Intermitentes

Si hay maneras de sortear una serie y avanzar a la próxima instancia de una competencia internacional, ningún hincha de Independiente (de hecho, de cualquier club) hubiese elegido que esta sea la manera de dejar en el camino a Universidad Católica para seguir luchando por otro título. Pero, limando asperezas e hilando fino, el objetivo final está cumplido y el Rojo está en cuartos de final.


Si tenemos en cuenta las circunstancias esquivas que tuvo el partido, la performance del equipo de Beccacece no fue del todo mala; aunque el primer tiempo fue realmente tenebroso. Arrancó mal con la tempranera lesión de Cecilio, siguió peor con lo complicado que se le hizo al Rojo -por lo menos- tener la pelota durante más de 30 segundos seguidos. Deberíamos hacer un párrafo aparte para el penal que inventó Piero Maza, pero lamentablemente ya nos estamos acostumbrando a este tipo de situaciones adversas con el VAR mediante en torneos de la CONMEBOL. Si algo malo podía pasarle a Independiente, era estar en desventaja antes de los 25´PT y, como ya es noticia conocida, se encontró 0-1 abajo luego del gol de Vides.

A partir de la expulsión de Guillermo De los Santos Independiente empezó a crecer, muy de a poco, en el juego. Tucu Hernández se hizo el conductor de un equipo que todavía no había generado situaciones de gol en más de 30′ de partido. Se ve que en el entretiempo hubo una interesante charla entre los jugadores y el entrenador, porque la actitud del complemento fue marcadamente otra. Comenzó flojo otra vez, pero Benítez levantó su nivel y luego de unos largos minutos de incertidumbre con el VAR nuevamente como protagonista, logró anotar el 1-1 que transmitió la tranquilidad necesaria para el elenco de Avellaneda. El ingreso de Chávez, algo que pedía el partido para disputar la segunda parte, también fue significativo para que el conjunto de Beccacece logre revertir el resultado. Porque el Negro aguantó una pelota de manera soberbia y asistió al Tucu para que convierta el 2-1 parcial -demasiado premio para la actuación del Rojo hasta el momento-.


Sin embargo, con uno más y todo, se terminó sufriendo en demasía. Eso de no saber liquidar los partidos parece haberse extendido desde la Era Holan a la actualidad. Independiente es un equipo que genera pocas chances de gol; y que encima termina sufriendo por no saber aprovecharlas. En este caso, encontró dos tantos, pero pudo haber hecho alguno más para no terminar pidiendo la hora. Es que el grito de Chala y el GOLAZO de Amarilla terminaron poniendo contra las cuerdas al Rey de Copas. ¿Cosas para retocar? Muchas, sobre todo pensando en la próxima serie, que se definirá también en el Olímpico de Atahualpa.

Hernández fue la figura indiscutida, el chileno Silva (ojalá) jugó su último partido con esta camiseta y Martín Campaña, al que le perdonamos todo, no tuvo la mejor de sus noches. Para jugar ante los tocayos de Ecuador, habrá que corregir varias cuestiones. Pero ya habrá tiempo para eso. Tiempo y, claro, otros nombres (Palacios y Romero, seguramente). Hasta entonces, y de forma intermitente, estamos entre los 8 mejores. 

Bautismo aprobado

Comenzar con el pie derecho siempre es óptimo, sobre todo en las condiciones en las que Beccacece llegó a Independiente. No tanto por el entrenador, sino por el contexto general en el que se encuentra inmerso el club desde la ¿conmocionada? salida de Ariel Holan, que todavía genera algo de nostalgia en algunos y una sensación de ‘alivio’ en otros por lo culminado que ya estaba su ciclo.

Futbolísticamente hablando, el actual DT del Rojo ya había mostrado sus pergaminos y mejores armas en Defensa y Justicia, pero eso no podía suponer que podría trasladar con otros nombres (y sobre todo, tan rápido), sus esquemas e ideales al elenco de Avellaneda. De hecho, la propuesta de verticalidad y juego ofensivo que demostró su último equipo era, tal vez, la principal seducción para cualquier fanático. Por eso, y por el comienzo de una nueva etapa, la ilusión llegó intacta al Libertadores de América para la noche de Copa Sudamericana. Además, volver a ver al Rojo después de tanto tiempo siempre es un buen plan, ¿no? 


Aunque el equipo del debut no era tan seductor como la propuesta anteriormente mencionada, Independiente funcionó bien. Fue superior a la Universidad Católica todo el partido, no pasó sobresaltos y debió haber convertido algún gol más para ir más tranquilo a Ecuador. Pero todo a su tiempo. Mejoró en el complemento, porque en el primero no fue tan claro como tal vez se esperaba. La ansiedad es así; queremos meter el segundo antes que el primero, desde siempre. Tal vez si la inexplicable jugada en la que Cecilio no pudo abrir el marcador terminaba de otra manera, todo el resto hubiese sido un poco más sencillo. Pero lo cierto es que, hasta que el paraguayo centró para que Pablo Hernández ponga el 1-0 que gritó con alma y vida, la incertidumbre se hacía notar en el ambiente. 


¿Actuaciones individuales? GRAN partido de Nicolás Domingo, que volvió a demostrar su exquisita regularidad y la fenomenal intención de pelear por un lugar en el mediocampo de Beccacece. Sin embargo, es fundamental que se cierre la llegada del volante que pidió el entrenador en su primera conferencia de prensa. No fue Menossi, deberá ser Romero. Y no por Nicolás, todo lo contrario: la menor gripe nos dejaría desconcertados. Necesitamos un Romero para que el DT tenga su pedido cumplido y el Rojo encuentre el jugador que aceite el funcionamiento entre la mitad de la cancha y la delantera. 


Fabricio Bustos también demostró que lo del 2017 no fue casualidad. En aquel año, su aporte en ataque fue un factor fundamental para que Independiente termine logrando la Sudamericana. Y la merma en su nivel durante el año siguiente, y la primera mitad del 2019, parece haber sido solo un mal trago que quede rápidamente en el olvido si mantiene el gran nivel que demostró anoche. Algo parecido sucedió con el Tucu Hernández, que además de aportar el único gol del partido, fue de menor a mayor y terminó siendo reemplazado en su mejor momento. El debut de Lucas González también fue positivo, aunque el camino es largo.


Por eso, bautismo aprobado para Beccacece y su ‘nuevo’ Independiente, que sacó una pequeña ventaja en casa de cara a la revancha. Habrá que desempolvar el overol para hacerse fuertes en Ecuador y terminar de cerrar la serie, pero la confianza está realmente intacta. ¡Volvió el Rey de Copas!

Mercado de pulgas

Todos los mercados de pases, como un eterno deja vu, potencian nuestra ansiedad como hinchas y nos transforman en adolescentes ciclotímicos. Pasamos de la decepción a la ilusión en minutos, del elogio exagerado al enojo sin sentido en instantes, presos de trascendidos, rumores y negociaciones de las que ni siquiera sus actores principales saben los desenlaces.

En el medio el periodismo, que escucha y chequea (no siempre) mentiras, verdades y puntos de vista. Su trabajo lo hace informar cosas que pueden suceder o no y muchas veces por su ego se ve obligado en aventurar finales que lo terminan convirtiendo en un héroe si la pega, o en blanco de insultos cuando no acierta.

Esto es todo cierto y se repite inclaudicablemente cada seis meses. Los dirigentes, los representantes y los jugadores a veces mienten, o dicen una verdad escondiendo otras porque les conviene. Los periodistas escuchamos, analizamos y muchas veces nos equivocamos, arriesgando que van a suceder cosas que son imposibles de asegurar. Todo exacerbado por los hinchas, que en esta época de vorágine informativa, exigimos saber que pasa cada cinco minutos.

Ahora bien, incluso sabiendo y teniendo en cuenta todo esto, la conclusión acerca de este mercado de pases es muy simple. Lo de Independiente es un papelón y si bien hay que esperar al final del mismo, a menos de un mes del primer encuentro y con dos semanas de entrenamientos, ya es muy difícil que se revierta. Al nuevo entrenador hasta el momento solo le trajeron un kinesiólogo (bienvenido a casa Japo). En cuanto a cantidad de gente tomando decisiones, el club muestra una dirigencia escasa, que para colmo estuvo hasta hace unos días más abocada a cuestiones que son importantes para la nación, pero que no tienen mucho que ver con Independiente.

Por eso se llegó tarde para la contratación de Rojas y se perdió ante un Racing que se movió rápido. De los jugadores que nombró el técnico como prioridad no se contrató a ninguno. Lo de Mac Allister pasó por una decisión personal, difícil saber si se pudo manejar la negociación de mejor manera. ¿Pero valía la pena dilatar tanto lo de Menossi? ¿Se manejaron bien con Gigliotti seis meses después de haberlo regalado? La prepotencia y las chicanas quizá sirvan para negociar en otros ámbitos, pero no parecen ser demasiado efectivas en los mercados de pases del fútbol.

Los más cercanos son jugadores que en su mayoría ocupan posiciones diferentes a las prioridades y que no pueden jugar Sudamericana, que dicho sea de paso, da tiempo hasta el próximo miércoles para anotar refuerzos en la lista. Además varios de ellos, como Torrén y González, son jugadores interesantes para completar plantel, pero nunca para pensar en grande.

Ofrecer poco por jugadores de jerarquía, la utópica posibilidad de Biglia ni la no tan utópica chance de Piatti no tapan los graves errores cometidos, que vienen pasando de la era Holan. Técnico que se cansó de jactarse de vender por unos 50 millones de dólares que no se están gastando en refuerzos. Incorporaciones que tienen que reemplazar a muchos que trajo que estamos rezando en árabe o chileno para que se vayan y a otros que regaló por culpa de su ego.

Está perfecto cuidar la economía del club, pero prometieron refuerzos para tener un plantel de jerarquía. Pretender que Beccacece repita lo realizado en Defensa y Justicia con Independiente, sin reforzarle un plantel que salió séptimo y quedó afuera en primera ronda (hablando de los últimos torneos locales) es, como mínimo, exponerlo de manera innecesaria.

Es hora de que termine el mercado de pulgas y empiece el de pases.

Agonía anunciada

Esta expresión metafórica, lejos de intentar herir susceptibilidades, refleja la decadencia futbolística causada por la misma persona que le había devuelto a los hinchas y socios de Independiente la ilusión. Ariel Holan, que en algún momento tuvo el antídoto para potenciar jugadores y dotar a un equipo que en diciembre de 2017 arrodilló a más de 80 mil almas brasileñas en el mítico Maracaná, perdió la brújula y hundió rápidamente la embarcación que con tanta capacidad supo restaurar. Los jugadores -quienes no están exentos de este presente horrendo- dejaron de creer en su idea y sus formas para afrontar la penosa actualidad que hoy golpea la puerta de una parte de Avellaneda. 

En 103 partidos al frente del equipo de primera (48 victorias, 32 derrotas y 23 empates) el Profesor mutó de héroe a villano y sus caprichosos, sumado a su exasperante falta de autocrítica, profundizaron la crisis de un plantel que le soltó la mano hace mucho tiempo. Ya no se trata de un grupo minúsculo de prensa partidaria o nacional ni tampoco de intentar desestabilizar un “proyecto deportivo”, es algo que va más allá y que él repitió hasta el hartazgo ante las reprobaciones “la única verdad es la realidad”. Sí, Holan es prisionero de sus propias palabras.  

Renunció y volvió, se peleó con Alejandro Kohan por liderazgo, dejó en el olvido a glorias de la institución como a Ricardo Bochini, quien aseguró que “no es más fuente de consulta”, cambió intensidad por previsibilidad, rapidez por lentitud, se encegueció con un 4-3-3 apelando a la posesión del balón con jugadores que no merecen un minuto más en el campo. Desintegró un equipo que imponía carácter por otro que genera desgano con solo verlo. Demasiadas imperfecciones para un proyecto deportivo joven que se derrumbó fugazmente.

En su ciclo incorporó 22 jugadores: Walter Erviti, Emmanuel Giliotti, Nery Dominguez, Fernando Amorebieta, Gastón y Francisco Silva, Silvio y Braian Romero, Jonás Gutiérrez, Nicolás Domingo, Juan Manuel Martínez, Emanuel Britez, Gonzalo Verón, Fernando Gaibor, Jonathan Menéndez, Ezequiel Cerutti, Milton Álvarez, Pablo Herrnández, Guillermo Burdisso, Pablo Pérez y Cecilio Domínguez. Salvo cuatro ellos –uno inexplicablemente emigró (Gigliotti)-, el resto fueron prueba y error con destellos ínfimos y esporádicos pero jamás con la regularidad necesaria a la altura de una camiseta tan importante como la del Rey de Copas. 

La paupérrima derrota ante Rionegro Águilas Doradas no comenzó la debacle, la penetró aún más y a pesar de que la serie posiblemente se revierta el próximo martes en el Libertadores de América, el futuro de Ariel Holan en Independiente parece cada vez más incierto. La relación con los jugadores está rota, los dirigentes ya no sostienen con firmeza sus deseos de continuidad y los hinchas – me incluyó – sienten que aquel que les devolvió la identidad los defraudó por puros caprichos e individualismos. 

Ningún ser humano es indeleble a los errores. Confiar en alguien no significa creer que es la cabeza de la institución. Independiente está por encima de todo y todos, siempre. 

Actitud, un factor que no se negocia

Hay componentes que en un equipo de fútbol jamás pueden faltar, aun así cuando el resultado final de un partido es negativo. Por supuesto que ganar, perder o empatar son consecuencias posibles dentro de un desenlace; pero el ¿cómo? es la clave para determinar el nivel de funcionamiento exhibido y, en este caso, toma protagonismo absoluto. Lo producido ayer por Independiente en el debut de la Copa de la Superliga fue penoso y preocupante, a tal punto que más allá de que la serie se revierta en casa, fue una línea fina que marcó a fuego la idiosincrasia y el ADN de todos los que amamos estos colores.

Pocos partidos, en el ciclo de Ariel Holan, el equipo fue superado ampliamente desde la actitud; un factor determinante que con esta camiseta no se negocia bajo ningún punto de vista. En este semestre, para contextualizar el foco, hubieron derrotas como las de Racing, River, Gimnasia de La Plata y algunos empates como contra San Lorenzo y San Martín SJ, pero ninguna con la sensación de haber padecido el avasallamiento anímico del rival de turno – al menos desde mi humilde percepción -. Claro, lo más preocupante del ¿cómo?, en el caso puntual de anoche, también nos lleva al interrogante del ¿contra quién?, contemplando que Independiente perdió ante un conjunto joven que peleó por no descender y quedó último en la SuperLiga con 22 unidades.

Los de Avellaneda, que parecían haber recobrado un poco la memoria en sus últimos tres encuentros frente a Vélez, Binacional (por Copa Sudamericana) y Rosario Central, mostraron una versión desdibujada en La Paternal tanto desde lo futbolístico, con excesivos errores colectivos e individuales, como desde lo anímico. Sin dudas, se llevó mucho más de lo que mereció.

Cuando se habla de actitud no se intenta dar a entender que se vaya a trabajar con los pies para adelante, o que se pegue un codazo en el medio de la cancha ni tampoco que se de una patada a un colega. Lo que se exige es un comportamiento de sacrificó máximo, íntegro y responsable para representar a esta institución tan importante a nivel mundial. Argentinos Jr no solo le ganó a Independiente sino que le dio vuelta el resultado de guapo, con atrevimiento futbolistico. No se puede volver a tolerar lo sucedido con este escudo en el pecho, juegue con el oponente que sea.

Al margen de este panorama funesto, no es descabellado pensar que se puede revertir el resultado adverso y pasar de ronda la semana que viene en el Libertadores de América, pero analizar simplemente el resultado sería un error tan grande como intentar tapar el sol con una mano. Estos partidos no son para el olvido. Deben servir como una referencia para no tropezar otra vez con la misma piedra.

El torneo que comenzó es casi para el Rojo como una luz en el fondo del túnel, para ingresar a la Copa Libertadores 2020; principal objetivo del conjunto de Avellaneda este año.

La actitud es ese pequeño elemento que marca una gran diferencia…

El hombre que entrega su corazón Domingo a Domingo

Cómo pocas veces, el Club Atlético Independiente y el clamor de sus hinchas, forjaron un cariño unánime hacia un futbolista que construyó su propio ADN en la institución. Es que Nicolás Domingo, a sus 34 frescos años y a base de un enorme compromiso y profesionalismo, logró introducirse de lleno en todos los corazones rojos. Desembarcó en Avellaneda en 2017, con cierta incertidumbre por su inactividad en River Platebpero poco a poco y con una pluma que aún sigue con el cartucho inundado de tinta, comenzó a narrar sus propias líneas dentro de las páginas doradas en la historia del Rey de Copas.

Inició su carrera en River, donde tuvo cuatro periodos -el último en 2017 previo al arribó a Independiente por pedido de Ariel Holan-. Vistió la camiseta, entre otros clubes, de Banfield -consiguió el ascenso a Primera-, Genoa de Italia, Peñarol de Uruguay, Deportivo Cuenca de Colombia y Arsenal de Sarandí. Pero en el Rojo, sin dudas, marcó un camino consagratorio y halló su lugar en el mundo. Aprovechó sus oportunidades y se apropió del cariño de todas las almas presentes en el Libertadores de América, Domingo a Domingo.

65 partidos con esta camiseta -54 cómo titular-, dos títulos a nivel internacional (Copa Sudamericana y Suruga Bank) y un sacrificio innegable, son suficientes para avalar una teoría clara: Nicolás Domingo es emblema de este Independiente.

“La posición de volante central es una ubicación que te obliga a leer el juego. El 5 le da equilibrio defensivo al equipo y aporta en la elaboración del juego. Me parece un puesto clave”, dijo Fernando Redondo hace pocos días al diario La Nación. Y claro, Domingo reúne esas cualidades mencionadas por quien fuera, para muchos, el mejor volante central ha tenido la Selección Argentina. Su rol dentro del campo es prácticamente infaltable no solo por su despliegue físico y futbolístico durante los 93 minutos del partido, sino por lo que significa para sus compañeros. Capitán sin cinta, entrenador sin título; eso es Domingo.

Hace pocos días, selló la extención de su vínculo, el cual lo ligará a Independiente hasta 2021. Refuerzo de lujo para las próximas competencias que se avecinan por Avellaneda.

La grieta

De la gloria eterna a la mismísima nada. De tocar el cielo con las manos en uno de los estadios más importantes del mundo a dar lástima en el plano local. De volver a encabezar el podio de los más coperos a sacar cuentas, al igual que en el 2018, para jugar un certamen internacional. Un antes y un después muy evidente en el ciclo de Holan al frente de Independiente. ¿Se lo comió el personaje? Vaya uno a saber; lo que sí es seguro es que, desde aquel inolvidable diciembre de 2017, todas sus decisiones fueron notablemente desacertadas. Y lo más preocupante es que la CD del club lo respaldó por completo en todas ellas. ¿Está mal? Se supone que no, pues así funcionan los proyectos a largo plazo, esos en los que dice no creer el propio DT.

Con una simple palabra alcanza para describir el penoso semestre de Independiente, y también su presente. Al igual que en la primera mitad del 2018, donde el objetivo era ganar la Recopa (no se consiguió), clasificar a la presente edición de la Libertadores (no se logró) y avanzar de ronda en la última (el único tilde para aquella época), el inicio del año del Rojo es un fracaso. “Sos muy duro, no te olvides de dónde venimos…”. Justamente por eso; venimos de un año en el que EL ESTADIO COMPLETO APLAUDÍA MIENTRAS EL EQUIPO MOVÍA LA PELOTA DE LADO A LADO. ¿Se acuerdan? Pasaron unos pocos meses. Pero con algunas decisiones bastó para tirar todo por la borda. Está claro que los Rigoni, Barco, Tagliafico y Meza se iban a ir algún día. Pero tal vez no era el momento justo para los Torito Rodríguez, Puma Gigliotti, Leandro Fernández y compañía. Y demos gracias a Dios que todavía hay un tal Martín Campaña parado bajo los tres palos.

Si “la única verdad es la realidad”, el patético presente futbolístico del club no puede ser pasado por alto. TODO lo que logró Independiente bajo el legado de Holan (no sólo la Sudamericana en Brasil y la pequeña excursión copera a Japón, sino también la ilusión en los hinchas, el reconocimiento -y la envidia- del resto de los equipos, el compromiso, la actitud y la intensidad) es gracias a él. Y el Pueblo Rojo se lo va a agradecer de por vida. Pero todo tiene un límite y sus palabras ya no tienen sustento. ¿En qué se basa el DT para repetir su discurso de que el club “va a ganar un título” en este 2019? Nada mejor que una murga para el fin de semana de carnavales.

Independiente era un gigante dormido. Desde afuera, Holan dijo que tenía la receta para despertarlo y ponerlo en marcha nuevamente. Vino; lo logró y de una manera que emocionó a propios y extraños. Se ganó el reconocimiento y el cariño de los ídolos del club y, mucho más importante, de la gente (que no coreaba el nombre de un entrenador en Alsina y Bochini desde el segundo ciclo de Américo Gallego). Así como lo despertó, lo metió en la cama, lo arropó y le contó un cuento para que vuelva a dormirse. Las malas decisiones y las dificultades para reconocerlo devolvieron a Independiente a aquella vorágine de no saber ni siquiera hacia dónde va, como hace algunos años atrás. Eternas gracias por aquel inolvidable 2017, pero este ciclo (desde hace un largo tiempo) parece estar más que finalizado.

Duele

“Perder el clásico siempre duele”, declaró el Profesor en la conferencia del sábado, y vaya si tiene razón. Es muy penoso perder ante el rival de toda la vida, algo que a nosotros por suerte nos pasa muy de vez en cuando, sobre todo en casa. Independiente llegó muy temprano al reparto de rivales y para caer ante su vecino tiene que hacer varias cosas mal, ya que por lo general le alcanza con poco para salir victorioso.

Duele el qué, el hecho en si, porque no se trata de un partido de tres puntos solamente, lo sabemos y vivimos todos. Son esos encuentros que como en los videos juegos, te pueden llenar la barra de la vida si es que venís medio a los tumbos, como llegaba Independiente. Los que te dan la chance de resetear lo malo y arrancar lo que sigue con un ánimo renovado, maquillando los defectos y resaltando las virtudes, dando tiempo para eliminar los primeros y aumentar los segundos. Pero eso pasa solamente cuando ganás, claro está. La derrota en estos partidos tiene, como es lógico, el efecto contrario. Hay que estar muy sólido y con bastante crédito como para salir sin secuelas de un clásico perdido. Porque no tira una gota, es un chorro de agua el que cae sobre el vaso, y si no está vacío es inevitable el desastre.

Muchas veces el disgusto es más fuerte y duradero por las formas, por el como, pero no es este el caso. Yo no estoy de acuerdo con algunos colegas que hablan de una clara superioridad de Independiente, ya que me parece hasta ridículo decir eso cuando no creaste una chance de riesgo perdiendo un clásico de local en los últimos 25 minutos del partido. Pero más allá de esto, que es discutible, es cierto que no merecimos perder y fuimos mejores que Racing en buena parte del encuentro. Y a ellos les alcanzó con un buen comienzo que los puso fácilmente en ventaja y una gran actuación de Arias y sus sabios delanteros para llevarse más de lo que vinieron a buscar. No está en la manera en la que se dio la caída la razón de la tristeza que sentimos.

El contexto, con un rival cerca de salir campeón y un Rojo mendigando un lugar en la Sudamericana del año próximo, también aumenta el disgusto. Y lo peor es que ambas cosas son merecidas. Quizá puede llenar más los ojos el Defensa de Beccacece, pero no hay dudas que el equipo del Chacho hizo ya a esta altura méritos suficientes como para dar la vuelta olímpica. Mientras que el de Holan, a pesar de superar a muchos de sus rivales, está lejos de jugar bien y obtener una regularidad que lo haga pelear cosas importantes. Todo esto por supuesto que acrecienta nuestra angustia, pero tampoco es la máxima explicación.

El dolor es por usted Profesor. Porque es muy difícil de entender como el entrenador que nos devolvió a Independiente, dentro y fuera del campo, dilapidó buena parte del enorme crédito que consiguió gracias a su capacidad. Como destruyó innecesariamente por culpa de su ego mucho de lo lindo que había construido. Como creyó sacarse de encima o vender problemas que eran solamente suyos, y terminó comprando problemas para la institución, que es lo que tiene que estar siempre por delante de todo y todos.

Y no se trata de como juega un refuerzo que trajo, de un cambio discutible, una formación que no nos guste o un dibujo táctico con el que no estemos de acuerdo. Como en algunos clásicos, lo que más duele es la manera en la que se dan las cosas. Tenía que mantener y reforzar un plantel que había enamorado a los hinchas gracias a él. Pero prefirió buscar fantasmas donde no existían para desarmarlo, dar peleas innecesarias. Y eso, sumado a los imponderables que siempre tiene el fútbol, hicieron que el equipo juegue cada vez peor y muestre poco de ese compromiso, actitud e intensidad que tanto amor cosechó. Si todo el mundo te felicita por la casa que construiste, ¿qué necesidad hay de tirar abajo las paredes para armar otra? ¿No es más lógico, si es que no te convence del todo, agregarle una pileta o hacerle un playroom en el piso de arriba?

Tampoco es una cuestión de agradecimiento, porque eso no se demuestra siendo benévolo en las críticas o perdonando todo. El día que deje de ser el entrenador de Independiente, que ojalá sea dentro de muchísimo tiempo (porque eso significaría remontar y superar todo esto), cada vez que pise el Libertadores los hinchas lo recibiremos como se merece, por habernos dado una alegría inmensa.

Como lo describió el sábado, y lo sabe porque ama al club tanto como nosotros, duele el clásico. Pero la pérdida más angustiante es verlo perdido a usted Profesor.

Egos y errores: una formula peligrosa

Pasaron 17 años desde la última derrota por un torneo local, del Rojo en su campo ante el eterno rival. Una caída que desmanteló un espectro doloroso más amplio que simplemente la frustración del sábado. En la retina todavía se ve a Nicolás Tagliafico levantando la copa en el Maracaná, lágrimas de jugadores inundando el verde césped brasileño, los hinchas haciendo lo propio en las tribunas y acá, como en todas partes del mundo, gente desbordada de la locura. A partir de ese momento, todo lo que podría haber sido se desintegró por una peligrosa fórmula, egos y errores.

La regla de la vida asegura que para que las cosas fluyan, los egos deben dejarse de lado y que de los errores – de los cuales ningún ser humano está exento – se tiene que aprender. En este año y dos meses que han transcurrido desde que Independiente sumó la estrella internacional 17 en Brasil, nada de eso sucedió y todo lo que se había construido a base de Compromiso, Actitud e Intensidad se escurrió como agua entre los dedos, dejando acéfalos de ilusiones al pueblo Rojo. Luego, la consagración en Japón maquillaría un poco el daño ya producido, aunque la fórmula letal ya era protagonista absoluta de la escena.

Egos y errores que van desde lo micro a lo macro y redondean un espiral infinito. Dirigentes que entregaron el poder absoluto a una sola persona forjando una anarquía; un cuerpo técnico que tomó malas decisiones, dejando ir a importantes futbolistas: “Torito” Rodríguez, Fernando Amorebieta, Nery Dominguez y Ezequiel Barco, entre otros. Que, a su vez, pudo reivindicarse y estabilizar el rumbo pero volvió a tropezar con la misma piedra desprendiéndose de Emmanuel Gigliotti, su centro delantero goleador, que en la actualidad es el segundo máximo artillero de la Superliga con 12 goles.

Errores del entrenador, compartidos por la cúpula dirigencial que le entregó una peligrosa llave, que se replicaron una y otra vez en incorporaciones, como Pablo Hernandez, Fernando Gaibor, Gonzalo Veron, Brian Romero, Silvio Romero. Jugadores que la adaptación, después de largos meses, no les ha llegado.

La caída con Racing no fue un partido de fin de ciclo. Para nada. La cabeza de Ariel Holan no debe rodar por los pasillos de Mitre 470, ni tampoco entre las calles Alsina y Bochini. El clásico debe servir para crear un antídoto que destruya los egos y los errores. Así como se hicieron cargo de aquel formidable equipo del 2017, el cual rememoró noches de gloria como las que se vivieron con Bochini, Bertoni, Santoro y Pavoni, entre otros; también tienen que enfrentar esta pésima realidad que hoy golpea la puerta a todo el mundo independentista.

Este humilde redactor que suelta estas palabras como periodista pero además como hincha, pide autocrítica fuerte y necesaria para salir adelante y volver a llenar de ilusión a los más de 6 millones de hinchas de todo el planeta. Dejemos los egos de lado, cometamos la menor cantidad de errores posibles y por sobre todo, pongamos el escudo y a la institución por sobre todas las cosas, siempre.

Volvamos a ser, lo que una vez fuimos…

Encontrar el rumbo, sin perder la identidad

Ya se ha transformado en un recuerdo ese Independiente que hace poco más de un año logró arrodillar a Sudamérica con un juego intenso y dinámico, con la redonda siempre por el césped y el arco rival entre ceja y ceja. Aquellos pases en el Maracaná entre Meza, Barco, Albertengo, Domingo, Tagliafico, “Torito”, Amorebietta y la gambeta de Campaña, demostrando carácter donde muchos ni siquiera llegan a jugar y donde, además, esta entidad campeonó en dos oportunidades, fue la cúspide de un equipo que más allá de un resultado adverso conservaba en todo momento el Compromiso, la Actitud y la Intensidad.

Durante el 2018, a pesar de haber obtenido la Copa Suruga Bank ante el modesto Cerezo Osaka, Independiente ingresó en un sinfín de dudas, de desaciertos y pocos partidos se pueden rescatar de ese año. La victoria frente a Huracán –la tarde noche del famoso Wisky y el Habano-, el triunfo frente a Corinthians, en Brasil, por fase de grupos de la Copa Libertadores y el encuentro de ida por los cuartos de final ante River, en el mismo certamen. Muy pocos cotejos aceptables para una institución que conserva una historia llena de glorias, hazañas y sobre todo, para un equipo que un año atrás era convincente, mantenía un norte hacia dónde dirigirse y la ambición firme para derribar cualquier obstáculo que se entrometiera en su camino.

Es cierto que la figura de Ariel Holan para Independiente es símbolo de esperanza, estandarte de recuperación de un baluarte que se creía perdido por malas gestiones administrativas, institucionales y fundamentalmente deportivas. También es claro, que el entrenador es ese capitán que debe recuperar el rumbo de este barco a la deriva y que, sin lugar a dudas, preocupó hasta al más optimista –como quien humildemente escribe- el sábado frente a San Lorenzo. Jugadores sin brújula, hincados, acalambrados, sin ideas, inofensivos y deseando que el silbato marque el final de una trágica película de terror. Eso no es Independiente, o al menos, no es el Independiente que el hincha y socio se acostumbró a contemplar.

¿Se fueron futbolistas claves?, no cabe duda. ¿Se desarmó un equipo que prácticamente podía aspirar a ganar la tan ansiada octava Libertadores o un campeonato local?, por supuesto que sí. Pero no es tiempo de lamentar lo que podría haber sido, es momento de levantar cabeza, mirar el escudo y darse cuenta a que club están representando, tanto los que se quedaron como los que llegaron. Hay una identidad, una idea de juego y un respeto que este plantel y el cuerpo técnico se ganaron a lo largo de todo este proceso a base de esfuerzo y sacrificio. Es hora de acomodar el timón y retomar el camino correcto, para volver a soñar como en los viejos tiempo que sí, se puede. Basta de lamentos y caprichos, Independiente está por encima de todo y todos.

Esta nueva aventura recién acaba de comenzar. Entrar a la Copa Libertadores 2020 y consagrarse en un torneo esquivo para los de Avellaneda como la Copa Argentina, deben ser los punta píe iniciales para despegar de este sentimiento con sabor a poco. Encontremos el rumbo, sin perder la identidad.

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