Ahora les toca a ustedes

El clásico confirmó muchas cosas que ya sabíamos, pero aún no queríamos aceptar.

Una es que Racing está logrado torcer el estigma que tuvo toda la vida, su cruz Roja. Ya no es tal la sensación de que cuando nos enfrentamos, por una cosa o por otra, les vamos a ganar simplemente porque llevamos una camiseta a la que le tienen pánico. Que nos hayan ganado cinco de los últimos seis, es una muestra clara de esto. Son varias las razones por las que se está dando, y la primera es la lógica. A Independiente, del 2018 para acá lo están destruyendo cada día un poco más, desmantelando planteles cada seis meses, mientras que La Academia dejó de ser el hazmerreír del fútbol argentino y es una institución que hace rato está en orden económicamente. Y por más que nos duela, tienen más plantel hace rato.

Pero como sabemos, muchas veces estuvimos mal y les hemos ganado igual con equipos paupérrimos. Esto radica en una diferencia clara; los vecinos han tenido en los últimos años, jugadores que no solo no tienen miedo de jugar frente a nosotros, sino que lo disfrutan. Y eso además de darles un plus, contagia al resto. No es casualidad que un jugador como Hauche nos haga un gol de chilena a los siete minutos de partido, sin haber siquiera llegado al arco antes. Tanto él como el Licha López (otro con gol de chilena en su haber) por ejemplo, son dos de los jugadores que reúnen esas características. Por el contrario, Independiente carece de ese tipo de profesionales y solo dieron la talla pibes del club como Barreto y Pozzo (también Ferreyra, recién llegado).

¿Por qué se da esto? Porque son la clave para recuperar ese estigma que se está perdiendo, basta como fundamento la respuesta del capitán de la Reserva Sergio Ortíz el jueves, cuando le preguntaron si estaba contento por haber ganado el clásico. El cinco respondió: «Si, estoy acostumbrado, nunca perdí con Racing».

Otra de las cosas que se confirmaron, es que el ciclo de Domínguez estaba cumplido. Lamentablemente el entrenador nunca pudo darle forma a su idea y si bien los dirigentes lo perjudicaron siempre, él nunca se ayudó. Incluso con el último manotazo de ahogado que buscó en el once inicial, terminó de hundir lo poco que tenía a flote.

Pero hay algo que no hacía falta confirmar, porque hace mucho lo sabemos. Ni la racha, ni los jugadores, ni Domínguez son los mayores culpables de todo esto.

Moyano y Maldonado, ahora les toca a ustedes, váyanse de una vez por todas, dejen de destruir al club. Es urgente.

Javier Brizuela, socio número 19873.

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