Tengan orgullo

Si había algo que caracterizaba a estos partidos era el ímpetu de Independiente, la incomodidad que le generaba a Racing aún siendo menos. ¿Cuántas veces les ganamos sólo con la camiseta? ¿Cuántas otras merecimos perder, pero el empuje y la garra, mezclados con el sentido de pertenencia, nos llevaron a un resultado favorable? Incluso nos dimos el tupé de ganarles yéndonos a la B con un equipo en muletas, con goles del Lolo Miranda y de Jonathan Santana. Pero ésta vez no lo entendieron. Se florearon en los laureles de que “la camiseta les gana sola” y aguantaron a que eso pasara mágicamente. Independiente sobró el clásico.

Mérito absoluto de Cocca. Planteo defensivo, entendió que esto iba para 180 minutos y jugó a esperar y salir de contra. Cerró las puertas de la última línea, bloqueó cada avance con una estructura de candado y dejó a Bou para luchar contra los gigantes. Otra vez, ganó Goliat. La recompensa fue mayor de la que pensaba llevarse: 2 tiros, 2 goles.

Pellegrino plasmó en la cancha un sistema inofensivo. Jugó a tener la pelota y buscó que los espacios se crearan por errores rivales o por las molestias que Vera pudiera ocasionar trabajando con el cuerpo. Aunque parezca que sí, él no puede hacer todo solo. Y claro está que, sin Méndez, Independiente no sabe qué hacer. Cada vez se hace más imprescindible.

La creación, entonces, quedó delegada a tres: Benítez, Ortiz y el Cebolla. Pero Cocca fue más inteligente. Le cortó los cables al misionero con dos tipos marcándolo encima; Ortiz, de gran partido en el clásico anterior, hizo absolutamente todo mal (hasta condicionó a Rodríguez en la jugada que deriva su expulsión), y el resto fue pan comido. Del Cebolla se esperaba que oficie de enganche, propiamente dicho. 15 minutos le duró la actividad, y luego empezó a renguear. Un tipo que no se puede entrenar con normalidad durante la semana y te deja a gamba en la serie más importante del año. Que haga una buena pretemporada y después vemos para qué está. Para salir a dar pena, prefiero un Trejo que, con todas sus limitaciones, al menos te corre los 90.

A Pisano no hace falta anularlo, siquiera. Aún con muy poco, me dio la sensación de que no estaba para salir, sobre todo si tenemos en cuenta la materia inerte que integra el banco: Lucero, incapaz de frenar una pelota y Aquino, el mediapunta insuficiente. No es casualidad que Pellegrino haya hecho dos cambios: no hay más que eso para mover.

De todos modos, este análisis tiene incógnitas de base que, por el bien de este club, hay que resolver de inmediato: ¿cuál es el fantasma que aterra al director técnico en los partidos decisivos? ¿Por qué un equipo brillante, que golea al dificilísimo Belgrano de Zielinsky, se derrumba a pedazos en una semana? ¿Tanto tiene que ver Méndez, que cuando no está el equipo no produce juego?

Si no se reacciona a tiempo, el domingo se va el último tren a esa copa que todos queremos. Ya dejamos pasar dos, y aunque los pesimistas lo vean yéndose del andén, aún estamos vivos. Más que nunca. Fútbol no falta: lo que falta es actitud ganadora, la misma que se viene pidiendo desde el empate con Estudiantes en casa. En la vuelta tienen que salir a comerse la cancha y a demostrar que el papelón que pasaron el domingo -porque eso es lo que fue- es inadmisible, una piedra en el camino. Tengan orgullo y háganse respetar.

Jugar un clásico

Una vez más vamos a tener otro clásico. Ojo, no es uno cualquiera. Todo lo contrario: va a ser aquel que deje una huella, que marque un antes y un después. Ese que exponga a luz incandescente los placeres más morbosos de la humillación del rival eterno en caso de obtener la victoria, o que guarde el rencor inmortal con cualquier implicado en el hecho ante una derrota. Es, casi literalmente, matar o morir.

Edgar Morin. ¿Alguien del Rojo? No. Muy rápidamente, es un tipo que dice que hay ciertas palabras que son difíciles de explicar y que se buscan representar a través de figuras, como por ejemplo, cupido para el amor; Hércules para simbolizar a un héroe, etc.

Lo mismo pasa con “clásico”. Sin embargo, esa imagen que yo tengo de “clásico”, vos la apreciás distinta y el otro también. Para mí, un clásico es el desfile de camisetas rojas que circula por Alsina tres o cuatro horas antes del partido. Los nenes agarrados a sus viejos, con sus camisetas mini y sus pilusos que les nublan la vista.

Atravesar el molinete, subir las escaleras y ver lentamente cómo empieza a llenarse cada hueco. Mirar el reloj, que falten dos horas; mirarlo de nuevo a la media hora y que falten tres. El humo rojo que se te viene encima y se te cuela por la nariz.”Rojo, yo te persigo, vos sos la sangre que a mí me mantiene vivo”. El ingreso triunfal de cada uno de los once hombres que van a dejar la vida. Eso es lo que se me viene a la cabeza cuando te dicen la palabra “clásico”.

“Estoy esperando que llegue el fin de semana para poder disfrutarlo” dijo el Cebolla ayer en TyC Sports. Eso es lo que todos deseamos. No que llegue, sino poder disfrutarlo. Yo hoy, día martes, ya no tengo uñas. Y, a falta de uno, son dos partidos. Pero sé que el domingo van a salir a la cancha y las ansias y el nerviosismo van a desaparecer al instante, cuando esté en la popular inmiscuido en esa masa tan pasional que nos identifica, digan lo que digan.

Independiente se juega una cita con su historia. Ahora sólo le queda ganarse a lo guapo su lugar en la competencia que tanto respeto le tiene. Esa que en más de 30 años sin títulos no supo encontrar a alguien que lo destrone como el eterno Rey de América que será siempre. El marco va a ser el pertinente para un clásico, ese que se recrea en cada una de las miles de almas que el domingo van a estar presentes. El primero de los pasos, el que es en casa, el más hermoso de ambos y pasional, también es el más importante. Es nuestro. Avellaneda se va a vestir de un rojo penetrante, para que el otro domingo, cuando la calle esté manchada de blanco y celeste, aún perduren los rezagos de esta gran fiesta.

Una vuelta de tuerca

Ciclo cumplido. El diablo del hombro izquierdo dirá que fue otro año más que se va sin que Independiente gane nada; el ángel del derecho, que se consolidó una base con una idea y un proyecto, y que aún queda la liguilla pre Libertadores. Lamentablemente, esta vez le suelto la mano al diablo.

Independiente cierra el campeonato dejando una imagen extraña, ante un rival que hizo todos los méritos para despedirse de su técnico sin una derrota. La sensación que quedó fue la de un equipo que tiene en claro qué idea pregonar, pero con ejecutores que no la logran accionar del todo bien, sea por insuficiencia física como en el caso de Mancuello, o porque se ven opacados por la sombra de otros puestos, como en el de Pisano, quien aún intenta descifrar si debe ser 8, si tiene que jugar de enganche o si vaya a saber uno qué.

El asunto en cuestión es que, para hilvanar correctamente los pormenores de este esquema, hay piezas que son imprescindibles. Y una de ellas es Jesús Méndez, principal responsable de mantener el orden colectivo y de tomarse ese segundo de más para idear una jugada. Con 30 minutos de él en cancha, Independiente generó más juego -no situaciones, sino puramente juego- que en 60 de edificaciones individuales de un Benítez que intenta volver a ser quien fue en el alba de la segunda mitad de este campeonato.

Otro tipo con el que voy a la guerra con un cuchillo es Víctor Cuesta. Renovación eterna y, si es posible, un cargo de docente en las inferiores. Defensor de raza, tiempista, lector de jugadas y sobrio para salir con pelota dominada. Además, voz de mando en el fondo para que el sistema no desencadene.

Si se va a jugar con enganche, al Cebolla hay que ponerlo a punto. Pisano no lo es, Mancuello no alcanzó su plenitud física para desempeñarse como tal -ni siquiera, para estar dentro de la cancha-, y Benítez se deja seducir muy fácilmente por la pollera corta del arco. Peor aún es que Vera, el insoportablemente vivo, tenga que disfrazarse de armador y deba pasear por la mitad del terreno. Y Vidal va a andar muy bien, no tengan dudas, pero aún está adaptándose a las mañas del fútbol de primera división. Por lo que ese puesto tan influyente, si se va a ocupar, debe ser con el único jugador que en el plantel entiende esa posición, pero que se lesiona cada vez que lo soplan. Una fuerte pretemporada y a analizar las condiciones.

El jueves que viene, Independiente va contra Belgrano, el único equipo que lo venció en el Libertadores de América en este campeonato. Si de algo sabe Zielinski, es de ensuciar partidos y de armar una fortaleza de mitad de cancha para atrás. La diferencia está en que, esta vez, no le queda otra que salir a ganar. E Independiente es un equipo que crea situaciones pero no las convierte. “Lo terrible del mar es morir de sed”, como decía Cerati.

Es menester resolver estos errores que parecen ínfimos, pero que a la hora de afrontar una instancia de matar o morir, te pueden decidir un camino. El equipo que el domingo lució endeble tiene que volver a ser ese que transmitía solidez y seguridad. Sobre todo porque los recursos para hacerlo están, pero lo que falta es una vuelta de tuerca.

La vida es buena

Pasados los últimos partidos, la sensación que queda parece ser la de que a este Independiente le gusta jugar con fuego, pero no aprender. Siguiendo la línea de pensamiento del técnico, quien cuando arribó expresó que su prioridad era ingresar a la Libertadores y posicionarse entre los mejores del campeonato, el trabajo estaría cumplido. Sin embargo, el equipo fue cerrándose las puertas una por una, y dejó apenas entreabierta la más difícil: la de la liguilla.

Hace dos meses, Independiente contaba con la posibilidad de ingresar a la Copa Libertadores si salía campeón de la Copa Argentina; si terminaba entre los primeros dos puestos del campeonato local; si se convertía en el equipo argentino que más lejos llegara en la Copa Sudamericana (descontando a River, campeón vigente), o si ingresaba a la liguilla junto con tres equipos más para disputarse a muerte una plaza.

Está claro que a la Libertadores entran los mejores equipos de América. Si merece ingresar o no es otra cuestión. Quien se base en que el fútbol es un deporte de merecimientos, está completamente equivocado. La pregunta, entonces, es: habiendo dejado pasar tantas chances, ¿es Independiente uno de ellos?

Por lo menos a mí entender, no. Porque para soñar con hacerte de una competición de primer nivel, hay cuestiones que debes atender y recursos que no pueden faltar. Para ganar una copa, cualquiera sea ella, necesitás recambios gravitantes que respondan cuando los titulares no, un arquero de primer nivel y, por sobre todo, mentalidad ganadora. E Independiente, hoy por hoy, está lejos de tener esto.

Independiente pena las consecuencias de años de trabajo perdidos en la cantera de Villa Domínico. Sus suplentes son los de una camada que egresó del colegio sin aprobar todos los exámenes. Hay jugadores que tuvieron sobradas muestras para demostrar que están a la altura del club, pero aún así no pudieron con ello. Y mejor ni te fijes en quienes vuelven de los préstamos a fin de año si no querés amargarte la semana. Tuve la posibilidad de ver cómo se trabaja en el club hoy en día y, al menos, parece que las cosas cambiaron. El tiempo hablará.

La mentalidad ganadora se pone a prueba en las instancias decisivas. Todo muy lindo cuando hay que hacerle cuatro a Crucero, tres a River, tres a Racing, etcétera. Pero si no ponés lo que hay que poner cuando se trata de matar o morir, no sirve de nada todo lo anterior. Y esto es netamente un punto negro -o un lunar, en homenaje a Jorge- para el DT. Independiente no puede salir nunca a la cancha como lo hizo en Colombia, y menos si se trata de una serie en desventaja. Ojalá Pellegrino se dé cuenta de esto, si es que la vida nos quiere adentro de la Libertadores.

Lo del arquero es insostenible. Hasta diría que un ciclo cumplido. Muchas gracias por todo lo hecho en la B, y hasta luego. El Milito bueno aduce que el escudo va por delante de todo; parecería que a Rodríguez hay que darle un baño de humildad. Y ahora que está de moda hablar de los ’90, de paso, que vuelva Faryd Mondragón.

Nos falta. Evidentemente nos queda mucho tramo por recorrer antes de poder consagrarnos. Soy de los que siempre creyó que la balsa era en realidad un crucero, porque eso aparentó cuando era por los porotos. Independiente cierra otro año más sin un título, el quinto consecutivo, algo inadmisible por donde se lo mire para la historia del club, y acaba de dejar ir un tren que no pasa muchas veces. Esta copa era sumamente accesible. Y la vida, sin embargo, es buena y nos deja abierta una puertita más, chiquita, como para morder vidrio de nuevo o para soñar a lo grande. No se la cierren solos.

Toro en su lugar

A pesar de la noche negra que vivió Independiente en el Minella ante Aldosivi, el equipo de Pellegrino se lleva una de cal, porque Diego Rodríguez Berrini volvió a ser titular luego de casi 7 meses de inactividad.

“El Torito” había sufrido la fractura de peroné el 11 de abril en la cancha de San Lorenzo, en una disputa de pelota desafortunada con Tito Villalba, quien se apoyó sobre él y le provocó la lesión. Paradójicamente, el de San Lorenzo marcaría después el único tanto del partido.

Rodríguez, quien ya había integrado el banco de suplentes en el partido de vuelta ante Independiente Santa Fe, disputó 60 minutos como titular, obtuvo su quinta amarilla (con lo cual se pierde el partido ante Vélez) y luego fue reemplazado por su compatriota Diego Vera. Y si bien mostró un nivel más bajo al cual acostumbró al hincha, significa una blanca entre tantas grises para Independiente.

"Con Racing por la liguilla"

Luego de la eliminación de la Copa Sudamericana a manos de Independiente Santa Fe, el vicepresidente de Independiente de Avellaneda, Noray Nakis, dialogó con los colegas de Emoción Roja y sentenció: “La serie se dio para ganar hasta el penal errado. Ahí sufrimos el efecto. Estoy convencido que el equipo dio todo, pero lamentablemente no se clasificó”.

 
“La gente puede decir lo que quiera, pero el Ruso es un gran arquero, aunque los errores se pagan caro” admitió Noray, defendiendo al Ruso Rodríguez, uno de los principales responsables en la serie. Y agregó: “Muchos enemigos lo critican, pero es un gran profesional”.
 
Sobre la posibilidad de ingresas a la Copa Libertadores, el vicepresidente remarcó que la puerta aún está abierta: “Falta la liguilla, y pienso en un partido con Racing para clasificar”. 
 
Por último, manifestó su disgusto con que Cristian Rodríguez represente al seleccionado uruguayo: “Independiente no puede no prestar al Cebolla a la Selección, pero también depende del jugador”.

Pitó duro

Uno de los personajes principales del partido fue el venezolano José Argote, quien se llevó varias miradas de ambos bancos. En un partido caliente, permitió el roce e hizo la vista gorda en varias oportunidades que favorecieron a los locales, aunque luego, en el segundo tiempo, anuló un gol lícito para los dueños de casa.

En referencia a esto, Mauricio Pellegrino expresó: “Creo que los minutos que descontó el árbitro fue un detalle. Me preocupó el manejo que tuvo con el juego brusco, cómo cortaba el partido para un lado o para el otro”, y agregó: ” Cuando uno juega afuera, además de jugar contra once, juega contra muchas adversidades. El árbitro no afectó en el resultado, pero sí en el desarrollo del juego”.

El técnico de Independiente, quien debió irse expulsado por agredir al cuarto árbitro, aclaró, además, una situación un tanto confusa que ocurrió entre Argote y Noray Nakis una vez finalizado el encuentro: “Las cosas que pasaron después del partido son detalles. Nadie lo increpó al árbitro, sólo el vicepresidente pidió hablar con él y lo acompañó hasta el vestuario”. 

De cuartos

Tras el empate y eliminación ante Independiente Santa Fe, quedó expuesto que, si hay una instancia que a Independiente le cuesta superar, esa es la de los cuartos de final.

En sus cinco participaciones en la Copa Sudamericana, solo en una pudo avanzar y fue en la del 2010, competición en la cual se consagró campeón, de la mano del Turco Mohamed.

La anterior fue en la edición del 2012, cuando Independiente enfrentó a la Universidad Católica, primero en Avellaneda y luego en Chile. La ida terminó en empate 2-2, con goles de Tula y Villafañez para el local, y Andía y Castillo para la visita. La vuelta fue 2-1 para los trasandinos, con un doblete de Ríos, mientras que Jonathan Santana puso el descuento para Independiente. En la de 2011, donde defendía el título, fue eliminado en octavos de final por la Liga de Quito.

De ésta manera, Independiente perdió la posibilidad de entrar a la Copa Libertadores como el argentino mejor clasificado en la Sudamericana, y le cedió ese lugar a Huracán, quien en la próxima fase se verá cara a cara con River. Adiós ilusión…

Por la épica

Tal vez este no sea, simplemente, un partido más, de esos que ganás, te alegrás por el buen juego y seguís en el ruedo. Tal vez no sea un mimo más al autoestima del grupo. Yo creo que éste tiene las ínfulas necesarias para sumarse a esos relatos que el nono, regocijo mediante, me contaba cuando era pibe, de aquel Independiente que fascinó al mundo entero con sus grandes hazañas. Te digo más: creo que si esto se revierte, la copa es nuestra. Tratame de mufa o de lo que se te ocurra. Tengo fe en éste equipo y le veo pasta de campeón, más allá de estar escribiendo esto después de haber perdido el partido más pelotudo del mundo.

Un tropezón lo puede tener cualquiera, y parece que Independiente, justo, lo tiene en las instancias decisivas: le pasó en la Copa Argentina contra Lanús; sufrió más de la cuenta con Arsenal, y debió esperar hasta el minuto 185 para pasar el mal trago ante un Olimpia que hizo agua en toda la serie. Su fantasma es la definición y el miedo a quedar afuera.

El puesto del arquero es, quizás, el más ingrato. Podés acertar muchas y salvar otras tantas que la gente apenas se acordará, pero no te vayas a equivocar una vez porque quedás en el libro negro. No estoy ni cerca de querer defender a Rodríguez; no me interesa meterme en ese debate mediocre entre pros y antis. El partido del otro día era ganable e Independiente, por una serie de errores, ahora debe recurrir a la mística que los ancestros imprimieron sobre el cemento de la vieja y entrañable Doble Visera.

Ni antes era el Real Madrid, ni hoy es Crucero del Norte. Insisto con que este equipo tiene pasta porque encontró una base de laburo con gente que sabe lo que hace, como lo son Pellegrino, Xavi Tamarit y el profe Macaya. Se nota en la cancha que los movimientos son estructurados, con un fin en común, organizados para defender y dinámicos para atacar. Pero acá necesitará más que eso.

Hay tres factores que nieblan la continuidad: el resultado adverso, el estadio a 2600 metros de altura y el rival. A diferencia de Olimpia, un grupo sistemático que juega y que tiene un técnico como Pelusso, con las credenciales de haber sido campeón con diferentes equipos.

Para colmo, parece que la CONMEBOL está soltando la guillotina. Si las tres fechas a Méndez te parecían una exageración, ahora te suspenden a los hinchas visitantes durante dos jornadas por haber encendido bengalas en Paraguay, para que los once que se metan en “El Campín” estén solitos y solos contra los 48.600 colombianos enardecidos por ver correr sangre argentina.

Estos condimentos que al hincha le quitan el sueño, tienen que funcionar de manera inversa en el jugador dentro de la cancha: mientras más aspectos haya en contra, más épica será la victoria que le dé el pase a semifinales a Independiente. Y no hablo de “posible victoria”, sino de victoria, porque esta serie es completamente reversible. Ese miedo a definir que se expuso en el partido de ida ya tiene que estar dilucidado y debe desaparecer cuanto antes, porque en este lado de Avellaneda no encaja. Tiralo enfrente, que a ellos les sienta mejor.

Por primera vez desde que tengo memoria, confío a ciegas en Independiente. No creo que lo construído hasta acá haya sido casualidad. Sobre todo porque este equipo demostró, en diversas chances, que tiene carácter y entrega. A ésto sumale que vuelve el Cebolla, el toque de la varita. ¿Qué querés que te diga? Podrán decir que estamos muertos, que el partido de ida costó carísimo, poner al arquero como único responsable en la tapa de los diarios, y la mar en coche. Pero hasta no estar a diez metros bajo tierra, no voy a creer otra cosa.

Van a ser once los hombres que el jueves salgan a escribir la historia. Pasar a formar parte de ella o no, queda en sus manos.

La primera vez

La victora de Independiente Santa Fe ante Independiente de Avellaneda significó cortar una racha de 36 años sin triunfos para los colombianos en suelo argentino. En ese lapso, disputaron 8 partidos en nuestro territorio, de los cuales todos habían concluido en derrotas.

Pero hay más: también es la primera vez que Independiente cae derrotado ante un equipo extranjero desde la creación del Estadio Libertadores de América, y la primera derrota para Pellegrino en Avellaneda como director técnico del club.

Las efemérides debutantes no se cortan ahí, ya que, también, el penal ejecturado por Diego Rodríguez es el primero que erra desde que se vistió de ejecutor en aquel partido ante Banfield, el cual terminó en empate 3-3 durante el campeonato de la B Nacional.

Sin dudas fue un partido histórico, tal y como adujo el técnico del rival, Pelusso. Pero de este lado está Independiente, el Rey de Copas, que de escribir historias sabe, y mucho…

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