Baño de realidad

Nada peor que mentirse a uno mismo. El permiso para ilusionarse por la llegada de Pusineri (o, si se quiere, el cambio de año en el calendario) no podía ser la excusa para pasar por alto el patético 2019 que tuvo Independiente a nivel futbolístico. Y bajo ningún punto de vista podía tampoco ser parámetro para hacerle creer al hincha que este equipo iba a cambiar en algo. Pero quién controla lo que siente el corazón, ¿no? Y así mordimos otra vez el anzuelo para llenarnos de confianza y pensar que, ante el rival menos oportuno, la suerte iba a estar de nuestro lado. Pero no. 

Y eso que la cosa no arrancó mal: Independiente se plantó bien de movida y se le animó, como ocurre normalmente, a jugar en campo rival. Pero desde que Leandro Fernández (el peor de la tarde-noche) se perdió ese gol insólito, River invirtió los roles y se hizo dominador del juego. Tanto que, después de otra siesta de Fernández ante Casco, se logró poner arriba con un testazo fenomenal de Santos Borré. ¿Lo vieron a Alan Franco marcándolo? Nosotros tampoco. Ni en la foto del gol aparece.

Ahí fue cuando toda la ilusión acumulada con la que el hincha llegó al Libertadores de América se fue por el caño. Silencio sepulcral para despedir a un equipo que parecía totalmente apático en el entretiempo. Y un giro inexplicable para salir a jugar el ST. Si hablamos de actitud, ese es el Independiente 2020 que queremos. El vertical del que hablaba Pusineri hace varios días. El que toca para adelante (y rápido). El que trata de generar peligro en el área rival. El que termina bien las jugadas (una pena que Cecilio solo lo haya logrado enviando el centro perfecto para que el goleador se ocupe del resto). El que aprovecha todo el sacrificio y la efectividad que le aporta un tipo como Silvio Romero (siempre se anota, eh). Y cuando parecía que todo podía acomodarse, Barboza (de buen partido) tuvo que interceder en un comprometedor pase atrás de Dominguez y todo se volvió a ir por la borda. Gallardo tiró a las bestias a la cancha para ganarlo. Franco volvió a fallar en el perfecto control y mejor definición de Santos Borré y el desenlace de la historia ustedes ya lo saben.

Ahora bien, ¿qué ha cambiado? ¿qué garantías te ofrece este equipo? ¿está bien conformarse con esos 10 o 15 minutos de ‘actitud’ en el inicio del ST? A Pusineri hay que darle tiempo, pero también herramientas. Todos sabían que el arranque (este partido y los clásicos que siguen) era una prueba importante. Que sirva como lección entonces. Que sirva para exponer que los Cecilio o los Sanchez Miño, que no pueden controlar una pelota o exhiben su desentendimiento a flor de piel en numerosas jugadas. Que sirva para que los Leandro Fernández o los Palacios tomen consciencia del club que representan y se empiecen a poner las pilas. Y que sirva, sobre todo, para que los Chaco Martínez comiencen a tener rodaje mientras los dirigentes terminan de definir si se van o llegan otros jugadores. Acá fue muy evidente la falta de incorporaciones y el necesario cambio de aire. Tratemos de que este doloroso baño de realidad nos sirva para algo…

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