Grande Burru

Un día como hoy pero hace 17 años, Jorge Burruchaga, se retiraba de la actividad profesional luego de jugar en Independiente.

Siempre va a ser recordado con cariño por los hinchas gracias a la Copa Libertadores de 1984 y también por ser el jugador que marcó el gol de la final del mundo, frente a Alemania en México ’86.

Debutó en Arsenal de Sarandí pero donde la rompió fue en el Rojo. “Burru” era un jugador polifacético, podía pararse de 5, de 8, de 11 y hasta de 10. Giusti, Bochini y Marangoni fueron sus grandes socios. En su primera etapa en el club jugó un total de 146 partidos y marcó 53 goles. Fue campeón del torneo metropolitano del 83 y de la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental del 84.

La vitrina de Copas le sirvió para arribar al Nantes francés, donde también fue ídolo (obtuvo el trofeo al mejor jugador extranjero de la liga 1985-1986) jugó 140 partidos y marcó 27 goles para luego pasar a jugar al Valenciennes donde disputó 32 encuentros y anotó 10 tantos.

En 1995 pegó la vuelta al país y jugando nuevamente para Independiente completó su carrera ganando la Supercopa y la Recopa de 1995. Se retiró en 1998 habiendo jugado en esta segunda etapa 89 partidos y marcado 19 goles.

Día del Maestro

Mañana se jugará el clásico y hay que recordar que en un día como hoy, pero 10 años atrás, se disputó uno de los partidos más recordados ante Racing. Sí, pareciera a propósito, justo ahora. Es que hasta la historia le gusta que nos pongamos ansiosos. Pero es una ansiedad totalmente opuesta al miedo: nuestra ansiedad se asocia directamente al triunfo. Y así sucedió ese día.

El 11 de septiembre de 2005, Independiente debía recibir a su máximo rival, en la Doble Visera, por la 6ta fecha del Torneo Apertura. El equipo de Julio Falcioni formó con Bernardo Leyenda; Martín Pautasso, Marcelo Méndez, Fernando Cáceres, Eduardo Domínguez; Lucas Pusineri, Mariano Hérron, Lucas Biglia, Esteban Buján; Sergio Agüero, Nicolás Frutos. Por otro lado, Gustavo Campagnuolo; Martín Vitali, Gustavo Cabral, Diego Crosa, Jorge Núñez; Milovan Mirosevic, Diego Simeone, Juan Manuel Torres, Sebastián Romero; Rubén Capria; y Raúl Estévez fue el conjunto titular, dirigido por Guillermo Rivarola.

Desde el principio, el local mostraba mejor nivel. Antes de los 11’, Frutos y Domínguez intentaron marcar de cabeza, pero el arquero desvió ambas pelotas. Sin embargo, el marcador no quedaría en cero por mucho tiempo. A los 34’, tras un córner desde la derecha, el peligro vino, nuevamente, desde un cabezazo. Esta vez, el encargado fue Méndez, aunque su pelota fue atajada por Torres. Fue expulsión para el jugador y penal para el “Rojo”. Un minuto más tarde, el “19” convirtió desde los 12 pasos y ponía la ventaja en 1-0.

Ese resultado no era suficiente e Independiente quería más. A los 11’ del segundo tiempo, Biglia ejecutó un tiro de esquina y Frutos llegó en soledad para marcar, otra vez, de cabeza.El delantero se puso una máscara de diablo para festejar y el hincha no paraba de alentar. Se le estaba ganando al club vecino, con gran autoridad. Cerca de la media hora, Agüero desbordó por la derecha y, cuando llegó al área, Cabral le cometió falta. Nuevo penal, que definió el santafesino y consiguió su triplete. El público había ansiado tanto ese momento y nada podía ser mejor. ¿O sí?

Cuando parecía que todo estaba definido, el “Kun” tomó la pelota en el mediocampo y comenzó a encarar hacia el área rival. En el Día del Maestro, su alumno fue Diego Crosa, a quien le gambeteó tres veces en una misma jugada, para enseñarle cómo se juega a este deporte. A los 37’, Agüero terminó definiendo de zurda al palo derecho y la pelota ingresó en la esquina del arco, defendido por Campagnuolo. De esta forma, el “Rojo” se impuso por 4-0 ante Racing.

La gente acababa de ver la perfección ante sus ojos. Un partido ideal ante el eterno rival, una goleada que serviría para incrementar las bromas y un gol que será uno de los más memorables. Sí, justo el 11 de septiembre, la “Academia” no pudo dar cátedra e Independiente le demostró quien era el verdadero maestro.

LOS GOLES DE LA VICTORIA

EL POEMA DEL KUN

Primer amor

Toda historia, cualquiera que sea, siempre tiene un comienzo. En nuestras mentes y recuerdos, incluso en nuestros sentimientos, concebimos a Independiente como un club grande, con más alegrías que tristezas. Pero, como ya dijimos, toda historia tiene un inicio.

En 1964, el “Rojo” se presentaba por segunda vez en la Copa de Campeones de América -la primera participación había sido tres años antes-. A partir de la siguiente edición, se llamaría Copa Libertadores de América. El equipo integraba el Grupo 2, junto a Millonarios, de Bogotá, y Alianza Lima. A este se lo derrotó, en Avellaneda, por 4-0, con goles de Savoy, Rodriguez, Rolan y Suárez. De visitante, fue un empate por 2-2, con tantos de Bernao y Savoy. Otra vez de local, se goleó al conjunto colombiano por 5-1 (dos de Rodríguez, doblete de Suárez y el otro de Savoy). El partido de vuelta no se disputó, por problemas entre la CONMEBOL y la Federación Colombiana de Fútbol, y, de esta manera, se le dieron los puntos a los argentinos.

Gracias a su maravillosa actuación, Independiente pasó a las semifinales. Sin embargo, nadie pensaba que pasaría de ronda, porque del otro lado estaríael Santos. A pesar de la lesión de Pelé, su máximo referente, seguía siendo favorito, ya que venía de ganar el torneo dos veces consecutivas y buscaba el tricampeonato. De hecho, en el juego de ida, en Río de Janeiro, todo se daba a favor del local. Los brasileños llevaban una ventaja de 2-0 y ya podían saborear la victoria. Pero las hazañas siempre aparecen cuando se habla de nuestro club. En contra de todo pronóstico, se dio vuelta el resultado a un 3-2, gracias a Rodríguez, Bernao y Suárez. Con la confianza a flor de piel, y con el aliento de la gente, los dirigidos por Manuel Giudice quisieron demostrar que el triunfo anterior no había sido por mera casualidad. Con tantos de Rodríguez y Mori, los locales ganaron por 2-1 y consiguieron el pase a la última etapa.

La final sería ante Nacional, de Montevideo. El encuentro de ida fue en el Centenario, con un 0-0 que incrementó los nervios en ambos lados. Una de las razones por la cuales el “Rojo” no recibió goles fue por el debut internacional de Miguel Ángel Santoro, quien esa noche se atajó todo. El 12 de agosto de 1964, los argentinos recibieron a los uruguayos, en un estadio repleto. A los 35 minutos del primer tiempo, Mario Rodríguez marcó el primer y único tanto de la vuelta. El gol, según sus propios dichos, ocurrió luego de que la pelota le haya quedado atrás, después la enganchó con el taco, la acomodó con el muslo y le dio fuerte. Con los hinchas festejando en la Doble Visera, Independiente se consagraba en la Copa de Campeones, por primera vez. No solo eso, sino que fue el primer equipo de Argentina en ganar este torneo.

Y sí, toda historia tiene un comienzo. Y la del Rey de Copas tuvo su principio allí, en esa primera Copa Libertadores, esa que repetimos seis veces. Hoy, recordamos que, hace 51 años, esa historia comenzaban a escribirla los ganadores.

Pito catalán

Fue precisamente el 11 de agosto de 1928, Independiente fue protagonista, una vez más, de un acontecimiento que será recordado por siempre: goleo, en Avellaneda, nada menos que al Barcelona, por 4 a 1.

Hoy suena absolutamente descabellado o utópico imaginar, sin importar en qué contexto pudiera ocurrir, golear a un equipo como al Barcelona. Un milagro de pocos el simplemente poder superarlo. En ese entonces el conjunto español había obtenido la Copa del Rey y más tarde conseguiría salir campeón de la liga.

Con ese preámbulo, el elenco catalán había llegado de gira a Argentina y el encuentro amistoso se disputaría en Avellanada. Un partido que recaudó $19.423 y que fue dirigido por el español Agustín Vilalta.

El poderoso Barcelona llegaba con su arquero Ricardo Zamora, apodado “El Divino”, figura sobresaliente de aquel equipo, considerado de los primeros “Cracks” que tuvo el fútbol español. Por el lado de Independiente, el legendario Manuel “Seoane”, apodado “Chancha”, goleador histórico de la época del amateurismo, brillaba en la delantera.

De esta manera, el conjunto completo que salió a la cancha a hacer historia frente al Barça fue: Néstor Sangiovanni; Carlos Debuglio y Ernesto Chiarella; Ernesto Bartolomedi, Guillermo Ronzoni y Luis Martínez; Zoilo Canaveri, Alberto Lalín, Luis Ravaschino, Manuel Seoane y Raimundo Orsi.

En el lado visitante, el once inicial formó con: Ramón Llorens; Emilio Walter y Enrique Mas; José Castillo Garcia, Joaquín Roig y Domingo Carulla; Vicente Piera Penella, José Sastre Parsiva, Juan Errazquìn Tumbas, José Samitier Vilalta y Manuel Parera Penella.

El primer gol llegó a los 10 minutos de juego en los pies de Canaveri. Más tarde, Seoane se encargó de poner el segundo a los 29 del primer tiempo. Antes de irse al descanso, el mismo goleador se encargó de poner el 3 a 0 para la fiesta roja en Avellaneda. En el complemento fue Orsi quien puso el 4 a 0 y finalmente Regueiro descontó a los 22 para el 4 a 1 final.

No fue sólo el abultado resultado y ante un rival elite que éste encuentro merece ser recordado, sino que es considerado como uno de los mejores partidos jugados por Independiente en toda su historia. Los mismos españoles se retiraron admirados por el juego efectivo y vistoso del Rey de Copas.

Vale recordar que también fue la primera y única vez en la vida del Rojo, en el que los jugadores se dieron el lujo de jugar con el escudo nacional en la casaca.

11 años sin el 'Pato'

Nadie querría acordarse de un día como hoy, porque, en el alma del hincha, el “Pato” sería eterno. Pero, lamentablemente, hoy debemos recordar uno de los días más tristes para nosotros: hace 11 años, fallecía José Omar Pastoriza.

Había nacido el 23 de mayo de 1942, en Rosario, y había debutado futbolísticamente en Colón. Allí estuvo dos años (1962-1964), hasta que Néstor Rossi, quien lo había dirigido en el “Sabalero”, lo quiso llevar a Racing. ¿A Racing? Sí, fue vendido al club rival, donde también jugó dos años. Quizás necesitó ese paso para saber que la verdadera gloria estaba en la vereda de en frente.

Arribó en Independiente en 1966 y, un año después, estaba dando la vuelta olímpica frente a la “Academia”, luego de un 4-0, en la Doble Visera. Así, obtenía el Nacional ’67, pero no sería el único título que obtendría con nuestra casaca. Además, ganó los Metropolitanos de 1970 y 1971. No conforme con esto, festejó la Copa Libertadores de 1972, la tercera en la historia de la institución. Luego del festejo, se fue al Mónaco, de Francia. El corazón de la gente se hacía añicos, pero el “Pato” volvería, no sólo para reparar la herida, sino para aumentar con creces el cariño que todos le tenían.

En 1976, regresó, pero ser entrenador. Él mismo confesó que le hubiese encantado seguir jugando en Argentina, pero no pudo rechazar la propuesta de dirigir al club al que tanto le brindó. Sin embargo, le seguiría dando alegrías. El 25 de enero de 1978, ocurrió un hecho que nadie podrá borrar, incluso los fanáticos de otros clubes. Ese día, que también era el cumpleaños de Ricardo Enrique Bochini, el “Rojo” fue a Córdoba, a disputar la final de vuelta del Nacional de 1977, ante Talleres. La primera había terminado 1-1, en Avellaneda, y el detalle es que valían los goles de visitante. El panorama era pésimo para los dirigidos por José Omar, ya que perdían 2-1, injustamente. El primero de ellos fue el del empate, desde los 12 pasos, tras un penal polémico, y el segundo fue con la mano. A raíz de esto, el árbitro echó a tres futbolistas de Independiente. Cuando todo parecía perdido, Pastoriza dijo unas palabras que quedarán marcadas por siempre: “Vayan, jueguen, sean hombres y ganen”. Luego de una pared hermosa entre Bertoni y el “Bocha”, fue éste quien marcó el 2-2 final, que permitió la consagración del campeonato. En 1978, por el mismo torneo, se repetía el festejo.

El “Pato” se fue en 1979, pero retornó cuatro años después. “En el año ’83 yo me reía, Academia no parabas de llorar…”, dice una de las canciones más hermosas que tenemos. Ese año, con su conducción, el equipo derrotó a Racing por 2-0, en la última fecha, y se consagró campeón del Metropolitano, mientras que el rival ya se encontraba descendido. Cuando parecía que nada podía ser mejor que eso, en 1984, el rosarino consiguió las copas Libertadores e Intercontinental. En cambio, nuestro máximo oponente jugaba en la B.

El director técnico tuvo otras etapas al mando de Independiente, en 1985-1987 y en 1990-1991. En 2004, regresó al banco, pero, el 2 de agosto, comenzó a sentirse mal y llamó un amigo para que lo ayude. Llamaron a la ambulancia y los médicos quisieron revivirlo, pero el “Pato” se despidió a las 4.30 de la madrugada, en su departamento de Puerto Madero. Fue uno de los días más tristes para los hinchas y hoy, a 11 años de su partida, le rendimos homenaje a uno de los máximos ídolos del “Rojo”.  ¡Muchas gracias, Señor Pastoriza!

Sigo siendo el Rey

El año 1983 fue glorioso para Independiente. Salió subcampeón del Nacional y el 22 de diciembre festejó el Metropolitano y dio la vuelta olímpica frente a Racing, quien ya se encontraba descendido y debía jugar en la B, a partir de la siguiente temporada.

Pero el “Rojo” tuvo poco tiempo para disfrutar estos momentos, ya que, en febrero del ’84, comenzó a disputar la fase de grupos de la Copa Libertadores. El primer rival fue Estudiantes y el partido finalizó 1-1, con gol de Barberón. La ilusión aumentó en el encuentro siguiente, donde se derrotó a SportivoLuqueño por 1-0, tanto convertido porBurruchaga.

Sin embargo, después Olimpia derrotó a los dirigidos por Pastoriza, por 1-0. Para reponerse, buscaban triunfar nuevamente ante Luqueño, esta vez en la Doble Visera y se pudo lograr el objetivo, gracias a dos alegrías de Marangoni y Merlini. En la vuelta con el “Pincha”, dejaron el empate de lado y se llevaron los tres puntos, tras vencerlos por 4-1. Aquí, marcaron Barberón, Burruchaga y Bochini, dos veces. Gracias a la victoria ante Olimpia por 3-2 (Marangoni, Burruchaga, Bufarini), Independiente se clasificó a las semifinales del torneo.

Esta etapa consistía en tres equipos y el grupo lo completaban Nacional, de Uruguay, y la Universidad Católica, de Chile. Los dos primeros juegos no fueron fáciles, ya que terminaron igualados. En Montevideo, fue 1-1, donde marcó Barberón y, en Santiago, el partido no tuvo goles. A pesar de los resultados, la esperanza en el hincha seguía a flor de piel. De local, el equipo hizo lo que tenía que hacer: primero, se derrotó al conjunto uruguayo por 2-1, con tantos de Bufarini y “Burru” y fue este último el responsable de la derrota de “La Franja”. De esta manera, el “Diablo” pasaba a la final de la Libertadores y quería levantarla por séptima vez.

Los nervios y la ansiedad de los fanáticos se volvían gigantes y las ganas de obtener otro título eran inmensas. En la última etapa, el contrincante era Gremio, un equipo brasileño aguerrido y que tenía como figura a Renato Portaluppi -más conocido como Renato Gaúcho-, excelente delantero. Pero, como se dijo anteriormente, a medida que se avanzaba en el campeonato, crecía la esperanza en todo el público. ¿Quién podía asustarse con semejante equipo? ¿Quién podía tener miedo si nos entrenaba “El Pato”?

La ida se dio en Porto Alegre e Independiente salió con esta formación: Goyén, Clausen, Villaverde, Trossero, Enrique, Giusti, Marangoni, Bochini, Burruchaga, Bufarini, Barberón. ¡Imposible temer! Y los futbolistas salieron con el mismo pensamiento. El encuentro para el visitante fue calificado como perfecto por varios medios. A los 24 minutos de la primera etapa, mientras  jugadores locales no paraban de correr, Ricardo Enrique Bochini tuvo la frialdad suficiente para detener el balón cerca del área rival y observar como Burruchaga comenzaba a acelerar. Cuando este recibió la pelota, encaró y se la pico al arquero, Joao Marcos. Más tarde, hubo muchas chances de aumentar el tanteador, como por ejemplo el palo izquierdo tras una jugada de Barberón, o la salvada en la línea, luego de un remate del “9”, entre otras. A pesar de la superioridad, el resultado fue el mismo.

Tres días después, se jugó la vuelta en casa. El “Rojo” quería demostrar que lo que había logrado en Brasil no había sido en vano. Supo contener el juego de los opuestos y la única situación que generaron fue un tiro, desde afuera del área, de Guilherme, que Goyén capturó en dos tiempos. De esta manera, el 27 de julio de 1984, la final en la Doble Visera terminó 0-0 y el local consiguió su séptima Copa Libertadores, mientras la gente no paraba de corear “Gracias señor Pastoriza, por todo lo que nos da…” y “Dale campeón”.

Luego de nueve años de sequía, el club de Avellaneda volvía a colocar este trofeo en su vitrina. Desde ese entonces, nadie ha podido igualar esta marca. Hoy conmemoramos que hace 31 años Independiente sigue siendo el Rey.

EL RESUMEN DE LOS DOS PARTIDOS

EL PARTIDO COMPLETO

¡Se siente, se siente, Erico está presente!

Esta fecha es muy especial para el hincha de Independiente. Es que, el 23 de julio de 1977, fallecía Arsenio Erico, emblema de nuestro club, del fútbol argentino y sudamericano.

El delantero había nacido en 1915, en Asunción, Paraguay. Su apellido ya tenía peso, debido a que nueve de sus familiares, entre ellos su padre, ya habían jugado en Nacional, institución de su ciudad natal. Siguió la herencia y, a los 15 años, inició su carrera allí. Pero no todo fue fácil: en 1932, estalló la guerra del Chaco, entre su país y Bolivia, y Erico comenzó a jugar en la Cruz Roja.

Así fue que, un año más tarde, vino a Buenos Aires junto a su equipo, para realizar una gira. Su juego deslumbró tanto que dos de los clubes más grandes lo querían. River e Independiente se disputaban al futbolista, de tan solo 18 años. Pero él mismo confesó que no quiso ir al “Millonario”, que, para ese entonces, contaba con el gran Bernabé Ferreyra y se dio cuenta que sería suplente.

Para huir de los dirigentes, se vino en barco desde Paraguay hasta Rosario y de allí un tren a la ciudad. Su historia es tan maravillosa que Arsenio llegó un jueves y debutó el domingo, más precisamente el 6 de mayo de 1934, ya con 19 años. El partido era ante Boca, nada más y nada menos. Fue un empate por 2-2 y, aunque no le tocó convertir, los festejos llegarían pronto. Una semana después, ante Chacarita, convirtió dos para el “Rojo”, quien ganó 3-1. Nadie se imaginó que esos serían los primeros de cientos.

En 1937, fue el máximo goleador del campeonato con ¡48 goles en 34 partidos! El conjunto de Avellaneda estuvo a un paso de ser campeón, pero el “Xeneize” celebró, con tan solo un punto de diferencia. Sin embargo, un año después, Independiente levantó la primera copa, en la era profesional, y Erico fue el mejor anotador, nuevamente, con 43 tantos en 30 partidos. A medida que el futbolista crecía, lo hacía el club. De esta manera, se consiguió el bicampeonato y, por tercer año consecutivo, fue el que más goles hizo (esta vez 41).

Las estadísticas estaban a favor del equipo: 66 partidos jugados, 52 ganados, 5 empatados y 9 perdidos. El mundo se alegraba de verlos jugar. ¿El mundo? Sí, porque ese plantel fue considerado uno de los mejores de la historia. El mismo Alfredo Di Stefano, en una entrevista concedida a “Última hora”, en 2008, tuvo unas bellas palabras para Arsenio: “Erico es diferente a todos, a todo lo que vi. Un jugador notable. Todo lo que engloban, sin exagerar, las cinco letras de la palabra crack. Para mí, un malabarista de circo, un artista. Perdón, un gran artista”.

Muchos sobrenombres habían surgido, tales como “Saltarín Rojo”, “Duende Rojo”, “Diablo Saltarín”, entre tantos otros. Todos estaban fascinados con el delantero y él no defraudó. Es que no sólo fue máximo goleador durante varios campeonatos, sino que se convirtió en el máximo de la historia del fútbol argentino. Con 295 tantos (tenía 293 y, en 2011, le reconocieron dos más) se convirtió en leyenda y uno de los jugadores más importantes en el fútbol sudamericano.

Entre idas y vueltas, en 1942, regresó a Paraguay y volvió a Nacional pero disputó un solo encuentro. Retornó a Avellaneda y su último grito fue ante Huracán, en 1946, donde el “Rojo” ganó 4-3. Justamente fue vendido a esa institución, al año siguiente, pero rescindió su contrato, meses después. No marcó ningún gol allí, por lo que todos sus festejos fueron en Independiente.

En 1949, retornó al club que lo vio nacer y, en su primer partido, convirtió tres goles. En ese período, decidió retirarse e iba alternando su etapa de deportista con la de entrenador. Nacional logró el subcampeonato, detrás de Guaraní.
Sus últimos años los pasó en Argentina, con su pierna izquierda muy maltrecha. Más de una vez expresó que su dolor era producto de tantas patadas que había recibido a lo largo de su carrera. El 23 de julio de 1977, tuvieron que amputársela. Sin embargo, no resistió y esa misma noche falleció.

Arsenio Erico es recordado, no sólo por nuestros hinchas, sino por todos los que admiran el buen fútbol. Es probable que nadie pueda superar su récord y, a cada año que pase, su leyenda aumentará. Y, como ocurrió en el día posterior a su muerte, en el 2-1 de Independiente ante River, se puede oír: ¡Se siente, se siente, Erico está presente!

¡¡ Feliz cumpleaños Capitán !!

Hoy es el cumpleaños de uno de los mejores jugadores de la historia de Independiente, el gran Ricardo “Chivo” Pavoni quién fuera conocido como el capitán de América por todos los títulos continentales que ganó en el Rojo.

Debutó en el Club Atlético Defensor de Montevideo, Uruguay, pero a los 21 llegó a Independiente para suplir a Tomás Rolan, que había sufrido una grave lesión. Debutó como lateral izquierdo el 24 de marzo de 1965, en un partido de la Copa Libertadores ante Boca Juniors, venciendo por 2 a 0. Marcó su primer gol en el Rojo en el 67 ante Central Córdoba de Santiago del Estero y muchos muy importantes para nuestra historia, como el del 1-0 ante San Pablo en el desempate, que nos dio la Copa del 74. 

A nivel local obtuvo los títulos del Nacional 67 y Metropolitanos 71 y 72. Internacionalmente ganó nada menos que 5 Libertadores, 3 Interamericanas y la recordada Intercontinental ante Juventus en Italia, convirtiéndose en uno de los máximos ídolos Rojos.

Con la selección Uruguaya disputó el Mundial del 74, marcando ante Bulgaria el único gol de la Celeste en Alemania.

Tras su retiro como jugador profesional pasó a entrenar equipos inferiores en el Club, donde sigue trabajando actualmente. Además, ha dirigido varias veces al plantel profesional como interino, tras el cese de algún entrenador.

Tiene más Libertadores que River, Racing y San Lorenzo juntos y es uno de nuestros próceres, se llama Ricardo Elbio Pavoni y hoy festeja 72 años.

¡¡ Feliz cumple Capitán !! 

Hace 12 años debutó el Kun

Los que fuimos a la Doble Visera el 5 de julio del 2003 sabíamos que aquel partido ante San Lorenzo de la última fecha era especial. No por las mismas razones que el anterior clásico ante el cuervo, que terminó en goleada y consagración del equipo del Tolo, pero teníamos claro que no era uno más.

Fue la primera despedida del Gaby Milito y como si fuera poco, vaya guiño del destino, Oscar Ruggeri en el acto más trascendental de su estadía como DT Rojo ponía en cancha al pibito de 15 años recién cumplidos que todos sabíamos la rompía en inferiores pero nadie había visto jugar aún. Entraba faltando poco más de veinte minutos con la 34, reemplazando a Emanuel Rivas.

Sergio Agüero era su nombre y con edad de octava se transformaba en el jugador más joven en debutar en primera división. De ahí en más sería para todos nosotros el Kun, uno de los mejores salido de nuestras inferiores, producto genuino de los potreros de la zona sur. El que se transformó en la venta más importante de la historia y debió posibilitar el completo cambio de estadio bajo una conducción honesta. Ese que aún esperamos que cumpla su promesa y vuelva para hacer justicia y dar vueltas olímpicas con la camiseta que ama y amamos. Ojalá sea pronto.

Mirá este capítulo de un especial del Kun hecho por el canal Encuentro en donde se pueden ver imágenes de aquel día:

 

Cuatro al hilo

La historia de Independiente permite unir prácticamente cada fecha calendario con un acontecimiento que nos enorgullece. Hoy se cumplen 40 años de la obtención de nuestra sexta Copa Libertadores, ante Unión Española en Paraguay.

Para tomar conciencia de la dimensión del logro, la de aquel año fue la decimosexta edición, por lo tanto el Rey se había llevado el 40% de las Copas disputadas hasta ese momento. De hecho Boca es el único que pudo alcanzar esa cifra y lo hizo recién en el 2007, 32 años después.

También el Xeneixe igualó ese año el récord de ganar cuatro en la misma década, aunque no seguidas, algo que conseguimos en aquella edición luego de ganar las del 72, 73 y 74.

En 1975 la Copa la disputaron veinte equipos de los diez países miembros de la Conmebol más el campeón vigente, que entró en la segunda ronda.

Los equipos se dividieron en 5 grupos y los ganadores de cada uno disputaron las semifinales junto a Independiente. El Rojo jugó un triangular muy parejo ante Rosario Central y Cruzeiro, pasando a la final por un gol de diferencia. Para esto fue clave el último partido del grupo, venciendo al equipo Brasileño tres a cero, con un gol olímpico de Bertoni. Todos los partidos fueron victorias para el local, pero el Rey de Copas pasaba nuevamente a la final, esta vez ante Unión Española de Chile.

La primera final se jugó en Santiago y fue victoria local con un gol sobre el final. La revancha en Avellaneda fue 3 a 1 para el Rojo, que también se llevó el desempate en el Defensores del Chaco dos a cero. A los 29 minutos del primer tiempo, Ruiz Moreno marcó el primer gol y Bertoni metió el 2-0, a los 17’ del segundo, asegurando la victoria.

Aquel día, Independiente formó con: José Alberto Pérez, Eduardo Commisso, Miguel A. López, Francisco Sá, Ricardo Pavoni, Alejandro Semenewicz, Rubén Galván, Ricardo Bochini, Agustín Balbuena, Ricardo Ruiz Moreno, Ricardo Bertoni (Hugo Saggioratto).

De esta manera el enorme Chivo Pavoni levantaba la sexta se las siete Libertadores del Club y la recibía nada más ni nada menos por Arsenio Erico, como frutilla del postre. Hoy cuarenta años después seguimos soñando con la octava.

Especial hecho por Fox Sports:

Relatos del partido decisivo ante Cruzeiro:

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