La senda

La victoria ante Belgrano, el primer partido de la senda para campeonar, tiene tanto de rescatable como de olvidable. Si bien no puede ser más que un buen augurio de cara al comienzo de un torneo que debe tener a Independiente en la cúspide de la pirámide, hay que delinear muchísimos aspectos, así como también destacar que se ganó un partido con más de la mitad de suplentes.

El encuentro contó con un exceso de particularidades que lo transformaron, quizás, en uno de los más épicos desde aquel 2-0 ante Huracán, el 12 de junio de 2014: los dos tiros en el travesaño de Farré; la lesión del Cebolla – quien tiene tanta responsabilidad él por no estar en forma, como el técnico por incluirlo en los 11 titulares-; la lluvia, que cortó la transmisión de la televisión y que, quienes no tuvimos la posibilidad de estar, jamás sabremos qué misterio se escondió en esos 20 minutos no transmitidos; el regreso de la televisación y el de Denis; el atajadón del Ruso; el gol, ley del ex mediante, de un jugador que pinta para mucho.

Belgrano es un equipo durísimo. Con esto no descubrimos nada. Zielinski, zorro viejo, militante del contragolpe, sabe de cerrar equipos y de pegar donde más duele. Identificó al talón de Aquiles de la defensa de Independiente, que está en Toledo, y se dedicó a atacar siempre por ahí. Es un jugador con mucha vocación ofensiva, pero que, en varias ocasiones, se olvida de la marca. De todas formas, su rendimiento fue bueno. Tal vez, no desencajaría de 8 y en alguna ocasión que no estén disponibles los titulares lo podamos ver.

Y si de titulares hablamos, Independiente cedió terreno en este tópico. Lo mejor que tuvo la tarde fue que se vio obligado a prescindir de sus titulares y, aún así, consiguió los tres puntos. No obstante, el cuestionamiento es el cómo: solo pateó una vez al arco (las otras se desviaron) y fue, precisamente, en la jugada del gol. Entonces, ¿por qué tanto empecinamiento con un esquema que, desde el vamos, se vio que no iba a funcionar? ¿Por qué Trejo por el Cebolla, sin romper el 4-2-3-1, cuando el partido pedía a alguien que pivoteara arriba como Denis o que rompiera líneas, como lo hizo el Droopy?

La jerarquía del 19 cambió un partido que se esfumaba gota a gota. Lo que dijo en la semana fue cierto: “Volví en mi mejor momento”, y con apenas 30 minutos se notó. Cuando el fútbol se agotó, fue él quien bajó, comenzó a buscar la segunda jugada y así llegó el gol.

La presión por salir campeón, ejercida por los medios y por el hincha genuino, hizo su efecto y eso se vio en los primeros 15 minutos, donde Belgrano parecía el local. Independiente nunca terminó de acomodarse en el partido y la pasó mal, viéndose salvado por una jugada aislada. La suerte -o el destino- se puso el trajín de diablo, pero no siempre será igual. Tras un juego futbolísticamente chato, la esperanza se aferra a que el equipo titular muestre una versión diferente, sólida, convincente, que sepa sortear obstáculos. Este caso aislado, probablemente, no sea parámetro, pero da qué hablar. Ahora es donde debe verse la mano del técnico y la hombría del plantel. Si se quiere aspirar al título, el viernes, en Mendoza, no servirá ganar de esta manera.

Despedida con gol

Germán Denis disputó hoy su último partido vistiendo la camiseta del Atalanta, en el partido en que su equipo igualó 1-1 ante el Sassuolo. El gol lo marcó él, luego de fallar un penal y conectar el rebote.

En un marco nostálgico con dejos de partido despedida, la principal atracción para los italianos fue ver por última vez a su capitán, y es por eso que todos los jugadores del Orobici vistieron un parche en homenaje al ex Independiente.

De esta manera, se cumple un ciclo de casi cinco años jugando para el equipo azul y negro, en los que disputó 154 partidos y marcó 56 goles. Ahora, a pensar en Rojo.

El gol de Denis:

La despedida del Tanque:

El parche que vistieron sus compañeros:  

Pisano ya está en Brasil

Matías Pisano llegó a Brasil, puso la firma en el contrato y se transformó en el nuevo jugador del Cruzeiro. La entidad brasilera pagó un total de 900.000 dólares por el 50% del pase del jugador, más la cancelación de la deuda que Independiente mantenía por el pase de Ernesto Farías, equivalente a unos 680.000 dólares.

El Celeste se quedará con los servicios del Enano por tres años, y para reemplazarlo llegará Emiliano Rigoni, jugador de Belgrano, quien a pesar de que viajó a la pretemporada con el Pirata, todavía debe resolver unos temas contractuales con el club para poder desligarse.

Pisano llegó al Rojo en la temporada 2013/14 y disputó un total de 94 partidos, habiendo convertido 7 goles y un total de 25 asistencias.

Empezar a cambiar

Tres años y medio tuvieron que pasar para que Independiente concretara una venta. La última transacción que le dejara un rédito económico al club había sido la de Patricio Rodríguez al Santos de Brasil. Luego, el declive: algunos que rescindieron; otros, a los que se les pagó para que rescindan; unos cuantos que no quisieron renovar; también quienes embargaron a la institución, sacando provecho del mal momento en el cual ésta se encontraba.

Lo cierto es que hoy, después de mucho tiempo, Independiente volvió a ganar pero fuera de las canchas. Si bien los tres millones verdes limpios por Mancuello podrían haber sido más si se lo vendía en el momento adecuado, el Rojo saca provecho por un jugador que tuvo una primavera de ocho meses en donde le salió todo y supo ser capitán, emblema y referente. Por suerte para el equipo, se desarrolló un sistema independiente -valga la redundancia- del santafesino y su condición de imprescindible comenzó a desvanecerse.

La última etapa fue, quizás, el comienzo del fin. Una lesión que funcionó de coartada para escapar a los partidos durante el mercado de pases de invierno, y al momento de estar a punto nuevamente y demostrar que los rezagos de aquel héroe estaban latentes, se vio superado desde lo físico y mental. La diáfana muestra de esto es el partido con Belgrano por la liguilla, donde tuvo que salir a raíz de una molestia en el tobillo e Independiente mostró otro semblante. Pasó de la catastrófica imagen del 0-1 a la triunfal del 4-1. Ese fue el punto final.

Distinto es el caso de Matías Pisano, el que tenía todo para serlo y no fue. A diferencia de Mancu, quien se ganó al hincha gracias a su esfuerzo y al sentido de pertenencia, Pisano lleva consigo el don del talento, pero le faltaron siempre las ganas y la garra que tanto se exigen. Su andar displicente aburrió al hincha hasta colmarle la paciencia. Quizás no lo supieron usar o quizás él no se adaptó a ningún esquema. Lo mejor que pudo pasarle al club fue haberlo vendido, cuando todos los caminos conducían a una no-renovación del contrato.

Además, se le extendió la soga a Jesús Méndez, prioridad número uno; se limpió a varios jugadores que jamás iban a tener -o volver a tener- una oportunidad con la Primera; está al caer Rigoni, y, aunque resulte extraño destacarlo, se eliminó esa creencia estúpida de traer para rellenar el plantel, lo que culminó en el paso por el club de jugadores como Aquino, Pereyra Díaz, etcétera.

Sin embargo, luego de todo lo bueno que se enumera, la copa de cristal se puede romper gracias a la desprolijidad del caso Campaña-Cáceres. Al poseer solo un cupo para extranjeros y ante la salida de Germán Montoya, Independiente apuró al arquero uruguayo y lo obligó a hacerse la revisación médica, con el fin de firmar cuanto antes. Pero, a última hora, la cosa adquirió otro color y todo puede dar marcha atrás si es que la dirigencia opta por Marcos Cáceres, el defensor paraguayo, puesto que tranquilamente puede ser cubierto por algún juvenil o, en su defecto, otro que no afecte al conflicto de las nacionalidades. Y mejor no nombrar el precio al cual se lo quiere pagar, porque cerramos el boliche.

La predicación del cambio, de avanzar para volver a ser, radica en lo que ocurre dentro de la cancha pero también en el buen actuar de los dirigentes. Hasta acá, me saco el sombrero y felicito, porque el trabajo ha sido correcto aun con poco más de un mes para que finalice el mercado de pases. No obstante, arruinarlo todo debido una estupidez como ésta implicaría retroceder institucionalmente; destruir lo que con paciencia y trabajo se viene haciendo. No es casualidad lo de las ventas después de más de tres años. Todo pasa por la imagen, que ladrillo a ladrillo se fue restituyendo y que tanto preocupa a los peces gordos del club. Ojalá no se la manche con una decisión tan absurda. Así, nuestro Independiente querido, algún día vuelve a ser una institución modelo.

"Esta semana estaremos firmando"

Pablo Moyano, hijo del presidente de Independiente y vocal segundo de la institución, dialogó esta noche con el medio partidario “Siempre Independiente”, y confirmó el interés del club en renovarle el contrato a Jesús Méndez, el cual vence en diciembre.

“Avanzamos la semana pasada. Si no ocurre nada raro, esta semana estaremos firmando con Méndez, porque es un jugador fundamental”, explicó.

Además, se refirió a las prioridades que manejan en el mercado de pases: “Zelarayán es el gran objetivo; después, un arquero y un lateral derecho”. Y sobre el volante de Belgrano, agregó: “Nos hemos juntado. Hicimos una oferta y esperemos llegar a buen puerto. Están dispuestos a negociar”.

Por último, hizo referencia a las ventas y a la situación del plantel, y sentenció: “Entre 20 y 25 jugadores van a ser transferidos o cedidos para bajar el presupuesto”.

Fuente: www.tycsports.com

Pasan los años

Escribo esto con total dolor por haber perdido una final, nada más y nada menos, que con el clásico rival. No me conformo con haber ganado en su cancha, ni tampoco con que haya sido con 9 jugadores. Tanto yo como vos soy el primero que deseaba clasificar a la Copa. Pero si la cosa se dio así, fue por un conjunto de errores, algunos sutiles y otros graves, que marcan la diferencia entre un equipo que está para pelear la gran competición continental, y otro que tendrá que vérselas con los más débiles de la región.

A éstas horas, sólo abunda la bronca. Porque el domingo Independiente demostró que tenía el potencial y el nivel para ganar la serie. Si en lugar de salir a especular y a hacer quién-sabe-qué la semana anterior, se proponía atropellar a su rival tal como lo hizo en el Cilindro, la historia hubiese sido diferente. O quizás no. Pero, al menos, la bronca no estaría tan alimentada.

La semana pasada pedí que tuvieran orgullo y que salieran a jugar como hombres. Nadie lo leyó, como dice Eña, pero al menos la mayoría sintió estar en deuda y hubo un cambio de actitud. El factor “perdido por perdido” también surgió efecto y favoreció a Independiente, a quien no le quedaba otra que dejar una buena imagen. Por la figura de Saja y por algunas jugadas puntuales que no concluyeron del modo esperado, no se hizo historia.

Aunque buscar desperfectos a estas horas sea en vano, caminar sobre nuestros propios pasos debería llevarnos a resaltar aquello que se hizo mal: lo que ocurrió desde el primer momento hasta hoy.

Hay fallas muchísimo más grandes que haber dejado pasar esos tres puntos que separaron al cuarto, Racing, del quinto, Independiente, y que dictaminó que ellos fuesen quienes definieran de local. Sin embargo, está expuesto que una serie de puntos que se han regalado derivaron en el puesto que ocupó el equipo. Estudiantes, Huracán, Aldosivi, por citar algunos de la era Pellegrino.

Adentrándonos en lo realmente grave se encuentran los jugadores que salen a bailar un jueves a la noche cuando el viernes debían entrenar para disputar, quizás, el partido más importante de sus vidas, por ejemplo; o que un integrante del plantel se rebele contra las indicaciones que le da el técnico y lo mande a cagar, también en el mismo contexto. Esa gente no es más que Independiente, a pesar de que así se crea. Pellegrino no tuvo más remedio que incluirlos para el domingo, por cuestiones futbolísticas y éticas que evitaran el qué dirán. Pero a partir del 1 de enero, esas personas deberán ser excluidas.

En lo netamente futbolístico, el técnico, quien demostró ser un gran motivador además de un excelente profesional y alguien con mucha seriedad para trabajar, deberá entender cómo se plantean los partidos decisivos. Y no lo digo solo yo, sino que él mismo lo expresó en conferencia de prensa el domingo. Es un problema que acarrea desde su época en Estudiantes de La Plata y que, si quiere ganar algo con Independiente, deberá modificar. La vuelta contra Independiente Santa Fe en Colombia; el partido de ida frente a Racing; el segundo contra Arsenal por Copa Sudamericana, encuentros en los que solo servía ganar, se especuló demasiado y, salvo el último, terminaron siendo letales para su currículum (y no cuento el de Lanús en Copa Argentina porque recién asumía el cargo).

Lo que viene ahora es un mercado de pases que debe ser adecuado a las necesidades del plantel y no abultado porque sí. Basta de priorizar la cantidad por sobre la calidad. Independiente tiene un once titular muy bueno, pero un banco de suplentes que se sepulta su propia tumba. Se tiene que apuntar a tres o cuatro refuerzos de calidad, y no a nueve que incluyan a jugadores simil Pereyra Díaz, Aquino y demás.

Boca, River, Racing, San Lorenzo, Huracán y Rosario Central entraron a la Libertadores y tendrán la cabeza ocupada en ella el campeonato que viene, que, por cierto, será corto. No existe una excusa que ampare la posibilidad de no ganarlo. Los cuatro grandes, uno de los mejores conjuntos del campeonato y el equipo revelación estarán enfocados en un objetivo mayor, y salvo Boca, el resto no posee un plantel tan amplio como para pugnar en ambas competencias -esto está sujeto a lo que ocurra con las transferencias-. Es la oportunidad para revalidar un título que no se consigue hace 13 años. Si no se consigue, que se considere un fracaso.

Otro año que ofrecía un abanico de posibilidades se escapó por la ventana. Que el equipo haya muerto de pie sirvió únicamente para evitar un papelón mayor y para demostrar que, por más recóndito que se halle, aún existe hambre de triunfo. La pasión nos lleva automáticamente a encontrar el lado esperanzador de un híbrido Independiente, engendrado por la historia ganadora y por estos largos años de sequía. Haber terminado cuartos y quintos desde que se volvió a Primera, respectivamente, no alcanza. Haber tocado la base de la Libertadores y luego soltarla no sirvió de nada. Exigimos siempre y así seguirá siendo. En 2016 tiene que comenzar el resurgimiento. La ilusión tiene poco menos de un mes para aferrarse nuevamente.

Veintitrés con nueve

Con más actitud que fútbol, Independiente venció a Racing por 2-1 en el Cilindro de Avellaneda con goles del Cebolla Rodríguez, Lollo para la visita y Lucero. A pesar del esfuerzo, no le sirvió para llegar a los penales y Racing se clasificó a la Copa Libertadores.

En un partido que brindó más espacios de los que se esperaban, Independiente no pudo aventajarse desde el juego a ras del suelo y buscó permanentemente por medio de los centros de sus laterales. Sin embargo, Racing se habría ido en desventaja de no ser por la figura de Saja, que sacó todo y más.

En un arranque eufórico, Independiente intentó desde el primer primer minuto de juego con un gran envío de Tagliafico cayó en la cabeza de Lucero, pero el arquero rival comenzó a hacerse protagonista. Y al siguiente, Jesús Méndez sería quien remate desviado.

Ambos equipos comenzaron a disputarse la posesión de la pelota; Racing buscaba generar a las espaldas de Toledo e Independiente agrandarse hacia los costados. A los 9 minutos, otro cabezazo de Juan Martín Lucero avisó, aunque sin peligro.

La primera de La Academia llegó gracias a la potencia de Bou, quien con una corrida infernal desde la mitad de la cancha se sacó de encima a Pellerano y remató fuerte y abajo, al palo izquierdo de Rodríguez. El arquero reaccionó a tiempo pero dejó un muy peligroso que rechazó Cuesta.

La más clara se dio a los 20 minutos, cuando tras una gran jugada de Benítez, Lucero enganchó para adentro, le pegó y la pelota dio en el palo. Y un minuto más tarde, un espectacular centro de Mancuello encontró a Toledo, éste cabeceó de palomita y la pelota se fue besando el palo derecho de Saja.

Sobre el cierre de la primera mitad, otra vez Lucero de cabeza provocó un susto en todo el Cilindro, aunque Saja impidió que el Rojo aumentar y la sacó al córner. Ortiz remataría muy lejos en la jugada siguiente, pero nuevamente el arquero de Racing impidió el gol y la primera mitad se fue con un empate en cero.

A la vuelta, Independiente salió con todas las ínfulas para llevarse la victoria, y a los 10 segundos Mancuello probó al arquero, quien salió atento al complemento. A pesar de esto, las energías gastadas en el primer tiempo fue la principal causa de una merma en el rendimiento.

A los 20 minutos, un tiro libre en la puerta del área sobre Benítez derivó en un remate precioso del Cebolla Rodríguez, recién ingresado por Mancuello, y del cual llegó el gol de Independiente.

Racing comenzó a salir y a los 25 del complemento remató potente mediante Acuña, aunque Rodríguez la despejó bien al córner. Pero sería de ese tiro de esquina que llegaría el empate de Racing, mediante un espectacular cabezazo de Lollo al ángulo.

A falta de 10 minutos, el árbitro interpretó un supuesto codazo de Jesús Méndez y le mostró la roa directa, aunque se vio claramente que no fue intencional y que no ocurrió nada. Dos minutos más tarde, Ortiz sí se haría expulsar correcta y estúpidamente, al embestir a Aued.

3 minutos faltaban para que termine el partido y el Cebolla habilitó a Lucero, que definió perfectamente al primer palo de Saja y convirtió el 2-1. Independiente tuvo la última con Víctor Cuesta que remató alto y no pudo marcar lo que sería el empate en la serie.

De esta manera, Racing venció a Independiente por 3-2 en el global y se clasificó a la Copa Libertadores. El Rojo, por su parte, deberá esperar por lo menos hasta el 2017 para volver a disputar este torneo, pero ingresó a la Copa Sudamericana.

Tengan orgullo

Si había algo que caracterizaba a estos partidos era el ímpetu de Independiente, la incomodidad que le generaba a Racing aún siendo menos. ¿Cuántas veces les ganamos sólo con la camiseta? ¿Cuántas otras merecimos perder, pero el empuje y la garra, mezclados con el sentido de pertenencia, nos llevaron a un resultado favorable? Incluso nos dimos el tupé de ganarles yéndonos a la B con un equipo en muletas, con goles del Lolo Miranda y de Jonathan Santana. Pero ésta vez no lo entendieron. Se florearon en los laureles de que “la camiseta les gana sola” y aguantaron a que eso pasara mágicamente. Independiente sobró el clásico.

Mérito absoluto de Cocca. Planteo defensivo, entendió que esto iba para 180 minutos y jugó a esperar y salir de contra. Cerró las puertas de la última línea, bloqueó cada avance con una estructura de candado y dejó a Bou para luchar contra los gigantes. Otra vez, ganó Goliat. La recompensa fue mayor de la que pensaba llevarse: 2 tiros, 2 goles.

Pellegrino plasmó en la cancha un sistema inofensivo. Jugó a tener la pelota y buscó que los espacios se crearan por errores rivales o por las molestias que Vera pudiera ocasionar trabajando con el cuerpo. Aunque parezca que sí, él no puede hacer todo solo. Y claro está que, sin Méndez, Independiente no sabe qué hacer. Cada vez se hace más imprescindible.

La creación, entonces, quedó delegada a tres: Benítez, Ortiz y el Cebolla. Pero Cocca fue más inteligente. Le cortó los cables al misionero con dos tipos marcándolo encima; Ortiz, de gran partido en el clásico anterior, hizo absolutamente todo mal (hasta condicionó a Rodríguez en la jugada que deriva su expulsión), y el resto fue pan comido. Del Cebolla se esperaba que oficie de enganche, propiamente dicho. 15 minutos le duró la actividad, y luego empezó a renguear. Un tipo que no se puede entrenar con normalidad durante la semana y te deja a gamba en la serie más importante del año. Que haga una buena pretemporada y después vemos para qué está. Para salir a dar pena, prefiero un Trejo que, con todas sus limitaciones, al menos te corre los 90.

A Pisano no hace falta anularlo, siquiera. Aún con muy poco, me dio la sensación de que no estaba para salir, sobre todo si tenemos en cuenta la materia inerte que integra el banco: Lucero, incapaz de frenar una pelota y Aquino, el mediapunta insuficiente. No es casualidad que Pellegrino haya hecho dos cambios: no hay más que eso para mover.

De todos modos, este análisis tiene incógnitas de base que, por el bien de este club, hay que resolver de inmediato: ¿cuál es el fantasma que aterra al director técnico en los partidos decisivos? ¿Por qué un equipo brillante, que golea al dificilísimo Belgrano de Zielinsky, se derrumba a pedazos en una semana? ¿Tanto tiene que ver Méndez, que cuando no está el equipo no produce juego?

Si no se reacciona a tiempo, el domingo se va el último tren a esa copa que todos queremos. Ya dejamos pasar dos, y aunque los pesimistas lo vean yéndose del andén, aún estamos vivos. Más que nunca. Fútbol no falta: lo que falta es actitud ganadora, la misma que se viene pidiendo desde el empate con Estudiantes en casa. En la vuelta tienen que salir a comerse la cancha y a demostrar que el papelón que pasaron el domingo -porque eso es lo que fue- es inadmisible, una piedra en el camino. Tengan orgullo y háganse respetar.

Jugar un clásico

Una vez más vamos a tener otro clásico. Ojo, no es uno cualquiera. Todo lo contrario: va a ser aquel que deje una huella, que marque un antes y un después. Ese que exponga a luz incandescente los placeres más morbosos de la humillación del rival eterno en caso de obtener la victoria, o que guarde el rencor inmortal con cualquier implicado en el hecho ante una derrota. Es, casi literalmente, matar o morir.

Edgar Morin. ¿Alguien del Rojo? No. Muy rápidamente, es un tipo que dice que hay ciertas palabras que son difíciles de explicar y que se buscan representar a través de figuras, como por ejemplo, cupido para el amor; Hércules para simbolizar a un héroe, etc.

Lo mismo pasa con “clásico”. Sin embargo, esa imagen que yo tengo de “clásico”, vos la apreciás distinta y el otro también. Para mí, un clásico es el desfile de camisetas rojas que circula por Alsina tres o cuatro horas antes del partido. Los nenes agarrados a sus viejos, con sus camisetas mini y sus pilusos que les nublan la vista.

Atravesar el molinete, subir las escaleras y ver lentamente cómo empieza a llenarse cada hueco. Mirar el reloj, que falten dos horas; mirarlo de nuevo a la media hora y que falten tres. El humo rojo que se te viene encima y se te cuela por la nariz.”Rojo, yo te persigo, vos sos la sangre que a mí me mantiene vivo”. El ingreso triunfal de cada uno de los once hombres que van a dejar la vida. Eso es lo que se me viene a la cabeza cuando te dicen la palabra “clásico”.

“Estoy esperando que llegue el fin de semana para poder disfrutarlo” dijo el Cebolla ayer en TyC Sports. Eso es lo que todos deseamos. No que llegue, sino poder disfrutarlo. Yo hoy, día martes, ya no tengo uñas. Y, a falta de uno, son dos partidos. Pero sé que el domingo van a salir a la cancha y las ansias y el nerviosismo van a desaparecer al instante, cuando esté en la popular inmiscuido en esa masa tan pasional que nos identifica, digan lo que digan.

Independiente se juega una cita con su historia. Ahora sólo le queda ganarse a lo guapo su lugar en la competencia que tanto respeto le tiene. Esa que en más de 30 años sin títulos no supo encontrar a alguien que lo destrone como el eterno Rey de América que será siempre. El marco va a ser el pertinente para un clásico, ese que se recrea en cada una de las miles de almas que el domingo van a estar presentes. El primero de los pasos, el que es en casa, el más hermoso de ambos y pasional, también es el más importante. Es nuestro. Avellaneda se va a vestir de un rojo penetrante, para que el otro domingo, cuando la calle esté manchada de blanco y celeste, aún perduren los rezagos de esta gran fiesta.

Una vuelta de tuerca

Ciclo cumplido. El diablo del hombro izquierdo dirá que fue otro año más que se va sin que Independiente gane nada; el ángel del derecho, que se consolidó una base con una idea y un proyecto, y que aún queda la liguilla pre Libertadores. Lamentablemente, esta vez le suelto la mano al diablo.

Independiente cierra el campeonato dejando una imagen extraña, ante un rival que hizo todos los méritos para despedirse de su técnico sin una derrota. La sensación que quedó fue la de un equipo que tiene en claro qué idea pregonar, pero con ejecutores que no la logran accionar del todo bien, sea por insuficiencia física como en el caso de Mancuello, o porque se ven opacados por la sombra de otros puestos, como en el de Pisano, quien aún intenta descifrar si debe ser 8, si tiene que jugar de enganche o si vaya a saber uno qué.

El asunto en cuestión es que, para hilvanar correctamente los pormenores de este esquema, hay piezas que son imprescindibles. Y una de ellas es Jesús Méndez, principal responsable de mantener el orden colectivo y de tomarse ese segundo de más para idear una jugada. Con 30 minutos de él en cancha, Independiente generó más juego -no situaciones, sino puramente juego- que en 60 de edificaciones individuales de un Benítez que intenta volver a ser quien fue en el alba de la segunda mitad de este campeonato.

Otro tipo con el que voy a la guerra con un cuchillo es Víctor Cuesta. Renovación eterna y, si es posible, un cargo de docente en las inferiores. Defensor de raza, tiempista, lector de jugadas y sobrio para salir con pelota dominada. Además, voz de mando en el fondo para que el sistema no desencadene.

Si se va a jugar con enganche, al Cebolla hay que ponerlo a punto. Pisano no lo es, Mancuello no alcanzó su plenitud física para desempeñarse como tal -ni siquiera, para estar dentro de la cancha-, y Benítez se deja seducir muy fácilmente por la pollera corta del arco. Peor aún es que Vera, el insoportablemente vivo, tenga que disfrazarse de armador y deba pasear por la mitad del terreno. Y Vidal va a andar muy bien, no tengan dudas, pero aún está adaptándose a las mañas del fútbol de primera división. Por lo que ese puesto tan influyente, si se va a ocupar, debe ser con el único jugador que en el plantel entiende esa posición, pero que se lesiona cada vez que lo soplan. Una fuerte pretemporada y a analizar las condiciones.

El jueves que viene, Independiente va contra Belgrano, el único equipo que lo venció en el Libertadores de América en este campeonato. Si de algo sabe Zielinski, es de ensuciar partidos y de armar una fortaleza de mitad de cancha para atrás. La diferencia está en que, esta vez, no le queda otra que salir a ganar. E Independiente es un equipo que crea situaciones pero no las convierte. “Lo terrible del mar es morir de sed”, como decía Cerati.

Es menester resolver estos errores que parecen ínfimos, pero que a la hora de afrontar una instancia de matar o morir, te pueden decidir un camino. El equipo que el domingo lució endeble tiene que volver a ser ese que transmitía solidez y seguridad. Sobre todo porque los recursos para hacerlo están, pero lo que falta es una vuelta de tuerca.

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