Las caras de la misma vergüenza

Así como fue difícil dormir luego del golpe de anoche, al día siguiente sigue siendo arduo analizar lo que pasó, sobre todo porque eso implica tener que asimilar la primera sensación que a uno le viene; vergüenza.

Y uno no siente eso simplemente por perder un clásico. La realidad es que una derrota ante un equipo al que le llevás 22 partidos de diferencia en el historial y con el que hay una desigualdad infinita en grandeza, no debería ser algo grave. Se puede perder, tenés revancha en el que viene, y punto.

No pasa por ahí, sino por el hecho de que donde uno toque, saca pus. La actualidad de Independiente lo muestra por debajo de su clásico, hazme reír histórico del fútbol argentino, en muchos aspectos.

El primero y más importante, es el dirigencial. En Mitre al 900 hay una comisión directiva que transformó a Racing en una institución ordenada y que seguido se muestra competitiva, cuando todos sabemos lo que siempre fue. Mientras que en el 470 hay dirigentes que se creen que el club es inalámbrico y pueden manejarlo de a dos o tres y a distancia. Que después de una buena gestión, con una comisión directiva, tienen un segundo mandato que es impresentable por donde se lo mire. Claramente deben irse cuanto antes, aunque eso depende también de lo que haga una oposición que hoy se muestra tibia, con muchos indios y ningún cacique que quiera hacerse cargo.

Luego, podemos discutir si los vecinos tienen un once titular de mayor calidad, para mi no. Lo que no admite debate es que cuentan con un plantel muy superior en cantidad. La mitad del banco de suplentes de Independiente podría caminar por el Alto Avellaneda con suma tranquilidad, incluso ir a la cancha (con público) sin que nadie les pida una foto.

Y no es por el Covid que lo digo, de hecho ni sirve de excusa en este partido (de paso les mando un “abrazo” a los responsables de los banderazos y a los colegas que lo difundieron aplaudiendo, como si fuera algo positivo en este contexto…). Los contagios perjudicaron a la Reserva, que jugó con solamente tres titulares. Nos guste o no, Racing entró a la cancha más diezmado sin Sigalli, Piatti y Cvitanich que nosotros sin el Perrito Romero, Sosa y Costa. Si tenemos que recurrir a un pibe y ellos dirimen cual de las tres variantes con las que cuentan ponen, es un problema nuestro, no de Racing ni de la pandemia.

Yendo a lo que pasó dentro de la cancha, es imperdonable el partido de Independiente. Y va más allá del sistema táctico elegido, porque uno puede jugar bien con un dibujo defensivo y mal con uno ofensivo. El tema es a que salís, y debería estar prohibido y/o castigado por estatuto lo que hizo el equipo anoche. No jugó a ganar ante un Racing que lo hace horrible, con un Pizzi que ni siquiera cuando salió campeón hizo jugar bien a su equipo. No les pateamos al arco, y lo que es peor, en el complemento ni siquiera mostramos la intención de hacerlo. ¿En qué quedaron las declaraciones de Monzón en la semana y lo hecho por el equipo en partidos anteriores, con el mismo sistema táctico?

En los últimos dos partidos Independiente jugó con miedo ante Racing, algo insólito históricamente. Tuvo miedo a ganar el año pasado, sufriendo un papelón sin precedentes, y ayer a perder, dando lástima. Tan imperdonable como las distracciones con las que jugaron los laterales, como las reiteradas pérdidas de la marca en las pelotas paradas, y en no darse cuenta de que el árbitro amonestó a un jugador y no al que cometió la falta y debía irse expulsado.

Y ahora si hablemos de la figura de la cancha, el que le dio el triunfo a un Racing que solo merecía los tres puntos desde las intenciones, porque en el juego no hizo demasiado para torcer a un triste Independiente. Hay más chances de que termine la pandemia mañana a que un árbitro profesional vea de buena fe penal en esa jugada. Si sos malo diferenciando, podés confundir a un toro con una vaca, un bisonte o un búfalo, pero nunca con una jirafa. Cualquier persona que sabe medianamente de fútbol se ríe ante esa jugada, pero Vigliano decidió, vaya a saber uno por que, darle el clásico a los vecinos.

Y es una decisión que ya había tomado antes, habilitando a los locales a pegar, sobre todo a Menéndez y a Palacios, cobrando todas las chiquitas para ellos. También cuando se hizo el boludo y no echó a Domínguez, amonestando a un jugador que estaba a un metro de Nery cuando cometió la falta.

Desde lo de Pinola en la copa que no se veía algo tan escandaloso. ¿Qué van a hacer, pararlo una o dos fechas? Se ríen de nosotros, porque no se trata de errores, no hay manera de que no haya sido adrede.

Un arbitraje tan bochornoso como lo que hizo el Rojo en el partido, como lo que es hoy Independiente. Lo de anoche no pudo darse sin que pasen varias cosas a la vez. Todas caras de una misma vergüenza.

Impensado

El fútbol es la dinámica de lo impensado, dijo el eterno Dante Panzeri, en una de las definiciones más exactas de este hermoso deporte…

Mañana firma Julio Cesar Falcioni como entrenador de Independiente, con Pedro Monzón como uno de sus ayudantes de campo. Esta noticia, que parece situada hace 15 años atrás, es de hoy y será realidad este jueves, salvo que Independiente decida una vez más destrozar nuestra capacidad de sorpresa.

La noticia no resulta difícil de creer por carecer de lógica. Falcioni no es un técnico que particularmente me guste, porque no coincido con su forma de jugar, pero discutir su capacidad es ridículo. Estamos hablando de un entrenador que salió campeón con Banfield y Boca, llevando al Taladro a disputar tres veces la Libertadores, llegando a cuartos, Copa en la que disputó la final con el Xeneize.

Galardones como para dirigir a este Independiente le sobran. Algo que claramente no sucedía con algunos con los que se reunieron, ni tampoco con el que era el máximo candidato, una apuesta (algo válido), como lo fueron los últimos en ocupar el banco Rojo. Le puede ir bien (ojalá así sea) o fracasar como a todos, en este deporte lleno de imponderables. Y pensar que puede llegar a diciembre (al parecer la única intención de esta dirigencia) cosechando una cantidad importante de puntos no es ninguna utopía.

El problema no es ese, sino ver una vez más como Independiente está a la deriva, manejado como una verdulería, que compra hoy tomates porque están baratos y la semana que viene verá que hace. No hay ningún tipo de planificación y se pasa de A a Z sin siquiera ponerse colorado. Hoy dicen algo y mañana absolutamente lo contrario, como si fuese algo normal.

En una de las primeras declaraciones después de la insólita salida de Pusineri (por las formas), el Vicepresidente del club dijo hace menos de una semana (si, menos de una semana): “Queremos buscar un técnico joven, pero que tenga el estilo de entrenador que viene manteniendo esta gestión. Nuestra prioridad es bajar la deuda, conseguir un mánager y un DT y armar un equipo competitivo. Si no podemos cerrar un mánager, trataremos de conformar una nueva secretaría técnica para elegir el entrenador”.

Salvo que haya sido una estrategia para no “quemar” la llegada de un técnico que se retiró hace casi un año, o una joda y mañana anuncien en conferencia un Mánager y otro entrenador, todo esto ha sido una muestra más de la improvisación que gobierna al Rojo.

Porque el problema no es Falcioni, ni el Moncho, como tampoco lo era Pusineri. El problema más grande que tiene Independiente es que en medio de la dinámica de lo impensado, la institución tiene la dinámica de no pensar.

Independiente hoy es esto

Independiente hoy es esto. Un equipo de mitad de tabla, que si se le dan algunas cosas a favor, puede aspirar a entrar en instancias definitorias de una Copa Sudamericana o de algún certamen local con un formato extraño, como lo es este torneo actual o lo será el próximo. Por más que nos duela y nos pese, hoy Independiente es eso y si bien hay máximos culpables, no debemos mirar para otro lado y hacernos cargo de la responsabilidad que tenemos todos.

Que estemos más cerca de luchar por evitar otro descenso que de pelearle mano a mano títulos locales y Libertadores a River y Boca, nos obliga a ver más allá de la actual dirigencia, y mientras antes lo hagamos mejor.

HINCHAS Y PERIODISTAS
Podemos empezar por éstos, los menos responsables al no participar activamente de las decisiones del día a día, más allá de votar cada cuatro años (solamente los socios). Si creen que el mundo Independiente se soluciona en Twitter y/o ven como razón principal por la que llegamos a esto, que no se le exige a Messiniti, Ortega y el Saltita como se lo hacía con Bertoni, Pavoni y Marangoni, realmente estamos fritos. La historia de Independiente se formó con grandes jugadores que estuvieron muchos años en el club, algo que ocurrió en parte porque el fútbol y el mundo eran otros, no porque en la Doble Visera se insultaba al que diera dos pases mal. Eso se daba como consecuencia lógica de ganar tanto, no era la razón por la que se ganaba. Un jugador no va a mejorar porque se lo putee ni tampoco será un Maradona por recibir elogios.

Y si el periodismo es más hincha de si mismo que del club, y cree que es más importante tener una primicia a saber que hacer con ella, todo se complica aún más. El reconocimiento debe lograrse por saber analizar la actualidad y ayudar a la gente a pensar, no por acertar azarosamente algo o tener antes una noticia a cambio de deber favores.

Necesitamos menos expertos con el diario del lunes y más gente comprometida con hacer críticas constructivas, porque sino los hinchas y los periodistas nunca nos vamos a equivocar y siempre seremos los dueños de una verdad que no existe. Debemos ser coherentes con lo que pensamos y tener en cuenta siempre lo que dijimos antes de que algo suceda, sino todo es sanata. La realidad es que tanto hinchas, periodistas, dirigentes, jugadores y técnicos, nos vivimos equivocando. Esa es una de las razones por las que el fútbol es tan lindo, porque vive quemando libritos y demostrando que nadie ni nada asegura algo.

Ahora si bien no considerar el factor suerte en el fútbol es no saber de este deporte, claro está que a la fortuna hay que ayudarla. Mientras más consensuadas sean las decisiones, menos margen de error hay. Y si bien para eso están los dirigentes, es algo que los hinchas y los periodistas debemos tener en cuenta a la hora de opinar.

Está lleno de casos en los que por más que salga mal, cierta decisión no debe considerarse como un error y otros en los que un error termina saliendo de la mejor manera. En el Rojo lamentablemente abundan de los primeros, pero en el resto de los clubes hay miles de ejemplos. Por citar uno emblemático, a ningún hincha de River le preocupa que la dirigencia Millonaria se haya comprometido a pagar hace dos años una cifra ridícula por Pratto (14 millones de dólares), dinero que aún hoy no terminaron de pagar (por eso entre otras razones el delantero de 32 años se fue gratis a Holanda). Y sino les preocupa, es obviamente sobre todo por el gol que hizo en Madrid. Por estos imponderables a favor es que la actual dirigencia de River, a pesar de la gran cantidad de campeones que se le fueron libres, de vender por menos de la mitad que Boca para tapar agujeros y de tener un pasivo de 4500 millones, será recordada como la de la era más exitosa. Porque la “embocó” con Gallardo, quien resultó ser el mejor técnico en la historia del club. Claro que a la suerte la ayudó, ya que quien llamó al Muñeco cuando tenía todo arreglado en Newell’s fue Francescoli, manager elegido por Donófrio.

¿A que voy con esto? Que error es comprometerse a pagar dos millones de dólares por Chávez, no haber comprado a Cecilio, figura en México, por más que haya salido mal. Pifiar feo es haber regalado al goleador del torneo porque el técnico se peleó con él luego de haber hecho lo mismo con 15 personas, no haber traído al capitán del subcampeón de América por algo más de un millón de dólares, por más que haya salido mal. Equivocarse es decirle que si a muchas apuestas de más de dos millones de dólares, cuando no tenes para pagarlas y de hecho no lo hacés, no hacer apuestas. El desacierto es no proyectar las deudas y hablar con tiempo para que no te exploten todas juntas, no pasarse del presupuesto para tratar de ganar la Libertadores. ¿Cuántos de los que hoy critican la compra de Gaibor le hubieran dicho tras el Maracaná a Holan que no podían traerle a ese ecuatoriano que no jugaba en la Selección de Ecuador? ¿Cuántos pedían desesperadamente que se cierren refuerzos que luego tildaron de graves errores porque no rindieron? ¿Y cuántos se quejaron por jugadores que no llegaron y luego hicieron silencio cuando fueron un fiasco en otros clubes?

Si no entendemos y aprendemos de estas diferencias, los hinchas y periodistas siempre vamos a hablar con el resultado puesto y el club siempre va a perder. No importa tener razón, ni la cantidad de seguidores, importa Independiente. Las críticas, sino son constructivas, son destructivas y el Rojo siempre tiene que estar por delante de todo y todos.


TÉCNICOS
Más allá de que indudablemente son una pieza clave, deben serlo siempre para bien y nunca para mal, siendo el caso Holan y el de Pusineri ejemplos que sirven para explicar este concepto. Ningún entrenador puede asegurar resultados, aunque hay muchos que tienen un margen de error más pequeño que el resto por su trayectoria. Como estos están fuera del alcance de Independiente, el club, al igual que el resto de las instituciones del fútbol argentino, se la pasa haciendo apuestas. Las mismas pueden salir bien y ser el puntapié para el comienzo de un ciclo exitoso y hasta un despegue del club que los contrató. Son una pieza clave porque se encargan de entrenar al plantel, elegir los titulares y el sistema y dibujo que se empleará en cada partido.

Pero no deben ser más que eso, porque sino se corre el riesgo de que pasen a ser claves para mal. Un técnico puede involucrarse en el mercado de pases para llamar y convencer a un jugador que le gusta y la dirigencia está buscando traer, nunca para decirle a los dirigentes lo que tienen que hacer y cuanto gastar. Como apuestas que son, pueden salir mal y en ese caso irse y listo, siendo el fusible más lógico en cambiar. Los entrenadores se van y los dirigentes, hinchas y jugadores quedan, por eso deben tener limitada su participación en las decisiones que no son de su área.

No hace falta recordar lo caro que le salió a Independiente el ego de Ariel Holan, quien luego del inolvidable 2017 que nos hizo vivir, hizo y deshizo a su antojo sin ningún tipo de freno por parte de la comisión directiva. Algo que en parte aún estamos pagando y en otra todavía hay que pagar. Más grave aún es el caso Beccacece, un fiasco tanto futbolístico como económico. De haber consensuado las decisiones con un manager y un departamento de fútbol, los daños serían mucho menores y el 2020 no nos hubiese encontrado con otra pandemia además de la que azota al mundo: La de gran parte del plantel luchando para irse y enjuiciando al Rojo.

Esa es una de las razones por las que Pusineri sirve también de ejemplo. Porque si juzgamos el paso de Lucas hasta acá, momentos en los que no se sabe si sigue o no, nos encontramos con un balance que puede leerse de dos maneras. En un club manejado seriamente, el rendimiento futbolístico de su equipo no resistiría ningún tipo de análisis. De los 27 partidos que dirigió, al menos en 20 jugamos decididamente mal y quedamos afuera de todos los certamenes disputados, sin que se vea una idea clara de juego. Pero si sirve como ejemplo, es porque si bien esto último es irrefutable, también es cierto que es el único técnico de los últimos años que no le deja deudas a la institución. Teniendo en cuenta presupuesto, bajas y altas, indudablemente le pusieron una bomba en la mano y la desactivó, llegando a un balance positivo. No solo que no nos queda ningún “clavo” de su autoría, sino que se encargó de enderezar varios que heredó. Llegó bastante lejos en ambas competencias y si se confirma su partida, al siguiente entrenador le deja un grupo unido y más respuestas que preguntas, sabiendo que pibes rinden y cuales no, para determinar donde hace falta reforzar.

Por eso lamentablemente no fue clave para bien, no fue nuestro Gallardo, pero tampoco fue clave para mal, como sus antecesores.

JUGADORES
Al igual que los entrenadores, son claves dentro del campo de juego, incluso más. Es una obviedad decir que todo sucede o acaba con ellos metiendo un gol, cometiendo un error o yéndola a buscar adentro. Un título y la entrada o pérdida de millones de dólares a la institución pueden definirse por centímetros, en una ejecución que depende pura y exclusivamente de ellos.

Hasta ahí las cosas pueden salirles mejor o peor, siendo lo único exigible en carácter obligatorio, el compromiso y la actitud para defender la camiseta. Desde la vuelta del fútbol, no hay falencias en ese aspecto por parte del plantel. Más allá de algunos errores groseros, que son parte del juego y tienen que ver con la categoría y el momento de cada uno, la actitud fue irreprochable, siendo otro acierto del entrenador. Transformaron los problemas en energía positiva y nadie puede dudar de las ganas en salir adelante que puso el equipo, cuando hubo varias actuaciones en el pasado que llamaron poderosamente la atención.

Lamentablemente la enorme historia del club tiene un peso específico que la mayoría de las veces genera una presión extra que perjudica a los jugadores. Por eso se da tanto eso de que uno que la rompe en otro lado, fracase en Avellaneda. El caso de Domingo Blanco es un ejemplo clarísimo, porque de ser jugador de Selección en Defensa, volvió a jugar mal, en un club que ya conocía y con el mismo técnico que lo hizo brillar.

Si bien la injerencia de los jugadores debería terminar en el campo de juego, y ellos no tienen la culpa de los contratos que les firman y el cumplimiento de los mismos, como tampoco de si un técnico los pone a pesar de no estar en condiciones óptimas o no disponer de la categoría necesaria, hay situaciones muy reprochables o elogiables fuera del campo.

Como las partidas de Gastón Silva, quien vendió más humo que Caruso para luego irse por la puerta de atrás y de Campaña, campeón querido por la gente, que se fue burlándose del sentimiento de los hinchas. Ese que torció la balanza para Silvio Romero, quien también con deudas y ofertas de clubes importantes, decidió quedarse a pelearla en Avellaneda por un sueldo menor.

A los hinchas a veces nos cuesta entender que ellos son trabajadores y tienen los mismos derechos que cualquier otro, pero también pasa que a los jugadores les cuesta entender que tienen un trabajo que depende e involucra el sentimiento de mucha gente. Por más errores que cometan los dirigentes, los juicios siempre son contra el club, siendo la gente la más perjudicada. No tener en cuenta eso, también en algunos casos los hace responsables de la situación actual.

DIRIGENTES
Al que quiera ver esto como una defensa al gobierno de Hugo Moyano, le sugiero que frene acá para no quedar en ridículo. El segundo mandato del actual Presidente es pésimo por donde se lo mire, siendo el trinomio que conduce al club el máximo culpable de este momento, sin lugar a dudas.

Tuvieron un primer mandato en el que salvaron a Independiente de una situación más grave que la actual, con transformaciones edilicias muy importantes. Gracias a la participación (en lo económico y deportivo) de muchos dirigentes se achicaron los márgenes de error y eso, sumado al acierto de Holan como entrenador, los llevaron a ganar merecidamente con comodidad las elecciones pasadas.

Y si bien todo esto no hay que olvidarlo, lo acontecido desde el 2018 hasta acá, no resiste ningún tipo de análisis. Caprichos de los técnicos, malas compras con peores contratos, falta de gestión y mala suerte, resultaron un combo letal para destruir todo lo que teníamos en diciembre del 2017. Pasamos de ser un club campeón, con un plantel valorizado y jugando bien, con ventas de quince millones y jugadores a punto de disputar un mundial, a este Independiente.

Los avances de un club, cuando sientan las bases en una dirigencia, suelen durar más tiempo que cuando lo hacen sobre un entrenador. Los vecinos son un ejemplo; dejaron de ser el hazmerreír del fútbol argentino y tienen una dirigencia a la que ya la fue bien con varios entrenadores, siendo una institución que en gestión está hace rato por encima nuestro. Cuando todo pasa por un entrenador, corre el riesgo de ser más efímero. Está el caso Gallardo, que lleva seis años, pero también el de Holan, que se derrumbó como un mazo de naipes.

Independiente hoy está manejado como si fuera una verdulería, por tres personas que escasean en sabiduría futbolística así como también en tiempo para dedicarle a la institución. Una dirigencia a la deriva, que decide hoy una cosa porque el equipo ganó un partido y la semana siguiente define lo contrario porque se pierde otro.

El tema manager es un ejemplo claro. Después de dar mil vueltas (se hablaba del tema solo cuando el equipo perdía) y entrevistar a muchos candidatos, se decidieron por un Burruchaga al que nunca tuvieron en cuenta y que ahora se va bastardeado por un Presidente que no está en el club, y que no sabe ni el nombre de pila de la mitad del plantel con el que cuenta. ¿Con qué autoridad moral estos dirigentes juzgan la continuidad de Pusineri? ¿Realmente pueden exigirle algo a un entrenador al que le pusieron una granada en la mano y le dijeron arreglate? ¿Están enojados con él porque no sacó campeón a un plantel repleto de pibes sin minutos en primera? Que un vocal maneje la situación habla de una anarquía institucional que asusta.

Independiente hoy no tiene dirigentes y está pidiendo a gritos una oposición seria y en serio, que empiece a planificar y tenga injerencia en las decisiones que se tomen de acá a las elecciones, como por ejemplo la del Fideicomiso. Y por ahora lo único que se vio es una puesta en escena (muy válida) en la última Asamblea y algunas charlitas tomando café en un bar. Los nombres que surgen como candidatos de peso aún no se deciden y parecen más preocupados por otras cosas, como los que nos gobiernan.

Independiente está pidiendo gente que se haga cargo, que se involucre, ayude a los que están y construya sin destruir. Y también a adinerados con ganas de hacer negocios con el club y no a costa del mismo.

Independiente está pidiendo a gritos un departamento de fútbol que estudie jugadores los 365 días del año, para presentar cientos de alternativas de refuerzos para inferiores, reserva y primera. Con promesas, apuestas y certezas, hablando con ellos e interactuando con los dirigentes, haya un manager a la cabeza o no. Que permita que las inversiones sean claras y tengan el menor margen de error posible.

Independiente está pidiendo a gritos que los socios se informen, estén atentos y vayan a votar en diciembre. También a un periodismo partidario que les brinde la mayor objetividad posible.

Independiente hoy es esto, y depende de todos que sea nuevamente el que fue.

La delgada línea Roja

Como la famosa gota que rebalsa los vasos, en muchísimos acontecimientos hay hechos que nos hacen cruzar una línea para situarnos en otro lado, como cuando con el afán de reírnos un rato, damos saltitos en una frontera al lado del mojón que indica el límite entre dos países.

Con cada hecho que genera grieta, lo que conviene hacer es tomar los fundamentos de cada lado, buscar hechos irrefutables y realizar un análisis tratando de ser lo más objetivo posible. Siempre teniendo en cuenta que la objetividad total no existe, porque todos estamos influenciados por muchísimas variables a la hora de reflexionar. Y también que no somos dueños de ninguna verdad, de hecho gran parte de las cosas que analizamos tienen más de una.

En el conflicto de los jugadores con los dirigentes, a pesar de que nos falta información y detalles de como sucedieron algunas cosas, tenemos las versiones de ambos lados en la mayoría de los casos. Y con eso, más todos los hechos irrefutables con los que contamos, en mi opinión Gastón Silva cruzó una línea, o me la hizo cruzar a mi.

Y esto no significa que en el conflicto me estoy poniendo del lado de los dirigentes, lejos de eso. Como periodista, y como hincha, siempre me ubico donde me pone el lema que dice que el escudo está por encima de todo. La decisión que tomó el uruguayo, de declararse libre, lo enfrenta a Independiente, y no solamente a esta dirigencia. Porque es patrimonio de la institución, por más que nos guste o no como juegue y de cuanto nos preocupe su futuro profesional.

El defensor, como sus compañeros de plantel, tiene todo el derecho del mundo en reclamar los sueldos atrasados. Y estos dirigentes, que encima son los que los firmaron (porque a veces la excusa de heredar algunos contratos puede ser válida), tienen la obligación de cumplir lo pactado. Esto es irrefutable, aunque nos cueste al resto de los trabajadores entender que los futbolistas son laburantes como cualquier otro, por más que ganen muchísimo más o estén en un lugar soñado por los que somos hinchas.

Pero así como esto es cierto, también es verdad que a muchos jugadores les cuesta entender que están en una situación de privilegio con respecto al 95% del resto de los trabajadores. Y esto, siempre hablando de profesionales de un club grande, los obliga al menos moralmente a no tomar ciertas decisiones.

Y pedir la libertad de acción en un receso es tomar esa decisión, es cruzar una línea. Por más que la culpa de todo este conflicto es de la dirigencia y que encima cada vez que habla alguno de los tres que maneja el club, lo único que logra es generar más problemas. Sobre todo cuando se están realizando pagos para disminuir las deudas, encima en este contexto mundial, que si bien no sirve de excusa, claramente no es favorable para los clubes. Más cuando viene de parte de un jugador que siempre mostró fuera de la cancha un exagerado sentido de pertenencia, algo que se ve que ahora no le influye en absoluto.

Gran parte de los integrantes del plantel sabe que los dirigentes les mintieron, como hicieron con los hinchas. Reclamaron como corresponde que les cumplan lo que pactaron y también tienen claro que su futuro inmediato está lejos de Avellaneda. Pero optan por una salida más consensuada, que no perjudique el patrimonio de la institución, ni dañe el sentimiento de los hinchas.

Gastón Silva decidió otra cosa, generando una salida anormal, como la que alguna vez lo trajo al plantel de Holan. Y en su conflicto con los dirigentes, optó ponerse en contra de Independiente, cruzando esa línea. Que cada vez está más roja y delgada.

Pasaron cosas

Día de semana, laboral para la mayoría, con todas las complicaciones que eso trae. Pero una noche muy agradable para ver fútbol en Avellaneda, sobre todo si es en diciembre, más precisamente el 6 de ese mes tan estresante como festivo.

Muchos nervios en el Libertadores, que se acrecentaron con el gol de la visita, logrado con un cabezazo tras una pelota parada.

Pero el Rojo respondió y lo dio vuelta, con tantos de un goleador muy querido por la gente y otro con una volea espectacular de un crack, tras un centro preciso con la pierna menos hábil de otro gran jugador, un pibe surgido de las inferiores. Ambos se irían vendidos, dejando en las arcas de la institución unos 30 millones de dólares.

Siete días luego de ese dos a uno frente al Flamengo, vivimos una noche que recordaremos por el resto de nuestras vidas como una de las mejores. Esa en la que en el mismísimo Maracaná, nos reencontramos con lo que fuimos después de lo que nos pasó, tal como la definió el entrenador Rojo de aquel momento.  

Es realmente increíble situarnos en ese día y lugar, para luego pensar en lo que estamos viviendo ahora, solamente dos años después. Es indignante, cruel y triste en partes iguales ver las consecuencias de todas las decisiones que se tomaron tras esa noche mágica. Se hizo todo tan mal, que lo que pintaba para ser el resurgimiento definitivo del Rey de Copas, se transformó en un simple oasis.

Es de carácter urgente y necesario que los dirigentes, más exactamente los tres que manejan al club, escuchen a los hinchas y se hagan cargo de la situación. Porque además de la pésima gestión de Holan junto a Hidalgo en refuerzos y ventas, el ego del Profesor que se lo terminó devorando a él mismo, o el horrible paso de Beccacece como entrenador, ese trinomio conformado por el Presidente, su hijo y el Secretario General, es el máximo responsable de la actualidad de Independiente.

Y lejos de asumir sus culpas, lo único que escuchamos es siempre el mismo cassette. Como encontraron al club en su llegada, y la persecución del Gobierno Nacional que se va hoy, dejando al país en una inmensa crisis. Cosas que por más que sean ciertas, son utilizadas como bombas de humo para no hacerse cargo de otras, que también son verdades y no las reconocen.

Nadie puede poner en duda lo realizado en cuanto a lo edilicio por esta gestión, que encontró un estadio a medio hacer, más sedes y predios abandonados. Terminaron el Libertadores y reconstruyeron todo lo demás, agregando obras que disfrutaremos por mucho tiempo, algo muy valorable.

Pero así como no tenemos que olvidar como estaba el club hace cinco años, la realidad indica que hace dos éramos campeones, con un equipo que logró una comunión con la gente pocas veces vista; y sin embargo se echó todo a perder.

Por su parte, es ingenuo pensar que la nefasta gestión económica de Cambiemos en el país, que entre otras cosas llevó el valor del dólar de 10 a más de 60 en cuatro años, no tiene consecuencias graves en una institución que participa de un negocio dolarizado. Pero Macri no regaló al goleador del Campeonato para luego traer a Chávez por la misma plata, ni firmó contratos millonarios con jugadores que no rindieron. Tampoco trajo diez refuerzos que no estuvieron a la altura de Independiente, dejando deudas en casi todos los que eran dueños de sus pases.

Si en vez de hacerse cargo de todo lo que han hecho mal, van a llamar boludos a los socios que los critican y traidores a los dirigentes que los acompañaban, nunca van a encontrar el camino correcto para enderezar el timón. El club necesita unión, gente idónea que tome decisiones futbolísticas y un cuerpo técnico que renueve las expectativas.    

Todavía están a tiempo de hacer que el próximo seis de diciembre sea más parecido al que nos enfrentó al Flamengo, y no al del viernes, en el que vimos con muchísima tristeza, dolor y bronca, todo lo que pasó en los últimos dos años en Independiente.  

Todo mal

Era la apuesta para hacer. A todos nos gustó ver a su Defensa, en el que notamos cosas distintas, marcas propias de un técnico joven pero a la vez con experiencia. Todos lo pedimos, y como suele suceder frecuentemente, al parecer nos equivocamos.

Porque la primera palabra de la nota, no hace más que reflejar la sensación que tenemos todos los hinchas. De que a pesar del poco tiempo, algo necesario para llevar a cabo cualquier proyecto, y de ser políticamente incorrecto declararlo, la situación del entrenador tiene toda la pinta de ser irreversible. Ojalá sea otra equivocación y el Rojo empiece el sábado una seguidilla infinita de triunfos, pero hoy la impresión es que se llegó a esas instancias en las que solo se puede estirar la agonía.

Los resultados son lo más importante, no hay duda de eso, pero no es lo que nos lleva a esa percepción. De hecho ganó cinco de los diez encuentros que lleva, pero no, no es eso. A Holan le fueron esquivos los triunfos en los primeros partidos y sin embargo no disminuyó el crédito porque se veía una intención que entusiasmaba. Ahora pasa todo lo contrario.

Los imponderables abundan en el fútbol y de hecho son uno de los tantos atractivos que tiene. Los equipos pueden jugar mejor o peor y conseguir buenos y malos resultados, tampoco pasa por ahí. Todos los entrenadores saben de fútbol, no hay nada exacto y por eso el que hoy es un problema para una institución, puede ser la solución de los líos de otra mañana. Los casos como el de Gallardo son pocos y raros. Nosotros tuvimos uno por unos meses y luego lo echó todo a perder, siendo víctima de su propio ego.

Tachados los resultados y los imponderables, nos quedan las decisiones. Y ahí está la cuestión. Luego de diez partidos nadie sabe a qué juega Independiente. Ni cómo trata de hacerlo, ni con quienes. Y ese desorden que muestra el equipo dentro del campo, se alimenta detrás de la línea, con un técnico que desde que llegó no hace otra cosa que confundir.

Puso un pibe de entrada y a pesar de que jugó bien no lo llamó nunca más. Metió otro y tampoco lo volvió a convocar. Cuatro, tres, tres que no es tal, extremos que juegan de otra cosa. Un cinco, dos, tres. Uno de los mejores no es tenido en cuenta, para luego ser titular. Otros seis pasan de no ser convocados a ser titulares, o de jugar bien a sentarse en el banco o en sus casas a mirar como sus reemplazos pasan papelones. Sánchez Miño que juega un tiempo de cada puesto. No es titular el que vale siete palos verdes y si lo es el que sabemos hace siete años que no puede vestir la camiseta de Independiente. Falso nueve y afuera de la copa, para volver al falso nueve. Se apuró en hacer cambios con el equipo ganando y tardó en realizarlos cuando perdíamos. El club pagó millones en refuerzos que no juegan y en posiciones en las que no hay suplentes. Si son malos, que los incluya y exponga a los dirigentes que los compraron. ¿Sino para que los trajo? ¿Por qué aceptó que vengan?

Estas son solo algunas de las decisiones inexplicables que tomó el entrenador desde su llegada. Que no tienen nada que ver con los imponderables que tiene el fútbol. Porque una cosa es que Barboza en Defensa sea Trossero y en Independiente juegue como yo. Pero otra muy distinta es poner a Pizzini o hacer cambios como el del domingo, que nos hacen preguntar en ese instante ¿qué es lo que hace?

Y ahora con esta payasada de Pablo Pérez, que intentó ser una muestra de poder y firmeza. Pero termina siendo todo lo contrario, simplemente un burdo mensaje filtrado desde el propio cuerpo técnico. Como alguien que se filma a sí mismo dando propina. Con firmeza y poder reales, se soluciona en el vestuario y no se arma esta pantomima en la que él termina abrazado a Pablo Pérez y el club pierde a uno de sus mejores jugadores para el partido más importante en lo que queda del año, porque del resto de las competiciones ya nos dejaron afuera sus decisiones.

Y si decimos que está todo mal, extendemos la situación a jugadores y dirigentes. Ninguno puede quedar impune de esto. Los primeros porque hace rato no demuestran en la cancha responderle a un entrenador. Y los dirigentes porque desde que regalaron al goleador del torneo no pegan una. Venimos de un mercado de pases en el que se la pasaron durmiendo, y si bien lo maquillaron un poco con Lucas Romero, los errores nos llevaron a comprar caro, tarde y en muchos casos mal.

Tan mal que duele, como hoy el Rojo.

Sin caretas

Pasaron dos días del partido y todavía duele otra eliminación de esta Copa Argentina que siempre más pronto que tarde nos termina golpeando. Nuevamente teníamos un fixture favorable para al menos superarnos en el certamen y alcanzar por primera vez los cuartos de final. Nos ilusionamos y recibimos uno de esos cachetazos que cuando proviene de una categoría inferior suena más fuerte.

Y lo peor de todo es como jugó el equipo, como está jugando desde hace rato. Porque saquémonos las caretas, todavía nos dura la alegría de la Sudamericana, más con el envión de la decimoctava, pero Independiente hace mucho tiempo perdió su fútbol. Y que lo recupere un ratito cada tanto no significa que lo tenga. No hay frescura, cambios de ritmo ni intensidad. La modificación del dibujo en el medio no da resultado aún y los rendimientos individuales por debajo de las posibilidades hicieron caer el colectivo, o al revés, da igual. Y no podemos mantener un similar funcionamiento cuando salen varios de los titulares, algo que el año pasado no ocurría.

Lo sabemos los hinchas, el plantel y también por supuesto el entrenador. Y nos preocupa a todos, tanto como quedar eliminados de un torneo por Brown de Adrogué, como el arranque en la Superliga o el inminente choque frente a River por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Y es acá donde me quiero detener. Donde nos tenemos que detener, para enfocar correctamente antes de correr el riesgo de perder el foco. Porque una cosa es la preocupación genuina y las críticas constructivas válidas a un entrenador y un plantel que cometen errores como cualquier ser humano. Y otra distinta es darles de comer a fantasmas que lamentablemente para muchos, ya no tienen más lugar en Avellaneda. Las chicanas y operaciones mediáticas al entrenador de hockey y sus drones y al sindicalista contra del gobierno, no tienen cabida en este Independiente que ellos reconstruyeron.

Hoy más que nunca tenemos que tener bien claro los problemas futbolísticos que nos preocupan, para ocuparse y solucionarlos lo antes posible. Pero sabiendo que se dan en un contexto soñado, y que existe gracias a esta dirigencia que nos devolvió el club y a este técnico que hizo lo mismo con nuestra identidad y mística. Y por supuesto también a este plantel, que jugando mejor o peor demostró siempre que se entrega entero y es confiable, sobre todo en los momentos más difíciles. Del Maracaná a hoy los partidos que Independiente disputó en primer nivel fueron pocos, es cierto. Pero se dieron en el marco del objetivo más importante, el que nos muestra entre los mejores ocho luego de 31 años.

Y es posible aspirar a más, porque no es casualidad que estemos ahí. Puede darse este año o no, obviamente no lo sabemos. Pero estamos en el lugar del que nos alejamos durante mucho tiempo y en donde el sueño está al alcance. Cinco años atrás, ante el mismo rival del lunes, una dirigencia incapaz nos puso una careta en los asientos, quizá para que nos tapemos por la vergüenza de ver a nuestro club destruido y en otra categoría. Hoy tenemos bronca por la eliminación del lunes, preocupación por el nivel futbolístico del equipo, pero la fe intacta en un entrenador y un plantel que nos metió en los cuartos de final de la Copa Libertadores. Y sin ninguna careta.

No todo pasó

Nos encantaría decir que no estamos de acuerdo con la medida del plantel, avalada por los dirigentes, de no darle más notas a los colegas de Olé y TyC. Porque también somos periodistas y no nos gustan las censuras. Como también nos gustaría anunciar que apoyamos el trabajo que realiza la Aprevide, con Juan Manuel Lugones a la cabeza, porque estamos en contra de las barras.

Pero los acontecimientos que vienen sucediendo en los últimos meses nos obligan a ponernos en otro lado, como siempre, junto a Independiente. El club y sus socios e hinchas desde hace un tiempo están (estamos) soportando cosas que ocurren solamente en Avellaneda. No sabemos por qué (aunque podemos sospecharlo), pero vemos como semana tras semanas en los operativos policiales y desde los medios nos perjudican, nos ningunean y hasta nos toman el pelo.

¿Como confiar en la labor de Lugones si vemos como se llevan hinchas comunes presos, como paran micros de peñas y ponen contra la pared a sus ocupantes, como la policía maltrata a los hinchas con embudos innecesarios o filmando a los insultan para agarrarlos a la salida? ¿Como fiarse de ese organismo gubernamental que le prohíbe a nuestros hinchas el ingreso de banderas y bombos cuando vemos a los visitantes, en el mismo lugar, armando un carnaval (contra Corinthians faltaba Xuxa en la garganta nomás)?

Y yendo a la gota que rebalsó el vaso. Es entendible que en post de tener más ventas, algunos equipos ocupen más lugar que otros en los medios, es algo que venimos soportando desde que salimos campeones del mundo y no fuimos nota central de tapa. Pero que traten la misma noticia de distinta manera según la institución en la que ocurre es inadmisible. Y lo de esta semana directamente es inhumano. El pedido de disculpas, cuando al día siguiente escuchamos simplemente un “quizá no lo tendríamos que haber hecho”, fue una justificación encubierta luego de ver la repercusión que tuvo la nefasta manera de cubrir un episodio muy sensible.

Desde Orgullo Rojo lamentamos la decisión por algunos buenos colegas como Germán Alcaín o Martín Souto y Ariel Rodríguez, que conducen grandes programas de TyC como Paso a Paso o Líbero. Pero el canal es responsable por lo que emite, más cuando no tomó medidas contra lo sucedido. Por eso nos parece correcta y apoyamos la determinación adoptada por el plantel de Independiente, avalada por la dirigencia.

Porque está pasando de todo, y no todo pasó.

De Patronato a Flamengo

Los dos tienen el mismo color de camiseta, ambos provienen de países con historia grande dentro del fútbol y otro ítem que junta al equipo de Paraná con el de Rio de Janeiro es nuestro amado Independiente y su largo camino desde lo peor hasta volver a ser lo que supimos.

El 8 de junio del 2014 no fue la peor fecha de la historia de Independiente como tampoco será la mejor este 13 de diciembre del 2017. Sin embargo, lo que vivimos aquella tarde, esa frustración después de la frustración fue un cachetazo de esos que duelen.

El Rojo necesitaba ganarle a Patronato, que iba en el puesto vigésimo en la triste B Nacional, para volver a primera. Después de un sufrido torneo, el Rojo sabía que si ganaba en el Libertadores de América ascendía. 45 mil personas fuimos a ver eso. El 0 a 0 final, con la sensación de que los entrerrianos no quisieron ganarlo, nos mató -una vez más-.

Pero resucitamos. Y acá estamos. Esperando todos este 13 de diciembre el partido más importante de los últimos largos años. Incluso más importante que el de Goias, más importante que los del 2002, quizás tanto como el del 95. Independiente tiene una chance histórica de consagrarse por segunda vez en el estadio más mítico de todos: el Maracaná. Independiente, que es el único equipo argentino y el primero en el mundo en lograr semejante hazaña, va por otra.

Y más allá de resultados finales, acá hay una redención que empieza a partir del día siguiente a aquel horrible 0 a 0 ante el “Patron”, y que año a año fue mejorando hasta llegar a este punto cúlmine. De Felippe nos devolvió a primera, Almirón el fútbol, Pellegrino la seriedad, Milito la identidad y Holan la mística.

Señoras y señores, el Rojo ya volvió. Una consagración en el Maracaná acentuaría eso, pero que a nadie le quede ninguna duda, de Patronato a Flamengo, Independiente volvió a ser Independiente.

Le pusieron el techo

Esta dirigencia sin lugar a dudas es la mejor de las últimas que ocuparon Mitre 470 y por méritos propios y falta de una oposición seria, seguramente va a volver a ser gobierno en el próximo período que comienza en diciembre. Resta saber si Hugo Moyano tiene ganas de seguir al mando o no, algo que hasta el resto de las listas, sin candidatos ni proyectos anunciados, parecen estar esperando para ver si hay elecciones a fin de año.

Es indiscutible que recibieron un club casi en ruinas, descendido y que lograron ponerlo de pie, refaccionando sedes y predios. Además terminaron la construcción del estadio, algo que tendría que haber llevado a la cárcel a Julio Comprada y a lo que Javier Cantero solo le agregó unas pocas butacas y litros de pintura por la desinteresada colaboración de algunos socios. Y hoy, gracias a ellos es un orgullo que podemos disfrutar para siempre.

Esta misma dirigencia, que tuvo varios buenos mercados de pases, tenía la enorme oportunidad de estar a la altura de un entrenador que se ganó a la gente y dar un paso hacia lo que todos queremos, que es ni más ni menos que volver a gritar Independiente campeón. Con un técnico que nos devolvió las esperanzas, el sentido de pertenencia y que les hizo ahorrar muchísimo dinero sacándose de encima varios de los contratos más caros apenas llegó, no había más que darle todos los gustos y armarle un plantel a la altura de las expectativas generadas y con aspiraciones serias de ganar un título.

Pero si hablo en pasado es porque los recesos son los partidos que juegan los dirigentes y en éste perdieron por goleada. El mercado de pases de Independiente es pésimo por donde se lo mire. No hay muchas vueltas, o todo el mundo del fútbol le tomó el pelo a nuestros dirigentes o la comisión directiva hizo lo propio con los socios del club. Goltz, Scocco, Rolón, Marcone, Beausejour, Barboza, Jara, Vargas, Belluschi, Iturbe, Chumacero, Triverio, Lenis, Bobadilla, Solís… No vino ninguno. Puede pasar que pidan más de lo que sale algún jugador, o que elijan irse a otra institución, pero no con todos. Si realmente negociaron por estos profesionales, han mostrado una incapacidad alarmante y si no lo hicieron se burlaron de los hinchas.

Los refuerzos que llegaron son jugadores para sumar, no hay mérito en traer a Independiente a Jonás Gutiérrez o Nico Domingo por ejemplo, con el respeto que merecen. Y de haberlo es todo del técnico que los conoce, los buscó y/o convenció para venir. Lo mismo pasa con todo lo bueno que ojalá depare este semestre. Cualquier logro que consiga el equipo, al igual que en el torneo anterior, va a ser exclusivamente virtud de Holan, quien está mostrando en estos momentos una pasividad que asusta. Digo esto porque se lo ve más preocupado en la economía del club que en reforzar su plantel y eso ya sea por exceso de confianza o resignación es algo que muy probablemente le termine jugando en contra a futuro. Si se dan los resultados, siempre van a poder ser mejores y si no se dan, corremos el riesgo de perder a un director técnico que debería quedarse muchísimos años en Domínico pase lo que pase.

Se puede decir que Independiente viene de terminar sexto y que no desarmó el equipo, pero lo cierto es que se fue una de las figuras y a pesar de que ya sabían hace un mes que estaba casi vendido aún no hay reemplazo. También que la jerarquía no garantiza nada (el Cebolla y el Tanque lo eran) y que pueden aparecer más Bustos y Francos, pero no podemos pretender salir campeones con pibes del club. Ojalá suceda, pero seguramente hay más posibilidades comprando jugadores, lo que en un contexto favorable se convierte en una inversión y no en gasto.

Y si no, por favor, no nos mientan más.

Si realmente no hay plata, no la hubo para hacer ofertas por los jugadores que nunca llegaron y tampoco la hay para pagar una convocatoria que anuncian desde hace tres años y todavía no se canceló, o la deuda con AFA que afirmaron pagar hace varias semanas y aún no abonaron. Que la tesorera, que nunca contestó los pedidos de nota de Orgullo Rojo, de las explicaciones pertinentes y listo, que los socios veamos y entendamos como está el club, los ingresos, los egresos y la razón por la que no se compran jugadores. Que no prometan refuerzos de jerarquía, ya que no los pueden traer y admitan que debemos rezar por Holan y el plantel que tenemos. Que no hablen más de que a esta gestión le faltan logros deportivos y van por eso, porque está a la vista que es lo que les falta y que no están haciendo lo suficiente para ir por ello. Y que tampoco hablen más de techar el Libertadores.

Por lo pronto, a lo que si ya le pusieron techo es a este plantel de Holan.

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