Le pinchó el Globo

Ante la demora en el inicio del campeonato, el mercado de pases local continua en movimiento y en ese marco un jugador de Independiente volvió a ser apuntado.

Está mañana se dio a conocer la noticia que Huracán consultó condiciones para poder sumar a su delantera a Lucas Albertengo pero la respuesta desde Independiente fue negativa.

Una vez más desde la Comisión Directiva del Rojo informaron que el jugador seguirá en el club y que por el momento no hay chances que pase a ningún otro club. Mientras tanto el delantero continua la puesta a punto para dejar atrás definitivamente la lesión que lo alejo de las canchas desde Septiembre de 2015.

Pasan los años

Escribo esto con total dolor por haber perdido una final, nada más y nada menos, que con el clásico rival. No me conformo con haber ganado en su cancha, ni tampoco con que haya sido con 9 jugadores. Tanto yo como vos soy el primero que deseaba clasificar a la Copa. Pero si la cosa se dio así, fue por un conjunto de errores, algunos sutiles y otros graves, que marcan la diferencia entre un equipo que está para pelear la gran competición continental, y otro que tendrá que vérselas con los más débiles de la región.

A éstas horas, sólo abunda la bronca. Porque el domingo Independiente demostró que tenía el potencial y el nivel para ganar la serie. Si en lugar de salir a especular y a hacer quién-sabe-qué la semana anterior, se proponía atropellar a su rival tal como lo hizo en el Cilindro, la historia hubiese sido diferente. O quizás no. Pero, al menos, la bronca no estaría tan alimentada.

La semana pasada pedí que tuvieran orgullo y que salieran a jugar como hombres. Nadie lo leyó, como dice Eña, pero al menos la mayoría sintió estar en deuda y hubo un cambio de actitud. El factor “perdido por perdido” también surgió efecto y favoreció a Independiente, a quien no le quedaba otra que dejar una buena imagen. Por la figura de Saja y por algunas jugadas puntuales que no concluyeron del modo esperado, no se hizo historia.

Aunque buscar desperfectos a estas horas sea en vano, caminar sobre nuestros propios pasos debería llevarnos a resaltar aquello que se hizo mal: lo que ocurrió desde el primer momento hasta hoy.

Hay fallas muchísimo más grandes que haber dejado pasar esos tres puntos que separaron al cuarto, Racing, del quinto, Independiente, y que dictaminó que ellos fuesen quienes definieran de local. Sin embargo, está expuesto que una serie de puntos que se han regalado derivaron en el puesto que ocupó el equipo. Estudiantes, Huracán, Aldosivi, por citar algunos de la era Pellegrino.

Adentrándonos en lo realmente grave se encuentran los jugadores que salen a bailar un jueves a la noche cuando el viernes debían entrenar para disputar, quizás, el partido más importante de sus vidas, por ejemplo; o que un integrante del plantel se rebele contra las indicaciones que le da el técnico y lo mande a cagar, también en el mismo contexto. Esa gente no es más que Independiente, a pesar de que así se crea. Pellegrino no tuvo más remedio que incluirlos para el domingo, por cuestiones futbolísticas y éticas que evitaran el qué dirán. Pero a partir del 1 de enero, esas personas deberán ser excluidas.

En lo netamente futbolístico, el técnico, quien demostró ser un gran motivador además de un excelente profesional y alguien con mucha seriedad para trabajar, deberá entender cómo se plantean los partidos decisivos. Y no lo digo solo yo, sino que él mismo lo expresó en conferencia de prensa el domingo. Es un problema que acarrea desde su época en Estudiantes de La Plata y que, si quiere ganar algo con Independiente, deberá modificar. La vuelta contra Independiente Santa Fe en Colombia; el partido de ida frente a Racing; el segundo contra Arsenal por Copa Sudamericana, encuentros en los que solo servía ganar, se especuló demasiado y, salvo el último, terminaron siendo letales para su currículum (y no cuento el de Lanús en Copa Argentina porque recién asumía el cargo).

Lo que viene ahora es un mercado de pases que debe ser adecuado a las necesidades del plantel y no abultado porque sí. Basta de priorizar la cantidad por sobre la calidad. Independiente tiene un once titular muy bueno, pero un banco de suplentes que se sepulta su propia tumba. Se tiene que apuntar a tres o cuatro refuerzos de calidad, y no a nueve que incluyan a jugadores simil Pereyra Díaz, Aquino y demás.

Boca, River, Racing, San Lorenzo, Huracán y Rosario Central entraron a la Libertadores y tendrán la cabeza ocupada en ella el campeonato que viene, que, por cierto, será corto. No existe una excusa que ampare la posibilidad de no ganarlo. Los cuatro grandes, uno de los mejores conjuntos del campeonato y el equipo revelación estarán enfocados en un objetivo mayor, y salvo Boca, el resto no posee un plantel tan amplio como para pugnar en ambas competencias -esto está sujeto a lo que ocurra con las transferencias-. Es la oportunidad para revalidar un título que no se consigue hace 13 años. Si no se consigue, que se considere un fracaso.

Otro año que ofrecía un abanico de posibilidades se escapó por la ventana. Que el equipo haya muerto de pie sirvió únicamente para evitar un papelón mayor y para demostrar que, por más recóndito que se halle, aún existe hambre de triunfo. La pasión nos lleva automáticamente a encontrar el lado esperanzador de un híbrido Independiente, engendrado por la historia ganadora y por estos largos años de sequía. Haber terminado cuartos y quintos desde que se volvió a Primera, respectivamente, no alcanza. Haber tocado la base de la Libertadores y luego soltarla no sirvió de nada. Exigimos siempre y así seguirá siendo. En 2016 tiene que comenzar el resurgimiento. La ilusión tiene poco menos de un mes para aferrarse nuevamente.

Un eterno dejá vu

Ojalá fuera solo la coincidencia de la última semana y los sendos empates frente a Estudiantes y Huracán con sabor a nada. Pardas en donde sin ser descollantes ni desplegar un fútbol de alto vuelo, debimos habernos llevado los seis puntos. Pero no. Este Independiente se empata solo y no sabe cuidar aquello que le cuesta horrores conseguir, con el agravante de hacerlo ante rivales que ponen lo mejor de sí para que hasta incluso consigamos una goleada.

‘Otra vez sopa’, diría Mafalda. Otra vez un primer tiempo espantoso e inaceptable desde lo futbolístico y desde la entrega como ocurrió en Sarandí. Nuevamente presenciar como once híbridos vestidos de rojo son humillados por otro de los tres peores equipos de la temporada. Aquella vez Arsenal, esta vez Huracán que ganó tan solo cuatro partidos en el año y pelea el descenso. Inaceptable por donde se lo mire.

Otra vez lograr ponerse en ventaja (lo más complejo y necesario en el fútbol) y no poder sostenerla. En 23 fechas logró marcar el primer gol en 18 oportunidades pero tan solo se terminó llevando el triunfo en 9 ocasiones. No son sólo números. Los datos hablan de un equipo débil, frágil e ingenuo para defender los tres puntos.

Y otra vez tener un rival entregado para recibir el golpe de knockout, que hizo todo con Marcos Díaz como estandarte para que sellaramos la victoria, pero perdonar y perdonar hasta regalar dos puntos sobre el final. Este Independiente es un eterno dejàvu. Todo esto ya la vivivos, ya lo sentimos y, sobre todo, ya lo sufrimos una y mil veces en el último tiempo. Y la mayoría de los responsables son los mismos.

Se hablará del cambio de Papa y de que Pellegrino no supo cuidar el resultado teniendo la pelota y no metiéndose atrás. Pero la triste realidad es que este equipo no sabe tener la pelota. No sabe y no tiene quien la tenga tampoco. El más cercano para eso ayer salió en el entretiempo. Entre la salida de Méndez y las lesiones de Mancuello y Cebolla Rodríguez, Independiente no tiene un solo jugador capaz de manejar el balón y los tiempos de un partido favorable. Pero es pedirle a este equipo hacer algo que no sabe hacer y nunca hace. Ni ganando ni empatando ni perdiendo. Rara vez tiene respeto por la pelota. No la quiere, la revolea, la regala, no sabe que hacer con ella. La desprecia. Y el desprecio por el elemento más importante de este deporte se paga caro.

La única esperanza que tenemos todos es esperar que algo cambie cuando recuperemos a los jugadores que hoy están afuera o juegan sin estar en plenitud. Solo eso sostiene la ilusión de terminar el año festejando. Son ellos los que tienen que darle una inyección de voracidad a este equipo insulso, sin carácter, especialista en regalar lo que no le sobra y sin vergüenza deportiva para revertir adversidades.

Ganar el clásico no va a cambiar demasiado todo esto, pero le deben una alegría a la gente. Una deuda que se paga parcialmente ganando ese partido con autoridad, jugando como la historia de este club manda y sin atenuantes ni tibiezas. Despiertensé de una vez.

Lavado de cara

Independiente visitó el Tomás Adolfo Ducó con la misión de disipar las dudas y dejar de lado las flojas actuaciones obtenidas en los últimos encuentros y se notó al menos, una decisión diferente al plan de juego que se iba a encarar, manteniendo el planteo de siempre pero cambiando las velocidades y las elecciones.

En el primer tiempo, Martín Benítez y Trejo jugaron bien abiertos, mientras que Ortíz jugó un poco más cerca de los centrales, liberando a Méndez de la responsabilidad de iniciar las jugadas y estar también en los momentos de pases definitorios. Esto ya fue algo bueno, porque el equipo pudo tener mejor calidad de posesión de pelota. La principal arma en los primeros 45 minutos fue la de tocar de derecha a izquierda, mantener la pelota por ese sector, y luego buscar el pelotazo cruzado para el 29 a la espalda del lateral izquierdo de Huracán.

Por otra parte, se presionó varios metros más arriba que otros partidos, y por eso, si bien el local tuvo sus chances, el mediocampo no quedó tan expuesto y los volantes centrales no tenían la necesidad de salir mucho de su posición por un equipo largo que marcaba saliendo de a uno.

De todas formas, el ritmo de la primera mitad, lo marcó el equipo de Parque Patricios, que movía bien la pelota con Toranzo por un lado y Montenegro por otro. A Independiente le costaba encontrar el camino para superar a un equipo que mordía mucho en la mitad y que no dejaba pensar a los jugadores.

En el segundo tiempo, “Longaniza” notó que Huracán tenía bien estudiado los movimientos rojos y propuso varios cambios posicionales que le valieron una levantada en el juego muy significativa. La más importante fue la de darle libertad tanto a Benítez como a Trejo, que cambiaban de punta, se tiraban al medio, se retrasaban y desacomodaban a las marcas. Así llegó el primer gol, con un pase de Vitale (que entró por Méndez) para Ortíz que la dejó correr, Benítez recibió en posición de enganche solo, Albertengo le liberó la marca a Lucero que venía por atrás y que tras un gran pase en profundidad quedó solo frente a Marcos Díaz y clavó el 1-0.

Acá se pudo ver a un equipo que estaba muy bien. Recuperaba antes de mitad de cancha y cada avance le traía un dolor de cabeza al globo que no tenía manera de descifrar la movilidad que le planteó el equipo. De hecho, pocos minutos después del gol, sucedió una muy similar a la del gol que fue cobrada como offside, el objetivo de Independiente estaba claro.

Jugó unos muy buenos 20 minutos el equipo, luego parece que el físico le pasó factura y le costó seguir teniendo la misma lucidez y prestación para desacomodar y generar espacios. Independiente no pudo definirlo en ese momento, no le pudo dar el golpe de gracia. Por eso, con el correr de los minutos, Huracán fue adelantándose, movido por el hambre de buscar el empate. Hizo que el Rojo se retrase pero no de manera exagerada. Se intentó controlar a Espinoza con el ingreso de Papa, y se busco un poco más de claridad con el ingreso de Pereyra Díaz por derecha. El método del local fueron pelotazos o centros, de jugada o pelota parada que hicieron lucir a la defensa que jugó un buen partido.

Lamentablemente, el mal de este equipo en todo el campeonato volvió a golpear las puertas. Tras unos minutos de zozobra, con un local volcado completamente en ataque y tras una falta innecesaria de Albertengo, “Wanchope” Abila dispuso que el Rojo pierda dos puntos cuando debería tener los tres.

Más allá del resultado, es importante destacar que el equipo mejoró. Se vió una idea correcta en función de los jugadores que se pusieron en cancha, y cuando Independiente se supo impotente, pudo cambiar para tener mejor recuperación y mejores jugadas colectivas de ataque. El problema fue, como siempre, que a este conjunto le cuesta mantener la diferencia que consigue, pero insistiendo y profundizando el lavado de cara que pudimos ver hoy, podemos esperar que lleguen las victorias.

Así llega Huracán

Independiente visitará mañana desde las 18:10 a Huracán, con el objetivo de volver a la victoria. Los de Parque Patricios buscarán seguir sumando para alejarse del descenso.

El “Quemero” se ubica en la 26ta posición con 20 puntos, producto de 4 victorias, 8 empates y 10 derrotas. Actualmente está 6 puntos por sobre los equipos que están desciendo a la B Nacional. Más allá de estos malos números, el “Globo” lleva 4 encuentros sin sufrir caídas en el Ducó, en los que acumula 2 triunfos y la misma cantidad de igualdades.

Con un plantel que se armó para lograr otros objetivos, Huracán se encontró muy cerca de la zona de descenso durante todo el año, lo que derivó en la renuncia de Néstor Apuzzo como DT. Ante esta situación, la Comisión Directiva le ofreció el cargo a Eduardo Domínguez, quien aún no logró victorias (2 empates).

La fecha pasada, el “Quemero” no tuvo un buen partido pero logró rescatar un punto en el “Monumental”, gracias al gol del ” Rolfi” Montenegro, que volverá a enfrentarse a Independiente. El buen resultado logrado ante River llevaría a Domínguez a mantener los mismos titulares.

Por lo tanto, los 11 serían: Díaz; San Román, Nervo, Mancinelli, Balbi; Bogado, Vismara; Espinoza, Toranzo, Montenegro; Ábila.

¿Está Abilitado?

Jorge Méndez, representante de Ramón Ábila, diálogo con InfiernoRojo Radio sobre el interés de Independiente por el goleador del ‘Globo’

Si bien Méndez reconoció que hubo algunos contactos, dejó en claro que el delantero “hoy está metido en Huracán.” Sin embargo no le cierra la posiblidad a una transferencia, ya que al jugador “Lo seduce la chance de jugar en Independiente y no hay una negativa de la dirigencia para escuchar ofertas; al contrario, hay buena predisposición.”

No obstante la intención de Alejandro Nadur, presidente de Huracán, es vender a Ábila al exterior, y el Cruz Azul mexicano es uno de los más interesados. El pase de ‘Wanchope’ fue tasado en 5 millones de dólares, pero el ‘Rojo’ desea adquirir el 50 % de la ficha del cordobés de 25 años.

Crónica de un ascenso anunciado

NAB. La feria televisiva más importante del mundo se realiza año tras año en Las Vegas, a mediados del mes de abril. En una Argentina donde se consumaba el menemismo, mi viejo había encontrado un buen laburo y había empezado a viajar a “la ciudad del pecado” en representación de la empresa, al menos, una vez por año.

Con apenas 6 años, la desolación que yo sentía por no tener a mi viejo en la fecha de mi cumpleaños era enorme, por más que él intentara saldarla con asombrosas retribuciones materiales que recibiría a su vuelta. Abultados paquetes de juegos y ropa que venían del primer mundo, en son de premio consuelo para compensar su ausencia. Cumplía su cometido, aunque en las fotos y en mi recuerdo, están mi vieja y mi hermano.

Así me sentí, también, cuando Vigliano pitó el final del partido en Avellaneda contra Patronato, e Independiente supo que tendría que ir a jugar un desempate a La Plata contra Huracán para ascender a la Primera División. O para intentar hacerlo. Porque, por cómo venía la mano, parecía que nada bueno podía resultar de ahí.

Pero la sensación de abandono no la sentí por el susodicho partido igualado, sino porque, de antemano, sabía que no iba a poder estar allí presente, alentando como lo hice durante 21 fechas de local en la Sur Baja. Quería ser parte de ese momento único, pasara lo que pasara, y a la A.F.A. se le ocurre programar la final para un miércoles a la tarde. Días laborables si los hay. En cualquier otro contexto, me hubiera ausentado al trabajo para viajar; me sobraban como 9 días de vacaciones que no me había tomado. No obstante, un mes atrás había arrancado un cargo nuevo en otro sector de la misma empresa -aunque no tan bueno como el que agarró papá en los ’90- y no podía darme a la fuga. Todos los caminos conducían al streaming de la computadora.

Por un tema místico, de épica casi literaria, ese día tenía que llover. ¡Y cómo! Todavía recuerdo la imagen de mi (ex) jefe irrumpiendo en la oficina y yo, rosario en mano, la ventana abierta con el diluvio en segundo plano, y con la transmisión del Fútbol Para Todos vía YouTube, diciéndole que había avanzado en un proyecto, que me había reunido con las directoras para que me proveyeran del material necesario y demás verdades que, en ese contexto, no encajaban por ningún lado. “Mirá el partido tranquilo y, cuando termine, llamame. Hoy no pasa nada”. Creo que nunca le agradecí ese gesto.

Junto con el gol del pelado Zapata que no pude gritar, bajó el primer lagrimón de la tarde. Necesitaba compartir mi felicidad con alguien. Es por eso que le toqué la puerta a la auditora de la empresa, con el único fin de transmitirle que un jugador quien ella no conoce, de un equipo el cual no le importa, acababa de hacer el primer gol de esa tarde, la cual no distinguía de cualquier otra. Por compasión, y al interpretar la vorágine con la que yo cargaba, esbozó un simple “¡Qué bueno!”, que, aunque no parezca, fue todo lo que necesitaba.

Pero hay más, eh. No conforme con estos papelones, llegó el gol de Pizzini para sentenciar la historia, y para remitirme al abrazo con mi abuelo en el gol de Montenegro a Instituto; al escandaloso partido con Brown de Adrogué; a la tribuna de Vélez, donde ganamos 1 a 0 con 10 jugadores, y profesamos la utópica salvación del descenso como un hecho sumamente posible de realizar. Llegó el segundo gol y llegó la irrupción en llanto, acompañada por el silbatazo final. Esa alegría por volver a donde siempre debimos estar, combinada con la tristeza de que yo estaba en el lugar al que no pertenecía dado las obligaciones profesionales, como cuando el viejo estaba allá y yo acá.

Mientras oía las declaraciones de los jugadores, sentí que tocaban la puerta de la oficina. La verdad es que temí por la imagen que podía llegar a dar. Imaginate que, en un trabajo, atravesás una puerta y ves a un tipo llorando, con las luces casi apagadas y con una lluvia torrencial de fondo. Sin embargo, al entreabrirse, un suave “¿Terminó?” salió de la voz de la auditora, a la cual abracé como si fuera mi vieja, a tan solo días de haberla conocido.

Hoy se cumple un año del ascenso; 361 días de agonía, expectantes por conocer un destino, que fue delimitado por mucho más que simples resultados futbolísticos. Una era que marcó a todo un pueblo que vive y subsiste gracias al sentimiento del hincha. A pesar de que la mancha institucional que haya quedado sea enorme, ellos siempre estarán ahí. “Todas las hojas son del viento, ya que él las mueve hasta en la muerte”. Y así será. Siempre.

"Me llevo el cariño de la gente"

Daniel Montenegro ya es nuevo jugador de Huracán. En el transcurso de la tarde, rescindió contrato con Independiente y pasó por la sede del Globo para estampar la firma y vincularse con el club que lo vio nacer por un año. Dejó colgado a Nueva Chicago, con quien ya tenía todo arreglado de palabra.

“Fueron días duros. Hablé con Alejandro Nadur y le comenté mi situación. Pero ahora estoy contento porque vuelvo a mi casa”, expresó el Rolfi en diálogo con La Red. “Huracán es un club especial, me dio mucho y todos saben que soy hincha”, agregó.

Además, Montenegro explicó la confusa situación con Chicago. Ya tenía todo arreglado con el Torito, pero en vez de ir a Mataderos fue a Parque Patricios: “Ayer a la noche me fui a dormir con la noticia que al único lugar que podía ir a jugar era Chicago. Las cosas se habían complicado mucho; le pido disculpas a la gente”, sostuvo

En otro orden, el ex Independiente se puso a disposición del entrenador quemero: “Estuve entrenando a la par de los chicos de Reserva, pero no me dejaron hacer fútbol. Apuzzo deberá tomar la decisión para ver si estoy para jugar el martes por la Copa Libertadores”.

Sobre su salida del club, evitó la polémica al declarar: “La opinión sobre los dirigentes de Independiente me lo voy a guardar; hablar de ellos ahora no tiene sentido. Yo no soy una persona rencorosa y nunca lo seré. Almirón tomó su decisión, uno puede respetarla o no pero esa decisión fue avalada por mucha gente. Entendí que no había marcha atrás y tenía que tomar una decisión”.

Sin embargo, destacó que de Independiente se llevará: “mis compañeros, los amigos que me quedan ahí y, por sobre todo, el cariño de la gente. Eso me hace pensar que lo que hice en ese momento fue lo correcto. Lo que hice, lo hice bien y siempre fue pensando lo mejor para el club. Con Independiente terminó todo medianamente bien”.

Finalmente, dio un mensaje particular sobre su llegada: “Por ahí en Huracán use la camiseta 28, porque cumplo años ese día”. Ese número, casualmente, es el que había mencionado el presidente del Globo hace unos días, al declarar: “Me gustaría que venga Montenegro, sí, pero si tuviese 28 años”. ¿Palito?

 

FOTO: C.A. HURACÁN

A 20 años de una verdadera final

Se cumplen 20 años desde que Independiente, dirigido por Brindisi, logró su decimotercer título local tras golear a Huracán por 4 a 0 en Avellaneda. Rambert (x2), Garnero y Gareca marcaron los goles del campeón.

El domingo 28 de agosto de 1994, hace ya 20 años, el rojo y blanco era un denominador común en la repleta Doble Visera. Los cantos eufóricos y el hermoso bochinche hacían del estadio un clima único. El tiempo se detenía y el público, que había agotado todas las entradas, hacía notar su ansiedad y su hambre de gloria.

Independiente y Huracán estaban por disputar la última fecha del Clausura de aquel año. Sin embargo, el partido iba a ser recordado como “la final” entre el Rojo y el Globo, ya que el Rey de Copas llegaba con 24 puntos, mientras que los de Parque Patricios con 25.

Sólo había un resultado que le servía al conjunto de Avellaneda: la victoria. De empatar o perder, Huracán le daría la vuelta olímpica en su propia cara, dejándolo con el sabor amargo del segundo puesto.

Luis Islas; Oscar Craviotto, Pablo Rotchen, José Serrizuela, Guillermo Ríos; Diego Cagna, Hugo Pérez, Gustavo López; Daniel Garnero; Sebastián Rambert y Albeiro Usuriaga, dirigidos por Miguel Ángel Brindisi, eran los hombres -con todas las letras- que habían logrado llegar con esas condiciones a la última instancia, habiendo perdido tan sólo un encuentro ante San Lorenzo por 3 a 2.

Con la gran motivación de haber goleado a Gimnasia y Esgrima de La Plata por 5 a 1 de visitante, los jugadores vestidos de rojo salieron al campo de juego haciendo latir la mística Doble Visera que pedía una vuelta más.

Pasaron apenas 17 minutos de partido para que se abriera el marcador: Gustavo López desbordó por el sector izquierdo, como solía hacer, y tiró un fuerte buscapié para que Sebastián Pascual Rambert concretara el gol, inmortalizando luego su festejo con los brazos abiertos.

Más tarde, exactamente a los 22, el “10”, Daniel Garnero, se hizo cargo de un tiro libre afuera del área para clavar, con un exquisito derechazo, la pelota contra el primer palo del arquero y poner el 2 a 0.
Y con ese resultado, Independiente se fue al vestuario saboreando lo que podía llegar a ser un nuevo título en casa. Pero no iba a ser todo…

A diez minutos de haber comenzado el complemento, López se la tocó en mitad de cancha a Rambert, el autor del primer gol habilitó al zurdo por el sector izquierdo, quien luego tiró un centro para la nueva aparición del “11”. López cabeceó de palomita y, luego de rebotarle al defensor Couceiro, pasó la línea de los tres palos. Ya era goleada: 3 a 0.

Sin embargo, el ya casi campeón no se conformaba con la diferencia de tres: A cinco del final, la pelota le llegó picando a Ricardo Gareca sólo frente al arco y el delantero remató para estampar el 4 a 0 final.

La victoria del Rojo, que tuvo el ataque más efectivo y la valla menos vencida del torneo, significó el decimotercer campeonato a nivel local y la primera y única vez que salió campeón siendo invicto como visitante (dentro del profesionalismo). Avellaneda estuvo de fiesta.

"Ojalá esto haya servido y no pase nunca más"

Federico Insúa habló una vez terminado el partido y se refirió a la importancia de lo que vivió en esta etapa de Independiente y pidió que esto sirviera para el futuro.

“Es un desahogo impresionante. Ojalá todo mejore, sobre todo en la parte institucional. Necesitábamos otro apoyo de todos, por eso digo que ojalá cambien las cosas. Ojalá que el descenso haya sido tocar fondo y no se repita más”, arrancó el Pocho en declaraciones a la TV Pública.

“Valoro lo importante que fueron los que no les tocó jugar y cómo nos apoyamos entre todos. Apostamos a lo nuestro, hicimos lo que teníamos que hacer pero nunca pedimos nada”, remarcó Insúa, quien cerró recordando que “casi nadie creyó en nosotros. Solamente los hinchas y nosotros, pero nos unimos y nos hicimos más fuertes y logramos el objetivo”.

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