El fracaso de Holan

Luego de la derrota en Santa Fé, con una mala actuación del equipo, fueron innumerables las críticas al plantel y la mayoría de ellas apuntaban contra Ariel Holan, calificando como fracaso al semestre de Independiente. Está claro que ese enjuiciamiento fue producto de una calentura momentánea luego de esa dura caída que malograba uno de los objetivos de estos primeros meses del 2018. También es cierto que el cariño del hincha para con el técnico Rojo es indiscutible. Pero el enojo fue claro, con críticas al dibujo, los cambios, el rendimiento físico (con el recuerdo del querido Profe Kohan) y futbolístico del Rey de Copas. Y muchos medios, siempre atentos para hablar mal de Independiente, se hicieron eco.

Ahora, a unos días del triunfo ante Lara, se puede hacer un balance más definitivo de la actuación tanto en la Copa como en la segunda parte de la Superliga y la Recopa. Y ya sin la histeria característica de las horas posteriores a un encuentro decisivo, lejos de descalificar a los hinchas que mostraron su descontento post derrota ante Unión, lo que ocurrió nos parece otra de las cosas saludables que están pasando actualmente en el Rojo. Un club que resurgió de las cenizas, volvió a ser y que gracias a la recuperación de su identidad, tiene la vara alta después de mucho tiempo. Y eso es en buena parte por el trabajo de este entrenador.

Ariel Holan solamente logró uno de los tres objetivos planteados en el semestre, algo que para algunos da fundamentos para tildar de fracaso este 2018. Y quizá tengan razón.

Fracasó porque perdió la Recopa ante Gremio. Copa a la que accedió por haber salido campeón en el Maracaná por segunda vez en la historia, logrando un título internacional luego de 7 años. Jugó gran parte de las dos finales con un jugador menos y en ningún momento fue inferior al campeón del máximo certamen sudamericano, que necesitó los penales para vencer a Independiente.

Fracasó porque no clasificó por puntos a la Libertadores, sin poder vencer a un débil Gimnasia y cayendo ante Unión. Algo que no había pasado nunca, ya que el Rojo siempre entró a la copa que ganó siete veces como campeón. Y de ganar en Santa Fé, se aseguraba jugarla en dos ediciones consecutivas luego de 31 años.

Fracasó porque tuvo que esperar hasta la última fecha del grupo para ganarle a un equipo venezolano y avanzar así a los octavos de final de la Libertadores. Algo que no ocurría desde el 95, ya que en las ediciones del 2004 y 2011 el Rojo no llegó a esa instancia.

Fracasó porque salió sexto en la Superliga argentina, torneo que jugó siempre compitiendo internacionalmente y afrontó con juveniles algunos encuentros del semestre anterior.

Fracasó porque los refuerzos que pidió no rindieron y costaron muchos millones de dólares. Dinero que tenía el club gracias a las ventas en muchísimo más que realizó la institución por la gigante revalorización generada en el plantel desde su llegada. Y mientras se espera que esos refuerzos que llegaron sobre el comienzo del semestre rindan en el que viene, se especula con las ofertas que llegarán por jugadores como Benítez, que nos cansábamos de insultar y ahora disfruta de un idilio con la gente. O de Maxi Meza, que no rendía y ahora está por disputar un mundial siendo de Independiente, algo que con un jugador de campo no sucedía desde 1994 (Ustari viajó como tercer arquero en el 2006).

Más allá de los rendimientos, los gustos y la empatía que pueda generar en cada uno de nosotros, Ariel Holan nos devolvió al Independiente que siempre soñamos volver a tener. Gracias Profesor por este fracaso, porque hasta en eso está a la altura de nuestra gloriosa historia.

Resistencia

“Cuánto más grande es la dificultad, más gloria hay en superarla”, reza una cita del histórico filósofo griego Epícuro y vaya si han ocurrido acontecimientos enmarañados en la institución de Avellaneda en el último tiempo. Sucesos que son difíciles de abstraerse por completo para cualquier jugador de fútbol pero que finalmente se superarán con el compromiso, la actitud y la intensidad, que caracteriza a este escudo. Aquellos que nos quieren ver en el piso, esgrimiendo quien sabe qué cosa, son los que hoy se retuercen enfurecidos al ver que el Rey de Copas se sostiene firme y recubierto por la gran historia, la mística y por supuesto su gente.

En estos meses en la entidad de Avellaneda hubieron allanamientos a la sede de Mitre 470, difamación y la divulgación de información de extrema confidencialidad judicial en medios deportivos y operaciones políticas que ostentan contra el bienestar del club. La “Resistencia” nos sirve para mantenernos firmes y capaces de aguantar cualquier fuerza de oposición. Así como los partisanos italianos resistieron contra el fascismo de Benito Mussolini y las tropas nazis durante la segunda Guerra Mundial. Esto lejos está de ser un término tan grande y lamentable como una guerra; pero es una situación turbia que debe mantenernos despiertos, unidos y atentos porque hay están ellos, esperando nuestro tropiezo.

El hincha y socio del Rojo no está exento de este hostigamiento permanente. Cada vez que el equipo de Ariel Holan se presenta en el Libertadores de América, los problemas surgen. Ingresar al estadio se transformó en un karma para la parcialidad local. Un ejemplo es lo que aconteció en el último encuentro, ante Gimnasia Esgrima de La Plata, el fin de semana. Hubieron cuatro vallados previos en la tribuna social Norte Baja -uno más que en la Sur Baja-. De esta manera la dinámica de admisión se demoró demasiado y si a esto le sumamos el maltrato de la policía, quienes originan embudos innecesarios y malestar en la gente -con el partido ya comenzado- se torna insoportable hasta para el más paciente cuando se quiere entrar a nuestra propia casa. No hace falta que mencione la “Resistencia” que tienen los aficionados cada fin de semana.

El último punto de esta humilde y pequeña reseña que amerita la “Resistencia” de Independiente, son los reiterados arbitrajes polémicos que se dan tanto a nivel Conmebol como en la Superliga Argentina. Fallos que no parecen ser simples errores: el penal inventado ante Atlético Tucumán y la clara mano del jugador paraguayo, Tacuara Cardozo en la Copa Sudamericana 2017, las dos tarjetas rojas en ambas finales de la Recopa frente a Gremio, el gol anulado por una supuesta “infracción” de Nicolás Figal ante Corinthians en Brasil, en la actual Libertadores, y otros tantos partidos del campeonato doméstico, como fue ante el Lobo. Todas las dividas son para el contrario siempre, tarjetas mal aplicadas y penas máximas no sancionadas.

Independiente duele, molesta y genera la envidia de propios y extraños, eso no es ninguna novedad. Nosotros resistiremos juntos, como siempre. Estaremos preparados para lo que siempre nos hicieron, atacarnos. Sepan que la institución está de pie y que ¡aunque nos lleven la contra todos los cuadros demás, será siempre Independiente el Orgullo Nacional!.

Incómodos

Independiente volvió a caer de local por segunda vez consecutiva en la Superliga. Esta vez 0-1 frente a San Lorenzo.

Teniendo en cuenta al contrincante, Ariel Holan decidió parar un equipo ofensivo con mucha velocidad en los de arriba -Martín Benítez, Brian Romero y Leandro Fernández- para aprovechar al máximo alguna oportunidad de contraataque.

En el primer tiempo, Independiente trató de plasmar la idea propuesta por el DT, pero luego del gol de Botta, todo se complicó. El Ciclón cuidó el resultado, conformándose con la diferencia mínima, atrasando las líneas -tanto que el nueve de área quedaba en la mitad de la cancha cuando su equipo no tenía la poseción del balón- y tapando todas las opciones de pases. Es por eso que el conjunto de Avellaneda tuvo muchos toques en campo propio, y cuando avanzaba muchos de ellos eran insignificantes por carencia de profundidad.

Cuando el equipo del “Pampa” se vio complicado en la marca, realizó faltas sistemáticas. Luego, eso se vio claramente expuesto en las estadísticas finales del partido, al igual que las siete tarjetas amarillas que recibieron.

Los locales se vieron incómodos, impacientes y alterados al no poder jugar de la manera habitual. Tan así, que Fabricio Bustos termina equivocándose al entrar fuertemente por segunda vez, viendo después la doble amarilla.

Campaña no tuvo muchas complicaciones. Cuando debía reaccionar, lo hizo de una excelente forma.

A pesar de alguna que otra salida en falso de los Diablos Rojos, la defensa se vio más firme con la presencia de Fernando Amorebieta en la dupla central con Alan Franco. Gastón Silva aportó bastante en ataque y en pelota parada -tanto en saques de esquina como en los tiros libres que pasaron muy cerca del arco de Navarro-.

Nicolás Domingo le dio equilibrio, sencillez y buen posicionamiento en la mitad de la cancha. Además, se adecuó al cambio de compañía, ya que al comienzo del segundo tiempo entró Juan Sánchez Miño por Diego Rodríguez.

Martín Benítez no pudo rendir bien como lo viene haciendo en otros encuentros. Casi nunca le quedó el arco de frente para probar desde afuera. La actuación de Emmanuel Gigliotti fue en declive, por la falta de balones filtrados por parte de sus compañeros y por la gran solidez defensiva del contrario.

De los extremos, el que más se sintió cómodo por momentos, fue: Leandro Fernández. En los primeros 45 minutos, se lo vio encendido, siendo uno de los más lúcidos de todos.

Ahora sólo queda pensar en el futuro, en el partido contra Talleres en Córdoba. Será una prueba de fuego, en la que los jugadores deberán ratificar el compromiso, la actitud y la intensidad demostrada el año pasado, que lo llevó a la obtención de la Copa Sudamericana en el Maracaná.

Mezadependencia

Término que empezó a hacerse carne en Independiente. Similar al que frecuentemente es usado para reflejar la insuficiencia futbolística en el seleccionado nacional, cuando Lionel Messi está ausente; la famosa “messidependiencia”. Si le tuviéramos que introducir una definición a esta expresión instalada en el fútbol moderno, diríamos que es cuando el equipo argentino depende execivamente del jugador, más importante, para inquietar a su rival de turno. El funcionamiento se vuelve previsible y el engranaje de juego pareciera nulo ante la falta de esa pieza.

Independiente empezó a pedecer el flagelo que asecha a la Albiceleste. Su as de espada, Maximiliano Meza, es un nexo entre agresividad y generación. Si no está, se nota demasiado. Cuando la pelota se posa en su pie derecho parece que algo va a suceder y sin duda es uno de los pocos, sino el único, que hace parar a un plateista o dejar el aliento a un lado a aquel simpatizante en la popular. Pero el exceso de algo, termina convirtiéndose en un defecto y ayer en el Libertadores de América el semblante de los jugadores y el ambiente en las tribunas cambió rotundamente luego del infortunio del ex Gimnasia. Así como contra Tigre, la “mezadependencia” jugó su papel ante el Decano.

Con el “chino” en cancha Independiente tuvo minutos de buen fútbol, de agresividad, de esa dinámica que este plantel tenía acostumbrado a su gente, allá por el cierre del 2017. La asfixia en la salida fue un mecanismo oportuno para acorralar a un dubitativo Atlético Tucumán, que se defendió como pudo en la parte inicial, safó y los tantos que no le convirtieron -como dice la ley del fútbol- los hizo en el complemento. El Rojo pagó nuevamente la falta de gol, eso que ya se convirtió en un carma y que aún sigue sin tener respuesta, a pesar de la inclusión millonaria de Silvio Romero, quien no se encuentra apto todavía para jugar en este plantel.

El momento bisagra llegó cerca del final de la primera mitad. Meza elevó su pierna para bajar una bola que viajaba por el aire, de derecha a izquierda, y sintió la molestía -su parte médico arrojó que tiene un desgarro en el isquiotibial derecho. Tiene para tres semanas de recuperación-. Luego del mal trago, el conjunto local se desmoronó. Pasó a ser débil, a sumergirse en un mar de imprecisiones. Fue ni más ni menos que la “Mezadependencia”, la cual tomó posesión e incidencia en el juego.

En este análisis podría comentarles mil cosas sobre los conceptos técnicos de esta teoría pero Holan lo remarcó bien en la conferencia de prensa, post derrota: “Lo que sucedió en el segundo tiempo es todo lo que no quiero para Independiente”. Al equipo se le quemaron los papeles y para el complemento la suerte estaba hechada.

Los ingresos de Gaibor -al ecuatoriano le cuesta horrores la adaptación-, Fernadez y Benítez no sirvieron para cambiar el curso y la dinámica del encuentro. Los que llegaron para potenciar el equipo tampoco son la solución del problema, al menos por ahora.

Se viene una seguidilla decisiva para Independiente (San Lorenzo, Talleres, Boca, en la Superliga y Corinthians por la la copa) y casi seguro que Meza no participe de esos compromisos. Hay que ponderar el trabajo colectivo y evitar el exceso de la “Mezadependencia” que el equipo demostró en los últimos dos encuentros.

Concebir la fortaleza

Triunfos contundentes como los de anoche, ante San Martín de San Juan, son los que determinan un sentido de pertenencia, un rumbo por el cual Independiente debe transitar para obtener más logros como el de aquel recordado 13 de diciembre, en el mítico Maracaná. Destellos de buen fútbol, ante un flojo conjunto sanjuanino que no aguantó el ritmo de los jugadores de Ariel Holan, un simbronazo de rebeldía y carácter para recuperarse de la derrota, preocupante, que había retumbado fuerte 5 días atrás, resultó la descarga positiva durante el aplastante 4-0.

Es cierto que este amanecer del 2018 Independiente todavía no ha conseguido mantener la intensidad futbolística que lo caracterizó sobre el final del año pasado. En los ocho partidos oficiales que disputó -contemplando los cinco del torneo doméstico, los dos por la Recopa ante Gremio y el de Copa Libertadores- padeció la falta de regularidad en su desempeño táctico, aún en las victorias. Quizás no precisamente por una imposición en el dominio del rival si no más bien por infortunios propios, errores que constaron goles y consecuentemente determinaron resultados.

La constancia es el hábito de mantener el esfuerzo prolongado en el tiempo y es un derivado a la construcción de la fortaleza. Un concepto que Independiente debe perseguir, encontrar y rápidamente atesorar como estandarte infaltable; llevarlo como el escudo, plasmado en el pecho, porque en el horizonte asoman encuentros importantes: Argentinos Juniors y Millonarios, en el Libertadores de América; Tigre, en Victoria y Atlético Tucuman y San Lorenzo, posteriormente, en Avellaneda. Todos partidos decisivos, tanto para sumar en el ámbito argentino como para seguir vivos en el certamen más importante del continente.

La victoria por 4-0 ante San Martín de San Juan, por la fecha 18 de la Superliga, no solo debe significar una escalda al tercer puesto de la tabla – con 32 unidades – ,sino que además tiene que representar un camino para sublevarse a esa busqueda de fortaleza futbolistica y regularidad en el sistema de juego.

Luego de la caída ante Gremio en Porto Alegre señalé humildemente en esta misma página que no debíamos perder lo que tanto nos había costado volver a conseguir: el respeto y la admiración de todos. Construyamos sobre lo construido. Concibamos esa fortaleza que no hará llegar nuevamente a la gloria.

Ganamos más de lo que perdimos

“A veces perder es ganar y no encontrar lo que se busca, es encontrarse”. Esta frase del artista y escritor franco-chileno, Alejandro Jodorowsky, mantiene un doble sentido que se aplica al momento exacto que vive Independiente en estas horas. A pesar que hoy nos levantamos como nos acostamos anoche -tristes e inmunes a las palabras de cualquier persona que nos diga que “el Rojo cayó de pie”-, interiormente sabemos que ayer recuperamos lo que muchos equipos se pasan la vida tratando de tener; respeto. Algo esencial que a esta institución se le había escurrido como agua entre las manos hace tiempo.

Hablo de respeto como un baluarte que tanto dirigentes, cuerpo técnico, jugadores e hinchas debemos cuidar como un tesoro preciado. ¿Cómo se logra proteger eso?, todos aportando un granito de arena. La CD debe gestionar como corresponde, traer jugadores que nutran al plantel y cuidar imperiosamente lo que le hace bien al club; los jugadores no dejándose vencer por la monotonía y siempre estar dispuestos a entregarse por esta camiseta con alma y vida; el cuerpo técnico mantener el barco estable siempre y los hinchas, lo que mejor sabemos hacer, apoyar y conservar latente esa exigencia que caracteriza al paladar del Rojo.

Ayer aunque perdimos -por penales y con 10 hombres en casi 145 minutos de toda la serie ante Gremio-, ganamos mucho más de lo que los más de 6 millones de hinchas pueden imaginarse. No es casualidad que de vez en cuando “las pérdidas sean ganancias”. Ese dolor que sentimos con fervor dentro de nuestros corazones tiene que convertirse en felicidad en un lapso corto de tiempo. Independiente comenzó hablar nuevamente con fútbol, con huevos y con ese Orgullo Nacional que hizo arrodillar a los grandes del mundo en los momentos más ricos de su historia. Juega, mete, guapea y no se amedrenta ante los contextos adversos.

Recuperamos la mística, nuestra idea futbolística, la ilusión de ganar títulos, las ganas de ir a cualquier cancha y pensar que podemos ser. Soy un convencido -sé que vos que estás del otro lado de la pantalla sentís igual que yo- que todo lo construido es gracias al trabajo preciso, meticuloso y dedicado de un hincha como vos y como yo, de Ariel Holan. Ese mismo que todavía muchos periodistas, de medios importantes, continúan agazapados esperando el tropiezo para achacar y esbozar sus destructivas frases histriónicas en contra del profesor.

Jugadores, ustedes sigan con el cuchillo entre los dientes. Demuestren en cada partido, en cada competencia y en cada estadio que el Rey de Copas está más vivo que nunca. Que los demás nos vean levantar los brazos en el círculo central del campo y tiemblen porque el Orgullo Nacional está de vuelta entre todos ellos, como una pesadilla que regresó para no irse nunca más. “Vayan, sean hombres, jueguen y ganen”, como dijo alguna vez el querido José Omar Pastoriza, porque la octava Copa Libertadores nos espera para abrazarla fuerte.

No perdamos más el respeto y la admiración que logramos ganar…

La sangre en el Rojo

Nuevamente, como hace siete años, nos vamos de ese Porto que no fue Alegre sin la Recopa. Otra vez, estamos al día siguiente casi sin dormir y con una mezcla de sensaciones. Son distintas a las de aquella vez, pero también son muchas. La mayor y fundamental diferencia es que en el 2011 sabíamos que ese partido significaba el final de un ciclo que nos había dado una alegría de casualidad. Ahora somos conscientes de que la derrota ante Gremio es, junto al título en el Maracaná, simplemente el comienzo de algo que estuvimos anhelando durante mucho tiempo. Nada más ni nada menos que volver a ser, con todo lo que eso significa.

No somos el equipo que más hinchas tiene, ni el que ocupa mayor espacio en los medios. Somos Independiente, el dueño de la historia más grande. El Rey de Copas, el Orgullo Nacional. Y anoche perdimos una final, por eso tenemos bronca.

Hubo muchos errores, de esos que duelen. Podemos lavar culpas en un Var que hasta el momento llegó al fútbol para traer más problemas que soluciones. Pero lo cierto es que el pase mal dado en el gol de Luan, el codo en la cara de Kannemann y la pierna en alto existieron y son fallas que nos costaron una copa. Los hubo además desde el cuerpo técnico, con armado y cambios discutibles y la decisión de darle el último penal a un delantero que a lo largo de los años falló más de lo que acertó (basta con pensar simplemente en la cara que pusimos todos, porque todos pusimos la misma, al enterarnos quien era el encargado). También es verdad que hubo muchos jugadores que en lo futbolístico no estuvieron a la altura de una final. Quizá suene exagerado, pero los únicos que mantuvieron el nivel del Maracaná fueron Campaña y Domingo. Al uruguayo solo le faltó atajar penales, en los que hubo mucho mérito rival (de hecho rozó dos bien pateados). Y lo del exRiver fue emocionante, desde el juego, pero sobre todas las cosas por la entrega.

Y esa es la palabra clave. Siempre como hinchas lo primero que pedimos es que los jugadores más allá de los errores y el nivel demostrado dejen la vida por la camiseta que tanto amamos. Y ese casillero este plantel lo llena con creces. Puede jugar mejor o peor pero da todo y eso va a transformar la rabia de hoy por no darle otra copa a esa vitrina llega de gloria, en la misma esperanza que teníamos anoche el próximo jueves, cuando comience el sueño de la octava. Eso es lo que hace que el TodoRojo, slogan inventado por un muchacho que, lejos de ser un erudito en marketing, pasado de copas o por desconocimiento no sabía quien era el DT del equipo que estaba yendo a ver, deje de ser solo un hashtag para unirnos en una esperanza. Porque después de mucho tiempo tenemos con qué. Hay fundamentos para creer y soñar. Y un técnico con un plantel que nos hace sentir ese orgullo tan Rojo como nuestro.

Anoche a pesar de la derrota, este equipo como un toro enfrentó las adversidades, aguantó y dejó el corazón y la sangre en el Arena. La misma que invade nuestros ojos hoy, llenos de bronca, pero mucho más de orgullo. Sangre Roja como nuestra camiseta. Y tenemos mucha más para dar.

Ahogados en faltas sistemáticas

Independiente, de visitante, empató en cero contra Temperley, y quedó -por ahora- en zona de Copa Sudameticana para el año próximo, estando sexto con 26 puntos, teniendo en cuenta que tiene un partido menos por el postergado frente a San Lorenzo, de la fecha 15 en el Libertadores de América.

En el primer tiempo, el equipo que hoy formó Ariel Holan -con muchos de los jugadores que no juegan habitualmente- imprimió la misma intensidad que lo hacen siempre los titulares. También se pudo ver el mismo estilo que tanto hace hincapié el cuerpo técnico, con: presión alta, dinámica, ataques directos y posiciones correctas para no quedar mal parados ante un contraataque rival.

La realidad es que en los 45 minutos iniciales, el Rojo mereció ganar, por haber construído seis chances claras de gol contra una de la celeste, que fue tras una pifia de Nicolás Figal en defensa, la cual supo controlar correctamente Damián Albil. Se repetía lo de siempre: otra vez hacíamos figura al arquero contrario.

La muy buena imagen dada se deshizo en el complemento. Cada vez que Independiente atacó, el equipo dirigido por Gastón Esmeredo realizó faltas sistemáticas para cortar los avances que, más adelante llevaron a que Diego Abal expulse a Matías Nani tras una durísima falta contra Diego Rodríguez.
Además, hubo varias ocasiones en donde el conjunto de Avellaneda se desconectó y dio malos pases, a tal punto que parecían no entenderse entre ellos.

Hablando del arbitraje: lo salvó a Figal de la doble amarilla y no le cobró un claro penal a Leandro Fernández.

Terminando ya el análisis de dicho encuentro, seguramente el equipo que jugó ayer va a ir aceitandose con el correr de los partidos, ya que el once titular va a rotar debido a los compromisos de Superliga Argentina alternados con los de la Copa Libertadores de América.

Ahora queda pensar en la final de vuelta Vs Gremio de Porto Alegre, que se jugará el próximo miércoles en Brasil. Los hinchas tienen fe, porque este equipo enorgullese al dejar vida y alma sin importar en qué cancha juegue.

Más que nunca, #TodosJuntos

Habrá cientos de frases que nos pongan la famosa piel de gallina al momento de referirnos al partido de vuelta ante Gremio, en tierras brasileñas, pero solo una encuadra todo un cúmulo de reflexiones positivas pensando en la noche que se avecina en cinco días: #TodosJuntos.

Desde hace ya un tiempo quedó demostrado que Independiente jamás se rinde. Juega con un elevado nivel de compromiso e intensidad, nunca resigna su idea futbolística, ni con el marcador en desventaja y con un jugador menos, cómo pasó en la primera final de la Recopa y del mismo modo mantiene la mística intacta, esa que el arquero Cristian Luchetti dijo alguna vez que “eso queda para los giles”.

Más allá de algunas imprecisiones en la línea de fondo, sobre todo en el gol de Gremio, el Rojo mostró muchas de las cualidades mencionadas anteriormente en los primeros 90 minutos y tiene material de excelente calidad para ir en busca de la copa 18 el próximo miércoles 21. En lo que significaría, además, dar dos vueltas en Brasil en poco más de 2 meses. Una nueva hazaña podría escribirse en la portentosa historia del Rey de Copas.

Acaso este escudo no logró poner de rodillas a Juventus en la Intercontinental de 1973 y al temible Liverpool en 1984, no enmudeció al país entero luego de vencer con ocho jugadores a Talleres en el Nacional de 1977. Me van a decir que a Flamengo le quedan ganas de toparse con el Diablo después de sus fracasos en el mítico Maracaná, en la Supercopa de 1995 y por la Copa Sudamericana hace tan sólo unas cuantas semanas.

Jugadores, cuerpo técnico y simpatizantes, vayamos por una nueva conquista. No descansemos hasta que nuestro rival este en el piso esgrimiendo piedad ante nuestro implacable semblante futbolístico. Habrá cerca de 3.500 mil hinchas en Brasil pero más de 6 millones gritando ¡Vamos Independiente, TodosJuntos!

Sigamos haciendo historia…

Señores dejo todo…

…me voy a ver al Rojo, porque los jugadores me van a demostrar, que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo.

La antigua canción de la hinchada de Independiente, muchas veces utilizada para otras versiones del Rojo que distaban de esto de que “lo llevan adentro como lo llevo yo” le cabe perfecto a este equipo que, desde hace un año, viene dejando todo en cada partido.

Más allá de que no siempre gana, si hay algo que no se puede discutir es esto: dejan todo. Y no solo eso, porque podés dejar todo y no jugar a nada. Independiente sabe a lo que juega. No se apichona jamás ante una situación adversa. No es fácil arrancar perdiendo una final y revertirla y, este grupo, ya lo hizo en tres ejemplares: las dos ante Flamengo y la de anoche ante el campeón de la Libertadores de América.

Fernando Amorebieta cometió un error que costó arrancar 0-1 promediando los 20 minutos de la etapa inicial. Sin embargo, más allá de esto, fue de los mejores de la cancha. Por merito propio y también por contagio. Porque el Rojo, tras el tanto de Luan se llevó por delante al rival, inclusive cuando quedó con uno menos por la infantil expulsión del Puma. El Vasco terminó siendo el bastión de la defensa y salvando un gol hecho tirándose con la cara y con la vida.

Puntualizo en Amorebieta, pero podría hablar de cualquiera. A diferentes escalas quizás, pero todos con el mismo fin. Porque Benítez, al que queríamos matar hace un año, erra un gol imposible y después de eso en vez de deprimirse como antes, se convierte en uno de los mejores del equipo. Porque Meza, lejos de ser el híbrido que llegó cuando vino de Gimnasia y sin tener hoy su mejor nivel, en cualquier momento agarra la pelota y hace un desastre. Porque Silva no es Tagliafico pero deja el alma. Porque Domingo juega cada partido como si fuera el último y nos hace olvidar que Marcone está en la popular alentando y así podría seguir hablando de todos.

Es que este Independiente está hecho de carácter. Es un equipo que aprendió en la adversidad y que se hizo cada vez más fuerte. Podrá ganar, empatar o perder en Porto Alegre porque esto es fútbol, pero de algo estoy seguro: que pase lo que pase van a dejar todo, porque un tipo, que entiende mucho el significado de esa canción, se los viene inculcando desde hace más de un año.

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