Que lo vengan a ver

No todos tuvimos la suerte de ver en primera persona las hazañas históricas que caracterizan a este club. Y quienes si la tuvieron, hace bastante que no vivían algo similar en estos tiempos. Claro que ganarle a Deportivo Lara, de local, no se asemeja a ningún hito escrito por Independiente a lo largo de sus 113 años de vida. Ni tampoco meterse en los octavos de final de la copa que más nos desvela, habiéndola ganado nada menos que siete veces.

Pero haber cumplido el objetivo, con los rivales que tocaron (un siempre difícil equipo brasileño que ya demostró su candidatura a ganar el torneo, el campeón de Colombia y el campeón de Venezuela) y con lo complicado que se nos puso el grupo (bautizado por Holan como el famoso “Grupo de la Muerte”) por momentos, es un indicio del compromiso y la garra que sigue demostrando este equipo.

Después de perder con Corinthians, muchos nos daban por muertos. Pero estos hombres salieron a comerse a los brasileños en San Pablo y nos hicieron golpear el pecho de orgullo, como en los viejos tiempos. Y a veces las cosas no se nos dan (GImnasia y Unión son los ejemplos más recientes), pero cuando Holan y sus bravos muchachitos se trazan un objetivo, dejan absolutamente todo por conseguirlo. Anoche fue la demostración más feliz de ello.

23 años después, acá volvemos a estar. Entre los 16 mejores equipos del continente. Donde siempre estuvo el nombre del club, aunque algunos no lo quieran o puedan reconocer. Un equipo que no tiene las mismas armas que en diciembre de 2007, pero que posee hombres de carácter bélico, jugadores de Selección (convocados o no por sus respectivos entrenadores), pibes con hambre de gloria, un nueve que es una bestia y un DT que siente al club como lo sentimos todos nosotros. Ahora, a disfrutar de Maxi Meza en la Selección (y a cruzar los dedos por retenerlo), a pensar en sumar una nueva copa a las vitrinas en Japón y a prepararse para la fase de la Libertadores que más nos gusta. Disfruten, que volvió el Rey. ¡Que lo vengan a ver!

Las dos caras de la moneda

En instancias o encuentros definitorios, hay determinados métodos que resultan muy efectivos para preparar un partido. Por ejemplo, hay quienes creemos que para pasar la siempre complicada fase de grupos en la Libertadores es conveniente ganar todos los partidos de local y rescatar tres empates en tierras ajenas (claro que si se puede ganar, mejor). Con eso, por arte de magia, azar o estadísticas, uno ya se imagina en octavos de final. Por lo menos a priori.

Sin embargo, cuando uno de los resultados falla de entrada (en nuestro caso, llámese la derrota con Lara o, si se toma como un simple traspié, la derrota ante Corinthians en Avellaneda) la ecuación nos variará y lo más conveniente sería sumar un triunfo de visitante en nuestra lista de próximos partidos. Así fue que, luego de caer 1-0 inmerecidamente ante el Timao, absolutamente todos los medios dieron al equipo de Holan “con un pie y medio fuera de la competencia”. Las caras largas que se retiraron del Libertadores de América lo decían todo. Había que ir a Brasil y después a Colombia y se temía lo peor; pero el Rojo salió a jugar con aquella actitud que los hinchas extrañaban, se hizo fuerte en San Pablo y ganó un duelo complicadísimo. Hasta aquí, la historia es sabida. ¿Pero qué iba a pasar en Bogotá?

​Podemos decir que un empate puede ser considerado de dos maneras diferentes: “rescatamos un punto” o “merecimos más”, son dos frases que suelen escucharse en las voces de los protagonistas cuando la parda decora el resultado y los puntos se reparten. Pero, ¿en qué lugar ponemos a Independiente? Sin duda alguna, mereció más. Mucho más. Porque a pesar de no jugar del todo bien durante la primera mitad, generó las tres chances más concretas -y las desperdició asombrosamente-. Y lo mismo ocurrió en el ST, donde el arquero venezolano -joven y de Selección, ténganlo visto para cuando un grande de Europa venga a buscar a Campaña en este mercado- se lució completamente. Hasta ahí, el empate le quedaba chico a Independiente, pero no le era para nada despreciable.

Pero con el gol de Millonarios, todo se desplomó. De hecho, el local creció y casi anota el segundo, en esa bendita ráfaga de minutos donde Independiente parece estar derrotado mientras deja correr los minutos (una actitud similar a la de los anteriores partidos, cuando le convertían primero). Bueno, Gigliotti realizó una maniobra excelsa luego de un pelotazo-asistencia del Romero Jr. y marcó el empate que volvió a hacer crecer y creer al equipo de Holan (la derrota volvía a dejarlo muy complicado en el grupo).

Luego del 1-1 parcial, hubo más chances para ganar el partido aunque no se pudieron convertir. Mirando el vaso medio lleno, o el vaso medio vacío, Independiente claramente mereció más. Pero también rescató un punto, si se toma como referencia el lapso donde Millonarios ganaba y dejaba contra las cuerdas al Rojo en Colombia. Vale, claro que vale, aunque lo ideal hubiese sido ganar. De todas formas, con la chance totalmente intacta -de poder clasificar segundos, porque Corinthians metió un 7-2 en la tierra donde el Rey de Copas no pudo ante el humilde Deportivo Lara de Venezuela- la situación se resolverá en Avellaneda el próximo jueves. Ahí Independiente nos mostrará su verdadera cara en este semestre.

Los de afuera son de palo

Aunque usted no lo crea, volvió a pasar: Independiente desperdició su chance de entrar a la Libertadores por sumatoria de puntos en el torneo local. Claro que esta actuación no se comparó ni de casualidad con la del 1-1 ante Lanús o con la del partidazo que jugó el equipo de Pellegrino en la casa del vecino por aquella famosa Liguilla (aquel 2-1 no alcanzó por el 0-2 de la ida). Parece que lo extrafutbolístico que comenzó varios días antes de la derrota ante Unión, tomó más trascendencia que lo que había que hacer dentro del campo de juego.

Ojo, esto no es caerle a Holan por “embarrar la cancha” contra Boca y compañía. Eso tendría que ser un condimento ajeno a lo que ocurriese en Santa Fe. Pero como el fútbol es fútbol y todo está completamente avalado si tiene repercusión mediática, Guillermo, Gago, Alfaro y demás pudieron darse el tupé de responderle al DT del Rojo luego del empate de Huracán y al Profesor sólo le serviría ganar para poder salir ‘victorioso’ de este cruce y cumplir el objetivo de su equipo a nivel local: entrar a la Libertadores.

Es ilógico que Independiente resigne año tras año el objetivo mayor de pelear el campeonato para sólo resignarse a intentar clasificarse en la última jornada al certamen más importante del continente. Ya es sabido que un club grande tiene que trazarse objetivos grandes, pero como este semestre ‘todo no se puede’, al menos podamos algo. El problema no es que la vara haya quedado alta luego de la Sudamericana. El problema es que esto es Independiente, y hay que estar a la altura. ¿Cómo vamos a estar discutiendo si fue penal o no, si sólo generamos un disparo al arco -ese- en 90′ de partido? Eso debería ser lo preocupante: cómo salió a jugar Independiente ante un Unión que sí dejó todo por cumplir su objetivo -y bien merecido lo tiene-.

Esto no es pegarle al DT (aunque en esta ocasión se le podría cuestionar la línea de cinco defensores y la salida de Domingo en el entretiempo) ni al equipo (aunque también se podría por la falta de actitud, salvo meras excepciones), pero hay que ser claros: el objetivo no se cumplió. Es más, en este semestre, todavía no se cumplió ninguno de los objetivos. Todo muy lindo con el sacrificio y la garra, pero la Recopa no se ganó, a la Libertadores -todavía- no se clasificó y, pues claro, aún está la chance de seguir en la presente edición si pasamos a octavos. Pero con el poco compromiso, la floja actitud y la inexistente intensidad que se le presentó al Tatengue va a estar complicado. Lo dijo Holan alguna vez: “los de afuera son de palo”. Ojalá los jugadores lo entiendan para ir a buscar el triunfo ante Millonarios.

En frío

En un descuido. En un segundo. A veces te vas de la nada a la gloria; y otras, de la gloria a la nada misma. Con uno menos y frente a un rival que vino a Avellaneda a buscar un simple punto, Independiente se quedó otra vez casi con las manos vacías. Por lo menos con esa sensación extraña se retiraron los hinchas que colmaron el Libertadores de América en un insólito horario de domingo. Esto no significa que por el 2-2 el Rojo tenga prohibido alcanzar su objetivo, pero si estará limitado y condicionado por lo que suceda en otros partidos. ¿Y todo por qué? Por un simple descuido.

Once contra once, salvando las distancias, el ritmo de juego de Independiente era similar al del primer tiempo ante Corinthians. ¡Hasta Benitez repitió su grito de guerra! Y esta vez, con ovación de por medio, todo el estadio tuvo la oportunidad de respaldarlo con un cálido “Gustavo Grabia la p*ta que te parió”, aunque habría más euforia para cantar eso más adelante. Hasta ahí, todo perfecto: la gente pidió por la Libertadores (por esta y por la próxima, claro) y todo era risas en Alsina y Bochini. Hasta que un rebote forzó a Figal a cortar una jugada clara de gol y marcharse expulsado. Primer punto de quiebre en el partido.

A partir de allí, el equipo de Holan volvió a parecer el de los últimos partidos (los anteriores al triunfo con el Timao). El famoso “le hacen un gol y se cae” volvió a relucirse en Avellaneda. Claro que con uno menos y con Gimnasia delante es todo más complicado (el juego, además de hacerse muy brusco contra los jugadores de Independiente, se pausó mucho por el tiempo que hizo el Lobo). Lo cierto es que el gol de Alemán fue un baldazo de agua fría para el equipo y también para la gente.

Y cuando más se lo necesitaba, apareció: Gigliotti, para la victoria. Desahogo que significaba mucho para el objetivo que le queda al equipo a nivel local. 2-1. A cerrarlo, entonces. Y listo. Pero…

El horario, tal vez, le jugó una mala pasada al Rojo. La defensa se durmió una siesta de domingo en la última pelota y llegó el segundo punto de quiebre: gol de Gimnasia para complicar el objetivo de la Libertadores 2019. La preocupación, además de la competencia a la que todavía Independiente se está clasificando, es la dificultad para cerrar los partidos en casa. Ya son varios los rivales que se llevaron demasiados puntos en casa y son precisamente esos que quedaron en el camino los que ahora el Rojo lamenta.

Como en el último torneo, donde el conjunto de Holan se quedó a un gol de la clasificación a la Libertadores 2018 (que actualmente se encuentra disputando de todas formas por haberse quedado con la Sudamericana 2017), todo se definirá en la última fecha. Hay que ganar en Santa Fe y clasificar. De lo contrario habrá que ver qué sucede con los rivales directos. Hay bronca e incertidumbre, pero también hay confianza ciega en estos jugadores. En frío, será más fácil pensar. Hoy la calentura todavía no cesa.

Por favor, perdón y gracias

Hace tiempo que Independiente no vivía una semana tan crítica en la antesala de un partido tan importante como el que jugó ante Corinthians. Es difícil transcribir la angustia que se generó no sólo en los hinchas, sino también en los propios protagonistas durante las últimas horas. ¿Resultados adversos? Si. ¿Problemas en la Copa? Si. ¿Incertidumbre por la clasificación a la próxima Libertadores? También. Pero la causa que un poderoso sector del periodismo mantiene latente e involucra a unos pobres chicos como víctimas fue la culpable de agitar el avispero de Avellaneda para que otra vez Independiente vuelva a estar en boca de todos y no precisamente por lo bonito que intenta jugar.

Esta vez, los zócalos de los programas televisivos pertenecientes a dicho sector y las tapas del único diario deportivo que presenta tirada en la Argentina -y que también forma parte del mismo grupo- decidieron ir por más. Hacer más daño. Ya no se trata sólo de molestar y desestabilizar a Independiente por estar en contra de sus dirigentes (o vaya a saber uno por qué interés), sino que ahora la intención parece ser un poco más oscura. La adrede publicación del testimonio que se reveló en las últimas horas significó un baldazo de agua fría para todo el club. Sobre todo para los involucrados, siendo que ambos atraviesan el mejor momento futbolístico de sus cortas y respectivas carreras. Uno aquí, el otro allá; no importa. Estuvo de más y todo el mundo lo sabe. Hasta los propios periodistas que el miércoles por la mañana salieron a pedir perdón de manera muy inoportuna.

Sin embargo, y contra cualquier pronóstico, Independiente enmudeció al Arena Corinthians desde el minuto de juego. Sin explicar una vez más lo complicada que era la parada para el Rojo en Brasil (por el rival, por lo que se jugaba y por todo lo citado anteriormente), el actual campeón de la Copa Sudamericana sacó chapa y se golpeó el pecho orgulloso diciendo: acá estoy, no me den por muerto. El equipo de Holan volvió a tener destellos de aquel equipo del 2017. Tal vez ya no tenga a sus estandartes, pero tiene otros talismanes que lo hacen soñar con que todo es posible. Si, y tiene mística. En la Copa, Independiente es otro; no hay con qué darle a eso. Por más que muchos se hayan mofado durante años, la mística no es ningún cuento. Y otra vez, el Rojo decidió sacarla a relucir cuando más la necesitaba.

Ahora tiene permiso para poder volver a soñar con acomodarse en el Grupo G de la Copa Libertadores, su gran anhelo. Quedan dos finales, pero Independiente sabe que ahora observa la situación desde un panorama mucho menos adverso que hace unos días atrás. Y mucho de esto se lo debe a uno de los jugadores que peor la pasó en esta semana fatal.

No debe haber un solo hincha del Rey de Copas que no haya insultado alguna vez a Martín Benítez. Pero por lo que tuvo que atravesar en estos días y la reacción que demostró hoy representando a Independiente en Brasil, es muy justo que se le ofrezca, al menos, el abrazo contenedor de todo el Pueblo Rojo. Y demás está decir que quien suscribe, ya decidió agachar la cabeza y ofrecerle también sus disculpas. A los nuestros hay que cuidarlos, siempre. Por favor, perdón. Y gracias por este triunfo.

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