En la copa refleja tu risa

Las presencias de Ariel Holan frente a los micrófonos han mutado. Hace rato que desaparecieron las charlas futboleras a las que el mejor técnico del Rojo de los últimos años nos había habituado, transformando la pragmática a la de la comunicación política: desmentir, exhibirse como el redentor del caos a modo de método autodefensivo y realizar promesas futuras con la certeza del adivino.

En las declaraciones de este lunes, oímos a nuestro entrenador blandir la espada y asegurar que nadie lo va “a correr por izquierda o por derecha”, y que “muchos quieren ver a Independiente de rodillas y no los vamos a dejar”. Asumiendo el rol de protector de los intereses del club, el cual es papel principal de los dirigentes, lo escuchamos afirmar que lo desvela “resolver las cuestiones económicas que hace 30 años no se podían resolver”, y también nos compartió dos de sus visiones: dijo estar “convencido” de que “Gaibor va a funcionar” y de “que vamos a ganar algo este año”.

Nadie duda de las capacidades de Holan como entrenador, ¿o acaso alguien sí? Sus pergaminos lo avalan y todos sabemos que puede ganar algo o hacer funcionar bien a un jugador. Y son muchos los que desperdigan flores por ser él quien nos obsequió la mejor versión de Independiente, quizás, de los últimos 30 años, y a la vez, son varios también los que le disparan a quemarropa por sus manejos inapropiados y por su origen de procedencia (en las últimas horas ratificó que “para ser jinete, no se necesita ser caballo. Hay muchos técnicos reconocidos que no jugaron al fútbol”). Cualquiera de las dos cuestiones, de todas formas, quedan de lado cuando la pelota gira, y lo cierto es que el equipo hace más de medio año -siendo buenos- que no encuentra un rendimiento sostenido y eficaz. Que la idea de juego está difusa y que la forma de llevarla a cabo no es comprendida por todos los jugadores. Hay deudas de un equipo para con su gente. Y eso lo vemos todos.

Independiente una fecha descolla ante Huracán y papelonea frente a Lanús. Brilla ante Colón y da pena frente a San Lorenzo, aún sin perder. En medio de esa oscilación, hay muchas dudas que el DT debe contestar. Él mismo parafraseó hasta el hartazgo que “la única verdad es la realidad”; entonces, ¿cuál nos quiere hacer mirar? Si todos fuimos testigos de Hernández acalambrándose, del chileno Silva no entregando un pase bien al compañero de al lado y a Romero no recibiendo una pelota de gol, el DT debe responder ante los hechos y no fabular con que “la tabla no importa” o minimizarlos prometiendo vanalidades que solo el destino sabe si van o no a ocurrir.

Un técnico no tiene que hacer política. El técnico de Independiente, menos todavía. Él está para dirigir, que es lo que Ariel mejor sabe hacer, y debe responder ante lo que sucede. No se puede tapar al sol con las manos y escudarse en manejos externos a los del fútbol. Es tiempo de laburar, asumir errores, contar lo que pasa y laburar aún más para revertir la situación. Decir que se está conforme con el mercado cuando en el último día se cayeron dos pases, dejando como único delantero suplente del equipo más grande de América a un juvenil, es mentir, y mintiendo no se va a ningún lado. Así, ves que no alcanzarás a calmar esa sed que afiebra.

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Román Failache
"La columna de Román" para Orgullo Rojo.

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