El futuro llegó hace rato

El futuro llegó hace rato

(COLUMNA DE OPINIÓN).- Una fecha más. Un desperdicio más. Una oportunidad que pasa y un tren que se sigue alejando. Ya faltan pocas estaciones para que llegue a la terminal, a la estación principal; a la primera categoría del fútbol argentino. Independiente, símil a aquel turista perdido en tierras desconocidas que busca orientarse pidiendo ayuda a cualquier par, está perdido. 

Perdió el rumbo. Perdió el tren. Prefirió relajarse en la estación que transita desde el 15 de junio pasado en lugar de apretujarse en el último vagón a la libertad de los sueños de potrero. No solo no puede ganarle a Almirante Brown (21º de 22º en la tabla de posiciones), sino que hasta sus hinchas no saben si el encuentro va a llevarse a cabo ¡Tres horas antes del partido!

Independiente es sinónimo de peligro. Es caos, es quilombo. Es todo lo contrario a paz. Es un señor que se queda dormido en la estación con el diario a cuestas mientras su tren parte hacia otra parte. Intenta correrlo, pero tropieza en el camino haciendo el ridículo frente a otrosperdidos que si llegan a subirse -como un tal Instituto de Córdoba o un Defensa y Justicia que, precabido, fue el primero en arribar al vagón-. Desde el suelo, parece implorar. Le reza a algún Dios para que frene el tren y pueda alcanzarlo a pie recorriendo unos metros de vías. Pero no. Continúa extraviado y varado en la estación del ascenso, la más horrorosa de todas las que visitó.

Miles y miles de viajeros que transitan la estación lo ayudan a levantarse. Son tantos que hasta parecen 100.000. Algunos lo incentivan con elogios, aplausos y recuerdos de épocas distantes. Eso lo motiva, lo hace intentar superarse, para seguir corriendo y pegar el salto hacia la felicidad. Otros lo abuchean. Lo ponen a prueba. Lo desafían insultándolo y reprobando su actitud de perseverancia. ¿Está mal alguna de las dos formas? No se, la reacción del Sr. Independiente parece ser siempre la misma. No corre -o acierta- lo suficiente como para tomar el tren a la gloria. No es efectivo ni en la estación de primera división, ni en la del ascenso, ni en Avellaneda, ni en ninguna. Es paupérrimo. Es triste. Está desganado. Está vencido. Todavía hay varios trenes por partir en la estación. Pero están contados y son menos de 10. Si no se sube a uno pronto, pasará otro año lejos de casa. El futuro ya llegó.

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