Encontrar el rumbo, sin perder la identidad

Ya se ha transformado en un recuerdo ese Independiente que hace poco más de un año logró arrodillar a Sudamérica con un juego intenso y dinámico, con la redonda siempre por el césped y el arco rival entre ceja y ceja. Aquellos pases en el Maracaná entre Meza, Barco, Albertengo, Domingo, Tagliafico, “Torito”, Amorebietta y la gambeta de Campaña, demostrando carácter donde muchos ni siquiera llegan a jugar y donde, además, esta entidad campeonó en dos oportunidades, fue la cúspide de un equipo que más allá de un resultado adverso conservaba en todo momento el Compromiso, la Actitud y la Intensidad.

Durante el 2018, a pesar de haber obtenido la Copa Suruga Bank ante el modesto Cerezo Osaka, Independiente ingresó en un sinfín de dudas, de desaciertos y pocos partidos se pueden rescatar de ese año. La victoria frente a Huracán –la tarde noche del famoso Wisky y el Habano-, el triunfo frente a Corinthians, en Brasil, por fase de grupos de la Copa Libertadores y el encuentro de ida por los cuartos de final ante River, en el mismo certamen. Muy pocos cotejos aceptables para una institución que conserva una historia llena de glorias, hazañas y sobre todo, para un equipo que un año atrás era convincente, mantenía un norte hacia dónde dirigirse y la ambición firme para derribar cualquier obstáculo que se entrometiera en su camino.

Es cierto que la figura de Ariel Holan para Independiente es símbolo de esperanza, estandarte de recuperación de un baluarte que se creía perdido por malas gestiones administrativas, institucionales y fundamentalmente deportivas. También es claro, que el entrenador es ese capitán que debe recuperar el rumbo de este barco a la deriva y que, sin lugar a dudas, preocupó hasta al más optimista –como quien humildemente escribe- el sábado frente a San Lorenzo. Jugadores sin brújula, hincados, acalambrados, sin ideas, inofensivos y deseando que el silbato marque el final de una trágica película de terror. Eso no es Independiente, o al menos, no es el Independiente que el hincha y socio se acostumbró a contemplar.

¿Se fueron futbolistas claves?, no cabe duda. ¿Se desarmó un equipo que prácticamente podía aspirar a ganar la tan ansiada octava Libertadores o un campeonato local?, por supuesto que sí. Pero no es tiempo de lamentar lo que podría haber sido, es momento de levantar cabeza, mirar el escudo y darse cuenta a que club están representando, tanto los que se quedaron como los que llegaron. Hay una identidad, una idea de juego y un respeto que este plantel y el cuerpo técnico se ganaron a lo largo de todo este proceso a base de esfuerzo y sacrificio. Es hora de acomodar el timón y retomar el camino correcto, para volver a soñar como en los viejos tiempo que sí, se puede. Basta de lamentos y caprichos, Independiente está por encima de todo y todos.

Esta nueva aventura recién acaba de comenzar. Entrar a la Copa Libertadores 2020 y consagrarse en un torneo esquivo para los de Avellaneda como la Copa Argentina, deben ser los punta píe iniciales para despegar de este sentimiento con sabor a poco. Encontremos el rumbo, sin perder la identidad.

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Alexis Potel
Periodista de la Academia de Quique Wolff. Crecer es el objetivo principal del desarrollo.

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