La delgada línea Roja

Como la famosa gota que rebalsa los vasos, en muchísimos acontecimientos hay hechos que nos hacen cruzar una línea para situarnos en otro lado, como cuando con el afán de reírnos un rato, damos saltitos en una frontera al lado del mojón que indica el límite entre dos países.

Con cada hecho que genera grieta, lo que conviene hacer es tomar los fundamentos de cada lado, buscar hechos irrefutables y realizar un análisis tratando de ser lo más objetivo posible. Siempre teniendo en cuenta que la objetividad total no existe, porque todos estamos influenciados por muchísimas variables a la hora de reflexionar. Y también que no somos dueños de ninguna verdad, de hecho gran parte de las cosas que analizamos tienen más de una.

En el conflicto de los jugadores con los dirigentes, a pesar de que nos falta información y detalles de como sucedieron algunas cosas, tenemos las versiones de ambos lados en la mayoría de los casos. Y con eso, más todos los hechos irrefutables con los que contamos, en mi opinión Gastón Silva cruzó una línea, o me la hizo cruzar a mi.

Y esto no significa que en el conflicto me estoy poniendo del lado de los dirigentes, lejos de eso. Como periodista, y como hincha, siempre me ubico donde me pone el lema que dice que el escudo está por encima de todo. La decisión que tomó el uruguayo, de declararse libre, lo enfrenta a Independiente, y no solamente a esta dirigencia. Porque es patrimonio de la institución, por más que nos guste o no como juegue y de cuanto nos preocupe su futuro profesional.

El defensor, como sus compañeros de plantel, tiene todo el derecho del mundo en reclamar los sueldos atrasados. Y estos dirigentes, que encima son los que los firmaron (porque a veces la excusa de heredar algunos contratos puede ser válida), tienen la obligación de cumplir lo pactado. Esto es irrefutable, aunque nos cueste al resto de los trabajadores entender que los futbolistas son laburantes como cualquier otro, por más que ganen muchísimo más o estén en un lugar soñado por los que somos hinchas.

Pero así como esto es cierto, también es verdad que a muchos jugadores les cuesta entender que están en una situación de privilegio con respecto al 95% del resto de los trabajadores. Y esto, siempre hablando de profesionales de un club grande, los obliga al menos moralmente a no tomar ciertas decisiones.

Y pedir la libertad de acción en un receso es tomar esa decisión, es cruzar una línea. Por más que la culpa de todo este conflicto es de la dirigencia y que encima cada vez que habla alguno de los tres que maneja el club, lo único que logra es generar más problemas. Sobre todo cuando se están realizando pagos para disminuir las deudas, encima en este contexto mundial, que si bien no sirve de excusa, claramente no es favorable para los clubes. Más cuando viene de parte de un jugador que siempre mostró fuera de la cancha un exagerado sentido de pertenencia, algo que se ve que ahora no le influye en absoluto.

Gran parte de los integrantes del plantel sabe que los dirigentes les mintieron, como hicieron con los hinchas. Reclamaron como corresponde que les cumplan lo que pactaron y también tienen claro que su futuro inmediato está lejos de Avellaneda. Pero optan por una salida más consensuada, que no perjudique el patrimonio de la institución, ni dañe el sentimiento de los hinchas.

Gastón Silva decidió otra cosa, generando una salida anormal, como la que alguna vez lo trajo al plantel de Holan. Y en su conflicto con los dirigentes, optó ponerse en contra de Independiente, cruzando esa línea. Que cada vez está más roja y delgada.

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Javier Brizuela
Periodista deportivo. Director de Orgullo Rojo. Tercera generación de enfermos de Independiente

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