2 de octubre de 2026
El Rojo vivió otra noche fatídica en el Libertadores de América: cayó 4-1 frente a la Gloria, sufrió la insólita expulsión de Maxi Meza sin intervención del VAR en el primer tiempo y se derrumbó con una fragilidad alarmante en el complemento. Un mazazo que revive los peores fantasmas y apunta de lleno a la Comisión Directiva.
por
Ailu Iacobino
No hay atenuantes ni excusas reglamentarias que alcancen para tapar un nuevo bochorno. En una noche que debía servir para ratificar la levantada y meterse de lleno en puestos de clasificación a copas internacionales, Independiente protagonizó un auténtico papelón en el Estadio Libertadores de América Ricardo Enrique Bochini al ser goleado 4-1 por Instituto de Córdoba, en el marco de la fecha 11 de la Zona A del Torneo Clausura.
El arranque del encuentro estuvo teñido de desconcierto. Cuando el desarrollo todavía no se armaba, un infortunio en el fondo le sirvió la ventaja a la Gloria para poner el 1-0. Lejos de amedrentarse en ese tramo inicial, el equipo de Jadson Viera fue en busca de la igualdad y la encontró rápidamente por intermedio de Maximiliano Meza: el volante apareció pisando el área chica y fusiló al arquero cordobés a quemarropa para desatar el desahogo en las tribunas y estampar el 1-1 parcial.
Sin embargo, el quiebre emocional y futbolístico de la noche llegó antes de que finalice la etapa inicial con una actuación arbitral bochornosa de Hernán Mastrángelo. Meza, que ya acarreaba una primera amonestación rigurosa por un cruce verbal con el guardameta visitante, fue expulsado al recibir una segunda tarjeta amarilla por una supuesta infracción absolutamente inexistente. Lo más escandaloso y desconcertante se vivió en la cabina de Ezeiza: a pesar de que el reglamento actual contempla la revisión tecnológica en segundas amarillas que deriven en expulsión, José Carreras en el VAR omitió inexplicablemente convocar al juez principal a revisar la jugada, dejando a Independiente con diez hombres en medio del despojo arbitral.
Pero si el fallo arbitral condicionó el escenario, lo que vino en el complemento fue un papelón sin perdón de Dios. Lejos de mostrar rebeldía táctica o templanza para sostener el partido, el equipo de Viera se disolvió en la cancha. Con una defensa remendada que expuso las peores versiones individuales y desajustes colectivos groseros, Instituto desnudó todas las miserias rojas: llegaron tres goles más de contragolpe y a placer, sellando un 4-1 humillante que, de no haber sido por un par de intervenciones de Rodrigo Rey, tranquilamente pudo terminar en una catástrofe aún más abultada.
El pitazo final de Mastrángelo desató la bronca contenida de las cuatro tribunas del estadio, que despidieron al plantel entre insultos y silbidos. Esta estrepitosa caída se suma a los recientes y vergonzosos tropezones frente a Gimnasia de Mendoza y Atlético Tucumán, demostrando que los triunfos aislados apenas funcionan como un maquillaje barato. En vísperas de las elecciones de diciembre, el derrumbe deportivo sigue dejando al desnudo a una Comisión Directiva que vació de jerarquía al plantel, desatendió el fútbol profesional y parece haber hecho todo lo humanamente posible para arrastrar a la institución al abismo.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario