Voto de confianza

Estamos felices, es imposible negarlo. Independiente no solo logró el objetivo de clasificarse en Tucumán, sino que además disipó muchas de las dudas que había dejado en encuentro de ida en Avellaneda. Y aunque no la haya pasado nada bien durante varios minutos del segundo tiempo (algo lógico porque Atlético necesitaba dos goles más), se hizo respetar durante gran parte del partido.

Con el famoso diario del lunes, no podemos pasar por alto que a Pusineri le salió muy bien la estrategia de “guardar” a sus titulares para el duelo de anoche. La jerarquía de jugadores como Silvio Romero es determinante, ya sea por los goles o por las situaciones que genera. Contar con tipos así en un equipo donde pibes como Velasco y Soñora (buen ingreso) comienzan a destacarse, es fundamental. Y contar también con futbolistas como Sebastián Sosa es casi obligatorio para un equipo grande: otro acierto del entrenador, que insistió tanto por su llegada al Rey de Copas. Es de esos arqueros que te ganan partidos. Que aparecen en los momentos donde el equipo más los necesita. Descolgó el centro de Melano y evitó con su cara el segundo del Decano en momentos donde, psicológicamente hablando, un equipo puede derrumbarse si le anotan. Y generó todo lo contrario. El uruguayo le devolvió en tres partidos toda la confianza al DT y también se ganó a gran parte de los hinchas por su personalidad de motivación y contagio a sus compañeros (y sus fenomenales actuaciones, claro).

Estamos de acuerdo en que Independiente no pasó a ser el mejor equipo del fútbol argentino, pero logró jugar un gran primer tiempo en el que se vieron momentos de buen fútbol (algo que todavía no había ocurrido tras la pandemia) y aguantó como debió en el segundo. Pudo haber logrado algún gol más, de hecho lo mereció, pero es importante que haya alcanzado el objetivo de pasar de ronda ante un rival siempre complicado.

De a poco, la mano de Pusineri empieza a notarse. Dudo que haya gente de Independiente que quiera que le vaya mal a uno de nuestros ídolos. Pero afuera hay mucha gente con el cuchillo y el tenedor en la mano esperando que pise en falso, por eso es importante celebrar que Independiente vaya encontrando un funcionamiento acorde al que exige esta camiseta y la unión que de a poco comienza a fortalecer al plantel. Anoche lo logró. Y eso es un enorme voto de confianza para el DT. ¡Es por ahí!

Camarón que se duerme…

Este fin de semana se conoció una noticia no muy grata para Independiente pero sí para otro de los clubes de Avellaneda, que recibirá la cesión de un terreno ubicado a metros del Libertadores de América por parte de la Municipalidad de la ciudad. ¿Fueron los vecinos los que hicieron una excelente gestión, los dirigentes del Rojo que se durmieron en los laureles o ambas?

Ante todo hay que aclarar que estas líneas están muy lejos de ser pensadas como una muestra de envidia o celosía, aunque sí cabe resaltar que han sido escritas bajo una sensación de tristeza y dolor. Que Racing haya obtenido la cesión por 100 años de un terreno de aproximadamente 30.000 m2 que se ubica entre la actual calle Diego Milito y la próximamente inaugurada José Omar Pastoriza, no es más que el resultado de una gestión que efectivamente busca promover los intereses de su club. Y que expone, una vez más, lo distante (o ausente) que se encuentra la política actual Independiente (llámese oficialismo u oposición) en los mismos términos.

Allí estará ubicado el terreno cedido a Racing por parte de la Municipalidad de Avellaneda (Foto: Leandro Adonio Belli)

Mientras la vida política del Rojo se vuelve noticia porque los integrantes de la oposición se sacan selfies en el Libertadores de América cual turistas, luego de reunirse con el oficialismo para vaya uno a saber qué (hace más de un año que esperan por los resultados de la auditoría realizada por Martín Redrado), los vecinos convierten otro gol a sus espaldas. Ese mismo terreno que el Municipio de Avellaneda le cederá a Racing es el que el expresidente Julio Comparada alguna vez resaltó como un “futuro estacionamiento en conjunto entre ambos clubesy un “Paseo de los Campeones” para lucir los títulos y logros de ambas instituciones. Claro que, para ese entonces, el candidato de “Nueva Generación Roja” contaba con el apoyo de la ciudad al tener a su vicepresidente Hugo Barrueco -hombre de peso fuerte en el municipio- dentro de su Comisión Directiva. Se ve que al actual presidente del Honorable Concejo Deliberante de Avellaneda no estuvo, como otros dirigentes, muy al tanto de la gestión iniciada por otro de los clubes del barrio. Como ocurrió alguna vez con el predio Tita Mattiussi, y con una denuncia de Edgardo Knopoff (director de la sede Avellaneda de la Universidad de Buenos Aires) mediante ya que parte de esos terrenos habían sido cedidos por el exintendente Baldomero Álvarez -otro reconocido hincha de Independiente- para la UBA, Racing se queda con otra importante porción de la ciudad.

El acto de cesión se realizará el próximo sábado 17 de octubre y, a partir de esa fecha, Racing ya podrá tomar posesión de los mismos. Y un detalle no menor: como la actual calle Diego Milito forma parte de los terrenos cedidos a los vecinos, dejará de estar habilitada para circular. Por tanto, la Academia acordó con el Municipio que parte de la calle José Omar Pastoriza pase a renombrarse Diego Milito a partir de ese día. No está demás decir que la gestión fue realizada no solo por dirigentes de su actual Comisión Directiva, sino también opositores y hasta periodistas partidarios.

Si bien el propio presidente de Racing admitió que hay varios proyectos que su club tiene en mente para el lugar (como una nueva sede, un Polideportivo o la extensión de la playa de estacionamiento de su estadio), la realidad es que no queda más que lamentarse por la sensación creciente de abandono político que sentimos los hinchas del Rojo. Seguramente sea muy difícil estar en la misa y en la procesión pero hay batallas perdidas, como esta, en las que la política de un club tan glorioso e influyente en la ciudad como lo es Independiente no debería mirar para otro lado. Debería actuar. Unirse y actuar, por el bien de la institución. Porque, después de todo, camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.

¿Cuándo terminan las vacaciones?

Independiente vive un delicado momento económico en un año plagado de demandas ante FIFA por falta de pagos, tanto a otros clubes como a jugadores que pasaron por la institución.

Por si esto fuera poco, en lo que va de 2020, la Comisión Directiva del Rojo no contrató ningún refuerzo. El ciclo Lucas Pusineri tuvo múltiples bajas y ninguna alta, algo que no le pasó a ninguno de los técnicos que tuvo el ciclo Moyano desde 2014 y que incluso, hay que repasar mucho archivo para encontrar un caso semejante en los últimos 30 años.

¿Dónde están los dirigentes? ¿Dónde está la ingeniería para conseguir refuerzos? Es injusto para Pusineri, que es cierto, aceptó lo que fuera con tal de dirigir a Independiente. Pero, ¿ningún jugador en dos mercados de pases? ¿Qué hacen los dirigentes en ese rubro? ¿Para qué asumió Jorge Burruchaga en el papel de Mánager?

Son preguntas que no tienen certezas más allá de lo que podamos imaginar. Porque lo peor de todo es que mienten diciendo que negocian con tal jugador o lo hacen para la tribuna. ¿Por qué no firmó todavía Ezequiel Muñoz con el que arreglaron todo -por expreso pedido del técnico- y hasta le giraron dinero?

Se entiende que la pandemia afecto claramente la economía del club. Una economía que ya venía herida por los desmanejos de los últimos dos años. Lo que hoy dijo Martín Redrado, que hizo una auditoría en el club, no debería sorprenderle a nadie. Independiente compró mal y vendió peor. Podemos invertir los factores, da igual.

Esta nota no intenta restarle méritos a esta dirigencia que tuvo un primer gran mandato. El tema es que en el segundo hizo casi todo mal. ¿Tienen tiempo de revertirlo? Es posible. Pero tienen que dejar la pasividad de lado y ponerle el pecho al momento del club en el contexto que vive.

Y también, tienen que dejar de darle razones a Pusineri para que se vaya dando un portazo porque sino, además de refuerzos, van a tener que traer otro técnico, que también pedirá jugadores.

La vuelta del fútbol en Argentina está a la vuelta de la esquina. Y el horizonte en Sudamerica dice que Independiente deberá jugar el 27 de octubre con rival a definir. Entonces, a armar el equipo que les pide el técnico más permisivo -en ese rubro- de los últimos tiempos. De lo contrario, sincérense y digan que no pueden contratar a nadie.

A dejar las vacaciones y a dedicarse a Independiente, de lo contrario, ya saben lo que tienen que hacer.

Dos Chinos

Hace exactamente dos años, estábamos festejando la Suruga Bank, la decimoctava copa internacional para nuestras gloriosas vitrinas.

Pero no celebrábamos solamente eso; seguíamos confirmando lo que gritamos y lloramos en el Maracaná. Que el Rey volvía a ser, después de todo lo que nos había tocado sufrir. Qué tenía un equipo que le hacía frente a cualquiera, peleando la Libertadores y dando una vuelta olímpica en Japón. Con ventas millonarias de jugadores queridos y profesionales que nos habían representado en el Mundial semanas antes.

Ese mismo delantero que nos hizo gritar el gol del título, hoy se debate entre quedarse a ponerle el pecho al club o irse a Boca por dos mangos (para el Rojo). Y la culpa de que pase esto no la tiene ni Romero, o Riquelme, Pusineri, ni mucho menos Russo. Si los dirigentes hubiesen hecho medianamente bien las cosas, el Chino ni pensaría en esta opción, y a los de la Ribera ni se les cruzaría ofertar los millones que tendrían que poner por el goleador del torneo pasado, para sacarlo de un club grande donde es capitán y referente.

Pero acá estamos, dos años después… Con muchísimas malas decisiones en el medio, mezclados con mala suerte e imponderables del fútbol, con este Independiente que vuelve a ser, si, pero el de los problemas.

Porque si hoy hay dos Chinos, es porque antes hubo dos Independientes.

La delgada línea Roja

Como la famosa gota que rebalsa los vasos, en muchísimos acontecimientos hay hechos que nos hacen cruzar una línea para situarnos en otro lado, como cuando con el afán de reírnos un rato, damos saltitos en una frontera al lado del mojón que indica el límite entre dos países.

Con cada hecho que genera grieta, lo que conviene hacer es tomar los fundamentos de cada lado, buscar hechos irrefutables y realizar un análisis tratando de ser lo más objetivo posible. Siempre teniendo en cuenta que la objetividad total no existe, porque todos estamos influenciados por muchísimas variables a la hora de reflexionar. Y también que no somos dueños de ninguna verdad, de hecho gran parte de las cosas que analizamos tienen más de una.

En el conflicto de los jugadores con los dirigentes, a pesar de que nos falta información y detalles de como sucedieron algunas cosas, tenemos las versiones de ambos lados en la mayoría de los casos. Y con eso, más todos los hechos irrefutables con los que contamos, en mi opinión Gastón Silva cruzó una línea, o me la hizo cruzar a mi.

Y esto no significa que en el conflicto me estoy poniendo del lado de los dirigentes, lejos de eso. Como periodista, y como hincha, siempre me ubico donde me pone el lema que dice que el escudo está por encima de todo. La decisión que tomó el uruguayo, de declararse libre, lo enfrenta a Independiente, y no solamente a esta dirigencia. Porque es patrimonio de la institución, por más que nos guste o no como juegue y de cuanto nos preocupe su futuro profesional.

El defensor, como sus compañeros de plantel, tiene todo el derecho del mundo en reclamar los sueldos atrasados. Y estos dirigentes, que encima son los que los firmaron (porque a veces la excusa de heredar algunos contratos puede ser válida), tienen la obligación de cumplir lo pactado. Esto es irrefutable, aunque nos cueste al resto de los trabajadores entender que los futbolistas son laburantes como cualquier otro, por más que ganen muchísimo más o estén en un lugar soñado por los que somos hinchas.

Pero así como esto es cierto, también es verdad que a muchos jugadores les cuesta entender que están en una situación de privilegio con respecto al 95% del resto de los trabajadores. Y esto, siempre hablando de profesionales de un club grande, los obliga al menos moralmente a no tomar ciertas decisiones.

Y pedir la libertad de acción en un receso es tomar esa decisión, es cruzar una línea. Por más que la culpa de todo este conflicto es de la dirigencia y que encima cada vez que habla alguno de los tres que maneja el club, lo único que logra es generar más problemas. Sobre todo cuando se están realizando pagos para disminuir las deudas, encima en este contexto mundial, que si bien no sirve de excusa, claramente no es favorable para los clubes. Más cuando viene de parte de un jugador que siempre mostró fuera de la cancha un exagerado sentido de pertenencia, algo que se ve que ahora no le influye en absoluto.

Gran parte de los integrantes del plantel sabe que los dirigentes les mintieron, como hicieron con los hinchas. Reclamaron como corresponde que les cumplan lo que pactaron y también tienen claro que su futuro inmediato está lejos de Avellaneda. Pero optan por una salida más consensuada, que no perjudique el patrimonio de la institución, ni dañe el sentimiento de los hinchas.

Gastón Silva decidió otra cosa, generando una salida anormal, como la que alguna vez lo trajo al plantel de Holan. Y en su conflicto con los dirigentes, optó ponerse en contra de Independiente, cruzando esa línea. Que cada vez está más roja y delgada.

El deseo

Hace ocho años, al cumplirse una década del gol más importante de su vida, en Orgullo Rojo tuvimos el honor de recrearlo junto a él. Luego de varios intentos fallidos y ante la atenta mirada de los que intentábamos emular a Rivas y el Pato Abbondanzieri, se elevó y cabeceó de la misma manera que ese día, pero la pelota dio en el palo y salió. Mientras todos los testigos nos quejábamos de la burla que nos había hecho el balón, él sonrió y mirando a la cámara dijo: “Las cosas se dan solo una vez en la vida”.

Esa famosa frase que reza que una crisis es una oportunidad, por más que suene conformista, naif, o hasta boba, no deja de ser cierta. Así como hay gente que absorbe las presiones con más facilidad que otras, también las adversidades generan diferentes reacciones, según quien las reciba.

En ese momento algunos maldicen su suerte y no pueden salir de la negatividad, y otros que por el contrario, tiran para adelante con optimismo y se mueven buscando una salida. Algo que muchas veces encuentran, incluso hasta mejorando lo que había al momento de iniciarse la crisis, dándole fundamento a la famosa frase.

Lucas Pusineri demostró durante toda su carrera ser de estos últimos, los hinchas de Independiente lo sabemos muy bien.

Esta nota no busca amenizar el desastre económico con tintes de mamarracho que hizo esta gestión desde enero del 2018 a esta parte, tampoco trata de inyectar vanas esperanzas en medio del enojo que tenemos los hinchas. Simplemente expresa un deseo, el del técnico que hoy cumple años, que es el mismo de todos los que amamos a esta institución, a estos colores.

Independiente tambalea, con un plantel que hace rato olvidó lo que es jugar bien y obtener resultados positivos. La relación de la mayoría de los jugadores titulares con los dirigentes está rota y no dejan de llover las malas noticias. Gran parte de los profesionales tienen un pie afuera del club, otros los dos. Y varios de los que aún tienen ambos en Avellaneda, no esperan otra cosa que irse.

El entrenador Rojo, lejos de maldecir haber firmado meses antes de todo esto, ve en el actual contexto una oportunidad, su oportunidad. Una chance que colegas suyos tuvieron en contadas ocasiones, con mucho para ganar y poco para perder.

Tiene tiempo de armar un equipo con aquellos que se queden, los pibes del club y algún que otro refuerzo, de esos que les tienta más la gloria que el dinero. Sabe que nadie lo culpará si no se dan los resultados, porque entre su espalda y todos los problemas que hereda sería ridículo hacerlo. ¿Cuántos entrenadores tienen esta oportunidad?

¿Y si este parate empareja a todos? ¿Y si encuentra un equipo y saca una positiva cosecha de puntos sin la presión del promedio? ¿Y si mantiene su cargo de cara a los próximos mercados de pases cercanos a las elecciones?

Sabe que si varias de estas preguntas se le dan a favor y logra refundar futbolísticamente a este club gigante, quedará como un héroe. Como Holan en el 2017, aunque luego insólitamente tiró todo por la borda. Y como él en el 2002, que cuando las papas quemaban, con la ayuda de un referente que ama al club y fue al frente, sumado a un pibe que le mandó un centro, se elevó más que todos y nos devolvió la vida.

Feliz cumpleaños Lucas, que se te cumpla el deseo. Porque queremos verte nuevamente gritando un gol hasta el calambre, mientras lloramos de felicidad. Porque, quien te dice, quizá en tu vida las cosas se den más de una vez.

Más verdes que nunca

Si las declaraciones que realizó el Presidente cuando llegó al estadio llamaron la atención por la falta de autocrítica, las que dejó a la salida parecen sacadas de un sketch cómico, aunque lamentablemente causen todo lo contrario en los hinchas. A los 4 gansos que lo insultan, según su propia calificación, y a los otros millones que ven como dispara un exabrupto tras otro antes de subir a un vehículo en el playón de la Erico.

Tristemente no sorprenden los dichos del máximo mandatario Rojo, porque así se ha manejado siempre. Y eso lo ayudó, en otros contextos, a convertirse en una de las personas más poderosas del país y a conducir un sindicato con mucha firmeza, siendo querido y aclamado por millones de trabajadores.

Pero Independiente es un club con socios e hinchas, no un sindicato con afiliados. Y es menester que los tres dirigentes que manejan la institución entiendan la diferencia, porque aún les quedan casi dos años de mandato y el club está sin rumbo hace rato.

Desde que llegaron gobernaron y administraron al Rojo como lo hacen en Camioneros. Y si bien siempre se notó, pasaba a ser un dato menor cuando los destinos de Independiente estaban bien rumbeados. Porque seamos honestos, cuando contrataban buenos jugadores y conseguían sponsors, la molestia por firmar los contratos en la Sede sindical y no en la de la av. Mitre, pasaba desapercibida. Más aún si era para reforzar un plantel heredado mediocre y un estadio recibido a medio hacer y con una obra paralizada.

Pero son otros tiempos, en los que si bien no hay que olvidar lo que pasó antes de la llegada de los Moyano, ya no sirve como excusa para tapar sus errores. Sabemos perfectamente como estaba Independiente y lo importante que ha sido este gobierno para reconstruir ediliciamente al club.

El problema pasa porque somos también perfectamente conscientes de como estaba el club el 14 de diciembre de 2017, día en el que nos levantamos con resaca de gloria. Campeones, disfrutando hasta las lágrimas de un equipo que nos representaba honrando nuestra historia, con jugadores que valían mucho en todo sentido. Varios de ellos, hasta disputarían un Mundial meses después.

Y a partir de esa fecha, casi todo se hizo mal y nunca se hicieron cargo. Y no fue Macri el que gastó millones y millones (o se comprometió a pagar y no lo hizo, que es peor) en jugadores mediocres, ni fue un empresario del Grupo Clarín el que regaló jugadores queridos que rendían. No es un periodista partidario el que habla de una Secretaría Técnica luego de una derrota para desestimarla tras un triunfo. Tampoco es un integrante de una agrupación opositora el que dijo que iba a traer refuerzos para después decir que no hacían falta, para luego de perder con River en enero volver a hablar de negociaciones y tras la goleada con Central decir que tenemos plantel suficiente. Y definitivamente no es un twitero el que se contradice varias veces en pocos días, el que dijo que en diciembre pasado empezarían las buenas noticias, o hace que dirigentes digan cosas contrarias con horas de diferencia (encima son tres), demostrando que manejan al club a los tumbos y según lo que vaya pasando.

Señor Presidente, con todo respeto, lamento que haya estado preso en la dictadura tres veces, como dijo anoche. Y no pongo en duda y hasta me alegro de que tenga mucho aguante y no se achique ante nada. Todo eso quizá le pueda ser muy útil en un sindicato, usted lo sabrá mejor que nadie.

Pero son cosas totalmente irrelevantes en este momento de Independiente, que tiene un plantel corto que juega mal y está pidiendo a gritos junto con el entrenador que no se les vaya más nadie. También a cuatro gansos insultando y a muchos millones más, preocupados legítimamente por la actualidad de un club que está a la deriva y necesita dirigentes de fútbol.

Por favor, háganse cargo de los errores y maduren, porque están más verdes que nunca.

¿En qué momento se jodió Independiente?

El siguiente texto fue compartido por el autor en un chat privado de un grupo de amigos hinchas de Independiente

¿En qué momento se jodió Independiente? No puedo evitar que la pregunta adopte, en mi cabeza, la misma forma que propone Mario Vargas Llosa en una gran novela cuando uno de sus protagonistas se pregunta “¿En qué momento se jodió el Perú, Zabalita?”

La estructura de la pregunta es, creo, inmejorable para lo que ese personaje siente y piensa en ese momento. Es una pregunta hecha desde el desconsuelo, desde la melancolía pero, sobre todo, desde la constatación de que en algún momento del pasado nos extraviamos, nos perdimos, equivocamos el camino y terminamos en el sitio equivocado o, al menos, en un sitio muy distinto al que queríamos ir, pensábamos ir o, por qué no, merecíamos ir.

¿En qué momento se jodió Independiente?

Es una pregunta que me hago mucho, por no decir siempre. Es una pregunta que me callo. Como mucho la dejo salir cuando conversamos con mi hijo sobre el club, en algún momento de particular tristeza.

Desde hace unos cuantos años no hablo públicamente de Independiente. Me limito a expresarme en la confianza de un círculo de amigos, o en una conversación íntima con mis hijos, o en el anonimato de la tribuna, donde lo que uno dice se mezcla con lo que dicen los demás, y uno solo escucha a los cinco, siete o doce que tiene más cerca.

Son varias las razones que me han recomendado hacer silencio. La principal, me parece, es el deseo de no discutir con gente que ama al mismo club que yo. Mejor dicho, no quiero pelear, con gente que ama al mismo club que yo. Es verdad que no toda discusión se transforma en una pelea. Pero una discusión en la que uno no consigue ponerse de acuerdo lleva implícito un alto riesgo de terminar en un nivel mayor de incomprensión que el que existía al principio. Una complicación adicional es, me parece, el morbo ajeno. Una de las cosas que me enseñó mi papá cuando era chico es que hay que tratar de no darle “pasto a las fieras”, porque es peor. Tardé en entender a qué se refería mi papá. Sobre todo porque me costaba imaginarme a las fieras comiendo pasto. Pero al final creo que lo comprendí: Si te asustan, es peor que te vean asustado. Si se burlan, es peor que te vean fuera de tus casillas. Si te lastiman, es peor que te vean llorando. Porque tu miedo, tu enojo y tus lágrimas son lo que buscan los que te atacan. Por eso es mejor que no lo obtengan. O que no se enteren de que lo obtuvieron.

De hecho, ya es todo un motivo de alarma pensar qué pasa si este texto cae en manos de gente que odia a Independiente, y que disfruta con nuestro desasosiego. Supongo que la única precaución posible es no perder los estribos. Tampoco redactarlo “para ellos”, en el sentido de querer dar a entender que “acá no pasa nada”. Sí pasa. Pasa mucho. Y por eso esta vez, además de pensarlo, lo escribo.

Pero lo escribo para nosotros. Los que amamos a Independiente. Que los de afuera sean de palo. Pero como es para los de adentro, y los de adentro somos muy distintos entre nosotros, y no vemos lo mismo, ni pensamos lo mismo, ni vemos las mismas soluciones, voy a tratar de hablar sólo de cosas que puedan representarnos a todos. Es difícil. Porque lo que tenemos en común es lo que sentimos. No lo que pensamos. Sentimos un amor enorme por Independiente. Pero en lo que pensamos no estamos de acuerdo en casi nada. Y no está ni bien ni mal. Supongo que es inevitable. Nuestros corazones laten igual. Pero nuestras cabezas piensan distinto.

¿En qué momento se jodió Independiente?

Creo que ni siquiera esa pregunta la vamos a contestar todos de la misma manera. Es más, tal vez a una parte de nosotros le parezca que no, que Independiente todavía no se jodió. Yo, con todo respeto, creo que sí nos jodimos. Que en algún momento extraviamos el camino. Y que estamos en un lugar muy distinto al que quisimos, deseamos, y merecimos.

Les comparto algo, que no sé si es propio de mi generación o de mi casa. Yo soy de Independiente porque ese amor enorme, ese amor infinito, me lo dio mi papá. Pero no sólo me dio la dimensión de ese amor. También me dio la forma. El estilo de cómo querer a Independiente lo aprendí de él. Y ¿saben qué? En ese amor por el Rojo la rivalidad con Racing no era una cuestión central. Tengan en cuenta que yo empecé a mirar fútbol, con él, en los años 70. Y los grandes rivales que mi papá me puso sobre la mesa eran River y Boca, en la Argentina, y los brasileños y los uruguayos en la Copa. Por supuesto que me enseñó que nuestro clásico era Racing. Pero la vara del desafío era dirimir con los otros dos gigantes de la Argentina, y los gigantes del vecino gigante, cuál era el sitio de Independiente. ¿Y saben por qué lo traigo a colación? Porque me parece que en los últimos años hemos achicado nuestros horizontes. No pretendo echarle tierra a los vecinos. No es mi estilo, ni mi intención. Estoy hablando de otra cosa. Lo pongo en estos términos. Creo que Independiente se empezó a joder, entre otros momentos, cuando empezamos a conformarnos con “salvar el año” ganándole a Racing. Y cuando los cánticos de la hinchada (podríamos ponernos a hablar del daño que nos ha hecho la cultura del “aguante”, pero se me iría demasiado largo el texto) empezaron a tomarlos como manida referencia perpetua.

Me detengo acá, con cierta precaución. ¿Me dio lo mismo que el papelón de este domingo de febrero lo hayamos hecho frente a Racing que frente a otro equipo? Por supuesto que no. Por supuesto que siempre quiero ganar el clásico, y que me encanta llevarles un montón de partidos en el historial y bla-bla-bla. Pero estoy -intento estar- hablando de otra cosa.

Creo que ponernos a la altura de Racing fue una conducta defensiva. Cuando nos empezamos a joder, cuando nos seguimos jodiendo, cuando nos jodimos del todo, esos rivales que mi papá me señalaba empezaron a escapársenos. Nuestros pergaminos empezaron a amarillear. Nuestras estadísticas a torcerse. Con nuestros logros y nuestros rivales cada vez más lejos, empezamos a mirar a dos cuadras como para seguir sintiéndonos mejores. ¿Está bien? ¿Está mal? No tengo ninguna autoridad para decidirlo.

Pero pensemos cómo trabaja ahora nuestra cabeza. Supongamos que ayer el equipo hacía gala de un mínimo de fútbol y de hombría y ganaba el partido, por simple peso numérico. La alegría, las cargadas, la paternidad, tendrían la virtud de distraernos. Distraernos de lo que todos sabemos: que ni futbolística ni institucionalmente estamos en buenas condiciones, ni siquiera en regulares condiciones.

No creo que esté mal que nos alegremos cuando ganamos los clásicos. Creo que está mal que nos conformemos con eso. Que esa alegría barrial nos tape nuestra decadencia nacional y continental. Que esos sí eran nuestros merecidos marcos de referencia.

Me leo y me mando en cana solo. Evoco nuestras imágenes de ayer y me parece absolutamente imposible remontar la cuesta, encontrar el camino, retomar la senda en el lugar en el que nos jodimos. Somos un desastre y un equipo apenas correcto nos gana con nueve jugadores, además del morbo consiguiente y subsiguiente. ¿Y en medio de semejante papelón yo vengo a decir que tenemos que tener claro que nuestro desafío es pelear el podio con River y con Boca, y con los brasileños en el continente? Sí. Vengo a decir eso.

No sé si podremos hacerlo. Ni sé cuál es el camino para conseguirlo. Pero hay un camino que estoy seguro que es el equivocado: tomar como expectativa esa estupidez chiquita chiquita de que “en el barrio mando yo”. Y repito: no es que no me guste mandar en el barrio. Pero tengo que disputar el liderazgo en el país, no en el barrio.

¿En qué momento se jodió Independiente?

Me permito ensayar una respuesta que me viene con forma de cantito de cancha. Una que se cantaba mucho en los 90, con la música de Tuta-tuta de los Decadentes. “Ya tenemos quince copas, todos los años damos la vuelta”. Seguro que unos cuantos se la acuerdan.

Era cierto. O casi, porque los cantitos siempre exageran un poco. Se cantaba bastante en el 94, en el 95, cuando metimos unos cuantos títulos juntos. Claro, nos sentíamos reconfortados porque no pegábamos consagración desde el del equipo de Solari, en el 88-89. Y claro, habían pasado 5 años de sequía. Y cinco años nos parecían un montón. Y eran un montón.

¿En qué momento se jodió Independiente?

Mi respuesta personal, y por lo tanto incompleta, parcial y probablemente inexacta, es que fue a mediados de los 90. Precisamente después de esa última racha de títulos hechos con nuestro ADN. Precisamente en una época en que los parámetros económicos del fútbol empezaron a cambiar mucho. Pero no quiero aburrirlos más de lo que ya debo haberlos aburrido, aventurando hipótesis. En todo caso, si nos cruzamos en una vereda, o en una tribuna, o en un asado, la seguimos.

¿En qué momento se jodió Independiente?

Vuelvo a mi papá. Espero que sepan disculpar. Ese que me leía los diarios cuando hablaban del Rojo. Me acuerdo de una nota que me leyó alborozado, una vez, en plena década del 70. No hablaba de Bochini, ni de Bertoni, ni del Chivo, ni de Pastoriza. ¿Saben cuál era el titular? “Independiente es un banco”. Suena poco heroico, ¿no? Era un reportaje a un jugador. No me acuerdo a quién. Ni siquiera sé si era famoso. Pero comentaba que jugar en Independiente era tratar con el club más serio de la Argentina. Por eso, en una época en la que la clase media todavía confiaba en el progreso, y en ahorrar, veía que un banco era un lugar bueno y prestigioso. Mi papá me explicó lo que significaba. “Mirá, tipito, dice eso porque tenemos muy buenos dirigentes. Son honrados, y cuidan mucho la plata del club. Y por eso todos quieren venir a jugar a Independiente.”

Ahí lo entendí. Y asumí, porque me lo estaba explicando mi papá, que tener dirigentes honestos e inteligentes era tan importante como tener al Bocha y tener a Bertoni (mis ídolos absolutos, de más está recordárselo).

¿En qué momento se jodió Independiente?

Yo creo que cuando dejamos de tener esos dirigentes. Cuando dejamos de ser ese banco donde se cuidaba cada peso, y cada peso que se gastaba se rendía, y cada peso que se gastaba se hacía valer.

¿Existen, entre los millones de hinchas y los miles y miles de socias y socios de Independiente gente capacitada como para emular a esos dirigentes? Tienen que existir. Somos tantos que tiene que haber gente así de inteligente, y así de honrada. Y necesitamos las dos cosas. Urgentemente, las necesitamos. Es un club tan grande que no nos alcanza con una sola de las dos condiciones.

Me encantaría poder decirles “yo confío en tal persona” o “confío en tal otra”, para tratar de sacarla del anonimato. Pero no las conozco. Y además, votando dirigentes no soy ninguna maravilla, se los aseguro. Voté, convencido, a Comparada. Voté, convencido, a Cantero. No voté a Moyano, pero con mis anteriores “decisiones” creo que les muestro que no tengo ni idea. Pero tiene que haber. Tienen que aparecer. Y como para evitar cualquier suspicacia: jamás me atrevería a postularme para ningún cargo en Independiente. No tendría ni idea de lo que hay que hacer. Y necesitamos personas que sí sepan. Imperiosamente las necesitamos.

¿En qué momento se jodió Independiente?

No lo sé. Y es posible que sus respuestas difieran de las mías. Y también sus posibles soluciones. Pero aunque me duela hablarlo entre nosotros, y aunque me de vergüenza que este monólogo termine ofreciendo un festín a quienes disfrutan nuestras tristezas, lo quería compartir con ustedes, diablos y diablas.

Somos enormes. Pero estamos jodidos.

Tenemos una historia fenomenal y centenaria. Pero estamos jodidos.

Espero no haber ofendido a ningún hincha de bien con este largo texto. Si lo hice, disculpas desde ya. Cada vez que uno dice algo corre ese riesgo. Y por eso no hablo. Para no ofender a nadie. Ni a pacientes ni a impacientes, ni a viejos ni a jóvenes, ni a aplaudidores ni a estrictos, ni a optimistas ni a melancólicos.

Lo que tenemos en común es un enorme, gigantesco y desinteresado amor por el Club Atlético Independiente. Pero con el amor no alcanza para volver a ponernos de pie. Y ojo, que no nos derribó un partido pésimo jugado sin carácter y perdido de manera humillante contra tu rival clásico. Hace mucho, hace años, que estamos extraviados. Y seguiremos jodidos hasta que no encontremos esas personas capaces de conducir al orgullo nacional.

Sería lindo encontrar alguna frase rotunda para cerrar este texto de manera optimista, emotiva, profunda o vaya a saber qué. Sería lindo, pero no creo que sea momento de frases emotivas, ni profundas, ni mucho menos optimistas. Estamos jodidos desde hace años. Y nadie va a sacarnos de acá. Salvo nosotros.

Abrazo rojo.

Eduardo Sacheri

¿Qué hacemos?

No hay ninguna duda de que el domingo fue un punto de inflexión en el pasado reciente y la actualidad del club. No fue un partido, ni un clásico, tampoco una derrota más. Porque se puede perder, es una de las tres opciones que tiene siempre este hermoso deporte. Más con un rival al que el club le saca ahora 22 partidos en el historial. El tema es el como, no el que.

Si todavía sentimos vergüenza, tristeza y bronca no es por el resultado en si, sino porque así no se puede perder nunca. Lo del domingo fue un papelón histórico, hay que decirlo y hacerse cargo. Y lo que es peor, fue la confirmación futbolística en este nuevo año (el 2019 ya había sido un desastre), de que la dirigencia hizo todo mal desde el Maracaná en adelante.

Y toda esa mezcla de sensaciones, nos llevan a debatir desde el comienzo de la semana que hacer mañana, cuando se dispute el primer partido ante Fortaleza por la Copa Sudamericana.

¿No ir como modo de protesta? ¿Ir a reprobar a los dirigentes y jugadores por igual? ¿Hacerlo todo el tiempo o solo después del partido? ¿Ir solamente a alentar a pesar de lo que ocurrió? Estas son solo algunas de las preguntas que surgen desde el lunes entre los hinchas.

Lo primero que hay que aclarar es que las cuestiones personales, como la economía y como vive el fútbol cada uno, o lo que piense acerca de lo que realizaron y cuanta culpa tienen dirigentes y jugadores, no es materia opinable. Nadie es quien para decidir por el otro ni poner como una verdad absoluta lo que cree que hay que hacer.

Una vez aclarado esto, mi opinión, como todo lo que hago en esta web y como hincha, está basada en la premisa principal, que es el club siempre por encima de todo y todos. La bronca que tengamos, las ganas de manifestarla, ni la manera que elegimos para hacerlo, es más importante que Independiente.

Cada uno por supuesto es libre de decidir si puede y quiere o no ir, aclarando que el de mañana es un encuentro en el que casi todos (abonados no) los hinchas deben pagar entrada, además del costo que conlleva siempre ir a la cancha. Una vez en el Libertadores, también cada hincha tiene la libertad de manifestar o no su enojo y contra quienes hacerlo.

Lo que si puede entrar en debate, siempre en mi opinión, es en que momento hacerlo. Al menos en cuanto a los jugadores, ya que los dirigentes no enfrentan a Fortaleza. Independiente tiene que disputar el partido de ida por la llave de un torneo internacional y hay que ganarlo. Nos guste o no, este plantel es el que representa los colores que amamos mañana por la noche.

¿Una reprobación generalizada puede mermar el rendimiento de los jugadores y por lo tanto perjudicar a Independiente? No es algo que se pueda comprobar, pero suponer que alguien flojo (al menos últimamente) de carácter, que es justamente la razón de la reprobación, se ponga más nervioso y baje el nivel al recibir insultos, tiene bastante lógica. Y pensar que eso atenta contra las posibilidades que tiene el club de lograr el mejor resultado posible también.

“El jueves vamos a ir a putear y comernos entre nosotros cuando por ahí el silencio sería la más cruda realidad” declaró el siempre sabio Ruso Verea en Orgullo Rojo Radio. Esa es una postura que se sitúa del otro lado de los que creen que mañana hay que demostrar el enojo antes, durante y después del encuentro y que piensan que el silencio o la indiferencia es hacer que los culpables de lo que pasó “la saquen barata”.

Teniendo en cuenta todo esto, y volviendo a aclarar que nadie es dueño de la verdad en este tema, me inclino a pensar en que lo ideal sería manifestarse antes y después del partido, salga como salga, pero alentar por los colores los 90 minutos en los que este en juego la suerte de Independiente en este nuevo torneo que comienza.

¿Vos que opinás? ¿Qué hacemos?

Vergüenza nacional

Independiente perdió una nueva edición del clásico de Avellaneda de una manera insólita; difícilmente se repita un contexto igual o similiar. Son de esas derrotas que duelen de verdad, que causan una sensacion de tristeza e indignación al mismo tiempo, una de esas que dan vergüenza ajena.

Los dirigidos por Lucas Pusineri tenían todo para ganar y seguir por la senda ascendente, pero la apatía y las carencias futbolísticas de muchos jugadores que hoy visten está gloriosa camiseta – aún estando en superioridad numérica un tiempo entero – quedaron expuestas de una manera insoslayable e imperdonable. 

Con 10 jugadores, Racing reafirmó lo que había hecho con 11: ser protagonista e ir en busca del partido con convicción. Con 9 y sin nada que perder fue tenaz, aguantó con jugadores extenuados y perserveró hasta conseguir el gol – si bien hubo una mano de Cvitanich, imperceptible al ojo del árbitro, llamémonos a silencio -.

Independiente, en cambio, no tuvo frialdad, ni templanza para abril la cancha y buscar los espacios. Para ser honesto, este equipo no tiene nada positivo. Con dos hombres de más, buscó: centros al boleo, jugadas individuales y remates al arco desde afuera del área. Son preofesionales e hicieron algo que te enseñan a no hacer desde las infantiles cuándo tenés ventaja numérica. En rueda de prensa, Lucas Pusineri se sinceró: “nunca nos dimos cuenta que teníamos un hombre de más”. Una derrota imperdonable por dónde se lo mire.


Un fracaso del que todos y cada uno de los que hacemos Independiente somos parte. Si, los socios e hinchas también se llevan su grado de responsabilidad en este momento. El simpatizante del Rojo se racinguizó hace mucho tiempo. Me tocó estar en el Libertadores de América ante River y ver a gente aplaudir a los jugadores después de la derrota, escuchar aplausos cuando Alexander Barboza fue expulsado, sentir el shh… cuando alguna persona mostraba su descontento con algunos futbolistas, con el equipo o con la propia Comisión Directiva. Los que tenemos menos de 30 años, nos ha tocado vivir lo peor de Independiente; la mala de verdad. Pero esto de la cultura del aguante no es lo que me enseñó mi viejo; acá se exige compromiso, actitud y fútbol. Lo demás es mediocridad y eso no lo quiero para mi escudo. Esta institución es inmensa, dense cuenta antes que vuelva a ser tarde y nos lamentemos nuevamente. 


Independiente se hunde en un mar sin fondo. Crisis futbolística y deportiva; con dirigentes que se preocupan más por la política sindical – nunca están en Mitre 470, ni en Villa Domínico, ni en el Libertadores de América – o en su queridísimo Camioneros. Egocéntricos y soberbios, encerrados en un mundo irreal dónde miran despectivos desde arriba y ante las primeras críticas de socios e hinchas esbozan algunos comentarios como “boludos hay en todos lados” y/o “ahora son todos hinchas del futsal”. Deudas salariales, casos presentados en FIFA por incumplimiento de pagos millonarios, ningún refuerzo para Pusineri contemplando que la reanudación de la Superliga era con los equipos más importantes del país. Una gestión pésima. Háganse cargo de este desastre y quitensé la vanidad que llevan dentro solo por una Copa Sudamericana y un trofeo que no le importa a nadie como la Suruga Bank. Lean un poquito la historia de este club. 


Será difícil reponerse de este simbronazo vergonzoso. La bronca perdurará y la herida no sanará por mucho tiempo. 
Están matando a Independiente… 

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