Independiente hoy es esto

Independiente hoy es esto. Un equipo de mitad de tabla, que si se le dan algunas cosas a favor, puede aspirar a entrar en instancias definitorias de una Copa Sudamericana o de algún certamen local con un formato extraño, como lo es este torneo actual o lo será el próximo. Por más que nos duela y nos pese, hoy Independiente es eso y si bien hay máximos culpables, no debemos mirar para otro lado y hacernos cargo de la responsabilidad que tenemos todos.

Que estemos más cerca de luchar por evitar otro descenso que de pelearle mano a mano títulos locales y Libertadores a River y Boca, nos obliga a ver más allá de la actual dirigencia, y mientras antes lo hagamos mejor.

HINCHAS Y PERIODISTAS
Podemos empezar por éstos, los menos responsables al no participar activamente de las decisiones del día a día, más allá de votar cada cuatro años (solamente los socios). Si creen que el mundo Independiente se soluciona en Twitter y/o ven como razón principal por la que llegamos a esto, que no se le exige a Messiniti, Ortega y el Saltita como se lo hacía con Bertoni, Pavoni y Marangoni, realmente estamos fritos. La historia de Independiente se formó con grandes jugadores que estuvieron muchos años en el club, algo que ocurrió en parte porque el fútbol y el mundo eran otros, no porque en la Doble Visera se insultaba al que diera dos pases mal. Eso se daba como consecuencia lógica de ganar tanto, no era la razón por la que se ganaba. Un jugador no va a mejorar porque se lo putee ni tampoco será un Maradona por recibir elogios.

Y si el periodismo es más hincha de si mismo que del club, y cree que es más importante tener una primicia a saber que hacer con ella, todo se complica aún más. El reconocimiento debe lograrse por saber analizar la actualidad y ayudar a la gente a pensar, no por acertar azarosamente algo o tener antes una noticia a cambio de deber favores.

Necesitamos menos expertos con el diario del lunes y más gente comprometida con hacer críticas constructivas, porque sino los hinchas y los periodistas nunca nos vamos a equivocar y siempre seremos los dueños de una verdad que no existe. Debemos ser coherentes con lo que pensamos y tener en cuenta siempre lo que dijimos antes de que algo suceda, sino todo es sanata. La realidad es que tanto hinchas, periodistas, dirigentes, jugadores y técnicos, nos vivimos equivocando. Esa es una de las razones por las que el fútbol es tan lindo, porque vive quemando libritos y demostrando que nadie ni nada asegura algo.

Ahora si bien no considerar el factor suerte en el fútbol es no saber de este deporte, claro está que a la fortuna hay que ayudarla. Mientras más consensuadas sean las decisiones, menos margen de error hay. Y si bien para eso están los dirigentes, es algo que los hinchas y los periodistas debemos tener en cuenta a la hora de opinar.

Está lleno de casos en los que por más que salga mal, cierta decisión no debe considerarse como un error y otros en los que un error termina saliendo de la mejor manera. En el Rojo lamentablemente abundan de los primeros, pero en el resto de los clubes hay miles de ejemplos. Por citar uno emblemático, a ningún hincha de River le preocupa que la dirigencia Millonaria se haya comprometido a pagar hace dos años una cifra ridícula por Pratto (14 millones de dólares), dinero que aún hoy no terminaron de pagar (por eso entre otras razones el delantero de 32 años se fue gratis a Holanda). Y sino les preocupa, es obviamente sobre todo por el gol que hizo en Madrid. Por estos imponderables a favor es que la actual dirigencia de River, a pesar de la gran cantidad de campeones que se le fueron libres, de vender por menos de la mitad que Boca para tapar agujeros y de tener un pasivo de 4500 millones, será recordada como la de la era más exitosa. Porque la “embocó” con Gallardo, quien resultó ser el mejor técnico en la historia del club. Claro que a la suerte la ayudó, ya que quien llamó al Muñeco cuando tenía todo arreglado en Newell’s fue Francescoli, manager elegido por Donófrio.

¿A que voy con esto? Que error es comprometerse a pagar dos millones de dólares por Chávez, no haber comprado a Cecilio, figura en México, por más que haya salido mal. Pifiar feo es haber regalado al goleador del torneo porque el técnico se peleó con él luego de haber hecho lo mismo con 15 personas, no haber traído al capitán del subcampeón de América por algo más de un millón de dólares, por más que haya salido mal. Equivocarse es decirle que si a muchas apuestas de más de dos millones de dólares, cuando no tenes para pagarlas y de hecho no lo hacés, no hacer apuestas. El desacierto es no proyectar las deudas y hablar con tiempo para que no te exploten todas juntas, no pasarse del presupuesto para tratar de ganar la Libertadores. ¿Cuántos de los que hoy critican la compra de Gaibor le hubieran dicho tras el Maracaná a Holan que no podían traerle a ese ecuatoriano que no jugaba en la Selección de Ecuador? ¿Cuántos pedían desesperadamente que se cierren refuerzos que luego tildaron de graves errores porque no rindieron? ¿Y cuántos se quejaron por jugadores que no llegaron y luego hicieron silencio cuando fueron un fiasco en otros clubes?

Si no entendemos y aprendemos de estas diferencias, los hinchas y periodistas siempre vamos a hablar con el resultado puesto y el club siempre va a perder. No importa tener razón, ni la cantidad de seguidores, importa Independiente. Las críticas, sino son constructivas, son destructivas y el Rojo siempre tiene que estar por delante de todo y todos.


TÉCNICOS
Más allá de que indudablemente son una pieza clave, deben serlo siempre para bien y nunca para mal, siendo el caso Holan y el de Pusineri ejemplos que sirven para explicar este concepto. Ningún entrenador puede asegurar resultados, aunque hay muchos que tienen un margen de error más pequeño que el resto por su trayectoria. Como estos están fuera del alcance de Independiente, el club, al igual que el resto de las instituciones del fútbol argentino, se la pasa haciendo apuestas. Las mismas pueden salir bien y ser el puntapié para el comienzo de un ciclo exitoso y hasta un despegue del club que los contrató. Son una pieza clave porque se encargan de entrenar al plantel, elegir los titulares y el sistema y dibujo que se empleará en cada partido.

Pero no deben ser más que eso, porque sino se corre el riesgo de que pasen a ser claves para mal. Un técnico puede involucrarse en el mercado de pases para llamar y convencer a un jugador que le gusta y la dirigencia está buscando traer, nunca para decirle a los dirigentes lo que tienen que hacer y cuanto gastar. Como apuestas que son, pueden salir mal y en ese caso irse y listo, siendo el fusible más lógico en cambiar. Los entrenadores se van y los dirigentes, hinchas y jugadores quedan, por eso deben tener limitada su participación en las decisiones que no son de su área.

No hace falta recordar lo caro que le salió a Independiente el ego de Ariel Holan, quien luego del inolvidable 2017 que nos hizo vivir, hizo y deshizo a su antojo sin ningún tipo de freno por parte de la comisión directiva. Algo que en parte aún estamos pagando y en otra todavía hay que pagar. Más grave aún es el caso Beccacece, un fiasco tanto futbolístico como económico. De haber consensuado las decisiones con un manager y un departamento de fútbol, los daños serían mucho menores y el 2020 no nos hubiese encontrado con otra pandemia además de la que azota al mundo: La de gran parte del plantel luchando para irse y enjuiciando al Rojo.

Esa es una de las razones por las que Pusineri sirve también de ejemplo. Porque si juzgamos el paso de Lucas hasta acá, momentos en los que no se sabe si sigue o no, nos encontramos con un balance que puede leerse de dos maneras. En un club manejado seriamente, el rendimiento futbolístico de su equipo no resistiría ningún tipo de análisis. De los 27 partidos que dirigió, al menos en 20 jugamos decididamente mal y quedamos afuera de todos los certamenes disputados, sin que se vea una idea clara de juego. Pero si sirve como ejemplo, es porque si bien esto último es irrefutable, también es cierto que es el único técnico de los últimos años que no le deja deudas a la institución. Teniendo en cuenta presupuesto, bajas y altas, indudablemente le pusieron una bomba en la mano y la desactivó, llegando a un balance positivo. No solo que no nos queda ningún “clavo” de su autoría, sino que se encargó de enderezar varios que heredó. Llegó bastante lejos en ambas competencias y si se confirma su partida, al siguiente entrenador le deja un grupo unido y más respuestas que preguntas, sabiendo que pibes rinden y cuales no, para determinar donde hace falta reforzar.

Por eso lamentablemente no fue clave para bien, no fue nuestro Gallardo, pero tampoco fue clave para mal, como sus antecesores.

JUGADORES
Al igual que los entrenadores, son claves dentro del campo de juego, incluso más. Es una obviedad decir que todo sucede o acaba con ellos metiendo un gol, cometiendo un error o yéndola a buscar adentro. Un título y la entrada o pérdida de millones de dólares a la institución pueden definirse por centímetros, en una ejecución que depende pura y exclusivamente de ellos.

Hasta ahí las cosas pueden salirles mejor o peor, siendo lo único exigible en carácter obligatorio, el compromiso y la actitud para defender la camiseta. Desde la vuelta del fútbol, no hay falencias en ese aspecto por parte del plantel. Más allá de algunos errores groseros, que son parte del juego y tienen que ver con la categoría y el momento de cada uno, la actitud fue irreprochable, siendo otro acierto del entrenador. Transformaron los problemas en energía positiva y nadie puede dudar de las ganas en salir adelante que puso el equipo, cuando hubo varias actuaciones en el pasado que llamaron poderosamente la atención.

Lamentablemente la enorme historia del club tiene un peso específico que la mayoría de las veces genera una presión extra que perjudica a los jugadores. Por eso se da tanto eso de que uno que la rompe en otro lado, fracase en Avellaneda. El caso de Domingo Blanco es un ejemplo clarísimo, porque de ser jugador de Selección en Defensa, volvió a jugar mal, en un club que ya conocía y con el mismo técnico que lo hizo brillar.

Si bien la injerencia de los jugadores debería terminar en el campo de juego, y ellos no tienen la culpa de los contratos que les firman y el cumplimiento de los mismos, como tampoco de si un técnico los pone a pesar de no estar en condiciones óptimas o no disponer de la categoría necesaria, hay situaciones muy reprochables o elogiables fuera del campo.

Como las partidas de Gastón Silva, quien vendió más humo que Caruso para luego irse por la puerta de atrás y de Campaña, campeón querido por la gente, que se fue burlándose del sentimiento de los hinchas. Ese que torció la balanza para Silvio Romero, quien también con deudas y ofertas de clubes importantes, decidió quedarse a pelearla en Avellaneda por un sueldo menor.

A los hinchas a veces nos cuesta entender que ellos son trabajadores y tienen los mismos derechos que cualquier otro, pero también pasa que a los jugadores les cuesta entender que tienen un trabajo que depende e involucra el sentimiento de mucha gente. Por más errores que cometan los dirigentes, los juicios siempre son contra el club, siendo la gente la más perjudicada. No tener en cuenta eso, también en algunos casos los hace responsables de la situación actual.

DIRIGENTES
Al que quiera ver esto como una defensa al gobierno de Hugo Moyano, le sugiero que frene acá para no quedar en ridículo. El segundo mandato del actual Presidente es pésimo por donde se lo mire, siendo el trinomio que conduce al club el máximo culpable de este momento, sin lugar a dudas.

Tuvieron un primer mandato en el que salvaron a Independiente de una situación más grave que la actual, con transformaciones edilicias muy importantes. Gracias a la participación (en lo económico y deportivo) de muchos dirigentes se achicaron los márgenes de error y eso, sumado al acierto de Holan como entrenador, los llevaron a ganar merecidamente con comodidad las elecciones pasadas.

Y si bien todo esto no hay que olvidarlo, lo acontecido desde el 2018 hasta acá, no resiste ningún tipo de análisis. Caprichos de los técnicos, malas compras con peores contratos, falta de gestión y mala suerte, resultaron un combo letal para destruir todo lo que teníamos en diciembre del 2017. Pasamos de ser un club campeón, con un plantel valorizado y jugando bien, con ventas de quince millones y jugadores a punto de disputar un mundial, a este Independiente.

Los avances de un club, cuando sientan las bases en una dirigencia, suelen durar más tiempo que cuando lo hacen sobre un entrenador. Los vecinos son un ejemplo; dejaron de ser el hazmerreír del fútbol argentino y tienen una dirigencia a la que ya la fue bien con varios entrenadores, siendo una institución que en gestión está hace rato por encima nuestro. Cuando todo pasa por un entrenador, corre el riesgo de ser más efímero. Está el caso Gallardo, que lleva seis años, pero también el de Holan, que se derrumbó como un mazo de naipes.

Independiente hoy está manejado como si fuera una verdulería, por tres personas que escasean en sabiduría futbolística así como también en tiempo para dedicarle a la institución. Una dirigencia a la deriva, que decide hoy una cosa porque el equipo ganó un partido y la semana siguiente define lo contrario porque se pierde otro.

El tema manager es un ejemplo claro. Después de dar mil vueltas (se hablaba del tema solo cuando el equipo perdía) y entrevistar a muchos candidatos, se decidieron por un Burruchaga al que nunca tuvieron en cuenta y que ahora se va bastardeado por un Presidente que no está en el club, y que no sabe ni el nombre de pila de la mitad del plantel con el que cuenta. ¿Con qué autoridad moral estos dirigentes juzgan la continuidad de Pusineri? ¿Realmente pueden exigirle algo a un entrenador al que le pusieron una granada en la mano y le dijeron arreglate? ¿Están enojados con él porque no sacó campeón a un plantel repleto de pibes sin minutos en primera? Que un vocal maneje la situación habla de una anarquía institucional que asusta.

Independiente hoy no tiene dirigentes y está pidiendo a gritos una oposición seria y en serio, que empiece a planificar y tenga injerencia en las decisiones que se tomen de acá a las elecciones, como por ejemplo la del Fideicomiso. Y por ahora lo único que se vio es una puesta en escena (muy válida) en la última Asamblea y algunas charlitas tomando café en un bar. Los nombres que surgen como candidatos de peso aún no se deciden y parecen más preocupados por otras cosas, como los que nos gobiernan.

Independiente está pidiendo gente que se haga cargo, que se involucre, ayude a los que están y construya sin destruir. Y también a adinerados con ganas de hacer negocios con el club y no a costa del mismo.

Independiente está pidiendo a gritos un departamento de fútbol que estudie jugadores los 365 días del año, para presentar cientos de alternativas de refuerzos para inferiores, reserva y primera. Con promesas, apuestas y certezas, hablando con ellos e interactuando con los dirigentes, haya un manager a la cabeza o no. Que permita que las inversiones sean claras y tengan el menor margen de error posible.

Independiente está pidiendo a gritos que los socios se informen, estén atentos y vayan a votar en diciembre. También a un periodismo partidario que les brinde la mayor objetividad posible.

Independiente hoy es esto, y depende de todos que sea nuevamente el que fue.

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Javier Brizuela
Periodista deportivo. Director de Orgullo Rojo. Tercera generación de enfermos de Independiente

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