Lápiz y papel en mano

Ayer fue uno de esos partidos donde seguramente muchos expresaron la famosa frase “para el olvido”. Sin animosidad de crear una grieta sobre lo bueno y lo malo que ha venido haciendo Independiente durante este último tiempo, es considerable tomar nota de esta clase de encuentros que dejan cosas para corregir, sin tener que hacer un borrón y cuenta nueva.

El 4-2-3-1 fue el esquema que se reflejó en el inicio, ya característico del entrenador Ariel Holan. Diego Rodríguez como único cinco natural de marca fue de los pocos que tuvo un partido correcto. Marcando el tiempo de; en que momento ir a presionar con intensidad y cuando esperar. No tanto así Walter Erviti, quizás el jugador que todavía no ha demostrado una pizca de lo que fue en Banfield hace tan sólo unos meses y muy lejos del que saliera campeón en la misma institución. Corriendo siempre más de lo juega o asiste. Por supuesto su fuerte por naturaleza.

Una noche rara por donde se la mire. Banderas dadas vueltas producto del conflicto con la barra brava y el pulmón en la Tribuna Norte Baja, el murmullo del hincha por la lentitud que mostraba Independiente y el penal ejecutado por Denis que terminó por convertir en un hervidero el Libertadores de América y posteriormente la derrota. ¿Se pretendía que erre el penal?, ¿El enojo fue porque pidió patearlo?. En fin, es delantero y como tal vive del gol. El argumento no tiene más sustento que ese.

El tridente que se posó detrás de Leandro Fernández, quien mostró ser el delantero picante que el Rojo necesita, con Meza-Blanco-Barco fue lo mas pusado que se vio en los últimos seis meses. Esa explosión interesante que incluyó el cotejo ante Atlético Tucumán por la Sudamericana quedó sin garantía extendida. Imprecisos en los últimos metros y sin la convicción con la que sí atacaba el equipo de Jorge Almirón

Jonás Gutiérrez por quien nadie, excepto Holan, ponía dos pesos arriba de la mesa está mostrando un gran fortaleza física. Acompaña bien en la mitad de la cancha tanto a la hora de recuperar como en la transición para ir hacia adelante.

El fútbol tiene estas cosas imponderables. Después de dos corner, mal ejecutados al primer palo, y la contra posterior que tuvo a un imparable Lautaro Acosta en todo el encuentro derivó en un penal. Todos sabemos el final.

Este deporte es de regularidad. Es la aliada más indispensable y la cual delimita el camino por donde vas a transitar durante el período de competencia. Ayer se jugó mal pero no por eso hay que olvidar ¿cómo se hizo?. Todo lo contrario. Es bueno poder reaccionar a tiempo, sobre todo cuando el equipo se está disputando, todavía, la plaza a la Copa Libertadores 2018.

Lápiz y papel en mano, que el martes Independiente se juega una nueva parada, podrían no estar Benítez y Bustos, para aspirar al boleto continental del próximo año.

Un busto para el Tractor

Los partidos consagratorios son, en su mayoría, aquellos que por un cúmulo de situaciones destacan en el rendimiento personal. Por muchos años, Argentina ha mantenido el debate y la encrucijada de no tener marcadores por derecha e instalando una falencia notoria, por lo menos, desde la década de Javier Zanetti. Dirigentes, coordinadores y entrenadores aseguran al unísono que “de cada 100 chicos que se prueban en los clubes, menos del 5% son laterales”.

¿Acaso estoy sosteniendo una infamia si considero que Fabricio Bustos está apto para ser el 4 titular del equipo de Jorge Sampaoli? 27 partidos disputados con la camiseta de Independiente, manteniendo un nivel muy regular, avalan esta teoría. Tiene el poderío técnico, la destreza, la marca y la proyección en ataque para suplir la imperiosa necesidad de la albiceleste.

En la victoria por 2-0 ante Atlético Tucumán y por consiguiente el pase a los cuartos de final de la Copa Conmebol Sudamericana, el Tractor volvió a mostrar el carácter y la rebeldía propia de los 26 encuentros anteriores. Esa entrega magnífica que hace que el hincha se rompa las manos para aplaudir por su sacrificio. Digno de un jugador que se pone con responsabilidad la camiseta del Rey de Copas, digno de Fabricio Bustos.

Muchos simpatizantes recuerdan la figura, en ese lado del campo, de Néstor Clausen. Claro que la diferencia generacional hizo que, quien les habla, no lo haya visto jugar, como seguramente les pasa a muchos hinchas jóvenes. Ver a Bustos disputar las pelotas como si fuesen las últimas, debe remembrar en los más veteranos aquellos recuerdos del “Negro”.

Ayer el estadio Libertadores de América se rindió ante los pies del Tractor con un Bustos, Bustos…Tras un buen partido, el canterano recibió un lindo reconocimiento. No cabe dudas que su techo todavía está lejos de su alcance.

En sus tierras Rusia no tiene demasiados campos donde se practique la agricultura y sus actividades en la tierra. Aunque no deberían sorprenderse si a mediados de 2018 hay un tractor para hacer historia.

Conformismo barato, jamás

Una nueva desilusión nos propició otro cachetazo en la mejilla, que tan roja como la camiseta de Independiente está de tantos que hemos recibido en los últimos años. La entrega de este último semestre, las grandes apariciones como Ezequiel Barco, Fabricio Bustos y hasta el propio Martín Campaña que terminó siendo el mejor refuerzo de años anteriores, quedaron opacadas por este presente negro que la entidad de Avellaneda transita sin haber podido, por el momento, ingresar a la Copa Libertadores 2018.

Las esperanzas, que terminaron de diluirse como agua entre los dedos ante Lanús en el empate 1-1, comenzaron a mostrar la inestabilidad desde el inicio de la segunda mitad del campeonato local, donde el Rojo cosechó 12 puntos de 24 jugando en terreno propio. Tal vez, en el análisis a flor de piel, con algarabía y bronca podremos lamentar aquellos empates como por ejemplo: San Martín de San Juan (0-0), con el peor Vélez de los últimos años (1-1), con Atlético Rafaela quien jugará en la B Nacional la próxima temporada(1-1) y con Olimpo (1-1) que el lunes consiguió mantener la categoría tras un contundente 3-0 en Mar de Plata ante Aldosivi, equipo que también terminó descendiendo y que Independiente no pudo casi generarle peligro cuando viajó a la Feliz (0-0).

Es cierto que desde la llegada de Ariel Holan se vislumbraron mejoras y se definió una clara idea de juego forjada a partir de mantener la pelota por el césped e intentando ser protagonista siempre, pero el conformismo barato nunca fue un lema característico de una entidad plagada de historia, hazañas y gloria. “El aliento de la gente puede ser contraproducente”, analizó 48 horas antes del encuentro con el “Granate” el recordado “Chivo” Pavoni y como casi todo el campeonato, Independiente ante su gente fue una máquina de fallar situaciones de gol. Algo similar al cotejo de 2013 ante Boca donde el Rojo creó infinidades de ocasiones y terminó igualando 1-1 con el colombiano Caicedo como estandarte de esos errores.

La expresión de “conformismo barato, jamás” no deja exento a los dirigentes. Pese a que no se consiguió el objetivo por la vía de los primeros cinco lugares del torneo local, las incorporaciones de cara al siguiente semestre deben ser de jerarquía y sembrar las bases desde lo construido. Traer refuerzos de calidad, no para rellenar, es tan vital como mantener futbolistas sin tener que vender para saciar el bolsillo de nadie. Independiente ante todo.

¿Debió jugar todo el partido Erviti?

Se dice que con el famoso “diario del lunes” todos somos técnicos, expertos o especialistas, debido a que, al ver algo que no funcionó se lo critica duramente cuando antes del partido no se había hecho.

Walter Erviti tuvo una noche para el olvido, en ningún momento pudo dominar al medio de Boca ni hacer jugar a los suyos. Falto de tiempo y distancia, hasta con algún evidente problema físico, el exvolante de Banfield no mostró argumentos futbolísticos como para haber obtenido la titularidad.

Ahora bien, supongamos que Ariel Holan vio que en Perú tuvo un buen rendimiento -así lo creo yo- y que por eso decidió ponerlo de entrada ante Boca, lo que no tiene ninguna explicación es que haya jugado los 90 minutos. No va a faltar el que diga que el Rojo hizo dos cambios obligados por lesión, lo cual sería cierto. Tan cierto como que el primer cambio no obligado fue la salida de Martín Benítez.

Lejos están estas lineas de defender al misionero que tuvo un partido casi tan malo como el de Erviti, pero a juzgar por el resultado, era muchísimo más lógica la salida del exBanfield, quizás retrasando a Maxi Meza y al propio Benítez para dejarle lugar a Albertengo. Sólo el entrenador sabe la razón por la que mantuvo a Erviti los 90 minutos. Realmente, inentendible.

Desaparecidos

Pocos recursos presentó Independiente para hacer un análisis favorable de su actuación. Después de mucho tiempo, el Rojo se vió claramente superado por el rival, sin tener presencia, capacidad resolutiva ni ideas para ir en busca del partido en la dura caída 3-0 ante Boca. Los dirigidos por Ariel Holan no solo perdieron el invicto de 14 partidos, sino que además no aparecieron señales positivas, salvo algunos esporádicos movimientos de Ezequiel Barco, del funcionamiento que venía mostrando en los encuentros anteriores.

Desde el arranque del cotejo, Independiente nunca generó gran peligro en el arco contrario, el medio campo con Rodríguez y Erviti, este último sin gravitación durante los 90′, no pudieron nunca ser los creadores y dueños de esa mitad. Muy pobre, como hacia tiempo, lo de Rigoni y Benítez, jugando las personales y tomando malas desiciones ante la falta de movilidad de Gigliotti que se preoucupó más por pedir infracciones al arbitro Rappalini, que de agunatar y pivotear como el equipo necesitaba.

Boca fue ampliamente superador e hizo las cosas mejor para quedarse con los tres puntos. Cerró bien los espacios, gano bien el corazón del terreno con el tridente Barrios, Gago y Pérez y nunca dejó que los de Avellaneda realizaran lo que mejor hacen, explotar con velocidad las bandas de contra.

Es cierto que Independiente no fue el mejor cuando ganó partidos importantes como con Racing, Huracán o Alianza Lima, ni tampoco es el peor ahora habiendo jugado el peor partido del semestre. Esta claro que el entrenador deberá trabajar para que esta derrota contundente no derrumbe lo construido y no desvié el objetivo principal de la temporada de conseguir la clasificación a la Copa Libertadores 2018.

Con este resultado, el Rojo quedó séptimo con 45 unidades a tres de Newell’s (48) que es el último que hasta el momento está ingresando a la máxima competencia de América. El chip deberá cambiarse rápidamente sin olvidar los errores que se han cometido esta noche. La actitud, el compromiso y la intensidad no se negocian bajo ningún punto de vista

El despertar del Diablo

Es inadmisible no reflejar que Independiente dejó de ser ese equipo tibio, temeroso y vulnerable que había sido en los últimos 15 años. Ese plantel que tenía miles de defectos y casi ningún aspecto positivo para salvar. Es que desde la obtención de la Copa Sudamericana 2010, la cual no fue sinónimo de firmeza futbolística, el camino de aquella competencia tapo la decadencia que esta institución arrastraba.

¿Cuán importante es Ariel Holan en la catarsis de “el despertar del Diablo”? Hay una particularidad que diferentes entrenadores que se han sentado en el banco del Rojo: Almirón, Pellegrino y hasta el mismo Milito, no pudieron encontrar en sus procesos, regularidad. Esa palabra tan simple pero difícil llevarla a la práctica, y vaya que le ha costado al conjunto de Avellaneda recuperarla en su brújula.

El complemento que sostiene el compromiso, la actitud e intensidad que retumba en el equipo, tiende de la estructura de lograr obtener regularidad en el juego, en la idea táctica y el estado anímico de cada uno de los fútbolístas que salen todos los fines de semana al terreno de juego.

Aquellos buenos pasajes en los diferentes proyectos, si alguien todavía cree en esa exclamación en el fútbol moderno que vive Argentina, nunca estuvieron soslayados por la regularidad, por la prolongación de un nivel parejo. Más allá de los records personales del entrenador, con 14 partidos invictos desde su asunción, el mayor mérito que hasta aquí se le puede destacar a Holan, es haber encontrado una estabilidad nivelada entre los buenos, malos, feos o lindos partidos. Esa es la llave para despertar a este Diablo.

Objetivo principal: Copa Libertadores

Los últimos partidos hicieron acrecentar una ilusión que hacia tiempo que dormía en el interior de todos los hinchas de Independiente, es que desde la asunción de Ariel Holan como entrenador y su racha de 12 partidos invictos, con seis triunfos y misma cantidad de empates, transformaron la resignación en una ebullición de optimismo.

La sequía de 15 años sin conquistar un campeonato doméstico resultan dagas que año tras año se clavan en la misma herida, la desilusión. Es cierto que un par de resultados en este último tiempo ilusionan hasta el más pesimista. El Rojo se ubica sexto con 44 puntos, con un encuentro menos ante Defensa y Justicia, el cual serviría para arrimarse a cinco unidades de Boca que cosecha 52 puntos. Posteriormente, en la jornada 27, los dirigidos por Holan jugarán ante el Xeneize en la Bombonera. ¿Cómo no ilusionarse?

El embellecido árbol verde que resplandece con una gran levantada a nivel estadístico y futbolístico, no debe tapar el bosque de la realidad. Independiente tiene el foco principal claro, clasificar a la siguiente edición de la Copa Libertadores de América. Banfield es quien está ocupando la última plaza con 45 puntos. De nada sirve lo que hasta ahora se consiguió si la mira, estando tan cerca del objetivo, se corre hacia un lugar de desesperación y ambición impropia.

Es incuestionable que matemáticamente los números dan e ilusionan de manera inmanejable ante una situación que se le presentó sorpresivamente al conjunto de Avellaneda luego de las 22 unidades que sacó en los últimos 10 encuentros del torneo local. Salir campeón es un mote que al Rojo le queda como anillo al dedo si se contempla su rica historia pero también es elemental, conservar los pies sobre la tierra y no perder de vista el objetivo principal de este semestre, el objetivo que se llama Copa Libertadores 2018.

Ceremonia durante la tormenta

Es incalculable lo que vale este triunfo, quizás en uno de los peores partidos de la era Holan. Por momentos del juego, Independiente se pareció más al de otros ciclos, con un fútbol lateralizado formando una U entre la línea de la defensa y la del medio que aburría, sin ideas ni profundidad ni llegadas al arco contrario. Pero este equipo siempre tiene un plus y es que no se da nunca por vencido, cualidad contra la que es muy difícil de competir.

No se puede decir que ganar el partido con el corazón, cuando la dinámica del sistema no aparecía, fue un recurso; más bien se trató de una característica. La C de compromiso, la A de Actitud, la I de Intensidad y el apoyo de un estadio identificado con el plantel volvieron a confabularse para rescatar una victoria que rememoró la esencia emocional en su estado más pura que tiene este deporte. El estruendoso grito de la gente en el segundo gol es la fiel representación de que el hincha mantiene en vilo el sueño de volver a la Copa Libertadores.

Ayer, a Independiente le faltó casi todo, pero le sobró carácter. Individualmente, los cuatro de arriba tuvieron una noche para el olvido, casi sin poder penetrar ni encontrar chances netas para marcar. Faltó asociación en un mediocampo que pareció partido y que contaba con poca presencia en un equipo demasiado ancho. La pelota parada, tanto en ataque como en defensa -repito esto por enésima vez-, volvió a ser y sigue siendo parte del debe en la lista de Ariel Holan, que marcó horrible en el gol en contra y mediante la cual no encontró a ningún cabeceador en las ejecuciones al primer palo de Rigoni. En líneas generales, el equipo -salvo la defensa- se encontró con muchos problemas a la hora de tener que resolver situaciones.

Sin embargo, hay tres momentos y aspectos claves del partido para destacar y que son, en parte, un indicador del porqué de la victoria. El primero, tener un arquero calificado y a la altura de este club. De no ser por Martín Campaña, quién sabe qué hubiera pasado con la jugada de Ignacio Pussetto y el resto del partido. Su constante concentración, sus reflejos y aptitudes también empujan a los compañeros. El tener a alguien que te respalde de la forma en que lo hizo ayer en esa jugada es un envión anímico que te obliga a dar más.

Tener un capitán como Tagliafico, que nunca te deja a gamba, y que en el minuto 95 es capaz de encontrarle un tiempo más a la jugada y sacar un conejo de la galera con el quirúrgico pase a Albertengo representa el segundo. No por nada su trabajo es recompensado con el merecido llamado a la Selección. Es el mejor lateral del fútbol argentino por lejos, hoy devenido a central por necesidad; y el tercer aspecto es el liderazgo de Holan para saber sobrellevar a este grupo. Su conferencia de ayer fue notable, desligándose del mérito y adjudicándoselo todo a los jugadores. “Tengo un equipo tremendo y ellos son los protagonistas de esto. Estoy orgulloso de ser su técnico”, manifestó, en un acto que demuestra su confianza y cómo trabaja el manejo de grupos.

Hay un axioma que pregona Pep Guardiola que dice que “las ligas se ganan en las últimas ocho jornadas y se pierden en las ocho primeras”. Independiente, hoy, está a esa misma cantidad de puntos de Boca, y tomando ese concepto del entrenador español, en la proyección final el equipo de Holan sacó nueve de nueve posibles, mientras que el hoy puntero, cuatro. Un dato más: al Rojo le resta un partido pendiente (ante Defensa y Justicia) y un cruce directo en la Bombonera. Parece imposible, sí, sobre todo por la cantidad de equipos que hay en los siete primeros puestos. Pero nunca des por muerto a un equipo que juega con el corazón.

Román Failache para TyC Sports.

Volver a ser lo que alguna vez fuimos

Aquellas historias que solían contarnos nuestros abuelos, nuestros padres, personas que habían vivido esas épocas de hazañas llenas de gloria que a lo largo del tiempo se fueron esparciendo como bruma, quedaron guardados intactas e inmunes en el corazón de todo el pueblo rojo. Esos cuentos mágicos que tenían como protagonistas a Villaverde, Pavoni, Bertoni, Percudani y el mismísimo Bochini se aferraron a Independiente como el hincha al escudo, a las canciones y a cada rincón del embellecido Libertadores de América.

Independiente aun no ganó nada, es cierto, la sequía de títulos que lo asecha desde la consagración en la Copa Sudamericana 2010 termina germinando una presión exasperante en la gente y sobre todo en los jugadores. El Rey de Copas ha dormido por décadas, ha atravesado malos manejos, flagelos institucionales y económicos y le ha pasado lo que jamás se imaginó en su vida deportiva.

¿Por qué no creer que Independiente puede volver a ser lo que fue?. Ese que ganaba partidos y campeonatos a lo largo y a lo ancho del continente, con vueltas olímpicas en el imponente Maracaná; con inferioridad numérica, con garra, corazón y huevos. ¿Por qué no pensar en que salir de la manga caminando hacia el circulo central nos hará remembrar nuestras raíces históricas que acompañaban al “paladar negro”?

Tenemos un técnico con sentido de pertenencia, que conoce el árbol desde la raíz y expresa en cada partido la sensación de satisfacción. ¿Demagogia?, como argumentan todavía algunos periodistas, ¿vende humo?, como se comenta en algunos medios de comunicación o será que realmente Independiente, después de tanto buscar, encontró la cura para el alzheimer de una Institución que había olvidado lo que representaba para el futbol mundial.

Los jugadores están compenetrados con la causa, se lo ve en cada encuentro. Así como las siglas del glorioso Diablo fueron rebautizadas por el plantel como: Compromiso, Actitud e Intensidad. El patrimonio juvenil revivió a una entidad que mal invirtió por decenas de años y hoy con mayoría de canteranos se anima a soñar con un futuro prodigioso.

El Rojo está nuevamente de pie y con esperanzas renovadas. Los hinchas pueden estar tranquilos de que cada equipo rival que hoy vea una camiseta roja enfrente, dudará en atacarlo o lastimarlo. De seguir por este camino los títulos llegarán y porque no pensar en “volver a ser lo que una vez fuimos”.

Identificado

Columna de Román Failache para TyC Sports.

rrancaré esta columna con una confesión: me siento identificado con Independiente. Con su hambre de victoria, su compromiso ante la adversidad, su actitud pese a las injusticias arbitrales -de las que nunca hablo y continuaré con esta postura, aunque no por eso no haré caso omiso-, y con las variantes que ofrece en su juego. No es casualidad que el equipo haya abandonado el Libertadores en un mar de aplausos, pese a haber cosechado su sexto partido al hilo de local sin victorias. Ante la inferioridad futbolística, los de Holan demostraron que harían todo a su alcance para no caer, y de no ser por Baliño hasta podrían haberlo ganado.

Nobleza obliga, hay que felicitar a Estudiantes por cómo juega y utiliza sus recursos, con chicos como Juan Marcos Foyth, Santiago Ascacíbar y Lucas Rodríguez, quienes seguramente tendrán futuro europeo. Lo que hizo Nelson Vivas al frente del Pincha es cosa seria. Construyó un equipo intenso, sólido y difícil de vencer. Y en base a esto, cabe destacar el partido que jugó Independiente, totalmente inferior y asfixiado en los primeros 15 ó 20 minutos pero con otros 70′ buenos, de menor a mayor en el rendimiento. Si bien creo que no hubo un protagonista absoluto, tampoco se sucumbió ante un rival mucho más trabajado, y por momentos se lo aplacó.

La evolución de Benítez con este DT ya no es una noticia y ayer pudo fotografiar todo eso en un golazo, con una chilena que más que un lujo fue un estupendo recurso. Sin dudas cumplió y rindió, siendo el mejor de la cancha en una posición en la que se está perfeccionando partido a partido. A su derecha en el podio -críticos abstenerse-, Gigliotti no puede faltar. Lo que jugó sin pelota el Puma, eso “que no ven las cámaras” como se dice, no tiene nombre. Se sacrificó por el equipo chocando continuamente con Schunke, corriendo y peleando todas, y brindó la pausa necesaria hasta el ingreso de Erviti. El tercer lugar del altar, que se lo diriman entre Franco y Bustos. Unas bestias los dos.

Como vengo planteando hace semanas, la pelota parada sigue siendo un escollo para Independiente, sobre todo en defensa. Que me perdone el técnico, con todo lo que lo estoy elogiando, pero a un equipo de Primera no le pueden hacer el segundo gol que le convirtieron, y esto es algo a trabajar seriamente de cara al partido con Racing. A mí entender, Diego Cocca es el entrenador que mejor emplea este recurso y puede ser una vía que te transforme el partido. Habrá que poner especial énfasis sobre esto. En otro orden, en el primer gol hay responsabilidad de Campaña, quien dudó y se quedó a mitad de camino en el centro, pero ¿qué le podemos decir? Fueron miles de veces más las que se vistió de héroe que cuando falló, y estoy seguro que habrá miles más teniendo en cuenta sus condiciones.

Es cierto también que la entrega demostrada sirve como cortina para tapar que la materia futbolística aún no alcanzó su plenitud. Pero por la calidad del rival y la forma en que se dio el partido, influenciado por un árbitro que no estuvo a la altura, sería muy deshonesto quitarle el mérito al resultado obtenido. También quedará la espina de la de Nery en el travesaño, pero no importa. Si todas las que no fueron gol anoche se guardaron para dentro de dos semanas, traeme una birome que firmo sin pensarlo dos veces.

Al pie: si no es mucho pedir, que se siga repitiendo el gesto de evocar el saludo que nos caracterizó durante tanto tiempo. Para los que el rango etario nos impidió disfrutar de las grandes hazañas de Independiente, el homenaje a Pipo Ferreiro fue una caricia al alma. Respetar y recordar la historia es otra manera de dignificarla.

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