Una semana repleta de dilemas

Saldo negativo para Independiente en estos últimos siete días que, ante rivales muy menores, no jugó bien, no pudo imponer su superioridad y generó escasas situaciones de gol como para llevarse una victoria. Frente a Tigre, otra vez fue esclavo de su propio sistema que no tiene plan alternativo, no tiene individualidades que le salven la ropa y queda al desnudo la falta de funcionamiento del equipo.

Nuevamente mostró esa cara lenta, previsible y sin cambio de ritmo que había mostrado ante Chapecoense. Solo que esta vez le costó un gol en contra. Otra vez no supo que hacer o como jugar ante un rival que le obsequió la pelota, el campo y el protagonismo. No hay movilidad y rotación del medio hacia delante, la jugada nace y termina a la misma velocidad y nadie se anima a romper el esquema con una gambeta o pase filtrado. Para colmo, los centrales hacen 20 toques horizontales para terminar en un pelotazo. O se tiene la convicción de seguir pasando la pelota hasta encontrar el espacio, o se tira el pelotazo directamente y no se pierde tiempo ni se permite que el rival se acomode. Todo lo que sea sistemático y repetitivo será nocivo y contraproducente. Venga de la escuela que venga.

La idea de la salida por abajo desde el fondo es muy noblepero necesita de un volante central con panorama y resolución en un tiempo para que cumpla su objetivo. Sino termina siendo solo una buena intención, poco productiva y tentadora para los delanteros rivales. No lo logra el Torito cuando juega y tampoco Vitale, que algún día alguien escribirá la historia secreta de cómo llegó a Primera. Es en esos casos donde surge el gran dilema: ¿la idea debe estar por encima de quienes tienen que ejecutarla? Seguramente Milito confiará en que su mano y conocimiento lleguen a transformar a los jugadores. Eso hacen los grandes entrenadores. ¿Podrá? Mientras tanto, sufrimos la falta de variante para cuando el plan A no se puede llevar a cabo. Pareciera como si el equipo no supiera ganarlo de otra manera. Ni siquiera de casualidad.

Es preocupante que las jugadas de peligro que generó el equipo en los últimos dos partidos están muy lejos de responder a la manera que pregona jugar. Lo poco que generó fue apostando a la heroica de tirar la pelota al área, lo cual no estaría tan mal si se alternara con lo que se propone de entrada y tuviera jugadores inteligentes que supieran en que momento aplicar cada forma.

Independiente sufre horrores la falta de jerarquía de sus jugadores, el plantel corto y la falta de recambio. Ni hablar si lo poco que tiene está en bajo nivel individual. Ahí estará el verdadero desafío a largo plazo de Milito. Ahí se verá (o no) su mano como técnico.

Todo lo bueno que se pueda ver de este grupo de jugadores será mérito del entrenador. Seguramente necesite tiempo y aún asíquizás tampoco lo logre, lamentablemente. Sería bueno que en la transición no cayera preso de sus convicciones o gustos. Que se permita jugar de diferentes maneras según el partido y el rival sin que se le caiga ningún anillo.

El miércoles necesitamos ver un Independiente más intenso, vertical y profundo. Que salga a ganar y gane el partido y la clasificación. Pero para ganar, necesariamente hay que jugar bien. Sino solo tendremos victorias aisladas que no sirvan para nada y nos tapen el bosque.

Un problema repetido

En lo personal, no me preocupa el empate. Mucho menos si es sin recibir goles del visitante que después pesan en el resultado global. Obviamente esperaba una victoria de Independiente. No se dio. Lo que verdaderamente me preocupa es el problema repetido que tiene este equipo para ser intenso, profundo, vertical y, sobre todo, generar situaciones de gol. Porque al fútbol se gana metiendo la pelota adentro del arco. La posesión sin llegada es lo más inofensivo que puede existir en este deporte.

En todos los partidos del ciclo Millito se sufrió la incapacidad del equipo para transformar la tenencia de pelota en un arma que lastime al rival. Le costó mucho generar jugadas claras de gol. La serie con Lanús la manejó con fortuna en la ida y con mucha inteligencia en la vuelta. Pero la clasificación solo maquilló un déficit que había aparecido contra Defensa, contra Belgrano, contra Quilmes y, en menor medida, contra Godoy Cruz. A mi gusto la mejor versión que se vio hasta acá. Con poco, es cierto.

Milito había pedido paciencia y el equipo la exageró. Fue demasiado paciente. Tan paciente que regaló un tiempo completo casi sin patear al arco. Basta con recordar que la jugada mas peligrosa fue un centro de Tagliafico que casi provoca un gol en contra. Muy poco para lo que pretendíamos.

A mi me gusta que en los partidos de copa, los primeros 15 o 20 minutos se salga a jugar como si el partido durara tan solo eso. Con intensidad, acorralando al rival, aprovechando la excitación de la gente, la especulación del contrario. Siento que pasados esos minutos de oro, el otro equipo se da cuenta que capeó el temporal, se acomoda en la cancha y, si viene a defender, defiende cada vez más atrás y se hace cada vez más difícil llegar. Que el tiempo, que en principio es aliado, lentamente se vuelve un enemigo. La gente, que al principio está ilusionada y canta, lentamente se preocupa y murmura. Y paradójicamente, el equipo ordenado, paciente y criterioso que pretendía Milito fue apático e inofensivo en relación al desordenado y apurado del segundo tiempo. Aquel equipo que se cansó de dar interminables pases horizontales para terminar con un pelotazo de Figal afuera, no le hizo ni cosquillas a la defensa de Chapecoense. El otro, el del complemento, que con los ingresos de Barco y Meza se animó a asumir riesgos, demostró que el equipo brasileño acumulaba gente atrás pero no defendía nada bien. Alcanzó con meter la pelota en el área para sentir que el gol estaba al caer.

Independiente tuvo demasiada paciencia, fue poco creativo para pensar como entrarle a un equipo metido atrás y estuvo repleto de jugadores en bajo nivel que nunca se animaron a asumir riesgos, romper el molde y tirar alguna gambeta, un pase filtrado o un tiro al arco que rompiera el cero.

No me preocupa el empate. La serie esta abierta y si Independiente quiere, puede ir a hacer goles a Chapecó que obliguen al local a ganar si o si el partido. Lo que me preocupa es todo lo que hay que cambiar y mejorar en tan solo siete días para poder ser un equipo capaz de generar situaciones de peligro. Ojalá le alcance esta semana a Milito para poder trabajar en eso. Me gusta tener la pelota, me gusta que el equipo domine el partido desde la tenencia. Pero además hay que jugar un fútbol con arcos si se pretende estar para cosas importantes.

Prueba necesaria

Si bien a priori Independiente tenía muchas chances de lograr el puntaje ideal que le permitiera mirar a todos desde lo más alto de la tabla, se imponía una rotación necesaria de cara a los dos choques frente a Chapecoense por la Sudamericana. Es un plantel muy corto para jugar con lo mejor en los dos torneos. Mucho más si tenemos en cuenta lo propenso a las lesiones musculares que son muchos de nuestros mejores jugadores. Aceptarlo no nos hace inferiores. El torneo es largo y permite darle rodaje a jugadores jóvenes y a un equipo alternativo que ayer mostró que tiene algunos conceptos, pero que evidentemente le falta trabajo. La Copa debe ser el objetivo principal de acá a diciembre. Sobre todo cuando los cruces se dan de manera tan seguida como esta vez.

El equipo suplente intentó mostrar la idea de juego que pregona el entrenador. Tuvo buena posesión de pelota aunque le faltó profundidad y verticalidad para transformar esa tenencia en peligro. Milito tuvo su partido con mayor participación cambiando varias veces de táctica y muchos jugadores de posición. Tuvo se debut Rehak, sin mucho trabajo pero se lo vio bien con los pies participando de la búsqueda de salir claro desde el fondo. No cambió nada para Damián Martínez que tuvo un partido tan malo como aquel de su debut ante Defensa que casi obligó a Milito a no ponerlo más. Fue tan pobre lo del defensor que para el miércoles pensaría en Figal de lateral y Pellerano de central. Alguien tendrá que hacerse cargo de su inexplicable llegada a Independiente.

Vitale arrancó bien parado y distribuyendo bien pero se fue apagando y terminó participando poco del juego y la marca. Al pibe Blanco se lo vio muy blandito y Barco jugó demasiado atrás para mi gusto. Debe jugar más adelante y tener libertades para gambetear para que no se le apague la chispa con la que apareció en primera. Sanchez Miño muestra que tiene clase y visión pero se lo nota lento y por momentos excesivamente displicente. Albertengo fue el que más padeció la falta de profundidad del equipo. Le llegó muy poco la pelota y cuando participó del juego se lo vio sufriendo mucho su larga inactividad. Benítez insinuó mas de lo que concretó y, como nos tiene acostumbrados, siempre tomó malas decisiones.

Los ingresos de Vera y Rigoni no hicieron mas que exponer la diferencia de jerarquía entre titulares y suplentes. Además, el equipo se despabiló, lo fue a buscar con mas enjundia y verticalidad y con eso le alcanzó para generarle a Quilmes el empate y varias jugadas que hubieran significado la victoria.

Ganó un punto, recuperó titulares para el partido verdaderamente importante y mostró que, aún con fallas y varias cosas en el debe, el equipo alternativo puede tomar una forma parecida al titular. Prueba superada, prueba necesaria. A ganar el miércoles.

Nunca el peón se come al Rey

Milito planteó la serie ante Lanús como un partido de ajedrez de 180 minutos. Lejos de encapricharse con su idea y sus formas, tomó nota del poderío del rival y no se le cayó ningún anillo para primero bloquear las virtudes del equipo de Almirón y después explotar las propias. Así fue en la ida y así fue también en la revancha. La envidia de Kasparov.

Rigoni participó poco del juego pero fue importante para evitar los ataques de Gómez y decisivo en los tres goles de la serie. Figal y Cuesta se comieron crudo a Sand, ayudados por el animal de Tagliafico que bloqueó al Guanaco Acosta toda la noche. Impresionante nivel del lateral izquierdo. Emociona e ilusiona. Otro que hizo un trabajo de hormiga fue el Torito Rodriguez, que lo corrió a Almirón por todos lados. Incluso salvó sobre la línea lo que hubiera sido el empate del Paraguayo. Silencioso pero importante lo del volante central. En la ida fue el Cebolla, en la vuelta Barco. Otra jugada inteligente de Milito que le creó un problema a Marcone, que nunca pudo ser el eje que hizo de Lanús el campeón del último torneo. Y el Marciano Ortíz, que en la ida fue una sombra, anoche fue figura estelar. Una especie de alfil que tirando diagonales se movió por todos los espacios libres que dejaban las espaldas de Marcone y Román Martínez. Está pisando mucho y bien el área. Tuvo el gol con un zurdazo bárbaro que tapó Monetti de manera providencial. Si mejora la definición puede ser aún más importante.

Independiente fue la suma de sus partes. No hubo individualidades salvadoras. El equipo es solidario y eso da resultados. Todos y cada uno corren para ayudar, para incomodar el pase o el tiro del rival, para desmarcarse, para contraatacar y para presionar la salida. Un equipo utilitario. Por momentos podrá faltarle brillo y protagonismo deseado por todos. Hubo muchos pasajes en donde cedió demasiado la pelota pero descansa en una solidez defensiva que hace rato no se ve. En los dos partidos Lanús generó muy pocas chances de gol. Con la solidez de atrás y la eficacia de adelante alcanzó para pasar una serie que todos daban a favor del Granate.

El equipo sigue creciendo. Está fuerte de la cabeza. Pisa fuerte y no se achica. Hay detalles que denotan la mano del entrenador en pequeñas cosas. Basta solo con ver como ante cada fallo dividido hay dos o tres camisetas rojas hablándole al árbitro, cuando hasta hace no mucho tiempo eran once fantasmas sordomudos. Los partidos de copa se ganan en cada detalle. Milito está en cada uno de ellos. En los importantes y en los que otros dejarían de lado. Todo un estratega. Todo un ajedrecista. Y eso nos da tranquilidad a todos. Porque se sabe que en el fútbol hecho ajedrez, nunca el peón se come al Rey.

Comprometidos con la causa

Que tranquilidad deja ver a un Independiente comprometido con la causa, en donde cada uno se sacrifica por el otro dentro del equipo. Y no es solamente correr por correr. Es el desgaste para presionar, para recuperar la pelota perdida y para incomodar el juego del rival. Este Independiente quiere la pelota, no la desprecia, la intenta cuidar y proteger y cuando no la tiene, sufre y muere por volver a tenerla. Este es el primer sello visible de Milito.

Independiente tiene que ser un equipo molesto para los contrarios. Un equipo sólido, con mucha presión, intensidad y profundidad. Esto último, algo que hasta acá habíamos visto poco y anoche pudo revertir. Los primeros 30 minutos del primer tiempo fueron de lo mejor del ciclo del Mariscal, incluso debió haberse ido al descanso en ventaja si no fuera por los repetidos y conocidos errores de los árbitros en contra de Independiente. Esta vez le tocó a Aumente.

Me tranquiliza también ver que el equipo evoluciona a cada partido. Es importante que a la entrega, el sacrificio y el compromiso no le falte nunca fútbol. A veces aparecerá en mayores o menores dosis pero hay con qué jugar. Anoche hubo puntos altísimos en todas las líneas. La defensa completa, con Tagliafico como estandarte y un Cuesta soberbio. Un Torito Rodriguez que se pareció mucho a aquel que vimos antes de su lesión. Si mantiene ese nivel, podemos estar tranquilos. Ortíz levantó mucho y aportó en la marca, pero también supo soltarse para llegar al área. Debe mejorar la definición para poder aprovechar esas oportunidades que se le presentan. Y Vera mostró su mejor versión. Aquella que le vimos apenas llegó. Un delantero que además del gol, aporta juego, sacrificio y mucha sabiduría. Con estas individualidades en este nivel, el equipo es cosa seria. Habrá que ver como afecta en lo colectivo cuando aparezcan algunos puntos bajos.

La deuda pendiente está en poder dar la talla en partidos decisivos. El miércoles tienen una linda chance de revertir esa racha nefasta. Deben salir a jugar como anoche. Sin darle lugar a ninguna especulación. Independiente debe acostumbrarse a ser protagonista. Sobre todo en Avellaneda. Ahí debemos mandar y ser dueños de los partidos. No resignar campo, ni pelota ni protagonismo jamás, ante ningún equipo. Se ve que Milito pudo empezar a contagiarle al plantel algo de su fuego sagrado. Se los nota comprometidos con la causa y dispuestos a defenderla a toda costa. Bienvenido eso. Que se repita y se mantenga. Falta mucho.

Oportunista y eficaz

Lo primero que se me ocurre rescatar del triunfo de ayer es algo que hubiera rescatado ante cualquier resultado. Actitud, entrega, carácter, compromiso con la causa. Sinónimos que describen que Independiente salió a jugar el partido como se deben salir a jugar esta clase de choques y en este tipo de competiciones, si de verdad se quiere aspirar a algo grande. Después, el resultado podrá acompañar o no, de acuerdo a la otra parte del problema que tiene que ver con el juego en sí, el azar, el rival y las miles de variables que tiene este deporte. Pero sin lo primero, será muy difícil superar esta clase de desafíos.

Milito aprendió de la derrota ante Defensa, cambió nombres y, con eso, algunas formas. Pero fundamentalmente logró cambiar la cabeza de aquel equipo tibio y apático que quedó eliminado de la Copa Argentina muriéndose de nada. Entendió que el negocio de Independiente estaba en forzar a Lanús a cometer errores en defensa y aprovecharlos. Y le salió a la perfección. Fue oportunista por golpear en momentos clave y eficaz porque no necesito demasiadas situaciones de gol para convertir. Si bien los errores fueron claramente individuales, hubo una búsqueda constante del equipo para tratar de forzarlos y aprovecharlos. La apuesta fue lastimar por el lado de Rigoni, aprovechando su velocidad y que su presencia no le diera libertades a una carta de ataque importante en Lanús: el lateral Gómez. Lo mejor del conjunto de Milito estuvo en desactivar las virtudes de Lanús durante el 0-0 y manejar el partido con inteligencia después de ponerse en ventaja. Así son los partidos de copa y hay que aprender a jugarlos. Algo que nos viene costando mucho en los encuentros determinantes. Ojalá se pueda crecer en ese sentido en el corto plazo. Las competencias internacionales requieren de un equipo que sepa cuando acelerar, cuando enfriar, cuando jugar, cuando cortar, cuando buscar y cuando esperar. Ayer dieron la talla.

Si bien no fue superado por Lanús durante el 0-0, al equipo le costó jugar y generar situaciones de riesgo. Una clara cuenta pendiente tomando en cuenta los dos partidos del semestre. No estamos teniendo el juego que debería provocar situaciones de gol que nos permitan ser un equipo más temible en ofensiva. El circuito de juego necesita del jugador que pedía Milito en ese sector de la cancha. Gaby tuvo el diagnóstico pero lamentablemente no pudieron atender su reclamo. Ojalá pueda encontrar eso que falta en el medio con la recuperación del Cebolla y la aparición del pibe Barco. Queremos verlo más minutos. Toca otra música.

A pensar en el inicio del torneo. Para la revancha por la Copa, falta mucho. Terminó la primera mitad. Sacamos una buena ventaja pero falta lo más difícil: coronar la clasificación en casa y con la presión de saberse favoritos. Ojalá el tiempo nos haga seguir creciendo como equipo. Hay que entregarse a Gabriel Milito. Basta solo con verlo trabajar y declarar. Estamos en buenas manos.

Culpas compartidas

La temprana eliminación de Independiente de la Copa Argentina tiene varios responsables. Cada uno desde su lugar, aportó su granito de arena para que después de más de 50 largos días de trabajo el equipo de Milito se pareciera más a un conjunto de desconocidos que se juntaron horas antes de empezar el partido que a profesionales que gozaron de una suculenta pretemporada para mostrar otra cosa en el debut.

Milito eligió mal. Antes y durante. Venía ensayando con un equipo que, extrañamente, optó por no repetir. Eligió lo complejo por sobre lo simple. Los inventos por sobre lo inventado. Y pagó.

Leandro Fernández no solo no jugó de entrada sino que además no fue primera opción de recambio cuando Defensa se puso en ventaja. Y fue Vera (que ya nadie recuerda cuando fue la última vez que había jugado un partido oficial) el que saltó a la cancha para acompañar a Denis en el ataque. Cosas raras, extrañas, rebuscadas. El fútbol es más simple. Sería bueno no complejizarlo demasiado. Sobre todo en etapa de conocimiento entre un plantel y un técnico nuevo.

Los jugadores tendrán que hacer una profunda autocrítica porque siguen siendo, en su mayoría, los mismos apellidos acostumbrados hasta el cansancio a perder partidos definitorios desde el año pasado. Ayer volvieron a mostrar una preocupante falta de carácter y personalidad, más allá de la pésima noche futbolística tanto individual como colectiva. Como bien dijo Tagliafico, cuando no jugas bien, deben aflorar otras cosas. Tibio debut de Sanchez Miño, exasperante Benitez jugando en una posición en donde todas sus malas decisiones se pagan caro. Inexplicable que un jugador que no levanta la cabeza, Milito lo considere jugando por el centro casi como un enganche. Con todo respeto por los enganches. Flojo el Torito Rodríguez, desconectado Denis que además no pudo imponer siquiera su físico para pivotear o aguantar. Lo de Damián Martínez es preocupante. Es un jugador peligrosamente malo. Tanto que nos hace extrañar y pedir a gritos a Toledo. Rigoni insinuó más de lo que concretó. Tiró mil centros en toda la noche y ninguno encontró a un compañero. Nadie para rescatar.

Por último, los dirigentes tendrán que salir a dar la cara por este pésimo mercado de pases. Ayer terminamos jugando con Vitale y Figal de dupla central. Eso si, con Cuesta de capitán en Río. Capaz creyeron que la medalla dorada clasifica a la Copa Libertadores.

No hay un recambio digno en la mitad de la cancha para cuando el Torito Rodriguez tenga noches como la de anoche y Barco se vistió de bombero para apagar incendios. Justo el jugador que todos se jactan de que no hay que apurarlo y hay que llevarlo de a poco. Si quieren cumplir con esa premisa sin sentido, traigan un enganche que no obligue a tener que meter al pibe cuando se queman los papeles. Siguen demostrando no saber nada de fútbol. Lo cual no sería tan grave si supieran delegar en alguno que sepa. Pero no. Se la pasan hablando de medio en medio jugando al PC Futbol y termina firmando un horrible lateral derecho de Defensa y Justicia que ni pinta de jugador tiene.

Todo esto se pagó caro y en efectivo ayer. De las dos chances que teníamos de poder jugar la Copa del año que viene, solo queda una. Aunque si no llegan refuerzos de real jerarquía y no se cambia radicalmente lo que se mostró ayer, nos va a costar mucho conseguir ese objetivo.

Ponele fin a esta malaria, Gaby

Se fue otro campeonato y queda la certeza que teníamos dando vueltas en la cabeza desde las primeras fechas: Independiente tenía con qué ser protagonista y ganador de esta zona. Pero los que toman decisiones se empecinaron en sostener a Pellegrino y sus caprichos. Y lo pagamos todos viendo, al equipo en las últimas tres fechas jugando absolutamente por nada. En los últimos dos partidos, por lo menos se vio un Independiente más cercano al que deseamos. Mitad mérito de Berón y el resto, de un contexto en donde este grupo de jugadores se sintió todo lo cómodo que no se sintió cuando afrontó partidos decisivos.

El viernes firmó Milito y habló de valentía, carácter y personalidad. Gaby hizo un excelente diagnostico de lo que hay. Tiene un plantel que, si bien necesita algunos ajustes con incorporaciones, es para pulir. Hay muchos jugadores que rindieron por debajo de sus capacidades. Ojalá pueda recuperarlos y, sobre todo, lograr ese salto de carácter necesario para ganar los partidos importantes.

Se vienen dos meses largos de receso. Vendrán las típicas novelas de los mercados de pases con la danza interminable de nombres. Que sea con toda la suerte del mundo, Mariscal. Queremos, deseamos y necesitamos que te vaya bien. Ojalá seas vos quien, de una buena vez por todas, nos devuelvas algo de toda la gloria que no nos cansamos de rifar en los últimos 30 años. Ponele fin a esta malaria, Gaby.

No era tan difícil

Tras la ansiada y necesaria salida de Pellegrino quien, siendo defensor de los contratos y los tiempos, decidió irse antes de la finalización de su vínculo cuando le comunicaron que no le iban a renovar, Fernando Berón hizo algunos cambios, demostró que no era tan difícil intentar algunas cosas y, sobre todo en el segundo tiempo, le salió muy bien.

Torito Rodríguez (de gran segundo tiempo) como único volante central, dos delanteros y una mitad de cancha con vocación ofensiva en nombres y ubicación en el campo. Ahí estuvo la principal diferencia entre el técnico saliente y el interino. Aunque en el primer tiempo, aún con esos cambios, el equipo se pareció mucho al de Pellegrino. Sin llegadas claras y una tibieza exasperante. Después del descanso, la expulsión de Carrera y el gol de Fernández, todo cambió. Apareció un Independiente con buena posesión, triangulaciones, llegadas y jugando cada pelota como si el partido definiera algo importante. Sin ser descollante, se vio un equipo más cercano a lo que pretendemos.

Queda el duelo ante Quilmes antes de un largo receso. Habrá tiempo para trabajar y elegir los jugadores que deben reforzar un plantel que, si no se desarma demasiado y se pule en puestos clave, puede dar mucho más de lo que dio. A cerrar el semestre de la mejor manera y a esperar por lo que viene. Que necesariamente debe ser sustancialmente mejor.

Una sombra ya pronto será

Llegó entre banderas de rechazo y un escepticismo generalizado. A fuerza de resultados y mucha fortuna supo enderezar un barco a la deriva tras la salida de Almirón. Le costó mucho armar un equipo que, además de ganar, conquistara un poco los corazones rojos. Para colmo, los fríos números que lo respaldan no muestran su enorme deuda: no haber podido ganar un solo partido determinante y no haber logrado un funcionamiento y una idea de juego clara tras casi doce meses de trabajo. Esto más allá de cualquier gusto particular, por supuesto.

Pellegrino contó con uno de los mejores planteles de Independiente de los últimos tiempos. Más allá de las lesiones del Cebolla Rodríguez y las reiteradas ausencias de Vera, tenía con que hacer jugar más y mejor al equipo. Y, sobre todo, tenía con que cumplir con alguno de los varios objetivos desde que asumió. Eliminado en Copa Argentina, eliminado en Copa Sudamericana, derrotado en la Liguilla Pre Libertadores ante Racing, sin chances de nada a tres fechas del final de un torneo de 15 equipos y con los grandes jugando dos competencias, es mucho para un entrenador que pretenda refugiarse en los números para ensayar cualquier defensa. Ni el más resultadista de los resultadistas podría ampararlo.

Su perfil bajo y su habilidad para declarar le sirvieron para tener el respaldo mediático necesario para que los periodistas ajenos a Independiente lo vieran como un técnico “serio y trabajador”. Nunca nadie se preocupó por llenar esas palabras vacías. Pellegrino caía bien, tenía pinta de buen tipo y siempre estaba disponible para las entrevistas de ocasión. Eso si, de fútbol mejor no hablar. Hicieron lo imposible para que sus planteos absurdos, sus cambios que nunca solucionaron ningún problema, (y más de una vez los empeoraron) sus caprichos, su pragmatismo y su mezquindad galopante quedaran escondidos bajo la alfombra del porcentaje de efectividad. No lo lograron. No se puede tapar el sol con las manos.

Es saludable que, más allá de la presión del hincha, los dirigentes se hayan sentado a analizar el trabajo de un técnico alejados de esos fríos números que poco explican.
Es también una especie de mea culpa porque interiormente deben estar arrepentidos de haberlo contratado. Aprender la lección debe pasar por ahí. Independiente debe definir a qué quiere jugar, cómo quiere ganar y defender esa convicción frente a cualquier tempestad. Si estuvieron convencidos de traer a Almirón por su filosofía de juego, su reemplazante nunca podía estar en las antípodas. Fue una clara muestra de desconcierto en una comisión directiva que cada vez aparenta saber menos de fútbol. Sería bueno que, si reconocen que hay temas que no manejan, deleguen en alguien capacitado. Tal vez la figura de un mánager con conocimientos, comprometido y con real poder de decisión, solucione muchas de las cosas para las cuales varios dirigentes demostraron no estar a la altura.

Se va Pellegrino. Se va sin dejar nada. Eso es lo más triste de todo. Irte de un lugar sin dejar ni siquiera una huella. El se va tranquilo porque cree que compitió bien. Nosotros nos quedamos huérfanos de juego y de títulos. Nos dejó sin nada que festejar y sin un equipo que nos permita disfrutar de verlo jugar al menos. Quedarán en la retina los triunfos ante River, Racing y Olimpia como los puntos más altos de rendimiento. Muy poco para la cantidad de partidos que dirigió y la materia prima con la que contaba. Tal vez, la pobreza y malaria con la que convivimos hace años lo hizo sentir cómodo. Se “conformó” con los triunfos en los partidos chicos y nunca pudo dar el salto en ningún partido “grande”. Independiente estaba para mucho más de lo que vimos en los últimos diez meses. Nos merecíamos otra cosa. Nos merecemos otra cosa.

Se va Pellegrino. Se va sin pena ni gloria. Una sombra ya pronto será.

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