¿Hacia dónde va Independiente?

Aquellos legendarios principios de Independiente: mística, paladar negro, hazañas y esa gloria arraigada que quedarán inmortalizados en las retinas de los hinchas, nada tienen que ver con estos últimos 20 años de incertidumbre futbolística que acecha al “Diablo” de Avellaneda – al margen dejó la epopeya consagración en 2017 que trajo una pizca de felicidad al pueblo independentista -.

Por supuesto que existen responsables. Entre ellos, están los que dejaron al club a orillas de un precipicio lleno de aflicción y desconsuelo; otros que le dieron el empujón final y algunos que, a pesar de la capacidad resolutiva de los primeros años de mandato, mantienen una abrupta falta de compromiso en la gestión deportiva, económica e institucional. 


 ¿Por qué Independiente, desde hace 2 años, padece una especie de acefalía dirigencial?, ¿quién gobierna el día a día del club?, ¿existe realmente un proyecto o es una falacia que le hicieron creer a los socios?, en caso que existiera ese plan ¿de qué se trata?, ¿hacia donde está encaminado?. Estás preguntas, las cuales por el momento no tienen respuesta alguna, son las inquietudes – entre otras tantas – que Independiente arrastra desde hace más de dos décadas y que decantan ineludiblemente en este presente paupérrimo. 


“El fútbol es un deporte simple en el que mientras a algunos les gusta hablar, a mí me encanta ganar”, señaló enfáticamente Fabio Capello, exfutbolista italiano y considerado uno de los entrenadores más prestigiosos de la década de 1990 y 2000.​​ En Independiente todos hablan – bueno, algunos no – repiten una y otra vez ese famoso caballito de batalla  “acuérdense de dónde vivimos” e inflan el pecho por dos logros (Sudamericana 2017 y Suruga Bank) pero nadie conduce, nadie gestiona “mucho ruido y pocas nueces”. Pareciera que no tienen la ambición que necesita un equipo grande para continuar ganando títulos. 


Los argumentos de la debacle deportiva actual son, entre otros, los pésimos mercados de pases; que contemplan las malas incorporaciones de Gaibor, Chávez, Barboza, F. Silva, Burdisso, Verón, Britez, “Burrito” Martínez; el desprendimiento de futbolistas importantes como Gigliotti, Barco, “Torito” Rodríguez, Amorebietta y Albertengo – quienes nunca pudieron ser reemplazados adecuadamente- y la infundada razón para sostener a futbolistas que llegaron a su techo como los casos de Benítez, Blanco y Pizzini. Y así podríamos seguir con una interminable lista hacia atrás. 
Procesos técnicos que no sostuvieron una misma línea filosófica ni tampoco estilos similiares: Pellegrino, Almirón, Milito, Holan y el actual Sebastián Beccacece. Más atrás en el tiempo, con otras gestiones: Troglio, Gallego, Garnero, Mohamed, C. Díaz, Brindisi y De Felippe, entre otros. Independiente es un constante experimento; muchas dudas y pocas certezas. 


La actualidad apremia y la misma tiene pendiendo de un hilo muy delgado Beccacece – continuaría en su cargo, al menos hasta el viernes, día en el que Independiente, en Rosario, se medirá ante Lanús (obtuvo 18 puntos de los últimos 24 en disputa en esta Superliga) por la Copa Argentina -. Dicho certamen es la última ventana a la clasificación a la Copa Libertadores 2020. El futuro no augura un desenlace prometedor ni mucho menos y lo concreto es que hasta el momento tanto dirigentes, técnicos y jugadores lo único que han logrado es desprestigiar y pisotear la historia de esta inmensa institución. 

Háganse cargo, esto es Independiente.

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Alexis Potel
Periodista de la Academia de Quique Wolff. Crecer es el objetivo principal del desarrollo.

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