La grieta

De la gloria eterna a la mismísima nada. De tocar el cielo con las manos en uno de los estadios más importantes del mundo a dar lástima en el plano local. De volver a encabezar el podio de los más coperos a sacar cuentas, al igual que en el 2018, para jugar un certamen internacional. Un antes y un después muy evidente en el ciclo de Holan al frente de Independiente. ¿Se lo comió el personaje? Vaya uno a saber; lo que sí es seguro es que, desde aquel inolvidable diciembre de 2017, todas sus decisiones fueron notablemente desacertadas. Y lo más preocupante es que la CD del club lo respaldó por completo en todas ellas. ¿Está mal? Se supone que no, pues así funcionan los proyectos a largo plazo, esos en los que dice no creer el propio DT.

Con una simple palabra alcanza para describir el penoso semestre de Independiente, y también su presente. Al igual que en la primera mitad del 2018, donde el objetivo era ganar la Recopa (no se consiguió), clasificar a la presente edición de la Libertadores (no se logró) y avanzar de ronda en la última (el único tilde para aquella época), el inicio del año del Rojo es un fracaso. “Sos muy duro, no te olvides de dónde venimos…”. Justamente por eso; venimos de un año en el que EL ESTADIO COMPLETO APLAUDÍA MIENTRAS EL EQUIPO MOVÍA LA PELOTA DE LADO A LADO. ¿Se acuerdan? Pasaron unos pocos meses. Pero con algunas decisiones bastó para tirar todo por la borda. Está claro que los Rigoni, Barco, Tagliafico y Meza se iban a ir algún día. Pero tal vez no era el momento justo para los Torito Rodríguez, Puma Gigliotti, Leandro Fernández y compañía. Y demos gracias a Dios que todavía hay un tal Martín Campaña parado bajo los tres palos.

Si “la única verdad es la realidad”, el patético presente futbolístico del club no puede ser pasado por alto. TODO lo que logró Independiente bajo el legado de Holan (no sólo la Sudamericana en Brasil y la pequeña excursión copera a Japón, sino también la ilusión en los hinchas, el reconocimiento -y la envidia- del resto de los equipos, el compromiso, la actitud y la intensidad) es gracias a él. Y el Pueblo Rojo se lo va a agradecer de por vida. Pero todo tiene un límite y sus palabras ya no tienen sustento. ¿En qué se basa el DT para repetir su discurso de que el club “va a ganar un título” en este 2019? Nada mejor que una murga para el fin de semana de carnavales.

Independiente era un gigante dormido. Desde afuera, Holan dijo que tenía la receta para despertarlo y ponerlo en marcha nuevamente. Vino; lo logró y de una manera que emocionó a propios y extraños. Se ganó el reconocimiento y el cariño de los ídolos del club y, mucho más importante, de la gente (que no coreaba el nombre de un entrenador en Alsina y Bochini desde el segundo ciclo de Américo Gallego). Así como lo despertó, lo metió en la cama, lo arropó y le contó un cuento para que vuelva a dormirse. Las malas decisiones y las dificultades para reconocerlo devolvieron a Independiente a aquella vorágine de no saber ni siquiera hacia dónde va, como hace algunos años atrás. Eternas gracias por aquel inolvidable 2017, pero este ciclo (desde hace un largo tiempo) parece estar más que finalizado.

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