Con la mística intacta

Mucho se habla sobre esta palabra o sensación sobrenatural que nace por decantación en todos los jugadores e hinchas de Independiente a la hora de degustar una clásica “noche de copa”. Es un aroma distinto el que recorre cada rincón del Libertadores de América que, como cualquier milagro intangible, se percibe en el aire. No se toca ni se ve, pero se siente en los corazones y en la sangre que transita por las venas de nuestro cuerpo.

La mística para las más de 5 millones de almas que divagan persiguiendo a Independiente es como una biblia sagrada que tiene mandamientos, profecías y mensajes que marcan el sentido de pertenencia para ellos, para vos y para mí, los fieles creyentes. “No me vengan con eso de la mística”, dijo una vez finalizado el partido de octavos de final de este mismo certamen sudamericano Cristian Lucchetti, arquero de Atlético Tucumán, cuando los de Avellaneda eliminaron al Decano. El paso de este escueto periodo de tiempo le demostró al ex Banfield y Boca, entre otros, y a toda la población futbolera, que esa mención que se ganó el Rey de Copas por sus múltiples coronaciones no es ficticia. Es tan real como la final que volverá a jugar el Rojo dentro de cinco días, luego de siete años.

Desde chiquitos nuestros padres, abuelos, tíos y padrinos nos contaron esa historia llena de gloria y de consagraciones por todas partes del mundo que incluyeron Copas Libertadores, Interamericanas, Supercopas, Intercontinentales, Recopas y siempre, dentro de ese cuento mágico, nos señalaban insistentemente la mística. “Independiente tiene esa mística que lo hace grande”. ¿Apareció solamente ante Libertad es término?. La respuesta es no. Porque el derby ante Racing, el Rojo lo ganó con la camiseta, con el escudo, con los colores y claro con la mística, esa misma por la cual algunos partidarios vecinos proclaman suspender por tiempo indeterminado el “clásico”. Un plantel alternativo y con debutantes, con un futbolista menos durante más de 70 minutos, con un arquero lesionado, quizá por nervios, con un segundo arquero que está más para entrenador que para jugador. Eso es mística, es resilencia, es tener la capacidad de ganar y superarse ante cualquier adversidad. Eso es Independiente.

Lo vivido la jornada del martes dio la sensación que la cuestión parecía volver a repetirse. Marco imponente, globos y pancartas rojas, más de 52 personas esperando el desenlase que terminó dandosé luego del pitazo final de árbitro. Un encuentro duro, aspero, trabajoso como esos que determinan el porque llegaste a esa instancia. Libertad llegó a la casa de “Diablo” con solo 2 tantos en contra, el Rojo fiel al estilo de Ariel Holan, salió vertiginoso, dinámico y al término del primer tiempo ya estaba 3-1 arriba. En la segunda mitad los futbolistas no tuvieron juego pero sacaron un corazón grande como la historia misma de Independiente, para alcanzar la final internacional número 25 (7 Libertadores; 6 Intercontinentales; 3 Interamericanas; 3 Supercopa; 3 Recopa; 1 Suruga Bank).

Si de mística hablo en este simple comentario no puedo dejar pasar por alto la Supercopa de 1995 ante Flamengo, rival de la final de la Copa Sudamericana 2017. Después de 22 años Independiente tendrá la posibilidad de volver al Maracaná donde se coronó campeón y vivió la última gran hazaña de su riquísima y empalagosa historia. No importa lo que hagan, lo que piensen ni lo que deseen. Si la esperanza mueve montañas, la mística del Rey de Copas gana títulos y frustra los anhelos de otros.

Sigan con ese espíritu, continúen “muertos de hambre” hasta conseguir que su presa quede inmune a la felicidad. Jueguen con el corazón porque las finales…se ganan.

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Alexis Potel
Periodista de la Academia de Quique Wolff. Crecer es el objetivo principal del desarrollo.

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