¿Hasta cuándo, Independiente?

Muchas preguntas. Pocas respuestas y soluciones para escribir en estos momentos. Pero me es inevitable, en parte.

Duele. Y mucho. ¿Qué pasó? ¿En qué momento? ¿Todo tan pasajero, efímero y fugaz? Como para trazar una línea espacio-tiempo, hace exactamente dos años Independiente estaba volviendo de Asunción luego de haber goleado 4-1 a Nacional por la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana, en uno de los partidos más apabullantes de la era Holan.

Un fútbol vistoso, vertiginoso, del estereotipo del hincha. Semanas más tarde, Barco sacudía esas temidas e intimidantes redes de esos típicos arcos brasileños, y enmudecía el Maracaná. Sentíamos, aunque sea por un cortísimo lapso, lo que nuestros papás o abuelos vivieron y nos contaron a las generaciones más actuales.

Todo lo posterior, ya es historia conocida y no es el foco de discusión ahora.En estos momentos, las respuestas pueden variar. Pero el resultado y el destino es siempre el mismo. Como hace ya años (décadas), Independiente viene haciendo las cosas mal. Y cuando hacés las cosas mal, reponerse nuevamente lleva mucho tiempo. En otras palabras, se necesita proyectar. De un día para otro es prácticamente imposible que las cosas cambien tan radicalmente. Pero cuando ese cambio es visible, no se puede romper nuevamente en un abrir y cerrar de ojos. Porque es muy fácil destruir y muy difícil construir. Malas gestiones, prioridades equivocadas, negociados, erróneas decisiones y resultados a la legua. Un combo explosivo que el tiempo, en algún momento, saca los trapos a la luz.

A pesar de venir teniendo un semestre tan malo como irregular, había conseguido por primera vez acceder a los cuartos de final de la Copa Argentina y tenía la increíble posibilidad de poder acceder a la semifinal de dicha competencia. Tan utópico como real. Pero no. Volvió a decepcionar al hincha, que copó el Estadio Marcelo Bielsa en un día y horario laboral, volvió a jugar mal y quedó eliminado frente a Lanús sin pena ni gloria. Era la única competencia que le permitía jugar la próxima edición de Copa Libertadores. Con la derrota en Rosario, se esfumó toda chance posible.

Con la desayunada noticia de la renuncia del técnico, hay cosas que no pueden pasar por alto. ¿El DT es culpable? Sí. Probó con todo sistema de juego y jugadores posibles. Nunca le encontró la vuelta a un equipo que no jugó a absolutamente nada en 18 partidos. Decisiones que solo él les encontraba significado alguno. Y cuando tuvo que ser autocrítico, no lo fue. Pero los jugadores son tan responsables como el cuerpo técnico. Y los dirigentes, como cara visible y representantes de este gigante club, más aún.

Esta renuncia no va a solucionar las cosas. Se tiene que encontrar el problema de raíz. En las áreas que hagan falta. La secretaría técnica es una buena iniciativa, la cual debe estar conformada por gente capaz y a la altura, y ser la encargada de designar al nuevo entrenador y los refuerzos de cada mercado de pases. Aunque en este país resulte difícil a veces, proyectar es siempre la mejor forma de tener éxito en algo. Careciendo de esto, todo resultará más complicado. Otro año sin Libertadores. ¿Hasta cuándo?

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