Beccacece fue la cabeza

Apenas 16 partidos necesitó Beccacece para sepultarse a sí mismo. Con un Independiente que desperdiga polvo con apenas levantar la alfombra, el extécnico de la institución hizo todo para autodestruirse. No supo manejar un vestuario completamente diferente al de Defensa y Justicia, improvisó formaciones y variantes en todos los partidos que disputó sin encontrar nunca un equipo, y los jugadores, cómplices de este momento, le terminaron de dar la estocada final. El ciclo de Sebastián será recordado como uno de los más prometedores y decepcionantes a la vez.


Pero adjudicarle toda la culpa al entrenador de turno sería tendencioso. Entendiendo cómo funciona este club de pies a cabeza durante la gestión Moyano, solo el más ignorante podría hacerle cargar con la cruz a un tipo como Beccacece que, a pesar de su pésima gestión deportiva, fue solamente la cabeza. El cambio debe ser de raíz.

El plantel paupérrimo que Independiente tiene hoy no es responsabilidad del técnico que se acaba de ir por la puerta de atrás. Es un combinado aleatorio que llegó gracias a un mercado de pases en el que Yoyo Maldonado era el único designado para trabajar; un rejunte de jugadores nefastos con salarios casi europeos que nos dejaron Fernando Hidalgo y Ariel Holan -Cecilio Domínguez, Gonzalo Verón, Francisco Silva, etc-; nombres que llegaron sin que Sebastián los pidiera -Andrés Chávez, Andrés Roa-; y también la omisión dirigencial a la hora de saber poner un freno cuando el extécnico campeón de la Sudamericana desarmó un plantel campeón. Que el árbol no nos tape el bosque.

Mientras el club siga siendo manejado por apenas tres -sí, tres- personajes ajenos al fútbol, el rubro deportivo no va a funcionar. Mientras tu club produzca un proceso próspero como el de 2017 que te dejó 50 millones de dólares en ingresos, y lo malgastes en sueldos injustificados, en pases desperdiciados, y vaya uno a saber en qué más, tu institución solamente estará condenada al fracaso.


Beccacece hizo todo mal, sí. Pero también pagó los platos rotos de una fiesta que comenzó cuando los dirigentes le dieron el absoluto poder a Holan y que terminó con una noche negra. Porque teníamos todo para volver a nacer -¿quién no pensaba eso en 2017?- y lo tiramos por la borda. Sacar a un técnico es más fácil que limpiar a un plantel entero, es más viejo que el viento. Sin embargo, si no vamos a los detalles, el club seguirá a la deriva. 

En un fin de semana de veda electoral, Independiente tiene que empezar a replantearse qué elegir. Si seguir siendo un arma política manejada a distancia y sin presencia dirigencial, o el club más respetable que supo conquistar toda América.

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Román Failache
"La columna de Román" para Orgullo Rojo.

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