Resurrección

Aunque haya sido doloroso escribir la página más negra de la historia de Independiente, tocar fondo permitió que la institución levante la cabeza y pise fuerte, para comenzar a desandar el camino hacia la refundación institucional, deportiva y social. “Las cosas pasan por algo”, rezan algunos supersticiosos cuando algo no marcha del todo bien y como quien no quiere la cosa, de la noche a la mañana, los socios e hinchas del Rojo se toparon con ese “algo”. Fue precisamente el 15 de junio del 2013, cuando el mundo independentista se paralizó en un sentimiento desgarrador, nunca antes vivido.

Llantos, abrazos interminables, bronca e insultos al viento fueron acciones encarnizadas por los más de 6 millones de simpatizantes en todas partes. Ya ni siquiera por el resultado adverso y el desenlace que a esa altura era inevitable, sino por la forma en la que nefastos dirigentes y algunos denominados “hinchas” ultrajaron y vaciaron a la tercera entidad con más hinchas de Argentina.

“Nadie está a salvo de las derrotas”, dice una cita, con buen tino, del escritor brasileño Paulo Coehlo e Independiente vivió eso que jamás pensó que le pasaría después décadas doradas llenas de gloria. Durmió una de esas siestas interminables y despertó con un fracaso, esos que verdaderamente duelen. Pero sacó la cabeza del agua para inhalar una bocanada de aire fresco y despacito fue saliendo hacia la superficie.

La resurrección de Independiente comenzó a encarrillarse gracias a la gran ayuda de un verdadero soldado llamado Omar Defelippe – inflo el pecho cuando menciono su nombre porque literalmente es un héroe para todos los argentinos -. Ese técnico con conceptos claros basados simplemente en el trabajo, agarró un timón en llamas y navegó por aguas turbias durante menos de un año, hasta ubicar a la entidad de Avellaneda en donde nunca debió levantar el ancla.

Llegó una dirigencia que, pese a quien le pese, sacó el club a flote y reordenó los hilos administrativos, económicos e institucionales de un club en ruinas en todos los espacios que hacen a su imagen. Y si bien no le escapó a los errores; como fueron contrataciones de jugadores y hasta de entrenadores, el camino del resurgimiento les compete en un porcentaje amplio.

Quien decora esta humilde cronología de la resurrección de Independiente es Ariel Holan. El “Profesor” tuvo en su poder la receta para llevar a cabo la refundación necesaria que tenía una crisis de más de más de 20 años. Observado de reojos y cuestionado por periodistas, exjugadores y actuales, el entrenador se ganó un respeto indeleble a base del famoso CAI: Compromiso, Actitud e Intensidad.

En menos de 1 año, Holan no solo llevó al equipo a ser campeón sudamericano en el mítico Maracaná, tras 8 años de sequía internacional, y posteriormente la Suruga Bank en Japón, sino que además le devolvió la identidad de juego al plantel y el prestigio al club, que por tantos años fue pisoteado por gente que simplemente lucró o no tuvo la capacidad de gestión para un gigante como el Rey de Copas.

La historia le pertenece a todos los hinchas y esta pequeña línea del tiempo intentó reflejar ¿cómo? y ¿Por qué? Independiente debió transitar una resurrección deportiva e institucional.

El Rojo enfrentará el próximo lunes a Brown de Adrogué por Copa Argentina; cinco años después de aquella derrota 2-1 con el Tricolor en ese primer paso hacia la levantada. El presente es totalmente la antítesis de ese fragmento que no mancha los 114 años de gloria absoluta, sino que alimenta la fortaleza de una institución que, ante la desidia, supo como concebir la tan ansiada resurrección para volver a ser lo que alguna vez fue.

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Alexis Potel
Periodista de la Academia de Quique Wolff. Crecer es el objetivo principal del desarrollo.

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