Creando Identidad Roja

Este jueves 8 de junio, a las 9 hs, se llevará a cabo la primera de una serie de charlas denominada “Creando Identidad Roja”, dirigida hacia los juveniles de Independiente.

El principal objetivo de este proyecto, promovido por el Profe Juan Cruz Anselmi, será fomentar el sentido de pertenencia con el club con los chicos de las inferiores y hacerles entender, desde que dan sus primeros pasos por Villa Domínico, lo grande que fue, es y será ésta institución.

La primera de esta serie de conversaciones será llevada a cabo, nada más y nada menos, que por Ricardo Pavoni y Miguel Ángel Santoro, dos de las glorias más grandes que ha tenido Independiente, y que se dedican día a día a orientar el futuro de los futbolistas que surgen.

Las conversaciones de “Creando Identidad Roja” se llevarán a cabo en el gimnasio del predio de Santo Domingo (Villa Domínico), y, además del Chivo y Pepé, algunos de los exfutbolistas que serán invitados a formar parte de este proceso serán Trossero, Sa, Villaverde, Bochini, Bertoni, Galván, Marangoni, Burruchaga, Alfaro Moreno, Islas, Monzón, Garnero, López, Milito, Pusineri, Agüero, Matheu y Mancuello.

También lo fueron a él

En el día en que se le comunicó a Mauricio Pellegrino la decisión de que no continúe al frente de Independiente una vez finalizado su contrato, trascendió otra noticia referida a un despido.

Se trata de Daniel Valdez, coordinador general de la Reserva del club, hombre directamente ligado a Gabriel Milito y quien había llegado al Rojo durante el mandato de Javier Cantero.

El despido se oficializó el viernes aunque ninguna fuente quiso revelar las causas.

Lo que desencadenó la salida de Gabriel Milito, en el año 2014, fue la negativa por parte de la dirigencia a extenderle los contratos a Santiago Rodríguez y Miguel Gomis, coordinadores de infantiles e inferiores respectivamente, además de la ya conocida mala relación con ciertos integrantes de la comisión.

Ahora, cuando el nombre del exzaguero central vuelve a sonar para ponerse el buzo de DT, otro de sus laderos laborales vuelve a ser apartado. ¿Casualidad?

Nos debemos un respiro como hinchas

“¿Este paso por Lanús lo estás disfrutando más que tu paso por Independiente?”, le pregunta acertadamente el periodista de Diario Popular a Jorge Almirón, hoy puntero en Lanús. La respuesta es contundente: “Son los contextos diferentes. Tuve aceptación de los jugadores, y los veo que están convencidos de lo que hacen. Te doy un ejemplo, contra Rafaela perdíamos hasta los 35 minutos del segundo tiempo, y el equipo no tiró un pelotazo, tuvimos paciencia buscando el pase. En Independiente no lo podés hacer, porque ni bien el jugador pasa la mitad de la cancha ya desde la tribuna le piden que tire el centro por más que no haya nadie en el área, que divida la pelota. Y si no lo tira lo insultan, vienen los nervios y se desvirtúa la intención de juego, lo que se entrena, y todo eso empieza a generar inestabilidad porque los nervios se multiplican. La gente de Lanús entendió la filosofía de juego que intentamos, y entiende que no se puede tirar un pelotazo porque sí”.

Antes de comenzar esta columna, aclaro que el Extraterrestre nunca fue un santo de mi devoción. Entiendo que si su mandato en Independiente se dio de esa manera, fue porque nunca le terminó de encontrar la vuelta a un equipo endeble, y jamás haría una nota pidiendo que vuelva alguien a quien el hincha -y me incluyo- echó por la puerta de atrás. Lo que sí no puedo objetarle es falta de conceptos, porque con esa respuesta demostró que sabe y mucho.

Está claro que para ser un futbolista de primera división, además de tener todos los condimentos necesarios, hay que estar preparado psicológicamente. Y más aún para desempeñarse en un contexto como el que atraviesa hoy Independiente, donde la urgencia por ganar algo exaspera al hincha a niveles insorportables.

Los quince años sin títulos locales y seis sin internacionales convierten al Libertadores de América en un caldero hostil, donde cada pelota perdida es sinónimo de murmullo, donde en cada avance, como bien señala Jorge Suspenso, se pide tirarla al área por más que no haya nadie, y donde el jugador debe resistir a 40 mil almas exasperadas que descargan insultos y quejas al unísono.

Esto abre varios debates: ¿Sirve de algo insultar, silbar y murmurar durante el partido contra los propios jugadores? ¿Hay algún equipo que haya sido campeón con un técnico recién asumido por obra y arte de lo efímero, sin haber atravesado por un proceso de mejora? ¿Tanto nos cuesta aguantar hasta el final del partido y manifestar nuestro repudio en ese momento? ¿Esto ocurrirá siempre, con cualquier técnico que agarre los fierros calientes, indistintamente de que se llame Pellegrino, Almirón, Milito o Sampaoli, o solo pasa con los que no tienen sentido de pertenencia o se identifican con el club? Mi miedo más grande es que asuma Gabriel y que, si la cosa no anda bien, termine como le va a ocurrir al hoy técnico dentro de un mes.

Es complejísimo. Encontrar la racionalidad sumergidos en tanto tiempo de sequía es una ardua tarea. Tal vez nos debamos nosotros, los hinchas, reflexionar acerca de si realmente es productivo expresar el enojo en el momento en que la pelota gira. La desconfianza y la fragilidad que transmite el equipo hacen pensar que un gol en contra es sinónimo de derrota, y la poca actitud mostrada convalidan y engendran aún más ese sentimiento. Lo cierto es que no aporta nada. No seremos más hinchas ni los jugadores irán más al frente por putear en medio del partido. Es una avalancha de la que difícilmente saldremos, y que, partido a partido de local, se agiganta.

Al descubierto

Otra vez, el mismo estigma de la era Pellegrino vuelve a alejar a Independiente de una competencia. Los partidos decisivos, esos en los que se debe salir con el hambre de un depredador a buscar los tres puntos, son la estaca -por no decir “el miedo”- de un técnico que, ayer, empate ante el último del campeonato mediante, perdió todo mi crédito.

A diferencia de los otros encuentros que lo marcaron, como fueron los partidos por Copa Sudamericana y por la Liguilla Pre-Libertadores, en éste, el contexto no podría haber sido más favorable. En el momento en que Independiente pisaba el pasto de Junín, Rosario Central ya había perdido la punta a manos de Olimpo, Godoy Cruz regalaba su liderazgo en Liniers (luego, terminaría venciendo por 4-1) y Sarmiento, si sumamos ambas tablas de este extraño campeonato, solo tenía dos equipos debajo suyo, que eran Argentinos y Atlético de Rafaela, ambos correspondientes a la otra zona. Sin embargo, otra vez sopa. El técnico volvió a mostrar su hilacha y, a como ya nos acostumbró en éste último tiempo, nos volvimos sin torta y sin pan.

Con el plantel que tiene, Independiente no puede permitirse no patear al arco, no ser protagonista del partido o no imponerle sus condiciones de juego al rival. Es intolerable. El “con estos jugadores, nadie te saca campeón” es solo un subterfugio que ya no encuentra sustento dentro de un equipo que tiene, al menos, un jugador por línea de calidad internacional. Que Cuesta va a los olímpicos, que a Tagliafico lo quieren todos, que el Cebolla es titular en cualquier lado, que a Leandro Fernández lo quiere Boca, que vuelve Denis y que la mar en coche. Tampoco me parece que haya que culpar a los dirigentes, quienes, bien o mal, cumplieron con todas o la mayoría de las exigencias de este cuerpo técnico. El responsable tiene nombre y apellido.

El entrenador es quien debe ajustar y darle forma al juego del equipo según los intérpretes que tiene. Eso es lo que te dicen en la primera clase del curso para poder ejercer la profesión. En Independiente, a simple vista, el peso específico parece encontrarse en la naturalidad ofensiva de éstos. Hasta sacando a Denis, Vera, Benítez, Leandro Fernández, Albertengo, Rigoni, Droopy, el Cebolla, Ortiz y Méndez, te encontrás con que los laterales, Tagliafico y Toledo, pueden ser usados para el mismo fin. Entonces, ¿cómo es posible que te vuelvas de Junín con solo un remate al arco claro de gol en tu haber, contra el antepenúltimo de la Primera División? El único grande que no juega copas ahora tampoco incomoda a un pálido club que lucha fecha a fecha para no descender.

Cada quien cosecha lo que siembra. Independiente llegó a ésta parte del campeonato jugando mal, pero con resultados que, por ache o por be, terminaron siendo positivos. Los hinchas nos ilusionamos por la posición en la tabla pero cuando llega el momento de probar que no fue casualidad, el técnico se empeña por demostrar todo lo contrario. “No generamos situaciones de gol pero tuvimos el control del partido”, atinó a decir con desparpajo después del empate, en una escasez de lucidez absoluta.

Quizás todo este despilfarro de palabras esté de más y Dios quiera que Godoy Cruz sea el paralelismo del Leicester, sorprendente puntero de la Premier League, y que el Lanús del viejo amigo Jorge Almirón, el Tottenham. Nosotros, otra vez, nos tendremos que conformar con encontrarnos en la vereda de enfrente, la que hoy transita el Arsenal: esa del que siempre tiene todo para ser campeón y no lo fue.

"Cuando termine el Mundial"

Sergio Agüero pasó por los micrófonos de “Independiente en la Uno” y le puso fecha a su tan esperado retorno a Independiente.

“Está claro que voy a volver para retirarme en Independiente. Ni bien termine el contrato con el Manchester City, me rajo para allá”, sentenció el Kun. Y agregó: “Finaliza después del Mundial de Rusia”.

Además, el ex Atlético Madrid bromeó sobre la posibilidad de que Messi juegue en Independiente y contó una anécdota que vivió con el rosarino: “Lío me dijo, una vez: ‘Si querés que vaya al Rojo, vos tenés que jugar en Newell’s'”.

Acerca de la salida del ingeniero Manuel Pellegrini para que Josep Guardiola asuma la dirección técnica del club inglés, el delantero argumentó: “Es un poco loco que sepas que va a llegar un técnico cuatro meses antes de que se vaya”. Y añadió: “Messi me dijo que Pep es muy exigente”.

Por último, Agüero analizó el presente deportivo de Independiente y señaló: “Llegaron muchos jugadores y falta que se conozcan más. Cada vez que miro los partidos, van cambiando y se hace difícil para uno que le vayan modificando al que tiene al lado”. Y concluyó: “Al ser un torneo corto, es difícil. Esperemos terminar lo más arriba posible”.

"Estamos a muerte con Pellegrino"

Hernán Pellerano se mostró contento por la victoria de Independiente ante Colón, aunque destacó que “la prioridad era ganar” y que “estábamos de golpe tras golpe. Si no ganábamos hoy, iba a ser definitorio”.

Ante la salida de Diego Rodríguez del equipo, el jugador fue designado capitán y declaró: “Fue hermoso. Uno cuando firma con un club tan grande se imagina el debut, el clásico, pero no ésto. Es una responsabilidad”. “Lo importante es que se ganó”.

Por último, alejando ciertos rumores sobre una posible salida del técnico, finalizó: “El equipo siempre estuvo unido. Me tocó tener un grupo muy bueno, y por suerte le pudimos responder a Pellegrino. Estamos a muerte con él”.

"Fue un partido difícil"

Mauricio Pellegrino dialogó en conferencia de prensa y analizó la victoria ante Colón de Santa Fe: “Fue un partido difícil desde lo anímico y desde lo táctico. Colón te genera superioridad en ataque. Hemos tenido 6 o 7 situaciones, aunque el partido fue más duro de lo que parece en el marcardor”.

“Denis y Vera necesitan estar más cerca del arco. Para mí gusto, tuvimos poco la pelota y nos faltó más paciencia, que llegó más al final”, continuó el DT. Y agregó: “El equipo jugó muy apresurado; tiene que tener más calma”.

Acerca del debut del arquero Martín Campaña, explicó: “No era fácil, porque era el primer partido, pero no ha tenido muchas intervenciones. En las que le tocó estuvo bien parado, aunque tampoco se sufrió mucho en defensa”.

Una de las claves de la victoria fue el buen trabajo que se hizo mediante la pelota parada, luego de bastante tiempo sin que eso ocurriera, y respecto a ésto, Longaniza subrayó: “El golpeo de la pelota parada es casi el 70%. Tenemos gente de envergadura en la materia y hemos hecho un buen trabajo. Droopy y Emiliano le pegan muy bien y le hicimos mucho daño”.

Por último, destacó los ingresos del Cebolla Rodríguez y de Diego Vera: “Es una buena noticia tenerlos”.  Y concluyó: “Vamos a evaluarlos, de cara al próximo partido”.

Y un día, cambió el arquero

Martín Campaña debutó en el arco de Independiente en el partido ante Colón, en el cual el Rojo resultó victorioso por 4-1.

El arquero uruguayo irrumpió en un equipo en el cual no atajaba otro arquero que no fuera Diego Rodríguez, quien se desempeñaba como titular y que estuvo al frente de 97 encuentros consecutivos.

Con una atajada clave en el primer tiempo, tras un potente remate desde afuera del área que desvió y dos centros muy bien cortados, Campaña redondeó un rendimiento aceptable para un arquero que no atajaba hace tres meses. Luego, en la segunda mitad, tendría un grosero error al quedar pagando en una salida, que fue afortunadamente despejada por Nicolás Tagliafico.

En líneas generales, el arquero tuvo un correcto debut, sin mucho que hacer en el gol, que proviene de una desatención por el lado de Gustavo Toledo.

Aprevidos

La Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (APREVIDE) dictaminó la sanción que le caberá a Independiente, luego de los hechos ocurridos con las bengalas en el Estadio Libertadores de América, ante Racing.

El organismo determinó que el club sólo pueda disputar el partido ante Colón de Santa Fe con los hinchas que sean socios. Además, identificó a Mariano Martín Pavón y Christian Lionel Sabelli como responsables de los hechos, mediante las imágenes que tomaron las cámaras de seguridad del estadio, y desde la institución se comprometieron a prohibirles la entrada por dos años.

Ecuánimes

Un partido que se está jugando se interrumpe por un suceso extrafutbolístico. Al poco tiempo se reanuda, y el equipo que se encuentra en desventaja sale con hambre y se come la cancha, hasta conseguir el empate que, finalmente, buscaba.

¿Hablo de Racing? No. Es Rosario Central. El domingo 21 de febrero trazó uno de esos paralelismos que asustan.

Lo peor que pude haber hecho cuando volví de la cancha fue haber visto al equipo de Eduardo Coudet. Muestra de hombría, de garra, de convicción, de hambre de victoria, de insatisfacción, de inconformismo, de orgullo, de rebeldía; todos estos adjetivos y sustantivos que hace años pedimos en Independiente, pero que no parecen tener significado en Avellaneda.

Imagino que el primer acto que todos hemos tenido, después del recontra golazo de López, fue putear a los cinco o seis idiotas que encendieron esas bengalas, al grito de “las prenden en el mejor momento anímico del equipo, imbéciles”. Voy a limitarme a hablar sobre esto. Quisiera no tener que aburrir con un descargo enorme y un sermón de que nos estamos convirtiendo en ellos. Pero sí es importante resaltar que, mientras más tarados avalen este tipo de cosas, peor nos irá. El hinchismo por la hinchada es la categoría más baja a la que se puede acceder, y el próximo escalón será el de apropiarse de la garantía de una fiesta en cualquier partido, ajena o no al resultado.

En cancha, Independiente no hizo mérito alguno para justificar la obtención de los tres puntos. Fue el híbrido de un equipo que no sabe atacar y que intenta no recibir goles. En 90 minutos, se generó una sola situación de gol, mediante un tipo que había entrado a los 80 y definida por otro que, a mí entender, hizo absolutamente todo mal salvo el gol.

Aún así, jugando de local y cuando la presión la tuvo el rival, no fue capaz de cerrar el partido. En lugar de aguantar la pelota, se la cedió al que era quien debía estar nervioso por conseguir el empate. Y, para colmo, llegan a éste como si fuera un cuento de Fontanarrosa: tirando una chilena en el último minuto. Ni siquiera la viveza de meter la cabeza cerca del pie y quedarse tirado en el piso, agarrándose la cara y aduciendo un golpe, a ver si sacás un foul como le hicieron a ellos hace dos fechas. Nada.

Lo más defraudante, quizás, es la culpa de sentir que Racing vino a eso: a buscar el punto que se llevó. Porque si vos no podés conseguir lo tuyo, vaya y pase. Pero, además, bailaste al compás de su objetivo y no te inmutaste ni un poco. La carencia de rebeldía es notoria. En el segundo tiempo, les movían la pelota de un lado a otro, y los de rojo corriendo atrás, como si jugaran al loco.

Después de lo de ayer, lo futbolístico pasa a un segundo plano. El reordenamiento, además de táctico, debe tener sus raíces en lo actitudinal. Una sola cosa anhelo: ver en Independiente los valores de Central, con ese hambre, ese orgullo, esa vergüenza que sintieron los tipos al percibir cómo se les escapaba aquello que sabían que podía ser suyo. Ayer era la prueba perfecta para demostrar que, al menos, un poco de eso se guardaban consigo. Sin embargo, a nadie le importó. El Indio tiene razón: hay caballos que se mueren potros, sin galopar.

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