Modo Diablo

El futbolero tiene bien en claro que ver un partido en el estadio es muy diferente a disfrutar de un encuentro en el sillón del living y a través de la televisión: se pierden muchas cosas. Y es verdad, no hay vuelta que darle. De manera remota, seguro se haya notado la significativa diferencia entre Independiente y Huracán desde el minuto cero. Pero la intensidad que el equipo de Holan demostró, no sólo con la jugada del primer gol de Gigliotti, sino también en las aproximaciones generadas luego, generó un microclima de entusiasmo y satisfacción que se torna un poco difícil de explicar. La gente, ¿sorprendida? se relajó con el repentino 1-0 y se dedicó pura y exclusivamente a gozar del fútbol de alto vuelo que regaló el equipo en el rectángulo de césped. Un lujo.

En realidad, lo qué tal vez no se haya podido apreciar a la perfección desde un televisor es la coreografía que el conjunto de Avellaneda armó para su rival de turno en esta tarde de domingo. Un verdadero baile, mucho mejor que los que sí pasan por TV en la semana durante el horario estelar nocturno. ¿El Rojo sobró el partido? ¿Le faltó el respeto al rival? ¿Qué van a decir esta semana los profetas del odio hacia Holan y compañía? Independiente jugó en Modo Diablo, señores. Con una camiseta que hizo furor por su excelente campaña y sentido de concientización (sí, ya está agotada en todos los puntos de venta cercanos al estadio), pero totalmente ‘desnudo’ si la jerga contemporánea y el nivel desplegado dentro del campo de juego me permiten justificar.

Es cierto que el gol de Martín Benítez, merecido por cierto, trajo esa tranquilidad para que el funcionamiento del equipo sea duplicado y la impotencia del Globo (que terminó pegando más de la cuenta) haya quedado totalmente expuesta. Pero ni cuando Huracán descontó, Independiente la pasó mal. En el Libertadores de América (ya que estamos, bien por la gente expresándose por el afano con River, aunque ahora ya toca mirar para adelante) la sensación de los hinchas más bien era: “qué boludos, ¿cómo no lo definimos antes?”. Pero en general no había nada de qué asustarse. De hecho, el fútbol-show del Rojo en el Día de la Madre -Adri, te quiero pero jugaba el campeón- gestó una confianza notoria que presagiaba la liquidación total del juego en cuestión de minutos. Era sólo eso: esperar para terminar festejando. Y así fue.

¿Qué queda por decir de jugadores como el Puma Gigliotti? Basta con eso de que hay gente que puede llegar a discutirlo. ¿Realmente existe esa gente? Porque a mí lo único que me genera son aplausos, sonrisas y gritos de gol. Discutido es Gaibor, y me incluyo entre los que todavía manteníamos dudas sobre sus rendimientos desde que llegó al club. Ante Huracán, demostró ser el 10 que necesita Independiente a pura asistencia y toqueteo. Así, sí. Pero hay que aclarar también que todo el equipo jugó en un nivel superlativo. Ahora que sólo quedó la Superliga, y estando más que nunca totalmente en juego, hay que meter un pleno en esto y bajar a los vecinos. Porque si Independiente continúa jugando de esta manera, habrá que habilitar la venta de whisky y habanos en las plateas Erico y Bochini y renovar el abono por un par de temporadas más. ¿Por qué no nos vamos a permitir soñar, no? Con este equipo en Modo Diablo, nos animamos a pararnos, otra vez, contra todos. Disfruten.

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