja corta, hacen a este sentimiento particular.

Independiente fue dos equipos completamente antagónicos: fantasía y realidad. El primero, uno de los mejores que yo recuerde y que presencié en la cancha, con vestigios de aquel del Tolo del 2002. Nery, ordenando y acomodando a disposición cada fila de juego, como eje central para coordinar cada avance y retroceso; Fernández, volviendo en un nivel superlativo; Barco, desparramando chilenos por el suelo a merced de su botín derecho; el Toro, convertido en una bestia indomable, recuperando, metiendo y solidificando el sector del medio; Bustos, jugando como lo que es: el mejor cuatro del país con apenas un puñado de partidos en Primera; Meza, explotando y aportándole una dinámica interesante al juego; Togni, estrenándose en una posición desconocida y cumpliendo con creces. Independiente se fue 4-0 al descanso con todas sus virtudes al máximo y le obsequió a sus hinchas una performance histórica -posibilitada también por un rival un tanto limitado-. En los cabales de nadie cabía que podía pasar lo qué pasó, que tiene una explicación.

Que Nery se haya ahogado y obligado al cambio fue el peor augurio para un Holan que decidió retrasar a Meza y poner a Benítez, quien entró flojo, como variante. Sin saberlo, el DT rompió el medio y los chilenos se agrandaron. Para colmo, todo el peso ofensivo y la maña de Independiente en ataque se perdió con el ingreso de Albertengo, que hoy juega gratis en la Primera; el equipo se fue erosionando de a poco, e Iquique se topó con un regalo arbitral que le vino como anillo al dedo. A la hora de la entrada de Álvarez, ya era muy tarde.

El segundo gol es propio de la inexperiencia y la juventud del plantel, y no porque el equipo se confió; en ningún momento mostró conformismo. Pero Independiente terminó jugando con Bustos, Franco, Tagliafico, Togni; Álvarez, Rodriguez, Benítez; Rigoni, Barco y Albertengo. El más viejo era el Toro (27), y en estas instancias de competición la experiencia y la inteligencia son un plus que no te lo dan las gambetas ni la rapidez. Requerís de alguien con la sangre fría para pausar el partido, controlar la pelota e imponer tu propio ritmo; en el banco no se encontraba esa oferta y los chilenos descontaron por empuje, algo insólito teniendo en cuenta cómo se presentaban las condiciones. Fue 4-0 y 0-2, dos partidos en uno que vociferan sus propias conclusiones y que dejan cierto margen de duda para la vuelta.

¿El premio consuelo? Fue otro llamado más al teléfono de los dirigentes, el enésimo. Independiente precisa jugadores que sepan jugar estos partidos y también relleno. Si bien la base titular (por ahora) la tenés, el plantel es cortísimo, y ante dos o tres lesiones ya hay que improvisar variantes. Ya no es una cuestión de traer jerarquía o no, visto que no andan con muchas ganas de invertir dinero en alimentar el plantel; se trata de aportarle jugadores al equipo, nada más. Esperemos que la llegada de Amorebieta y Jonás, multifacéticos, sumen más de lo que resten, pero que no sean las únicas. Si no entienden esto, será muy difícil exigir resultados.

Pese a las observaciones anteriormente señaladas, en el primer partido del segundo ciclo, Ariel Holan demostró y ratificó que el sistema posee su impronta y que su equipo marcha sobre ruedas. Este Independiente no fue un veranito de un semestre, sino que es realidad y presente con una base más que interesante sobre la que trabajar. Solo queda aportarle algunos cimientos a la pirámide para que se mantenga de pie.

Por @rfailache

Vencedores vencidos

“Muchas veces nosotros planteamos objetivos, proponemos ir en un sentido e ignoramos de dónde venimos. Es muy importante que quien recibe nuestro mensaje vea coherencia en nuestro comportamiento pasado. Si hay algo que el futbolista no perdona es el engaño del que dice “vamos hacia allá”, pero su pasado fue en sentido contrario. Si decido proponerle a alguien una epopeya, un intento, una búsqueda, sin tener antecedentes personales que justifiquen que esa posición es genuina, valiosa, es sinónimo de fracaso; si bien a veces el fallo no es inmediato, siempre se produce, aun a largo plazo”. Las palabras son de Marcelo Bielsa. “Los 11 caminos al gol” es un libro que le recomiendo a todos con quienes hablo.

Anoche vi unanimidad en el estadio. O por lo menos en el sector donde me tocó trabajar (Bochini Baja). Presencié a una platea que se rompió las manos en son de agradecimiento a un plantel que dejó cada gota de sudor en la cancha, y aplaudí yo también. Fue genuino, no tenía ningún tipo de reproche. Tragué angustia y desilusión, pero por este deporte en sí, tan bello e injusto. Esta vez no fue como las otras, cuando los responsables de vestir nuestra camiseta no estuvieron a la altura, sino porque vi a mis representantes matarse por el objetivo y morder cenizas. Sentí empatía con su entrega, y casi perdido en lágrimas de impotencia, haciendo fuerza para aguantar que me ganaran y poder responderle con entereza a la radio, miré cómo los jugadores, muchos de ellos abatidos, se iban ovacionados y reconocidos por su público, y me sumé a la multitud en ese clamor. Algo bien estará haciendo el equipo.

Dejando de lado las estadísticas, detrás de los buenos seis meses de Holan hay configurada una base piramidal tan o más importante que una clasificación a una Copa Libertadores. Algo que todo equipo que quiera triunfar debe tener, y es el respeto por una idea y una identidad de juego. Ese “ir en un sentido” del que Bielsa habla sin “ignorar de dónde venimos”. Es la base de todo proceso ambicioso y hoy Independiente lo tiene. En este once no entra cualquiera, sino aquel que entiende que para estar ahí debe pelear cada pelota hasta el final, exigir a su rival hasta el agotamiento y entregar todo y más, aún en la derrota, como la historia lo pide. Eso de “Compromiso, Actitud e Intensidad” no fue un simple lema para contagiar en redes sociales, sino una bandera que se perpetuó a la hora de afrontar duelos y el epitafio de la primera parte de un proyecto que culminó con muchas más cosas en el haber que en el debe. Incluso, con varias impensadas sobre el final del primer tramo de este torneo.

Sobre el partido, el fútbol nos enseñó y demostró que los merecimientos no existen. Encima, como si el destino se nos riera aún más en la cara, el error por el que nos empatan es de Campaña (elige mal conceptualmente y le da una pelota complicadísima a Nery, que lanza un horrible pase forzado a un rival), el tipo más regular del torneo y quien tantas veces nos salvó. Insisto en que no hay reproches en una noche en la que se dio todo para ganar y no pasó, aunque hilando muy, muy fino, quizás alguno de los cambios (Erviti, Meza o los dos) tendría que haber sido por un defensor; tal vez, en una de esas, arriesgando un poco de más, quién te dice… De todos modos, el planteo me pareció bueno, cuidándose de las corridas de Acosta con subidas de Pasquini y esperando pasar el primer sofocón que siempre impone Lanús, y luego con un equipo protagonista durante 70 minutos. Independiente obnubiló a un rival que tiene dos años de trabajo encima bajo el mismo proyecto y no lo dejó acomodarse. Lo dominó a merced a partir de los 30 minutos. Solo faltó que entre por segunda vez.

Sí se puede recriminar, aunque no a Holan, que la falta de cierto peso específico en el plantel hace que Independiente tenga de estas pálidas. Hoy hay cracks en desarrollo, como Barco y Rigoni, y leones como Bustos, Tagliafico y el Toro Rodríguez, más un arquero de nivel de selección. Pero no se cuenta con un jugador que, por jerarquía individual, te cambie un partido. Principalmente, uno dentro del área. Un Benedetto, un Alario, un Blandi, un Bou o Lisandro, incluso un Scocco. Terminar el semestre jugando con Albertengo como titular, cuando por lejos demuestra que le está costando demasiado, es regalar ventaja. Y algo que vengo pensando hace ya varias fechas: ¿por qué no llevar al banco a un suplente para el puesto? No me digan que no hay porque vi inferiores bastante tiempo y sé del potencial de los chicos de Reserva como Nicolás Messiniti o de Lucas Lezcano. ¿Ni siquiera sentarlos y que esperen su turno? Los dirigentes tienen ahora su propio partido. En sus manos queda lo que pase en la Copa Sudamericana o Argentina. Es menester que traigan, al menos, un futbolista que te haga la diferencia.

Estos seis meses fueron más que intensos. Independiente recuperó su juego histórico, ganó muchísimo más de lo que perdió (apenas un partido), se ilusionó con entrar a la Libertadores, con pelearle el campeonato a Boca, y los cerró con un partido que quedará en la historia de las iniquidades más grandes del fútbol. Pero siempre con pertenencia, con lealtad a un sistema que se fue ajustando y moldeando en base a lo que pedía cada partido, y con jugadores que adentro de la cancha demostraron los valores que el hincha quiere ver. Con la “coherencia con nuestro comportamiento pasado” que demanda Bielsa para afrontar un desafío. Por primera vez en mucho tiempo, hay un proyecto que comienza a mostrar sus luces y que despierta entusiasmo en los hinchas. Ahora habrá que alimentar las exigencias de un técnico que demostró estar a la altura, mantenerle una base de trabajo y abastecerle el plantel de futbolistas categóricos. El resto, que quede en sus manos.

El paso inicial para lograr algo está dado. Nos merecemos bellos milagros, y ocurrirán.

Por @rfailache

Silbando una ilusión

Son las 02:49 de este viernes 23 de junio cuando empiezo a escribir esta columna. Antes solía comenzar con la redacción cerca del final de los partidos; luego, cambié a esta metodología en la cual prefiero esperar un poco más. Trato de evacuar los sentimientos lo más que puedo, eso que le dicen “enfriar la cabeza”, para darle paso al raciocinio y así empezar el ritual del tecleado. Aunque debo confesar que hoy me está costando bastante que se vayan. Y no es casualidad.

Hace mucho tiempo que Independiente no nos despierta ilusión alguna. Campeonatos enteros y agrios de no pelear por nada pasaron y pasaron a lo largo de estos años. Y ahora la chance de estar entre los más grandes de América vuelve a estar en nuestras manos. Parece poco, pero a como viene la mano, ver a nuestro equipo (aunque sea) participar en la Libertadores es un hecho tan movilizante como especial. Tal vez los de afuera no entiendan lo que significa para nosotros; no importa. Es una cita única que solo este hincha se da el lujo de conocer.

Independiente quedó, anoche, a un pasito de volver a atravesar ese selecto portón. Lo hizo con paciencia, con verticalidad y con superioridad en todos los aspectos del juego. Hubo ratos en los que hasta regaló ventaja por cómo se dieron las cosas, y entonces apareció Campaña como ese redentor que necesitó en momentos claves. Rigoni, Barco y el Toro Rodríguez estuvieron en el podio en otra noche que tuvo más puntos altos que bajos y en donde, a partir de los 20 minutos del primer tiempo, se vio a un equipo jugando como tal, con el sentido más etimológico de la palabra. Después, la jerarquía individual hizo lo suyo. Ganó, gustó y goleó, con todo lo que lo necesitaba en este contexto para recuperar la confianza luego del domingo pasado.

Está claro que este presente esperanzador tiene a un solo responsable y ese es Ariel Holan. Artífice y prestidigitador de un Independiente que volvió a las raíces y que recuperó el sentido de pertenencia, agarró a un equipo en la novena posición, depuró las malezas para conformarse su propio grupo de trabajo y siempre le encontró la vuelta pese a las reiteradas lesiones, las sanciones, los asquerosos arbitrajes en contra y el plantel corto. Potenció a jugadores que tenían mucho por dar, consolidó a una férrea defensa cuando nadie daba un peso por ella y sorprendió con planteos que dieron que hablar. Más que aprobados estos seis meses de un técnico al cual no se le puede reprochar nada. Ahora, la dirigencia también deberá apoyarlo pero en el mercado, manteniéndole una base y trayéndole nombres de peso para jugar la Sudamericana. No se puede jugar más con 15 jugadores.

El martes, Independiente se juega el partido más importante -creo yo- de los últimos cuatro años. Y como si fuera uno de Fontanarrosa, es contra el Lanús del viejo conocido Jorge Suspenso. Este equipo, salvo ese día con Boca, demostró estar a la altura en las oportunidades que se le presentaron. Ganó con solvencia por la Copa, con autoridad en el clásico y tiene ahora la prueba de fuego. Esta ilusión, de 04.34 am del viernes 23 de junio, probablemente me tenga un rato más mirando al techo. Me resulta imposible no pensar en cómo jugar a las espaldas de Marcone -por más que no sea mi trabajo-, apagar la calculadora ahora, no hilvanar imágenes de festejos o dejar de imaginarme a aquella dama que conquistamos siete veces con la estrategia de seducción que solo Independiente conoce. Varias veces intenté separarme esta noche de los sentimientos. Y no pude. Ojalá el miércoles, de madrugada, me resulte igual de difícil.

Por @rfailache

Últimas noticias

1
2
3
5
Arregui entrenamiento
6

Send this to a friend