Siempre acá

Te voy a decir la verdad. Viví el partido y toda la previa con la intensidad de una final. Quizás porque, para mis adentros, siempre sentí que de esta serie salía el campeón por la cantidad de carga emotiva que conllevaba. Los únicos dos equipos que se animan a jugar, dos técnicos enormes y sin miedo a perder, un clásico histórico del que siempre salieron buenos partidos, dos planteles con nombres de peso, y la gloria a cuatro pasitos. Estuviera quien estuviera después. Solo cuatro pasitos, después de haber pasado la parada más dura, parecía algo más que sencillo.

Hay muchas lecturas para hacer, ¿sabés? Pero en ninguna se puede obviar el robo. Tendrá que pasar una generación entera de árbitros a explicarme cómo y por qué se dejó pasar esa jugada, la que ni siquiera hace falta nombrar. Y no lloro el penal -jamás podría hacerlo sabiendo que Independiente falló 7 de 14 en este ciclo, un número por demás insultante-, sino la omisión del juez de ir al VAR. Eso es lo que más loco me puso (pone). La prepotencia del brasileño aquel que ni siquiera fue capaz de ir a verla, como diciendo “¿ves? Es al pedo que vengan estos cuatro tipos a ver los videos”. Tan alevoso fue.

Entendiendo esto, sentémonos y hablemos de lo que quieras. Quiero escucharte y que vos lo hagas. Te voy a decir que nunca hubiera dejado al Puma en el banco para este partido. Con el diario del lunes, contarte que el planteo fue errado en el primer tiempo al tratar de querer poner la pelota al piso y dominar: era para hacer un juego más rápido y directo, ese que nos sentó tan bien el año pasado, y que con dos toques y el dinamismo de Meza y Benítez por afuera, llegar adentro. Todos sabíamos que ellos se iban a matar y que iban a venir, que te iban a comer las piernas. No tenerla tanto con Hernández -mamita, el fresquito de ese pibe anoche-, sino distribuir y moverla rápido para resolver contra su presión. Triangular, ser pillos, argentinos, eso con lo que siempre me viste enfurecerme cuando no lo éramos.

Hubo un momento en el que fui muy feliz y no fue en el gol, fue justo después. Independiente festejando y Gallardo pidiéndole a su gente que aliente, aterrado ante el silencio. Moviendo los brazos con furia hacia el cielo y gritándoles que dale, que canten ahora que los necesito. Dije: “Es acá”. Fue un segundo donde me confié y pensé que ya lo teníamos. Y después esa boludez de hacer tiempo, de tirarnos al piso y enfriar. No era la manera, vos sabés que eso no me gusta. Lo erradicaría del fútbol para siempre, cambiaría el reglamento, no sé. Y ahí nomás nos meten ese gol de orto. Que en realidad es hermoso, pero le viene a rebotar a uno nuestro cuando tenés todo controlado y le queda al de ellos ahí, ¿a vos te parece? El fútbol es divino, pero a veces es tan hijo de puta.

River tiene un equipazo y un técnico que es un fenómeno. Para colmo, mirabas al banco de ellos y estaban Quintero, Zuculini, Mora. Nosotros, con nuestras armas (armitas), hicimos lo que pudimos y morimos de pie. Siempre de pie. Tal vez ayer recién, tipo 21.15hs, te diste cuenta que estos partidos muy jodidos hay que ganarlos de local porque, con equipos así, allá es chivísima. Pero ¿qué les vas a decir a estos pibes después de la actuación en Avellaneda? Dos palos, Armani en modo Dios, nuestro juego histórico representando a toda la gente presente. Por eso no tengo reproches con los nuestros, sino angustia y desazón por todo ese morbo que, quizá, hubiera cambiado la historia. Sé perder, siempre lo supe y vos también porque somos grandes, muy grandes. Reconozco la superioridad y los errores. Pero cuando te meten la mano en el bolsillo así, ¿viste? Ahí te queda eso en la garganta, esa angustia que aún hoy, cuando abrís los ojos, sabés que la vas a tener mucho tiempo.

Ahora ya está. Entre errores y todo esto, no me queda más nada. Me descargo con vos porque es la única salida. Fui muy feliz mientras estuvo latente esta ilusión tan linda, pero cuando te dan estos golpazos cuesta un huevo digerirlos, y a la larga te das cuenta que no queda otra que poner la jeta y seguir al frente. Eso sí, nunca me vas a escuchar tirar mierda. Eso se lo dejo a los malaleche, a los “yo te dije” que siempre están ahí y se la saben lisa. Acá no. Acá solo hay agradecimiento por lo que me hiciste vivir. Hace rato que no caminábamos así de juntos y miranos hasta dónde llegamos; algo habremos hecho bien. Pero estoy seguro, de verdad, que este es solo el punto de partida para empezar a andar mejor. Juntos. Como siempre.

@rffailache

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Román Failache
"La columna de Román" para Orgullo Rojo.

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