La vida por los colores

La vida por los colores

La vida suele jugarnos malas pasadas. El destino, a veces injusto, nos pone a prueba y puede llegar a traicionarnos si algo sale cómo no lo esperamos. Toda esta historia distó mucho de ser una fábula, pero dejará una moraleja única e irrepetible en cada uno de nosotros. Este año fue durísimo. En realidad, hace ya más de un año que todo esto viene siéndolo. Seguramente la experiencia y la enseñanza ayudarán para que nunca más se vuelva a pasar por algo similar. Al menos eso deseamos.

Todos seguimos sin poder dormir tranquilos. Nos acostamos y nos despertamos a la madrugada, deseando que el tiempo pase y cure la herida más grande que nos persigue. Al levantarnos, nuestro humor sigue dependiendo del resultado del fin de semana, cómo antes. Pero solemos sentirnos incómodos a pesar de haber ganado. Todo muy raro.

Los primeros días fueron muy duros. Ir por la calle y ver las pintadas, afiches, pasacalles y demás, causaba una impotencia enorme. Nuestra sensibilidad había tocado techo. Subir al colectivo y leer “descenso” en la puerta trasera podía llegar a ser tétrico.

Las cosas se complotaron para que la pasemos mal, muy mal. El 15 de junio del 2013 fue el peor día de mi vida. Pero jamás creí que lo que vendría después sería peor: Perder con Brown de Adrogué en Avellaneda, las sillas, las declaraciones soberbias, la continuidad del problema con la barra -y la impunidad con la que volvió-, los inconvenientes policiales y las acusaciones a los jugadores del plantel, la quema de los quinchos, las marchas en la sede, el paupérrimo nivel del equipo, el puntito inteligente, las inentendibles reacciones del DT o la gente aplaudiendo e insultando a la vez empatar con Villa San Carlos de local.

Ver gente mayor llorando y abrazando a sus hijos y nietos también fue terrible. Pero más terrible fue escuchar a otro hombre mayor decir que este año sería “muy divertido”. Nos la pasamos aprendiendo a convivir con esto. Aprendimos a llorar y a sufrir juntos. A mirar partidos que jamás nos interesaron para calcular nuestras posibilidades. A enojarnos, a pelearnos entre nosotrosA criticarlo todo, solo para encontrar algún culpable al dolor que nos revisteAprendimos a dejar la grandeza en stand-by, para transitar por este camino. Aprendimos a resignarnos y a perder. Y también aprendimos a que no debe hacerse costumbre, porque eso de resignarse y perder hay que dejárselo a los vecinos.

Nosotros fuimos enormes. Es hora de tomar esa grandeza que dejamos en stand-by hace un tiempo y volver a darle uso. Necesitamos volver a ser los más enormes de todos, de la manera que sea. El primer paso es volver. Y después, con quien esté a la cabeza, armar la estrategia para resurgir nuevamente. La posibilidad de comenzar el sueño nuevamente está ahí, a la vuelta de la esquina. Y comienza en unas horas. Hay que ganar, volver y pensar. Si, pensar. Hay que pensar mucho. Para que nada de esto nos vuelva a suceder otra vez. 

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