Martín es uno que viene de ser muy criticado en todos los frentes, como Independiente. Y que ahora está encontrando en qué creer y en quién confiar, como Independiente.
Algo para volver a mirar del partido del domingo, aparte de su decisión al patear los goles, es su decisión al festejarlos. Corriendo a abrazar a sus compañeros, que lo levantaban en el aire.
La forma en que se sienten y mueven los jugadores, es reflejo de la forma en la que se siente y mueve Independiente.
Cuando Lucero entró a la cancha también, por ejemplo, fue lindo ver que Papa se levantó del banco de suplentes y se acercó a decirle algo al oído y darle un empujón. Algo está haciendo que pasen esas cosas y ojalá se mantenga. Ojalá Lucero escuche más a Papa que a los silbidos. Y ojalá Benítez siga más cerca de esos compañeros que lo quieren levantar, que de esos "Basta de Benítez" que lo querían bajar.
A nosotros, mientras tanto, Benítez nos sirve. Porque nos hace sumar puntos, pero también porque verlo nos identifica y nos recupera.
Benítez no es el nuevo Mancuello, Benítez es el nuevo Benítez. Y eso le hace bien (nos hace bien) al nuevo Independiente.