La delgada línea Roja

Como la famosa gota que rebalsa los vasos, en muchísimos acontecimientos hay hechos que nos hacen cruzar una línea para situarnos en otro lado, como cuando con el afán de reírnos un rato, damos saltitos en una frontera al lado del mojón que indica el límite entre dos países.

Con cada hecho que genera grieta, lo que conviene hacer es tomar los fundamentos de cada lado, buscar hechos irrefutables y realizar un análisis tratando de ser lo más objetivo posible. Siempre teniendo en cuenta que la objetividad total no existe, porque todos estamos influenciados por muchísimas variables a la hora de reflexionar. Y también que no somos dueños de ninguna verdad, de hecho gran parte de las cosas que analizamos tienen más de una.

En el conflicto de los jugadores con los dirigentes, a pesar de que nos falta información y detalles de como sucedieron algunas cosas, tenemos las versiones de ambos lados en la mayoría de los casos. Y con eso, más todos los hechos irrefutables con los que contamos, en mi opinión Gastón Silva cruzó una línea, o me la hizo cruzar a mi.

Y esto no significa que en el conflicto me estoy poniendo del lado de los dirigentes, lejos de eso. Como periodista, y como hincha, siempre me ubico donde me pone el lema que dice que el escudo está por encima de todo. La decisión que tomó el uruguayo, de declararse libre, lo enfrenta a Independiente, y no solamente a esta dirigencia. Porque es patrimonio de la institución, por más que nos guste o no como juegue y de cuanto nos preocupe su futuro profesional.

El defensor, como sus compañeros de plantel, tiene todo el derecho del mundo en reclamar los sueldos atrasados. Y estos dirigentes, que encima son los que los firmaron (porque a veces la excusa de heredar algunos contratos puede ser válida), tienen la obligación de cumplir lo pactado. Esto es irrefutable, aunque nos cueste al resto de los trabajadores entender que los futbolistas son laburantes como cualquier otro, por más que ganen muchísimo más o estén en un lugar soñado por los que somos hinchas.

Pero así como esto es cierto, también es verdad que a muchos jugadores les cuesta entender que están en una situación de privilegio con respecto al 95% del resto de los trabajadores. Y esto, siempre hablando de profesionales de un club grande, los obliga al menos moralmente a no tomar ciertas decisiones.

Y pedir la libertad de acción en un receso es tomar esa decisión, es cruzar una línea. Por más que la culpa de todo este conflicto es de la dirigencia y que encima cada vez que habla alguno de los tres que maneja el club, lo único que logra es generar más problemas. Sobre todo cuando se están realizando pagos para disminuir las deudas, encima en este contexto mundial, que si bien no sirve de excusa, claramente no es favorable para los clubes. Más cuando viene de parte de un jugador que siempre mostró fuera de la cancha un exagerado sentido de pertenencia, algo que se ve que ahora no le influye en absoluto.

Gran parte de los integrantes del plantel sabe que los dirigentes les mintieron, como hicieron con los hinchas. Reclamaron como corresponde que les cumplan lo que pactaron y también tienen claro que su futuro inmediato está lejos de Avellaneda. Pero optan por una salida más consensuada, que no perjudique el patrimonio de la institución, ni dañe el sentimiento de los hinchas.

Gastón Silva decidió otra cosa, generando una salida anormal, como la que alguna vez lo trajo al plantel de Holan. Y en su conflicto con los dirigentes, optó ponerse en contra de Independiente, cruzando esa línea. Que cada vez está más roja y delgada.

Pasaron cosas

Día de semana, laboral para la mayoría, con todas las complicaciones que eso trae. Pero una noche muy agradable para ver fútbol en Avellaneda, sobre todo si es en diciembre, más precisamente el 6 de ese mes tan estresante como festivo.

Muchos nervios en el Libertadores, que se acrecentaron con el gol de la visita, logrado con un cabezazo tras una pelota parada.

Pero el Rojo respondió y lo dio vuelta, con tantos de un goleador muy querido por la gente y otro con una volea espectacular de un crack, tras un centro preciso con la pierna menos hábil de otro gran jugador, un pibe surgido de las inferiores. Ambos se irían vendidos, dejando en las arcas de la institución unos 30 millones de dólares.

Siete días luego de ese dos a uno frente al Flamengo, vivimos una noche que recordaremos por el resto de nuestras vidas como una de las mejores. Esa en la que en el mismísimo Maracaná, nos reencontramos con lo que fuimos después de lo que nos pasó, tal como la definió el entrenador Rojo de aquel momento.  

Es realmente increíble situarnos en ese día y lugar, para luego pensar en lo que estamos viviendo ahora, solamente dos años después. Es indignante, cruel y triste en partes iguales ver las consecuencias de todas las decisiones que se tomaron tras esa noche mágica. Se hizo todo tan mal, que lo que pintaba para ser el resurgimiento definitivo del Rey de Copas, se transformó en un simple oasis.

Es de carácter urgente y necesario que los dirigentes, más exactamente los tres que manejan al club, escuchen a los hinchas y se hagan cargo de la situación. Porque además de la pésima gestión de Holan junto a Hidalgo en refuerzos y ventas, el ego del Profesor que se lo terminó devorando a él mismo, o el horrible paso de Beccacece como entrenador, ese trinomio conformado por el Presidente, su hijo y el Secretario General, es el máximo responsable de la actualidad de Independiente.

Y lejos de asumir sus culpas, lo único que escuchamos es siempre el mismo cassette. Como encontraron al club en su llegada, y la persecución del Gobierno Nacional que se va hoy, dejando al país en una inmensa crisis. Cosas que por más que sean ciertas, son utilizadas como bombas de humo para no hacerse cargo de otras, que también son verdades y no las reconocen.

Nadie puede poner en duda lo realizado en cuanto a lo edilicio por esta gestión, que encontró un estadio a medio hacer, más sedes y predios abandonados. Terminaron el Libertadores y reconstruyeron todo lo demás, agregando obras que disfrutaremos por mucho tiempo, algo muy valorable.

Pero así como no tenemos que olvidar como estaba el club hace cinco años, la realidad indica que hace dos éramos campeones, con un equipo que logró una comunión con la gente pocas veces vista; y sin embargo se echó todo a perder.

Por su parte, es ingenuo pensar que la nefasta gestión económica de Cambiemos en el país, que entre otras cosas llevó el valor del dólar de 10 a más de 60 en cuatro años, no tiene consecuencias graves en una institución que participa de un negocio dolarizado. Pero Macri no regaló al goleador del Campeonato para luego traer a Chávez por la misma plata, ni firmó contratos millonarios con jugadores que no rindieron. Tampoco trajo diez refuerzos que no estuvieron a la altura de Independiente, dejando deudas en casi todos los que eran dueños de sus pases.

Si en vez de hacerse cargo de todo lo que han hecho mal, van a llamar boludos a los socios que los critican y traidores a los dirigentes que los acompañaban, nunca van a encontrar el camino correcto para enderezar el timón. El club necesita unión, gente idónea que tome decisiones futbolísticas y un cuerpo técnico que renueve las expectativas.    

Todavía están a tiempo de hacer que el próximo seis de diciembre sea más parecido al que nos enfrentó al Flamengo, y no al del viernes, en el que vimos con muchísima tristeza, dolor y bronca, todo lo que pasó en los últimos dos años en Independiente.  

Todo mal

Era la apuesta para hacer. A todos nos gustó ver a su Defensa, en el que notamos cosas distintas, marcas propias de un técnico joven pero a la vez con experiencia. Todos lo pedimos, y como suele suceder frecuentemente, al parecer nos equivocamos.

Porque la primera palabra de la nota, no hace más que reflejar la sensación que tenemos todos los hinchas. De que a pesar del poco tiempo, algo necesario para llevar a cabo cualquier proyecto, y de ser políticamente incorrecto declararlo, la situación del entrenador tiene toda la pinta de ser irreversible. Ojalá sea otra equivocación y el Rojo empiece el sábado una seguidilla infinita de triunfos, pero hoy la impresión es que se llegó a esas instancias en las que solo se puede estirar la agonía.

Los resultados son lo más importante, no hay duda de eso, pero no es lo que nos lleva a esa percepción. De hecho ganó cinco de los diez encuentros que lleva, pero no, no es eso. A Holan le fueron esquivos los triunfos en los primeros partidos y sin embargo no disminuyó el crédito porque se veía una intención que entusiasmaba. Ahora pasa todo lo contrario.

Los imponderables abundan en el fútbol y de hecho son uno de los tantos atractivos que tiene. Los equipos pueden jugar mejor o peor y conseguir buenos y malos resultados, tampoco pasa por ahí. Todos los entrenadores saben de fútbol, no hay nada exacto y por eso el que hoy es un problema para una institución, puede ser la solución de los líos de otra mañana. Los casos como el de Gallardo son pocos y raros. Nosotros tuvimos uno por unos meses y luego lo echó todo a perder, siendo víctima de su propio ego.

Tachados los resultados y los imponderables, nos quedan las decisiones. Y ahí está la cuestión. Luego de diez partidos nadie sabe a qué juega Independiente. Ni cómo trata de hacerlo, ni con quienes. Y ese desorden que muestra el equipo dentro del campo, se alimenta detrás de la línea, con un técnico que desde que llegó no hace otra cosa que confundir.

Puso un pibe de entrada y a pesar de que jugó bien no lo llamó nunca más. Metió otro y tampoco lo volvió a convocar. Cuatro, tres, tres que no es tal, extremos que juegan de otra cosa. Un cinco, dos, tres. Uno de los mejores no es tenido en cuenta, para luego ser titular. Otros seis pasan de no ser convocados a ser titulares, o de jugar bien a sentarse en el banco o en sus casas a mirar como sus reemplazos pasan papelones. Sánchez Miño que juega un tiempo de cada puesto. No es titular el que vale siete palos verdes y si lo es el que sabemos hace siete años que no puede vestir la camiseta de Independiente. Falso nueve y afuera de la copa, para volver al falso nueve. Se apuró en hacer cambios con el equipo ganando y tardó en realizarlos cuando perdíamos. El club pagó millones en refuerzos que no juegan y en posiciones en las que no hay suplentes. Si son malos, que los incluya y exponga a los dirigentes que los compraron. ¿Sino para que los trajo? ¿Por qué aceptó que vengan?

Estas son solo algunas de las decisiones inexplicables que tomó el entrenador desde su llegada. Que no tienen nada que ver con los imponderables que tiene el fútbol. Porque una cosa es que Barboza en Defensa sea Trossero y en Independiente juegue como yo. Pero otra muy distinta es poner a Pizzini o hacer cambios como el del domingo, que nos hacen preguntar en ese instante ¿qué es lo que hace?

Y ahora con esta payasada de Pablo Pérez, que intentó ser una muestra de poder y firmeza. Pero termina siendo todo lo contrario, simplemente un burdo mensaje filtrado desde el propio cuerpo técnico. Como alguien que se filma a sí mismo dando propina. Con firmeza y poder reales, se soluciona en el vestuario y no se arma esta pantomima en la que él termina abrazado a Pablo Pérez y el club pierde a uno de sus mejores jugadores para el partido más importante en lo que queda del año, porque del resto de las competiciones ya nos dejaron afuera sus decisiones.

Y si decimos que está todo mal, extendemos la situación a jugadores y dirigentes. Ninguno puede quedar impune de esto. Los primeros porque hace rato no demuestran en la cancha responderle a un entrenador. Y los dirigentes porque desde que regalaron al goleador del torneo no pegan una. Venimos de un mercado de pases en el que se la pasaron durmiendo, y si bien lo maquillaron un poco con Lucas Romero, los errores nos llevaron a comprar caro, tarde y en muchos casos mal.

Tan mal que duele, como hoy el Rojo.

Sin caretas

Pasaron dos días del partido y todavía duele otra eliminación de esta Copa Argentina que siempre más pronto que tarde nos termina golpeando. Nuevamente teníamos un fixture favorable para al menos superarnos en el certamen y alcanzar por primera vez los cuartos de final. Nos ilusionamos y recibimos uno de esos cachetazos que cuando proviene de una categoría inferior suena más fuerte.

Y lo peor de todo es como jugó el equipo, como está jugando desde hace rato. Porque saquémonos las caretas, todavía nos dura la alegría de la Sudamericana, más con el envión de la decimoctava, pero Independiente hace mucho tiempo perdió su fútbol. Y que lo recupere un ratito cada tanto no significa que lo tenga. No hay frescura, cambios de ritmo ni intensidad. La modificación del dibujo en el medio no da resultado aún y los rendimientos individuales por debajo de las posibilidades hicieron caer el colectivo, o al revés, da igual. Y no podemos mantener un similar funcionamiento cuando salen varios de los titulares, algo que el año pasado no ocurría.

Lo sabemos los hinchas, el plantel y también por supuesto el entrenador. Y nos preocupa a todos, tanto como quedar eliminados de un torneo por Brown de Adrogué, como el arranque en la Superliga o el inminente choque frente a River por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Y es acá donde me quiero detener. Donde nos tenemos que detener, para enfocar correctamente antes de correr el riesgo de perder el foco. Porque una cosa es la preocupación genuina y las críticas constructivas válidas a un entrenador y un plantel que cometen errores como cualquier ser humano. Y otra distinta es darles de comer a fantasmas que lamentablemente para muchos, ya no tienen más lugar en Avellaneda. Las chicanas y operaciones mediáticas al entrenador de hockey y sus drones y al sindicalista contra del gobierno, no tienen cabida en este Independiente que ellos reconstruyeron.

Hoy más que nunca tenemos que tener bien claro los problemas futbolísticos que nos preocupan, para ocuparse y solucionarlos lo antes posible. Pero sabiendo que se dan en un contexto soñado, y que existe gracias a esta dirigencia que nos devolvió el club y a este técnico que hizo lo mismo con nuestra identidad y mística. Y por supuesto también a este plantel, que jugando mejor o peor demostró siempre que se entrega entero y es confiable, sobre todo en los momentos más difíciles. Del Maracaná a hoy los partidos que Independiente disputó en primer nivel fueron pocos, es cierto. Pero se dieron en el marco del objetivo más importante, el que nos muestra entre los mejores ocho luego de 31 años.

Y es posible aspirar a más, porque no es casualidad que estemos ahí. Puede darse este año o no, obviamente no lo sabemos. Pero estamos en el lugar del que nos alejamos durante mucho tiempo y en donde el sueño está al alcance. Cinco años atrás, ante el mismo rival del lunes, una dirigencia incapaz nos puso una careta en los asientos, quizá para que nos tapemos por la vergüenza de ver a nuestro club destruido y en otra categoría. Hoy tenemos bronca por la eliminación del lunes, preocupación por el nivel futbolístico del equipo, pero la fe intacta en un entrenador y un plantel que nos metió en los cuartos de final de la Copa Libertadores. Y sin ninguna careta.

No todo pasó

Nos encantaría decir que no estamos de acuerdo con la medida del plantel, avalada por los dirigentes, de no darle más notas a los colegas de Olé y TyC. Porque también somos periodistas y no nos gustan las censuras. Como también nos gustaría anunciar que apoyamos el trabajo que realiza la Aprevide, con Juan Manuel Lugones a la cabeza, porque estamos en contra de las barras.

Pero los acontecimientos que vienen sucediendo en los últimos meses nos obligan a ponernos en otro lado, como siempre, junto a Independiente. El club y sus socios e hinchas desde hace un tiempo están (estamos) soportando cosas que ocurren solamente en Avellaneda. No sabemos por qué (aunque podemos sospecharlo), pero vemos como semana tras semanas en los operativos policiales y desde los medios nos perjudican, nos ningunean y hasta nos toman el pelo.

¿Como confiar en la labor de Lugones si vemos como se llevan hinchas comunes presos, como paran micros de peñas y ponen contra la pared a sus ocupantes, como la policía maltrata a los hinchas con embudos innecesarios o filmando a los insultan para agarrarlos a la salida? ¿Como fiarse de ese organismo gubernamental que le prohíbe a nuestros hinchas el ingreso de banderas y bombos cuando vemos a los visitantes, en el mismo lugar, armando un carnaval (contra Corinthians faltaba Xuxa en la garganta nomás)?

Y yendo a la gota que rebalsó el vaso. Es entendible que en post de tener más ventas, algunos equipos ocupen más lugar que otros en los medios, es algo que venimos soportando desde que salimos campeones del mundo y no fuimos nota central de tapa. Pero que traten la misma noticia de distinta manera según la institución en la que ocurre es inadmisible. Y lo de esta semana directamente es inhumano. El pedido de disculpas, cuando al día siguiente escuchamos simplemente un “quizá no lo tendríamos que haber hecho”, fue una justificación encubierta luego de ver la repercusión que tuvo la nefasta manera de cubrir un episodio muy sensible.

Desde Orgullo Rojo lamentamos la decisión por algunos buenos colegas como Germán Alcaín o Martín Souto y Ariel Rodríguez, que conducen grandes programas de TyC como Paso a Paso o Líbero. Pero el canal es responsable por lo que emite, más cuando no tomó medidas contra lo sucedido. Por eso nos parece correcta y apoyamos la determinación adoptada por el plantel de Independiente, avalada por la dirigencia.

Porque está pasando de todo, y no todo pasó.

De Patronato a Flamengo

Los dos tienen el mismo color de camiseta, ambos provienen de países con historia grande dentro del fútbol y otro ítem que junta al equipo de Paraná con el de Rio de Janeiro es nuestro amado Independiente y su largo camino desde lo peor hasta volver a ser lo que supimos.

El 8 de junio del 2014 no fue la peor fecha de la historia de Independiente como tampoco será la mejor este 13 de diciembre del 2017. Sin embargo, lo que vivimos aquella tarde, esa frustración después de la frustración fue un cachetazo de esos que duelen.

El Rojo necesitaba ganarle a Patronato, que iba en el puesto vigésimo en la triste B Nacional, para volver a primera. Después de un sufrido torneo, el Rojo sabía que si ganaba en el Libertadores de América ascendía. 45 mil personas fuimos a ver eso. El 0 a 0 final, con la sensación de que los entrerrianos no quisieron ganarlo, nos mató -una vez más-.

Pero resucitamos. Y acá estamos. Esperando todos este 13 de diciembre el partido más importante de los últimos largos años. Incluso más importante que el de Goias, más importante que los del 2002, quizás tanto como el del 95. Independiente tiene una chance histórica de consagrarse por segunda vez en el estadio más mítico de todos: el Maracaná. Independiente, que es el único equipo argentino y el primero en el mundo en lograr semejante hazaña, va por otra.

Y más allá de resultados finales, acá hay una redención que empieza a partir del día siguiente a aquel horrible 0 a 0 ante el “Patron”, y que año a año fue mejorando hasta llegar a este punto cúlmine. De Felippe nos devolvió a primera, Almirón el fútbol, Pellegrino la seriedad, Milito la identidad y Holan la mística.

Señoras y señores, el Rojo ya volvió. Una consagración en el Maracaná acentuaría eso, pero que a nadie le quede ninguna duda, de Patronato a Flamengo, Independiente volvió a ser Independiente.

Le pusieron el techo

Esta dirigencia sin lugar a dudas es la mejor de las últimas que ocuparon Mitre 470 y por méritos propios y falta de una oposición seria, seguramente va a volver a ser gobierno en el próximo período que comienza en diciembre. Resta saber si Hugo Moyano tiene ganas de seguir al mando o no, algo que hasta el resto de las listas, sin candidatos ni proyectos anunciados, parecen estar esperando para ver si hay elecciones a fin de año.

Es indiscutible que recibieron un club casi en ruinas, descendido y que lograron ponerlo de pie, refaccionando sedes y predios. Además terminaron la construcción del estadio, algo que tendría que haber llevado a la cárcel a Julio Comprada y a lo que Javier Cantero solo le agregó unas pocas butacas y litros de pintura por la desinteresada colaboración de algunos socios. Y hoy, gracias a ellos es un orgullo que podemos disfrutar para siempre.

Esta misma dirigencia, que tuvo varios buenos mercados de pases, tenía la enorme oportunidad de estar a la altura de un entrenador que se ganó a la gente y dar un paso hacia lo que todos queremos, que es ni más ni menos que volver a gritar Independiente campeón. Con un técnico que nos devolvió las esperanzas, el sentido de pertenencia y que les hizo ahorrar muchísimo dinero sacándose de encima varios de los contratos más caros apenas llegó, no había más que darle todos los gustos y armarle un plantel a la altura de las expectativas generadas y con aspiraciones serias de ganar un título.

Pero si hablo en pasado es porque los recesos son los partidos que juegan los dirigentes y en éste perdieron por goleada. El mercado de pases de Independiente es pésimo por donde se lo mire. No hay muchas vueltas, o todo el mundo del fútbol le tomó el pelo a nuestros dirigentes o la comisión directiva hizo lo propio con los socios del club. Goltz, Scocco, Rolón, Marcone, Beausejour, Barboza, Jara, Vargas, Belluschi, Iturbe, Chumacero, Triverio, Lenis, Bobadilla, Solís… No vino ninguno. Puede pasar que pidan más de lo que sale algún jugador, o que elijan irse a otra institución, pero no con todos. Si realmente negociaron por estos profesionales, han mostrado una incapacidad alarmante y si no lo hicieron se burlaron de los hinchas.

Los refuerzos que llegaron son jugadores para sumar, no hay mérito en traer a Independiente a Jonás Gutiérrez o Nico Domingo por ejemplo, con el respeto que merecen. Y de haberlo es todo del técnico que los conoce, los buscó y/o convenció para venir. Lo mismo pasa con todo lo bueno que ojalá depare este semestre. Cualquier logro que consiga el equipo, al igual que en el torneo anterior, va a ser exclusivamente virtud de Holan, quien está mostrando en estos momentos una pasividad que asusta. Digo esto porque se lo ve más preocupado en la economía del club que en reforzar su plantel y eso ya sea por exceso de confianza o resignación es algo que muy probablemente le termine jugando en contra a futuro. Si se dan los resultados, siempre van a poder ser mejores y si no se dan, corremos el riesgo de perder a un director técnico que debería quedarse muchísimos años en Domínico pase lo que pase.

Se puede decir que Independiente viene de terminar sexto y que no desarmó el equipo, pero lo cierto es que se fue una de las figuras y a pesar de que ya sabían hace un mes que estaba casi vendido aún no hay reemplazo. También que la jerarquía no garantiza nada (el Cebolla y el Tanque lo eran) y que pueden aparecer más Bustos y Francos, pero no podemos pretender salir campeones con pibes del club. Ojalá suceda, pero seguramente hay más posibilidades comprando jugadores, lo que en un contexto favorable se convierte en una inversión y no en gasto.

Y si no, por favor, no nos mientan más.

Si realmente no hay plata, no la hubo para hacer ofertas por los jugadores que nunca llegaron y tampoco la hay para pagar una convocatoria que anuncian desde hace tres años y todavía no se canceló, o la deuda con AFA que afirmaron pagar hace varias semanas y aún no abonaron. Que la tesorera, que nunca contestó los pedidos de nota de Orgullo Rojo, de las explicaciones pertinentes y listo, que los socios veamos y entendamos como está el club, los ingresos, los egresos y la razón por la que no se compran jugadores. Que no prometan refuerzos de jerarquía, ya que no los pueden traer y admitan que debemos rezar por Holan y el plantel que tenemos. Que no hablen más de que a esta gestión le faltan logros deportivos y van por eso, porque está a la vista que es lo que les falta y que no están haciendo lo suficiente para ir por ello. Y que tampoco hablen más de techar el Libertadores.

Por lo pronto, a lo que si ya le pusieron techo es a este plantel de Holan.

A recibirlo como lo merece

El próximo sábado Independiente se jugará ante Huracán la chance de seguir acercándose a los de arriba y, hasta quizás, meterse en la zona de clasificación a la Copa Libertadores, sin embargo, hay un hecho ajeno a esto, que debe ser destacado.

Será la primera vez que veamos al Rolfi Montenegro en el estadio Libertadores de América, tras su alejamiento en los primeros días de 2015. Caprichos del fixture o de estos extraños torneos raros, el Globo jugó ante el Rojo una sola vez y fue en Parque Patricios -1 a 1, Lucero y Abila en 2015-.

El lunes en la emisión radial de Orgullo Rojo, el secretario deportivo del club, Jorge Damiani dijo: “Si fuera por mi, sin dudas que le daríamos una plaqueta, un reconocimiento por todo lo que le dio al club”. Es un tema que seguramente se tratará en Comisión Directiva y que esperamos que se pueda llevar a cabo.

Pero más allá de esto, sería importante que el hincha, así como se indignó el día que entre Jorge Almirón y la CD decidieron que su ciclo en el club estaba terminado, le brinde ese merecido reconocimiento, por todo lo que hizo durante la peor etapa de la historia del club, que no sólo se limita al descenso sino que a las últimas décadas. Por haber salido campeón, por haberle puesto la cara en aquel semestre trágico de 2013 y por quedarse cuando el club era una hoguera, clavándole el recordado gol de zurda a Instituto cuando el ascenso parecía imposible.

Montenegro es el jugador que más goles hizo en Independiente en el siglo 21. En sus cuatro etapas en el club convirtió 68 tantos en 235 partidos, algo así como un gol cada tres partidos. Su debut en la red con la casaca roja fue en el tercer partido que disputó, ante Argentinos Juniors, una noche lluviosa en la que el Rojo ganó 8 a 1 -Primer gol de un tal Gaby Milito en primera- y que el Rolfi no sólo metió su primero, sino que también su segundo y su tercero en aquel cotejo. El último fue ante Lanús, en el 4 a 1 en el Libertadores de América, en 2014.

Desde hace dos años se encuentra en Huracán por una inexplicable decisión de la Comisión Directiva y del cuerpo técnico de Jorge Almirón. Es que Montenegro nunca pasó desapercibido. Fue amado y odiado por la gente, que cambió de opinión con respecto a él en muchas ocasiones. Es que te enojabas, llegaba Racing, le metía dos goles y era todo risas. Es que Rolfi, jugando para Independiente, nunca perdió con los de al lado. Aunque quizás eso ya no sea un mérito propio sino más bien institucional.

Sin dudas, todo esto debe ser recompensado el sábado por parte del hincha. Ese genuino que no se queda con la típica imagen besando otra camiseta o gritándonos un gol. Ese que se queda con todo lo que hizo en el club a lo largo de este oscuro inicio de siglo que nos toca vivir. Desde Orgullo Rojo no lo dudamos, Gracias Rolfi! Y a recibirlo como él lo merece.

Milito hay uno solo

En los cumpleaños, para las fiestas, celebraciones comerciales o lo que sea que amerite descorchar algo y brindar, abrazarse y mostrarle sonrisas a la vida, es muy fácil estar. No tiene mucho mérito levantar la manito y sumarse a esos momentos. Los porotos se anotan cuando se da vuelta la tortilla. Ahí vale realmente poner la jeta. Cuando las papas queman, cuando ese con el que nos dolió la panza de la risa necesita un hombro, un consejo o simplemente que estés parado como un granadero para escucharlo y dividir el dolor. En esos pasajes nuestra presencia cotiza de verdad.

Cuando alguien nos hace bien, nos da momentos de alegría, se lo podemos agradecer recibiendo, aguantando, soportando codo a codo cuando tenga de los malos.

El domingo nos fuimos muy tristes del Libertadores, después de ver nuevamente a un equipo que si bien en las últimas fechas mejoró algo en cuanto al funcionamiento, está lejos de mostrar un buen nivel y lo que es peor, parece incapaz de rebelarse ante la adversidad que se le presenta. Encima a estos jugadores, que se muestran poco confiables para sostener una riñonera (lejos de una mochila) de presión, se les viene ese partido al que relojeamos apenas se “sortea” el fixture, rogando que a nadie se le ocurra cumplir años, casarse o lo que sea que nos impida al menos verlo. Y es de visitante, donde a veces no alcanza solo con que entren a la cancha once tipos vestidos de rojo y listo.

Y es ahora, más que nunca, cuando debemos devolverle a Milito algo de todo lo que nos dio.

Esta nota está lejos de tratar de liberar al técnico de culpa, porque sin duda la tiene. Desde el armado del plantel, hasta los cambios del domingo. Desde que eligió no exponer (o lo hizo tarde) a los dirigentes que le dieron los gustos a Almirón y Pellegrino y se recostaron sobre sus espaldas en el último mercado de pases haciendo oídos sordos a casi todos sus pedidos. Peor aún, trajeron a un cuatro que no es digno de ese número ni en sus calificaciones como jugador de Independiente (si el Mariscal lo pidió, o solamente aceptó que venga para evitar que se vaya uno de los jugadores más importantes del plantel es otro tema). De ahí hasta sacar a Vera por el Tanque y dejar a Toledo jugando de ocho perdiendo ante los suplentes de San Lorenzo. Gabriel cometió y seguramente va a cometer errores, como el resto de los entrenadores. Tampoco intentan estas líneas perdonarle todo, blindarlo de críticas o barrer la basura para el lado de los imponderables, que hoy por hoy nos juegan en contra claramente, tirando afuera cada chance que tenemos. Y mucho menos ponerlo por delante del club, nada más lejos de eso. Él justamente es el que nos enseñó que el escudo está por encima de cualquier persona. Y esa es la cuestión, el objetivo de estos párrafos.

Ningún hincha de Independiente tiene la autoridad moral para ponerle un plazo a Gabriel Milito.

Porque él demostró en muchísimas ocasiones que ama los colores tanto como nosotros. Poniendo al Rojo por sobre su propio beneficio. Y lo hizo dejando de lado millones de dólares, siendo coherente con sus palabras, donando plata, tiempo y obras. Nosotros no podemos cambiar el destino de Independiente protestando atrás de un teclado, puteando hasta a Bochini o aplaudiendo hasta a Leguizamón. Milito sí lo puede hacer, como lo hizo yendo al frente en la cancha cuando se nos escapaba un campeonato. Está donde quiere estar él, en el lugar que hace rato esperábamos que ocupe.

Es imposible asegurar como le va a ir si le dan (damos) el tiempo necesario como para aceitar los engranajes de su idea, o que resultados va a conseguir luego de varios torneos probando sus sistemas. Lo que es seguro es que lo merece más que nadie. Más allá de que no hay en este momento algún entrenador que casi no tenga margen de error (Bielsa no va a venir y Sampaoli para esta dirigencia era “caro”), sino le confiamos un proyecto a nuestro capitán… ¿A quién sino? ¿Vamos a experimentar con otro para que luego vaya a salir campeón lejos de Avellaneda, como pasó en los últimos años?

Si nuestro respeto a un ídolo vence en diez fechas, deberíamos plantearnos cuan agradecidos somos realmente con un tipo que entre muchísimas otras cosas permitió que hoy sus dirigidos entrenen en un predio de gran nivel. Todo proyecto conlleva un proceso que por obvias razones necesita tiempo para que sepamos si funciona o no. Y ese tiempo tiene que ser establecido solamente por él. Si Gabriel no puede disponer del plazo que requiere, entonces terminemos con el verso y recemos para que alguien solucione mágicamente los problemas futbolísticos de un club al que hicieron mierda durante las últimas dos décadas. Más con una dirigencia que si bien puso de pie a la institución, de la línea de cal para adentro dejó hasta ahora mucho que desear.

Milito hay uno solo. Y lo tenemos dirigiendo al primer equipo. Hoy es cuando hay que resistir junto a él este mal momento, devolviéndole parte de lo que nos dio.

Buenas intenciones

Esta no es una pretemporada más en el mundo Independiente. Si bien la ansiedad es un denominador común en cada hincha y los recesos siempre nos ven con las ilusiones renovadas y el esqueleto amagando con rajar para Avellaneda, este tiene varias particularidades que lo hacen especial y a la vez más tedioso.

Es muy largo, está envuelto en un contexto en el que clubes, AFA, empresarios y el gobierno se sacan los ojos negociando las nuevas pautas del negocio, mientras los hinchas no sabemos cuando, donde ni que torneo va a disputar nuestro equipo. Pero lo que más nos hace tachar los días que faltan para volver a pisar nuestra casa es saber que comienza la era de un par, de un hincha que se convirtió en ídolo y ahora dirige al primer equipo del club que ama como nosotros.

Siempre le deseamos lo mejor al que llega, porque es lo mejor para Independiente. Ahora ese deseo es doble, porque también queremos lo mejor para el técnico. Y no es una cuestión simplemente de fe, producto de nuestra pasión. Tampoco de un enamoramiento adolescente y caprichoso.

Gabriel Milito es líder, capitán y símbolo de Independiente desde que posó sus rulos en el césped allá por el 97 con tan solo 17 años. Durante su extensa y exitosa carrera fue dirigido por los mejores entrenadores y todos lo han elogiado y reconocido como un técnico dentro del campo. Fue parte del proceso más exitoso y el que mejor y más lindo jugó en la historia del fútbol mundial.

¿Con eso alcanza? Por supuesto que no. O al menos, solo nos permite fundamentar el optimismo con el que esperamos el inicio de su era. Pero no es suficiente para lograr resultados, que en definitiva son los que mandan en el fútbol. Para eso hay que ganar. Y para lograr los tres puntos hay que jugar bien.

Por eso es importante ver al equipo. ¿Entonces, como juega el Independiente de Milito? Si bien los cinco amistosos disputados hasta el momento no son parámetro para llegar a una conclusión, ya que casi todos fueron ante equipos menores, sirven para ver las intenciones del entrenador.

Y es grato saber que lo que intenta hacer es lo que todos (al menos yo) esperamos que haga. Una idea que comulga con el paladar del hincha Rojo, con más similitudes (por suerte) a la ejecutada por Almirón que a la de Pellegrino.

Esta mañana Independiente fue un equipo que paró un 4-3-3 claro, con mucha movilidad y tenencia del balón. Con un extremo fijo en cada banda (Rigoni por izquierda y Fernández por derecha), con Denis como centro atacante y Benítez jugando suelto, buscando romper y generar espacios y juego. El Misionero es un jugador importante en el esquema que plantea el DT y es fundamental que rinda de la mejor manera. Algo similar ocurre con el cinco, hoy el Torito Rodríguez, eje en el medio. Es crucial que recupere el nivel que mostró antes de la lesión.

Se busca usar todo el ancho de la cancha y solo tirar pelotazos para cambiar de frente, algo que se trata de hacer todo el tiempo tocando, aunque signifique retroceder en el campo. Se nota que la intención es respetar y sostener la pelota aún en situaciones de asfixia, de las que se trata de salir con toques de primera.

Otra buena noticia es ver a los laterales continuamente en posición de ataque, haciendo tándem con los extremos más Benítez, que se reparte entre ambas bandas según donde este el balón. Ver a un lateral tocar y pasar rápido después de verlos sacar pasaporte para cruzar el mediocampo con Pellegrino es sin dudas algo esperanzador.

A pesar de esto el equipo encontró más profundidad presionando y recuperando que llegando con la pelota dominada. La mayor parte de las situaciones vinieron por la gran presión que trata de imponer el equipo aún en campo rival cerca del arquero contrario. El resto, gracias al desmarque por las bandas.

La misma idea mostraron los suplentes, con Méndez como manija en el medio y el pibe Barcos haciendo algo similar a lo de Benítez en el primer encuentro, pero el resultado no fue el mismo. Además del tanteador, fue distinto el rendimiento, siendo bastante flojo lo del segundo equipo.

¿Alcanza con esto? ¿El Independiente de Milito ya es el Barcelona? No, ni muchísimo menos. Flandria, ni nuestro homónimo de Chivilcoy y mucho menos Camioneros o Villa Dálmine son parámetro, no son rivales de fuste como para evaluar que tan eficaz puede ser este sistema ejecutado por nuestro plantel. Habrá que ver la idea plasmada ante equipos de primera y por los puntos, con la presión de la gente. Y tener paciencia y aguantar los partidos en los que esa tenencia sea aburrida, o se pierda por arriesgar en el fondo.

Lo que si es seguro es que las intenciones son las que nosotros esperábamos de parte de Milito. Por nosotros, por él y por sobre todas las cosas por Independiente, ojalá los resultados también.

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