La Llave de la victoria

Independiente volvió a ganar una vez más de visitante está vez superando a Unión por 3-0 en el estadio 15 de Abril de Santa Fe. De está manera se convirtió en un equipo que jugando en dicha condición, salvo ante Boca Juniors en la Bombonera, mantiene su racha de cosechar los tres puntos fuera de Avellaneda.
La llegada de Ariel Holan, allá por la reanudación del certamen local, fue determinante en la levantada de un plantel que había perdido claramente la brújula de su sistema de juego. Asimismo, recuperó algunos jugadores como Martín Benítez y Juan Sánchez Miño; descubrió a otros como Alan Franco y potenció a Fabricio Bustos.
Al margen del buen momento de Diego Rodríguez quien se complementa de manera muy efectiva con Nery Domínguez en el corazón del terreno , la llave de la victoria ante el Tatengue y la que le dio solvencia al ataque de Independiente en varios partidos, fue la presencia de Emiliano Rigoni. El ex Belgrano de Córdoba, que acumuló 54 encuentros con la camiseta del Rojo, 18 bajo la dirección técnica de Holan, conquistó 10 goles en esta última parte del semestre, siendo el máximo artillero de la institución. 
La velocidad y el desequilibrio individual son los ingredientes que este equipo mantiene como proeza. Ahí aparece “el Bala”. Su indescifrable manejo de ambas piernas y su explosión en los primeros metros, le permite desenvolverse en ambas puntas del campo convirtiéndose en el ancho de espadas de sus compañeros y a quien los volantes de contención buscan como primera opción a la hora de comenzar una arremetida como las que vislumbró en Santa Fe.
Habrá que ver si al final de torneo la dirigencia logra retener a Rigoni. Por lo pronto se acelera el trámite para adquirir el 50% restante del atacante que ya tuvo un importante incremento en su clausula de rescisión por si algún equipo extranjero quiere hacerse de sus servicios. ¿Se quedará el 24?

Tenés que dar la vida

Independiente transita la recta final del torneo local y la victoria consumada ante Defensa y Justicia por 2-1 no solo lo dejó en la puerta de la clasificación a la Copa Libertadores del año próximo, sino que derrumbó cualquier tipo de especulación negativa contemplando la dura derrota ante Boca en la Bombonera.
El Rojo salió a jugar un nuevo encuentro de visitante y como marca esta corta historia de partidos en esa condición, salvo ante el Xeneize, los dirigidos por Ariel Holan volvieron a cantar victoria fuera de casa. En ese sentido, el entrenador acumula 7 cotejos en casa ajena en dónde ganó 5, perdió 1 y empato el restante. En tanto de local lleva 6 partidos al frente del equipo con 2 victorias y 4 igualdades.
El torneo máximo de América está unos pocos pasos. Claro, el festejo de hoy de todas formas deja a Independiente fuera del certamen continental por diferencia de goles con Newell’s, aunque la derrota de San Lorenzo, en el Cementerio de los Elefantes, por 2-1 ante Colón de Santa Fe le resulta favorable al Rojo, ya que vuelve a depender de si mismo para cumplir el ansiado objetivo.
Lo rescatable del plantel recala en la voluntad y la capacidad para reponerse luego de la caída de hace dos semanas y posteriormente continuar evidenciando un crecimiento futbolístico y anímico.
El domingo volverá a presentarse un escollo con el siempre complicado Olimpo de Bahía Blanca. Seguramente el Libertadores de América será un jugador más que apoye y anime a un equipo que camina cerca de la línea a cuadros en busca de que el final sea feliz.
El Orgullo Nacional quiere volver a su viejo amor, a reencontrarse con aquella caprichosa que desde 1984 se hace desear con su esbelta fisionomía. Para eso, los dirigidos por Ariel Holan tendrán que dejar la “vida” dentro del terreno para comenzar a soñar todos juntos.

Cachetazo a tiempo

Independiente visitó La Bombonera para afrontar su compromiso ante Boca Juniors, correspondiente al partido de la Fecha N°27 del Torneo de Primera División.

Ariel Holan puso en cancha el mismo equipo que venció a Alianza Lima en Perú, sorprendiendo quizás con un Walter Erviti que venía tocado físicamente, y la ausencia correspondiente de Nery Domínguez en ese puesto. Para destacar de Boca antes del encuentro, era el cambio de Junior Benitez por Gino Peruzzi, lo que posicionó a Leonardo Jara de lateral por derecha y al ex Lanús como extremo por esa banda, formando un 4-3-3 muy dinámico.

Ya desde los primeros minutos, fue Boca quien demostró hacer mejor pie en el partido. Fernando Gago y Pablo Pérez mostraron un nivel alto, y eso contribuyó a la buena circulación del local, algo que Independiente no pudo contrarrestar nunca, ya que la presión no surtió efecto. Y por el contrario, cada vez que el Rojo intentaba elaborar una transición rápida, el Xeneize salía rápidamente a cortar dicho avance, con un excelso Wilmar Barrios como bandera de esto último.

Para colmo, el equipo de Schelotto abrió el partido por una falta imprudente de Alan Franco en área de Campaña, que Benedetto cambio por gol, y esto terminó de armar el partido que se venía reflejando, con un conjunto local que se sentía dueño del mismo, y se veía que al elenco de Holan le costaba.

Quizás la diferencia sustancial se dio en el mediocampo. Insisto con la ausencia de Nery Domínguez, pero no estrictamente por características de juego, sino porque más allá de que su despliegue ya no es el mismo que era antes, por cuestiones lógicas, Erviti no estaba para jugar todo el partido. Se lo notaba lento, incómodo, lento en la toma de resoluciones. Sumado a la pobre labor del zurdo, el Torito Rodríguez también tuvo una mala actuación.

Si faltaba algo, además de la certeza de estar jugando quizás el peor partido del semestre, y de estar en desventaja, es que esta aumente, y que además te pase a minutos de llegar al entretiempo, donde se estima que se pueden refrescar conceptos y salir a la segunda etapa de otra manera. Pero no hubo caso, dos goles abajo gracias a un cabezazo de Junior Benitez, y al vestuario.

La segunda etapa no reflejó grandes cambios. Independiente pudo controlar un poco más la pelota, aunque ni siquiera desde lo actitudinal pudo dominar a Boca. Algo que bien se destacaba de este equipo, que cuando no te ganaba con fútbol, lo hacía con actitud. Y eso estuvo en falta en la noche del domingo. Benedetto decoró el resultado a favor de los locales, después de una jugada desafortunada en la que participaron Franco y Martín Campaña.

El Rojo intentó cambiar la ecuación con los ingreso de Maximiliano Meza, Lucas Albertengo, y en última instancia Gastón Togni, pero no hubo caso, y el equipo se llevó un cachetazo de este partido. Un cachetazo que deja mucha tela para cortar, y que llegó a tiempo.

El equipo de Holan llegó a estar 14 partidos invicto, algo casi incuestionable, aunque se lamentarán algunos puntos perdidos en sendos empates. En algún momento era factible que se vuelva a dar una derrota, porque el fútbol tiene eso, y es ahí cuando hay que tener la cabeza fría y poner las situaciones en contexto. Desde el arranque del semestre se sabe que es un plantel que tiene poco recambio, y si hoy alguien está desilusionado con esta oportunidad desperdiciada de pelear el campeonato, es porque esté grupo alimentó esa ilusión.

Independiente se levantó, y a veces las derrotas son parte de eso. Por otro lado, está a las claras que todos los cañones deben apuntar al objetivo que resta conseguir en este semestre: clasificar a nuestra Copa. A la Libertadores. Ya que este plantel consiguió avanzar en la Copa Argentina y en la Sudamericana, como bien tenía planteado. Será clave en todo esto el próximo juego ante Defensa y Justicia, para acomodarnos en la tabla. Sin Tagliafico, nuestro emblema, con Barco tocado, pero con la ilusión intacta.

Fiel a su historia

Eso es el Independiente de Holan. Un equipo fiel a la historia de este glorioso club. La respeta desde la salida a la cancha con el hermoso saludo característico; lo hace dentro del campo en cada demostración de entrega y valentía; y, por supuesto, le gana a Racing, como ocurrió desde siempre.

Fue la noche soñada para todos y, particularmente para mí, la vez que más disfruté del Libertadores de América. Por el contexto en la previa, el primer clásico con el estadio terminado y lleno en su totalidad, los fuegos artificiales, el saludo, los focos de luz que bailaban al ritmo de los saltos, jugadores que contagiaron actitud dentro de la cancha y al término festejaron con la gente, un técnico emocionado hasta las lágrimas y el desquite de esa insólita racha de seis partidos al hilo sin haber ganado de local. Se triunfó como se debía, dentro de un marco que recordaremos para siempre.

En cuanto a lo futbolístico, Racing ganó durante el primer tiempo el planteo con un Cocca que se propuso asfixiar la salida de la joven defensa rival y controló los movimientos de un equipo que no le encontraba la vuelta y aunque mantenía la posesión, no lastimaba en ninguna de sus líneas. Incluso en el balance, Bou tuvo la más clara, pero Campaña, providencial, respondió otra vez más para exacerbar su figura y su momento. Independiente, de local, acostumbraba a salir muy excitado en busca de atropellarse con la victoria -lo expresaron futbolistas y DT en repetidas oportunidades- y para tratar de combatir esto, ayer se mostró relajado en exceso durante los primeros 45. La fórmula no es ni una ni la otra.

La cachetada del técnico se vislumbró en el complemento, con un equipo más revulsivo e inconformista, pero sobre todo con el ingreso de Meza. El 1-0, posibilitado gracias a la pegada de uno de los mejores ejecutantes del fútbol argentino, le permitió a Holan, quien tenía el tiempo corriendo a su favor, jugar una maniobra de ajedrez puro: intuyó que Racing, lanzado al ataque y ya sin Videla, perdería claridad y dominio, y metió al exGimnasia en una posición que no le resulta la más cómoda -según contestó en conferencia-, pero donde explotó en tenencia y velocidad. En vez de marcar y meterse atrás, el técnico se preocupó por aportarle aire al mediocampo, e Independiente controló el partido hasta el final, atreviéndose a bailar en el córner con Rigoni y Benítez. Para colmo, cerró el partido con un golazo de fútbol cinco (que tuvo un festejo aún mejor, con medio plantel colgado del alambrado).

El aporte de Benítez en creatividad, el compañerismo y la constante lucha ante los centrales del Puma Gigliotti y las capacidades de Tagliafico y Franco aumentan fecha a fecha la solidez de Independiente. Si a esto le sumás que a Barco, un chico de 17 años, no le tembló el pulso en ningún momento en un clásico, que Bustos demuestra un carácter y una firmeza impropias de un juvenil que tiene apenas un puñado de partidos en Primera, y que el Torito está volviendo a ser quien era antes de su lesión, te da por resultado este equipo, que fortaleciendo colectivamente los pregones de “Compromiso, Actitud e Intensidad” que surgieron la semana pasada, forman un bastión inquebrantable. Mientras tanto, ¿el técnico? Invicto y riendo.

Lentamente, ese gigante dormido que hibernó y otorgó sobradas ventajas durante tantos años comienza a resurgir. Con un partido menos, quedaron a cuatro puntos de la zona de Copa Libertadores, el terreno adonde se tiene que volver a competir y el que mejor le sentó siempre. Los pibes de Holan están regenerando nuestra identidad con un fútbol vistoso y efectivo que une a una parcialidad entera a fuerza de respeto y empatía con la historia. Se está despertando Independiente, señores. Y a muchos, créanme, no les conviene que esto pase.

Columna escrita por Román Failache para TyC Sports

La lupa del Diablo

Independiente superó de manera superlativa a Newell´s Old Boys de Rosario por 4-2. El marco aurinegro no fue un impedimento para que los muchachos del Rojo pudiesen capitalizar cada rincón del campo del Coloso Marcelo Bielsa y tomar la iniciativa en ambas mitades del encuentro.

Un primer tiempo disputado con impetud, actitud y buen juego, con un doble cinco, Diego Rodríguez y Walter Erviti que funcionó de a ratos. El ex Banfield no tuvo la lucidez de otros encuentros y esporádicamente otorgó algunos pases como los que sabe, como los que Independiente necesita. El “Torito”, en cambió, sólido y atento, casi que remediando aquella decisión dirigencial de cederlo a Belgrano de Córdoba y de a poco mejorando su nivel.

El cuarteto de arriba parece afianzarse cada vez mejor. Emiliano Rigoni participó poco en ese primer tiempo pero el buen nivel de Martín Benitez, Ezequiel Barco y Emmanuel Gigliotti prevaleció nuevamente. Los engranajes se van aceitando y la sensación es que cuando el equipo ataca lastima con velocidad y gran dinamismo.
El complemento fue un monólogo del equipo dirigido por Ariel Holan.

Defensivamente no hubo preocupaciones y pese a los dos goles recibidos, la paciencia siempre estuvo intacta. Con la obligada salida de Nicolás Figal, por doping positivo, Nicolás Tagliafico, otra vez figura, compartió la zaga con Alan Franco. Ambos sin problemas y con gran personalidad a la hora de contrarrestar los ataques del rival. Los laterales, Fabricio Bustos, quien tuvo bautismo de gol y Sánchez Miño también brindaron la seguridad que en estos partidos se requiere.

Con el el 3-1 en el bolsillo. los de Avellanera jugaron el papel que pareciera mejor le queda cómodo, el contraataque. Sin meterse atrás y cortando en tres cuarto de cancha para aprovechar la velocidad de sus atacantes.

El resultado final, 4-2 decoró otra gran noche, ya que enmarcó en la estadística que Independiente sumó 26 unidades jugando en condición de visitante, convirtiéndose así en el mejor equipo jugando fuera de su casa.

El próximo compromiso será el clásico ante Racing en el Libertadores de América. Seguramente será una oportunidad inmejorable para cortar la racha negativa allí y conquistar el primer triunfo desde la llegada del nuevo entrenador.

Maliño

Independiente empató 2 a 2 ante Estudiantes de La Plata en un partido apasionante, pero más allá de lo hecho por los jugadores de ambos equipos, hay que destacar que el más influyente de todos fue ese al que suelen llamarlo como “un jugador más”, y no fue otro que el árbitro Jorge Baliño.

Dicen que el que no llora no mama. La realidad es que los árbitros se equivocan, a favor y en contra, de hecho, en un offside televisivo Independiente abrió la cuenta ante Arsenal en Sarandí la pasada fecha, pero lo ocurrido el viernes ante el Pincha, se tornó grosero.

Particularmente por dos jugadas determinantes que probablemente hubieran cambiado el curso del partido. En el primer tiempo, con el partido 1 a 0 a favor del Rojo, Emmanuel Gigliotti cabeceó de manera perfecta un centro bárbaro de ezequiel Barco y se la clavó a Mariano Andujar, que apenas pudo tocarla. ¿Qué cobró el árbitro? “Caricia” del Puma al central del Pincha. De esas qwue hay miles por partido y que si es al revés no te las cobran nunca. O al menos es lo único que se nos ocurre.

Por si esto fuera poco, sobre el final del partido, tras un gran desborde de Ezequiel Barco y un rebote en Nicolás Tagliafico, la pelota le quedó al mismísimo Puma en el área chica, cuando se dio vuelta para definir, Jonathan Schunke le hace un penal más grande que la bomba que tienen los norcoreanos. Gigliotti definió como pudo y tras ser desviada por Andujar, Walter Erviti no pudo meterla de rebote, pero era penal sin dudas.

Este servidor no piensa que Baliño tenga algo en contra de Independiente o alguna orden de arriba. Está claro, se podría haber hecho el boludo en el penal que si cobró y no lo hizo (en uno de sus pocos aciertos de la noche). Pero lo cierto es que con estos fallos clave lo perjudicó a Independiente en su carrera por la clasificación a la Libertadores. El árbitro, que además es bombero, mezcló sus dos profesiones en la fatídica noche en el Libertadores de América.

Capitán de Selección

Independiente volvió a ganar en condición de visitante, ante Talleres de Córdoba y sumó 20 de 27 unidades posibles jugando fuera del Libertadores de América. El aporte de Rigoni en ataque fue clave para explotar el sector izquierdo con su gran velocidad y disputar el mano a mano ante los defensores de la “T”.

Pese a esto, quien volvió a jugar un cotejo sin problemas, con mucha personalidad y jerarquía fue el capitán Nicolás Tagliafico.

El exBanfield, que ya se había cumplido una correcta labor como segundo marcador central frente a Patronato, tuvo un desempeño más que satisfactorio en la fresca noche cordobesa, con cierres y aperturas hacia los costados justos y con una experiencia ineludible.

“No tiene suficiente altura”, “Argentina tiene laterales que se desempeñan también como centrales”, fueron algunas de las frases que circularon sobre todo en el tiempo que Edgardo Bauza manejó el timón del seleccionado argentino. ¿Cuál será la excusa ahora?, ¿Estará Tagliafico en la mente de Jorge Sampaoli?.

Para responder estás incógnitas el tiempo deberá trascurrir y el próximo técnico de Argentina, sea el entrenador Sevilla u otro nombre, tendrá que voltear la cabeza en sentido a Avellaneda porque Independiente tiene un capitán de selección

La "Joyita" Barco

Allá por los primeros días de Agosto, Ezequiel Barco debutaba con la gloriosa casaca de Independiente de la mano de Gabriel Milito. El por aquel entrenador del Rojo le dio la confianza al joven de 17 años, hoy con 18 recién cumplidos, dándole unos minutos ante Lanús en la Copa Sudamérica 2016.

Sus gambetas, su espíritu e ímpetu por buscar el arco rival hicieron levantar de su asiento en más de una oportunidad al hincha. Con el “Mariscal” jugó casi todos los partidos, era la carta fuerte. Con la llegada de Ariel Holan, el proveniente de la Asociación Atlética de Jorge Griffa pareció perder un poco de terreno, pero con la contratación de Walter Erviti, quien confesó haberle dicho “divertite porque lo que haces, lo haces muy bien” cuando todavía el volante era jugador de Banfield, potenció la figura futbolística de Barco.

Ante Patronato, el “Turri”, que lleva 22 partidos disputados con Independiente, anotó su segundo gol oficial en la Primera División. El primero había sido por la segunda fecha de este mismo torneo ante Godoy Cruz, encuentro que el Rojo se quedó con los tres puntos en el Libertadores de América.

Algo positivo que se le debe reconocer al nuevo entrenador Holan, es haber ubicado al juvenil como volante-extremo por la izquierda, de perfil cambiado pero generando con su enganche hacia adentro que el abanico de posibilidades se le expanda y jugar a lo Messi en Barcelona, quien es experto en utilizar a los delanteros, haciendo paredes para quedar con eventualidad de remate en la puerta del área grande. Con Milito no explotaba lo que se aprecia hoy porque en aquel momento cumplía la función de enlace.

Ezequiel Barco ya no sorprende al mundo Independiente. Sus cualidades y su estilo característico, aguantado hasta las infinidades de patadas de los rivales, renacen las esperanzas de un equipo que descansa en su velocidad y tenencia de pelota. Sus buenas actuaciones despertaron el interés de equipos extranjeros que vinieron en más de una oportunidad a ver al joven de 18 años. ¿Qué opina el hincha sobre eso? Nada quiere saber sobre una posible venta. Lo que anhela es disfrutar a la “joyita” por mucho tiempo más con la camiseta de Independiente.

Diagnóstico de urgencia

¿A qué juega el equipo de Ariel Holan?

En sus tres partidos oficiales Independiente todavía no ganó ni perdió. Esta suma consecutiva de empates, ante rivales de menor magnitud, produce una cierta incertidumbre sobre su trabajo.

En su primera presentación dos palos ante San Martín de San Juan; en el segundo encuentro, ante Vélez, el rival creó una sola situación y marcó; y por último el reciente partido por Copa Sudamericana: “El Rojo” hiló varias jugadas, inclusive un penal, que pudieron haber terminado con esta racha de empates. Quizás una mínima cuota de suerte cambiaría este análisis por elogios, porque el equipo cuando se lo propuso mostró una buena imagen, sin embargo por momentos no acoplaron las piezas y los murmullos provenientes desde la tribuna no tardaron en llegar

Su planteo es ambicioso y por momentos arriesgado, su idea se basa en ir por la vía rápida. El desequilibrio por las bandas y las pelotas en profundidad desde la zona central, fueron las decisiones de este equipo a la hora de atacar. En el retroceso, quizás por momentos se vio la grieta de este equipo, falencias que pueden suceder con equipos renovados y ofensivos. Desde la llegada de Ariel Holan, se utilizaron dos tipos de sistemas: 4-4-2 en el torneo local y 4-1-4-1 por copa.

En cuanto a los nombres: a la renovada línea defensiva (Tagliafico-Figal-Franco-Bustos) se le suma un solo mediocampista de marca, también nuevo en el plantel, Nery Domínguez. Por momentos estático e impreciso con el balón. Algunos metros por delante se ubica el flamante n° 10, Walter Erviti, quien eligió Holan para pilotear su equipo. El jugador de último paso por Banfield, con la cancha de frente entiende todo y gracias a su experiencia maneja muy bien los tiempos de gestación, pero cuando recibe de espaldas y no encuentra un compañero cercano se le hace cuesta arriba. El otro jugador que estuvo en los tres partidos fue Emiliano Rigoni, el que marcó el único gol de la era Holan y quien mantiene un buen rendimiento. Emanuel Gigliotti también estuvo en los tres partidos pero todavía no mostró nada positivo desde su llegada. Entre Maximiliano Meza, Domingo Blanco, Lucas Albertengo y Ezequiel Barco se repartieron los dos puestos restantes.

La cuota del gol es algo que todavía tiene en el “debe” este plantel, su promedio de gol en el torneo local es preocupante, suma 12 goles en 16 partidos. Para destacar es la poca cantidad de goles recibidos, 11 en total. Esta matemática no sirve de mucho si los partidos concluyen 0-0 y el “Rojo” no logra ganar.

En el horizonte de Holan se encuentra su primer presentación como visitante, será en Paraná ante Patronato, por la fecha N° 19. La historia y todo el entorno Independiente le reclama una victoria, otro resultado sería algo inaceptable para los hinchas.

La decadencia del Rojo según La Nación

En marzo de 2001, la directora de cine Lucrecia Martel estrenó su ópera prima, La Ciénaga, protagonizada por Graciela Borges y cuya trama retrataba la decadencia de una adinerada y poderosa familia del noroeste argentino. En el torneo Clausura que se disputó durante ese semestre uno de los grandes finalizó 17º, antecedente del último lugar que iba a ocupar por primera vez en su historia exactamente un año más tarde. Era Independiente.

Por supuesto, no existe ninguna relación entre ambos hechos, pero el recuerdo sirve para dibujar una realidad: más o menos desde entonces, o quizás desde algunos años antes, el otrora Rey de Copas vive inmerso en una ciénaga de la que se muestra incapaz de escapar, con un cuantioso pasivo económico y sumando decepciones deportivas. Pero tal como le sucedía a aquella familia parece no aceptar la imagen que le devuelve el espejo.

En mayo de 2016, el presidente Hugo Moyano presentó a Gabriel Milito como “el técnico del futuro campeón del fútbol argentino”, pero Milito renunció en diciembre, con el equipo lejos de la lucha por el campeonato, y esa visión distorsionada de la realidad no ayuda a encontrar la salida. Peor aún, cada intento, cada volantazo, cada vuelta de tuerca parece hundir un poco más a esta familia sin brújula. La diferencia es que en el film de Martel la degradación solo afecta a los propios interesados, mientras que en el caso del Rojo sacude el alma de millones de hinchas que imploran, pero al mismo tiempo exigen, recuperar cuanto antes la gloria extraviada. Y como la desesperación es pésima compañera de viaje, una primera derrota en un amistoso de verano -por más contundente y dolorosa que sea- ya provoca zozobras, pone en duda el enésimo proyecto de los últimos años y altera el pulso del trabajo diario.

La historia de la degradación de Independiente tiene un punto de partida difuso, en algún punto de los años 90. “Empezó después de los títulos que ganó el equipo que dirigía Miguel Brindisi (Clausura y Supercopa 1994)”, afirma Ricardo Daniel Bertoni; “es difícil establecer un momento concreto”, coinciden Enzo Trossero y Ricardo Elvio Pavoni; “todo arrancó el día que se retiró Bochini”, arriesga un notorio ex directivo.

El cálculo, en todo caso, ronda los veinte años de sinsabores continuos y solo algunas alegrías esporádicas, como fueron el triunfo en el Clausura 2002 y la Copa Sudamericana 2010. Dos décadas en las que un club que era elogiado por su ejemplar administración y sus éxitos constantes fue acumulando deudas, escándalos y fracasos.

“Una vez que se fueron los viejos dirigentes, como [Pedro] Iso o [Jorge] Botaro comenzaron los problemas económicos, y muy despacito fue llegando la caída en lo deportivo”, relata Bertoni, quien fue el mejor ladero del Bocha en los tiempos gloriosos. “El club de los gallegos que pagaban poco pero con puntualidad no estaba preparado para manejarse en un mercado internacional, no se actualizó y fue sufriendo las consecuencias”, sostiene el citado ex dirigente, que prefiere el anonimato “por respeto al esfuerzo que realizaron todas las conducciones de estos años”.

Las decisiones equivocadas, la falta de transparencia en el manejo de los fondos, los continuos cambios de entrenadores y futbolistas -“Debe ser uno de los clubes que más cambió en los últimos diez años”, dice Trossero- condujeron a Independiente al que pareció su punto final: el descenso a la B Nacional en 2013. Sin embargo, y más allá del regreso inmediato a Primera y de algunas campañas aceptables, ni el resultado ni el juego del equipo lograron acercarse al listón que marca la historia de la entidad. Y el hincha perdió la paciencia.

“Somos el único grande que no ganó nada en los últimos años. Tenemos que salir campeones como sea”, es la frase más escuchada en los pasillos del Libertadores de América en los últimos tiempos, sin contemplar que de esa manera cargan con una mochila insoportable a futbolistas que pueden ser prometedores y técnicos con ideas interesantes que al final se muestran incapaces de soportar tanto peso. “El hincha no tiene la culpa por estar enojado, porque llevan años sin darle un equipo competitivo y le han mentido demasiadas veces”, analiza Bertoni.

Pero además de ganar, el simpatizante Rojo quiere defender un estilo de juego que supone histórico, y cierra las puertas a reconstruir el equipo con otros métodos. “Hoy todos quieren jugar como el Barcelona pero sin Iniesta ni Messi”, se queja Pavoni: “Me pregunto por qué hay que soltar a los laterales si no están capacitados para ir al ataque, por qué no podemos esperar atrás como los demás le juegan a Independiente”.

Trossero sostiene la misma opinión: “Los muchachos que ahora van a la cancha no vivieron la etapa de los éxitos y se equivocan en algunas cosas”, señala el rubio marcador central, líder espiritual del equipo del 83-84, último que levantó la Copa Libertadores en el club: “Bochini había uno solo, el resto apretábamos los dientes y metíamos la pierna”. El Chivo, aquel aguerrido uruguayo que marcó una época marcando la punta izquierda de la defensa, va incluso más lejos: “El paladar negro es un cuento”, sentencia, “y es mentira que jugando bien a la larga ganás. Es al revés: ganando a la larga jugás bien. ¿Sabés cuántos partidos ganamos en mi época jugando horrible?”.

La recuperación de una mística que Bertoni considera “arruinada” es el gran desafío actual de Independiente. El autor del tercer gol de la Argentina en la final del 78 ante Holanda cree que la misma “llevará mucho, mucho tiempo, porque no hay paciencia para esperar a nadie y no existe un proyecto a largo plazo. Cuando descendimos perdimos la oportunidad de ?refundar’ el club, como de alguna manera hizo River. Pero habrá que intentarlo, y la única manera es trabajando todos juntos y buscando las personas adecuadas para cada función. En cada puesto debe elegirse gente capaz, no amigos”.

En ese sentido, para Trossero sería interesante “rescatar la figura de un director deportivo que controle todo el área de fútbol. El club tiene ex jugadores y entrenadores con experiencia para ocupar ese lugar”. Y el Chivo apunta que debería recuperarse incluso los viejos gestos de antaño: “Aquel saludo en mitad de la cancha, todos bien formados, demostraba personalidad e imponía respeto. Aunque parezca una tontería es un detalle que influye a la hora de salir a jugar”.

Todo vale para tratar de volver a ser, para intentar sacar a la orgullosa familia Roja de la decadente ciénaga en la que lleva sumergida más de dos décadas.

Nota del díario La Nación del 11/02/2017 escrita por Rodolfo Chisleanschi.

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