Puertas adentro

Justo en la semana donde Independiente fue el centro de atención por las sorprendentes declaraciones de Ariel Holan tras la memorable actuación de sus dirigidos frente a Huracán, el Rojo termina perdiendo un encuentro casi de manera inexplicable. ¿Realmente existe manera más insólita de regalar un partido que esta? Si algún distraído se acomodó tarde en el sillón del living y enganchó el duelo recién en el complemento, habrá notado que la primera mitad terminó 2-1 a favor de Atlético. Pero la realidad indicará que, durante los 45′ iniciales, el Rojo jugó mejor. ¿Y se fue perdiendo? ¿En serio? Claro, pero volvió a equivocarse en lugares claves dentro del campo de juego. Abajo, para ser más precisos: jugada preparada y gran definición de Alliendro para el 1-0 parcial; y resolución afortunada del mismo hombre tras una serie de rebotes en el área para el 2-1 transitorio. Antes, Fernando Gaibor había anotado el empate momentáneo desde los 12 pasos (¡al fin alguien que la mete en un penal!).
¿Qué pasó luego, entonces? Holan decidió terminar el flojísimo partido de Cerutti y envió a Pablo Hernández a la cancha. No hay dudas: el Tucu es de los mejores recursos técnicos que Independiente tiene dentro de sus filas. Cualquiera que vio algo de fútbol se da cuenta de que verdaderamente sabe con la pelota en los pies. Pero sus insólitas reacciones y la fuerza temeraria que utiliza para intentar recuperar la pelota también forman parte del juego. Y por eso, al igual que contra Banfield, duró apenas algunos minutos dentro del campo de juego y se fue expulsado por doble amarilla. Un total despropósito de su parte.
Amén de que el 2-2 finalmente llegó luego de una gran definición de Gigliotti (y otra asistencia del 10 ecuatoriano, que levantó notoriamente su rendimiento), el Rojo perdió la brújula en el ST. Pudo haber marcado el tercero en una jugada en la que Maxi Meza (otro de los puntos altos en Tucumán) no pudo acomodarse para definir, pero terminó perdiéndolo por otra insólita irresponsabilidad de uno de sus jugadores: ¿alguien podría indicar cómo Figal intentó controlar a José Luis Rodríguez sin cometerle infracción dentro del área? Porque el penal que cometió fue tan claro como infantil. Así fue que la Pulga anotó el 3-2 a pocos minutos del final y los de Zielinski manejaron el último tramo. No hay reproche alguno para Campaña, pero si algún hincha golpeó la pared en el 4-2 del Decano fue pura y exclusivamente porque el arquero fue a buscar el imaginario empate al área de Luchetti a falta de cinco minutos para que termine el encuentro (repito, no hay forma de echarle culpas al capitán del Rojo, pero es otro punto a revisar puertas adentro).
Ahora, todos seguramente celebramos la forma en la que Independiente bailó a Huracán en Avellaneda. Los 5 o 10 minutos de aplausos continuos fueron la combinación perfecta de buen fútbol y emoción que nos recetaron los médicos del Paladar Negro durante nuestra infancia. Si, yo también hubiese querido tomarme un whisky y fumarme un habano (o varios) disfrutando del enorme despliegue visto en Avellaneda. Y ojo, no es una crítica para el DT por haberlo dicho. Está a la vista: todos los hinchas nos entusiasmamos de la misma manera, incluso el Profesor. Pero, después de lo acontecido en Tucumán, algunas cuestiones quedaron expuestas.
Las irresponsabilidades que cometieron Hernández y Figal pueden cambiar el curso de un partido y, está claro, no deben volver a repetirse. No es extremismo, son pequeñas distracciones o errores infantiles que se vuelven la evidencia más firme para que Independiente deje puntos en el camino. Como en cada campeonato. ¿Qué conviene hacer entonces? ¿Hablar menos y hacer más? Nadie dice que en este plantel “se haga poco” o “no se haga”. Pero lo que sí está a la vista es que hay que hablar más, pero puertas adentro. Hasta la semana que viene.
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