Por favor, perdón y gracias

Hace tiempo que Independiente no vivía una semana tan crítica en la antesala de un partido tan importante como el que jugó ante Corinthians. Es difícil transcribir la angustia que se generó no sólo en los hinchas, sino también en los propios protagonistas durante las últimas horas. ¿Resultados adversos? Si. ¿Problemas en la Copa? Si. ¿Incertidumbre por la clasificación a la próxima Libertadores? También. Pero la causa que un poderoso sector del periodismo mantiene latente e involucra a unos pobres chicos como víctimas fue la culpable de agitar el avispero de Avellaneda para que otra vez Independiente vuelva a estar en boca de todos y no precisamente por lo bonito que intenta jugar.

Esta vez, los zócalos de los programas televisivos pertenecientes a dicho sector y las tapas del único diario deportivo que presenta tirada en la Argentina -y que también forma parte del mismo grupo- decidieron ir por más. Hacer más daño. Ya no se trata sólo de molestar y desestabilizar a Independiente por estar en contra de sus dirigentes (o vaya a saber uno por qué interés), sino que ahora la intención parece ser un poco más oscura. La adrede publicación del testimonio que se reveló en las últimas horas significó un baldazo de agua fría para todo el club. Sobre todo para los involucrados, siendo que ambos atraviesan el mejor momento futbolístico de sus cortas y respectivas carreras. Uno aquí, el otro allá; no importa. Estuvo de más y todo el mundo lo sabe. Hasta los propios periodistas que el miércoles por la mañana salieron a pedir perdón de manera muy inoportuna.

Sin embargo, y contra cualquier pronóstico, Independiente enmudeció al Arena Corinthians desde el minuto de juego. Sin explicar una vez más lo complicada que era la parada para el Rojo en Brasil (por el rival, por lo que se jugaba y por todo lo citado anteriormente), el actual campeón de la Copa Sudamericana sacó chapa y se golpeó el pecho orgulloso diciendo: acá estoy, no me den por muerto. El equipo de Holan volvió a tener destellos de aquel equipo del 2017. Tal vez ya no tenga a sus estandartes, pero tiene otros talismanes que lo hacen soñar con que todo es posible. Si, y tiene mística. En la Copa, Independiente es otro; no hay con qué darle a eso. Por más que muchos se hayan mofado durante años, la mística no es ningún cuento. Y otra vez, el Rojo decidió sacarla a relucir cuando más la necesitaba.

Ahora tiene permiso para poder volver a soñar con acomodarse en el Grupo G de la Copa Libertadores, su gran anhelo. Quedan dos finales, pero Independiente sabe que ahora observa la situación desde un panorama mucho menos adverso que hace unos días atrás. Y mucho de esto se lo debe a uno de los jugadores que peor la pasó en esta semana fatal.

No debe haber un solo hincha del Rey de Copas que no haya insultado alguna vez a Martín Benítez. Pero por lo que tuvo que atravesar en estos días y la reacción que demostró hoy representando a Independiente en Brasil, es muy justo que se le ofrezca, al menos, el abrazo contenedor de todo el Pueblo Rojo. Y demás está decir que quien suscribe, ya decidió agachar la cabeza y ofrecerle también sus disculpas. A los nuestros hay que cuidarlos, siempre. Por favor, perdón. Y gracias por este triunfo.

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