Nota exclusiva con Rambert

Para celebrar el vigésimo aniversario de la obtención de la Supercopa, nos dimos un gusto enorme. Estuvimos en el Libertadores entrevistando al mejor jugador de aquel torneo, goleador del enorme equipo de Brindisi.

Sebastián Pascual Rambert fue figura, convirtió al menos un tanto en todas las llaves, uno en cada una de las finales y el de la consagración, ante el Mono Navarro Montoya. Ese gol, que nos hizo volar de alegría y hasta nos dimos el lujo de recrear.

Imperdible nota que esperamos disfruten tanto como nosotros al hacerla

20 años de la Supercopa

Hace exactamente dos décadas el Rey conseguía la única copa que le faltaba, la que se le había negado cinco años antes, ironía del destino mediante, frente al mismo rival y nuevamente en la Doble Visera, que aquel 9 de noviembre de 1994 explotó de felicidad luego del uno a cero ante Boca.

Aquel extraordinario equipo de Brindisi, que se había coronado unos meses antes en el Clausura, en la recordada goleada ante Huracán, tenía la presión de obtener la Supercopa, el trofeo que faltaba en la vitrina con más historia de todas. Había que ganarla y teníamos con qué.

El primer partido del certamen parecía que complicaba los planes, derrota ante Santos y lesión de Rotchen, central titular y una de las figuras de aquel equipo. Pero en la vuelta el Rojo se hizo fuerte de local y pasó por arriba al equipo Brasilero, con un cuatro a cero que demostraba que la cosa iba en serio. Luego pasó lo mismo con Gremio y Cruzeiro, costaba de visitante (empate y derrota), pero en Avellaneda todo era Rojo (2-0 y otro 4-0), mismo color que tomaba la copa.

Pero faltaba un escollo, el último, nada más y nada menos que el Boca de Menotti, que venía de eliminar a Peñarol, River y San Pablo. Primera final en la Bombonera y el Manteca Martínez ponía en ventaja al xeneize, que era más. Pero Sebastián Rambert estaba imparable y marcó el uno a uno de cabeza en el segundo tiempo.

Todo se definía en casa, en la mítica Doble Visera. Aquel día el Rojo formó con Islas, Craviotto, Arzeno, Serrizuela y Ríos, Cagna, Pérez, López, Garnero, Usuriaga y Rambert. Éste último, autor del único tanto del partido, ese que nos dio el título y hoy, veinte años después, seguimos gritando.

A 20 años de una verdadera final

Se cumplen 20 años desde que Independiente, dirigido por Brindisi, logró su decimotercer título local tras golear a Huracán por 4 a 0 en Avellaneda. Rambert (x2), Garnero y Gareca marcaron los goles del campeón.

El domingo 28 de agosto de 1994, hace ya 20 años, el rojo y blanco era un denominador común en la repleta Doble Visera. Los cantos eufóricos y el hermoso bochinche hacían del estadio un clima único. El tiempo se detenía y el público, que había agotado todas las entradas, hacía notar su ansiedad y su hambre de gloria.

Independiente y Huracán estaban por disputar la última fecha del Clausura de aquel año. Sin embargo, el partido iba a ser recordado como “la final” entre el Rojo y el Globo, ya que el Rey de Copas llegaba con 24 puntos, mientras que los de Parque Patricios con 25.

Sólo había un resultado que le servía al conjunto de Avellaneda: la victoria. De empatar o perder, Huracán le daría la vuelta olímpica en su propia cara, dejándolo con el sabor amargo del segundo puesto.

Luis Islas; Oscar Craviotto, Pablo Rotchen, José Serrizuela, Guillermo Ríos; Diego Cagna, Hugo Pérez, Gustavo López; Daniel Garnero; Sebastián Rambert y Albeiro Usuriaga, dirigidos por Miguel Ángel Brindisi, eran los hombres -con todas las letras- que habían logrado llegar con esas condiciones a la última instancia, habiendo perdido tan sólo un encuentro ante San Lorenzo por 3 a 2.

Con la gran motivación de haber goleado a Gimnasia y Esgrima de La Plata por 5 a 1 de visitante, los jugadores vestidos de rojo salieron al campo de juego haciendo latir la mística Doble Visera que pedía una vuelta más.

Pasaron apenas 17 minutos de partido para que se abriera el marcador: Gustavo López desbordó por el sector izquierdo, como solía hacer, y tiró un fuerte buscapié para que Sebastián Pascual Rambert concretara el gol, inmortalizando luego su festejo con los brazos abiertos.

Más tarde, exactamente a los 22, el “10”, Daniel Garnero, se hizo cargo de un tiro libre afuera del área para clavar, con un exquisito derechazo, la pelota contra el primer palo del arquero y poner el 2 a 0.
Y con ese resultado, Independiente se fue al vestuario saboreando lo que podía llegar a ser un nuevo título en casa. Pero no iba a ser todo…

A diez minutos de haber comenzado el complemento, López se la tocó en mitad de cancha a Rambert, el autor del primer gol habilitó al zurdo por el sector izquierdo, quien luego tiró un centro para la nueva aparición del “11”. López cabeceó de palomita y, luego de rebotarle al defensor Couceiro, pasó la línea de los tres palos. Ya era goleada: 3 a 0.

Sin embargo, el ya casi campeón no se conformaba con la diferencia de tres: A cinco del final, la pelota le llegó picando a Ricardo Gareca sólo frente al arco y el delantero remató para estampar el 4 a 0 final.

La victoria del Rojo, que tuvo el ataque más efectivo y la valla menos vencida del torneo, significó el decimotercer campeonato a nivel local y la primera y única vez que salió campeón siendo invicto como visitante (dentro del profesionalismo). Avellaneda estuvo de fiesta.

El baile del Kun

(INCLUYE VIDEO).- Hoy se cumplen ocho años desde que Independiente derrotó a Racing, en el Cilindro, con dos golazos de Sergio Agüero. Una fiesta roja se vivía en Avellaneda.

El 25 de febrero de 2006 no era un día más: jugaba Independiente y se enfrentaba nada menos que a su eterno rival, Racing. El Rojo, dirigido por Julio Cesar Falcioni, se cruzaba de vereda para disputar la sexta fecha del Clausura y contaba con un delantero que ya hacía estragos en el fútbol argentino: Sergio “Kun” Agüero.

En la previa del encuentro, le preguntaron a un hincha de La Academia si le temía a ese joven jugador con futuro europeo. “No, porque un jugador sólo no puede hacer la diferencia”, había respondido…

A los 10 minutos del segundo tiempo, el Kun recibió la pelota en la medialuna del área grande y, con tres defensores intentando alcanzarlo, sacó un zurdazo cruzado que clavó la pelota contra el palo izquierdo de Gustavo Campagnuolo.

Más tarde iba a llegar otro tanto, incluso, más lírico. Oscar Ustari, quien defendía los tres palos, sacó rápido y le dio un exquisito pase al “10”. Cuando Agüero la recibió, hizo de las suyas: le ganó la posición al primer marcador, enganchó con su pierna más hábil para desequilibrar al defensor y al arquero, volvió a enganchar nuevamente para su derecha cuando todos pensaban que iba a rematar y luego definió sutilmente al medio del arco.

Eso sí. Lamentablemente, quien ahora está jugando en el Manchester City, no pudo concretar más goles en ese encuentro.  Los hinchas locales se encargaron de que eso no ocurriera y como Héctor Baldassi no soportó ver cómo los aficionados rompían su propio estadio, dio por finalizado el clásico.

Fue un penoso comienzo como director técnico para el Cholo Simeone, tampoco se pudieron completar los 90 minutos, pero en realidad en Avellaneda… se vivió una fiesta.

10 años sin tu vuelo

Hoy se cumplen 10 años del asesinato de uno de los ídolos de los 90 que tuvo el Rojo: El Palomo Usuriaga.

Albeiro Usuriaga llegó a Independiente en 1994 con buenos pergaminos, habiendo sido participe con sus goles de la única Libertadores -hasta ese momento- que había ganado un equipo colombiano -Nacional de Medellín- y de la clasificación al mundial 90 de la Selección Colombia donde concretó el gol en el repechaje.

Sin embargo el inicio del delantero en Independiente no fue bueno. El Palomo tenía por delante a Sebastián Rambert y al Tigre Gareca, quienes eran los delanteros titulares, e incluso al Pollo Vidal, que había llegado desde Uruguay con una gran carta de presentación. Un plantel con varios delanteros porque además estaba Walter Parodi.  Sin embargo, en las primeras 5 fechas Independiente convirtió solamente 2 tantos y apenas 1 fue convertido por Gareca.

Entonces llegó la sexta fecha, contra Ferro, que contaba con el carismático Germán Burgos en el arco. El Dany Garnero abrió la cuenta y el Palomo marcó un gol de antología enganchando dos veces y pegandole al primer palo del arco que da a las vías. Se hizo desear aquel primer gol, pero vaya si valió la pena. Luego al Palomo le costó, si bien marcó el empate transitorio ante San Lorenzo (única derrota del Rojo en aquel torneo). Fue finalmente en la fecha 16 ante Banfield que el Negro desparramó todo el potencial. Con un golazo ante Angel Comizzo abrió la cuenta, sin embargo no se quedaría solo en el gol. Fue imparable con su tranco único. El Rojo ganó 4 a 0 y era el gran candidato a llevarse el torneo.

En la anteúltima fecha en La Plata, Usuriaga hizo otro festival de asistencias y un gol picandola ante Enzo Noce de manera brillante. La gente lo ovacionaba cada vez más con el mítico “U-SU-RIAGA, U-SU-RIAGA”. Una semana después anotaría su nombre en la gloriosa lista de campeones en un equipo que terminó a toda orquesta con la goleada 4 a 0 a Huracán.  Y esto sería una entrada del plato principal: La Supercopa.

Es que Usuriaga mostró lo mejor en Independiente en aquel título de la Supercopa 94. Los equipos brasileros que al Rojo le tocaron en octavos, cuartos y semifinal sufrieron a Usuriaga. Un gol al Santos para empezar a liquidar la serie en Avellaneda, otro al Gremio para abrir aquella victoria en La Visera y los dos a Cruzeiro, quien tenia a Dida en el arco, para aplastar al cuco con un 4 a 0 contundente en la cancha de Independiente, sirvieron para que el Rojo, de la mano del Palomo, llegara a la final de aquella Copa, la única que le faltaba a Independiente. La final sería ante Boca y ahí apareció Rambert para terminar con las ilusiones del equipo de la Ribera. Otra vez el Negro obtenía un campeonato, no sería el único ya que ganó la Recopa del 95 en Japón ante Velez.

Luego el Palomo se quedó un par de campeonatos registrando varios golazos (2 ante Ferro, 2 ante Huracán y 2 ante Gimnasia son los más recordados). Se fue del club, volvió en el 96 de la mano de Cesar Menotti pero no rindió al mismo nivel que en su brillante primera etapa.

La noche anterior a la que el Rojo volviera a la Copa Libertadores tras 9 años de ausencia, el 11 de febrero de 2004, el Palomo fue asesinado en Colombia mientras jugaba juegos de cartas y dominó. Ajuste de cuentas dijeron. Un momento de tristeza para todo el mundo de Independiente y del fútbol. Es que el Negro era de esos tipos queribles, nunca entraba en polémicas y siempre mostraba sus dientes más blancos que la nieve. Aquella noche que el Rojo, un día después de su asesinato, jugó ante Cienciano por la Copa Libertadores, en el minuto de silencio la gente estalló en aplausos -algunos en llanto- y entonaron el mítico cántico que quedó grabado a fuego en los corazones rojos: “U-Su-Riaga, U-Su-Riaga, U-Su-Riaga”

A 50 años de una goleada histórica

Se cumplen 50 años desde que Independiente aplastó al Santos de Pelé por 5 a 1. Los goles de Luis Suárez, Raúl Bernao y Raúl Savoy pasaron a la historia junto a un equipo que supo ganar todo.

El 1° de febrero de 1964 es una de las tantas fechas que tiene al Rojo como protagonista absoluto. Uno de los tantos días que fundamenta el por qué se habla de tanta riqueza al pronunciar la palabra “Independiente”, aun en los peores momentos del Club.

Es que aquella jornada fue algo especial. No porque se inauguraran las luces de la vieja y querida Doble Visera, sino porque en ella se recibía a quien en ese entonces era uno de los mejores equipos del mundo: el Santos.

El equipo brasilero había conseguido el bicampeonato de la Copa Libertadores de América de 1962 y 1963, como también las dos Intercontinentales de los mismos años. Tenía como principal y estelar figura, nada menos que a uno de los mejores jugadores del mundo (y para muchos el mejor): Pelé. “El Santos de Pelé”, casi como si fuera el nombre completo del Club, pasó a ser un equipo recordado por todos los amantes del fútbol y se enfrentaba con otro de los grandes de América. Si bien en esa oportunidad se medía en un plano amistoso con los Diablos Rojos, el nivel competitivo y de euforia permanecía intacto.

El árbitro Luis Ventre pudo ser testigo de los excelentes equipos que se preparaban para un partido histórico acompañado de un estadio que soportaba 65mil almas que esperaban ansiosos el pitido inicial. Osvaldo Toriani, Rubén Navarro, Tomás Rolan, Roberto Ferreiro, Miguel Mori, Jorge Maldonado, Raúl Bernao, Osvaldo Mura, Luis Suárez, Mario Rodríguez y Raúl Savoy eran los once soldados dirigidos por Manuel Giúdice que vestían las camisetas rojas. En cambio, los que representaban a los brasileros eran Gilmar, Ismael, Mauro, Joel, Geraldinho, Lima, Mengalvio, Dorval, Coutinho, Pelé y Pepe, dirigidos por Lula.

Cuando el primer tiempo finalizó en Avellaneda, ya se podía vivir un clima de pura fiesta. Independiente, con los festejos de Benao, Savoy y Suárez, ya ganaba 3 a 0 y mostraba su mejor versión. Por su parte, la“Chivita” Maldonado había logrado anular por completo el juego del “Rey” Pelé y de quienes los acompañaban.

El segundo tiempo no fue para menos. El Rojo, gracias al segundo tanto de Suárez y el convertido en contra de Lima, pudo concretar los cinco goles que serían recordados por el resto de la historia. Almir había descontado para los de camiseta blanca y el resultado final sería 5 a 1, siendo uno de los mejores bailes que recibió el Santos de Pelé y, por el contrario, una de las tantas hazañas de Independiente de Avellaneda.

En ese mismo año ambos equipos se volverían a enfrentar, disputando la Copa Libertadores, y el Rojo volvería a conseguir una victoria. Pero esa ya es otra de las tantas historias del Rey de Copas…

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