No hay peor ciego…

El refrán es muy conocido, trillado y popular, pero encaja perfecto con el paupérrimo presente de Independiente. Mirar para otro lado puede llevar al club nuevamente a la perdición. Y “sobrar“ la situación utilizando excusas injustificables como echarle la culpa al gobierno anterior acusando una persecución contra los Moyano, hablar de conspiración mediática por parte del Grupo Clarín o continuar buscando responsabilidades en los arbitrajes cuando el plantel profesional se arrastra en todos los estadios, no puede seguir ocurriendo. Alguien se tiene que hacer cargo de la actualidad alarmante en la que está envuelto Independiente hace más de un año.

Gastaron 15 millones de dólares en armar un equipo que da pena, que no puede ganarle a los supuestos sos peores equipos de la Superliga. Se ocupan de firmar contratos inexplicables que, encima, no cumplen  Los pibes del club tienen que terminar dando la cara y poco pueden hacer para cargarse la pesada mochila que significa ordenar este desastre. ¿Lo más preocupante de todo? Esta película ya la vimos. Ya la vivimos hace 7 años. Y el final tan poco feliz como insoportable.

Basta de robar con la Sudamericana y la Suruga. Con eso lograron colocar los cimientos para comenzar a olvidar el temible pasado que, irremediablemente, nos volverá a atosigar una vez más. Y tiraron todo por la borda en dos o tres años. Prepárense porque el próximo mercado de pases vuelve a ser tan crucial como el que tuvieron como protagonistas a Cantero y Cristian Díaz en 2012. Y durante seis años escuchamos a las voces oficiales del club decir que no volveríamos a pasar por algo similar mientras ellos estén dentro del club. ¿Y saben qué? Arrancamos a solo doce puntitos del descenso en la temporada que viene. No sean necios. No jueguen con el corazón del hincha. Deleguen el fútbol profesional a alguien que tenga la capacidad de tomar decisiones idóneas. Rodeen el club de gente que quiera al club. Si es que existe, llamen a la oposición y pidan ayuda. Busquen soluciones. Pero hagan algo. Independiente va camino al abismo otra vez y los dirigentes te pintan un universo paralelo en el qué hay que poner el foco en el cambio de nombre del estadio o cómo es un día en la vida del canchero. Basta de comer vidrio. Basta de mirar para otro lado. Realmente es un refrán muy trillado, pero le encaja de forma ideal a esta situación: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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