¿Hasta cuándo, Independiente?

Muchas preguntas. Pocas respuestas y soluciones para escribir en estos momentos. Pero me es inevitable, en parte.

Duele. Y mucho. ¿Qué pasó? ¿En qué momento? ¿Todo tan pasajero, efímero y fugaz? Como para trazar una línea espacio-tiempo, hace exactamente dos años Independiente estaba volviendo de Asunción luego de haber goleado 4-1 a Nacional por la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana, en uno de los partidos más apabullantes de la era Holan.

Un fútbol vistoso, vertiginoso, del estereotipo del hincha. Semanas más tarde, Barco sacudía esas temidas e intimidantes redes de esos típicos arcos brasileños, y enmudecía el Maracaná. Sentíamos, aunque sea por un cortísimo lapso, lo que nuestros papás o abuelos vivieron y nos contaron a las generaciones más actuales.

Todo lo posterior, ya es historia conocida y no es el foco de discusión ahora.En estos momentos, las respuestas pueden variar. Pero el resultado y el destino es siempre el mismo. Como hace ya años (décadas), Independiente viene haciendo las cosas mal. Y cuando hacés las cosas mal, reponerse nuevamente lleva mucho tiempo. En otras palabras, se necesita proyectar. De un día para otro es prácticamente imposible que las cosas cambien tan radicalmente. Pero cuando ese cambio es visible, no se puede romper nuevamente en un abrir y cerrar de ojos. Porque es muy fácil destruir y muy difícil construir. Malas gestiones, prioridades equivocadas, negociados, erróneas decisiones y resultados a la legua. Un combo explosivo que el tiempo, en algún momento, saca los trapos a la luz.

A pesar de venir teniendo un semestre tan malo como irregular, había conseguido por primera vez acceder a los cuartos de final de la Copa Argentina y tenía la increíble posibilidad de poder acceder a la semifinal de dicha competencia. Tan utópico como real. Pero no. Volvió a decepcionar al hincha, que copó el Estadio Marcelo Bielsa en un día y horario laboral, volvió a jugar mal y quedó eliminado frente a Lanús sin pena ni gloria. Era la única competencia que le permitía jugar la próxima edición de Copa Libertadores. Con la derrota en Rosario, se esfumó toda chance posible.

Con la desayunada noticia de la renuncia del técnico, hay cosas que no pueden pasar por alto. ¿El DT es culpable? Sí. Probó con todo sistema de juego y jugadores posibles. Nunca le encontró la vuelta a un equipo que no jugó a absolutamente nada en 18 partidos. Decisiones que solo él les encontraba significado alguno. Y cuando tuvo que ser autocrítico, no lo fue. Pero los jugadores son tan responsables como el cuerpo técnico. Y los dirigentes, como cara visible y representantes de este gigante club, más aún.

Esta renuncia no va a solucionar las cosas. Se tiene que encontrar el problema de raíz. En las áreas que hagan falta. La secretaría técnica es una buena iniciativa, la cual debe estar conformada por gente capaz y a la altura, y ser la encargada de designar al nuevo entrenador y los refuerzos de cada mercado de pases. Aunque en este país resulte difícil a veces, proyectar es siempre la mejor forma de tener éxito en algo. Careciendo de esto, todo resultará más complicado. Otro año sin Libertadores. ¿Hasta cuándo?

Basta para todos

No hay manera de justificar este fracaso. Sobrando la Sudamericana, dando lástima en el campeonato local y dejando ir el único objetivo futbolístico que el club tenía en el 2019 no hay palabra que defina mejor este patético proceso pensado a los ponchazos. De una épica consagración en el Maracaná a terminar dando pena en todos los planos (internacionales y locales). Sin jugar bien, perdiendo partidos insólitos. Es un papelón por donde se lo mire.

Desde el plano dirigencial, la política nacional mantiene bien ocupados a los encargados de timonear el barco de Independiente, que está en pleno naufragio desde mucho antes de la salida de Ariel Holan. En lo futbolístico, si bien la entrega ante Lanús no fue pésima como en otros encuentros, el hincha sigue asistiendo a ver un conjunto apático, que no contagia, que no puede convertir goles (ni generar demasiadas ocasiones claras) y que está en manos de un entrenador que no tiene idea alguna del club al que está representando. No es novedad que Beccacece hizo absolutamente todo mal al frente del equipo, nunca se ganó ni el más mínimo reconocimiento de parte de la gente y poco se esforzó para intentar cambiar el pensamiento negativo que se tuvo sobre él. Se acabó. Su ciclo no da para más. Independiente pasará otro año sin jugar la Copa Libertadores, sin pelear un campeonato local. Sin nada. 

Hace rato que el hincha dijo BASTA. Los silbidos e insultos en la cancha no son casualidad. Pueden decirnos amargos por eso, no nos ofende. En Independiente siempre importó ganar y la manera en la que se debe lograr. Pero ni Beccacece, ni los jugadores -tampoco los dirigentes- parecen tenerlo en cuenta. El Rojo llegó a cuartos de final de la Copa Sudamericana de casualidad. Ocurrió lo mismo en la Copa Argentina. ¿importa? Claro que importa. Porque era bastante lógico suponer que no iba a lograrse una consagración así. Mucho menos aspirar a meterse nuevamente en el único anhelo que mantenía ilusionado al hincha: jugar, por lo menos, la Libertadores (que dicho sea de paso, la jugamos apenas 3 veces en los últimos 20 años). 

Llegó el momento de ponerse el overol y tomar decisiones. Los dirigentes no pueden volver a equivocarse y sortear así el futuro de un club que parecía venir encaminado. Nunca generó una ilusión la llegada de Beccacece, pero nadie esperaba un fracaso tan rotundo como este. Es momento de cambiar de rumbo y pensar en frío. Es momento de decir BASTA, de una vez por todas. Despertate de una vez, Independiente. O mejor dicho, despiértenlo.

Ganar la Libertadores, lo que manda la historia

Sus siete trofeos continentales depositan a Independiente como la institución que, luego de 35 largos años, continúa con su reinado en América -la última conquista fue aquel viernes 27 de julio de 1984 ante Gremio de Porto Alegre-. La eliminación de Boca Jrs. a manos de su eterno rival, River Plate, lo dejó sin chances de alcanzar al conjunto de Avellaneda en cantidad de títulos de esta índole (tiene seis Libertadores). 

Sucede que Independiente, aquel que fue amo y señor de otras épocas a nivel mundial y que supo atribuirse el mote de Rey de Copas, está a años luz de ser una institución comprometida -al menos desde sus decisiones dirigenciales- para dar esos saltos de calidad que se necesitan para alcanzar grande cosas. Y, lamentablemente, a medida que el tiempo continúa su curso las frustraciones incrementan y ese equipo que parecía imbatible en otros tiempos se sumerge aún más en una mediocridad constante. 

En los últimos 20 años, Independiente participó de tan solo 3 ediciones de la Copa Libertadores (2004, 2011 y 2018) Sí, vergonzoso. Aquel prestigio obtenido por las glorias que forjaron la historia de este club en las décadas del 60′, 70′ y 80′, fue absolutamente bastardeado y hoy, para algunos, es una alegría que por un año más el conjunto de Avellaneda prolongará su reinado en el continente. 

En el transcurso de esos 20 años, hubieron equipos que disputaron la Copa Libertadores más veces que el mayor conquistador de América. Entre ellos: San Lorenzo de Almagro y Vélez Sarsfield (11); Estudiantes de La Palta (8); Rosario Central y Newell’s (6); Arsenal de Sarandí y Racing (4). Una clara muestra del deterioro institucional y deportivo de una entidad que a lo largo de su rica historia supo enmudecer al mundo entero con hazañas trascendentales como contra Juventus en Italia, Liverpool en Japón, Gremio y Santos en Brasil, entre otras tantas contiendas memorables. 


“Lo que manda la historia, lo aprendí de pendejo. En el Rojo se exige, me lo dijo mi viejo”, reza una canción pocas veces esbozada por el simpatizante Diablo. Es imperiosamente fundamental que el hincha mantenga latente su idiosincrasia, su estilo, que recupere su “paladar negro” y comprenda que Independiente es muy grande para permanecer paralizado en un pasado que no será beneficioso para el futuro. 
Sean coherentes con la historia de Independiente. Basta de vivir del pasado. Empezemos a pensar seriamente en el futuro de una bendita vez. 

¿Hacia dónde va Independiente?

Aquellos legendarios principios de Independiente: mística, paladar negro, hazañas y esa gloria arraigada que quedarán inmortalizados en las retinas de los hinchas, nada tienen que ver con estos últimos 20 años de incertidumbre futbolística que acecha al “Diablo” de Avellaneda – al margen dejó la epopeya consagración en 2017 que trajo una pizca de felicidad al pueblo independentista -.

Por supuesto que existen responsables. Entre ellos, están los que dejaron al club a orillas de un precipicio lleno de aflicción y desconsuelo; otros que le dieron el empujón final y algunos que, a pesar de la capacidad resolutiva de los primeros años de mandato, mantienen una abrupta falta de compromiso en la gestión deportiva, económica e institucional. 


 ¿Por qué Independiente, desde hace 2 años, padece una especie de acefalía dirigencial?, ¿quién gobierna el día a día del club?, ¿existe realmente un proyecto o es una falacia que le hicieron creer a los socios?, en caso que existiera ese plan ¿de qué se trata?, ¿hacia donde está encaminado?. Estás preguntas, las cuales por el momento no tienen respuesta alguna, son las inquietudes – entre otras tantas – que Independiente arrastra desde hace más de dos décadas y que decantan ineludiblemente en este presente paupérrimo. 


“El fútbol es un deporte simple en el que mientras a algunos les gusta hablar, a mí me encanta ganar”, señaló enfáticamente Fabio Capello, exfutbolista italiano y considerado uno de los entrenadores más prestigiosos de la década de 1990 y 2000.​​ En Independiente todos hablan – bueno, algunos no – repiten una y otra vez ese famoso caballito de batalla  “acuérdense de dónde vivimos” e inflan el pecho por dos logros (Sudamericana 2017 y Suruga Bank) pero nadie conduce, nadie gestiona “mucho ruido y pocas nueces”. Pareciera que no tienen la ambición que necesita un equipo grande para continuar ganando títulos. 


Los argumentos de la debacle deportiva actual son, entre otros, los pésimos mercados de pases; que contemplan las malas incorporaciones de Gaibor, Chávez, Barboza, F. Silva, Burdisso, Verón, Britez, “Burrito” Martínez; el desprendimiento de futbolistas importantes como Gigliotti, Barco, “Torito” Rodríguez, Amorebietta y Albertengo – quienes nunca pudieron ser reemplazados adecuadamente- y la infundada razón para sostener a futbolistas que llegaron a su techo como los casos de Benítez, Blanco y Pizzini. Y así podríamos seguir con una interminable lista hacia atrás. 
Procesos técnicos que no sostuvieron una misma línea filosófica ni tampoco estilos similiares: Pellegrino, Almirón, Milito, Holan y el actual Sebastián Beccacece. Más atrás en el tiempo, con otras gestiones: Troglio, Gallego, Garnero, Mohamed, C. Díaz, Brindisi y De Felippe, entre otros. Independiente es un constante experimento; muchas dudas y pocas certezas. 


La actualidad apremia y la misma tiene pendiendo de un hilo muy delgado Beccacece – continuaría en su cargo, al menos hasta el viernes, día en el que Independiente, en Rosario, se medirá ante Lanús (obtuvo 18 puntos de los últimos 24 en disputa en esta Superliga) por la Copa Argentina -. Dicho certamen es la última ventana a la clasificación a la Copa Libertadores 2020. El futuro no augura un desenlace prometedor ni mucho menos y lo concreto es que hasta el momento tanto dirigentes, técnicos y jugadores lo único que han logrado es desprestigiar y pisotear la historia de esta inmensa institución. 

Háganse cargo, esto es Independiente.

Independiente, demasiado grande

“La única verdad es la realidad”. Frase conocida si las hay para los hinchas de Independiente, que se aplica a la perfección en este momento de crisis futbolística que atraviesa el equipo de un desconocido y caprichoso Sebastián Beccacece. Un entrenador que es un abismo inmenso de aquel que peleó hasta el final la Superliga anterior y consiguió un historico subcampeonato con Defensa y Justicia. 

Enceguecido con su repulsiva idea que no representa ni una milésima la identidad de esta institución, un sistema táctico pésimo, incómodo y una forma de juego amarreta y especuladora. Jugadores que demostraron no dar la talla para defender con la altura está camiseta y siguen estando en la consideración de ser titulares. Mientras tanto, otros importantes, afuera por gustos futbolísticos. Sin dudas, le quedó demasiado grande Independiente. 

En lo que va de su ciclo como tecnico del Rojo, Beccacece disputó 5 cotejos como local (ganó 4 y empató 1); 7 como visitante (ganó 2 y perdió 5) y dos triunfos por Copa Argentina. Claro, quedó afuera de la Copa Sudamericana más accesible -al menos para llegar a la final- de todas las que le tocó jugar al conjunto de Avellaneda. Un fracaso por dónde se lo mire, para alguien que manifestó en su llegada cómo conductor que venía a este club para ganar grandes cosas. 

“Lo único malo del duelo ante Vélez fue el resultado. El desarrollo fue interesante porque no dejamos jugar al rival y tuvimos situaciones”, señaló el DT post derrota con Vélez. A esta altura, el público no sabe que es peor; si la manera en la que juega Independiente o como declaran los protagonistas luego de derrotas tan amplias y contundentes como las de esta mañana.
Independiente volvió a perder, volvió a ser superado ampliamente por el rival, volvió cometer errores infantiles, volvió a ser un equipo que rozó la vergüenza, volvió a ser el equipo de Becaccece. 

Háganse cargo, esto es Independiente. 

Intermitentes

Si hay maneras de sortear una serie y avanzar a la próxima instancia de una competencia internacional, ningún hincha de Independiente (de hecho, de cualquier club) hubiese elegido que esta sea la manera de dejar en el camino a Universidad Católica para seguir luchando por otro título. Pero, limando asperezas e hilando fino, el objetivo final está cumplido y el Rojo está en cuartos de final.


Si tenemos en cuenta las circunstancias esquivas que tuvo el partido, la performance del equipo de Beccacece no fue del todo mala; aunque el primer tiempo fue realmente tenebroso. Arrancó mal con la tempranera lesión de Cecilio, siguió peor con lo complicado que se le hizo al Rojo -por lo menos- tener la pelota durante más de 30 segundos seguidos. Deberíamos hacer un párrafo aparte para el penal que inventó Piero Maza, pero lamentablemente ya nos estamos acostumbrando a este tipo de situaciones adversas con el VAR mediante en torneos de la CONMEBOL. Si algo malo podía pasarle a Independiente, era estar en desventaja antes de los 25´PT y, como ya es noticia conocida, se encontró 0-1 abajo luego del gol de Vides.

A partir de la expulsión de Guillermo De los Santos Independiente empezó a crecer, muy de a poco, en el juego. Tucu Hernández se hizo el conductor de un equipo que todavía no había generado situaciones de gol en más de 30′ de partido. Se ve que en el entretiempo hubo una interesante charla entre los jugadores y el entrenador, porque la actitud del complemento fue marcadamente otra. Comenzó flojo otra vez, pero Benítez levantó su nivel y luego de unos largos minutos de incertidumbre con el VAR nuevamente como protagonista, logró anotar el 1-1 que transmitió la tranquilidad necesaria para el elenco de Avellaneda. El ingreso de Chávez, algo que pedía el partido para disputar la segunda parte, también fue significativo para que el conjunto de Beccacece logre revertir el resultado. Porque el Negro aguantó una pelota de manera soberbia y asistió al Tucu para que convierta el 2-1 parcial -demasiado premio para la actuación del Rojo hasta el momento-.


Sin embargo, con uno más y todo, se terminó sufriendo en demasía. Eso de no saber liquidar los partidos parece haberse extendido desde la Era Holan a la actualidad. Independiente es un equipo que genera pocas chances de gol; y que encima termina sufriendo por no saber aprovecharlas. En este caso, encontró dos tantos, pero pudo haber hecho alguno más para no terminar pidiendo la hora. Es que el grito de Chala y el GOLAZO de Amarilla terminaron poniendo contra las cuerdas al Rey de Copas. ¿Cosas para retocar? Muchas, sobre todo pensando en la próxima serie, que se definirá también en el Olímpico de Atahualpa.

Hernández fue la figura indiscutida, el chileno Silva (ojalá) jugó su último partido con esta camiseta y Martín Campaña, al que le perdonamos todo, no tuvo la mejor de sus noches. Para jugar ante los tocayos de Ecuador, habrá que corregir varias cuestiones. Pero ya habrá tiempo para eso. Tiempo y, claro, otros nombres (Palacios y Romero, seguramente). Hasta entonces, y de forma intermitente, estamos entre los 8 mejores. 

Bautismo aprobado

Comenzar con el pie derecho siempre es óptimo, sobre todo en las condiciones en las que Beccacece llegó a Independiente. No tanto por el entrenador, sino por el contexto general en el que se encuentra inmerso el club desde la ¿conmocionada? salida de Ariel Holan, que todavía genera algo de nostalgia en algunos y una sensación de ‘alivio’ en otros por lo culminado que ya estaba su ciclo.

Futbolísticamente hablando, el actual DT del Rojo ya había mostrado sus pergaminos y mejores armas en Defensa y Justicia, pero eso no podía suponer que podría trasladar con otros nombres (y sobre todo, tan rápido), sus esquemas e ideales al elenco de Avellaneda. De hecho, la propuesta de verticalidad y juego ofensivo que demostró su último equipo era, tal vez, la principal seducción para cualquier fanático. Por eso, y por el comienzo de una nueva etapa, la ilusión llegó intacta al Libertadores de América para la noche de Copa Sudamericana. Además, volver a ver al Rojo después de tanto tiempo siempre es un buen plan, ¿no? 


Aunque el equipo del debut no era tan seductor como la propuesta anteriormente mencionada, Independiente funcionó bien. Fue superior a la Universidad Católica todo el partido, no pasó sobresaltos y debió haber convertido algún gol más para ir más tranquilo a Ecuador. Pero todo a su tiempo. Mejoró en el complemento, porque en el primero no fue tan claro como tal vez se esperaba. La ansiedad es así; queremos meter el segundo antes que el primero, desde siempre. Tal vez si la inexplicable jugada en la que Cecilio no pudo abrir el marcador terminaba de otra manera, todo el resto hubiese sido un poco más sencillo. Pero lo cierto es que, hasta que el paraguayo centró para que Pablo Hernández ponga el 1-0 que gritó con alma y vida, la incertidumbre se hacía notar en el ambiente. 


¿Actuaciones individuales? GRAN partido de Nicolás Domingo, que volvió a demostrar su exquisita regularidad y la fenomenal intención de pelear por un lugar en el mediocampo de Beccacece. Sin embargo, es fundamental que se cierre la llegada del volante que pidió el entrenador en su primera conferencia de prensa. No fue Menossi, deberá ser Romero. Y no por Nicolás, todo lo contrario: la menor gripe nos dejaría desconcertados. Necesitamos un Romero para que el DT tenga su pedido cumplido y el Rojo encuentre el jugador que aceite el funcionamiento entre la mitad de la cancha y la delantera. 


Fabricio Bustos también demostró que lo del 2017 no fue casualidad. En aquel año, su aporte en ataque fue un factor fundamental para que Independiente termine logrando la Sudamericana. Y la merma en su nivel durante el año siguiente, y la primera mitad del 2019, parece haber sido solo un mal trago que quede rápidamente en el olvido si mantiene el gran nivel que demostró anoche. Algo parecido sucedió con el Tucu Hernández, que además de aportar el único gol del partido, fue de menor a mayor y terminó siendo reemplazado en su mejor momento. El debut de Lucas González también fue positivo, aunque el camino es largo.


Por eso, bautismo aprobado para Beccacece y su ‘nuevo’ Independiente, que sacó una pequeña ventaja en casa de cara a la revancha. Habrá que desempolvar el overol para hacerse fuertes en Ecuador y terminar de cerrar la serie, pero la confianza está realmente intacta. ¡Volvió el Rey de Copas!

Mercado de pulgas

Todos los mercados de pases, como un eterno deja vu, potencian nuestra ansiedad como hinchas y nos transforman en adolescentes ciclotímicos. Pasamos de la decepción a la ilusión en minutos, del elogio exagerado al enojo sin sentido en instantes, presos de trascendidos, rumores y negociaciones de las que ni siquiera sus actores principales saben los desenlaces.

En el medio el periodismo, que escucha y chequea (no siempre) mentiras, verdades y puntos de vista. Su trabajo lo hace informar cosas que pueden suceder o no y muchas veces por su ego se ve obligado en aventurar finales que lo terminan convirtiendo en un héroe si la pega, o en blanco de insultos cuando no acierta.

Esto es todo cierto y se repite inclaudicablemente cada seis meses. Los dirigentes, los representantes y los jugadores a veces mienten, o dicen una verdad escondiendo otras porque les conviene. Los periodistas escuchamos, analizamos y muchas veces nos equivocamos, arriesgando que van a suceder cosas que son imposibles de asegurar. Todo exacerbado por los hinchas, que en esta época de vorágine informativa, exigimos saber que pasa cada cinco minutos.

Ahora bien, incluso sabiendo y teniendo en cuenta todo esto, la conclusión acerca de este mercado de pases es muy simple. Lo de Independiente es un papelón y si bien hay que esperar al final del mismo, a menos de un mes del primer encuentro y con dos semanas de entrenamientos, ya es muy difícil que se revierta. Al nuevo entrenador hasta el momento solo le trajeron un kinesiólogo (bienvenido a casa Japo). En cuanto a cantidad de gente tomando decisiones, el club muestra una dirigencia escasa, que para colmo estuvo hasta hace unos días más abocada a cuestiones que son importantes para la nación, pero que no tienen mucho que ver con Independiente.

Por eso se llegó tarde para la contratación de Rojas y se perdió ante un Racing que se movió rápido. De los jugadores que nombró el técnico como prioridad no se contrató a ninguno. Lo de Mac Allister pasó por una decisión personal, difícil saber si se pudo manejar la negociación de mejor manera. ¿Pero valía la pena dilatar tanto lo de Menossi? ¿Se manejaron bien con Gigliotti seis meses después de haberlo regalado? La prepotencia y las chicanas quizá sirvan para negociar en otros ámbitos, pero no parecen ser demasiado efectivas en los mercados de pases del fútbol.

Los más cercanos son jugadores que en su mayoría ocupan posiciones diferentes a las prioridades y que no pueden jugar Sudamericana, que dicho sea de paso, da tiempo hasta el próximo miércoles para anotar refuerzos en la lista. Además varios de ellos, como Torrén y González, son jugadores interesantes para completar plantel, pero nunca para pensar en grande.

Ofrecer poco por jugadores de jerarquía, la utópica posibilidad de Biglia ni la no tan utópica chance de Piatti no tapan los graves errores cometidos, que vienen pasando de la era Holan. Técnico que se cansó de jactarse de vender por unos 50 millones de dólares que no se están gastando en refuerzos. Incorporaciones que tienen que reemplazar a muchos que trajo que estamos rezando en árabe o chileno para que se vayan y a otros que regaló por culpa de su ego.

Está perfecto cuidar la economía del club, pero prometieron refuerzos para tener un plantel de jerarquía. Pretender que Beccacece repita lo realizado en Defensa y Justicia con Independiente, sin reforzarle un plantel que salió séptimo y quedó afuera en primera ronda (hablando de los últimos torneos locales) es, como mínimo, exponerlo de manera innecesaria.

Es hora de que termine el mercado de pulgas y empiece el de pases.

Agonía anunciada

Esta expresión metafórica, lejos de intentar herir susceptibilidades, refleja la decadencia futbolística causada por la misma persona que le había devuelto a los hinchas y socios de Independiente la ilusión. Ariel Holan, que en algún momento tuvo el antídoto para potenciar jugadores y dotar a un equipo que en diciembre de 2017 arrodilló a más de 80 mil almas brasileñas en el mítico Maracaná, perdió la brújula y hundió rápidamente la embarcación que con tanta capacidad supo restaurar. Los jugadores -quienes no están exentos de este presente horrendo- dejaron de creer en su idea y sus formas para afrontar la penosa actualidad que hoy golpea la puerta de una parte de Avellaneda. 

En 103 partidos al frente del equipo de primera (48 victorias, 32 derrotas y 23 empates) el Profesor mutó de héroe a villano y sus caprichosos, sumado a su exasperante falta de autocrítica, profundizaron la crisis de un plantel que le soltó la mano hace mucho tiempo. Ya no se trata de un grupo minúsculo de prensa partidaria o nacional ni tampoco de intentar desestabilizar un “proyecto deportivo”, es algo que va más allá y que él repitió hasta el hartazgo ante las reprobaciones “la única verdad es la realidad”. Sí, Holan es prisionero de sus propias palabras.  

Renunció y volvió, se peleó con Alejandro Kohan por liderazgo, dejó en el olvido a glorias de la institución como a Ricardo Bochini, quien aseguró que “no es más fuente de consulta”, cambió intensidad por previsibilidad, rapidez por lentitud, se encegueció con un 4-3-3 apelando a la posesión del balón con jugadores que no merecen un minuto más en el campo. Desintegró un equipo que imponía carácter por otro que genera desgano con solo verlo. Demasiadas imperfecciones para un proyecto deportivo joven que se derrumbó fugazmente.

En su ciclo incorporó 22 jugadores: Walter Erviti, Emmanuel Giliotti, Nery Dominguez, Fernando Amorebieta, Gastón y Francisco Silva, Silvio y Braian Romero, Jonás Gutiérrez, Nicolás Domingo, Juan Manuel Martínez, Emanuel Britez, Gonzalo Verón, Fernando Gaibor, Jonathan Menéndez, Ezequiel Cerutti, Milton Álvarez, Pablo Herrnández, Guillermo Burdisso, Pablo Pérez y Cecilio Domínguez. Salvo cuatro ellos –uno inexplicablemente emigró (Gigliotti)-, el resto fueron prueba y error con destellos ínfimos y esporádicos pero jamás con la regularidad necesaria a la altura de una camiseta tan importante como la del Rey de Copas. 

La paupérrima derrota ante Rionegro Águilas Doradas no comenzó la debacle, la penetró aún más y a pesar de que la serie posiblemente se revierta el próximo martes en el Libertadores de América, el futuro de Ariel Holan en Independiente parece cada vez más incierto. La relación con los jugadores está rota, los dirigentes ya no sostienen con firmeza sus deseos de continuidad y los hinchas – me incluyó – sienten que aquel que les devolvió la identidad los defraudó por puros caprichos e individualismos. 

Ningún ser humano es indeleble a los errores. Confiar en alguien no significa creer que es la cabeza de la institución. Independiente está por encima de todo y todos, siempre. 

Actitud, un factor que no se negocia

Hay componentes que en un equipo de fútbol jamás pueden faltar, aun así cuando el resultado final de un partido es negativo. Por supuesto que ganar, perder o empatar son consecuencias posibles dentro de un desenlace; pero el ¿cómo? es la clave para determinar el nivel de funcionamiento exhibido y, en este caso, toma protagonismo absoluto. Lo producido ayer por Independiente en el debut de la Copa de la Superliga fue penoso y preocupante, a tal punto que más allá de que la serie se revierta en casa, fue una línea fina que marcó a fuego la idiosincrasia y el ADN de todos los que amamos estos colores.

Pocos partidos, en el ciclo de Ariel Holan, el equipo fue superado ampliamente desde la actitud; un factor determinante que con esta camiseta no se negocia bajo ningún punto de vista. En este semestre, para contextualizar el foco, hubieron derrotas como las de Racing, River, Gimnasia de La Plata y algunos empates como contra San Lorenzo y San Martín SJ, pero ninguna con la sensación de haber padecido el avasallamiento anímico del rival de turno – al menos desde mi humilde percepción -. Claro, lo más preocupante del ¿cómo?, en el caso puntual de anoche, también nos lleva al interrogante del ¿contra quién?, contemplando que Independiente perdió ante un conjunto joven que peleó por no descender y quedó último en la SuperLiga con 22 unidades.

Los de Avellaneda, que parecían haber recobrado un poco la memoria en sus últimos tres encuentros frente a Vélez, Binacional (por Copa Sudamericana) y Rosario Central, mostraron una versión desdibujada en La Paternal tanto desde lo futbolístico, con excesivos errores colectivos e individuales, como desde lo anímico. Sin dudas, se llevó mucho más de lo que mereció.

Cuando se habla de actitud no se intenta dar a entender que se vaya a trabajar con los pies para adelante, o que se pegue un codazo en el medio de la cancha ni tampoco que se de una patada a un colega. Lo que se exige es un comportamiento de sacrificó máximo, íntegro y responsable para representar a esta institución tan importante a nivel mundial. Argentinos Jr no solo le ganó a Independiente sino que le dio vuelta el resultado de guapo, con atrevimiento futbolistico. No se puede volver a tolerar lo sucedido con este escudo en el pecho, juegue con el oponente que sea.

Al margen de este panorama funesto, no es descabellado pensar que se puede revertir el resultado adverso y pasar de ronda la semana que viene en el Libertadores de América, pero analizar simplemente el resultado sería un error tan grande como intentar tapar el sol con una mano. Estos partidos no son para el olvido. Deben servir como una referencia para no tropezar otra vez con la misma piedra.

El torneo que comenzó es casi para el Rojo como una luz en el fondo del túnel, para ingresar a la Copa Libertadores 2020; principal objetivo del conjunto de Avellaneda este año.

La actitud es ese pequeño elemento que marca una gran diferencia…

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